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El equipo del blog de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval vamos a dejar de publicar nuevos contenidos semanalmente durante el mes de agosto, aunque esta bitácora, con casi 500 entradas, seguirá navegando en la red. En septiembre continuaremos ofreciendo investigaciones, novedades, relatos, proyectos, libros y artículos de interés.

Deseamos unas felices vacaciones a aquellos que las disfruten en esta época del año y aprovechamos también para dar las gracias a nuestros lectores por el apoyo que nos muestran.

 


En el Océano Pacífico hay una pequeña isla deshabitada llamada Salas y Gómez (Motu Motero Hiva para sus habitantes aborígenes). Durante mucho tiempo se ha pensado que éste era el nombre de su descubridor español. Sin embargo, la realidad es distinta.

Los pilotos de la Real Armada

Un piloto español, José de Salas y Valdés descubrió esta isla en la década de los 70 del siglo XVIII, y durante unos 30 años se conoció por los apellidos de su descubridor, Salas y Valdés. A partir de 1805 José Manuel Gómez, capitán y piloto de la fragata Víctor, arribó en sus costas, la describió y dio noticia de ella, reconociendo que Salas ya la había visitado. Entonces esta tierra empezó a denominarse con el primer apellido de los dos marinos españoles que antes llegaron a ella, Salas y Gómez.

Pero un pequeño islote como éste, en mitad del Océano Pacífico y sin habitar, no sería tan relevante, sino fuera porque recientes trabajos conjuntos del gobierno chileno y National Geographic han descubierto la increíble riqueza natural de las aguas que la rodean.

Tampoco sería tan interesante sino conociéramos la importancia que tuvo para la cultura de los habitantes de la isla de Pascua.

El islote en la cultura rapa nui

El nombre original Motu Motero Hiva se puede traducir como “islote del ave en el camino a Hiva”. La denominación Hiva hace referencia a una tierra de la cual provenían los ancestros polinesios de los Rapa Nui.

Así que la isla sobre la que se asienta este paraíso submarino es también importante por su profundo vínculo con una cultura marítima única, muy desconocida, de la que desde hace poco tiempo se sabe que tiene sus orígenes en la Polinesia. Es igualmente, por su denominación, un recuerdo vivo de los viajes de exploración de los oficiales de la Armada española en el siglo XVIII.

Más información

ENGLERT, Sebastián. La tierra de Hotu Matu’a: historia y etnología de la Isla de Pascua: gramática y diccionario del antiguo idioma de Isla de Pascua. Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 2004.

Expedición a las islas de Pascua y Salas y Gómez. Informe Científico. Gobierno chileno y National Geographic, 2011.

PEQUEÑO, Germán. Peces litorales de la isla Salas y Gómez, Chile, capturados durante el crucero Cimar-Islas, en 1999. Ciencia y Tecnología del Mar, 2004, vol. 27, no 1, p. 95-101.


En este blog ya hemos visto varias herramientas tecnológicas que facilitan el acceso a fuentes documentales de incalculable valor. Sin embargo no hemos tratado algunas de las nuevas posibilidades que están llegando a la Arqueología desde otros campos del saber. Por ello dedicamos esta entrada a un escáner-láser, conocido como LIDAR, que en los últimos años está revolucionando esta disciplina, al ampliar sus opciones como nunca antes otra técnica lo había hecho. En las zonas costeras apenas se ha usado, pero tiene un enorme potencial, como ya se ha podido comprobar con el estudio del fuerte vikingo de Borgring.

El fuerte vikingo de Borgring. Fuente: GOODCHILD, 2017

No es magia, ni forma parte de ningún oscuro secreto, es simplemente tecnología generada para otros usos (Geología o Sismología), que en un momento determinado se comenzó a utilizar para levantar planos virtuales tridimensionales de edificios como las catedrales, y que ahora se usa también para descubrir restos arqueológicos en zonas de difícil acceso y generar los correspondientes planos, como los de algunos fuertes vikingos (que se pueden ver en la imagen siguiente).

