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Posts Tagged ‘Edad Antigua’


¿Los antiguos griegos veían y cartografiaban el mundo tal y como lo entendemos actualmente?. La respuesta es un no rotundo. En esa época comenzaron a surgir las teorías sobre las diferencias en la temperatura de las distintas zonas de la tierra. Algunas de ellas, con matices y actualizaciones (en la Edad Media se adaptaron y en el Renacimiento tomaron fuerza), se siguen hoy manteniendo.

Vamos a explicar cómo se fueron gestando en el mundo Mediterráneo las ideas sobre la tierra, sus habitantes, el mar y las zonas geográficas, que durante siglos se utilizaron en la tarea de levantar mapas. En el globo terráqueo se diferenciaban las zonas en las que se pensaba que la vida era posible y otras en las que era “imposible vivir” por las condiciones climáticas adversas. Primero vamos a conocer las grandes zonas en las que se dividía la tierra, el papel de los mares y, posteriormente, los climas que se distinguían en los territorios habitables.

La división de la Tierra

El mundo griego comenzó describiendo diferencias espaciales en el globo terráqueo. Esta distinción respondía sobre todo a un criterio astronómico, por zonas, que oscilaron según la época y el autor.

5 zonas climaticas

Ya por entonces el mundo se considerara redondo o esférico (aunque algunos lo veían plano), y se dividía en zonas, vinculadas con la temperatura y la inclinación del sol. Parece que el primer filósofo que dejó escrito este tema fue Parménides (siglo V a.C.), que decía que la esfera terrestre se podía dividir en 5 grandes zonas: una tórrida central, a la que seguían dos templadas y 2 frías, que coincidían con los polos. La zona templada era dos veces mayor que las otras dos. Posteriormente Aristóteles, Polibio, Posidonio, Estrabón y Macrobio asumieron, con matices, esta división.

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Otro dibujo de las zonas de Macrobio publicado posteriormente

Macrobio (siglo IV), por ejemplo, mantenía que eran 5 y les dio nombres; la parte helada (frígida) en los polos, dos templadas (temperata) y una tórrida (perusta) en el centro. De todas ellas creía que sólo era posible la vida humana en las zonas templadas, por lo que se distinguía la que estaba habitada, denominada oikumene, y la que se consideraba que no lo estaba. La zona templada austral era la “anti-tierra”, donde vivían los antípodas. Su idea tuvo mucho eco en autores posteriores, como podemos deducir tras la lectura de algunas de las denominaciones que propuso.

En época medieval esta teoría estaba muy extendida, especialmente en el mundo musulmán, aunque el número de zonas podía variar de 5 a 7 según autores.

La Tierra estaba rodeada de agua 

Se puede apreciar en el mapa siguiente que la tierra aparece rodeada de mar por todas partes. En la ancha franja ecuatorial también se puede distinguir un mar entre dos partes continentales, al norte y al sur. El Alveus Oceani era un mar (a veces se traduce también como río) que unía el Océano Occidental (Atlántico) y el Mar Índico.

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Las 5 zonas de la Tierra según Macrobio. Edicion de Brescia s. XV. Fuente: Olcina, 2016.

La tierra que aparece al sur formaba parte de otro continente, al que nadie podía pasar por el extremo calor que hacía, y también por las corrientes y tormentas que se producían en ese océano, que hacían casi inevitable el naufragio. En el caso de que alguien atravesara el Alveus Oceani, no podría regresar para contarlo, porque “desde el precipicio del otro mundo no se podía subir al nuestro”.

“Ves cómo la tierra está rodeada y envuelta en bandas, por decir así, y que dos de ellas, completamente opuestas y orientadas de cada parte hacia los polos mismos del cielo, son regiones heladas; y aquella que está en medio de las dos y es la más grande, es abrasada por el ardor del sol. […] Pues la tierra habitada por vosotros, estrecha hacia los polos, y más ancha por los lados, es una pequeña isla rodeada por aquel mar que en la tierra llamáis Atlántico, Grande, Océano, y que a pesar de estos nombres altisonantes es tan pequeña como ves”. (Cicerón. El sueño de Escipión, traducción de Vilam Correa, Bogotá 1963).

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Mapa de Ptolomeo. Fuente

Otra peculiaridad era que el Océano Índico se representaba en algunos mapas como un mar cerrado, como se puede ver en el de Ptolomeo. Posteriormente esta idea fue variando, especialmente cuando los navegantes españoles y portugueses demostraron que no era así.

