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Hay ciudades inmortales, de todas ellas algunas se han mantenido como asentamientos humanos (Roma, Jerusalén, Constantinopla), pero otras han desaparecido. Entre esta últimas, favorecidas por la leyenda y el misticismo, hay una cuya fachada es muy conocida, mucho más que su emplazamiento real o sus orígenes. Sólo su nombre evoca un pasado milenario, Petra.

Localización Petra en el mapa

Localización de la ciudad de Petra

Sin embargo, era difícil que una ciudad en medio del desierto jordano tuviera alguna relación con la historia marítima. Pero descubrimientos de hace pocos años y estudios recientes están mostrando que sus habitantes tenían fuertes vínculos con el agua y con sus recursos.

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El monasterio de Petra, posiblemente el segundo más conocido de la ciudad tras la famosa fachada del Tesoro

Petra fue fundada en el siglo VIII a. C. y terminó siendo ocupada por los nabateos cuatro siglos después. Estos eran importantes comerciantes que utilizaban la ruta del incienso y la de la seda en sus intercambios, y gracias a la cual consiguieron una gran riqueza que les sirvió para levantar los impresionantes monumentos funerarios por los que es conocida Petra.

Desde que en 1812 Burckhardt, un investigador y explorador suizo, descubriera sus ruinas, de manera alternativa se han ido sucediendo excavaciones arqueológicas, pero por lo que algunos expertos dicen queda todavía mas del 80% sin excavar.

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Mapa de Petra, levantado por Laborde en 1829. Fuente: Biblioteca Nacional de Francia

La canalización del agua

Esta ciudad tiene dos fuertes vínculos con el medio acuático, uno de ellos es la impresionante capacidad que sus pobladores mas conocidos, los nabateos, tuvieron para canalizar el agua de lluvia y el de depósitos cercanos para abastecer a su población. No levantaron acueductos, sino que canalizaron y condujeron el agua haciendo pequeños rebajes en las montañas que la rodean y que le servían de fortaleza. Hoy todavía se puede observar parte de esos canales.

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Canales por los que discurría el agua en la época en la que la antigua  Petra era una ciudad habitada

Se han encontrado tuberías de agua hechas de cerámica, canales poco profundos y una gran cisterna.

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Resto de las tuberías en las que se transportaba el agua a la urbe

Mosaicos marítimos

La segunda vinculación es conocida desde hace poco tiempo, cuando se descubrió y excavó la iglesia católica. En ella fueron apareciendo importantes mosaicos de estilo bizantino en los que se representaban animales acuáticos, escenas de pesca y un personaje muy conocido en la mitología de la Antigüedad, Oceanus, el dios de la aguas.

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Oceanus, el dios del agua

La iglesia de Petra parece que se construyó sobre restos de edificios previos nabateos y romanos, alrededor del año 450. Fue una gran catedral durante los siglos V y VI, lo que desmonta las teoría del declive urbano después del terremoto que sufrió en el año 363.

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Pescador representado en los mosaicos

Cada uno de los pasillos laterales de la iglesia está pavimentado con unos 70 metros cuadrados de mosaicos notablemente conservados, que representan, aparte de los motivos marítimos antes mencionados, animales reales o mitológicos, así como personificaciones de las estaciones, la tierra y la sabiduría.

En resumen, aparte de las ciudades costeras, en las que su vínculo con el mar está patente a lo largo de toda su historia, hay otras que, a pesar de que surgieron alejadas de la costa, hicieron un uso magistral de las infraestructuras, que les proporcionaban los recursos hídricos que necesitaban, representaron magníficamente la mitología marina y las profesiones vinculadas con el mar. Petra, la gran ciudad de los nabateos, es uno de esos ejemplos.

Más información

ABDELKHALEQ, R.A. & ALHAJ AHMED, IRainwater harvesting in ancient civilizations in Jordan. 

