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Comunicamos que durante el mes de agosto el equipo del blog de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval vamos a dejar de publicar nuevos contenidos semanalmente, aunque esta bitácora, con casi 400 entradas, seguirá navegando en la red. En septiembre continuaremos ofreciendo artículos novedosos y de gran interés.

Deseamos unas felices vacaciones a quienes las disfruten en esta época del año y aprovechamos también para dar las gracias a nuestros lectores por el apoyo que nos muestran.

Los orígenes de los mercados y las ferias son tan antiguos como la propia civilización. Esta tradición ha supuesto no sólo compra-venta de productos, sino comunicación y apertura. En la parte sur del continente asiático el intercambio comercial se daba en algunos sitios en pequeñas embarcaciones, especialmente en las orillas de los ríos. Hoy todavía quedan muchos mercados flotantes instalados en los cauces de los ríos mas concurridos. En ellos podemos encontrar comerciantes, vestidos con colores muy llamativos, remando y vendiendo productos, especialmente frutas y hortalizas frescas. Los mas famosos son los de Tailandia y Vietnam, aunque podemos encontrarlos también en Indonesia y en La India.

Mercado de Can Tho (Vietnam)

Posiblemente fueron los primeros pobladores que habitaron las tierras bajas húmedas de los valles de los ríos, en pleno clima tropical, rodeados muchas veces de espesas selvas, los que empezaron a usar este sistema. Para las personas que allí vivían tenía que ser mas fácil usar los pequeños barcos como su principal modo de viajar, en lugar de tratar de abrirse camino a través de la densa selva. Vendedores y compradores se embarcaban para abastecer y abastacerse, y para ello debían echar mano del medio fluvial. Era una necesidad, ya que los caminos terrestres no eran fáciles, ni estaban accesibles.

Mercado flotante de Damnoen Saduak (Bangkok, Tailandia)

Esta antigua forma de hacer comercio, usando el medio acuático, hoy se ha convertido en una atracción turística de importancia, y en muchos de los viajes a esta parte del mundo hay programadas visitas a los mercados flotantes que todavía quedan. Algunos están ya inundados de turistas, mientras otros han conseguido mantener la esencia de hace siglos.

Mercado de Bangkok

Diferencias según los países y las culturas

Vamos a conocer algunas de las características de este colorido intercambio. El color, el olor y el ruido son comunes a todos ellos, también la mercancía fresca. Sin embargo, hay ciertas peculiaridades que diferencian a los de Tailandia de los de Vietnam y a los indonesios de los indios.

Vietnam. Fuente

En las naves indonesias van mujeres, que son las vendedoras tradicionales (imagen de la izquierda), mientas que en La India (imagen derecha) son exclusivamente los hombres los que se encargan de vender los productos.

 

En los mercados flotantes de Vietnam (Cai Rang y Can Tho) las naves llevan un gran palo, que suele ser muy alto (aunque a veces se encuentra en horizontal, a unos 2 ó 3 metros, como podemos ver en la imagen derecha), en el que se cuelga una muestra de los productos que allí se puede adquirir (imagen izquierda). Los tradicionales mástiles se convierten así en elevados escaparates, para que el comprador pueda avistar de lejos la fruta o verdura que le interesa.

 

Los mercados flotantes han permanecido y permanecen fuertemente arraigados en la cultura del oriente asiático, y son una forma mas de rememorar la historia marítima de la Humanidad.

Más información

 

Hay ciertas historias que, a pesar de que son conocidas, siempre es alentador recordar. La de Howard Carter y Lord Carnavon es una de ellas. Resulta que en la tumba que descubrieron, la mas famosa de la historia, había una cantidad importante de pequeños barcos. El rey niño Tut (Tutankamon) fue enterrado con 35 modelos de naves, que le servirían para navegar por el mas allá. Su espléndido tesoro, el que lo ha hecho conocido en el mundo entero, contenía un grupo de modelos de barco, y de algunos tenemos imágenes, que se han expuesto hace poco tiempo.

