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Posts Tagged ‘S. XVI’

Juana, conocida como “la Loca”, aunque parece que nunca lo fue, tuvo una vida muy interesante y uno de sus muchos aspectos fue el viaje que hizo a Flandes para conocer a su futuro marido, Felipe llamado “El Hermoso”. Posteriormente fue nombrada reina de Castilla, Aragón y Navarra, como lo atestiguan multitud de documentos firmados por ella con ese título.

Juana pintada por Juan de Flandes (Museo de arte de Viena). Fuente

El matrimonio de Juana y de Felipe formaba parte de la política llevada a cabo por los padres de ella, los Reyes Católicos. Para aislar al trono de Francia, en el año 1495 decidieron celebrar dos esponsales, casando a dos de sus hijos, Juan y Juana, con dos miembros de la dinastía Habsburgo, Margarita y Felipe respectivamente, que también eran hermanos. Este acuerdo fue el punto de arranque para la organización de una flota que trasladara a ambas novias, de modo que llevara a Juana hasta Flandes, y de regreso embarcara a Margarita para que llegara a territorio castellano.

Lo que inicialmente fue un traslado real, que se conoce como la “flota de Flandes”, terminó generando una serie de desencuentros, que acompañados de tormentas y naufragios pusieron en peligro la vida de la futura reina Juana. Además, el tiempo previsto en hacer el recorrido de ida y vuelta se multiplicó.

La formación de la flota de Flandes

Los primeros pasos para la formación de la armada se dieron en septiembre del año 1495. El puerto de partida elegido fue Laredo, tanto por sus buenas comunicaciones con Burgos como por su importante actividad comercial.

A comienzos de julio del año siguiente la armada estaba compuesta por dos carracas genovesas de 1000 toneles cada una, 15 naos de entre 200 y 280 toneles, salvo una que alcanzaba los 760 y otras dos que tenían unos 400 toneles de capacidad, 5 carabelas de 75 toneles y 20 pinazas auxiliares. Como precaución complementaria, debido al enfrentamiento con Francia, los reyes dispusieron que la acompañara una abundante cantidad de embarcaciones mercantes, algunos de ellos también artillados. En esa enorme flota, de unas 100 naves, predominaban las de mayor porte, con gran potencia de fuego.

Una carraca del siglo XV (Fuente: Biblioteca Nacional de Francia, ms. lat. 6142, fº B vº)

Provisiones y armamento

A la siempre complicada tarea de armar una gran flota, y ésta lo era, debemos sumar la necesidad de acondicionar una nave digna del lujo y confort adecuado a una infanta y a la pequeña corte que la rodeaba. La selección y compra de todo el ajuar, joyas y objetos de la cámara y séquito se confió a personas muy cercanas de los reyes.

Era la armada más poderosa de las que habían fletado hasta entonces los Reyes Católicos, además de tener el mejor armamento, nuevo, con mucha artillería, y la fuerza militar más potente a  bordo. El Almirante Fadrique Enríquez (primo hermano del rey) estaba al frente de la expedición.

Tripulantes

Además de los 2260 tripulantes, se embarcaron una fuerza de 2250 de tropa. La corte de Juana estaba compuesta por unas doscientas personas. Si a ellos sumamos las tripulaciones y comerciantes que iban en los más de cincuenta barcos de la flota mercante que la acompañaron, obtenemos una media de unos 12000 embarcados.

La partida y el viaje

La armada zarpó de Laredo el 22 de agosto de 1496. El viaje fue un poco agitado ya que en el camino se toparon con vientos y tempestades que hicieron necesario parar unos días en el puerto inglés de Portland. Cuando la flota se acercaba a Midelburgo, el barco que llevaba el ajuar de Juana chocó contra un banco de piedras y arena a causa de un temporal y se hundió. Tras superar los peligrosos bajíos de la costa flamenca y llegar al puerto de Midelburgo, una nueva tormenta azotó a la armada, aunque se pudo superar sin pérdidas notorias. Desde allí se dirigieron a la corte flamenca, situada en Bruselas, pero su futuro esposo no estaba y tuvo que esperarlo en un convento. Ella sólo tenía 16 años.

La infanta Juana embarazada

El viaje de vuelta

Tras dejar a Juana, la armada zarpó de vuelta en febrero de 1497 aprovechando una pausa de buen tiempo. Este trayecto tampoco fue sencillo y una fuerte tormenta hizo pensar en que iban a naufragar. La infanta Margarita, con intención de que su cuerpo fuera reconocido si moría, escribió en una tablilla un mensaje que sirve además para conocer parte de su vida “aquí yace Margarita, gentil damisela, dos veces casada y muerta doncella”. La Armada hizo una parada en el puerto inglés de Southampton, llegando a Santander en los primeros días de marzo de 1497.

Nada salió como se había planificado, pues la partida se debía haber producido en abril, y las provisiones de un viaje que esperaban durara tres meses se mostraron insuficientes para los ocho que finalmente transcurrieron hasta el regreso. Los gastos, como era habitual, se cargaron en su mayor parte a la Hacienda real castellana y ascendieron a unos 67 millones de maravedís (180.000 ducados). Aproximadamente (y según equivalencias) fueron unos 30 millones de euros.

El heredero del trono y primogénito de los Reyes Católicos, Juan, acababa de morir; su viuda decidió volver a su patria y Juana se terminó convirtiendo en reina de Castilla, Aragón y Navarra.

