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Posts Tagged ‘Embarcaciones de remos’


Actualmente hay fiestas que conmemoran batallas navales o que rinden honores a sus patrones protectores, pero en Venecia llegan más lejos, celebran el enlace de su gobernante, el dux, con la mar. Una galera engalanada para la ocasión era la que servía para tan curioso enlace. Esta nave, conocida como el Bucintoro, era “una de las cosas más bellas y curiosas del universo” según Brosses, un erudito francés que viajó a Italia en el siglo XVIII.

La vinculación de la Serenísima República con el mar es muy evidente, pero no todos los pueblos la tienen tan presente. Los dos dioses tutelares de Venecia son Marte y Neptuno, que representan la política terrestre y naval respectivamente, y que aparecen en la entrada del palacio ducal, dando la bienvenida.

Marte y Neptuno en el palacio ducal. Fuente

El dux debe celebrar su boda con la mar

Esta fiesta, que se celebra el día de la Ascensión (festa della Sensa), el 13 de mayo, tiene orígenes medievales. Se conmemora que sus habitantes pudieron librarse de la amenaza eslava, y que en 1177 el dux de la ciudad, Sebastiano Ziani, firmó un pacto con el papa Alejandro III y el emperador alemán Federico I Barbarroja. Según éste, para que Venecia quedara libre de los ataques de estas dos potencias, el dux, a bordo de una nave, debería llevar a cabo el rito del “matrimonio con la mar”. Este enlace tendría que ser bendecido por una autoridad eclesiástica y el dux, al llegar a mar abierto, debería tirar el anillo, muestra de sus esponsales, al agua.

Il Bucintoro de Canaletto, c. 1745-1750. Fuente: Fundación-Colección Thyssen-Bornemisza

La nave en la que el dux se desplazaba

Para llevar a cabo esta unión se construyó una galeaza de unos 35 m. de eslora por 7 m. de manga, con 164 remeros y unos 40 marineros. Tenía dos pisos, el inferior para el remo y el superior para alojar al dux, a su corte y a los invitados. Su riqueza y ornamentación son casi míticas. Se ha escrito que estaba llena de estatuas de oro (que en algunos momentos también pudieron ser sólo doradas), que representaban a múltiples deidades marinas como Neptuno, Anfitrite, Venilia, Salacia, Tetis, Forcis, Nereo y Proteus, así como ninfas, nereidas y tritones, entre otros.

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También aparecían esculpidas personificaciones y alegorías de la paz y la guerra, y de los dos principales ríos venecianos: el Po y el Adigio. Había, igualmente, representaciones de la inteligencia, la música, las virtudes, los meses del año, los signos zodiacales y las artes liberales, así como estatuas de sus héroes más destacados.

Il Serenissmo Principe… Il Bucintoro (1772)  Museo Marítimo de Greenwich

Esta celebración, que dejó de llevarse a cabo cuando a comienzos del siglo XIX las tropas francesas quemaron el último bucintoro, se volvió a poner en marcha en 1965, y desde entonces ha tenido mucho éxito, tanto entre los venecianos como para los turistas, que inundan la ciudad.

Los bucintoros

Se tiene constancia documental de que se construyeron hasta 4 galeras del tipo bucintoro en el arsenal de Venecia, entre los siglos XIII y XVIII, aunque se supone que fueron muchas más las utilizadas en esta fiesta marítima por excelencia.

Más información

ÁLVAREZ, J. Bucintoro, la espectacular galera ceremonial del Dux de Venecia. Blog La Brújula Verde. 2016.

BROSSES, Ch. Cartas confidenciales sobre Italia. c. S. XVIII.

DONNO, F. L’allegro giorno veneto. Venezia, 1627. En COLLINI, C. Nettuno assicurato nello sposalizio del mare. Venezia, 1630.

LUCHINI, A.M. La nuova regia sull’acque nel Bucintoro: nuovamente eretto all’annua solenne funzione del giorno dell’Ascensione di Nostro Signore. Venezia, 1782.

URBAN PADOAN, L. Il Bucintoro La festa e la fiera della Sensa. Venezia: Centro Internazionale della Grafica, 1988.

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Sobre la importancia de la Orden de Malta en la Historia no es necesario insistir, porque es conocido su papel en la defensa de los intereses cristianos durante parte de la Edad Media y la Moderna. Sus enfrentamientos por el Mediterráneo con embarcaciones musulmanas fueron casi constantes. En esta entrada vamos a reseñar un tema muy poco tratado, como es el lugar de privilegio que se les otorgaba a las galeras de esta orden militar en las fuerzas combinadas, así como los saludos y honores que debían recibir.