La tierra habitada

La zona templada, donde la vida era posible, se podía dividir en diferentes franjas, dependiendo también de supuestos astronómicos, y a cada una de ellas en época griega se les denominó klimata (aunque no coinciden exactamente con el concepto actual de clima que tenemos),

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La primera representación de la situación de cada klimata (que eran franjas paralelas al Ecuador que comprendían porciones de tierra) que nos ha llegado es de Eratóstenes. Éste dividió en 7 franjas el mundo habitado, cuyo nombre coincidía con las ciudades más importantes de cada una de ellas (eran de sur a norte, Aromates, Meroe, Siena, Alejandría, Helesponto, Boristhene y Thule). Hiparco las subió a 11, añadiendo como puntos de referencia Babilonia, Sidón, Rodas, Atenas e Hibernia (Irlanda). Estrabón mantuvo esas 11 diferencias.

El gran Ptolomeo, ya en el siglo II, añadió 26 líneas equidistantes a partir del Ecuador, desde oriente hasta occidente, para dividir la Tierra y retomó los 7 klimatas de las zonas habitadas, delimitadas por un criterio horario (horas de sol recibidas), siendo menor conforme aumentaba la latitud. Cada uno tomaba el nombre de la ciudad más importante, con el prefijo dia (por ejemplo Dialexandria).

Su obra tuvo mucha influencia en las épocas medieval y moderna, por lo que se encuentran múltiples referencias a ella, tanto en tratados cristianos como musulmanes.

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Las divisiones que estableció Ptolomeo y los 7 klimatas. Fuente: La Geografia di Claudio Tolomeo 1574. Fuente: BNE

Con el Renacimiento, y sobre todo con las grandes expediciones marítimas hispano-portuguesas, esta forma de ver el planeta cambió radicalmente. Una división más actual y detallada de los climas se puede encontrar aquí.

Más información

GÓMEZ ARANDA, Mariano. Teorías astronómicas y astrológicas en el “Comentario de Abraham Ibn Ezra al libro del Eclesiastés”. Sefarad. 1995, 55, 2, p. 257-272.

LEWIS, Martin W. Dividing the ocean sea. Geographical Review. 1999, 89, 2, p. 188-214.

OLCINA CANTOS, Jorge. El clima: factor de diferenciación espacial. Divisiones regionales del mundo desde la antigüedad al S. XVIII. Investigaciones Geográficas. 1996, 15,  p. 79-98.

PÉREZ FERNÁNDEZ, Isacio. Brevisima relacion de la destrucion(sic) de África: preludio de la Destrucción de Indias: primera defensa de los guanches y negros contra su esclavización. Editorial San Esteban, 1989.

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Existe un profundo desconocimiento sobre la influencia del mundo marino en la praxis religiosa de la Grecia antigua, en parte porque los investigadores a veces se han negado a admitirla. El pueblo griego, por la necesidad de su propio medio geográfico, estaba volcado hacía el mar, tal y como quedó plasmado en una mitología rica en dioses y héroes relacionados con este espacio, que sí que está bien documentada. Sin embargo, acerca de la protección que éstos ejercieron sobre todos aquellos aspectos vinculados de una u otra manera al mar, así como de la presencia de elementos asociados a este medio en los rituales y fiestas religiosas, apenas se han hecho estudios.

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Estatua de Poseidón, el dios del mar. Fuente: Imperium

La economía de la antigüedad clásica se basaba en un intenso tráfico marítimo, que en épocas de guerra transformaba ciertas naves en barcos para la batalla. Estas actividades debían ser protegidas por los dioses y éstos “exigían” a cambio, además de culto en sus santuarios, un conjunto amplio de rituales y fiestas conmemorativas en su honor.

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Los argonautas dirigidos por Ceres. Siglo XVIII. Fuente: National Galery of Art.

Apenas estudiadas, veremos, gracias a las investigaciones de Mirella Romero, algunas de las más importantes. Además de las que se celebran al inicio y el fin de la temporada de navegación, la ayuda de los dioses en los viajes marítimos, tan peligrosos y al mismo tiempo imprescindibles, se evidencia en algunas otras manifestaciones folclóricas griegas.

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La diosa Atenea dirigiendo la construcción de una nave (siglo I). British Museum.

Fiestas vinculadas al mar 

Dos son las fiestas que se vinculan sin dificultad al mar y la actividad náutica: las Cibernesias y las Ploiaphesias (o Navigium Isidis), que coinciden con la época de inicio (mare apertum) y de fin de la navegación (mare clausum)*. 

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Nave griega en un ánfora de la época

a) Celebración del inicio de la época de navegación

En algunos puertos del Mediterráneo se celebraba una fiesta que abría oficialmente la temporada para poder “salir a la mar” en marzo (entre los días 5 y el 9). Estaba dedicada a Isis (son conocidas en la literatura académica como Navigium Isidis o ploiafevsia), y existen evidencias de ella desde la época helenística hasta el siglo IV.

