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Posts Tagged ‘África’

Alborán es un nombre que evoca, es la evolución de un término árabe sonoro que ha servido para denominar una pequeña isla mediterránea española. De ésta tomó nombre el mar de Alborán, que está situado entre el sur de la Península Ibérica y la costa norteafricana. La isla, situada en sus límites, que apenas tiene 2 km, se localiza al sur de Adra y al norte del cabo de Tres Forcas. Tiene una altura máxima de 14 m sobre el nivel del mar y con frecuencia se distingue por el faro que allí existe. También hay, a unos cien metros dirección nordeste, un islote, denominado de La Nube. Por su emplazamiento, en medio del mar abierto, así como por la falta de relieve, suele estar muy azotada por el viento. Su atractivo es el litoral, con agua clara y, en especial, la presencia de caladeros de gran importancia comercial, ricos en especies como la gamba roja, besugo, merluza y cigala.

La Isla de Alborán tiene un pasado que alberga leyendas acerca de los corsarios, monjes de Europa del Este, fareros, conquistas post-colombinas, pilotos de las guerras mundiales y también civiles. Pertenece administrativamente a Almería, aunque en el pasado formó parte de la provincia de Málaga.

Alborán señalada en el Mapa de Barentz

Un poco de historia

Las costas del mar de Alborán han estado habitadas desde el origen de la civilización y es uno de los espacios de mayor importancia geoestratégica mundial. Sus riberas han sido testigos del nacimiento de algunas de las primeras culturas, como la de los Millares (IV milenio a.C.) y la del Argar (III milenio a.C), que desarrollaron en él parte de sus actividades.

Primeras culturas establecidas en las inmediaciones. Fuente

El testimonio más antiguo encontrado de la isla es del geógrafo romano Rufo Festo Avieno, del siglo IV d. C., en su obra Ora Maritima (un poema latino que describe las costas e islas mediterráneas y atlánticas de la península Ibérica en la antigüedad). En él cita la isla de Noctiluca, que parece que es la de Alborán. En esos momentos en ella había un santuario usado por indígenas procedentes de los dos continentes cercanos. Existen evidencias (restos de lamparillas púnicas, así como de ánforas y anclas romanas encontradas en su superficie y bajo el agua, en sus proximidades) de la presencia de navegantes griegos, fenicios y cartagineses en la isla y su entorno, que fondearon allí durante sus rutas de navegación.

La isla de Alborán

Aparece ya en antiguas cartas de navegación como punto estratégico, fondeadero, zona de descanso y encrucijada de vías comerciales que unían ambos continentes, tanto desde el Atlántico como del Mediterráneo.

Su importancia no evita el problema generado por sus bajíos, lo que la convertía en un área de naufragios. Igualmente ha sido escenario de batallas, como el combate naval en 1540 que enfrentó a las galeras reales con corsarios turcos y berberiscos, saldándose con más de 800 muertos. También fue refugio de piratas, corsarios y contrabandistas. Entre ellos destaca el legendario corsario tunecino conocido como Al-Borani (cuyo nombre en turco significa tempestad o tormenta) que muy posiblemente dio nombre a la isla y al mar que la rodea.

Una vista aérea del faro

El mar de Alborán es la región del Mediterráneo que recibe el agua atlántica que fluye por el estrecho de Gibraltar en superficie, desde el cercano golfo de Cádiz, y la última cuenca que atraviesan en profundidad las aguas del Mediterráneo antes de salir al Atlántico. Por ello, en Alborán se superponen masas de agua formadas tanto en el Mediterráneo oriental y occidental como en el Atlántico que, unido a la forma de la cuenca, hacen que la circulación general sea de gran complejidad.

El faro

En 1859 se decidió construir un faro, que se encendió por primera vez diecisiete años después. Contaba con una plantilla de cuatro torreros. Desde ese momento su luz ha tenido varias adaptaciones a los nuevos sistemas. Así, en 1915 se terminó la instalación de un sistema de petróleo por incandescencia, que permitía un alcance de 23 millas con buen tiempo. En 1936 se automatizó con un sistema de acetileno y ya en 1984 se electrificó. Actualmente funciona con energía solar.

Aunque en algunos momentos allí vivieron varios pescadores, las condiciones de vida eran bastante difíciles en la pequeña isla. Al estallar la II Guerra Mundial, el gobierno español situó en la isla un destacamento de la Marina para defenderla. Como surgieron problemas para la estancia, se eliminó la obligación de residir en la isla, por lo que muchos de sus trabajadores se fueron, alojándose en el continente.

Dibujo del archiduque Ludwig Salvator de Austria en 1898. Fuente: Biblioteca Pública Provincial Francisco Villaespesa (Almería)

En ella abunda un mineral al que la isla también ha proporcionado su nombre, la alboranita. Según su descubridor es una roca volcánica con un carácter intermedio entre los basaltos y las andesitas.

