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Archive for the ‘– Historia marítima’ Category

En las embarcaciones hubo que soportar a ciertos pasajeros, que viajaban sin autorización, que además fueron origen de muchas epidemias y enfermedades: las ratas. A veces se podían contar por miles y, cuando la necesidad obligaba, eran objeto de auténticas cacerías, tanto para exterminarlas como en casos extremos para comerlas.

Estos roedores han sido una pesadilla desde los primeros tiempos. Evidentemente cuanto mayor era la nave más posibilidades había de una infestación de ratas, ya que había más lugares donde esconderse y anidar. Este mamífero, temido durante siglos por los navegantes, se adapta con mucha facilidad a distintos ambientes y es uno de los que tiene un ciclo de reproducción más rápido. De hecho, parece que en los únicos lugares del mundo donde no habita son los polos, aunque ahora hay ciertos estudios que demuestran lo contario.

Llegaron de Asia

Este tipo de rata es una especie que llegó hace siglos de Asia hasta el Mediterráneo y desde ahí se trasladó a América y a otros lugares costeros. Existen incluso leyendas de barcos fantasma que transportan ratas caníbales, lo que por otra parte alguna vez se ha hecho realidad al hallar naves abandonadas pobladas de roedores, que con el tiempo no encontraron otra cosa que comer más que a sus congéneres.

En esta entrada nos vamos a centrar en un texto que explica las vicisitudes de la Armada española para hacerse con la fórmula que pudiera acabar con estos roedores. Cesáreo Fernández Duro nos informa de un expediente del Ministerio de Marina, del año 1797, que muestra la voracidad de las ratas en los barcos,

Excmo. Señor: En este navío, Santísima Concepción, es tan asombroso el enjambre de ratas, que aunque desde mi destino en él di permiso para que se poblase de gatos, solo se ha conseguido que aparezcan menos por los altos; y habiéndose hecho por el Comandante del navío poner 130 libras de galleta en dos sacos, en un pañol vacío, recogiendo su llave, se ha reconocido a los quince días haberse comido las ratas hasta 65 y media libras de ambos sacos (Disquisiciones… Vol. VI, p. 601).

Una fórmula ilustrada

En el año 1795, según informes del comandante del navío San Ildefonso, José Ezquerra, en Portsmouth (Gran Bretaña) había un hombre que vendía unos polvos, que tras el pago de cinco ó seis guineas echaba en todos los lugares de la nave y erradicaba los roedores. Para ello previamente había que desocupar el barco, lo que provocaba alguna que otra sospecha. Ezquerra consiguió una muestra de los polvos, que mandó a José de Mazarredo y al Bailío Fr. Antonio Valdés. Una vez en la Península se le pidió al catedrático de Medicina Juan de Aréjula que los analizara, aunque alegó que no tenía los reactivos ni los aparatos necesarios, por lo que se veía en la imposibilidad de practicarlo.

Ante la llegada continua de informes de velas raídas, así como de efectos e instrumentos inutilizados por causa de estos roedores, se tomó con mucho celo el hecho de conseguir una sustancia que evitara la invasión de ratas. La fórmula se usaba con éxito también en las plantaciones de azúcar de las colonias inglesas. Cuenta Fernández Duro que en los navíos de la Compañía de la bahía de Hudson (hoy en Canadá), que habitualmente llevaban cargamentos de peletería, sus pasajeros aseguraban que jamás habían padecido el menor perjuicio por tal causa, debido a unos polvos raticidas.

España necesita adquirir la fórmula

Un año después el capitán de navío José de Mendoza y Ríos tomó cartas en el asunto y se dedicó a intentar comprar la fórmula, ya que creía que era más conveniente que adquirir sólo una porción. Su “inteligencia y celo” hicieron posible obtener el conocimiento de la receta de los mismos individuos que la vendían, y mediante una gratificación de cien guineas se ofreció la fórmula química a Mendoza, obligándose él por su parte “a no revelarlo jamás en Inglaterra, y a que tampoco se divulgaría públicamente en España”.