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Malta en el mapa. Fuente

El estandarte

Los estandartes en estas naves de guerra eran muy importantes, ya que definían y representaban el poder del monarca, príncipe o gobernante. Tenían un lugar preeminente y debían estar siempre protegidos. Cuando se iba a dar una acción naval conjunta, la galera que abría la formación era la del país que la lideraba. A su derecha e izquierda se situaban las de la naciones aliadas.

El pabellón de la orden de Malta

Existía una prerrogativa que consistía en que el estandarte de las galeras de la Orden de Malta debía llevar siempre un lugar de honor detrás del monarca que lideraba el enfrentamiento (aunque existía una excepción, que se producía cuando el Papa participaba, entonces su pabellón debía ir siempre el segundo, es decir a la derecha).

Así, ha quedado constancia de que en 1535, en la toma de Túnez, abanderada por el rey Carlos V, llevaba a su derecha el estandarte del Papa y a la izquierda la Orden de Malta, teniendo que dejar su puesto principal la de Génova. Tres años después, el genovés Andrea Doria tuvo que situar a su derecha a la orden de Malta y a su izquierda el de Sicilia. Otro tanto sucedió en años posteriores.

En 1577 en la batalla de Lepanto, cuando Juan de Austria quiso otorgarles preferencia a los príncipes de Urbino y de Parma, fueron los generales de la Orden de Malta los que reclamaron el lugar que según órdenes reales les correspondía. En esta ocasión hasta el Pape Pío VI tuvo que intervenir. En el socorro de la Goleta ocurrió una situación similar, teniendo que ser Juan de Austria el que solicitara a la capitana de Génova que cediera su lugar a la de Malta.

Precisamente debido a los servicios prestados, Felipe III ordenó en 1611 de manera ferviente que la capitana y estandarte de las galeras de San Juan (las de Malta), cuando estaban en la flota a su servicio, debían preceder, es decir ir por delante, de las de Génova.

“Ordeno y mando a mi general de la mar (…) que [cuando] de mi orden se juntaren y a todos mis capitanes generales de mis escuadras en España, Nápoles, Sicilia y Génova (…) que siempre que se ofrezca el caso y no concurran con mi galera o cualquiera de mis capitanes y estandartes, siendo requeridas por mi cédula (…) den la real y verdadera posesión de su precedencia a la capitana y estandarte de la Religión de San Juan”.

Recordamos que el rey de España contaba con diversas flotas de galeras, y que evidentemente el primer lugar estaba asignado a su nave, y tras ella, si iban en misión real, debían darle paso a la de Malta. Esta real orden supuso que la flota de Génova tenía que ceder su puesto a las de la Orden, lo que generó descontento, que quedó plasmado en un documento en el que Andrea Doria exponía lo que consideraba como un agravio (“Razones que dió la República de Genóva para pretender que se le hizo agravio, en la declaración que hizo Su Magestad de que la galera capitana de la religión de Malta aya de preceder a la galera capitana de la República de Génova”).

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Detalle del asedio al fuerte de San Elmo en Malta en 1565, por parte de la flota turca. Fuente: Gallica.

Los enfrentamientos por la preponderancia

No era ésta, ni mucho menos, la primera vez que había ocurrido, tanto con la flota del rey español como con la del Papa o de otros monarcas cristianos. Así, en 1622 Felipe IV revocó lo dispuesto y dio prioridad a la República de Génova. En la Chancillería de la Orden podemos encontrar testimonios de diversos conflictos generados por esta prioridad que ésta recibía, y que aparecen firmados por diversos monarcas españoles refrendándola.

Podemos ilustrar un caso en el puerto de Nápoles, a mitad del siglo XVII. En la figura superior vemos, a la derecha, la Capitana de la Escuadra española de Galeras de Nápoles, con un fanal y dos fanaletes, barnizada de negro. En el centro, y vista desde popa, la Capitana de la Escuadra de Galeras del Papa, también de negro, con un fanal y detrás la tiara y las dos llaves cruzadas, en oro y plata. Por la proa de la galera papalina aparece la Capitana de la Escuadra de Galeras de Malta, barnizada de negro, con un fanal y detrás la cruz de la Orden.

Otro país que se distinguía por su consideración hacia las galeras maltesas era la República de Venecia, ya que siempre concedía el lugar de la derecha a éstas.

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Detalle de la portada de un documento de 4 h. en el que se narra la victoria conseguida por esta Orden. Fue publicado en Barcelona, en el año 1700. Colección particular.