Alboranita. Fuente

Actualmente sólo viven en ella miembros de la Armada allí destinados, que no suelen más de 11 personas y que no residen de manera continuada, sino que van siendo reemplazados. Desde 1997 es una reserva marina de España, tanto por su elevada biodiversidad, como por su vulnerabilidad frente a las pescas abusivas, profesionales y recreativas.

Más información

BÁEZ, José Carlos, et al. (ed.). Alboran Sea-Ecosystems and Marine Resources. Springer Nature, 2021.

CASCIELLO, Emilio, et al. The Alboran Domain in the Western Mediterranean evolution: the birth of a concept. Bulletin de la Societe Géologique de France, 2015, 186, 4-5, p. 371-384.

COMAS, M. C., et al. The origin and tectonic history of the Alboran Basin: insights from Leg 161 results. En Proceedings of the ocean drilling program scientific results, 1999, p. 555-580.

PARACUELLOS, Mariano; NEVADO, Juan C. y MOTA, Juan F. (dirs.). Entre África y Europa. Historia Natural de la Isla de Alborán. Sevilla: Junta de Andalucía, 2006.

PARACUELLOS, Mariano; NEVADO, Juan C.; y MOTA, Juan F. La isla de Alborán, un olvidado entorno de gran trascendencia ecológica para el MediterráneoParalelo 37, 2007, 19, p. 111-122.

PEREA, Hector, et al. Revealing the earthquake history during the last 200 ka on a large submarine strike-slip fault: The Yusuf Fault System (Alboran Sea). 2020.

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La mayor parte de los investigadores coinciden en que Kerné se encuentra en el emplazamiento del actual Mogador (Marruecos), que fue ocupado por los fenicios desde el siglo VII a.C.

Localización de Mogador en Marruecos. Fuente: Google Maps

El término nombra históricamente una isla que se puede localizar en la literatura antigua de periplos. Para los griegos era uno de los extremos de la Tierra, conocida como el último lugar a donde llegaban los fenicios a comerciar y también donde los cartagineses instalaron su colonia más lejana.

Esta denominación se vincula con las embarcaciones que en época prerromana se aventuraron a navegar por aguas del Atlántico africano. Es una clara alusión a las habilidades náuticas de los pueblos fenicios y púnicos, los que durante siglos se adentraron en el Mediterráneo, y que también fueron capaces de bordear, en mayor o menor medida, las costas de África. Dos autores, Guerrero y López Pardo, explican este hecho histórico.

Mogador en un mapa del siglo XVIII

La leyenda sobre la mítica Kerné

Había un mito vinculado con este nombre que lo alejaba bastante de su lugar geográfico conocido. La Kerné imaginaria se podía situar a lo largo de la costa oeste del actual desierto del Sahara y se identificaba como el país de los etíopes. Hay que apuntar que según una antiquísima concepción existían dos pueblos etíopes, uno situado en el extremo suroriental (donde actualmente se ubica Etiopía) y otro en la parte occidental de África, más o menos en la misma latitud (que no es real, pero que durante siglos tuvo mucha aceptación).

Situación en África de Etiopía

Según esta idea, a la costa atlántica que bañaba este país imaginario se denominó «Mar Etiópico», tal y como se puede apreciar en el mapa inferior. Hay quiénes sitúan la mítica Kerné en esta parte del continente, mucho más abajo de lo que está.

Localización del mar Etiópico

Las condiciones de navegación

Los vientos, el oleaje y las corrientes favorecían la navegación desde el norte al sur, pero de sur a norte se deban condiciones adversas que hacían pensar que si bien la ida era fácil, la vuelta se tornaba peligrosa y casi imposible. Sabemos por fuentes griegas que desde el Estrecho de Gibraltar hasta Mogador se tardaban doce jornadas y que más allá el mar no era navegable «debido a los mares poco profundos, la arcilla y las algas. El alga tiene el ancho de una mano y está afilada arriba, por lo que pincha» (Pseudos Scylax, del s. III a.C.).

A pesar de estas dificultades, existen evidencias arqueológicas de intercambios comerciales desde el siglo VIII a.C., aunque casi todas tienen como límite Kerné.

Los barcos que navegaron por el continente africano en época prerromana

Como las condiciones naturales no eran muy favorables para los viajes de retorno, muchos investigadores han descartado que los barcos que hacían esta ruta fueran muy grandes. Por eso apuestan porque fueran naves de mediano y pequeño porte, más fáciles de manejar cuando las olas, las corrientes y los vientos dificultaran el avance. Cabe la posibilidad de que se tratara de los conocidos hippoi fenicios, que ofrecían la posibilidad de una propulsión mixta que permitiera usar los remos cuando las condiciones atmosféricas fueran contrarias.