URBAN, T.M.; ALCOCK, S. & TUTTLE, C. Virtual discoveries at a wonder of the world: geophysical investigations and ancient plumbing at Petra, JordanAntiquity, 2012, 86 (331).

Tomás López (1730-1802) fue un reconocido cartógrafo español que llevó a acabo importantes mapas terrestres de la Península Ibérica. Pensionado para mejorar su oficio en París, donde trabajó con grandes maestros como La Caille o Lalande, tuvo además la oportunidad de aprender previamente con ilustres e ilustrados marinos de la época como Jorge Juan y Antonio de Ulloa, que fueron los que se encargaron de enviarlo a estudiar fuera de nuestras fronteras. También fue miembro de varias academias españolas.

Un impresionante navío grabado en la portada de una de su obras, el Atlas Geográfico de España. Fuente: BNE

Durante su fructífera vida profesional fue geógrafo real, cartógrafo, editor y grabador de mapas. La Real Academia de la Historia ha publicado un  estudio detallado sobre su vida y su obra. Fundó su propio taller de cartografía y en esta ingente labor sus hijos, Juan y Tomás Mauricio, fueron muy importantes, ya que aprendieron con su padre y siguieron su camino una vez que éste falleció.

Detalle de la parte inferior de la portada del atlas para niños de Tomás López. Fuente: BNE

La cartografía terrestre

Sus mapas fueron reunidos en atlas y posteriormente se imprimieron. La labor de López ayudó a mejorar el conocimiento de la geografía española, aunque no llegó a levantar mapas de elevado nivel científico. Incorporó en ellos la nueva organización administrativa borbónica (divisiones civiles, eclesiásticas y jurisdiccionales) y contribuyó a difundir su conocimiento por los pueblos de España.

Mapa Mundi (1771) del Atlas Geográfico de España. Fuente: BNE

Realizó otros mapas generales y particulares de multitud de territorios extranjeros y de casi todos los continentes. Sin embargo, a pesar de que Tomás López fue uno de los grandes cartógrafos civiles de la Ilustración, su producción de cartas náuticas es prácticamente desconocida. Precisamente por ello en este blog le dedicamos nuestra atención.

Mapa marítimo del Golfo de México e Islas de la América (1755). Detalle. Fuente: BNE

Las cartas náuticas

Tomás padre grabó una Carta náutica de la Baja California (1771) con objeto de que “viesen los ingleses, que entonces cruzaban aquellas costas, el conocimiento, propiedad y posesión que teníamos sobre ellas” y las relacionadas con la expedición que llevó a cabo en 1777 Pedro de Cevallos a Brasil. Igualmente las cartas del Estrecho de Gibraltar (1762), Canarias (1780) y el “Mapa marítimo del Golfo de México e islas de la América”, junto a Juan de la Cruz (1755), entre otras.

Mapa de las costas del Estrecho de Gibraltar (1762). Fuente: BNE

Sus cartas y mapas costeros reflejan multitud de detalles y fue todo un experto en usar, citándolas, las obras de otros autores previos, con lo que se puede decir que documentó, posiblemente mejor que otros muchos, la geografía y la cartografía de su época. Todas están depositadas en la Biblioteca Nacional de España (BNE).

Carta reducida de las Islas Canarias (1780). Fuente: BNE

Hasta sus últimos días siguió mejorando su producción antes de llevarla a la imprenta. Luego tomaron sus descendientes el testigo. Así, algunas de las que ilustran esta entrada fueron realizadas por su hijo Juan.

Carta marítima del reino de Tierra Firme (1785), realizada por Juan López. Es el actual país de Panamá. Fuente: BNE

La familia de Tomás López era dueña de una imprenta, que cambió de domicilio en varias ocasiones (como se puede apreciar en el pié de sus obras). Además de la cartografía, Tomás padre redactó libros sobre cómo enseñar geografía a los niños, manuales, catálogos y un sinfín de textos que demuestran su prolija carrera y que hoy nos permiten apreciar su legado.