Saludos

En cuanto a saludos y honores, el rey Carlos III en 1784 emitió un decreto especificando cómo debían ser éstos:

“…que siempre que dichas galeras se encuentren con navíos o otros buques de la Armada católica, tenga el estandarte de la Religión la distinción particular de que (con la excepción de la insignia del Capitán General de la Armada española) todas las demás insignias le saluden primero con trece cañonazos, respondiendo a la de Teniente General con cuatro, al de Jefe de Escuadra con tres…”.

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El Capitán General de las galeras de Malta. Fuente: Biblioteca Pública de Nueva York

Todos estos honores se le rendían y mantenían por su labor en defensa de los intereses de los monarcas católicos, lo que a menudo suponía quitar la preferencia a príncipes como Andrea Doria o a generales de otras escuadras aliadas de España, con los problemas que ello solía ocasionar. De cualquier forma, casi siempre se resolvieron a su favor, lo que les permitió disfrutar durante siglos de estos privilegios.

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Galera capitana de Malta en la batalla de Lepanto. Fuente: Gallica

Más información

FONDEVILA, SILVA, P. Las galeras de Malta en la segunda mitad del siglo XVIIIRevista de Historia Naval, 2011, Monográfico nº 63, p. 41-70. 

LASSO DE LA VEGA, A. Las galeras de la religión de San Juan o de Malta. Madrid, 1893. También está disponible en la Biblioteca Virtual de Andalucía (texto)

REY Y CABIESES, A. Emblemática y uniformidad de la Orden de Malta. En: ALVARADO PLANES, J.  et al.  La Orden de Malta en España (1113-2013). Madrid: Sanz y Torres, 2015, p. 665-736.

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Hay textos antiguos que, aunque estén escritos en un lenguaje algo distinto al actual, merece la pena conocer por el interés que presentan para llegar a entender las peculiaridades de la vida en otros tiempos. En este caso, la de los que viajaban en galeras. Por ello traemos las recomendaciones que en el siglo XVI el obispo de Mondoñedo, D. Antonio de Guevara, les ofrece a los que iban a embarcar en ellas y cómo les previene acerca de ciertas necesidades y peligros que puedan acaecer.

La obra se denominó Arte de marear y de los inventores de ella: con muchos avisos para los que navegan en ellas, y se publicó por primera vez en 1539, aunque hay otras ediciones posteriores.

En el preámbulo ya explica que se va a tratar de 

las cosas que el mareante se ha de proveer para entrar en la galera. Las cosas necesarias para navegar: porque no basta, que el pasajero vaya avisado de todas las cosas de que se ha de guardar, sino que también ha de entrar con lo que le fuera menester.

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Galeras en el puerto de Leghorn (S. XVII). Fuente: Museo de Greenwich

Y continúa así: Es saludable consejo, que todo hombre que quiere entrar en la mar, ora sea en nao, ora sea en galera, tenga en cuenta las siguientes recomendaciones:

Sobre la galera en la que es deseable embarcar

  • Que cuando hubiere de navegar, navegue en galera que la fusta sea nueva, y la chusma sea ya en el remar curtida.
  • Seleccione para su navegación galera afamada y afortunada, en la cual no haya acontecido alguna notable desdicha.

Galeras. Palacio del Viso del Marqués

Favores necesarios

  • Vaya a visitar, y hablar al Capitán de la galera y se intente hacer amigo suyo. Lo mismo con el cómitre, el alguacil, el cocinero, los espalderos y los proeles.

Alimentos

  • Haga hacer bizcocho blanco, compre tocino anejo, busque muy buen queso, tome alguna cecina, y aun alguna gallina gruesa, porque estas y otras semejantes cosas no las excusa de comprar el que quisiere navegar.
  • Se provea de pasas, higos, ciruelas, almendras, diacitrón (confitura similar al cabello de ángel, hecha con cidra), dátiles, confites, y de alguna delicada conserva.
  • Lleve un ristre de ajos, de un horco de cebollas, de una botija de vinagre, de una alcuza de aceite, y aun de un trapo de sal.
  • Para los hombres regalados, y estómagos delicados, se provean de algunos perfumes, menjuí (también llamado benjuí, es un bálsamo aromático que se extrae de la corteza de un árbol), estoraque (otro bálsamo), ámbar, o aloes, y sino de alguna buena poma hechiza para poder dormir bien.