Capitán de navío Mendoza y Ríos

La gran reputación que tenía el profesor Aréjula hizo que se le entregase el pliego con la fórmula, que al final necesitó varios arreglos. El catedrático español consiguió que los polvos acabaran con las ratas, pero en su empeño también murieron varios operarios. Era una pasta compuesta de arsénico, azúcar y harina. El hecho fue que para engañar a los roedores, que sospechan rápidamente que una comida podía estar envenenada, se mezclaron con galletas y cereales y se dejaron en las instalaciones del Arsenal de Cartagena. No se dio aviso de ello y varios albañiles que trabajaban en las inmediaciones creyeron que eran restos de comida y los ingirieron, lo que les provocó, a pesar de los cuidados que recibieron, la muerte en poco tiempo.

Más información

ALFÁU ASCUASIATI, Antonio. Plagas Domésticas: Historia Patologías Plaguicidas Control. Palibrio, 2012, p. 123-160.

FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo. Disquisiciones Náuticas. Madrid: Imprenta, Estereotipia y Galvanoplastia de Aribau y Cª, 1876-1881.

FLORES MOSCOSO, Ángeles, et al. Normas de seguridad en la navegación a Indias en el siglo XIX. Actas de la V Jornadas de Andalucía y América. CSIC, 1986.

GRUBBS, Samuel & HOLSENDORF, Benjamin. Manera de poner a prueba de ratas en las embarcacionesBoletín de la Oficina Sanitaria Panamericana (OSP), 1925, 4 (11).

LIAÑO RIVERA, Manuel. La ermita de San Telmo y la peste bubónica. Aljaranda: Revista de Estudios Tarifeños, 1991, 3, p. 13-16.

LLOYD, Bolivar J. Prevención de las enfermedades transmisibles: Manual para uso de los dueños, agentes o capitanes de buques destinados al comercio internacional y demás personas o entidades interesadas en cuestiones sanitarias marítimas. Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana (OSP), 1928, 7 (3).

WILLIAMS, C. L. La inspección de los buques para determinar la presencia de ratasBoletín de la Oficina Sanitaria Panamericana (OSP), 1933, 12 (2).

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Se denomina arráez a un patrón de barco, pero también hace referencia al jefe de todas las faenas que se llevan a cabo en la almadraba (lugar donde se pesca y donde después se prepara el atún). En el norte de África se usó para denominar al capitán de la embarcación musulmana. Precisamente por ésto deriva del árabe hispano arráyis, y éste del árabe clásico ra’īs. En el Al-Andalus se hacía uso del término para nombrar a los caudillos de ciertas zonas que protagonizaron revueltas, tanto contra los reyes musulmanes como contra los católicos (Segura 2006). Este tema, de indudable interés histórico, apenas ha sido tratado, por lo que aquí exponemos una síntesis de lo investigado hasta el momento. Vamos a realizar un repaso de la adjudicación de este término en los ámbitos naval y marítimo según la distribución geográfica.

En el Mediterráneo hispano

Durante la Edad Moderna, en los puertos andaluces y en las ciudades costeras mediterráneas hispanas, el arráez era el capitán de una embarcación pesquera. Aunque inicialmente eran musulmanes, los que se quedaron en la Península tras la reconquista pasaron a ser conocidos como mudéjares y moriscos, y muchos mantuvieron su oficio. Posteriormente el término se asimiló, y se usaba para designar a los patrones de los barcos, fueran o no cristianos, especialmente de pesca, aunque también a veces se nombra así a los que transportaban pasajeros a Indias.

En el Reino de Aragón

Según los estudios realizados, parece que el transporte, tanto el fluvial como el marítimo, era una actividad familiar (Zulaica 1997). Tenemos noticia de que en la localidad de Mequinenza (Zaragoza), durante el siglo XV, Mahoma el Moro era un activo arráez que trabajaba con sus dos hermanos Asmez y Aziz Focen. Otras familias dedicadas al transporte fluvial eran los Fogaça. También había cristianos como los Lombart y los Soro. Está documentado que además se les llamaba “raíces”, y eran los que monopolizaban el tráfico fluvial por el río Ebro. Se habían establecido en Zaragoza y en otros pueblos de aguas abajo del citado río hasta Flix. Ya habían formado una cofradía en la que se incluyeron a algunos pescadores, según Cabezudo.

