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Posts Tagged ‘África’


Aunque ya hemos visto en varias entradas la asociación existente entre los barcos y los ritos funerarios de los faraones (Keops y Tutankamon), esta semana traemos una “procesión” de más de 100 naves que fueron grabadas en una pared revestida de yeso, en un edificio cercano a un complejo en el que se hallaba la tumba de Senwosret III, el conquistador de Nubia, que reinó hace casi 40 siglos.

Excavaciones arqueológicas

En los últimos años de excavaciones en Abydos (Egipto), se han encontrado restos de un barco enterrado en un edificio subterráneo especialmente preparado y con bóveda, que se asocia con el reinado de Senwosret III (c. 1850 a.C). Aunque la mayor parte de la nave ha desaparecido, quedan unos tablones que han permitido a los investigadores calcular que era de casi 20 m de largo y que fue enterrada intacta, aunque luego parece que se desenterró en fechas posteriores.

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Vista de la cámara subterránea una vez desenterrada. En las paredes se pueden apreciar las naves dibujadas. Fuente: Wegner 2017

Uso de naves en los ritos funerarios

El uso de barcas funerarias en el Antiguo Egipto es una costumbre que se inició en los primeros periodos dinásticos (3000 a.C.). La embarcación tenía importancia no sólo para las funciones diarias del faraón mientras estaba vivo, sino que también servía en las ceremonias funerarias reales y tenía una relevancia simbólica para la existencia del inframundo. Su uso en este ámbito las transformaba en objetos potentes que se enterraban ritualmente. El tamaño de las naves fue variando, pero parece que la idea de asociar los barcos con el más allá se mantuvo.

Barco egipcio

Una “procesión” de embarcaciones

Sin embargo, lo que vemos en esta entrada es mucho más extraordinario, ya que asociado a la tumba de un faraón, en un subterráneo que parece que durante un tiempo albergó un barco, se han descubierto más de 120 dibujos que representan distintas naves y que produce la sensación de que fuera como un antiguo grafiti.

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Una de las paredes, conteniendo las incisiones en forma de barcos. Fuente: Wegner 2017

La escena crea un cuadro dispuesto de manera informal que se extiende por las paredes, sobre una longitud total de 25 metros. Pero, a diferencia de otras imágenes mortuorias de los complejos asociados a las pirámides reales del Reino Antiguo, se ve muy claramente que éstas no representan un programa decorativo planificado, ya que es el resultado agregado de muchas manos. A pesar de que es una colección aleatoria de dibujos, la propia uniformidad del tema le otorga trascendencia.

Otra pared, vista más de cerca. Fuente: Wegner 2017

Las naves varían significativamente en tamaño (miden entre 1,5 y 0,80 m. de longitud) y complejidad. Así podemos encontrar barcos grandes, bien representados, con mástiles, velas, aparejos, cabinas, timones, remos y, en algunos casos, remeros. Pero también podemos apreciar la existencia de embarcaciones altamente simplificadas, representadas esquemáticamente como una o dos líneas curvas que dibujan un casco, con una tienda de cubierta rectangular esquematizada, pero sin más detalles. Entre estas imágenes se intercalan representaciones ocasionales de animales y otros elementos figurativos como ganado, gacelas y diseños florales.

Los tipos de naves que aparecen

Aunque no hemos hallado barcos de alta mar, entre los más de 120 dibujos podemos diferenciar tres tipos distintos de naves fluviales, las destinadas a los ritos funerarios, las de recreo y las de transporte de carga. Todas las imágenes proceden del trabajo de Wegner abajo citado.

a) Embarcación funeraria. No llevaba vela, ni árbol para izarla. Navegaba a remo y los remeros iban en la parte de popa de la embarcación. En la mitad de la nave, y hacia proa, existía un espacio donde se colocaba el túmulo para el sarcófago del faraón. Al llegar al lugar donde se iba a colocar el cuerpo, éste se desembarcaba. El primer sarcófago se introducía en otro de piedra y las piezas del túmulo se llevaban a la cámara mortuoria. La embarcación se guardaba en el túnel.