Galeras en Argel. Palacio del Viso del Marqués

Vestimenta y enseres para llevar

  • Haga alguna ropa de vestir que sea recia y forrada, que sea más provechosa que vistosa.
  • Se provea de pantuflos de corcho, de zapatos doblados, de calzas marineras, de bonetes monteros, de agujetas dobladas, y de tres, o cuatro camisas limpias.
  • Lleve algún colchoncillo terciado, de una sábana doblada, de una manta pequeña, y no más de una almohada.
  • Haga provisión de algún barril, o bota, o cuero de muy buen vino blanco: el cual si posible fuere sea anejo, blando y oloroso.
  • El que quiera comer limpio, se provea de algún mantel, pañizuelo, olla, cántaro, y copa.
  • En especial al que es un poco bisoño, que si llevare a la mar alguna arca con bastimento, algún ferón con armas, algún barril con vino, algún lío con ropa, o alguna caja con escrituras.

La escuadra de galeras de Florencia atacando un caramuzal turco. Manuscrito “Impresse delle galere toscane” (1597/1616). Erasmo Magno da Veletri. Biblioteca Riccardiana (Florencia)

Entretenimiento y amistades

  • Mire mucho a quién se allega, con quién entra, de quién se fía, con quién habla, y aun con quién juega, porque son tan avisados, y tan taimados los de la galera, que si le sienten al pasajero, que es un poco necio, jugarán con el tres al mohíno.
  • Que como en la galera no haya mucho que hacer, ni menos que negociar, ver allí el pasajero, que lo más del día, y de la noche, se ocupan en contar novelas, hablar cosas vanas, blasonar de sus personas, alabar sus tierras, y aun relatar vidas ajenas; y en semejantes pláticas, y liviandades, debe mucho el pasajero cuerdo guardarse de no ser prolijo, novelero, vocinglero, mentiroso, entremetido, chocarrero, y porfiado, porque más pena da en la mar una conversación pesada, que no la mala vida de la galera, y parece esto muy claro, en que la marea de en cuando en cuando os hace rebelar, y un necio porfiado cada hora os hace desesperar.
  • Para el pasajero que presume de ser cuerdo, y honrado, compre algunos libros sabrosos, y unas horas devotas, porque de tres ejercicios que hay en la mar, es a saber, el jugar, el parlar, y el leer, el más provechoso, y menos dañoso es el leer.

Flota de galeras, escoltadas por una carabela. Obra de Brueghel (S. XVI)

Religisiodad

  • Se confiese, se comulgue y se encomiende a Dios.
  • Haga su testamento, cumpla con sus acreedores, reparta su hacienda y se reconcilie con sus enemigos.

Limpieza interna del cuerpo

  • Ocho o quince días antes que se embarque, procure limpiar y evacuar el cuerpo.

Galeras dibujadas por Texeira

Consejos para sobrevivir

  • Aviso muy necesario, que al tiempo que en la galera viere el pasajero alzar el ancla, coger los remos, meter el barco, apartarse de tierra, mudar la vela, y andar gran grita, calle, recójase, y no diga palabra, ni ande por la galera: porque los marineros como son unos desesperados, y aun agoreros, tienen por grandísimo agüero si en el conflicto de la tormenta oyen hablar, o hallan en quien tropezar.
  • Mire por sí el pasajero, a que no ose de día traer por la galera los pies descalzos, ni dormir de noche la cabeza descubierta, porque a los pies le hará mal la humedad, y la cabeza el sereno, de lo cual sino se guarda en la mar mucho, no podrá escapar, ni salir de la galera, sino cargado de algún catarro, o muy malamente sordo.
  • Para que uno no se maree, ni revese en la mar, ponga un papel de azafrán sobre el corazón, y estése quedo sobre una tabla en el hervor de la tormenta.
  • Que cada pasajero trabaje en la mar, de tener siempre el estómago muy templado, y no de manjares cargados, es a saber, comiendo poco, y bebiendo menos.

Sobre este texto

Hay que tener en cuenta que esta obra tiene un tono humorístico, y que su autor la compuso más para provocar divertimento que preocupación. Este tipo literatura audaz y polémica nos proporciona la visión que un franciscano muy conocido en la Europa de su tiempo, que afirma ser buen conocedor de la vida en las galeras, escribió hace ya casi 500 años.

Nota: cuando la letra aparece en cursiva es que el texto se corresponde con el original.

Más información

Texto transcrito, reorganizado y adaptado de la traducción que aparece en el blog Filosofía en español.

GUEVARA, Antonio de. Arte de marear y de los inventores de ella: con muchos avisos para los que navegan en ellas. Compuesto por el Ilustre, y Reverendísimo Señor D. Antonio de Guevara, Obispo de Mondoñedo, Predicador, y Cronista, y del Consejo de su Majestad. Madrid: ed. viuda de Melchor Alegre, 1673 [La edición original es de 1539].

Otra versión publicada en Bilbao en 1895.