Monumento a la reina Juana en Tordesillas (España)

Para concluir

No es raro que reyes, infantes y aristocracia en general fuesen bastante reacios a los viajes en barco, más allá de acontecimientos muy importantes, puntuales e imprescindibles (bodas o traslados para tomar posesión de un territorio). A las inseguridades del viaje en sí, se unían los peligrosos y devastadores factores climatológicos y la gran incomodidad, por el exiguo espacio físico donde era imposible mantener la “distancia” social y decoro de clase que en esa época era habitual. Así que este largo viaje de la futura reina fue todo un acontecimiento.

Más información

LADERO QUESADA, Miguel Ángel. La armada de Flandes: un episodio en la política naval de los Reyes Católicos (1496-1497). Real Academia de la Historia, 2003.

LEÓN GUERRERO, María Montserrat. La Armada de Flandes y el viaje de la princesa JuanaRevista de Estudios Colombinos, 2009, 5, p. 53-62.

MANSO OSUNA, Javier. Breve historia de Juana I de Castilla. Ediciones Nowtilus SL, 2019.

ZALAMA RODRÍGUEZ, Miguel Ángel. Colón y Juana I: los viajes por mar de la reina entre España y los Países BajosRevista de Estudios Colombinos, 2009, 5, p. 41-52.

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Gerardo Mercator (1512-1594) fue un cartógrafo flamenco hábil que protagonizó una profunda renovación cartográfica, de tal relevancia que sus técnicas se mantienen hasta hoy con algunas modificaciones, como la UTM (proyección mercatoriana universal transversal). Google Maps, por ejemplo, utiliza una variante de la de Mercator para facilitar el acceso a las distintas regiones del globo.

El punto de partida

Esta carta que traemos aquí es el epicentro de esta innovación, que le supuso el reconocimiento posterior, ya que en su época tuvo poco éxito. Se titula “Nueva y más completa representación del globo terrestre adaptada para el uso de los navegantes” y fue realizada en el año 1569. La escala es de 1: 20.000.000, cubre la zona comprendida entre los 80º N y 66º S, y está dedicada al duque Guillermo de Cleveris, al que elogia largamente en varias de sus cartelas.

El mapa completo. Fuente: Gallica

Sus características

Presenta, además de multitud de textos, una gran variedad de figuras (como el magnífico Neptuno de la imagen). De hecho, es una de las más documentadas del momento. Añadió anotaciones históricas, geográficas y náuticas, pero también le unió leyendas y mitos, como el del abismo existente en el Atlántico norte:

No lejos de las islas (Hébridas, Islandia, etc.) hacia el norte hay un golfo prodigioso donde confluyen cuatro brazos de mar hacia el que fluyen las aguas marinas procedentes de todas partes. Se precipitan sobre los abismos misteriosos de la naturaleza y son así devoradas. Si un navío pasara por allí sería atrapado con una violencia tan potente que sería irremediablemente tragado por las aguas (leyenda 7, traducida por Alfredo Surroca, 2012).

Neptuno

Dibuja multitud de monstruos marinos, cuyas imágenes nos recuerdan a serpientes, ballenas, iguanas y delfines, entre otros (se pueden ver algunos de forma detallada al final de esta entrada).

Aunque se basó en la geografía de Ptolomeo, incluyó muchos conocimientos adquiridos con posterioridad, especialmente los que procedían de algunos cartógrafos hispanos y holandeses. Una muestra es la inclusión de los patagones en la parte sur del continente americano. Sin embargo, no tuvo en cuenta algunos tratados de navegación contemporáneos como el de Alonso de Santa Cruz o el de Martín Cortés, y éste puede ser uno de los motivos por los que la carta tuvo poca trascendencia en su época.

Dibujo de los gigantes patagones en el sur de América

Pequeños errores

Como el resto de sus coetáneos presenta errores, tales como incluir la isla de Frislant (también llamada Thule), el reino del preste Juan en África o la isla de los Romeros (al sur de Madagascar, que también situaron en sus cartas prestigiosos cartógrafos como Apiano, Ortelius y J. Teixeira). Hay inexactitudes propias del desarrollo cartográfico del momento, especialmente en los continentes menos conocidos, como ocurre en Asia, con la desembocadura del Ganges, que acaba en la Bahía de Bengala y Mercator la sitúa en el mar de China, las denominaciones de varias islas del sudeste asiático o la extraña forma del continente americano.

Sólo incluye el polo magnético del norte, ignorando el otro que existe en la parte austral del planeta.

Localización de la supuesta isla de los Romeros, en el O. Índico, al sureste del continente africano

Un ábaco de rutas para facilitar los desplazamientos marítimos

Para facilitar que los navegantes pudieran llegar desde un punto a otro en medio del mar, creó un ábaco de rutas (un instrumento que permitía calcular la distancia y el rumbo a seguir con una operación matemática breve). Alfredo Surroca explica detalladamente cómo hacerlo (vid obra en la bibliografía).

Ábaco de rutas de Mercator

La aportación

Lo más destacable, y que eclipsa sus pequeños errores, es que levanta los paralelos con un espaciamiento creciente que aumenta conforme lo hace la latitud. Esta innovación fue un paso de gigante, ya que abandonaba las cartas planas previas, donde los paralelos aparecían representados por recta paralelas equidistantes. Estaba poniendo, sin saberlo, la semilla de las futuras cartas esféricas.