No son las inmensas naves de la tumba de Keops, sino pequeños objetos, que sin embargo presentan gran interés, tanto por hallarse en la tumba del rey mas famoso del antiguo Egipto, como por lo que significan para la historia de la construcción naval.

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Sarcófago de oro del rey Tut

Barcos fluviales 

Pronto se va a celebrar el centenario del descubrimiento de la tumba de Tutankamon, y recientemente han salido a la luz pública papeles e imágenes del hallazgo. También en unos meses se supone que en el nuevo Gran Museo de Egipto estarán expuestos estos barcos en miniatura. Mientras comentamos aquí algunos de los modelos conocidos.

a) Imagen de la tumba de Tut, con los modelos de barco

En esta fotografía de la época se pueden apreciar los barcos que se hallaron en la tumba del faraón de la XVIII dinastía. Están en la parte superior, tanto a la derecha como a la izquierda, y se puede comprobar que había de distintos tamaños.

Antigua imagen de los tesoros encontrados en la tumba del rey Tut, en 1922. Fuente

b) Una nave policromada

La nave inferior representa una barca fluvial bellamente decorada. En el centro lleva una cámara, en la que irían los pasajeros. La propulsión sería exclusivamente a remo del tipo pagaya o zagual, es decir, un remo corto de una sola pieza, cuyo palo redondo, tiene en el guión una muletilla y en el otro extremo una pala de forma acorazonada.

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Embarcación fluvial

Tiene dos cubichetes, uno a popa y otro a proa. En el de popa irían los timoneles con un timón de espadilla a cada banda. El cubichete de proa se usaría para pescar y para sondar con una larga vara.

c) Embarcación con vela egipcia

Barco fluvial propulsado a vela y remo. Los remos y los timones los mismos que en el caso anterior. El árbol en el centro está rodeado por unos mamparos que hacen pensar que, una vez izada la vela, podría ponerse un toldo y convertir el lugar en una cámara. La vela es la clásica vela redonda egipcia de la época.

Barca fluvial a vela y a remo

El grátil de la vela está envergado a una entena, como en todas las velas cuadras o redondas. La novedad consiste en que el pujamen, la parte baja de la vela, también está envergado a otra entena. La gran cantidad de cabos que caen desde el calcés del palo, sirven para mantener la entena del pujamen en posición. Los cubichetes de popa y proa están muy decorados, de lo que se deduce que podían servir de asiento a los pasajeros.

En síntesis

Estas pequeñas naves son de gran interés para el estudio de la construcción naval en la época protohistórica y una muestra fehaciente de la historia marítima de una de las grandes civilizaciones del mundo antiguo: el Egipto faraónico.

Más sobre el antiguo Egipto

El Atlas de las Indias Occidentales, o compendio descriptivo de las Indias Occidentales (en inglés The West-India atlas, or, A compendious description of the West-Indies) se publicó en Londres en 1775 y está ilustrado con cuarenta cartas y mapas. Se completa con un relato histórico de los varios territorios e islas que componen esa parte del mundo, su descubrimiento, situación, extensión, fronteras, producto, comercio, habitantes, gobierno, religión, entre otros.

Atlas indias orientales XVIII

Portada del Atlas del siglo XVIII

El autor

Thomas Jefferys (1717-1771) era geógrafo del príncipe de Gales y posteriormente del rey inglés Jorge II. Después de la muerte de Jefferys su negocio pasó a Robert Sayer y John Bennett, que en 1775 publicaron los mapas en forma de atlas por primera vez.

Thomas era un excelente y preciso dibujante, y fue autor de varios grabados que representaban al monarca y a varios de sus ayudantes mas cercanos, entre ellos algunos altos cargos de la Armada inglesa.

Sus cartas náuticas fueron de gran importancia en la guerra de la Independencia norteamericana.

La obra

Este magnífico atlas, que la historiografía inglesa alaba y describe como el mejor, sin embargo sólo se detiene en las costas e islas del Caribe, aunque nos consta que el autor había cartografiado otras zonas del continente americano. Otra nota importante para la investigación peninsular es que recoge las islas atlánticas de las coronas española y portuguesa (Canarias, Azores, Madeira, y Cabo Verde). Como la investigación angloparlante ya ha dedicado importantes textos a este atlas, desde el blog de la Cátedra hacemos un análisis de la parte hispana, que no siempre ha sido tratada.