MOREIRAS, A. El Arte de marear, de Antonio de Guevara, y la autonomización del texto literario. Hispania. 1985, 68, 4, p. 724-732.

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El ritual y simbolismo del nombramiento del almirante de una flota y del poder que representa es de origen medieval. Un texto del siglo XIII mantiene que éste ejerce el poder real en la mar, que el rey está simbolizado en el Estandarte Real y que el almirante se obliga a defender hasta la muerte la honra del rey.

Pendón coronado de las armas de Castilla y León. Livro de Arautos, 1416-18. John Ryland’s University. Manchester, Ms latino, 28, folio 17r

Otro matiz es la fuerte vinculación religiosa que aparece en la ceremonia de entrega del estandarte entre el rey y su almirante, el cual presta pleito homenaje a su señor, según el ritual de las Leyes de Partidas. Así, el almirante ha de velar, un sábado, el estandarte en una catedral, junto con los caballeros y escuderos de su mesnada. A la mañana siguiente debe celebrar la misa el arzobispo, y terminada ésta debe ponerse enhiesto el estandarte en el altar mayor, sosteniendo el asta el capitán de la galera capitana de la escuadra, mientras el almirante apoya la mano derecha en el estandarte hasta que haya hecho el pleito homenaje, terminado el cual se llevaba, con la mayor solemnidad posible, a la galera capitana. El estandarte, como símbolo de la persona del rey, debía tener un tamaño y una posición destacada en la galera capitana, lo cual no impedía que el almirante pudiese llevar una seña con sus armas. En definitiva, la guardia del general de las galeras es a la vez la guardia del estandarte, y así va a mantenerse durante siglos.

Estandarte real de la familia Oquendo, muy vinculada a la Marina española (S. XVI). Museo Naval de Madrid

La Edad Moderna

La imagen inferior, de finales del siglo XVI, nos muestra la continuidad de la costumbre tres siglos y medio después de la anterior disposición. El estandarte, con las armas del rey, está enarbolado en un asta sobre el tabladillo de la espalda sobresaliendo por encima de la carroza. En la popa y encima de la pertigueta, se hallan los tres fanales en triángulo, que indican que es una galera Capitana de la Escuadra de España. Las armas del Adelantado Mayor de Castilla figuran en la flámula que cuelga de la pena de la entena del árbol de mestre, y en el gallardete izado en el calcés del citado árbol.

Galera capitana

Galera Capitana del Adelantado Mayor de Castilla. Biblioteca del Palacio Real (Madrid)

La humillación del enemigo vencido

Por otra parte, la pérdida de tan preciado símbolo, significaba que el vencedor humillaba el estandarte y otros pabellones, arrastrándolos por el agua, y remolcando sus embarcaciones por la popa, es decir, navegando al revés, llegándose incluso a colocar al revés las entenas de las galeras adversarias. Un buen ejemplo es la Tavola Strozzi, que representa el triunfo de las galeras aragonesas frente a las francesas en Nápoles. Entran en el puerto en línea de fila, remolcando a las galeras francesas vencidas. Para mostrar la derrota, éstas últimas van sin pavesadas, desarboladas y con los remos dentro, al revés, es decir, remolcadas por su popa, y con la pequeña estructura, que servía para montar el toldo que protegía del sol, desmontada, y arrastrando por el agua las banderas y los estandartes galos.

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Detalle de la escena principal, que es el triunfo de las galeras aragonesas  frente a las francesas en Nápoles. Tabla Strozzi. Museo de Capodimonte

De esa manera entraba en puerto siendo recibido por el rey, o autoridad que lo representase, en la ciudad y todos los habitantes del lugar, con salvas de artillería, repiques de campana y músicas. Posteriormente las banderas enemigas y, especialmente el Estandarte Real, se colgaban en las catedrales e iglesias, en acción de gracias por la victoria lograda.

Fresco de las Siete Galeotas. Palacio del Viso. La Capitana de D. Álvaro de Bazán remolca la Capitana turca de popa, con la bandera por el agua.

Introducida en España la dinastía Borbón, la citada singularidad sufre una importante modificación: considerar que el Estandarte Real solamente podía arbolarse si el rey iba embarcado en la capitana real o si un “príncipe de sangre” iba mandando la flota.

Detalle de un documento en el que se da cuenta de que el comandante del convoy de Génova que llegó a Alicante, no saludó al estandarte real (1676). Archivo de la Corona de Aragón, Consejo, Leg. 0587, nº 071-1

Más información

HEVIA BOLAÑOS, Juan de. Curia philipica. París: Rosa y Bouret, 1853.