Apuleyo escribió el relato más completo sobre el funcionamiento de esta festividad ya en el imperio romano. Se abría con una procesión compuesta por mujeres, coros de cantantes e instrumentistas, iniciados, sacerdotes -uno de ellos sostenía una pequeña nave de oro- e imágenes de dioses.

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Diosa Isis. Fuente: Fandom. 

Se dirigían hasta la orilla del mar donde estaba esperando un barco de nueva construcción, decorado con pinturas y en cuya vela había una inscripción bordada en letras de oro, donde se solicitaba una feliz apertura de la estación navegable. El sumo sacerdote entonaba sus oraciones, purificaba la embarcación con una antorcha encendida, un huevo y azufre, y la consagraba a Isis. A continuación, se realizaba una libación con un puré de leche sobre las aguas del mar y se botaba la nave, que iba repleta de ofrendas votivas.

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Trirreme clásica

Cuando el barco dejaba de ser visible desde la orilla, la comitiva regresaba al templo donde se volvían a colocar las imágenes en su sitio. Uno de los sacerdotes pedía por la felicidad del pueblo, sus gobernantes, de los marineros y de las naves, finalizando la oración con la fórmula griega del ritual que proclamaba la reanudación de la temporada náutica. Acabada la ceremonia, los asistentes depositaban ramos y coronas ante la imagen de plata de la diosa Isis.

b) El fin de la época anual para navegar: la fiesta de los pilotos

En otoño los marineros celebraban unas fiestas muy antiguas en el puerto de Atenas. Estaban asociadas en principio a Poseidón (la divinidad suprema del mar), que recibiría como ofrenda un sacrificio. Una vez que se introdujo la leyenda de Teseo (que viajó a Creta acompañado de unos pilotos y a su vuelta ordenó que les hicieran un monumento en el puerto de Atenas), se integraron en ellas a estos héroes cuya función resultaba de vital importancia durante la travesía, ya que dirigían el rumbo de la nave.

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Dibujo de una nave griega. Fuente: Arquehistoria

Es muy posible que los pilotos contasen con un destacado papel durante las ceremonias, dado que se trataba de una festividad dedicada a sus patrones.

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Otras muestras

El mar y las embarcaciones estaban presentes en muchas de las fiestas griegas, aunque no fueran en sí fiestas marítimas. Por ejemplo, en una de las celebraciones atenienses más antiguas y de mayor prestigio (las Panateneas), la túnica (peplo) de la diosa Atenea se traslada en un barco, extendida sobre él. En los festivales celebrados en honor de Dioniso (Antesterias) celebradas en Atenas y Esmirna, la procesión del dios aparece en otro barco. En las fiestas que conmemoraban la victoria naval en Salamina, las procesiones iban desde los santuarios hasta la playa, donde estatuas de diosas como la de Hera de Samos se bañaban en las aguas del mar.

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Argo, Calias y Zetes con Medea. Fuente: Velasco

Como puede comprobarse, a pesar del desconocimiento que sobre ello existe, se dieron diversas celebraciones en las que el mar era el protagonista, y en otras en las que elementos como las naves se usaban en diversas fiestas en la Antigüedad clásica.

Más información

El hombre de plata; Tartessos y su alianza con los griegos. Arquehistoria, 2012.

Isis. Fandom.

Resumen de los dioses griegos y romanos. Imperium.

ROMERO RECIO, Mirella. Extrañas ausencias: las fiestas marítimas en el calendario litúrgico griego. Dialogues d’Histoire Ancienne, 2010, 36, 1, p. 51-117.

VELASCO LÓPEZ, Mª Hénar. El viaje de los argonautas. Mitología clásica. Universidad de Salamanca, s.f.

  • En la Antigüedad había un periodo para navegar, que coincidía con el tiempo bonancible: era la época del mare apertum (generalmente de mediados de marzo a mitad de octubre). El invierno, por el contrario, dificultaba mucho a los barcos la navegación, por lo era la estación de invernada o del mare clausum (obviamente, entre mediados de octubre y mitad de marzo, de manera aproximada).

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Una publicación reciente ha desvelado cómo nuestros antepasados de hace más de 7000 años elegían lugares costeros para vivir, pero a la vez se debían proteger de los fenómenos climáticos que los amenazaban. En este caso, en la parte este del Mediterráneo construyeron un enorme muro para defenderse de las subidas del mar. 

Los ambientes costeros y sus recursos naturales han atraído asentamientos humanos desde hace milenios. El poblamiento en estos entornos trae importantes beneficios, tales como el acceso a recursos marinos y terrestres diversos, pero también supone riesgos críticos, ya que estas zonas están sujetas a cambios estacionales y eventos inesperados, a veces catastróficos, como tormentas, huracanes, tsunamis, así como a la elevación del nivel del mar.