¿En qué consiste esta tecnología?

La denominación, LiDAR, proviene de las iniciales de su nombre en inglés (Light Detection and Ranging). Es un sistema de medición masiva de posiciones de forma remota, basado en un sensor de barrido láser (región espectral del infrarrojo) que emite pulsos y registra los retornos contra la superficie. Cuando este sensor se ubica en un avión, helicóptero o drón se denomina LIDAR aerotransportado. Además, se obtienen imágenes tridimensionales de los objetos reflejados (Zamora 2017).

Dicho de una manera menos técnica, el aparato emite múltiples haces de luz, que cuando llegan a la superficie y luego vuelven hacia el centro emisor, establecen su posición precisa. Todos esos puntos, al final, terminan creando un mapa que dibuja el territorio o la superficie sobre la que se lanza.

Levantamiento por tecnología LIDAR de una ciudad maya

A partir de esa nube de puntos generada se pueden realizar cálculos métricos, obtener dibujos, cortes o secciones, vectorizar entidades y modelar los elementos deseados en 2D/3D. Se abren así grandes posibilidades con la utilización del LIDAR para documentar construcciones que muchas veces se encuentran ocultas por la vegetación y también para identificar estructuras de grandes dimensiones (Galacho 2018). Combinada con otras tecnologías como el geo-radar ofrecen una ayuda enorme a arqueólogos e historiadores. No es la única, pero sí es una de las que está dando mejores resultados.

Una organización que usa LIDAR para compartir

CyArk es una organización sin fines de lucro, fundada en 2003, cuyo objetivo es registrar, archivar y compartir digitalmente el patrimonio cultural más importante del mundo, así como garantizar, mediante su difusión, que estos lugares continúen inspirando admiración y curiosidad durante las próximas décadas. Ha documentado más de 200 sitios, desde maravillas modernas de la ingeniería como la Ópera de Sydney, hasta sitios arqueológicos como Skara Brae, un asentamiento neolítico de 3000 a.C. en Escocia.

cabo verde

Cabo Verde. Fuente

Proporcionan planos de ingeniería y mapas detallados para ayudar en el trabajo de conservación de la arquitectura descubierta. También capturan un registro completo del sitio, que puede usarse en los esfuerzos de recuperación después de un daño o una pérdida catastrófica. Y, finalmente, comparten los datos a través de Internet. Han firmado un acuerdo con Google Art & Culture para ofrecer herramientas conjuntas.

Como puede comprobarse, están surgiendo nuevas herramientas que facilitan el trabajo de recuperación y conservación patrimonial, y que a la vez son magníficos instrumentos para su difusión. Suponen, por lo tanto, un apoyo múltiple en las labores de descubrimiento, estudio, conservación y divulgación vinculadas con nuestra herencia cultural.

Más información

DONEUS, M,; DRAGANITS, E. & GANSUM, T. The Viking-age royal burial site of Borre (Norway): LiDAR-based landscape reconstruction and harbour location at an uplifting coastal area. na, 2013.

DRAGANITS, E., et al. The late Nordic Iron Age and Viking Age royal burial site of Borre in Norway: ALS-and GPR-based landscape reconstruction and harbour location at an uplifting coastal area. Quaternary International, 2015, vol. 367, p. 96-110.

GALACHO-JIMÉNEZ, F. B. et al. Geotecnologías 3D para la generación de contenidos digitales en el ámbito del patrimonio arqueológico. 2018.

GOODCHILD, H.; HOLM, N. & SINDBÆK, Søren M. Borgring: the discovery of a Viking Age ring fortress. Antiquity, 2017, 91, 358, p. 1027-1042.

HARRAP, R. & LATO, M. An overview of LIDAR: collection to application. Norway Google Scholar, 2010.