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b) Embarcaciones de recreo. Pueden navegar a vela y remo. Suelen llevar uno o dos camarotes en cubierta. Las más pequeñas no llevan vela y tampoco camarotes en cubierta.

c) Embarcaciones de carga. El casco tiene mayor puntal y manga que los dos tipos anteriores. No llevan camarote en la cubierta. Navegan a vela y remo. Llevan un solo palo con una vela redonda, o cuadra, que va aferrada a una verga. La parte baja de la vela, el pujamen, va aferrada a una verga de madera.

¿Cómo, porqué y para qué?

En algún momento cercano al enterramiento del faraón, un número significativo de personas ingresó en este edificio, y cada una agregó su propio dibujo a mano alzada en las paredes de yeso. Unos eran más artistas que otros, pero está claro que invirtieron en ello poco tiempo. Aunque hay cierto grado de superposición en los dibujos, la mayoría ocupan su propio espacio.

Los expertos creen que las imágenes fueron creadas por un grupo de personas con una intención común: conmemorar o establecer conexiones personales.

La habitación que contenía la nave funeraria y los dibujos. La figura humana que aparece sirve de referencia para poder hacerse una idea de la longitud y anchura que tenía. Fuente: Wegner 2017

Los grafitis son difíciles de interpretar debido a las numerosas grietas del yeso que recubre las paredes. Es destacable que sólo aparezcan tipos de naves fluviales, pero que no hallemos barcos de alta mar. Esta peculiaridad y el hecho de que solamente encontramos un grafiti de embarcación funeraria, a los expertos de la Cátedra nos lleva a la conclusión de que se pudo deber a que todos los capitanes de las naves que participaron en la procesión ritual, incluido el de la barca funeraria que llevaba el cuerpo del faraón, una vez introducida esta última en la cámara, dibujaron la silueta de sus embarcaciones en las paredes como muestra de devoción y prueba de su asistencia al acto funerario. Esto coincidiría con el hecho de que no aparezcan naves de alta mar.

Más información

WEGNER, Josef. A Royal Boat Burial and Watercraft Tableau of Egypt’s 12th Dynasty (c. 1850 BCE) at South AbydosInternational Journal of Nautical Archaeology, 2017, 46, 1, p. 5-30.

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El Faro de Alejandría, una de las maravillas del mundo antiguo, está siendo objeto de estudios, y como consecuencia de la aplicación de las más novedosas técnicas, cada vez sabemos un poco más de este monumento que en el siglo XIV desapareció en las aguas del Mar Mediterráneo. Situado en una de las mayores ciudades de la Antigüedad, resultado de la fusión de dos grandes civilizaciones, comparte su fama con otra de las obras excepcionales del mundo: la famosa biblioteca de Alejandría, en la que estudiaron e investigaron muchos de los autores que hoy tomamos como fuente, y en la que durante un tiempo se intentó conservar la memoria intelectual del mundo.

Sobre el faro han escrito multitud de autores clásicos, de la antigüedad grecolatina, como Estrabón, Josefo y Plinio, medievales, especialmente en lengua árabe como Al Idrisi e Ibn Battuta, entre otros. Y también se representó en mosaicos, monedas y medallas antiguas.

Recuperando del mar una estatua de Ptolomeo II. Fuente

Fue levantado en esta ciudad egipcia para mostrar la grandeza de sus faraones, los Ptolomeos, la dinastía de las grandes construcciones. Permaneció durante casi 17 siglos a la entrada del puerto, pero el tiempo, el viento, las tormentas y el abandono, unidos a fuertes terremotos, terminaron con su magnificencia.

Detalle de la localización del faro. Fuente: Amphipolis, 2015

Como muchas otras de las maravillas que ya han desaparecido, podemos encontrar diversas interpretaciones de cómo fue esta torre costera, cuánto medía y hasta dónde llegaba su luz. Hay incluso leyendas que dicen que si se tiraba una piedra desde los más alto, tardaba dos días en llegar al suelo. Exageraciones que nos dicen mucho de lo impresionante que debió parecerle a propios y extraños.

