Por Jorge Martínez Reina, colaborador de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval
Los desafíos de la navegación y la búsqueda de la medida de la longitud
Antes de adentrarnos en el cronómetro de Harrison, es importante entender el contexto histórico y los desafíos a los que se enfrentaban los navegantes de la época. Aunque los relojes de sol existían desde la antigüedad, no se había planteado hasta ese momento la determinación precisa de la longitud en el mar. Mientras que la latitud, o la distancia al norte o al sur del Ecuador, podía conocerse con relativa facilidad utilizando instrumentos astronómicos como el astrolabio, la longitud, que mide la distancia al este o al oeste del meridiano de Greenwich, era una cuestión completamente distinta y no había forma de calcularla desde un barco.
La falta de una herramienta para determinarla significaba que las naves podían perderse en alta mar, naufragar o quedar aisladas en costas desconocidas. Esto no solo ponía en peligro la vida de los marinos, sino que también tenía graves implicaciones para la navegación comercial y la expansión colonial de las potencias europeas. Este enigma preocupó a exploradores y navegantes durante siglos.
El Parlamento británico estableció en 1714 la Junta de la Longitud, que ofrecía una recompensa sustancial (20.000 libras esterlinas, una suma astronómica en aquellos tiempos) a quien pudiera desarrollar un método seguro para determinar la longitud en la mar. Numerosos científicos, relojeros e inventores intentaron resolver dicho reto, pero fue John Harrison quien finalmente lo consiguió.
Harrison y su afán con el “tiempo”
John Harrison nació en Yorkshire, Inglaterra, en 1693. A pesar de que era carpintero de profesión, demostró ser un relojero excepcionalmente talentoso, con una obsesión por la precisión que lo llevaría a crear una serie de relojes revolucionarios. Desde bien pequeño, John siempre había estado interesado en este tema. Su primer prototipo fue un reloj de pie hecho con madera, el cual ya incluía aparentemente un matiz de innovación, pues no requería de aceite lubricante para funcionar.
Con respecto a la creación de lo que sería el futuro cronómetro marino, desarrolló varias versiones hasta conseguir la precisión suficiente para poder medir de la manera más precisa hasta el momento la longitud en la mar. Vamos a conocer las más relevantes.

La creación del reloj H1
Entre 1730 y 1735, diseñó un reloj que funcionaba sin que la gravedad lo afectara, ya que sus piezas estaban sujetas por resortes, pero tenía ciertas limitaciones en los viajes de larga distancia. Era el H1, que iniciaría una serie de relojes, que incorporarían una serie de mejoras hasta conseguir su objetivo final: poder medir de manera precisa el tiempo en alta mar.
El largo desarrollo de las versiones H2 y H3
Once años más tarde Harrison logró desarrollar el H2, que era mucho más grande que la versión anterior. El nuevo contaba con barras circulares de equilibrio para mejorar la estabilidad.

Sin embargo, no llegaba a cumplir sus objetivos, por lo que continuó su labor en el perfeccionamiento de un mecanismo de relojería de extraordinaria complejidad, hasta que en 1758 logró desarrollar el H3. Este podía adaptarse mejor a las fluctuaciones de temperatura gracias a la tira bimetálica del muelle en espiral. Además, poseía un rodamiento de jaula que reducía la fricción. Pero en esos momentos Harrison decidió apostar por crear una versión de bolsillo del reloj, lo que le permitía probar sus dispositivos con mayor facilidad. También podía resultar mucho más versátil y atractivo para los marineros que cualquiera de los resultados algo aparatosos que había logrado hasta el momento, y comenzó a trabajar en sus verdaderos proyectos definitivos.
Las obras maestras de Harrison: el H4 y el H5
En el año 1761 consiguió desarrollar el H4, que se asemejaba a uno de bolsillo, aunque era de mayor tamaño, pues sobrepasaba los 13 cm de diámetro y pesaba 1,45 kg. Además, se sometió a una prueba práctica en un viaje del HMS Deptford de Portsmouth a Jamaica (1761-1762). La Junta de la Longitud no quedó satisfecha por completo, ya que el reloj había perdido 5,1 segundos en el viaje, y exigió que se continuaran las investigaciones y se hicieran más pruebas. No obstante, fue certificado por la misma entidad poco después de probarse de nuevo en el HMS Tartar, en un viaje a Barbados efectuado en 1764.
La falta de reconocimiento a los esfuerzos de Harrison por parte de la Junta era una constante en el trabajo desarrollado. Debido a esta incomprensión, se dirigió al rey Jorge III de Gran Bretaña, que quiso probar el más reciente y mejor de sus relojes marinos, el H5. En 1772 el monarca quedó impresionado con la precisión conseguida, ya que tras un período de diez semanas en la mar el reloj solo había perdido la tercera parte de un segundo por día.
Funcionamiento de las versiones finales (H4 y H5)
El cronómetro marino de John Harrison resolvió el problema de la longitud al utilizar un concepto aparentemente simple, pero ingenioso. Estaba diseñado para mantener un movimiento uniforme y constante, independientemente de las condiciones a bordo de un barco durante la navegación., cosa que era esencial para obtener mediciones precisas.
Para determinar la longitud el reloj se ajustaba inicialmente a la hora de Greenwich antes de zarpar. A medida que el barco se movía hacia el este o el oeste, el reloj seguía marcando la hora de Greenwich. La diferencia entre ésta y la hora local, obtenida de un reloj de sol, proporcionaba la información necesaria para determinar la longitud: la diferencia horaria se traducía en una cifra en grados, minutos y segundos.
El legado perdurable
El cronómetro de Harrison no solo transformó la navegación, sino que también dejó un impacto duradero en la historia naval y marítima. Algunos aspectos destacados de su legado incluyen el avance de la exploración y la expansión colonial, así como la construcción de cronómetros de alta precisión, que siguen usándose actualmente para determinar la posición.
Más información
FORTY, Simon. 100 Innovations of the Industrial Revolution. Somerset: Haynes Publishing, 2019, 160 p.
GOULD, Rupert. John Harrison and His Timekeepers. Londres: National Maritime Museum, 1978, 26 p.
LÓPEZ-TOIMIL, Juan José. La historia de la búsqueda de la longitud. Revista General de Marina. 2010, 259, p. 813-819.
SOBEL, Dava. Longitud. Barcelona: Editorial Anagrama, 2006, 192 p.







Pingback: Los almanaques náuticos – Blog Cátedra de Historia y Patrimonio Naval