Supuesta isla de Frislant en el Atlántico norte

El paso de tres a dos dimensiones para levantar un mapa mundi

La representación sobre el papel, que sólo tiene dos dimensiones, del globo terrestre, que tiene tres (alto, ancho y largo), supuso durante siglos un enorme problema. Mercator puso la primera piedra para mejorar la representación gráfica del planeta Tierra en una superficie bidimensional.

Las proyecciones de Mercator y sus derivadas muestran todo el globo en dos dimensiones, por lo que se generan grandes distorsiones en las zonas de latitud elevada, como es el caso de las regiones polares. Así por ejemplo, Groenlandia parece ser casi tan grande como África, cuando la isla es unas catorce veces más pequeña, y algo similar ocurre con Alaska, cuyo tamaño se asemeja al de Brasil en el mapa, siendo la primera casi cinco veces menor.

En la proyección de Mercator, Europa sale bien proporcionada pero los tamaños están exagerados en las zonas polares
En la proyección de Mercator, Europa sale bien proporcionada, pero los tamaños están exagerados en las zonas polares. Fuente: Strebe

Para concluir

Aparte de lo importante que es que ya en el siglo XVI alguien se atreviera a dibujar el mundo, hay dos hechos incuestionables que sitúan a Mercator como un precursor: la proyección de la carta se ajusta exactamente a lo previsto por la teoría matemática rigurosa que se puede aplicar hoy, y que, aunque no explica cómo llegó a hacerlo, fue el primero en llevarla a la práctica (Surroca, 2012).

Actualmente hay tres originales de este mapa, que se encuentran en el Museo Marítimo Príncipe Enrique de Róterdam, en la Biblioteca Nacional de Francia y en la Universidad de Basilea. En el Museo Naval de Madrid existe una copia facsimilar, editada por el museo de Róterdam.

Mas información

ALVES GASPAR, Joaquim y LEITÃO, Henrique. Squaring the circle: how Mercator constructed his projection in 1569. Imago Mundi, 2014, 66, 1, p. 1-24.

BEDOYA BENÍTEZ, Eduardo. El sistema cartográfico de MercatorRevista Estudios, 1995, 12, p. 193-201.

COLOSSI SCOTTON, Giovanni y NOGUEIRA, Ruth E. Um outro paradigma para análise do mapa-múndi de Mercator de 1569Geosul, 2016, 31, 62, p. 39-58.

CUESTA DOMINGO, Mariano. La imagen del Nuevo Mundo en Mercator. El trazado de mapas hasta 1569Revista Complutense de Historia de América, 2013, 39, p. 257-270.

SURROCA CARRASCOSA, Alfredo. Quinto Centenario de Mercator. Traducción comentada de su Carta Naútica de 1569Revista de Historia Naval, 2012, 30, 118, p. 5-66.

RICHARDSON, William. An Indian Ocean pilgrimage in search of an islandThe Great Circle, 1989, 11, 2, p. 32-51.

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La hazaña de dar por primera vez la vuelta a la Tierra no tiene paragón. Unos hombres valientes, fuertes y bien dirigidos consiguieron llevar a cabo posiblemente el antecedente de la llegada a la Luna. Pero ¿cuántas naves partieron? ¿cómo eran? ¿lograron llegar a las Molucas sin reparaciones? La respuesta a estas preguntas nos la puede proporcionar la historia de los carpinteros de ribera y calafates, tanto los que prepararon las embarcaciones como los que luego partieron en ellas para apoyarlas, de cara a conseguir cruzar mares y océanos, llegar a Asia y luego volver a su tierra. Un artículo de Zulaika (2018) nos ayuda a conocer a estos maestros.

Mapa mundi de B. Agnese, con las rutas de Magallanes y Pizarro. Fuente

Carpinteros de ribera y calafates

Estos hombres eran personal civil que con sus conocimientos y experiencia práctica llevaban a cabo múltiples tareas en la Real Armada. Los carpinteros de ribera eran los que construían los barcos, así un maestro experimentado sabía elaborar y montar todas las piezas de la embarcación, determinar las formas y medidas más convenientes para la buena navegabilidad, seguridad y rendimiento de la nave. Contaban con una serie de reglas y plantillas que, partiendo de la medida de una de las piezas, les permitía ir obteniendo las dimensiones del resto. Sin un gran conocimiento matemático, pero sí con mucha pericia técnica, haciendo uso de sencillas reglas prácticas, podían calcular las medidas necesarias. También eran ellos quiénes seleccionaban los árboles directamente en los montes y bosques.

Detalle del molino y del embreado de una embarcación en el puerto de Rodas. Fuente

El calafate en tierra debía, como su nombre indica, calafatear las naves (cerrar las junturas de las maderas de una embarcación con estopa y brea, alquitrán u otra sustancia semejante para que no entre el agua), mientras que una vez embarcado se encargaba de mantener estanco el buque (para que no entre el agua por ningún agujero ni rendija) y, cuando existían bombas de achique a bordo, también las tenía a su cargo.