Islas Canarias y Madeira

Notas de gran interés para los investigadores, aparte de la descripción de algunos lugares, que incluso aparecen en las cartas náuticas para dar información a los navegantes, es el dibujo de una flota, con el derrotero que va de Cartagena a Portobelo y viceversa. También aparece en otra carta el de La Habana-Cartagena.

Detalle de la carta inferior en la que aparece marcada la ruta de la flota que iba de Cartagena a Portobelo y viceversa.

En la carta inferior, así como en casi todas las del atlas, es destacable el nivel de detalle en cuanto a la toponimia. En esta aparece el istmo de Panamá, así como la representación de los accidentes geográficos mas destacados (tanto costeros como de interior). Y en el centro de todo, una magnífica rosa de los vientos con los 32 rumbos perfectamente marcados. Tanto detalle hace inferir que la información tan precisa de territorio hispano fuese copiada de cartas españolas, práctica realizada con cierta frecuencia por los cartógrafos ingleses.

Caribe costero centroamericano

Como en esos momentos no se tenía toda la información geográfica disponible, hay veces que las islas apenas están cartografiadas (Bequia o Becouya, al norte de las Granadinas), mientras otras aparecen perfectamente descritas. Esta falta de datos hace que, por ejemplo, haya islas cuyas cartas están copiadas y literalmente traducidas al inglés desde otros idiomas, como es el caso del neerlandés (holandés) para Curaçao.

Otra característica peculiar de este atlas es que las islas y costas que se incluyen en las cartas náuticas algunas veces no están centradas en la imagen, sugiriendo que lo mas importante eran las rutas marítimas. Esto se puede apreciar claramente en la carta de la isla de  Sto. Domingo (la Española).

La isla Española

En síntesis: una obra póstuma importante de la parte atlántica del Caribe, con muchos detalles, datos, descripciones y observaciones de indudable valor. Como fuente es de gran interés para la investigación histórica, geográfica y de algunas otras ciencias humanas y sociales. Por eso ofrecemos aquí algunas de las cartas referidas a las islas caribeñas que pueden ser de mayor interés.

Fuente: JEFFERYS, Thomas. The West-India atlas, or, A compendious description of the West-Indies: illustrated with forty correct charts and maps, taken from actual surveys: together with an historical account of the several countries and islands which compose that part of the world, their discovery, situation, extent, boundaries, product, trade, inhabitants, strength, government, religion, &c. London: Printed for Robert Sayer and John Bennett, 1775. Library of Congress.

Un edición posterior de un atlas de este autor se vende por 85000 libras.

En el siglo de la Ilustración, los oficiales de la Armada fueron la avanzadilla técnica y científica que mas colaboró a situar a España en un lugar de privilegio entre las Academias europeas. Una esmerada formación náutica iba acompañada de otra mas ilustrada, acorde con el pensamiento de la época. Sus logros son fácilmente visibles en las obras de Jorge Juan, Antonio de Ulloa, los hermanos Ciscar, Fernández de Navarrete, Mendoza, Tofiño o Vargas Ponce, que fueron traducidas a otros idiomas, y sus autores nombrados académicos en diversos países europeos. Vamos a conocer uno de los cursos que mayor rango científico dió a los oficiales mas brillantes de la Armada.

El lugar de impartición: la Academia de Guardiamarinas

La Academia de Guardiamarinas, pasados los primeros cincuenta años desde su fundación en 1717, tras muchos esfuerzos y no pocas vicisitudes, consiguió alcanzar una solución equilibrada entre la formación científica de los cadetes y el dominio práctico que se requería para el gobierno de un buque de guerra.

Tras el paso de ilustres personajes como Jorge Juan y Antonio de Ulloa y de la apertura de nuevas academias en Ferrol y Cartagena, entraba en una nueva fase: nuevos proyectos exigirían a partir de ahora la rápida formación de astrónomos e hidrógrafos.