‘La pesca de los atunes’ de Sorolla

En Andalucía

Para poder desarrollar el oficio de arráez de barcos de carga y descarga en el río Guadalquivir era necesario realizar previamente un examen. Hemos hallado el acta de uno de los que se les llevaron a cabo en el año 1610. Los aspirantes fueron los siguientes:

Alonso Sánchez, Domingo Suárez, Jerónimo de la Cruz, Juan de Zamora, Francisco Sánchez, Antonio González, Alonso Calzado, Cristóbal Zarco el Viejo, Amador Pérez, Cristóbal Zarco el Mozo, Pedro Gudiel, Roque Bernal, Juan de Ortega, Manuel Pérez, Miguel Páez, Antón de Carmona y Gonzalo Hernández.

De ese mismo año se ha hallado un documento del examen celebrado en la Casa de la Contratación, ante Rodrigo Zamorano, cosmógrafo y piloto mayor, para el examen de arráez del río Guadalquivir de Miguel Hernández.

También conocemos que establecieron cofradías, de las que tenemos noticia en Vera y también en Cartagena.

En América

En la Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias, impresa en 1841, se trata de los arráeces de los barcos de carga y descarga (Ley XXIII, título 26, libro 9, tomo III). Se manda que no se consienta que salgan de Cartagena de Indias sin haberse examinado (Ley XLVII), ni que lleven pasajeros sin licencia (Ley LIX).

Arraeces prisioneros

Durante toda la Edad Moderna, en los enfrentamientos entre naves hispanas y norteafricanas, una de las clases de prisioneros con los que la normativa era más dura eran precisamente los arráeces y sus ayudantes (sotarráeces), ya que se consideraban muy peligrosos por sus conocimientos náuticos. De hecho, una vez capturados no podían ser vendidos, sino que debían ir directamente a prisión. Si se destinaban a galeras, sólo podían remar y tenían prohibido abandonar la nave, ya que el riesgo de fuga era muy grande.

Para concluir

Un término, que designa a la persona que tiene las habilidades para dirigir una nave, cuyo origen es andalusí, como muchos otros vinculados con esta materia, que ha tenido varios derivados y uno de ellos hace alusión al jefe que gobierna la almadraba. Sus habilidades náuticas los hacían tremendamente peligrosos cuando eran capturados por sus enemigos, ya que en un descuido podían hacerse con la embarcación, o con una pequeña barca, y escapar.

En otro ámbito, arráez también se ha convertido en apellido y es la denominación de una localidad almeriense.

Más información

ADIEGO, Elvira. Visión histórica y urbana de los ríos en Zaragoza. Ríos y ciudades. Aportaciones para la recuperación de los ríos y riberas de Zaragoza. Institución Fernando el Católico, 2002.

CABEZUDO ASTRAIN, José. Noticias y documentos sobre moriscos aragoneses. Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos. Sección Hebreo, 1956, 5, p. 105-117.

MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel. Los forzados de marina en la España del siglo XVIII. Almería: Universidad, 2011.

PORRAS ARBOLEDAS, Pedro Andrés. Las ordenanzas de arraeces y pescadores de las ciudades de Vera (Almería, siglo XVIII) y Cartagena (Murcia, siglos XVI-XVII) y las reales ordenanzas de la pesca con pareja de ‘bous’ de 1786. Cuadernos de Historia del Derecho, 2019, 26, p. 195.

SEGURA GONZÁLEZ, Wenceslao. Amenazas cristianas a la Tarifa musulmana. Aljaranda: Revista de Estudios Tarifeños, 2006, 63, p. 4-10.

SOTO MELGAR, Mercedes. El elemento léxico árabe en el habla viva de los marineros gaditanos. Estudios Interlingüísticos, 2020, 8, p. 269-284.

ZULAICA PALACIOS, Fernando D. Mercados y vías fluviales: el Ebro como eje organizador del territorio e integrador de la economía aragonesa en los circuitos europeos. Aragón en la Edad Media, 1997, 13, p. 65-104.

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Singapur es un país de Asia formado por 63 islas, cuyo desarrollo está dando mucho que hablar. En este blog no nos vamos a ocupar de sus impresionantes edificios, obras públicas o parques, sino de su historia y su patrimonio marítimos.

Localización en el mapa de Asia

Fundada en el siglo II, fue durante centurias un pequeño poblado de pescadores y comerciantes dependiente del rey malayo. Los juncos chinos en ruta a la India surcaron sus aguas desde el siglo V, aunque existen registros escritos de marinos del siglo III que se refieren a ella.