Parte de las herramientas de carpintería. Fuente

Cinco naves usadas que hubo que carenar y calafatear antes de partir

Como ya se sabe partieron muchos y volvieron pocos. Inicialmente fueron cinco las naves elegidas, que no eran nuevas, por lo que tuvieron que ser carenadas (reparadas) y calafateadas para lograr hacer realidad “la Armada de la Especiería”. Según Zulaika (2018) costaron 1.316.250 maravedís, mientras que las reparaciones supusieron añadir casi el 75% de esta cifra. Se les pusieron nuevos nombres: San Antonio (nao de 144 toneladas), Victoria (nao de 102 t.), Trinidad (nao de 132 t.), Concepción (108 t.) y Santiago (carabela de 90 t.), e invirtieron unos 10 meses para acondicionarlas, trabajo en el que participaron 57 carpinteros de ribera y 66 calafates. Su sueldo era de 85 maravedís diarios. Algunos de ellos terminarían embarcándose en la expedición.

Un buque dibujado en el portulano de Joan Martines. Fuente

Cada nave llevaba un carpintero y un calafate, con la excepción de la San Antonio, que tenía a bordo dos calafates. Así se embarcaron Pedro de Sautua, el Maestre Antonio, Domingo de Yarza, Martín de Gárate y Ruxar, todos carpinteros, de procedencia española, italiana y francesa. Los calafates eran Marín de Goitisolo, Pedro de Bilbao, Filipo de Génova, Antón de Basozabal, Ximon de la Rochela y Juan García. Cobraban unos 1875 maravedís al mes (Zulaika, 2018). De todos sólo volvieron a Sevilla Goitisolo, Bilbao y Sautua, aunque no acabaron la expedición, porque retornaron en 1521, tras sublevarse su nave y desertar. Sería Ruxar el único que consiguió la hazaña de dar la vuelta al mundo con sus otros 17 compañeros, llegando en 1522 a Sanlúcar de Barrameda.

Hubo que hacer reparaciones, tanto en tierra (lo que facilitaba la tarea), como en la mar (con urgencia y en malas condiciones). Hay que tener en cuenta que las embarcaciones sufrieron mucho en la travesía, ya que tuvieron que aguantar mareas, tormentas y multitud de elementos climatológicos en los distintos mares que atravesaron.

Herramientas del calafate. Fuente

Reparaciones en tierra

Éstas se llevaban a cabo en playas, varando las naves, colocándolas sobre una banda para proceder al carenado y calafateado. Posteriormente se realizaba sobre la otra. La primera vez que se hicieron esta tareas fue en tierras americanas, en la Patagonia, durante el invierno austral de 1520. Se repararon las cinco naves, pero una en especial había sufrido importantes desperfectos, porque se le abrió una vía de agua, la San Antonio. En ese mismo lugar la carabela, Santiago, tras ir a explorar el peligrosísimo estrecho que luego se llamaría de Magallanes, se pierde, porque un temporal le destroza las velas y le rompe el timón al estrellarla contra las rocas. Ya en Asia, la siguiente reparación se lleva a cabo en la isla de Borneo, tras encallar la Trinidad y abrirse una vía de agua en la Victoria. En esos momentos sólo cuentan con 3 carpinteros y un calafate.

Buque dibujado en la carta de D. Teixeira. Fuente

Tras unos malos momentos consiguen llegar a las Molucas, llenan los almacenes de las dos naves de clavo, pero éstas van sobrecargadas. A pesar de que recibieron instrucciones de no hacerlo, compraron mucho más clavo del que podían cargar. La Trinidad pronto da síntomas de no poder con tanto peso y debe ser descargada y reparada. Las faenas duraron más de tres meses, por lo que se decidió que la expedición se separase, así la Victoria partiría para Sevilla por el oeste, mientras que la otra nao aguardaría hasta su reparación en Tidor y luego volvería a Panamá.

La Trinidad, una vez acondicionada y descargado parte del clavo que portaba de más, sufrió fuertes tormentas y el escorbuto hizo mella en su tripulación. Estas desgracias y los enfrentamientos con los portugueses acabaron con 53 de los tripulantes y la nave se perdió. Fue en Indonesia, en la isla de Alor.

La nao Victoria en el Océano Índico

La única nao que quedaba tomó rumbo oeste, pasó el Índico, su peligrosísima unión con el Atlántico y bordeó África. Pigafetta, el cronista de la flota, narra que fueron meses de lucha continua, taponando las vías de agua y echándola con bombas de achique. Todo ésto junto al cansancio previo pusieron al límite las fuerzas y la resistencia de aquellos hombres. No bajaron a tierra en cinco meses, lo que supuso no poder adquirir alimentos frescos y tampoco varar la nave para hacer las reparaciones en tierra. La alimentación deficiente comenzó a provocar escorbuto, lo que causó bajas y muertes.

La nao Victoria en un mapa de Ortelius

En la nao habían salido 47 expedicionarios, cuando llegan al Cabo de Buena Esperanza siete han muerto. Tras cruzar una parte importante del Atlántico llegan a las islas de Cabo Verde y allí sólo cuentan ya con 35 hombres, insuficientes para manejar esa nao. Desde allí a Sanlúcar tardaron otros dos meses, la embarcación llegó con múltiples vías de agua y las velas destrozadas. De los 11 maestros que partieron en la expedición, sólo uno, el carpintero Ruxar, llegó a las costas españolas tras tres años de navegación. Su apoyo y un buen hacer habían sido muy importantes, y a más de la mitad les costó la vida.

Más información

LÓPEZ MARTINEZ, J. et al. Libreta de notas de un Carpintero de Ribera. Un oficio y una vida en el Cabanyal. 2014.