Jorge Juan

Un renovado vigor llegó a raíz de la ascensión a la Secretaría de Estado del Despacho y de Marina de Antonio Valdés (1783). Con él finaliza la vieja polémica de la conveniencia de reforzar y ampliar los años de estudios teóricos, al proponerse por parte de los profesores la creación del “Curso de Estudios Mayores”, destinado únicamente a los cadetes y oficiales de Marina que hubiesen dado pruebas de su interés por las ciencias, además de demostrado su capacidad para ello.

Antonio de Ulloa

Con este curso se volvía el camino que años atrás ilustres e ilustrados personajes de la Armada quisieron marcar: formar a hombres de mar que además fueran intelectuales y científicos de primer orden.

Una obra de Gabriel Ciscar

El Curso de Estudios Mayores

La idea de los Estudios Mayores se le asigna a José de Mazarredo, pero era un tema que llevaba muchos años debatiéndose en el seno de la Academia. En 1783 los cadetes mejor preparados, algunos ya oficiales, pasan a seguir Estudios Avanzados (también recibieron el sobrenombre de Matemáticas Sublimes). Por estas fechas las otras dos academias pusieron en marcha dos planes distintos del Curso de Estudios Mayores. Jacinto Ceruti, director de la Academia de Cartagena, redactó un plan para los oficiales allí agregados, que consistía en un repaso a fondo de todas las enseñanzas que recibieron de cadetes, seguido del estudio del curso matemático de La Caille, compuesto de cuatro volúmenes.

El edificio construido a principios del s. XIX para albergar la Escuela de Guardiamarinas de Cartagena

En la Academia de Ferrol, Cipriano Vimercati elevará su propio plan, que consistía en tres años de estudios seguidos de otro de “ejercicio”. En los primeros se estudiarían a fondo las matemáticas, incluyendo el cálculo diferencial e integral, así como la óptica y la astronomía, utilizando para ello los tratados de Bézout y La Caille, el cuarto año se dedicará al estudio de la construcción y maniobra.

Los Estudios Mayores suponen la culminación de la vieja idea de disponer dentro de la Armada de oficiales que fueran auténticos sabios en las artes avanzadas de la navegación. Los tratados y extensión de los estudios quedaron a decisión de los directores de cada una de las Academias, tres verdaderos marinos a la vanguardia de los conocimientos náuticos.

Cartagena y la unificación de los Estudios Mayores

A finales de 1785 se redactaría un nuevo plan más completo que los anteriores en Cartagena. Su autor sería el Ayudante de la Compañía Gabriel Ciscar y Ciscar, que fue destinado en 1783 a cursar allí los Estudios Mayores. No llegó a realizarlos, pues su excelente formación científica hizo que pasara inmediatamente a dar clases de Navegación.

Gabriel Ciscar y Ciuscar

Ciscar elaboró un plan de estudios mayores para la Academia de Cartagena, con una duración de cuatro años. Los agregados al curso debían ser instruidos en diversas materias estudiadas a través de varios tratados de reconocido prestigio, dichas materias eran álgebra, trigonometría, mecánica, óptica, astronomía, y física. El plan de Ciscar tuvo tan buena acogida que por R.O. de 14 noviembre 1785 quedó definitivamente sancionado, haciéndose obligatorio su impartición en las tres Academias.

Portada de dos de las obras mas importante de Jorge Juan. Ciscar actualizó el Examen Marítimo de Jorge Juan

Para reforzar los contenidos del curso, además del empleo de los tratados propuestos a Ciscar, se le permitió mejorar la dotación de los laboratorios de la Academia de Cartagena, concediéndosele la petición de una larga lista de instrumentos de astronomía y física que fueron adquiridos en Londres y París. Las expectativas que se alcanzaron con la realización del curso fueron muy positivas.

Libro de Astronomía de La Lande

La propuesta de Ciscar pretendía una sólida formación científica construida sobre fundamentos de vanguardia en cada una de las disciplinas. Este decidido talante renovador queda claramente confirmado por los manuales que se recomiendan para la docencia.