Moneda que representa una nave de guerra fenicia, fechada sobre el siglo VI a.C. Museo Nacional de Beirut

Mederos describe las características comunes de los hippoi como barcos con roda y codaste elevados en su proa y popa, que presentan como prolongación de la roda una cabeza de animal con forma de caballo a modo de mascarón, mientras en el remate superior del codaste (justo en el otro extremo de la nave) aparece una flor de loto, o de papiro, entreabierta. Contaban con un mástil, que en ocasiones aparece desplazado hacia la proa, y que era abatible según las necesidades.

Barcos transportando troncos de madera. Palacio de Sargón II (Khorsabad, Irak). S. VIII a.C. Museo del Louvre.

Para concluir

Kerné, la real, la que se sitúa en el sur de Marruecos, fue posiblemente el límite de las expediciones comerciales fenicias y púnicas. Sin embargo, hay leyendas acerca de una ciudad mucho más alejada, con la que los púnicos tenían contactos. De momento no disponemos de evidencias sobre ello, pero sí que sabemos que los hippoi fenicios, dotados tanto de vela como de remos, se aventuraron a navegar la costa norte de África en su fachada atlántica. El periplo del general cartaginés Hannon, del que también se dice que llegó muy lejos en su intento de circunnavegar África, forma parte de otra historia que abordaremos en próximas entradas.

Más información

DOMÍNGUEZ MONEDERO, A. El periplo del Pseudo-Excilax y el mecanismo comercial y colonial fenicio en época arcaica. En SÁEZ, F y ORDÓÑEZ, S (eds.) Homenaje al Prof. Presedo, Sevilla, 1994, p. 61-80.

FeniciosThe pheniciens.com, 2018.

GARRIDO CHACÓN, Helia María. Las arqueofaunas malacológicas varias (no muricidae) en talleres de púrpura romanos del Mediterráneo occidental y AtlánticoArqueología y Territorio, 2017, 14, p. 145-158.

GUERRERO AYUSO, Víctor. La navegación en el mundo antiguo. Mercantes fenicios y cartaginesesAldaba: revista del Centro Asociado a la UNED de Melilla, 1998, 30, p. 141-192.

GUERRERO AYUSO, Víctor. Las Naves del Kerné. II. Navegando por el Atlántico durante la protohistoria y la antigüedad. En: GONZÁLEZ ANTÓN, Rafael, LÓPEZ PARDO, Fernando y PEÑA ROMO, Victoria. (eds.). Fenicios, Púnicos y el Atlántico. IV Coloquio Internacional del Centro de Estudios Fenicios y Púnicos. Madrid: Centro de Estudios Fenicios y Púnicos, 2004, p. 69-142.

Las naves fenicias. Blog de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval, 2020.

LÓPEZ PARDO, Fernando. Las naves de Kérné (I). Las referencias literarias. En: GONZÁLEZ ANTÓN, Rafael, LÓPEZ PARDO, Fernando y PEÑA ROMO, Victoria. (eds.). Fenicios, Púnicos y el Atlántico. IV Coloquio Internacional del Centro de Estudios Fenicios y Púnicos. Madrid: Centro de Estudios Fenicios y Púnicos, 2004, p. 51-68.

MEDEROS MARTÍN, Alfredo y ESCRIBANO COBO, Gabriel. Caballos de Poseidón. Barcos de juncos y hippoi en el sur de la Península ibérica y el litoral atlántico norteafricano. SAGVNTVM. Papeles del Laboratorio de Arqueología, 2008, 40, p. 63-77.

SHIPLEY, Graham (ed.). Pseudo-Skylax’s periplous: the circumnavigation of the inhabited world: text, translation and commentary. Liverpool: University Press, 2020.

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Estimados lectores, como ya hemos hecho en años anteriores, durante el mes de agosto no vamos a publicar nuevos contenidos, pero sí que se van a ofrecer semanalmente recopilaciones temáticas sobre las entradas ya publicadas. Así, esta semana está dedicada a los mosaicos marítimos antiguos y medievales, sobre el que anteriormente hemos escrito varios textos, que aquí compilamos, señalando los contenidos más importantes.

Dentro del Patrimonio Naval hay un elemento arquitectónico que se ha hecho muy popular por sus características: los mosaicos. Si están bien hechos permanecen durante siglos, suelen ser muy descriptivos, detallados en las escenas que representan y además son muy estéticos. En el blog nos hemos ocupado de muchos de los que han recogido escenas marítimas, tanto en época antigua como medieval.

Representación de Dionisos tirando del barco a los piratas. Museo del Bardo (Túnez). Fuente

Greco-romanos

La cultura grecorromana fue una de las que más utilizaron estos mosaicos, extendiéndolos por casi todo su imperio. En Grecia, en la isla de Delos, por ejemplo, encontramos los de la casa del tridente y el de los delfines. La mayoría de los conservados son de la última mitad del siglo II a. C. y principios del siglo I a. C., durante el período helenístico y principios de la Grecia romana.