SiILVA LÓPEZ, Natalia. Carpinteros de ribera, maestros de azuela y calafates: del arte y la técnica a la ciencia. La Arquitectura Naval ilustrada en el Marqués de la Victoria. Cuadernos del Instituto de Historia de la Lengua, 2019, 12, p. 157-176.

Un oficio único, carpinteros de ribera. Video de RTVE, de 3′

ZULAIKA, Daniel. Carpinteros y calafates en la primera circunnavegaciónBoletín de la Real Sociedad Bascongada(sic) de Amigos del País, 2018, 74, 1-2.

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Con ocasión de la semana en la que celebramos el día del libro, hemos decidido dedicar esta entrada a uno que ha sido clave para dejar constancia de la hazaña de la primera vuelta al mundo. Se han recuperado algunos otros testimonios, como el del marino Alonso, pero ninguno de la magnitud del texto que escribió Antonio Pigafetta sobre el viaje de Magallanes-Elcano.

La trayectoria seguida en la primera vuelta al mundo, publicada en la versión italiana del libro de Pigafetta. Fuente: Biblioteca Nacional de España

Pigafetta viajó con ellos y usó su experiencia para relatar muchas de las maravillas que vio. Con posterioridad su manuscrito se publicó (1536) y después de casi cinco siglos se continúa imprimiendo dado el interés que su obra sigue suscitando. Hemos hallado versiones traducidas a múltiples idiomas y en distintas épocas. Sólo en España podemos encontrar más de 20. Actualmente esta obra se puede consultar completa en Internet gracias a diversas instituciones, como la Biblioteca Nacional de España, que tiene dos ejemplares en lengua italiana, así como varios en español y francés.

Portada de la versión italiana del libro. Fuente: Biblioteca Nacional de España

El autor del libro

Antonio Pigafetta había nacido en Vicenza (Italia) en el último decenio del siglo XV. Su familia, de nobleza muy antigua, procedía de la Toscana. Parece que su padre fue un caballero de gran cultura y que posiblemente estuviera en contacto con los intelectuales de su época, lo que permitió a su hijo codearse con algunos de ellos y adquirir muchos conocimientos. Era caballero de la Orden de San Juan de Jerusalén, Rodas y Malta, y sirvió en la galeras de esta orden.

Naves dibujadas en la versión italiana del libro. Fuente: Biblioteca Nacional de España

Esta obra presenta una serie de características, como una aguda observación, ya que captaba muchos detalles; un afán de conocer cosas nuevas, que se puede ver por sus preguntas y averiguaciones a los nativos, que le hicieron recoger informaciones etnográficas y lingüísticas, como se aprecia en la construcción de vocabularios referentes a las costas brasileñas, patagónicas y de los archipiélagos asiáticos; también se evidencian sus grandes conocimientos literarios, artísticos y científicos, dignos de un humanista, así como un gran espíritu religioso.

Vocabulario incluido en la versión italiana del libro. Fuente: Biblioteca Nacional de España

Descripción

Vamos a exponer algunos de estos detalles dignos de conocer, tomando pequeños párrafos de su libro, entre ellos cómo describe varios grupos de indígenas que vio a lo largo de todo el trayecto, así como las naves y muchos aspectos de historia natural. Uno de ellos, que ha tenido enorme trascendencia, ha sido la descripción que hizo de los patagones, una población autóctona cuyo rasgo más característico era su gran altura, que vivían en la parte sur del continente americano:

Durante el invierno los expedicionarios, que se mantuvieron en esta bahía de San Julián, descubrieron un día en la costa ciertos indios, cuya estatura agigantada se les figuró de diez a once palmos: iban vestidos de pies a cabeza de unas mantas de pieles azules, servían también de botas y de albarcas, lo que dio motivo a que les llamasen patagones (p. 42-43).

El estrecho de Magallanes dibujado en el mapa de D. Teixeira. Fuente

A lo largo de su viaje expone, comparando, el lujo que ostentaban ciertos caciques, especialmente en el continente asiático, frente a la pobreza del resto de la población indígena, el poder con el que contaban algunos de ellos y la veneración, casi sagrada, de que eran objeto, así como su organización administrativa y las ceremonias funerarias realizadas cuando moría algún noble. Pero igualmente aparecen otros pasajes en los que el salvajismo, la barbarie y la antropofagia son las características predominantes.

Respondió el de Zebú, después de algunas consultas con los suyos, muy favorablemente: pero antes de asentar las paces hizo saber a Magallanes, que las debían ratificar los dos sangrándose de los pechos y bebiendo recíprocamente la sangre el uno del otro (p. 76).

Demostró igualmente interés en las enfermedades de los países que visitaban, tanto en las técnicas curativas, como en su sintomatología, y las recoge directamente de las experiencias indígenas. Algo muy curioso, propio del humanismo renacentista, es que su religiosidad no le impidió describir con pormenores escenas sexuales, relatándolas con naturalidad, sin escandalizarse y sin aspavientos.

Se pueden apreciar también notas etnográficas, atendiendo a la vivienda indígena y al ajuar que la adornaba. Además trata de las naves y embarcaciones que había visto, como los juncos o las canoas.