NIETO SORIA, José Manuel. Los perdones reales en la confrontación política de la Castilla Trastámara. En la España medieval, 2002, 25, p. 213-266.

SÁNCHEZ BAENA, Juan José y FONDEVILA SILVA, Pedro. Origen y organización de los Guardas de Estandarte de la Escuadra de Galeras de España (1728-1748). En: Ibarz Gelabert; Jordi; García Domingo, Enric; González Sánchez, Inma; López Miguel, Olga. Proceedings of the 4th Mediterranean Maritime History Network Conference. Barcelona: Museu Maritime, 2014.

 

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La literatura sobre los viajes a Tierra Santa es relativamente frecuente, pero no las obras que incluyen dibujos de las ciudades que se visitaban en el periplo. Un canónigo de Maguncia, Bernardo de Breidenbach, publicó en 1486 un relato que iba acompañado de magníficas ilustraciones de algunos de los puertos y urbes costeras que se hallaban en el camino. Precisamente por ello le dedicamos una entrada y comentamos varios de los dibujos y detalles vinculados con la Historia Naval y Marítima. Breidenbach recorrió Palestina, Arabia, Sinaí y Egipto. Su largo viaje hasta llegar a Tierra Santa duró desde abril de 1483 a enero de 1484.

Parte de la carta náutica de Joan Martines que recoge la cuenca mediterránea. Fuente: BNE

Las ilustraciones de puertos y ciudades costeras

Contiene grabados xilográficos intercalados en el texto y a página completa. Hay grandes vistas geográficas de importantes ciudades portuarias (Venecia, Parenzo, Corfú, Modón, Candía, Rodas y Jerusalén). La ilustración de mayor tamaño se imprimió con cuatro bloques de madera y muestran una vista panorámica de Venecia, tomada desde el sur.

Galera Venecia

Venecia. Detalle de góndolas y de dos galeras con la tienda montada y los remos afrenillados

El ilustrador

Conocemos el nombre del ilustrador, el artista Erhard Reuwich, porque aparece en la introducción de la primera edición y del que también sabemos que acompañó al canónigo en su viaje. La obra destaca por el virtuosismo que logró con sus dibujos, a los que dotó de un notable realismo.

Corfu. Detalle

Nave en aguas de Corfú (oeste de la actual Grecia). Una embarcación de navegación costera con árbol y vela latina. A popa tiene un espacio para pasajeros, con una escala abatible para embarcar y desembarcar. En la playa se pueden apreciar dos esquifes

Parece que en cada tramo del viaje adquirió obras de arte representativas, que posteriormente utilizó para realizar las ilustraciones. Así, por ejemplo, la ciudad de los canales, de Reuwich, puede considerarse una obra documental sobe la historia arquitectónica veneciana (se cree que utilizó varios trabajos de J. Bellini para inspirarse).

Candia. Transporte de troncos

Detalle de la ciudad de Candía (en Creta, Grecia). Dos esquifes ante la costa

Una magnífica carraca

Una de las joyas de este texto es una gran embarcación comercial denominada carraca, que está representada de popa, por lo cual no podemos apreciar el castillete de proa, ni el trinquete. En el centro había un gran palo enterizo (o tiple), del cual se envergaba el papahígo (o gran vela), en cuyo grátil (más tarde denominado pujamen), se podía unir una boneta o dos, como aparecen en el dibujo. Esta disposición permitía aumentar o disminuir el paño según la fuerza del viento. Es muy visible el castillete de popa, con el mesana portando una vela latina. El timón es de codaste (o a la navaresca). Además, podemos distinguir un esquife que se aleja de la carraca.

Buque en Modon

Una carraca en la ciudad de Modón (hoy Methoni, situada en el Peloponeso, actual Grecia)

El puerto de Rodas

Aunque todas las ilustraciones son de gran interés, en la que se dibuja la isla de Rodas (situada en Asia Menor, actualmente forma parte de Grecia), encontramos una serie de peculiaridades vinculadas con el mundo naval que son dignas de analizar. Por ejemplo, en la imagen inferior se puede ver el casco de una embarcación con dos planchas de agua a cada banda, en las cuales se colocaban los carpinteros y calafates que están reparando las tracas y calafateando las costuras de éstas. También se aprecia a la izquierda un molino de viento sobre el muelle.

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Detalle del molino y del embreado de una embarcación en el puerto de Rodas

Alejándonos un poco más (imagen inferior), a la derecha, aparece un pontón de draga, con la rueda movida con el peso de los hombres que suben por ella, y que sirve para manejar la cuchara que recoge el fango del fondo.