Delfines en los mosaicos de Delos (Grecia)

Los romanos, herederos de los antiguos griegos, siguieron con esta técnica, mejorándola y ampliándola significativamente. En España tenemos muestras magníficas, como el de Noheda y el de Alcalá. En Italia uno de los más interesantes está en Ostia, el puerto de Roma. En otros continentes hay ejemplos como el mosaico de Lod (Israel) y los norteafricanos, muchos recogidos en el Museo del Bardo (Túnez). Casi todos datan del siglo III y recogen escenas marítimas y navales de indudable belleza y trascendencia. Vamos a verlos un poco más detenidamente.

En el de Noheda la parte más relevante es una corbita (nave de comercio romana) que transporta a dos personajes de la literatura de Homero: el príncipe Paris y la espartana Helena. Representa, además de la circunstancias del nacimiento de Paris, tanto la salida de la pareja del Peloponeso como su llegada a Troya.

En el mosaico de Alcalá vemos una tarea marítima de pesca, en la cual tres jóvenes recogen sus redes. Aparecen rodeados de una abundante fauna marina, en la que se ven representados un total de veintidós animales, entre ellos, delfines, morenas, atunes y pulpos. La representación de la fauna y de los paisajes marítimos estaba muy vinculada al arte del mundo mediterráneo ya desde tiempos muy arcaicos, remontándose al menos a la cultura cretense. Fue desarrollada abundantemente por artistas romanos, con fuerte influencia griega.

Ya en la península itálica, en Ostia, el puerto fluvial romano, los emperadores levantaron grandes infraestructuras portuarias. En ella estaba el Foro de las Corporaciones, que contaba con una enorme plaza de la que ha quedado bien conservado el pavimento hecho con mosaicos. En ello se ven frecuentemente los letreros que indican los nombres de los comerciantes, aparecen naves mercantes cargando o descargando productos, algunos confinados en ánforas. En la mayoría están representados los timones latinos, con los que gobernaban el rumbo, y las velas. Con cierta frecuencia hallamos un faro entre las naves, así como animales marinos (delfines, pulpos e hipocampos).

Medievales

Ya adentrados en época medieval destacamos dos, los de Madaba y los de Petra, ambas en la actual Jordania.

El de Madaba es un precioso mosaico que representa un mapa en el que se puede apreciar la franja costera del Mar Mediterráneo y el Mar Muerto. Dentro aparecen dos embarcaciones, aunque han llegado a nuestra época mutiladas, faltándole muchas teselas. Son prácticamente iguales y llevan la misma dotación: un timonel y un marinero. La más completa porta dos timones latinos, uno a cada banda y un árbol central con verga. El casco corresponde al de una embarcación de alta mar, bien sea un dromon de guerra o una nave de carga.

La segunda obra, hallada en Petra, es conocida desde hace poco tiempo, cuando se descubrió y excavó la iglesia católica del siglo V. En ella fueron apareciendo importantes mosaicos de estilo bizantino en los que se representaban animales acuáticos, escenas de pesca y un personaje muy conocido en la mitología de la Antigüedad, Oceanus, el dios de la aguas. Cada uno de los pasillos laterales de la iglesia está pavimentado con mosaicos que representan, aparte de los motivos marítimos antes mencionados, animales reales o mitológicos, así como personificaciones de las estaciones, la tierra y la sabiduría.

Para acabar

Estamos seguros de que quedan muchos por descubrir y que los nuevos hallazgos nos permitirán seguir disfrutando de estas escenas únicas, que ya están incluidas por derecho propio dentro del Patrimonio Marítimo y Naval.

Más información

ABDELKHALEQ, R.A. & ALHAJ AHMED, I. Rainwater harvesting in ancient civilizations in Jordan. Water Science and Technology: Water Supply. 2007, 7 (1), p. 85-93.

URBAN, T.M.; ALCOCK, S. & TUTTLE, C. Virtual discoveries at a wonder of the world: geophysical investigations and ancient plumbing at Petra, JordanAntiquity, 2012, 86 (331).

Viaje virtual a través del mapa de Madaba.

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Esta semana vamos a conocer algo más de la historia de un pueblo, el los vándalos, que destacó por su dominio del mar entre los que se denominaron «bárbaros». Se ha tratado algo sobre ellos, pero no sabemos el motivo por el cuál se han ignorado con mucha frecuencia sus habilidades marineras y cómo éstas dieron lugar a que durante cien años estuvieran azotando por mar al imperio romano desde su sede en el Norte de África.