Óptica de La Caille

A la finalización de los estudios se realizaba un brillante certamen público, en el que participaban ocho oficiales, que disertaban sobre las materias que habían estudiado. Los certámenes tenían una duración de cuatro días, se sorteaban dos oficiales por día y dos puntos sobre los que discernir, una hora sobre cada uno de ellos.

Obras utilizadas

Los libros mas importantes que se usaron en el Curso de Estudios Mayores de Ciscar eran los siguientes (aunque había algunas ediciones posteriores, que también se estudiaban):

  • La Caille, Leçons élèmentaires de mathématiques (1741)
  • Leçons élèmentaires de mécanique (1743)
  • Leçons élèmentaires d`astronomie géometriqué (1746)
  • las Leçons élèmentaires d´optique (1756)
  • R. Smith, A Compleat System of Opticks (1738)
  • Lalande, Traité d`astronomie (2º edición, 1771)
  • P. J. Macquer Eléments de chymie practique (1751)
  •  Eléments de chymie théorique (1749)
  • A. E. Paulian, Dictionnaire de physique (3 volúmenes, 1761)
  • A ellos se añadirán las muy conocidas obras de Nollet, Bézout y Bails.

Por Alberto Hoces García, doctorando de la Cátedra de Historia Naval

Dada la trascendencia de la guerra naval para España en el siglo XVIII –siglo en el que entra como potencia y del que se despide en franca decadencia– y los múltiples escritos sobre ella, tanto científicos como novelados, sorprende no encontrar demasiados que traten la marinería. Por ello, en este breve texto se trata algo fundamental en ambos aspectos: la Matrícula de Mar.

Pescadores y maestranza fueron los principales objetivos de la Matrícula de Mar. “Fishing boats off a jetty”, Arthur J. Meadows, 1862. Royal Museums Greenwich.

¿Qué es la Matrícula de Mar? 

Fue un sistema de reclutamiento ideado en el S. XVIII para dotar a los buques de la Armada de tripulaciones competentes con las cuales enfrentar los riesgos a los que estaba expuesto el Reino. A diferencia de otros modelos basados en levas, como el sueco o el más conocido inglés, que enrolaban a sus marineros mayoritariamente a la fuerza, la Matrícula perseguía hacerlo de una manera más justa, mediante una inscripción generalizada. Eso sí, el servicio también era obligatorio.

“Marinero de la costa del Mediterráneo”, Juan Carrafa, 1825. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica

Si bien los primeros intentos de instaurar un sistema de inscripción similar se remontan a un intento del Conde-Duque de Olivares, no es hasta el advenimiento de la dinastía borbónica cuando los condicionantes sociopolíticos son propicios. Así, entre las reformas centralizadoras de Felipe V, es más sencillo entender este sistema de obligaciones y privilegios que había pretendido instaurar Olivares en una marina mucho más disgregada en cuanto a funcionamiento y marco ordenador.

Representación de un marinero inglés. Detalle de “Sailor”, anónimo inglés del siglo XIX. Fuente: Royal Museums Greewnwich

Un listado de la gente de Mar

Sobre el nuevo funcionamiento de la Armada se estableció la Intendencia General de Marina en 1717, bajo cuya responsabilidad se había de levantar un listado de la gente de mar. El primero fue ordenado el 28 de enero de ese mismo año para Guipúzcoa y, si bien no funcionó como se esperaba, resulta notable pues se establecieron dos de los objetivos primordiales de este sistema: garantizar el comercio con América y la seguridad en el Mediterráneo. Ambos de especial relevancia para recuperar la posición internacional que España había perdido en la reciente Guerra de Sucesión.