ZAMORA-MARTINEZ, M. C. La tecnología LiDAR, herramienta útil para el estudio de la biodiversidad. Revista Mexicana de Ciencias Forestales. 2017, 8, 39, p. 4-6.


La cartografía, especialmente la aprendida en la infancia, nos ha dejado una visión del mundo muy homogénea, en la que a la derecha aparecen dos continentes, primero el europeo y luego el asiático, y a la izquierda el americano. Es una forma de entender cómo están distribuidas las grandes masas terrestres y acuáticas del planeta.

Sin embargo, aunque ésta sea la más utilizada en Europa (y, por tradición, en muchos países americanos), existen otras visiones, tanto actuales como pasadas. Hay veces que a lo largo de la Historia se han cambiado los dos hemisferios, y el que habitualmente está al norte, aparecía al sur. Por lo tanto, en la parte superior del mapa se localizaba el hemisferio sur. Esto sucedía con mucha frecuencia en los mapas medievales, especialmente en los islámicos, como el de Al-Idrisi.

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El mapa del mundo de Al-Idrisi. Fuente

En la Edad Media surgieron los mapas conceptuales conocidos como “T en O” (como el que se puede ver tras este párrafo), en los que eran más importante situar los preceptos religiosos que la propia geografía, por lo que también se varió la forma de presentar los continentes y los océanos. Parece que quien inició esta forma de ver la Tierra fue San Isidoro de Sevilla, y desde España se transmitió a otros lugares de Europa. Asia aparece arriba y en la parte inferior Europa y África. Entre ellos está el Mar Mediterráneo y, rodeando el conjunto, un gran océano. Nótese, no obstante de cómo se representa, que a pesar de parecer que está orientado de forma distinta, lo que está es girado -90º, ya que en el norte (septentrio), que se puede ver en la zona oeste del mapa, están Europa y Asia.

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Mapa T en O de San Isidoro

Otras formas de ver el mundo

Si nos trasladamos a la parte asiática, la visión de tierras y continentes puede variar. El centro, o la parte desde la que se distribuyen el resto de los países, también suele ser distinto. Cuando se trata de países del lejano oriente, a veces Asia aparece en el centro, dejando Europa en la izquierda y América en la derecha. Por lo tanto, los océanos que las circundan también se ven trasladados. Sólo el gran Océano Pacífico, el que ocupa un tercio de la superficie de la Tierra, permanece en el centro.

De hecho, esta forma distinta se recoge en algunos atlas europeos como el de Waldseemüller, que la dibuja en la parte superior de su mapa.

Detalle del mapa de Waldseemüller (S. XVI)

Dentro de Asia, ha habido culturas cuya representación de la Tierra ha sido distinta, o han introducido variaciones en las ya conocidas. Algunas nos recuerdan en cierta forma la cartografía medieval europea, porque utilizan la forma circular. Por ejemplo, este mapa coreano, en el que China ocupa un lugar privilegiado, y a partir de ella se van incluyendo, en los lados, el resto de los continentes y mares.

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Mapa coreano del siglo XIX. Fuente: Biblioteca del Congreso de Washington

También desde el subcontinente indio nos llegan versiones del mundo, como la procedente del jainismo. Es un diagrama cosmológico del siglo XIX, que muestra los dos continentes “y medio” habitados por los mortales, formando círculos concéntricos rodeados de océanos en forma de anillo, con nadadores y peces, redes complejas de ríos y lagos, además de cordilleras. Los pabellones en las esquinas del gráfico representan a los guardianes celestiales.

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Una visión del mundo desde la religión jainista. Fuente: Biblioteca del Congreso de Washington

Otras, como la japonesa, a partir de patrones muy similares a los europeos, incluyen su propia interpretación, como este mapa del mundo que aparece abajo, en el que la representación cartográfica, a la derecha, lleva en las cuatro esquinas dibujos de barcos, y a la izquierda se acompaña con ilustraciones sobre distintos tipos humanos.