Desplazamientos de los pueblos «bárbaros» por el continente europeo y por África. Fuente

Un pueblo nórdico que pasa a la Europa continental

Los vándalos originariamente habitaban las regiones ribereñas del mar Báltico. Según Brossard procedían de Suecia. Una vez que abandonaron la península escandinava se fueron a vivir a las llanuras del centro de Europa. Al poco de establecerse allí se vieron continuamente asediados por los hunos, por lo que se fueron desplazando hasta las orillas del Rin e intentaron atravesar la frontera del imperio, pero los romanos no se lo permitieron. En el invierno del año 406, cuando el río estaba congelado, la pasaron. Así, lo que antes era una barrera se había convertido en un paso firme, que atraviesan y llegan a la Galia (Francia). Desde allí, con actividades de asedio y asalto, avanzan hacia la península Ibérica. En sólo tres años ya habían recorrido la parte este de Europa.

Desplazamiento de los vándalos desde los países nórdicos. Fuente

Se habían asentado en el sur de la península y habían aprendido técnicas de carpintería de ribera, posiblemente de los pueblos que allí vivían. El dominio de la construcción naval les permitió hacer sus propios barcos y les dio un poder nuevo, el del dominio del mar. Parece que su espíritu marítimo había surgido en Cartagonova (Cartagena), cuando vieron la enorme flota romana en el puerto. Por sus venas corría la sangre de sus antecesores nórdicos, expertos en temas náuticos. Además, su asentamiento en Hispalis (Sevilla) les permitió entrar en contacto con los carpinteros de ribera hispanorromanos.

Su forma de vida nómada y de obtener el sustento a base de asaltos les terminó convirtiendo en enemigos de los romanos, que hicieron un pacto con los visigodos para expulsarlos de Iberia. Pero su rey Genserico, hijo de un jefe vándalo y una esclava, sería quien llevaría a su pueblo a las mayores victorias conocidas.

Llegan al Norte de África

Cuando fueron atacados por romanos y visigodos huyeron en sus naves al norte de África (año 429). Esta emigración fue la más numerosa de un pueblo bárbaro por mar (se cree que fueron unas ochenta mil personas), ya que otras fueron pequeñas incursiones o traslados de familias, como las que llevaron a cabo los sajones en Britania en su segundo desembarco en la isla. Algunos autores afirman que los vándalos debieron llevarse consigo a carpinteros de ribera hispanorromanos hasta su nuevo emplazamiento africano, aunque no sabemos si fueron obligados a embarcar o si lo hicieron de manera voluntaria.

Allí, en el norte del continente africano, establecieron su reino y poco a poco fueron conquistando los territorios del imperio de Roma, avanzando hacia el este. Primero hicieron de Hipona su capital, hasta que llegaron a Cartago, que se había convertido en una populosa e importante ciudad romana. En ella instalaron su nueva capital y se hicieron con la flota imperial, lo que reforzó su poder marítimo.

Movimientos de los pueblos vándalos dentro de las fronteras del imperio romano. Fuente

Su reino en el sur del Mediterráneo

Sabemos muy poco de los conocimientos de construcción naval de este pueblo, pero se da por hecho que consiguieron controlar las técnicas que aprendieron en Hispania y que las fueron desarrollando una vez que se asentaron en el continente africano.

Tras conseguir establecer una dinastía, intentaron conquistar la península itálica y llegar hasta Roma. Unos años más tarde lo consiguieron y lograron atraer las miradas del gigante del éste, el imperio romano de Oriente, que los veía como piratas que estaban usurpando su territorio. Habían conseguido controlar una parte importante de los terrenos agrícolas que eran la base de la alimentación del imperio, primero el norte de África, el granero principal, posteriormente Sicilia, luego Cerdeña y al final Roma, así hasta llamar la atención de Bizancio.

El reino vándalo o Vandalia. Fuente

Bizancio les ataca por mar

El rey bizantino mandó a uno de sus más brillantes generales, Basilisco, a atacarlos, y en un primera instancia parecía que había ganado la batalla. La flota romana estaba anclada a varios kilómetros de la costa, a la espera de la rendición vándala. Pero éstos solicitaron cinco días para hacerlo y en ese tiempo lo que tramaron fue cargar pequeños barcos con vasijas de aceite y sustancias inflamables. Cuando salieron al encuentro de la flota imperial, les ataron el timón para que llevaran el rumbo deseado y los estrellaron contra la gran cantidad de naves romanas, causando multitud de bajas y haciendo huir a Basilisco. Eran los barcos de fuego que se habían usado desde hacía mucho tiempo. Fue una humillación terrible, que costó muchas vidas. Genserico, su caudillo, había conseguido otra victoria naval. Sin embargo, tras gobernar unos cuarenta años falleció, dejando a sus descendientes el trabajo de mantener el territorio norteafricano conquistado que, muy a su pesar, el imperio romano terminó aceptando.