Las islas que forman Singapur

En el siglo XIV un príncipe malayo creyó ver un león en sus costas y de ahí viene su nombre actual, que traducido es “ciudad de los leones”. A la entrada del puerto se puede ver un animal con cabeza de león y cola de pez, el merlión, que representa este acontecimiento y que se ha convertido en el símbolo de país. De cualquier forma, parece que en esta tierra nunca hubo leones y lo que el príncipe vio pudo ser otro tipo de felino: un tigre.

Merlión de Singapur

Sus tierras no eran aptas para el cultivo, por lo que no parecían tener mucho futuro. En sus alrededores había muchos pantanos y terreno fangoso. Sin embargo tenía algo que muchos imperios anhelaban, su estratégica situación, ya que estaba en el centro del comercio a gran escala entre Europa y Asia. Se hallaba en el estrecho de Malaca, arteria fundamental entre el Índico y el Pacífico, por donde pasaban las naves de la ruta de las especias para dirigirse a la India en el camino de vuelta.

La ruta de las especias. Fuente

En el siglo XIX un teniente coronel británico destinado en Java, Stamford Raffles, desembarcó en Singapur en 1819. Tras su visita llegó a la conclusión de que la fangosa isla grande podía ser el lugar ideal para un nuevo puerto comercial destinado a contrarrestar la influencia neerlandesa en la región. Para poder utilizar este enclave firmó un tratado con el sultán Hussein a cambio del pago de modestas sumas de dinero anuales. Unos años más tarde la Compañía Británica de las Indias Orientales compró la isla.

Pronto llegaron grandes oleadas de inmigrantes al puerto franco, encabezadas por comerciantes que querían evitar el pago de los elevados aranceles en el puerto rival de Malaca, controlado por los neerlandeses. Singapur continuó prosperando, su población se disparó y algunos se hicieron millonarios. En 1965 alcanzó la independencia. La mayor parte de sus habitantes son chinos, seguida de malayos e indios, tres pueblos con una larga tradición marinera. Cada uno ha desarrollado su cultura originaria en la nueva nación y de ahí surgen las muestras del patrimonio marítimo que todavía se conservan en Singapur, uno de los países que más ha apostado por su protección. Vamos a conocer algunas de las leyendas marítimas más representativas.

Las islas de las Hermanas

Una viuda que vivía en la isla tenía dos hijas, una de ellas fue secuestrada por unos piratas. Su hermana se lanzó al agua a rescatarla, pero se ahogó. Según la leyenda la otra se tiró al agua y desapareció. Ya no se volvió a saber nada de ellas. Al poco tiempo una gran tormenta con niebla invadió la costa. Al despejarse sus habitantes vieron que habían aparecido dos islas, que en adelante se denominaron las Islas de las Hermanas. Se decía que todos los años, el mismo día en que las hermanas se convirtieron en islas, siempre habría tormenta y lluvia. La localización de estas islas está marcada en color rojo en el mapa de Singapur que aparece arriba.

La isla de la Tortuga

La leyenda dice que una tortuga mágica se convirtió en una isla para salvar a dos marineros que habían naufragado, uno chino y el otro malayo, y que éstos le hicieron un templo taoista y otro musulmán como agradecimiento.

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Este país tan joven, donde la innovación es un elemento clave, fue el que adquirió el pecio descubierto por Walterfang en Belitung y parece que continúa con la idea de construir un museo para exponer el magnífico tesoro que se descubrió. Mientras los restos hallados descansan en la Galería Khoo Teck Puatel del Museo de las Civilizaciones Asiáticas de Singapur.

Una de las fuentes halladas en el naufragio de Belitung

Para concluir

Su apuesta por proteger y exponer el patrimonio, tanto el de su propio país como el del resto de culturas asiáticas, así como sus fantásticas leyendas, que forman parte del patrimonio marítimo inmaterial de la Humanidad, lo han convertido en un ejemplo a seguir en la lucha por hacer de la historia y el patrimonio una materia conocida y apreciada en todo el mundo. Este reconocimiento de la herencia pasada lleva aparejado su protección y difusión para disfrute de todos los ciudadanos.

Más información

HENG, Derek & ALJUNIED, Syed Muhd Khairudin. Singapore in global history. Amsterdam University Press, 2011.

KEN, Wong Lin. The strategic significance of Singapore in modern history. The Great Circle, 1982, 4, 1, p. 25-40.

MIKSIC, John N. Singapore and the Silk Road of the Sea, 1300_1800. Singapur; Nus Press, 2013.