La ciudad y el faro, tal y como  aparecen en la obra de Foresti (1486). Fuente

Ibn al-Shayj, un viajero andalusí que estuvo allí durante el s. XII, describe y cuenta detalladamente tanto el exterior como el interior. Explica que se fue “al Faro con el tintero, el papel y la cuerda, a fin de que ni el menor detalle quedase perdido, pues el Faro es una maravilla”. Estaba localizado en una pequeña isla, desde la que se había construido una calzada para llegar a la costa. Calculó que tenía unas 68 habitaciones y su altura total eran 53 brazas más 7 de los cimientos. También se ocupa de mencionar que el faro estaba compuesto de tres cuerpos, el primero era un cuadrado; el segundo formaba un octógono y el tercero era cilíndrico. Nos dice que en la azotea superior, halló un oratorio o mezquita “como si fuese una cúpula”. En su parte más alta había un fuego encendido para guiar a los barcos (Viguera 2008).

La ciudad de Alexandria en el Civitatis Orbis Terrrarum (S. XVI)

Los restos del faro yacen hoy en las aguas del puerto, e incluso todavía hay en la zona costera una parte de la fue la puerta de entrada (imagen inferior). Se puede ver detrás del fuerte Qaitbay, que se levantó en sus inmediaciones, una vez que éste cayó al mar.

Restos de la parte lateral de la enorme puerta del faro

El estudio en profundidad de estos restos ha permitido a los investigadores reconstruir la puerta y calcular el grosor de los muros. En el dibujo inferior, levantado por I. Hairy, se puede comprobar la magnitud de la entrada.

Reconstrucción puerta faro Alejandria

Reconstrucción de la puerta del faro de Alejandria según Hairy (2006)

Las investigaciones subacúaticas también han permitido a los expertos proporcionar una imagen real de cuál era la forma de la torre. Gracias a éstas hoy sabemos, ya no sólo por las fuentes antiguas y medievales, que estaba compuesta de 3 cuerpos de distinta forma, como decía el viajero andalusí antes mencionado, que sus muros eran de casi 2 metros de grosor y su altura superaba los 100 metros.

Plano y dibujo del Faro de Alejandría basado en las investigaciones de Hairy (2006)

Pasados mas de quinientos años desde su destrucción, es todo un privilegio que hoy podamos saber con mayor certeza cómo fue este insigne faro, que durante la Antigüedad y la Edad Media guió la navegación por el Mar Mediterráneo en el delta del gran río Nilo.

Más información

The Beacon of Alexandria. Amphipolis.gr, 2015. En esta entrada puede encontrar la mayoría de las imágenes que hay sobre este faro.

DUNN, J. Pharos Lighthouse of Alexandria. Tour Egypt, s.f.

HAIRY, Isabelle. Le phare d’AlexandrieLa Recherche, 2006, 394. De esta autora hay más artículos con mayor grado de especialización, pero éste es el básico.

VIGUERA MOLINS, M.J. Ibn al-Shayj de Málaga deslumbrado ante el Faro de Alejandría. El legado andalusí, 2006. Traducción de parte del texto de al-Shayj.

Más fuentes, imágenes y bibliografía sobre el faro.

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Hay un grupo de autores grecolatinos, muy estudiados por los investigadores, pero que apenas son conocidos por el gran público. Entre ellos hay algunos cuyas obras tienen una importante vinculación con la Historia Naval y Marítima. Un buen ejemplo es Avieno (S. IV a.C.), que fue el primero que escribió sobre la Península Ibérica, la que luego sería la Hispania romana, poniendo especial atención en sus costas. De esta obra, titulada Ora Marítima, sólo se conservan fragmentos. A pesar de que no está completa, por su interés ha tenido varias ediciones, en distintos idiomas, a lo largo del tiempo.

Está escrita en verso y dedicada a su amigo Probo. La descripción geográfica de las costas europeas va desde Britannia hasta el Ponto Euxino (Mar Negro). Parece que el documento fue resultado del periplo que el propio Avieno llevó a cabo, aunque hay trazas claras de que usó relatos de viajes anteriores. Es como un derrotero, con carácter literario, de hace ya más de trece siglos.

Interpretación de un investigador francés del S. XIX de la geografía europea de autores grecolatinos.  Detalle de una de las ilustraciones. Gossellin, 1814. Fuente: Gallica.

Los expertos no han conseguido ponerse de acuerdo sobre la aportación real a la geografía y a la cartografía de esta obra, pero fuera de esta polémica, la Ora Maritima de Avieno es posiblemente la primera de la Historia que trata de las costas hispanas.