Un caballero vándalo representado en un mosaico de Cartago. Fuente

Decenios después sería Belisario, mandado por el emperador Justiniano, quien los derrotaría en otra batalla naval. Su mano derecha era el almirante Calonimus de Alejandría. Por los textos sabemos que para llegar desde Constantinopla tuvieron que armar una flota de casi 600 naves (500 de transporte y 92 dromones) y embarcar unos 30.000 hombres. Los dromones medían casi 30 metros de eslora por cinco de manga, eran monorremes y llevaban espolón.

El inicio del fin

La segunda flota bizantina zarpó en junio del año 533 rumbo a Cartago. Tardaron unos 3 meses en llegar a la costa de Túnez. Desde allí salió un grupo por tierra, en un camino paralelo a la costa, en dirección a Cartago, mientras que las naves en las que habían navegado hasta allí les guardaban su flanco derecho. La batalla fue terrible, murieron miles de soldados y su rey fue llevado a Constantinopla para sufrir las iras del pueblo y morir dilapidado. A partir de ese momento los vándalos empezaron a desaparecer de la Historia. Sin embargo, su nombre ha quedado como sinónimo de personas destructivas, salvajes, brutales y violentas. Nada se dice del poder que consiguieron en el mar, ni de sus conocimientos y habilidades. Tampoco sabemos cómo burlaron la ley romana de prohibir la transmisión de técnicas de navegación y construcción naval a cualquier bárbaro.

Más información

ÁLVAREZ JIMÉNEZ, David. El reino pirata de los vándalos. Sevilla: Universidad, 2016.

DE BROSSARD, Maurice. Historia marítima del mundo. Madrid: Edimat Libros, 1976.

COURTOIS, Christian. Les Vandales Et L’afrique. Paris: Service des Antiquités, 1955.

FERREIRO, Miguel Ángel. ¿Quiénes fueron los vándalos?. El reto histórico, 2020.

FOURNIER, Eric. The Vandal conquest of North Africa: the origins of a historiographical persona. The Journal of Ecclesiastical History, 2017, 68, 4, p. 687-718.

HERNÁNDEZ DE LA FUENTE, David. Vándalos: El reino pirata que sometió Europa por mar. La Razón, 23/04/2017.

HUGHES, Ian. La conquista del reino vándalo. Las batallas de Ad Decimum y Tricamerum. Desperta Ferro, 2020.

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En época romana el trigo era una fuente de alimentación básica y llegó a tener tanta importancia que los senadores usaban su distribución para conseguir votos de los ciudadanos. Como en Roma no se cultivaba, tenía que llegar a la urbe desde Egipto, Norte de África, Sicilia e Hispania por vía marítima. Su gestión y suministro recibió una denominación, annona, que estaba asociada a una diosa de igual nombre. Sin embargo, a pesar del volumen de mercancías trasladadas a través del mar, contamos con escasa información arqueológica sobre el procedimiento y el sistema de transporte de los cereales. Vamos a explicar lo descubierto hasta ahora.

Confección del pan. Fuente

Los barcos del trigo

El transporte marítimo ofrecía una serie de ventajas tales como que era mucho más rápido, efectivo y menos costoso que el traslado por vía terrestre. Ello supuso que el medio más utilizado para que Roma recibiera los alimentos y otros productos a gran escala, tanto para la población civil como para las legiones, fueran los barcos. El traslado de los productos a los puertos marítimos, que solían estar bien comunicados con estuarios y rías, daba la posibilidad de transportar los cargamentos por vía fluvial hasta el interior de ciertas regiones. Es decir, se usaban grandes naves para cruzar el Mediterráneo y otras más pequeñas para el transporte por ríos hasta las grandes metrópolis.

Reproducción de una nave oneraria romana. Fuente

Desde lejos se veían llegar a las embarcaciones que desde Egipto llevaban el cereal a Roma. Llegaban a los puertos de Ostia (a unos 30 km de Roma) o a Puteoli (Nápoles). Solían ser enormes y cargaban entre 1000 y 1800 toneladas de cereal. Luciano de Samósata describe uno de estos barcos, llamado Isis, que llegó al puerto griego de El Pireo, cuyas medidas eran de 55 metros de eslora, 14 de manga y 13,5 de puntal.

Los cascos de las embarcaciones de gran tonelaje que transportaban el trigo eran resistentes y estancos. Estaban construidos con cuadernas bien encajadas y perfectamente revestidas, mediante el uso de largueros, riostras y abrazaderas, así como de clavos de bronce y cobre. El sistema de almacenaje en el interior era básico para su conservación durante el transporte. El grano se llevaba principalmente en sacos, que eran fácilmente manejables y adaptables, tanto para la revisión como para las tareas de trasbordo y descarga.