Rosa de los vientos que aparece en la carta del Estrecho de Gibraltar. Se han incluido comentarios y anotaciones. Fuente: BNE

Sus trabajos no alcanzaron el nivel de los grandes cartógrafos militares del momento (que levantaban mapas con datos recién obtenidos y sobre el terreno), pero la minuciosidad en la recogida de información y el gusto por el detalle convierten a cada una de sus cartas en una mini-biblioteca geográfica y, además por la belleza de los documentos, en verdaderas obras de arte, dignas de exponerse.

Hay muchos países cuya vinculación con el mar aparece hasta en sus leyendas fundacionales y un buen ejemplo de ello es Nueva Zelanda. Situada en Oceanía, cuyo nombre representa al dios del mar, y rodeada por las aguas del inmenso Pacífico, la tradición aborigen cuenta una historia que evoca elementos marítimos característicos, que con alguna variación ha sobrevivido hasta nuestros días. Incluso hay investigadores que opinan que este país forma parte de un nuevo continente junto a Nueva Caledonia, que llaman Zealandia.

Se compone de dos islas grandes, la Isla Norte y la Isla Sur, con algunas más pequeñas. Está ubicada en el borde entre dos placas tectónicas y forma parte del denominado “cinturón de fuego” alrededor del Océano Pacífico, por lo que la actividad volcánica está presente en su territorio.

Tiene una biología muy característica como producto de su extraordinaria geología. Hace 200 millones de años existía una única masa terrestre, llamada Gondwana. Este supercontinente inicial se separó y dos de los bloques terminaron constituyendo Australia y Nueva Zelanda, aislándolas del resto del mundo y dando lugar, como resultado de la evolución, a plantas y animales únicos.

Dibujo de un kiwi

Los maoríes, sus habitantes aborígenes, la denominan Aotearoa, que también era el nombre de la canoa del primer explorador que según algunas tradiciones llegó a estas tierras.

Familia aborigen en Dusky Bay. A voyage towards the south pole, and round the World (s. XVIII). Fuente BNE.

El nacimiento mágico de la islas 

Las leyendas maoríes cuentan que Nueva Zelanda surgió gracias al semidiós Mäui (el hijo pequeño del dios del inframundo), que literalmente pescó la Isla Norte. Lo que ha dado lugar a una narración que intenta explicar este mágico hecho.

Todo empezó porque los hermanos mayores de Mäui no querían que fuera con ellos de pesca, así que un día se escondió al fondo de la embarcación y no salió de ella hasta estar alejados de la costa.

Para pescar usó un hueso mágico que había heredado de su abuela y como cebo obtuvo sangre de su propia nariz. La primera pieza que cobró fue un enorme pez, que sacó con ayuda de sus hermanos, y que figuradamente representaba la que sería la Isla Norte. Maui advirtió que esperaran hasta que se hubiese apaciguado a Tangaroa, el dios del océano, antes de que comenzaran a cortarlo en trozos. Así, se cuenta que el accidentado litoral fue causado por los hermanos de Mäui, mientras usaban sus cuchillos para cobrar las partes de la presa.

Realmente esta parte norte del país parece un pez. Algunos de los mitos señalan que la canoa que usó Mäui se terminó convirtiendo en la Isla Sur y que con su ancla se formó el archipiélago de las Chatham, aunque hay variaciones a este respecto, ya que otras tradiciones afirman que el ancla es otra de las islas situadas al sur.

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Las islas Chatham están situadas a la derecha de las dos más grandes.

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Las piedras redondas de la isla Sur

También es conocido el origen legendario atribuido a las fantásticas piedras redondas de Moeraki (un pequeño pueblo de pescadores que parece detenido en el tiempo), en la isla del sur de Nueva Zelanda. Estas formaciones rocosas prehistóricas naturales se relacionan con las calabazas que arrastró la marea en el naufragio de una de las ancestrales canoas que llevaron a los maoríes a Nueva Zelanda. Para ellos son rocas sagradas y piensan que las señales que presentan las piedras son marcas de las redes de pesca de sus antepasados.