Las zonas de poblamiento costeras son más vulnerables y pueden requerir, por lo tanto, una respuesta humana rápida y sostenida, como la modificación del entorno natural. Los habitantes del pueblo sobre el que vamos a tratar esta semana lucharon denodadamente para evitar su inundación, pero al final tuvieron que abandonarlo, porque el nivel del mar subió tanto que anegó sus tierras. Esta entrada está basada en un trabajo de Galili, recientemente publicado (diciembre de 2019).

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Localización del pueblo de Tel Hreiz en la costa norte de Israel. Fuente: Galili 2019

En la parte este del Mediterráneo los niveles del mar han cambiado notablemente, y una evidencia de ello es la costa norte de Israel, donde han descubierto asentamientos neolíticos que fueron inundados a lo largo de un tramo de 20 km. de la costa.

El pueblo de Tel Hreiz

Tel Hreiz estaba compuesto por una serie de pequeñas aldeas neolíticas ubicadas a lo largo del litoral mediterráneo, en la costa del Monte Carmelo, y cuyos habitantes se dedicaban a la agricultura, el pastoreo, la caza y la pesca. Se tiene noticia de que hace entre 7500  y 7000 años se establecieron allí y que, ante la posibilidad de que las aguas anegaran la costa, sus habitantes construyeron un muro, a modo de malecón, que los protegiera.

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Cuenco de piedra descubierto en Tel Hreiz. Fuente: Galili 2019

El pueblo fue descubierto en los años 60 del siglo XX, pero nunca fue excavado. De hecho, lo que se puede ver ahora bajo el agua es el resultado de un proceso natural, ya que entre los años 2012 y 2015, después de las tormentas de invierno, surgió una larga muralla casi lineal, construida con rocas.

El malecón

Este muro representa el primer ejemplo de una defensa costera de este tipo conocida hasta la fecha.

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Estaba construido principalmente con grandes rocas de kurkar (el término local para la eolianita) y algunas de piedra caliza, que miden entre 50 y  100 cm. de ancho y pesan de 200 a 1000 kg. cada una. Las rocas no fueron cortadas ni extraídas, sino que habían adquirido su forma por procesos naturales durante millones de años.

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Restos del muro. Fuente: Galili 2019

Las fuentes más cercanas de cantos rodados de este tamaño están ubicados a 3,8 km. al sur y 1,6 km. al norte respectivamente del asentamiento (son los cauces y las desembocaduras de los ríos Oren y Galim). Las características del terreno hubieran impedido que esta rocas se desplazaran como resultado de la actividad fluvial, por lo que tuvieron que ser transportadas. Transferir rocas tan grandes está más allá de las capacidades de un individuo, por lo que sólo una comunidad bien organizada podría haberlas transportado, rodando, deslizándose o tal vez con la ayuda del ganado. 

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Forma del muro. En el recuadro se aprecia que incluso se formaba un ángulo. Dibujo adaptado del original de Galili 2019

Durante el Neolítico, las poblaciones costeras del Mediterráneo experimentaron un aumento del nivel del mar de hasta 70 cm. en un siglo. Por lo tanto, los cambios ambientales habrían sido notables durante la vida de un asentamiento a lo largo de varias centurias. El aumento anual acumulado del nivel del mar requirió una respuesta humana que implicaba la construcción de un muro de protección costera, que pudo haber funcionado durante un período. Sin embargo, en última instancia éste resultó inútil y el pueblo tuvo que ser finalmente abandonado.

El malecón en la actualidad

Hoy sólo quedan restos de lo que fue un enorme muro que terminó inundado hace siglos. En el momento de la investigación estaba situado a una profundidad de 3 m. y a unos 90 m. de la costa, paralelo a ella. A pesar de que sólo quedan algunas piedras, se ve que es una entidad arquitectónica continua y unificada que forma una barrera.

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El remanente de la pared de cantos rodados de Tel Hreiz es único en términos de su ubicación, tamaño, materia prima y método de construcción. Tampoco se ajusta a las proporciones, ni a la forma, de ninguna otra estructura construida, conocida hasta la fecha, de sitios neolíticos terrestres contemporáneos. Pero sí que se parece mucho a otro de la misma región, aunque de época posterior, lo que significa que hubo continuidad en la práctica de construir muros de protección en los asentamientos costeros de la región durante milenios.

Estos restos del malecón se han conservado porque antes de la inundación el sitio fue cubierto rápidamente por una capa de arena, lo que contribuyó a su preservación. Un magnífico hallazgo para sumar a los logros de nuestros antepasados que vivieron hace milenios en las orillas del Mar Mediterráneo.

Más información

GALILI, E., et al. A submerged 7000-year-old village and seawall demonstrate earliest known coastal defence against sea-level risePloS one, 2019, 14, 12.