PALACIO SALAZAR, Ivarth. Singapur, una ilusión hecha realidad. Revista de Economía & Administración, 2007, 4, 2.

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En donde hoy se asienta París hubo hace siglos una ciudad llamada Lutecia. En ella vivían un grupo de acaudalados comerciantes, los nautas, que costearon la construcción de una columna votiva, gracias a la cual se ha conocido la existencia del puerto y de la ciudad romanos.

Aunque no está todavía muy claro, este asentamiento, habitado tanto por los antiguos galos como por los invasores romanos, situada a las orillas del Sena, estuvo enclavada en la isla que hoy ocupa Notre Dame, la magnífica catedral medieval que hace poco sufrió un incendio. Es decir, el corazón de la ciudad de la luz tiene debajo una urbe romana. Se siguen haciendo investigaciones sobre este lugar, que fue descubierto en el siglo XVII, pero sobre el que es difícil hallar más restos debido a que la enorme ciudad actual ocupa todo el terreno y está edificada sobre ella.

Lutetia, que aparece así denominada en los escritos del gran Julio César, como muchas otras ciudades galas, finalmente tomó el nombre del pueblo que la habitaba (los parisios) y se llamó Civitas Parisiorum, de ahí el nombre moderno de París. Una inscripción desenterrada en 1711, entre otros monumentos antiguos en la iglesia de Notre Dame en París, contenía las palabras “Nautae Parisiaci”.

Lutecia pudo ocupar terrenos en el lado norte o sur del río, o incluso en ambos lados, porque la isla estaba unida al continente por puentes de madera en la época de César. Los francos, bajo el mando de Clodoveo, la tomaron hacia fines del siglo V y unos años después la convirtieron en su residencia. Las capas de Historia seguían avanzando.

De los restos recuperados hay varios estrechamente vinculados con el mundo de la navegación: la columna de los nautas y la proa de varias naves esculpidas en las columnas de las termas. No obstante, se ha descubierto un anfiteatro bastante grande y otros edificios de época romana de gran interés.

Dibujo del anfiteatro de Lutecia

Los nautas parisinos

Eran una poderosa corporación de navegantes y comerciantes de toda la Galia que fue muy próspera gracias a la importancia de los ríos (Ródano, Loira y Sena, entre otros). La riqueza de los nautas les llevó a donar grandes cantidades de dinero para levantar suntuosos edificios destinados a espectáculos. El reciente descubrimiento de los restos de una barcaza fluvial y de muchos objetos cotidianos de los marineros en la ciudad francesa de Arles, han permitido un acercamiento a esta cultura, cuyas muestras están en el Museo de la ciudad.

Barca galorromana desarrollada por la Asociación Ambianis. Fuente

La columna de los nautas

El testimonio más extraordinario es el famoso pilar denominado “de los Nautas”, dedicado a Júpiter. Debía alcanzar una altura de unos 5 ó 6 metros y ubicarse donde fue descubierto. Creemos que fue reutilizada, por lo que sólo quedan 5 cuerpos, que sin embargo proporcionan valiosos indicios sobre el urbanismo, los poderes alcanzados por los Nautas, su muestra de fidelidad a Roma y sobre todo información religiosa.

Pilar o columna de los nautas. Museo de Cluny

Así, junto a los dioses del panteón romano (Júpiter, Mercurio, Marte, Fortuna, Castor y Pollux), aparecen deidades galas como Esus, Tarvos, Trigaranus, Eurises, Smertrios o Cernannos. Por tanto, este monumento oficial es una muestra del sincretismo alcanzado en esos momentos.

Dibujo de la leyenda que contiene la dedicatoria, en la que se puede apreciar el término “nautae”. Fuente: Duval (1989)

A un lado del pilar, las inscripciones mencionan a los “nautes” y la financiación del monumento por un fondo común. Existen multitud de interpretaciones del significado de las esculturas que contiene, como se puede apreciar en el texto de Beal (2005). De lo que no cabe duda, porque está escrito, es de que es una ofrenda de este grupo.