Así de sencillo de escuchar, pero difícil de explicar, la leyenda fundacional nos cuenta que una de las grandes islas neozelandesas era un pez y la otra un barco, mientras que el ancla terminaría formando alguno de los pequeños archipiélagos. Por otra parte, la que está basada en las piedras redondas, habla de una gran canoa que cruzó el mar para colonizar estas tierras del continente austral. Son algunas de las muchas historias del origen mágico de las tierras que siembran el inmenso Océano Pacífico, en las que el mar es el protagonista indiscutible.

Más información

COOK, J. A voyage towards the south pole, and round the World: Performed in His Majesty’s ships the Resolution and Adventure, in the years, 1772, 1773, 1774 and 1775. London: Printed for W. Strahan & T. Cadell, 1777.

Más leyendas

Hay un grupo de autores grecolatinos, muy estudiados por los investigadores, pero que apenas son conocidos por el gran público. Entre ellos hay algunos cuyas obras tienen una importante vinculación con la Historia Naval y Marítima. Un buen ejemplo es Avieno (S. IV a.C.), que fue el primero que escribió sobre la Península Ibérica, la que luego sería la Hispania romana, poniendo especial atención en sus costas. De esta obra, titulada Ora Marítima, sólo se conservan fragmentos. A pesar de que no está completa, por su interés ha tenido varias ediciones, en distintos idiomas, a lo largo del tiempo.

Está escrita en verso y dedicada a su amigo Probo. La descripción geográfica de las costas europeas va desde Britannia hasta el Ponto Euxino (Mar Negro). Parece que el documento fue resultado del periplo que el propio Avieno llevó a cabo, aunque hay trazas claras de que usó relatos de viajes anteriores. Es como un derrotero, con carácter literario, de hace ya más de trece siglos.

Interpretación de un investigador francés del S. XIX de la geografía europea de autores grecolatinos.  Detalle de una de las ilustraciones. Gossellin, 1814. Fuente: Gallica.

Los expertos no han conseguido ponerse de acuerdo sobre la aportación real a la geografía y a la cartografía de esta obra, pero fuera de esta polémica, la Ora Maritima de Avieno es posiblemente la primera de la Historia que trata de las costas hispanas.

Principales cecas prerromanas

Algunos de los principales asentamientos hispanos que acuñaron moneda en época prerromana. Fuente

Ofrece tanto una descripción física de las riberas peninsulares (cabos, montes, ríos, islas) como de otros aspectos etnográficos, del comercio del estaño y de la presencia griega, fenicia y cartaginesa.

Hay autores como Balboa, que destacan la enorme diferencia que existe entre la descripción mítica de lo que hoy sería el Océano Atlántico (la costa que está más allá de las columnas de Hércules), en la que la naturaleza predomina sobre los grupos humanos “y las notas de la barbarie son las más destacadas”, frente a la descripción del Mare Nostrum, mucho más realista, donde se pone de manifiesto el carácter civilizado de sus habitantes.

Columnas de Hércules

Las columnas de Hércules (Estrecho de Gibraltar) en un mapa basado en los conocimientos geográficos de la Antigüedad grecolatina. Gossellin, 1814. Fuente: Gallica.

Es decir, la parte oeste del Mediterráneo, del mar conocido, se describe mejor y más positivamente por estar más cercana, mientras que las tierras del Atlántico norte, más lejanas y desconocidas, cuya geografía y climatología eran muy distintas a las de las costas griegas, toma en el poema carácter agreste y bárbaro.

Hibernia y Britannia (las actuales Irlanda y Gran Bretaña) en la Cosmographia de Ptolomeo. Fuente: BNE

Es una dicotomía que la Edad Media tomará como suya y extenderá no sólo al Atlántico, sino al mar en general, ocasionando los miedos y terrores que fueron tan comunes en el medievo, y que sólo la era de los descubrimientos consiguió aminorar.