Principales cecas prerromanas

Algunos de los principales asentamientos hispanos que acuñaron moneda en época prerromana. Fuente

Ofrece tanto una descripción física de las riberas peninsulares (cabos, montes, ríos, islas) como de otros aspectos etnográficos, del comercio del estaño y de la presencia griega, fenicia y cartaginesa.

Hay autores como Balboa, que destacan la enorme diferencia que existe entre la descripción mítica de lo que hoy sería el Océano Atlántico (la costa que está más allá de las columnas de Hércules), en la que la naturaleza predomina sobre los grupos humanos “y las notas de la barbarie son las más destacadas”, frente a la descripción del Mare Nostrum, mucho más realista, donde se pone de manifiesto el carácter civilizado de sus habitantes.

Columnas de Hércules

Las columnas de Hércules (Estrecho de Gibraltar) en un mapa basado en los conocimientos geográficos de la Antigüedad grecolatina. Gossellin, 1814. Fuente: Gallica.

Es decir, la parte oeste del Mediterráneo, del mar conocido, se describe mejor y más positivamente por estar más cercana, mientras que las tierras del Atlántico norte, más lejanas y desconocidas, cuya geografía y climatología eran muy distintas a las de las costas griegas, toma en el poema carácter agreste y bárbaro.

Hibernia y Britannia (las actuales Irlanda y Gran Bretaña) en la Cosmographia de Ptolomeo. Fuente: BNE

Es una dicotomía que la Edad Media tomará como suya y extenderá no sólo al Atlántico, sino al mar en general, ocasionando los miedos y terrores que fueron tan comunes en el medievo, y que sólo la era de los descubrimientos consiguió aminorar.

La parte oriental del Mare Nostrum en la Cosmographia de Ptolomeo. Fuente: BNE

Sin tener en cuenta la cercanía o lejanía a la geografía real de la época antigua, la parte que nos ha llegado de la Ora Maritima de Avieno, es una importante fuente sobre cómo los habitantes de la Grecia clásica veían el mundo fuera de sus fronteras helénicas, qué conocían del Mediterráneo occidental (el que en ese momento era como las antípodas del oeste), cómo describían la terra incógnita que había más allá, así como sobre la literatura de viajes a través del mar que existía en la Antigüedad.

Más información

BALBOA SALGADO, A. Más allá de las columnas de Hércules. El discurso espacial de la Ora Marítima de Avieno. Studia Historica. Historia Antigua, 1995-1996, 13-14, p.  195-204.

Breve aproximación a Tartessos. Historia de un reino legendario. Parte I. 2016.

GOSSELLIN, P. Atlas ou recueil de cartes géographiques publiées par P.F.J. Gossellin. Paris: Royal,  1814.

PTOLOMEO, C. Cosmographia. Manuscrito del siglo XV depositado en la Biblioteca Nacional de España, que es una copia de su obra original del siglo I. (Más información sobre este texto y sus distintas versiones aquí).

Nota: La parte de la obra que ha sobrevivido está traducida y publicada en diversas fuentes, tanto en papel (AVIENUS, Rufius Festus. Ora maritima. Barcelona: Fundació Bernat Metge, 1986) como en la red (Culturandalucía). Algunas de las múltiples interpretaciones del texto de Avieno se pueden encontrar en La Contestania. Entidad étnica y organización del territorio y en Megalitismo Atlántico.

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Gracias a las excavaciones y a las transcripciones que nos llegan, podemos ir conociendo un poco más de esa antigua civilización, que posiblemente fuera una de las mayores de la historia, la del Antiguo Egipto. Ya hemos visto en varias entradas algunos aspectos vinculados con el tema naval y marítimo en esta época (los barcos encontrados en la tumba de Keops y también en la de Tutankamon, el inframundo marítimo, Alejandría y otros puertos como BereniceWadi al-Jarf). Esta semana nos dedicamos a descubrir la vida del capitán de un barco de la flota real.

Maqueta de barco fluvial del Antiguo Egipto. Fuente: Egiptoforo

En una de las excavaciones se descubrió el monumento funerario de un marino llamado Ahmose. Aunque los textos no son contemporáneos suyos, porque fue su nieto quien mandó construirla, nos sirven para entender una parte de la historia marítima y naval de este gran pueblo.