 

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A veces cuesta creer que las maravillas del mundo, especialmente las que hoy vemos en medio de un desierto, tuvieron un vínculo con el medio acuático o que éste fuera clave para su construcción. Es el caso de las pirámides de Guiza y en concreto la más conocida, la del faraón Keops (hace unos 4500 años).

Las pirámides en un mapa de 1740

Las pirámides en un mapa de 1740

La Ciencia lleva decenios preguntándose cómo se hicieron las pirámides y cómo se movían los pesados bloques de arenisca. Hoy, gracias al descubrimiento y transcripción de unos manuscritos, ya podemos saber cómo se transportaban los materiales por vía marítima y fluvial, aunque todavía queden incógnitas por aclarar.

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Nave egipcia

Y es el capitán de una embarcación egipcia que transportaba caliza para la pirámide de Keops quién nos cuenta cómo lo hacían. Se llamaba Merer y era el jefe/inspector de una cuadrilla de hombres (entre 40 y 200 según las fuentes) cuya misión era que la piedra llegara en perfectas condiciones a la meseta de Guiza.

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La cantera de Tura (Tourah)

La cantera más importante de donde se obtenía la piedra caliza era la de Tura (conocida por los antiguos egipcios como “Troyu” o “Royu”). Al ser la más fina y blanca de todas, era la que se usaba para revestir las tumbas de los faraones. Se hallaba bajo tierra, por lo que tuvieron que excavar túneles para cortarla.

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Punto de partida (rojo) y de llegada (azul) de la piedra caliza que transportaban los hombres de Merer

Un lago y un puerto artificiales para la pirámide de Keops

De su descripción se ha podido saber que se construyó un lago artificial para conseguir que la piedra caliza llegara al pie de la pirámide, ya que tras navegar por el Nilo era necesario contar con un lugar para alcanzar la meseta y poder descargarla. También conocemos el tiempo que necesitaban para el traslado: un día y medio.

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Recreación del lago artificial construido para hacer llegar la piedra a la explanada de las pirámides

Podemos leer parte del texto referido al transporte fluvial (la transcripción es de P. Tallet, su descubridor, traducido por Díaz-Montexano), adaptado y actualizado por el equipo de la Cátedra:

“Día 1: El inspector Merer navega con su equipo desde Tura, cargado con bloques de piedra para la Pirámide de Keops (“Pirámide del Horizonte (Luminoso) de Khéops”); pasó la noche en el Lago (un puerto artificial) de Keops. [Salida desde la cantera, navegación por el Nilo y llegada al lago artificial]. 

Día 2: Arrió velas (a la mañana siguiente) desde el Lago de Keops en dirección a la pirámide, cargado con bloques de piedra. [Descarga los bloques cerca de la pirámide].

Día 3: A la mañana del día siguiente arrió de nuevo las velas, navegó y remontó el río. Pasó la noche en la cantera de Tura-Sur. [Sale de Giza y vuelve, de nuevo por el Nilo, a Tura].

Día 4: Pasó el día el Inspector Merer con su equipo para recoger bloques de piedra en Tura Sur para el siguiente viaje. Pasó la noche en Tura Sur”. [Extraen piedra para el viaje siguiente].

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(Imagen inferior) Recreación de la pirámide de Keops una vez acabada, con la piedra caliza blanca recubriéndola. Arriba, el monumento funerario en su situación actual.

Ya sabíamos que el Nilo era crucial en la vida de los antiguos egipcios, que era la ruta para alcanzar la vida eterna. Ahora, gracias a estos testimonios, conocemos cómo, desde dónde y cuánto tiempo se tardaba en transportar las piedras para recubrir la única maravilla del mundo antiguo que aún permanece en pie, la pirámide de Keops.

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Una nave construida siguiendo los datos de los fragmentos encontrados

Más información

AGUSTÍ TORRES, Rafael.  Las pirámides de Egipto; introducción a su estudio y técnicas de construcción. s.f.

DÍAZ-MONTEXANO, Georgeos. El diario de un inspector de obras del rey Khéops y la construcción de la Gran Pirámide. AtlantisNG, 2016.

GIULIANI, Tiziana. Wadi el-Jarf: il porto, i papiri e la costruzione della Grande Piramide. MediterranEo Antico. 2018.

TALLET, Pierre. Wadi el-Jarf. Orient-Mediterranee. s.f. [Sitio web de la misión francesa en el puerto egipcio].

TALLET, Pierre. Les papyrus de la Mer Rouge I, Le journal de Merer, (papyrus Jarf A et B), MIFAO 136, Cairo 2017.

TORRE SUÁREZ, Juan. Transporte de bloques. Blog Egiptomanía. s.f.

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Para colorear. Fuente

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En épocas remotas de la Humanidad se utilizaban las aves para orientar a los navegantes en el mar. El conocido relato de Noé y la suelta de palomas para comprobar si el diluvio había cesado, es una buena prueba de ello (existen diversas versiones, aunque siempre las aves llevan la noticia de que se podía tomar tierra).