Mapa japones

Versión actual de un mapa japonés del S. XVII. Fuente Biblioteca Nacional de la Dieta (Japón)

Síntesis

Son otras formas de ver el globo terrestre, aunque no son las únicas, ya que hay muchas más. Al tener forma esférica, la Tierra permite que se encuadre desde muy distintas perspectivas, y que el enfoque sea habitualmente el del país de origen de quienes levantan los mapas. Son de una riqueza cultural heterogénea, que nos transmite las diversas formas de entender el planeta en el que vivimos y los mares que navegamos.

Más información

ÁLVAREZ SUÁREZ, Salvador A. Tierras imaginadas, tierras en imágenes: la geografía asiática del Nuevo Mundo en la Cartografía del DescubrimientoRelaciones. Estudio de Historia y Sociedad, 1998, 19, 75, p. 60-109.

HARLEY, John Brian. The new nature of maps: essays in the history of cartography. JHU Press, 2002.

HARLEY, John Brian; LAXTON, Paul & ANDREWS, J. H. La nueva naturaleza de los mapas: ensayos sobre la historia de la cartografía. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2005.


La salsa de pescado más famosa en el Mediterráneo de la Antigüedad era el garum. Considerada un lujo, se usaba como condimento para dar más sabor a las comidas. Fueron los romanos los que le dieron fama y los que más comerciaron con ella. Por ello, primero vamos a conocer cómo y dónde se hacía, según lo que se ha estudiado hasta el momento, para posteriormente pasar a exponer algunos de los detalles de su transporte por mar, los recipientes usados, los productos con los que se almacenaba y las naves que lo llevaban desde sus lugares de fabricación hasta los puntos de consumo, entre otras.

Diversos envases romanos para el transporte de los salazones y el garum. Fuente: Museo Arqueológico de Mazarrón

El garum, la salsa más preciada del imperio romano

Tenía su origen en antiguas salsas fenicias, aunque el nombre con el que se conoce es de procedencia griega. A diferencia de otras actividades controladas por las autoridades romanas, la industria de procesamiento del pescado (tanto salazones como salsas) podía ser desarrollada libremente por los particulares, lo que la hizo muy popular y la convirtió en un importante sustento de pescadores y de oligarcas de poblaciones costeras mediterráneas y en algunos puntos de la costa atlántica de Hispania.

Mosaico romano procedente de la ruinas de Pompeya (S. I). Museo Archeologico Nazionale di Napoli.

Qué era

Esta salsa se hacía en factorías que se dedicaban también a la salazón. Se limpiaba el pescado con fuertes cuchillos, se separaban las vísceras y se iban almacenando en unos grandes recipientes como tanques y piletas. Se cortaba en pedazos, con formas más o menos cuadrangulares o cúbicas, o se le hacían cortes profundos para que la sal pudiese penetrar bien.

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Restos de una factoría de pescado donde se fabricaba garum y salazones en la antigua Baelo Claudia (provincia de Cádiz)

Para conseguir la salsa garum, sobre una base de hierbas aromáticas (como hinojo, cilantro, apio, salvia, tomillo u orégano, entre otras) se iban apilando numerosas capas, formadas por los pedazos de pescado cortados, separados por capas de sal en igual proporción (actualmente esta parte del proceso se sigue llevando a cabo con pescados como las sardinas o los boquerones), dejándolos entre 60 y 90 días al sol, para que fermentara. Transcurrido ese tiempo, el resultado se removía y se recogía el líquido resultante, que se filtraba y almacenaba. Ya estaba hecho el garum.