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Rodas. Otra visión de la imagen anterior, en la que se puede ver un pontón para dragar el puerto

También encontramos una galera de peregrinos, muy similar a la que el autor empleó para hacer su viaje. Ésta lleva la carroza cubierta a popa, sigue el mesana latino y luego un corral para llevar las dietas vivas (ave y ganado) para los enfermos. Aparece el árbol maestre, con su entena y vela latina. Los remos están afrenillados. Falta el árbol del trinquete, posiblemente oculto por la doblez de la hoja.

Galera Rodas

Rodas. Galera veneciana de peregrinos

El éxito de la obra

Salieron publicadas varias versiones en latín, alemán, flamenco, francés y español desde 1486 hasta 1498. En España fue traducida por el aragonés Martín Martínez de Ampiés e impresa en 1498 en Zaragoza por Pablo Hurus, que tuvo mucha aceptación. Dado el éxito que alcanzó no es extraño encontrar ejemplares en las bibliotecas nobiliarias, tales como las del tercer duque de Medina Sidonia, el marqués de Astorga y el del Cenete, o de literatos (como Hernando Colón y Fernando de Rojas), religiosos y otros eruditos.

En síntesis, una magnífica obra ilustrada con algunas de las ciudades costeras en las que arribó Bernardo de Breidenbach en su largo viaje por el Mare Nostrum, un importante patrimonio documental que nos deja interesantes datos sobre los puertos y las embarcaciones que los transitaban en los albores del Renacimiento.

Nota: Las imágenes que aquí aparecen en color son de la impresión alemana de la obra, las otras son del ejemplar en español de la Biblioteca Nacional de España.

Más información

DAVIES, H. & LEIGHTON, J.J. Bernhard von Breydenbach and his journey to the Holy Land 1483-4: a bibliography. 1911. Descripción comentada y traducida de la obra.

TENA, P. Miradas jerusalemitanas. Imagen de Tierra Santa en un incunable españolEspéculo: Revista de Estudios Literarios, 2005, 31, p. 71.

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Esta es la tercera entrega dedicada a el mundo de las galeras, con la que abrimos otra nueva etapa en la que nuestro experto, el Dr. Pedro Fondevila Silva, además de redactar los textos, los acompaña de dibujos realizados por él o bajo su dirección, muchos hechos expresamente para que se pueda entender mejor la forma de vida en estas embarcaciones.

Las galeras llevaban, aparentemente, un único árbol. Sin embargo, documentación de archivo y una imagen contemporánea de la toma de Túnez (1535), nos muestran la existencia de otro (el trinquete) en un lateral de la corulla. Este árbol y su vela eran de pequeño tamaño, y más que para proporcionar propulsión, servía para ajustar el centro vélico de la galera, en función de la vela que llevase mareada y de dónde recibía el viento. El trinquete, cuando no se utilizaba se estibaba en una de las bandas de la corulla.

Cartones de los tapices de la Conquista de Túnez. Castillo de Ambras, Innsbruk.

La galera imperial que aparece en la imagen superior es de la conquista de Túnez y está amainando la vela. El trinquete está abatido. Todas las piezas que iban montadas sobre los maimones y maimonetes han sido retiradas y solamente se mantienen las de las cureñas. Como las galeras van a batir el fuerte de la Goleta, llevan, para proteger a la gente de la corulla, una arrumbada y sus dos contraarrumbadas. Pero la estructura no es de firme, sino desmontable.

Volviendo sobre las velas, veamos la estructura de la entena. Especialmente interesante es el espigón, que servía para alargar la pena y envergar la vela de mayor tamaño de las dos que tenía el árbol de mestre, que contaba también con una vela cuadra, el treo, para correr fortuna.

Por último, en la galera de la imagen inferior el timonel va sobre el sobredragante, por fuera del tendal, manejando el timón de codaste o a la bayonesa. La nave está desarbolada y transporta fajinas para hacer baluartes para la artillería en tierra. El pequeño pabellón de la popa será sustituido, en la segunda mitad del siglo XVI, por la carroza.

Galera con las empavesadas montadas para proteger la cámara de boga.