La parte oriental del Mare Nostrum en la Cosmographia de Ptolomeo. Fuente: BNE

Sin tener en cuenta la cercanía o lejanía a la geografía real de la época antigua, la parte que nos ha llegado de la Ora Maritima de Avieno, es una importante fuente sobre cómo los habitantes de la Grecia clásica veían el mundo fuera de sus fronteras helénicas, qué conocían del Mediterráneo occidental (el que en ese momento era como las antípodas del oeste), cómo describían la terra incógnita que había más allá, así como sobre la literatura de viajes a través del mar que existía en la Antigüedad.

Más información

BALBOA SALGADO, A. Más allá de las columnas de Hércules. El discurso espacial de la Ora Marítima de Avieno. Studia Historica. Historia Antigua, 1995-1996, 13-14, p.  195-204.

Breve aproximación a Tartessos. Historia de un reino legendario. Parte I. 2016.

GOSSELLIN, P. Atlas ou recueil de cartes géographiques publiées par P.F.J. Gossellin. Paris: Royal,  1814.

PTOLOMEO, C. Cosmographia. Manuscrito del siglo XV depositado en la Biblioteca Nacional de España, que es una copia de su obra original del siglo I. (Más información sobre este texto y sus distintas versiones aquí).

Nota: La parte de la obra que ha sobrevivido está traducida y publicada en diversas fuentes, tanto en papel (AVIENUS, Rufius Festus. Ora maritima. Barcelona: Fundació Bernat Metge, 1986) como en la red (Culturandalucía). Algunas de las múltiples interpretaciones del texto de Avieno se pueden encontrar en La Contestania. Entidad étnica y organización del territorio y en Megalitismo Atlántico.

Pedro I, zar de Rusia, gobernó su extenso imperio de 1672 a 1725. Desde su infancia fue un enamorado del mar y pasaba horas navegando.

Pedro I, zar de Rusia. Fuente: BNE

Una vez que consiguió estabilizar su convulso reino, decidió viajar por Europa (se sabe que entre 1697 y 1698 estuvo en Holanda y en Inglaterra, que tenían fuerzas navales muy importantes) para conocer las nuevas técnicas de construcción naval, con objeto de formar una poderosa armada que le permitiera fortalecer su gobierno y ampliar las fronteras.

Un dibujo alusivo a la estancia del zar en Holanda. Fuente

Esperaba aprender especialmente las últimas novedades sobre construcción naval y navegación. También quería estudiar la forma de organizar las flotas y reclutar especialistas para volver con él y ayudarle a formar la que sería la primera armada rusa.

Rusia con Pedro I. Fuente

Pedro I el Grande, como es conocido históricamente, mandó a 22 oficiales rusos a estudiar a la Academia Naval española.

Un zar en la corte de Inglaterra

El rey inglés Guillermo III lo recibió con los brazos abiertos, viendo en ello la oportunidad de potenciar el comercio con Rusia (le compraban brea, potasa, sebo, cuero, cereales y pieles). Además, quería participar en el lucrativo negocio de los géneros de lujo como la seda y las especias de Oriente.

Cuando llegó se hospedó en una casa en Deptford, que pertenecía al escritor y cronista John Evelyn (parece que el dueño no quedó muy contento con el inquilino real). Se situaba cerca de los astilleros, donde podía visitar fácilmente los barcos que se estaban construyendo. Tuvo acceso libre a todas las bases navales y militares, incluidos el arsenal y la fundición de armas en Woolwich, y fue invitado a revisar la flota en Portsmouth.

Un dibujo del Arsenal durante el siglo XVIII.

Se sabe que conoció el Observatorio Real de Greenwich con el primer astrónomo real, John Flamsteed, la Royal Society y la Torre de Londres, entre otras muchas instalaciones. 