Ánforas del Museo de Istria

Los pescados utilizados

Para esta famosa salsa se solían utilizar caballas, salmones o sardinas que se mezclaban con vísceras, peces pequeños enteros, moluscos y condimentos varios. También se usaban otras especies, según el lugar en el que se fabricaba. Como ahora ocurre con otros productos, dependiendo de los ingredientes incorporados, el garum era de una u otra clase. Podía, por ejemplo, llevar añadidos como agua, vino, vinagre, aceite o pimienta, lo que le otorgaba un sabor distinto (más información).

caballa

Caballa

Envasado

Para su comercio se iba embotellando en ánforas, que se cerraban de manera hermética, lo que evitaba que el líquido se derramara. Cada uno de estos recipientes llevaba una inscripción para saber qué tipo de salsa de pescado contenía y sus características de elaboración.

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Ánforas de distintos tamaños y formas para contener el garum. Fuente: Lowe 2016

Uso

Era un carísimo y valorado condimento que se usaba tanto para preparar platos como para darles sabor una vez cocinados. Uno de los primeros libros de cocina conocidos, De re coquinaria, atribuida a Apicio, la nombra en sus recetas. Tenía, además, uso cosmético y médico. También hay autores que afirman que se usaba para enmascarar el olor de productos alimenticios que ya estaban “algo pasados” para el consumo humano.

Ánforas expuestas en el Museo Nacional de Arqueología Subacuática.

Aunque se fabricaba en multitud de zonas costeras, los había de diversa calidad y los más apreciados, según las fuentes, fueron los que se elaboraban en Cartagena (Plinio y Estrabón, por ejemplo, lo citan como el más caro del imperio) y en Cádiz (que es la zona probablemente más estudiada), usando la caballa como ingrediente principal.

El transporte hacia los lugares de consumo

La mayor parte de las fuentes directas con las que contamos son los naufragios que hasta ahora se han descubierto y estudiado. Suelen ofrecer mucha información sobre los productos transportados, dónde y cómo se almacenaban y en qué cantidad. Así podemos conocer más sobre el comercio del garum. También las fuentes literarias nos ayudan a comprender más sobre la distribución de este producto en todo el Mediterráneo.

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Ánforas para el garum. Museo Arqueológico de Cartagena. Fuente: Portal RM

Aunque se han encontrado naves que sólo llevaban garum o que era la carga mayor (por ejemplo, en el naufragio de Sud-Lavezzi B se hallaron 152 ánforas con la salsa de pescado de las 211 recuperadas), sabemos que esta salsa solía ser un componente más de una carga global, con una media de 1500 ánforas, que llevaban aceite o vino en mayores cantidades.

Las naves que habitualmente lo transportaban no eran de las más grandes, ya que rondaban entre los 13 m. y los 20 m. de eslora, aunque hay excepciones como el Bou-Ferrer, que tenía entre 27 m. y 30 m. de largo, que llevaba una carga de entre 2500 y 3500 ánforas.

Estos naufragios ofrecen una idea de un comercio directo e indirecto vibrante y significativo. Es, de momento, una pequeña muestra de la capacidad de las fábricas de salsa de pescado en todo el Mediterráneo occidental (aunque sabemos que también se producía en la parte oriental del Mare Nostrum), del papel de las economías locales en ella y del consumo de productos de lujo de la élite romana, lo que en poco tiempo nos proporcionará una comprensión más completa del papel de la salsa de pescado y de los productos relacionados en el imperio romano.

Naufragios WMed

Fuente: Algunos de los pecios encontrados, cuya carga ha podido ser estudiada. Fuente: Lowe 2016

Quedan todavía muchas incógnitas por resolver, pero mientras, en ese océano del conocimiento vamos navegando poco a poco y descubriendo cómo nuestros antepasados comerciaban, peregrinaban, migraban, vivían y morían en ese inmenso mar que nos rodea.

Más información

GRAINGER, Sally. Garum and Liquamen, What’s in a Name?Journal of Maritime Archaeology, 2018, 13, 3, p. 247-261.

LOWE, Benedict. The trade in fsh sauce and related products in the western Mediterranean. In: Bekker-NielseT, Gertwagen R (eds). The inland seas: towards an ecohistory of the Mediterranean and the Black Sea. Stuttgart: F. Steiner Verlag, 2016, p. 215–236.