Naves indígenas, con batanga (A y B), dibujadas en la versión italiana del libro. Fuente: Biblioteca Nacional de España

Estos indios vivían al parecer sin Gobierno, ni dependencia. Andan desnudos, bien que se untan el cuerpo y el cabello con aceite de cocos. Susténtanse de frutos de esta casta de palmas, de batatas y plátanos; y no les falta abundancia de caza y pesca. Gustan de teñirse la dentadura de negro. Sus canoas son ligerísimas; tienen igual la popa y proa, y llevan en cada una de ellas una vela latina, hecha, con bastante primor, de estera de palma, que mudan según la dirección del viento (p. 71, referido a las Islas Desventuradas).

Otro ejemplo de su detallada exposición son los pájaros, peces, cuadrúpedos, plantas y semillas descritos minuciosamente y con gran realismo. También va exponiendo especies vegetales, su uso y consumo, ya fueran árboles, arbustos, semillas o especias.

Isla de Cebú que ilustra la versión italiana del libro. Fuente: Biblioteca Nacional de España

La llegada a España

El libro termina con la llegada a España de 18 tripulantes, además de varios indígenas procedentes de las islas Molucas. Habían partido unos 240 hombres. Trajeron con ellos un preciado cargamento de 27 toneladas de clavo, una increíble fortuna para la época. Con esa cantidad de especias su largo y penoso viaje estaba ya financiado más que de sobra. Así se narra la llegada:

Finalmente el 7 de Septiembre de 1522 entró Juan Sebastián del Cano en la Barra de San Lucar a bordo de la nao Victoria con sólo diez y ocho hombres que apenas parecían tales, según los tenían desfigurados el hambre, las enfermedades y la prolija y trabajosa navegación de tres años menos catorce días.

Para concluir

Este texto narra cómo fue la primera vuelta al mundo, es la fuente básica para poder conocer esta hazaña. El libro que sobre esta información se publicó es hoy tan universal que en el siglo XXI ha recorrido el globo varias veces y se ha traducido a innumerables idiomas. Es, por lo tanto, una joya de la literatura universal con contenido de naturaleza náutica, botánica, etnografía, filológica, medica, entre otros muchos, que lo hace digno de mención y reconocimiento en una fecha tan importante como es la del día del libro.

Más información

BEROŠ, Mateo Martinić. Considerations on the Primary Sources that Report on the Armada de Molucas’ Crossing of the Strait of Magellan. Abriu: Textuality Studies on Brazil, Galicia and Portugal, 2019, 8, p. 69-84.

CASTRO HERNÁNDEZ, Pablo. El viaje renacentista y la visión estética del otro: Una aproximación a la belleza y fealdad de la otredad en El primer viaje alrededor del mundo de Antonio Pigafetta (s. XVI). Revista de Historia (Concepción), 2018, 25, 1, p. 161-182.

JIMÉNEZ ABOLLADO, Francisco Luis. Ocasio Alonso, un marinero en la primera vuelta al mundo: incidencias y vicisitudes de un superviviente. Naveg@mérica, 2019, 23.

MCCARL, Clayton. The Transmission and Bibliographic Study of the Pigafetta Account: Synthesis and Update. Abriu: Textuality Studies on Brazil, Galicia and Portugal, 2019, 8, p. 85-98.

MELON, A. Ensayo de heurística sobre la empresa Magallanes-Elcano. Estudios Geográficos, 1977, 38, 146, p. 141.

RIDRÍGUEZ CACHÓN, Irene y VALVERDE, Beatriz. Dos travesías, dos formas de relatar la vuelta al mundo: Antonio Pigafetta, Richard Hakluyt y The World Encompassed. Revista Latina de Comunicación Social, 2019, 74, p. 897-915.

Nota. Las citas son de esta edición: GÓMEZ ORTEGA, Casimiro. Primer viaje hecho alrededor del mundo emprendido por Hernando de Magallanes y llevado a feliz término por Juan Sebastián del Cano. Madrid: Ambos Mundos, 1922. Las ilustraciones son de la versión italiana que está depositada en la Biblioteca Nacional de España.

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En este blog damos difusión a las actividades vinculadas con la Historia y el Patrimonio Naval. Estas pueden ser conferencias, clases, exposiciones, cómics o literatura, entre otros. En este último apartado incluimos una novela que nos ha llegado de la mano de su autor, y de la que adelantamos parte del argumento, que mezcla realidad y ficción para contarnos las aventuras de un marinero español que formó parte de las hazañas históricas que tuvieron lugar en una de las expediciones de la Ruta de la Especias.

Dibujo de Alberto Taracido

Presentamos aquí una novela histórica en la que el contexto marítimo y naval es esencial. Su autor es Ángel Miranda, que recupera un personaje real poco conocido, Juan Pablo de Carrión, que viajó con Loaisa en la expedición que dirigió a las Molucas en el siglo XVI. A pesar de que el fondo y el contexto existieron, su vida se narra de forma novelada para hacerla más amena e interesante. Otra novedad es la forma de financiación que el autor ha elegido para la publicación de su trabajo, que es el micromecenazgo (crowdfunding), por el que cualquier persona interesada puede aportar una pequeña cantidad y a cambio recibir la obra junto a otros materiales y también que se mencione su nombre en los agradecimientos.

El protagonista

Juan Pablo de Carrión fue un enigmático marino que viajó hasta el fin del mundo, resultó acusado por la Inquisición y acabó sus días luchando contra piratas asiáticos. La obra comienza en la batalla de Villalar (1521), la que enfrentó al rey Carlos I con algunos comuneros descontentos. En esos momentos se dibuja a un joven Carrión, que recorre el Camino Real como paje de un buhonero. Pronto llega a Sevilla, que en esos momentos se había convertido en el epicentro de contacto entre el viejo y el nuevo mundo.