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Una de las paredes del monumento levantado en honor de Ahmose

En las fuentes que nos han llegado hemos podido hallar información sobre este capitán que sirvió a varios faraones en los albores del reino nuevo, la etapa más extraordinaria del Antiguo Egipto. Fue durante la dinastía XVIII, algunos de cuyos monarcas más conocidos son la reina Hatsepshut y el faraón Tutankamon.

Buque de la flota de Tutankamon según Canadian Museum of History

Ahmose, el marino

Ahmose, cuyo nombre también se ha traducido como Iahmes o Ahmes, nació al sur de Tebas, en una ciudad llamada ElKab (o Neheb), cerca del siglo XIV a. C. Aunque también fue soldado, la mayor parte del tiempo estuvo sirviendo en la flota real.

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Amhose junto a su mujer en el monumento funerario que su nieto construyó en su honor. Fuente

Como recompensa por sus servicios en tierra, en la primera batalla para tomar Avaris (al este del delta del Nilo), que estaba en poder de los hicsos, obtuvo el mando de un buque cuyo sobrenombre era “el que brilla en Menfis”.

Localización de Avaris, en el Bajo Egipto, al este del delta del río Nilo

En el siguiente intento para arrebatar Avaris, recibió el “oro del valor”, una condecoración militar, que a lo largo de su vida volvió a recoger cuatro veces más, según los textos de su tumba (o siete según otras fuentes).

Las pruebas de la victoria

Aunque hoy suene terrible, en época faraónica y especialmente durante el Reino Nuevo, la amputación de las manos de los enemigos derrotados era habitual. Esta extremidades se llevaban ante los representantes de la autoridad real, quienes solían recompensar con esclavos, con el llamado “oro del valor”, o incluso con ambos. Posteriormente, el faraón las mostraba como prueba de sus victorias ante sus súbditos y las ofrecía a los dioses en agradecimiento.

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Un dibujo sobre la práctica de amputación de las manos (Galán 2003)

En la tumba de Ahmose hay varios fragmentos alusivos a esta práctica:

“Hice entonces una captura y me traje una mano, y cuando el heraldo real fue informado se me otorgó el oro del valor. Y cuando se repitió la lucha en ese lugar, volví a efectuar una captura allí, me traje una mano y se me volvió a conceder el oro del valor […] Yo capturé a dos hombres vivos y tres manos. Se me recompensó con el oro del valor por duplicado y se me otorgaron también dos siervas […] me traje dos manos y se las presenté a su majestad” (Galán, 2003, p. 40-41).

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Entrada al monumento en honor de Ahmose

El “oro del valor”

Según National Geographic, el faraón era el único propietario legítimo del oro, y sólo él podía otorgarlo por hechos excepcionales. Así surgió el “oro de la recompensa” u “oro del valor”, el regalo más distinguido que el monarca podía conceder por servicios extraordinarios, ya fueran de carácter civil o actos victoriosos en batalla. Este obsequio era un pesado collar compuesto por discos de oro con distintas formas, llamados shebyu.

Condecoración de oro concedida por el rey Ahmosis a su madre, por su papel en la guerra contra los hicsos

Más información

BENDERITTER, T. Ahmes-fils-d’Abana. Osorisnet, Tombes del  l’Égypte antique. Contiene una descripción muy detallada y multitud de imágenes del monumento funerario.

GALÁN ALLUÉ, J.M. Mutilación de enemigos en el Antiguo Egipto. En: La guerra en Oriente Próximo y Egipto: evidencias, historia y tendencias en la investigación: actas del segundo Seminario Monográfico de Primavera. 2003, p. 353-360.

VÁZQUEZ HOYOS, E. Ahmose, hijo de Abana. UNED, 2008. Transcripción al español del texto egipcio.

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Por Jorge González Crespo, Licenciado en Historia y Máster en Historia y Patrimonio Naval

Durante el período helenístico, los soberanos de Egipto, la dinastía de los Ptolomeos, vivían en un mundo de lujo, extravagancia y despilfarro, pero también de continuas guerras, por lo que crearon inmensas estructuras que, a la vez que reflejasen su poder y grandeza, también sirvieran para intimidar a sus enemigos. Tenían establecida su capital en Alejandría y eran de origen macedonio, pues su primer rey-faraón, Ptolomeo I, había sido un general del gran Alejandro Magno.