Visita de Pedro el grande a la flota. MM Greenwich

El rey inglés también le regaló un barco, el “Royal Transport”, que había sido utilizado para trasladar pasajeros importantes a Holanda. Era una de las naves más modernas y tenía un diseño experimental. Fue remodelada para el zar y adornada con tallas de oro.

Rusia en época de Pedro el Grande

El suyo era un país muy apegado a sus tradiciones ancestrales. De hecho, Pedro había sido el primer zar en abandonar Rusia en los últimos cien años. A su vuelta quiso modernizarlo y obligó a su pueblo a adoptar las modas europeas. Quería que Rusia pudiera competir con las potencias de su entorno.

Lomonósov en la orilla del río Moika en San Petersburgo. Litografía del siglo XIX. Fuente

Estableció un gran programa de construcción naval: en 1703 fundó una flota en el Mar Báltico apoyada por ingenieros ingleses. Al final de su reinado servían en ella 28.000 hombres y estaba formada por 49 buques de gran y mediano porte y unos 800 más pequeños.

Una nueva ciudad en los territorios costeros: San Petersburgo

Tras arrebatársela a los suecos, en 1703 funda San Petersburgo y manda construir la Fortaleza de San Pedro y San Pablo, la ciudadela original que luego daría paso a la ciudad. Estaba en la desembocadura del río Neva (en el mapa se puede ver señalada, a la izquierda, en el Mar del Norte).

Vistas de la isla Vasílievski y la fortaleza de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo. Museo del Hermitage. Fuente

El zar quería que la nueva urbe tomase como modelo ciudades como Ámsterdam o Venecia. Deseaba que fuera un gran enclave portuario, que terminó convirtiendo en capital del imperio. Para ello contrató a arquitectos reputados de toda Europa.

Estatua del zar en San Petersburgo, la ciudad que él levantó.

Hoy es una de las ciudades más bellas del continente. Es la segunda metrópoli de Rusia después de Moscú y cuenta con más de cinco millones de habitantes.

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Escudo de la ciudad de San Petersburgo, concedido por la emperatriz Catalina, la hija de Pedro. Detalle de una plano. Fuente.

Epílogo

El zar que de joven jugaba con “barquitos” en un lago ruso, dedicó parte de su vida a aprender sobre náutica y construcción naval. Cuando se afianzó en el poder construyó una potente armada y fundó una de la ciudades portuarias mas bellas de Europa, San Petersburgo. La modernización de Rusia y su rápida evolución hasta convertirse en una potencia fueron muy unidas al desarrollo de su industria naval, y Pedro I el Grande fue su líder indiscutible. Por eso sus conciudadanos lo recuerdan levantando estatuas en las que él siempre aparece junto a un barco, rememorando su pasión.

Más información

HOCES-GARCÍA, A. Pedro I el grande… y Rusia conquistó los mares. Hycmar, 2016.

LEITH-ROSS, P. The Garden of John Evelyn at Deptford. Garden History, 1997, 25,  2, p. 138–152.

Durante el siglo XVIII, cuando la Ilustración volvió a poner de moda la observación y el espíritu científico, muchas personas cultas se unieron a esta corriente, dando a sus aficiones pinceladas académicas. Algunos de estos intentos fueron, con el paso de los años, las bases de algunas de las ciencias actuales. Otras veces fue la propia creación de instituciones museísticas el punto de partida para estos aficionados.

Bogavante real

Bogavante

En España, por ejemplo, en 1771 se crea el Real Gabinete de Historia Natural de Madrid y muchos naturalistas comenzaron a buscar ejemplares para enriquecer la nueva colección. De hecho, en unas instrucciones de 1776, Carlos III ordena a “los Virreyes, Gobernadores, Corregidores, Alcaldes mayores e Intendentes de Provincias en todos los Dominios de S. M. puedan hacer escoger, preparar y enviar á Madrid Naturaleza que se encontraren en las Tierras y Pueblos de sus distritos” (Jiménez, 2015).