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Representación de la escena de la vuelta de la paloma que Noé había soltado, trayendo una rama como señal de que el diluvio había cesado. Beatos medievales. Fuente

En la mitología griega encontramos otro ejemplo: una paloma orientó a Jasón y a los argonautas en su peligroso periplo por el Mar Negro.

Sin embargo, el simple avistamiento de aves desde el mar no es lo mismo que la suelta de éstas para conseguir conocer el rumbo a seguir en medio del océano.

Las aves

La especie más utilizada y conocida era la paloma, pero también se usaban cuervos. cornejas y lechuzas.

Vamos a ver cómo se utilizaban en algunos mares y océanos.

En el Mediterráneo

Las mejores muestras que nos han quedado del uso de pájaros para facilitar la navegación en la Antigüedad proceden de Cerdeña, de la cultura nurágica (entre la edad del Bronce y el siglo II a.C.). Labraban pequeñas esculturas de carácter religioso, que solían ser metálicas. Las naves eran una de las figuras usadas en esta práctica, y algunas llevan pájaros en la borda, como la imagen siguiente.

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Embarcación ligera nurágica, Anticuarium Arborense de Oristano

En el mar Báltico

Los vikingos también hacían uso de estos animales para orientarse. Entre ellos la costumbre se mantuvo en el tiempo, posiblemente por las adversas condiciones climáticas, pero sobre todo porque la visión de las estrellas es mucho más limitada que en el mar Mediterráneo. Está documentado el uso de cuervos, por ejemplo en el descubrimiento de Islandia a mitad del siglo IX. Para que les ayudaran en la navegación se consagraron tres cuervos a los dioses. Se fueron soltando a intervalos para saber si la tierra estaba cerca. Los dos primeros acabaron regresando a la nave, mientras que el tercero, con su vuelo, guió a los vikingos a tierras islandesas.

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Barco vikingo dibujado en un manuscrito, Northumbia (S. X). Fuente

Los pescadores de las islas Shetland y de Islandia también usaron las aves para orientarse durante siglos, especialmente cuando la visibilidad era escasa.

En el Océano Índico

Existen textos que hablan del uso de aves para facilitar la navegación cinco siglos antes de nuestra era. Posiblemente la proximidad al Ecuador dificultara en algunos lugares la vista de las estrellas, en especial la Polar, por lo que los pájaros eran muy útiles para otear la costa desde alta mar.

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El O. Índico en el mapa de Ptolomeo. Fuente

En el Océano Pacífico

El uso de pájaros para orientarse es una tradición milenaria en las aguas de este inmenso océano poblado de miles de islas, en las que las aguas eran autopistas en lugar de fronteras. A pesar de que durante siglos en Occidente se pensó lo contrario, las técnicas de navegación tradicionales les permitieron hacer grandes viajes por el mar. De hecho, la colonización de la isla de Pascua (América del Sur) por parte de los polinesios está ya demostrada.

Canoa con batanga (el ala que aparece en un lateral) construida según técnicas antiguas

Como hemos podido apreciar las aves fueron muy importantes para orientarse desde mar abierto, en épocas en las que la navegación astronómica todavía no se utilizaba, o cuando no era posible ver las estrellas, ya fuera por la latitud o por las condiciones meteorológicas.

Más información

HORNELL, James. The role of birds in early navigation. Antiquity, 1946, 20, 79, p. 142-149.

LUZÓN NOGUÉ, José María y COÍN CUENCA, Luis Miguel. La navegación pre-astronómica en la antigüedad: utilización de pájaros en la orientación náutica. Lucentum, 1986, V, p. 65-85.

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Los productos que la Humanidad ha obtenido del mar no han sido sólo para la alimentación. Los moluscos, y en especial sus conchas, también han servido para adornarse, se usaban en los ritos funerarios y ceremonias religiosas, y se han utilizado como moneda en muchos pueblos antiguos de América. El spondylus, un tipo de molusco, conocido también como “oro rojo” (por el color coral tan fuerte que tenía), tuvo un papel primordial en estas sociedades prehispánicas. Formaba parte de ceremonias de adivinación o de fertilidad y servía para conocer el estado de la mar en un futuro cercano. En algunas culturas como la Chimú y la de Lambayeque, tenían como costumbre echar polvo de spondylus, por donde iba pasando el rey, y a veces enterraban a su gente con uno de ellos entre sus manos.

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Son muestras del profundo enraizamiento que en algunas antiguas civilizaciones existía con el medio marino. Curiosamente no eran sólo las zonas marítimas las que lo usaban, sino que tierra adentro era casi más valorado y apreciado. El uso frecuente de estos bivalbos en muchas manifestaciones culturales terminó generando un comercio importante, detrás del cual había una serie de buceadores y pescadores que extraían el género del mar, y otra de comerciantes y tratantes que lo distribuían.