Alejandría, la ciudad que fundó Alejandro Magno, fue la capital de Egipto en época helenística, y estaba situada al norte, en el delta del Nilo

Durante el siglo III a. de C. uno de los miembros de esta dinastía, Ptolomeo IV de Egipto (un antecesor de la famosa reina Cleopatra), mandó hacer embarcaciones de proporciones monstruosas como la Tessarakonteres, ya descrita en una entrada previa. Otra de sus ocurrencias fue la construcción de un palacio flotante, la Thalamegos, que posiblemente fue una exposición más de la grandeza de la dinastía ptolemaica.

Posible aspecto de la Thalamegos. Fuente: Foro Militar General

Pocas fuentes hablan de la Thalamegos (θαλαμηγός, “portacámaras”), pero las que lo hacen abundan en detalles. La describe Ateneo de Náucratis en El banquete de los sabios, en el que recoge el testimonio de Calíxeno de Rodas. Tenía casi 90 metros de eslora, con unos 13 de manga y una altura de 17. Era como un gigantesco catamarán formado por dos grandes naves de remos unidas (las que luego se llamarían galeras).

Ateneo lo describe como una embarcación fluvial, con un calado poco profundo, cuyas cubiertas delanteras y traseras (proa y popa) estaban elevadas (“ancho y llano por debajo como un arca”). El casco estaba equipado con todo lo necesario para poder realizar viajes por el Nilo.

Aspecto del pasillo de la nave según un dibujo de Walsh

El lujo imperaba en la nave real: disponía de cubiertas dobles de cerca de 160 metros para pasear, salas de banquetes y fiestas, alcobas colosales, un gineceo, templos y una construcción de piedra a modo de caverna que contenía estatuas de la familia real, entre otros. Todo ello realizado con los mejores y más caros materiales de construcción de la época: oro, marfil de Etiopía, cedro escita, ciprés milesio, tuya, lino egipcio, bronce de Chipre, piedras preciosas de la India y mármol de Paros. La nave era, como la propia dinastía ptolemaica, una síntesis de elementos egipcios y griegos.

Otra vista de la nave, con una estatua de Afrodita, según un dibujo de Walsh

Tuvo mucho más éxito que la Tessarakonteres, siendo usada durante dos siglos por los señores del Nilo. Se sabe que la última soberana helenística de Egipto, la famosa Cleopatra VII (51-30 a.C.), aún recorrió el río sobre ella junto a Julio César. Es la última noticia que se tiene del palacio flotante.

Bibliografía

  • De Náucratis, Ateneo. Banquete de los sabios. Madrid: Gredos, 1988.
  • García Fleitas, L. y Santana Henríquez, G. De la guerra marítima a la suntuosidad de Ptolomeo Filopátor. Cuadernos de Filología Clásica. Estudios griegos y europeos, 2001, 11, p. 211-240.
  • Schuller, W. Cleopatra: una reina en tres culturas. Madrid: Siruela, 2008.
  • Walsh, J. & Reese, T. F. Alexandria and Alexandrianism. Symposium by the J. Paul Getty Museum and the Getty Center for the History of Art and the Humanities and Held at the Museum, 1993.

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En la Historia hay veces que las batallas las ganan los sabios, y ésto fue exactamente lo que ocurrió a fines del siglo XVIII. Un líder nato, general de los ejércitos franceses, decidió que en la campaña para expulsar a los turcos de Egipto no sólo iba a llevar gente de guerra, sino que en sus barcos habría una exquisita tripulación: los mas sabios de todos los intelectuales de la Francia revolucionaria. Así nació la expedición científica que se conocería como la Comisión Francesa para las Ciencias y las Artes de Oriente, que Napoléon Bonaparte condujo hasta Egipto en 1798. Las crónicas hablan de que, además de ellos, embarcaron unos 50.000 soldados y marinos en más de 300 navíos.

La Comisión de sabios terminó descubriendo al mundo una de las maravillas del Patrimonio de la Humanidad.