Sevilla a fines del siglo XVI. Fuente

Así se relata la primera vez que vio una embarcación de gran tamaño en la ciudad sevillana:

Con todo, ninguna maravilla aventajó a la de contemplar mi primer galeón. No podrá borrarse ni ahora ni en ningún tiempo de mi memoria, pues quedé marcado por siempre ante ese ingenio marino extendiéndose ante mí en toda su grandeza. Era aquel navío colosal, una montaña de madera sobre la que se alzaban imponentes los mástiles con una selva de cabos cruzando su arboladura. Semejante portento de los mares, capaz de surcar las aguas más profundas, me asombraba más que la construcción de torres, castillos o catedrales. El tajamar cortaba su proa, desafiante, apuntando con su bauprés hacia nuevos y lejanos mundos aún por descubrir.

Allí también pudo ver otra de las maravillas del mundo naval, un portulano. Que sin embargo fue causa de que la Inquisición lo persiguiera y tuviera que huir. A partir de ahí, el protagonista aprenderá los pormenores de la vida costera faenando en almadrabas y caladeros atlánticos.

Carta portulana del Mediterráneo

Finalmente embarca en una de las expediciones que tenían por meta establecerse en las preciadas islas de las Especias. A partir de ese momento su vida dará un vuelco, sufrirá con las tormentas y los ataques de embarcaciones corsarias. Durante la navegación deben pasar el durísimo estrecho de Magallanes, así como la larga deriva a través del Mar del Sur (Pacífico), además de los enfrentamientos con los portugueses. Todo ello transformará definitivamente al marino y soldado hasta generar la figura histórica de Juan Pablo de Carrión.

Dibujo de Alberto Taracido

Así, en las páginas del libro encontramos aventura y un toque de humor, en unos capítulos trepidantes que narran la historia de un personaje con fuerza. De una manera entretenida y amena, la obra ofrece un relato que es bastante fiel, ya que se basa en los documentos de archivo. Usa una fórmula que demuestra que el rigor histórico no está reñido con un argumento ágil y apasionante, y expone estas aventuras con un lenguaje de época, que además es divertido y genuino.

Dibujo de Alberto Taracido

Una nueva forma de difusión: crowdfunding

Otro de los motivos para dedicar una entrada a este libro es por la fórmula utilizada para su publicación. Se edita un prelanzamiento financiado a través de micromecenazgo, que invita a los lectores a formar parte del proyecto, aparecer en los agradecimientos y recibir a bajo coste una edición de lujo con láminas de colección, cartas náuticas, grabados de época, el facsímil de una novela de caballerías o una caja artesanal de madera.

El autor

Su autor, Ángel Miranda, nos dice que desde muy temprana edad tuvo el placer de disfrutar leyendo las grandes historias del pasado, lo que siempre lo ha maravillado. Y no hay mejores aventuras que las realizadas por nuestros marinos en la época de los descubrimientos.

Dibujo de Alberto Taracido

Así que nos cuenta que desde que tuvo noticia de aquellas proezas, no pudo más que seguir y seguir investigando al respecto, devorando libros y documentos. De este afán, tras escribir un libro de viajes (A bordo del Galeón en 2016), publicó dos cómics: ‘Espadas del fin del mundo’ y ‘Lezo’. Estos han tenido tanto éxito que le han permitido embarcarse en esta singladura: su primera novela.

Dibujo de Alberto Taracido

Esta edición tiene 16 ilustraciones realizadas por el artista gráfico Alberto Taracido, algunas de las cuales aparecen aquí. Además, la versión en audiolibro es una apuesta innovadora, que acompaña la narración con tecnología de sonido holofónico 3D. Otra novedad que ofrece es una experiencia inmersiva que apenas se ha utilizado en este tipo de ficciones. Esta técnica permite añadir efectos y sonidos que parecen moverse alrededor del oyente, haciéndole sentir en el mismo centro de la acción.

Dibujo de Alberto Taracido

El personaje histórico

Resulta que Carrión existió y tuvo una vida ajetreada, digna de conocerse. Es un claro ejemplo de todos aquellos hombres que participaron en viajes durante unos años en los que parte del mundo aún estaba por descubrir. Lo que ellos relataban con pasmosa naturalidad hoy se antoja inverosímil, pero en verdad ocurrió y ahora nos parece tremendamente interesante. Sin embargo, muy pocos de aquellos valientes tienen la fortuna de haber pasado a la posteridad. Nombres como el suyo son tan solo mencionados en el pasado en las relaciones y correspondencias con la Corona. La mayoría no aparecen en pliego alguno, han sido olvidados. En especial, muchos de los que se aventuraron a viajar hasta las recónditas tierras orientales, participando en batallas increíbles y viviendo hazañas que aún hoy son poco conocidas. Carrión se ha convertido en una excepción gracias a esta novela.

Hay varias opciones disponibles para participar en la publicación de esta obra, como obtener el libro en versión digital, en audiolibro, en pack de coleccionista o incluso de varios libros juntos. Más información en esta web.

La literatura basada en hechos reales es otra magnífica opción para seguir difundiendo la Historia y el Patrimonio Naval.