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Orla del libro de A. Recondo, que recoge las especies que dibuja y comenta.

En este caso traemos un libro manuscrito redactado por un oficial de rentas (lo más parecido a un recaudador de impuestos), que tenía gran interés por la flora y la fauna. Su título es Producciones y aves maritimas adquiridas en las inmediaciones de las islas de Mallorca por Antonio de Recondo, fechado en 1773.

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Frailecillo o papagayo marítimo

Recondo se dedicó a observarlas y lo combinó con lecturas de famosos naturalistas de la época. También formó una colección con ejemplares disecados. Lo más significativo de este volumen son las acuarelas que contiene y que dibujan una parte de la fauna y flora marítimas de la isla de Mallorca. A pesar de que era un aficionado, quiso tener correspondencia con importantes naturalistas de la época y al final de su vida parece que intentó vender su colección de aves disecadas.

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Pelícano u Onocrótalo

Recondo también comenta y dibuja peces de las costas mallorquinas.

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Pez volador

También se ocupó de la pesca de perlas. De hecho, aparte de incluirlas en su libro, presentó una memoria, en 1779, bajo el título “Memoria sobre Pesca de Corales que presentó… el socio don Antonio Recondo” (Oliver, 2006). En su disertación trata sobre “los tesoros que la Naturaleza ofrece al hombre”, y establece una comparación entre las riquezas que la tierra y el mar proporcionan a la Humanidad. Añade que Mallorca es una fuente inagotable de riqueza, entre ellas de perlas, corales y otros mariscos. Para la recogida de perlas mantiene que se necesita

“un Barco con su escandel, crucero y Plomos, un instrumento o red para arrastrar por el fondo del mar, con su zurrón o manga que recoge cuanto encuentra por diminuto que sea; para recoger las perlas que hayan caido de las conchas al tiempo de arrancarlas. La situación que tienen los corales dentro del mar y unas varas cruzadas con plomos y redes para enredarse los corales. Son los Mapas que el autor presenta y con ellos va a demostrar lo interesante que es al público y al Estado esta pesca, y asegura con admiración que es abundante en las costas de esta Isla”.

Como puede leerse, Recondo estaba seguro de las posibilidades de la pesca de perlas y animaba a la Real Sociedad Económica de Amigos del País a que hiciera pública esta posibilidad y la extendiera por la Isla, para beneficio de sus naturales. No sería éste su único intento por activar la pesca e incrementar la economía isleña, como lo prueban otras de las memorias que también redactó, que recoge Oliver (2006).

Acceso al ejemplar digitalizado

El libro está digitalizado y disponible en la Biblioteca Digital Hispánica. Forma parte de la impresionante colección de la Biblioteca Nacional de España.

Producciones y aves maritimas adquiridas en las inmediaciones de las islas de Mallorca por Antonio de Recondo, que rendidamente tributa a … Luis Antonio de Borbon, Ynfante de España. 1773 (manuscrito).

Más información

La BNE adquiere un manuscrito original de Antonio de Recondo con acuarelas de gran calidad. Web de la Biblioteca Nacional de España. Noticias. 15 Diciembre de 2017.

JIMÉNEZ, J. y REIG-FERRER, A. Tocando de oído: la intrigante y misteriosa grulla balear. Llibre Verd de Protecció d’Espècies a les Balears. Palma de Mallorca: Govern de les Illes Balears & Societat d’Història Natural de les Balears. Monografia de la SHNB. 2015.

OLIVER REUS, P. La recerca marina a les Illes Balears. Pereoliver.net, 2006.

Hemos recibido varias consultas sobre los portulanos, ya que es fácil apreciar su estética, pero no siempre es sencillo captar la cantidad de datos que contienen y, sobre todo, entender la mayor parte de sus elementos.