Costa de File (Egipto), una isla situada en el Nilo, cerca de Asuan, famosa por sus templos

Este comité de intelectuales decidió llevar con ellos a los más brillantes de sus alumnos, aunque por orden del mismo Napoléon no podían informar sobre el destino final. Sólo sabían que iban a Oriente. Los científicos mas reconocidos tuvieron fe en su general y los más jóvenes en sus maestros. La Comisión embarcó en mayo, y solo a fines de junio supieron su destino final: el Egipto de los faraones.

Un vista costera de El Cairo

Eran mas de 150, entre los que se encontraban astrónomos, naturalistas, historiadores, anticuarios, químicos, literatos, orientalistas, ingenieros, matemáticos, músicos, farmacéuticos, médicos, relojeros y dibujantes.

Entre los miembros mas conocidos estaban Monge, Saint-Hilaire o Vivant Denon. Otros menos famosos fueron Costaz, Chabrol, Devilliers, Jollois, Jomard, Lancret, Rozière, Saint-Genis y Savigny, entre otros (listado completo).

La isla de Filé, en medio del Nilo.

Aunque para el general francés la toma de Egipto fue un fracaso, su expedición de sabios fue el origen de una de las corrientes intelectuales mas duraderas en el tiempo, el interés por el mundo del antiguo Egipto, que terminó convirtiéndose en un área de conocimiento científica, la Egiptología. Aparte de ello, sus integrantes acabaron dirigiendo importantes museos e instituciones. A las siguientes generaciones nos dejaron la Descripción de Egipto, una inmensa y rica obra en varios volúmenes con miles de dibujos sobre el imperio de los faraones, desde hipogeos, frontones, murallas, paisajes, ríos, costas, mares, animales y barcos hasta las famosas pirámides.

Transporte de grandes bloques por el Nilo. El Kab (Egipto)

El mundo marítimo plasmado en el arte egipcio

De la magna obra hemos tomado las imágenes vinculadas con la Historia Marítima, para mostrar algunos de sus logros.

Nave a remos y vela egipcia. El Kab (Egipto)

El Antiguo Egipto, rico gracias a su fértil e impresionante río, ha plasmado en sus obras esa naturaleza fluvial, que en islas y puertos del Mediterráneo o del Mar Rojo se convirtió en riqueza costera y marítima. Podemos encontrar representaciones del  transporte a través del caudaloso Nilo, de las riquezas que iban y que venían de los puertos mas importantes, cartografía y vistas de costa de islas (como Filé o Elefantina) que dominaban el horizonte. También aparecen esculpidas las naves que cruzaron el Nilo y llegaron a los confines del mundo entonces conocido (La India). Trascendiendo a la otra vida, existía la creencia de que el viaje al mas allá era en una embarcación y transcurría por el Nilo, lo que nos ha dejado impresionantes bajorrelieves, exquisitas pinturas y naves (a tamaño natural o en miniatura) enterradas con los faraones en las pirámides.

Todo un sistema de vida vertebrado por la naturaleza acuática de una civilización única y asombrosa, que se vio representada en sus obras artísticas, y que hoy podemos contemplar en la Descripción de Egipto.

Epílogo

Para estos ilustres viajeros, a pesar de que pasaron a la historia casi como héroes, su vida no siempre fue fácil, ya que tuvieron que adaptarse a una condiciones de trabajo muy distintas a las que tenían en su país de origen, pero la peor de las situaciones se generó cuando tras la derrota de Napoléon, los británicos amenazaron con quedarse con sus escritos, dibujos y experimentos.

“Estamos dispuestos a quemar nuestros tesoros con tal de que no caigan en las manos del enemigo”, dijo Geoffroy Saint-Hilaire, uno de los jefes de la expedición. La determinación de los científicos franceses impresionó profundamente a las fuerzas británicas, que les dejaron llevarse lo que pudieran cargar con sus manos. Este límite permitió a los vencedores apoderarse de muchas grandes obras, incluida la famosa piedra de Rosetta. De hecho, Champollion, el primero que consiguió descifrarla, tuvo que trabajar con los dibujos que sus compatriotas franceses habían hecho de la citada piedra (que hoy sigue en el Museo Británico).