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Es poco frecuente que en las novelas de caballerías aparezcan elementos vinculados estrechamente con el tema naval. El texto que aquí tratamos esta semana tiene un componente marítimo, vinculado con los dos protagonistas de la historia, el rey Canamor y su hijo Turian. Como es propio de estos relatos, se genera una idea fabulosa en un país lejano donde los nobles, reyes y príncipes tienen el código de caballería como principio de actuación. También incluye esos toques pueriles e irónicos que tanto gustan en este tipo de textos.

La obra se publicó por primera vez en el siglo XVI. Es de interés porque retrata algunos aspectos sobre el mundo de la navegación medieval, y curiosamente también su vínculo con temas mágicos y fantasiosos. Vamos a resumir el texto para pasar luego a los detalles marítimos.

Tapiz de Bayeux

El argumento del libro

Canamor es un príncipe persa que muy joven abandona el hogar paterno sin permiso, en apoyo de un noble amigo suyo. En una de sus aventuras libera a la que será su mujer, Leonela. De este matrimonio nace Turián, otro caballero en busca de aventuras, que se enamora por referencias de la princesa Floreta, decide ir a su encuentro, y la rapta.

Las aventuras marítimas

Canamor conoce a su mujer en un episodio en el que observa un extraño navío sin tripulación, del que descienden cuatro leones que lo conducen a su interior. Allí encuentra a una doncella durmiente, la princesa Leonela, que había sido encantada y expulsada de su tierra. El protagonista se enfrenta a Brocadán, el usurpador, le corta la cabeza, libera el reino y se casa con Leonela.

Marco Polo en su viaje a Asia

La otra gesta marítima ocurre con Turián, cuando rapta a su amada Floreta. En el viaje de vuelta a su tierra, van navegando y se levanta un gran temporal. El maestre de la nave decide que Floreta es la causante de todas las desgracias y que ha de ser arrojada al mar. Turián logra que al menos consientan en que sea abandonada en un peñasco. Allí encuentra a una ermitaña, que la protegerá. Tras volver a tierras persas, el príncipe decide ir a buscarla, se reencuentran, regresan a Persia y son coronados reyes.

Marco Polo partiendo de Persia

Tradiciones marítimas medievales

Además de los usos y costumbres de caballería, de los matrimonios entre iguales y de otras características de esta literatura, hay rasgos destacables como que la historia se sitúe en Persia, uno de los imperios más antiguos y más ricos de la Antigüedad, que posee una vasta tradición literaria y también marítima. Sin embargo, son los principios de la cultura caballeresca europea los que aparecen en el relato. Persia es sólo un lugar elegido, tal y como pudo ser Siria para el relato de la princesa Albina y de sus hermanas. Son emplazamientos lejanos envueltos en misterio, donde la fantasía puede volar libremente.

Albina y sus hermanas saliendo de Siria hacia el exilio

El otro rasgo que distingue a esta historia fabulosa es precisamente que algunas de las aventuras tiene lugar en el mar, vinculadas con las futuras reinas. Ocurren a bordo de navíos, con historias oníricas como es el caso de la nave de Leonela, protegida por cuatro leones, que en la trama son como perros obedientes, que además pueden desarrollar funciones humanas.

Fuente

La otra narración extensa, la que acontece con Floreta, refleja mitos y creencias profundamente arraigados en la mentalidad del medievo: “la presencia de mujeres a bordo puede traer mala suerte”, por lo que inmediatamente las culpan de la tormenta y de que la nave peligre.

Otros detalles son el uso de términos como áncora (ancla), batel (una pequeña nave utilizada para llegar a la orilla), voces como “marear la nave” o la fantástica sortija con poderes que permite a la princesa Leonela dirigir el barco, fondear y zarpar sólo con ponérsela en el dedo.

que el conde Edeos, que esta nave encantara, me dio una sortija que traigo aquí conmigo encantada; quando la meto en el dedo, las áncoras se acogen a la nave y el trel se alça; entonces puedo yo ir do quisiere; y quando la tiro del dedo y la meto en la limosnera, abáxase el trel y échanse las áncoras, y todo esto se hace por encantameto, assí como si lo hiziessen unos marineros.

Para concluir

A pesar de que esta fantástica historia fue publicada por primera vez en la Edad Moderna y que son muchas las ediciones que desde ese momento ha habido, el tema es poco conocido. Y el hecho de que algunas de las aventuras más significativas ocurran en el mar, la convierten un relato de interés para la Historia y el Patrimonio Marítimos.

Más información

BASTAN, Elvira & STOICA, Ruxandra. The story of king Canamor and infante Turian his son. Tirant, 2012, 15, p. 205-273.

BARANDA, Nieves. Historias caballerescas del siglo XVI: Libro del rey Canamor. Madrid: Fundación José Antonio de Castro, 1995.

BELTRÁN LLAVADOR, Rafael. Los periplos marítimos del Libro del rey Canamor y del infante Turián, su hijo y las primeras empresas militares en la India portuguesa (Cananor, 1507)Historias fingidas, 2015, 3, p. 67-106.

BELTRÁN LLAVADOR, Rafael. La espera nocturna, la nave misteriosa y los leones mansos de La historia del rey Canamor y de Turián, su hijo: probables huellas de una historia caballeresca breve en Don Quijote. En: Dialoghi e scritti per Anna Maria Babbi. Verona: Fiorini, 2016, p. 515-526.

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