Lugares donde se han hallado restos arqueológicos vinculados con el uso de spondylus. Fuente: Lodeiros 2018

El mullu

El mullu de los pueblos andinos está formado por las conchas, o valvas, del molusco. El color intenso que tenía podía oscilar entre el púrpura, rojo, anaranjado e incluso blanco. También se conocía como “alimento de los dioses”. Era tan buscado y reconocido que su precio alcanzaba cifras astronómicas, mayores que las del oro, y tenía carácter sagrado.

Recogida del molusco

Su importancia se aprecia en las representaciones iconográficas como las de la cultura Lambayeque, en la huaca de Las Balsas de Túcume, donde aparecen imágenes en las que una o varias personas supervisan la pesca, mientras unos buzos unidos a la embarcación mediante cuerdas atadas a su cintura, van recogiendo medias lunas de tres puntas del fondo del mar, interpretadas como conchas de spondylus. Su recogida ha sido motivo de tallas en orejeras, narigueras, broches y cuencos.

 

El tallado

Aunque hay menos evidencias, se sabe que se usaban piedras porosas, cantos rodados y lascas para raspar, pulir, cortar y tallar esta concha marina.

 

El precio

Aunque hoy nos puede parecer exagerado, diversos autores han calculado cuál podía ser hoy el precio del spondylus según el valor otorgado en las civilizaciones andinas prehispánicas. López Cuevas (2005) afirma que podía estar sobre 60 euros el gramo, precio más elevado que el del oro (que ronda entre los 40 y 50 euros). Sin embargo, lo más destacado del mullu no era su precio, sino su elevado valor simbólico.

Una síntesis del devenir histórico del spondylus como objeto simbólico en la costa del Pacífico americano se puede encontrar en el artículo de Lodeiros, que sintetizamos en la siguiente tabla.

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Las rutas del mullu

Las últimas investigaciones destacan que en el centro del comercio de este molusco estaba la isla de la Plata (Norte de Gauyaquil) desde el II milenio a.C. Como el mullu lo utilizaban tanto las sociedades costeras como las andinas, se generaron una serie de rutas, tanto terrestres como marítimas, para facilitar su distribución.

Los caminos podían estar controlados por diversas culturas como la Chincha o la Chimú. Es necesario que las investigaciones sigan avanzando para poder afirmar con cierta seguridad cuáles eran las rutas seguidas, pero las que aparecen en la ilustración superior sirven para comprobar que era vital en el comercio de las zonas andinas.

La relevancia del mullu

La importancia ritual, social y económica del mullu queda plasmada en un poema del premio nobel chileno Pablo Neruda:

Saqué del mar, abriendo las arenas,
la ostra erizada de coral sangriento,
Spondylus, cerrando en sus mitades
la luz de su tesoro sumergido,
cofre envuelto en agujas escarlatas,
o nieve con espinas agresoras

Todo un mundo simbólico vinculado al mar y representado por unos moluscos que unas veces se relacionaban con la fertilidad, la lluvia o el poder y otras con la vida tras la muerte. La recogida en las profundidades y el tallado supusieron la aparición de excepcionales buceadores, gestores y artesanos. Las rutas de su distribución abrían caminos y señalaban intercambios entre diversas culturas costeras y andinas. Y todas estas interconexiones artesanales, sociales y rituales fueron generadas por el valor otorgado a un bivalvo.

Más información

JARAMILLO ARANGO, Antonio. Comunión e interexistencia. El Spondylus spp. en la Costa Norte del Perú durante el Intermedio Tardío (800-1450 dC)Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología, 2017, 28, p. 77-97.

LODEIROS SEIJO, César, et al. Breve historia del spondylus en el Pacífico Suramericano: un símbolo que retorna al presente. Interciencia, 2018, 43, 12, p. 871-877.

LÓPEZ CUEVAS, Fernando. El Spondylus en el Perú prehispánico. Su significación religiosa y económica. Ámbitos, revista de estudios de ciencias sociales y humanidades, 2005. 14, p. 33-42.

MARTIN-RAMOS, Pablo. En busca del Spondylus. Rutas y simbolismo. 2001.

TORRE, Carlos Wester. El personaje de los Spondylus de Chornancap, Cultura Lambayeque: del mar a la sepulturaQuingnam, 2016, 2, p. 53-83.