El Mediterráneo se convirtió en un nuevo punto de atención de la monarquía. “Mediterranean coast scene”, Nicholas Pocock. Fuente: Goverment Art Collection

Con la instauración del sistema de Departamentos Marítimos en 1726 se redactó la instrucción general que debía seguir el renovado sistema de registro marítimo, a instancias de Patiño; y ya en 1737 el Infante Almirante promulgó las exenciones y privilegios que habrían de gozar los matriculados. A saber: el fuero de Marina, la exención de reclutamiento para los ejércitos de tierra, la exoneración de cargas municipales y de alojamiento de tropas y, especialmente, la exclusividad de practicar los oficios marinos.

Conocida pintura inglesa que simboliza los excesos cometidos contra los marineros y el poco dinero que recibían a cambio de su trabajo. “The sailors return”. Fuente: Royal Museums Greenwich

En la práctica, suponía institucionalizar la obligatoriedad de la matriculación, lo que sumado al establecimiento claro y meridiano de las competencias de cada uno de los oficiales del Cuerpo del Ministerio, supuso un espaldarazo definitivo para la misma.

“Pescador de la costa del Mediterráneo”, Juan Carrafa, 1825. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica

De esta forma, en 1751, ya bajo iniciativa del Marqués de la Ensenada, se publicó la Ordenanza para el régimen y fomento de la marinería matriculada; que reseñamos como principal en el tema que nos ocupa. No sólo porque estuviera en vigencia hasta 1802 –fecha en que se publicó otra Ordenanza–, abarcando la segunda mitad del XVIII, conocida por ser la Edad de Oro de la navegación a vela, sino porque supuso la aplicación efectiva del sistema.

“Fishing boats in a breeze”, Charles M. Powell. Fuente: Royal Museums Greenwich 

Así, se establecían cuatro listados por localidad: uno para la gente de mar, otro para la maestranza, un tercero de jubilados y un último de muchachos. En cada uno de estos listados se formaban a su vez cuatro cuadrillas equilibradas, de las cuales una, elegida por sorteo, había de servir en los navíos del Rey durante una campaña –es decir, un año. Teóricamente, esto garantizaba que el servicio obligatorio se prestara cada cuatro años.

Ejemplo de incapacidad física por la que un matriculado era incluido en el listado de jubilados. “A distressed sailor”. Fuente: Royal Museums Greenwich

El sistema debía garantizar el conocimiento de todas personas dedicadas a la mar en el país, por lo que, además, se indicaba en el nombre de cada una de ellas la clase a la que pertenecía: artillero, marinero, grumete o paje; con el fin de tener constancia de sus habilidades concretas. El nivel de previsión alcanzaba la inclusión de forasteros nacionales –naturales de otra localidad distinta a la de residencia– en listas específicas para ello, para posteriormente asimilarlos a la del municipio.

“Barcas del bou en el puerto de Valencia”, Rafael Monleón y Torres. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica

Síntesis

La Matrícula de Mar supuso, sin duda, uno de los mayores –y mejores– intentos de reformar la Armada para hacerla más eficiente, pero no tuvo el éxito esperado. Podríamos citar, entre otros motivos, la falta de pagos tanto a los matriculados como a los distintos oficiales encargados de su funcionamiento y administración; pero las casuísticas son muchas más, por lo que se tratarán en otra entrada.

Bibliografía

HOCES-GARCÍA, Alberto. La Matrícula De Mar en el Departamento Marítimo De Cartagena durante el siglo XVIII: una complicada aplicaciónMediterranea-ricerche storiche, 3025, no 12, pp. 539-558.

VÁZQUEZ LIJÓ, José Manuel. La Matrícula de Mar y sus repercusiones en la Galicia del siglo XVIII. Obradoiro de Historia Moderna, 2006, 26,  pp. 289-322.

Esta entrada es continuación de otra, en la que se muestran los detalles periféricos de la carta náutica del mallorquín Mateo Prunes de 1559. Aquí nos ocupamos de la zona continental y costera, así como de las magníficas ilustraciones que contiene. Se han añadido dos galerías de fotos para que se puedan contemplar mejor los detalles (para aumentar las imágenes de cada galería sólo debe pinchar sobre ellas y se agrandarán).

En el continente africano el cartógrafo, en un despliegue de sus conocimientos plásticos, incluye animales como leones, jirafas, camellos, elefantes y unicornios, y alguna figura mítica propia de los bestiarios medievales.