Nota:

Rogamos a nuestros lectores que si hacen uso de la información y/o de las imágenes que aquí aparecen, por favor citen esta entrada. Añadimos la referencia bibliográfica, que se puede adaptar a los distintos sistemas de citación:

FONDEVILA SILVA, P. Arboladura de las galeras del siglo XVIII. Blog de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval. 2018. Disponible en: https://blogcatedranaval.com/2018/03/29/arboladura-de-las-galeras/

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Gracias a las excavaciones y a las transcripciones que nos llegan, podemos ir conociendo un poco más de esa antigua civilización, que posiblemente fuera una de las mayores de la historia, la del Antiguo Egipto. Ya hemos visto en varias entradas algunos aspectos vinculados con el tema naval y marítimo en esta época (los barcos encontrados en la tumba de Keops y también en la de Tutankamon, el inframundo marítimo, Alejandría y otros puertos como BereniceWadi al-Jarf). Esta semana nos dedicamos a descubrir la vida del capitán de un barco de la flota real.

Maqueta de barco fluvial del Antiguo Egipto. Fuente: Egiptoforo

En una de las excavaciones se descubrió el monumento funerario de un marino llamado Ahmose. Aunque los textos no son contemporáneos suyos, porque fue su nieto quien mandó construirla, nos sirven para entender una parte de la historia marítima y naval de este gran pueblo.

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Una de las paredes del monumento levantado en honor de Ahmose

En las fuentes que nos han llegado hemos podido hallar información sobre este capitán que sirvió a varios faraones en los albores del reino nuevo, la etapa más extraordinaria del Antiguo Egipto. Fue durante la dinastía XVIII, algunos de cuyos monarcas más conocidos son la reina Hatsepshut y el faraón Tutankamon.

Buque de la flota de Tutankamon según Canadian Museum of History

Ahmose, el marino

Ahmose, cuyo nombre también se ha traducido como Iahmes o Ahmes, nació al sur de Tebas, en una ciudad llamada ElKab (o Neheb), cerca del siglo XIV a. C. Aunque también fue soldado, la mayor parte del tiempo estuvo sirviendo en la flota real.

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Amhose junto a su mujer en el monumento funerario que su nieto construyó en su honor. Fuente

Como recompensa por sus servicios en tierra, en la primera batalla para tomar Avaris (al este del delta del Nilo), que estaba en poder de los hicsos, obtuvo el mando de un buque cuyo sobrenombre era “el que brilla en Menfis”.

Localización de Avaris, en el Bajo Egipto, al este del delta del río Nilo

En el siguiente intento para arrebatar Avaris, recibió el “oro del valor”, una condecoración militar, que a lo largo de su vida volvió a recoger cuatro veces más, según los textos de su tumba (o siete según otras fuentes).

Las pruebas de la victoria

Aunque hoy suene terrible, en época faraónica y especialmente durante el Reino Nuevo, la amputación de las manos de los enemigos derrotados era habitual. Esta extremidades se llevaban ante los representantes de la autoridad real, quienes solían recompensar con esclavos, con el llamado “oro del valor”, o incluso con ambos. Posteriormente, el faraón las mostraba como prueba de sus victorias ante sus súbditos y las ofrecía a los dioses en agradecimiento.

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Un dibujo sobre la práctica de amputación de las manos (Galán 2003)

En la tumba de Ahmose hay varios fragmentos alusivos a esta práctica:

“Hice entonces una captura y me traje una mano, y cuando el heraldo real fue informado se me otorgó el oro del valor. Y cuando se repitió la lucha en ese lugar, volví a efectuar una captura allí, me traje una mano y se me volvió a conceder el oro del valor […] Yo capturé a dos hombres vivos y tres manos. Se me recompensó con el oro del valor por duplicado y se me otorgaron también dos siervas […] me traje dos manos y se las presenté a su majestad” (Galán, 2003, p. 40-41).

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Entrada al monumento en honor de Ahmose

El “oro del valor”

Según National Geographic, el faraón era el único propietario legítimo del oro, y sólo él podía otorgarlo por hechos excepcionales. Así surgió el “oro de la recompensa” u “oro del valor”, el regalo más distinguido que el monarca podía conceder por servicios extraordinarios, ya fueran de carácter civil o actos victoriosos en batalla. Este obsequio era un pesado collar compuesto por discos de oro con distintas formas, llamados shebyu.

Condecoración de oro concedida por el rey Ahmosis a su madre, por su papel en la guerra contra los hicsos

Más información

BENDERITTER, T. Ahmes-fils-d’Abana. Osorisnet, Tombes del  l’Égypte antique. Contiene una descripción muy detallada y multitud de imágenes del monumento funerario.

GALÁN ALLUÉ, J.M. Mutilación de enemigos en el Antiguo Egipto. En: La guerra en Oriente Próximo y Egipto: evidencias, historia y tendencias en la investigación: actas del segundo Seminario Monográfico de Primavera. 2003, p. 353-360.

VÁZQUEZ HOYOS, E. Ahmose, hijo de Abana. UNED, 2008. Transcripción al español del texto egipcio.

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