Sección con escritura demótica de la piedra Rosetta. Dibujo. Fuente.

Más imágenes navales y marítimas (pinchando sobre ellas aumenta su tamaño)

 

Más información

Acceda a muchas de las imágenes de la Descripción de Egipto

Listado completo de los libros publicados sobre la Descripción de Egipto

Napoleón descubre Egipto. La revista de El Mundo, 134.

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Por Jorge González Crespo, Licenciado en Historia y Máster en Historia y Patrimonio Naval

Pese a que el barco asociado a la antigua Grecia es el rápido, ligero y eficaz trirreme, durante el período helenístico se construyeron embarcaciones cada vez más grandes y pesadas. Los soberanos vivían en un mundo de lujo, extravagancia y despilfarro, pero también de continuas guerras, por lo que crearon inmensas estructuras que a la vez que reflejasen su poder y grandeza también sirvieran para intimidar al enemigo. En el fondo, se trataba de trasladar al mar la carrera mantenida por ver quién construía el palacio más lujoso o la biblioteca mejor surtida. Tenían establecida su capital en Alejandría y desde allí gobernaban su mundo.

Alejandría según el mapa de Piri Reis

Ptolomeo IV de Egipto (un antecesor de la famosa reina Cleopatra) que gobernó durante el S. III a. de C., mandó construir embarcaciones de proporciones monstruosas.

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La Tessarakonteres, junto a un soldado para comparar la escala. Fuente: el supercatamarán de la Antigüedad.

Una de ellas fue la Tessarakonteres (τεσσαρακοντήρης, “nave de cuarenta remeros”). Pese a que no se conservan imágenes de ella, los autores antiguos la describieron como un coloso de más de 120 metros de eslora, cerca de 17 de manga y con 20 metros de altura sobre el agua. Los remos del banco superior (los más largos) medían más de 17 metros. Necesitaba 4.000 remeros para ser impulsada, 400 hombres de tripulación y era capaz de transportar a casi 3.000 soldados. Tenía poco calado y llevaba a bordo catapultas. Otros aspectos no están tan claros, y fueron diversos autores de la Antigüedad los que se refirieron a ella, como Calíxeno de Rodas, que sostiene que en un testimonio recogido por Ateneo de Náucratis en El banquete de los sabios, afirmaba que tenía dos proas y dos popas, por lo que se debate si tendría forma de catamarán, con dos cascos unidos por un puente central. Tampoco está claro cómo se aplicaría el llevar 40 remeros por banda, pues no hay más que indicios sobre cuántos remos manejarían, o de su disposición.

Hay un aspecto que los escritores de la Antigüedad sí que dejan claro: su inutilidad. Plutarco afirma que “no sirvió mas que de espectáculo, pudiendo ser mirada como un edificio fijo destinado a la vista y no al uso, por ser muy difícil de mover, y aun no sin peligro”. Calíxeno relata su viaje inaugural, en el que quedó en evidencia lo engorroso e inmanejable que resultaba: tuvo que moverse mediante un andamiaje empujado por una multitud, y después tirado por un remolcador, siendo necesario incluso excavar un canal para que pudiera llegar al mar. Pese a que El banquete de los sabios es una obra que presenta muchos detalles, jamás se menciona que se usase en batalla.

En definitiva, la Tessarakonteres, tal vez la mayor embarcación de la Antigüedad, era hija de su tiempo: un navío gigantesco, inmanejable, carísimo y pomposo. En teoría era militar, pero no se hizo para participar en la guerra: su única utilidad en tal caso sería la de una fortaleza flotante demasiado lenta y frágil para poder funcionar adecuadamente; existía para demostrar el poder y la grandeza del monarca que la hizo construir.

Bibliografía

  • El Tessarakonteres, el barco a remos más grande de la historiaMemento Mori!.
  • García Fleitas, Luz María y Santana Henríquez, German. De la guerra marítima a la suntuosidad de Ptolomeo Filopátor. Cuadernos de filología clásica. Estudios griegos y europeos, 2001, volumen 11.
  • Tessarakonteres, el supercatamarán de la AntigüedadLa Brújula Verde – Magazine cultural independiente.

Información mas detallada sobre esta nave aquí

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