Por ello hemos consultado con nuestros expertos en la materia, y traemos aquí una primera aproximación a estos impresionantes documentos.

Las cartas planas

Son las que se construyen suponiendo que la superficie de la Tierra es plana, con lo que el rumbo y la distancia van acordes a ello. Se usaron mucho en el Mediterráneo hasta los inicios del siglo XVIII.  Los portulanos son una muestra de este tipo de cartografía.

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Detalle de una carta plana del s. XVI. Fuente: BNE

Por contraposición, una carta esférica o mercatoriana es el desarrollo de la proyección de los puntos de la tierra sobre un cilindro tangente a la zona a representar. Permitía trazar la derrota de la embarcación por medio de una línea recta (loxodrómica), conservando sobre la carta las posiciones relativas de los puntos de la Tierra.

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Carta Esférica de la Costa de España desde Cabo de San Vicente hasta Pta. de Europa con la parte correspondiente de África 1831. BNE. Fuente

Elementos principales

La carta plana, también llamada carta de compás, está trazada exclusivamente para navegar y construida sin tener en cuenta la latitud ni la longitud, sino con rumbos y distancias, y sin ajustarse a alguno de los diferentes sistemas de proyección terrestre que fueron apareciendo a posteriori.

Las diferentes partes de la carta plana podemos verlas en la siguiente figura (Guillén, 1961).

  1. El cuello que se dejaba de la piel de cordero (pergamino), que llevaba un cabo para cerrar el rollo que se formaba sobre un cilindro de madera.
  2. La tela de araña formada por los diferentes rumbos tomados desde puntos destacados.
  3. El nudo, punto destacado, donde coincidían varios rumbos o líneas que conducían a otros puntos.
  4. El ombligo, punto principal de la construcción de la carta. Debido a las irregularidades de la costa se solía usar varios ombligos repartidos convenientemente, incluso algunos colocados sobre tierra firme.
  5. Rosa de los vientos. Se ponían sobre los ombligos y representaban los 32 rumbos que se emplearon en la marina a vela. La diferencia angular entre dos rumbos consecutivos se llamaba cuarta, y equivalía 11 grados de arco y 15 minutos de arco.

Tres rosas de los vientos. Una tiene los 32 rumbos, mientras que las otras dos sólo marcan 8. Detalle de una carta portulana del s. XVI. Fuente: BNE

  1. El cartucho. Marco en el que se muestra información de interés. En este caso se ha insertado un tronco de leguas marinas, que servía para medir distancias. La legua marina española era la vigésima parte de un grado de meridiano terrestre, y por tanto, equivalía a tres millas náuticas (una milla marina vale 1.852 m.). Las leguas en grupos de cinco aparecen separadas por una esfera atravesada por un eje vertical.

Cartucho inferior con el tronco de leguas. Detalle de una carta portulana del s. XVI. Fuente: BNE

Como ya se conocía que las distancias entre las líneas de los meridianos iban estrechándose conforme la latitud subía hacia el Polo, la carta dispone de dos troncos de leguas, para medir distancias en la parte correspondiente, por arriba o debajo de un paralelo de referencia, que, tradicionalmente va desde el sur de España hasta la isla de Rodas, pasando por la isla de Sicilia (éste se puede apreciar en la imagen inferior).

Carta portulana del s. XVI. Fuente: BNE

Como se puede comprobar en la carta portulana que aparece arriba, el tamaño del tronco de leguas de la parte superior es algo menor que el de la parte inferior.

A modo de síntesis: Una carta plana es un universo de datos plasmado en otro lenguaje distinto al actual, que en tiempos remotos servía para orientarse en el mar. Hoy son, además de un elemento estético de primer orden, una fuente para la Historia Naval y Marítima muy poco conocida, pero que una vez entendido el código son más fáciles de entender, y por lo tanto de valorar.

Más información

GUILLÉN, Julio. Historia marítima española. Madrid: Museo Naval, 1961.