LOWE, Benedict. Manilius and the Logistics of Salting in the Roman WorldJournal of Maritime Archaeology, 2018, 13, 3, p. 467-480.

MARZANO, Annalisa. Fish and Fishing in the Roman World. Journal of Maritime Archaeology, 2018, 13, 3, p. 437-447.

SÁNCHEZ, Ana. Garum, liquamen, allec, muria. De los nombre del garumAbemus incena. 20 mayo, 2015.

 


El tema de las galeras en el Mediterráneo es de gran interés, ya que aunque no se ha escrito demasiado sobre ellas, fueron las protagonistas indiscutibles durante siglos.

Detalle de un portulano en el que aparece una parte del Virreinato del Perú

Si llegaron, o no, a América se ha convertido en un tema controvertido, porque hay autores que dicen que las que había en el continente americano se habían hecho en España, mientras que otros defienden que se construyeron allá. Dentro de esta polémica hallamos a quiénes afirman que sólo se adentraron en las costas del Caribe, mientras otros mantienen que también llegaron al Pacífico.

Mapa de América de Diego Gutiérrez (1562)

Una de las líneas de investigación de la Cátedra Naval se centra en estas naves, por lo que tras años de estudio hemos podido confirmar que sí que hubo galeras en el Pacífico, en el Perú. Aquí vamos a tratar de las cinco de las que tenemos noticia que se construyeron en dicho Virreinato, y a compararlas con las mediterráneas, para ver si hubo adaptaciones al cambiar de un mar a otro.

Dibujo de R. Monleón de una de las galeras de Lepanto. Imagen mejorada. Fuente: BDH

Los primeros intentos

Los primeros planteamientos para incorporar las galeras como un elemento de la estrategia naval en Indias los podemos encontrar ya a mitad del siglo XVI, cuando los ataques a las costas y los saqueos se hicieron relativamente frecuentes en la zona del mar Caribe. Tenemos noticia documentada de que en febrero de 1578 dos galeras acompañaban a la flota a América, para ser destinadas a Cartagena de Indias.

Galeras en un combate en el Mediterráneo. Fuente: BDH

Por otra parte, la aparición del pirata Drake en las aguas del Pacífico aumentó el interés por estas naves, y unos meses después, en diciembre de 1578, Felipe II autorizó la construcción de dos galeras en el Perú, que fueron el origen de la conocida Armada del Mar del Sur.

Dibujo de la flota holandesa previo al ataque a la isla de Puna, en Guayaquil (1630)

La galera Santísima Trinidad

El 23 de mayo de 1580 entró en el Callao la primera de las galeras construidas en Guayaquil, cuyo nombre era Santísima Trinidad.

Uno de los pocos dibujos en los que aparece una galera en el continente americano durante el s. XVI. Ésta es de Villalobos. Fuente: Universidad de Salamanca

La gente de cabo de esta nave estaba compuesta por un capitán, 30 soldados, 12 marineros y 4 proeles (los que bogaban en el esquife y hacían labores menores). También había un cabo de escuadra (caporal) encargado de las armas y municiones, de organizar las guardias y designar a los soldados, que iba acompañado de un alguacil cuando bajaban a tierra.

Galera genovesa en un dibujo de 1572. Fuente: Gallica

La maestranza la componían tres tripulantes, un encargado de los remos (remolar), un maestre daxa y un calafate. Otros miembros son un cómitre y un sotacómitre, un lombardero, un barbero y dos consejeres (marineros prácticos).

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El Nuevo y desconocido mundo, de Montanus (S. XVIII). Biblioteca del Congreso de Washington

La gente destinada el remo eran 73 forzados y 17 esclavos. No tenemos más noticia de esta nave, si llegó a salir de puerto o no.