Relieve que muestra la llegada de las naves a Portus. Colección Torlonia. Fuente

El bajo relieve votivo del Portus (imagen superior), de inicios del siglo III, es una de las representaciones que más información náutica aporta, ya que narra con un realismo casi sorprendente una escena en el puerto de Ostia en la que aparece un gran velero de comercio en la bocana frente al faro y otro análogo en el muelle, describiéndonos la acción de la llegada a puerto con ofrendas del emperador Septimio Severo y la emperatriz, agradeciendo la llegada tras una travesía favorable.

Una vez que llegaban a Portus era necesario hacer uso de pequeñas embarcaciones fluviales (naves caudicariae) utilizadas para el transporte final por el río Tiber hasta Roma. Solían tener una capacidad máxima de 200 tm y una eslora de 27 metros. La embarcación llamada Isis Giminiana, que aparece en la imagen siguiente, es un buen ejemplo.

En esta pintura se puede ver cómo se cargaba en el barco el trigo. La nave se llamaba Isis Giminiana. Necrópolis de Porta Laurentina (al sur de Ostia). Fuente

La vela roja

La vela llamada supparum1 de color rojo era el distintivo de las naves que portaban trigo desde la ciudad egipcia de Alejandría. En el periodo imperial muchas representaciones hacen referencia a naves alejandrinas como aviso de que el trigo estaba llegando, según cuenta Seneca en las epístolas que manda a Lucilio (Epistulae Morales ad Lucilium, 77).

En color rojo aparece marcada la vela supparum. Detalle del relieve Torlonia. Fuente

Otros autores narran que era todo un acontecimiento divisar las naves con las velas rojas, porque era señal de abastecimiento de la ciudad, ya que hubo momentos de escasez debido a malas cosechas o a naufragios muy seguidos. También afirman que sólo los barcos que llegaban a Roma desde Alejandría con cereales tenían autorización para izar el supparum coloreado. Y parece que ésto se hacía cuando la nave se iba acercando a su destino. Por eso avistar esta vela roja en las naves que llegaban al puerto era motivo de alegría y de celebración.

Más información

SABATINI, Gianluca. On Romans’ routes. 2015. También se acaba de publicar una versión en inglés: On the Routes of the Romans: Itinerarium Maritimum Antonini Augusti. 2021. 336 p.

LE GALL, Joel y LE GLAY, Marcel. El imperio romano. Madrid: Ediciones AKAL, 1995.

GARCÍA FUEYO, Beatriz. Notas relativas a las limitaciones introducidas al comercio exterior por vía marítima, conforme a C. Th. 7, 16, 3. Año 420 DCRidrom: Revista Internacional de Derecho Romano, 2021, 26, p. 64-148.

AGUILERA MARTÍN, Antonio. Las rutas comerciales marítimas en el Imperio Romano. Viajes en el Mediterráneo antiguo. Madrid, 2009, p. 123-140.

SANZ PALOMERA, Gustavo. La Annona y la política agraria durante el Alto Imperio romano. Oxford, BAR Internacional Series 2112, 2010, 186 p.

SALIDO DOMÍNGUEZ, Javier. Horrea Militaria. El aprovisionamiento de grano al ejército en el occidente del imperio romano. Anejos de Gladius, 14. Madrid: CSIC, 2011, 610 p.

SALIDO DOMÍNGUEZ, Javier. El transporte marítimo de grano en época romana. Problemática arqueológica. En: R. Morais, H. Granja y A. Morillo (eds.). O Irado Mar Atlantico. O naufrágio bético augustano de Esposende (Norte de Portugal). Braga, 2013, p. 139-178.

PEÑALOZA GÓMEZ, Marcos Thomas. Portus, Classe Naviculariusque: Roma y el control del mar Mediterráneo (s. VI aC-IV dC). Revista de Historia (Concepción), 2019, 26, 1, p. 149-170.

Nota

1 Este nombre también se usaba para denominar a una especie de chal o túnica corta que llevaban las mujeres romanas.

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En la Prehistoria la agricultura dependía de las aguas que caían del cielo. Siglos más tarde la humanidad empezó a dominar la canalización de estas aguas para facilitar el cultivo. Ya en época antigua se inició la costumbre de medir las crecidas de los grandes ríos. Los egipcios fueron los primeros de los que tenemos noticia que medían el caudal del Nilo para conocer cómo sería la cosecha ese año, si abundante o si por el contrario habría escasez de alimento, y con ello hambre y también muertes.

Actualmente para quienes viven en grandes ciudades alejadas de las prácticas agrícolas no es fácil entender bien esta dependencia, pero para una de las civilizaciones antiguas más importantes, la egipcia, el río Nilo era la fuente de vida. De hecho, muchos investigadores afirman que fue el río el que hizo al gran Egipto faraónico. La importancia era tal que en varias ciudades situaron unos medidores de la corriente fluvial llamados nilómetros. Éstos fueron probablemente los primeros dispositivos utilizados para medir la subida y bajada de un río. 

¿Cómo era?