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Desde el próximo Oriente hasta la frontera europea con el Atlántico existía desde tiempos muy antiguos la costumbre de exponer o colgar figurillas y distintos tipos de exvotos en los santuarios. En las culturas mediterráneas era frecuente encontrar trofeos y elementos náuticos como señal de devoción de los marinos y, a la vez, como muestra de agradecimiento a empresas culminadas con éxito. Algunos investigadores otorgan un origen egeo a esta costumbre.

ciervo

Embarcación ligera, Museo Nacional de Cagliari

En la Cerdeña prehistórica

En el Mediterráneo, entre la costa italiana y el norte de África, una isla, Cerdeña, tuvo desde los primeros tiempos una significativa población humana. Una de ellas es la cultura nurágica, que surgió durante la Edad del Bronce y pervivió hasta el s. II a.C. Se llamó así por los promontorios (o torres) que levantaban (nuragas), y es famosa también por sus pequeñas esculturas de carácter religioso. De todas estas esculturillas metálicas, una cantidad considerable estaban concebidas para ser suspendidas en lugares sacros, santuarios, grutas y otros lugares de culto nurágicos. Hay alguna excepción, a la que le han acondicionado pequeñas protuberancias, a modo de pies, para poder situarse sobre una superficie plana como una mesa o un altar. También podían haber tenido una utilidad como lámparas, tanto en santuarios como en los hogares. Entre las esculturas votivas estaban las que tenían forma de nave.

Localización de la isla de Cerdeña en el mapa

Estos exvotos eran maquetas que no representaban fielmente los originales, sino que su forma fusiforme se iba adaptando a las funciones simbólicas o rituales que tenían, lo que hizo que unas veces el casco estuviera curvado para poder contener el combustible y que muchos de los elementos fundamentales de una nave no aparecieran, como la arboladura, las velas o la jarcia.

Pajaros

Embarcación ligera, Anticuarium Arborense de Oristano

El elemento, sin duda, mejor representado es el casco y podemos suponer que responde a un sistema de construcción a base de tracas, que deberían ir reforzadas mediante cuadernas y algún tipo de quilla para aminorar las tensiones del quebranto y de arrufo del casco. Aún con la cubierta sin cerrar, sería necesaria la presencia de algunos baos como refuerzo transversal de la estructura.

Nave nurágica de Padria. Fuente: Melis 2003.

También es muy característica la cabeza de un animal que solían llevar esculpida al final de la roda, o en el caperol, frecuentemente bovinos, ciervos o muflones. Estos últimos sólo aparecían en las naves pequeñas o de mediano tamaño. Los investigadores han señalado que podrían ser blasones identificativos de las comunidades, etnias o de los clanes de armadores de estas barcas y navíos. Eran denominados akroteria. En culturas previas los fenicios llevaban una cabeza de caballo en sus naves o la cabeza de jabalí de la isla de Samos. Otros emblemas igualmente constatados en las fuentes fueron el toro5, el león, el centauro o el tritón.

Atendiendo a las proporciones que nos muestran los distintos exvotos de naves, siguiendo el estudio de Guerrero 2004, es posible establecer tres categorías:

  1. Barcazas

Son figurillas con cascos de muy escaso puntal, cuya roda acababa en la cabeza de un animal, frecuentemente bovinos o muflones. Es similar a las barcas de la cultura itálica de la Villanova (1000 y 750 a.C.).

ciervo 2

Barcaza del museo, Museo Nacional de Cagliari

  1. Barcos ligeros

Parecen reproducir un tipo de barco muy empleado en el Mediterráneo a lo largo del segundo y primer milenio a.C, como los grandes gaulois, en el caso de las empresas comerciales y los trirremes en la Armada.

Bovido

Embarcación ligera, Museo Nacional de Cagliari

Los animales que llevan en la roda están bien esculpidos y la forma del casco se puede detectar mejor. Sin embargo, faltan el resto de los elementos estructurales. Muchas de las naves representantes de esta categoría tienen realzada la borda con una falca o escalamote.

ciervo y canidos

  1. Navíos pesados

Un número importante representan navíos mercantes de gran porte, equivalentes a los strongylos griegos.

exvoto

Navío de gran tonelaje del santuario de Hera Lacinia (Spadea)

En síntesis, son pequeñas joyas del patrimonio marítimo que nos acercan a otras épocas y nos sirven para poder entender y admirar la cultura marítima de nuestros antepasados.

Más información

DÁVILA VEGAS, V.M. Las estatuillas de bronce sardas. STASIOTIKA. Artículos de Historia, Arte, Geografía, Arqueología, Numismática, Antigüedades, Iconografía, Símbolos. 2001. [Informe muy completo sobre la cultura nurágica].

GUERRERO AYUSO, V. M. Barcas exvotos de bronce de la Cerdeña Nurágica. Akros, 2004, 3, p. 15-26.

GUERRERO AYUSO, V. M. La marina de la Cerdeña nurágicaPyrenae, 2004, 35, p. 117-155.

MELIS, P. Civiltà nuragica. Sassari (Cerdeña): Carlo Delfino Editore, 2003.

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