Las galeras Santiago el Mayor y Santiago el Menor

Cinco años después sabemos que en El Callao hay dos galeras de reciente construcción, sus nombres son Santiago el Mayor y Santiago el Menor. Un análisis detallado nos permite averiguar que la mayor, la capitana, era de 17 bancos, lo que la convierte en una galeota. De cualquier forma, pensando que se le querría dar apariencia de galera, se le añadieron la arrumbada, el esquife y el fogón propios de estas naves. Según los datos debía contar con 68 hombres entre la gente de cabo y con 94 remeros.

A la derecha de la ilustración se puede apreciar una galera del s. XVI dibujada por Villalobos. Fuente: Universidad de Salamanca

La patrona Santiago el Menor era de 13 bancos por banda, lo que la asemeja a un bergantín. Debía contar con 34 hombres entre la gente de mar y de tierra y con 52 remeros.

La realidad era que estas naves no contaban ni siquiera con la mitad del personal necesario para salir a la mar.

Una galera dibujada por Ortelius cerca de las costas del Virreinato del Perú. Fuente: BDH

Dos nuevas galeras

Transcurridos unos años (1587 aprox.) y debido a que las anteriores ya no estaban en condiciones, se decidió construir otras dos nuevas galeras. Esta vez se harían en El Callao y su objetivo principal era la defensa de este importante puerto, aunque también podrían ir a Panamá y escoltar a los galeones españoles cargados de metales preciosos.

La mayor de las naves, la capitana, era de 26 bancos bogando 24. Fue la primera galera que se puede denominar como tal que se construyó en América y también es la más parecida a las mediterráneas.

La otra, la patrona, que se llamó Santa María, era de 22 bancos, por lo que se semejaba más a una galeota.

Como las anteriores, siempre tuvieron el problema de no contar con suficiente personal ni de cabo, ni de remo para la navegación. En 1592, pasado el peligro inminente, la chusma destinada a estas embarcaciones se envió a las Galeras del Caribe, a Cartagena de Indias.

Cartagena de Indias. Fuente: Gallica

Síntesis final

La aparición del pirata Drake fue un importante impulso para el uso de galeras en la defensa de las costas del Perú. Entre 1579 y 1600 nos consta que se construyeron cinco, aunque de todas ellas sólo una, la capitana (de la que desconocemos el nombre), se podría identificar como una auténtica galera ordinaria, de las que se hacían en el Mediterráneo. Las otras cuatro son propuestas constructivas originales del Virreinato. Sus peculiaridades responden a la reducción de sus dimensiones y del número de bancos.

Aunque el astillero mas importante era Guayaquil, las dos mayores se construyeron en El Callao.

El mar del Sur en un mapa de Janssonius (S. XVII). Fuente: Gallica

A pesar de que estas galeras autóctonas eran mas pequeñas, suponían mucho mayor costo para la metrópoli, tal y como se desprende de los documentos consultados. La lejanía de la corte y el desconocimiento sobre la construcción y organización de estas naves, hicieron que estuvieran expuestas con mayor facilidad a los fraudes, constituyéndose éstos en un mal endémico.

Igualmente se constata la dificultad para completar las dotaciones, tanto de gente de cabo como de remeros. Diversos intentos de proporcionar gente de remo, como por ejemplo comprando esclavos negros o utilizando buenas boyas, no consiguieron acabar con este problema.

A pesar de todo, entrado ya el siglo XVII se construyeron algunas galeotas en este virreinato, pero la época de estas embarcaciones estaba ya llegando a su fin.

Más información

FONDEVILA SILVA, P. y SÁNCHEZ BAENA, J.J. Las galeras de la monarquía hispánica: elemento fundamental del poder naval durante el siglo XVI. En: ALVAR ESQUERRA, M. y RUIZ RODRIGUEZ, J.I. Túnez, 1535. Madrid: CSIC, 2010, p. 89-119.

SÁNCHEZ BAENA, J.J. Construcción y operatividad de las galeras del Perú durante la segunda mitad del siglo XVI. Anuario de Estudios Americanos. 2016, vol. 73, n. 2, p. 623-656.