Un nilómetro solía ser una cámara con una columna graduada para medir la profundidad del agua del río, y conociendo el nivel alcanzado poder predecir cuándo ocurrirían las inundaciones. Existen datos de estas medidas desde la primera dinastía egipcia, bajo el rey Djer. Algunos eran más sencillos y en lugar de una columna, lo que se hacía era grabar las marcas de medición en las paredes de la cámara, como se hizo en el de Elefantina.

Nilómetro de Elefantina. Fuente

¿Dónde se situaban?

Estaban en las orillas del Nilo, por lo que recibían el caudal, que era lo que proporcionaba las medidas. En esta sencilla forma de medición para conocer la importancia de la inundación, solía haber una escalera que recibía el flujo de agua. También se podía construir una edificación que la protegiera, con la cima redondeada o rematada por un piramidión (pieza de forma piramidal que se situaba en la parte más alta de la edificación), aunque luego se evolucionó a edificios más complejos.

El caudal medido

La mayoría de los autores consideran que una inundación de 14 a 16 codos era el nivel óptimo. De acuerdo con los registros, una cifra más alta supondría daños, mientras que una más baja sería causa de hambruna. La famosa descripción de los 16 «codos afortunados», hecha por Plinio el Viejo, dice así:

… cuando el ascenso alcanzaba tan sólo los doce codos (unos seis metros), habría hambre; en trece supondría escasez; catorce trae alegría; quince seguridad y dieciséis abundancia gozo o placer. Por encima de esa cifra era un desastre porque suponía un gran inundación que podía arrasar con cultivos, casas, pajares… (Adaptación de la frase de Plinio).

El número de codos que podría marcar iba del 11 al 16 (en griego era IA IB ΙΓ ΙΔ ΙΕ ΙҀ). Es necesario saber que el río Nilo es uno de los más largos del globo (más de 6600 km.), y que por lo tanto el caudal cercano a donde recibe las aguas de inundación es mucho mayor que el que se mide en su desembocadura, con lo cual no está claro dónde estaba situado el nilómetro que podía dar esa medida adecuada en el intervalo de los 14 a 16 codos. Algunos investigadores afirman que pudo ser el que había en Memphis, la que fue capital del imperio faraónico durante mucho tiempo.

Grandes ciudades egipcias situadas en las orillas del Nilo. Fuente

En Egipto es posible que llegara a haber hasta 15 nilómetros repartidos por el cauce del río en época farónica. Incluso también los hubo portátiles, como el que tenía el emperador Teodosio. Uno de los últimos descubiertos ha sido localizado en las ruinas de Thumis, antigua ciudad egipcia del delta del Nilo. Los arqueólogos egipcios y estadounidenses que lo han desenterrado creen que su estructura fue construida en el siglo III a. C. y que estuvo en uso durante unos 1000 años. Es un pozo que consta de una serie de escalones que bajan al subsuelo. Está construido con grandes bloques de piedra caliza y alcanzó los 2,40 metros de diámetro.

Usos posteriores

A pesar de que era una invención egipcia, civilizaciones posteriores lo usaron, tales como griegos, romanos y posteriormente otros países mediterráneos. En Egipto, bajo dominio musulmán, el más famoso fue el del Cairo, que se usó hasta el siglo XIX. Tenía 9,5 metros de profundidad, por lo que se comunicaba con el río a través de túneles. En su centro había una columna que servía para medir las crecidas. Hasta el momento se han hallado unos veinte, recuperados de distintos lugares del cercano Oriente.

Dibujo de un nilómetro. Fuente

Para concluir

En el antiguo Egipto el nilómetro era la herramienta utilizada para conocer el caudal del rio y de esta manera saber cómo serían las crecidas del Nilo. Podía ser desde uno sencillo compuesto por una serie de marcas en la piedra que bañaba el cauce o columnas levantadas con las marcas precisas, hasta una edificación más compleja que se realizaban para este uso.

Con el paso del tiempo parece que su representación se asoció a la prosperidad, por lo que se han encontrado nilómetros en pinturas, esculturas, monedas y documentos, aunque de los construidos en época antigua queden pocos ejemplos.

Más información

BELL, Barbara. The oldest records of the Nile floods. The Geographical Journal, 1970, 136, 4, p. 569-573.

KATARY, Sally LD. Nilometer. The Encyclopedia of Ancient History, 2013.

KRAFT, Kate. The Nilometer and the Sacred Soil: A Diary of a Tour Through Egypt, Palestine, and Syria. Carleton, 1869.

Nilómetros. 2019.

PREYS, René. Hathor, maîtresse des seize et la fête de la navigation à Dendera. Revue d’Égyptologie, 1999, 50, p. 259-268.

SANDRI, Sandra. Nilometers–or: Can You Measure Wealth?. En The Nile: Natural and Cultural Landscape in Egypt. Verlag, 2017, p. 193-214.

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