 

Las islas y las leyendas mágicas

Aparte de recoger acertadamente la mayor parte de las islas del Mediterráneo, las otras están fuera de su localización real. Las islas portuguesas del Atlántico, como por ejemplo los archipiélagos de Madeira están demasiado cerca de las Canarias.

Canarias y Madeira

Los de las Azores, que servían de recalada a las naves que volvían de las Indias, aparecen entre las figuras de S. Nicolás de Bari, la Virgen y Santa Catalina.

Las islas Azores, un poco alejadas de su actual situación

Las leyendas medievales siguen impregnando la cartografía renacentista, especialmente en lo referente a las islas míticas. En el mapa de Prunes podemos encontrar representadas, por ejemplo, la isla de Brasil o Frislandia. La isla de Brasil aparece nombrada en un Atlas encargado por los Medicis en el s. XIV y recogida años después por Pizigani (1367) entre otros. Aquí se halla a la altura de Irlanda, en mitad del Océano Atlántico y es redondeada. Esta isla mítica, como la de San Brandán, fue buscada de manera insistente por varios reyes europeos durante los años finales de la Baja Edad Media.

Islas míticas

Otra isla fantástica es Frislandia, visitada por dos hermanos venecianos según un relato publicado en el s. XVI, que la mayoría de los investigadores han concluido que no es auténtico, sino una mezcla irreal de literatura y cartografía. El documento cuenta que Nicolás Zeno, a fines del s. XIV, inició un viaje para visitar Flandes y una fuerte tormenta lo llevó a una isla llamada Frislandia. Posteriormente se unió su hermano Antonio. El príncipe de esta isla tenía bajo su dominio otras como Grislandia, Talas, Broas e Iscant, pero quería conquistar Estotilandia, y mandó a Antonio Zeno a ello. Su barco naufragó y terminaron en Icaria, cuyo rey era descendiente de Dédalo.

Algunas islas meidterráneas en la carta de Prunes (1559)

 Los mares

Como la mayoría de los portulanos, la parte del mundo dibujada se corresponde con la zona del Mediterráneo, aunque Prunes no olvida las costas del Mar del Norte y del Atlántico, pero sólo recoge la más cercanas al continente europeo. El Mar Rojo, el de los textos de la Religión, se halla iluminado de ese color.

El Mar Negro aparece bastante bien perfilado en comparación con el Mar del Norte, mientras que en el Atlántico se reconocen sólo las islas Canarias y las portuguesas, y una serie de islotes del continente americano que están en lugares que podríamos llamar imaginarios.

Mar Báltico en la carta de Prunes (1559)

Las imágenes de los monarcas de la época

Prunes incluye en la mayoría de los reinos una imagen de sus gobernantes, e intenta personalizarlos.

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El rey español, con sus atributos y escudo correspondientes

Las ilustraciones dedicadas a los reyes del continente africano de nuevo incluyen múltiples referencias a las leyendas que circulaban sobre ellos, sus territorios y algunos de sus habitantes.

Rey de Guinea mejorado

Imagen fantástica del rey de Guinea

 

En este impresionante despliegue de conocimientos geográficos fantásticos no podía faltar el mítico reino del preste Juan, esta vez localizado en la costa oeste de África.

Reino Preste Juan mejorada

Se puede ver que cerca del río aparece el mítico reino del preste Juan (Joan).

Síntesis

Con este portulano de Prunes nos hallamos ante un documento cartográfico realizado en la Edad Moderna, que refleja importantes avances técnicos, pero que especialmente en sus imágenes retoma el espíritu onírico y fantástico propio de la época medieval.

Esta magnífica carta se halla en una institución estadounidense, lo que posiblemente sea el motivo de que en España sea tan desconocida. De hecho, se ha estudiado otra posterior (de 1563), que sí que está depositada en el Museo Naval de Madrid, pero que estéticamente es mucho menos rica.

Nota:

Las imágenes han sido mejoradas con un programa específico y tratadas para agilizar la descarga de la entrada.