Nota: existen muy pocas imágenes de época en las que aparecen galeras en el continente americano. Por ello, a las que teníamos disponibles, hemos añadido ilustraciones de galeras de esta época, aunque fueran mediterráneas, para que se puedan apreciar mejor las características de estas embarcaciones.


Este mapa del mundo es del siglo XIX y, como puede deducirse nada más verlo, cambia la posición de los continentes y deja el centro en el Océano Pacífico. Está firmado por el japonés Takahashi Kageyasu (1785-1829), que contó con la ayuda del astrónomo Hazama Shigetomi y del intérprete holandés Baba Sajūrō. Tras el autor de este levantamiento cartográfico se esconde una historia de supuestos espías, de hermetismo y de traición, que hoy resulta difícil entender. Tanto Kageyasu como su obra son desconocidos en España, a pesar de que utilizó como meridiano de referencia un punto de la geografía del país, la isla del Hierro (Canarias), tal y como se había sido fijado a nivel mundial hacía dos siglos (en 1634).

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Peculiaridades

La primera impresión se realizó en 1810. Más tarde se revisó la región de Asia Oriental y se grabó esta versión en 1816. Se utiliza la información que se obtuvo de la exploración de 1809, liderada por el explorador japonés Mamiya Rinzō (1775-1844) para estudiar la isla de Sajalín (al norte del país).

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Los hemisferios laterales

En las cuatro esquinas aparecen en tamaño más pequeño sendos mapas; uno de ellos (en la parte superior izquierda) muestra Kioto en el centro. Esta característica hace que sea una creación típicamente japonesa. Aunque originalmente se imprimió en 16 partes, esta copia, procedente de la Biblioteca Nacional de la Dieta en Japón, está dividida en dos secciones.

Otro de los mapas laterales ofrece una perspectiva del mundo con el punto central puesto en el Ártico.

El autor y su encarcelamiento por traición

Takahashi Kageyasu, su autor, era por entonces funcionario japonés de la Oficina de Astronomía del sogunato. Fue encarcelado por su gobierno cuando se descubrió que había hecho copia del mapa de una de las islas de Japón (éste aparece al final de la entrada) y se lo había entregado a un médico alemán, Philipp D.B. von Siebold, que pretendía salir del país con él.

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El encarcelamiento de Kageyasu estaba dentro de la férrea política del gobierno japonés durante el período Edo (1603-1867), ya que por temor a la influencia del cristianismo y de las fuerzas extranjeras, no solo prohibió a sus ciudadanos viajar al extranjero, sino también comerciar y traficar con otros países aparte de Corea, China y Holanda.

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El mapa de la actual Hokkaido, que se cree que fue el que le costó la vida al astrónomo japonés. Fuente: Biblioteca Nacional de la Dieta (Japón)

Por este motivo uno de los cartógrafos más importantes de su país murió en la cárcel, acusado de traición. El médico a quien le hizo llegar el mapa volvió a Alemania y allí se hizo famoso por sus estudios sobre Japón.

Más información

FUNAKOSHI, Akio. A study of the first handwritten version of “Shintei bankoku zenzu (Newly revised world map)” prepared by Takahashi Kageyasu. Studies in Geography, Nara Women’s University, 1992, vol. 4, p. 1-64.

FRUMER, Yulia. Making Time: Astronomical Time Measurement in Tokugawa Japan. Chicago: University Press, 2018.

KEENE, Donald & WATANABE, Kazan. Frog in the well: Portraits of Japan by Watanabe Kazan, 1793-1841. Columbia University Press, 2006.

KINDA, Akihiro. Nature of old maps As primary source materials for historical geographyEarth Sciences, 2018, vol. 7, p. 260-267.

MCCAFFREY, Olivia. The Evolution of Japanese Cartography. Kaleidoscope International Journal, 2017, p. 20-42.