Proas de naves en las termas

En el lugar que antes ocupaba Lutetia se han hallado los restos de unas termas galorromanas construidas en la primera mitad del siglo II. El estudio de Paul-Marie Duval permitió identificar la representación de un barco en cada una de las 8 columnas que aún sostienen las antiguas bóvedas de la sala central. Actualmente son difíciles de ver por el desgaste, por ello un dibujo puede servir para hacernos una idea. Se pueden apreciar dos tritones, uno a cada lado, que sostienen un remo. A la izquierda y a la derecha del casco hay dos delgados remos oblicuos en relieve. Entre los remos y el casco, podemos adivinar el perfil de dos peces en bajorrelieve. También se representa un pez de gran tamaño, nadando junto al barco y en la dirección de su avance.

Dibujo de la proa de un navío esculpida en una columna de las termas de Cluny. Fuente: Duval (1989)

Para concluir

El pilar de los nautas es un símbolo muy importante para París y su historia. Una “terminal” temporal que da fe de los orígenes de la ciudad y del encuentro entre los mundos celta y romano. Es posible que como los habitantes de París siempre pudieron observar en el Sena una flota, decidieran añadir un barco en las armas de la ciudad. La proa esculpida y las barcas de Arles sirven para hacernos una idea sobre cómo eran estas naves fluviales. Son una importante muestra del antiguo patrimonio marítimo mundial.

Más información

BEAL, Jean-Claude. Los “nautes armados” de Lutèce: ¿mito o realidad?Revista Arqueológica, 2005, 2, 40, p. 315-337. 

DUVAL, Paul Marie. Le groupe de bas-reliefs des “Nautae Parisiaci”. In: Travaux sur la Gaule (1946-1986). Rome: École Française de Rome, 1989, p. 433-462 (Publications de l’École française de Rome, 116).

LAJOYE, Patrice. Le pilier des Nautes de Paris. Le début religion gallo-romaine. Historie Antique, 2006.

Lutèce, una ciudad galorromana

Pillar of the Boatmen

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Existe una profunda controversia sobre cuál es el origen de los actuales habitantes de las islas del Pacífico. Los investigadores debaten si los hombres primitivos llegaron desde Asia o fue a través de otros lugares. Aunque la polémica no ha acabado todavía, y posiblemente falten muchas investigaciones por llevar a cabo, algo sabemos ya de las migraciones que tuvieron lugar hace miles de años, que poblaron las islas de Polinesia, Melanesia, Micronesia y Oceanía, que son más de 25.000. Si de algo no se duda es de la capacidad de esos pueblos para la navegación y de que traspasaron esos conocimientos a sus descendientes austranesios (habitantes del Pacífico sur y parte del Índico, como Madagascar).

Una de las divisiones de las islas del Pacífico. Fuente

Origen asiático

Parece que hace unos 5500 años algunos habitantes de Taiwán y de Filipinas se aventuraron en el inmenso Océano Pacífico y llegaron, en sucesivas oleadas, a esta parte del mundo. También sostienen que fueron hasta Madagascar y a la isla de Pascua. El estudio se basa en análisis de ADN y se llevó a cabo en el prestigioso Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, en el año 2018.

Rutas seguidas por las navegantes en sus colonización del Pacífico sur. Fuente: Irwin 2008

Llegan al Pacífico Sur

La aparición de personas asociadas con la cultura lapita (conocida así la que se generó tras la migración) en el Pacífico Sur hace unos 3000 años marcó el comienzo de una gran dispersión humana a tierras remotas. Sin embargo, su relación con los pueblos que ya habitaban las islas, como los de Papua, en la región de Nueva Guinea, o los del norte de Australia, no está clara y se sigue investigando. 

Habitantes de la isla de Tahití a principios S. XIX. Fuente: Biblioteca Nacional de Francia

Cultura lapita

La mayoría de los yacimientos lapita están localizados en poblados costeros. El mar les proporcionaba comida en abundancia y los esqueletos de algunos moluscos eran utilizados para hacer anzuelos y azuelas, además de adornos (brazaletes y cuentas), así como otros objetos decorativos y valiosos.

Apenas hay enterramientos lapitas en los que se han hallado restos humanos, aunque se han encontrado más frecuentemente fragmentos de cerámica roja con diseños complejos. En las islas Vanuatu, sí que han aparecido restos humanos, que tienen unos 3000 años de antigüedad, momento en el que los lapita se adentraron en el Pacífico, desde el archipiélago de Bismarck de Nueva Guinea, extendiéndose hasta Samoa y Tonga.

Restos de cerámica lapita. Fuente: Stone 2006

Los esqueletos encontrados no tenían cabeza, lo que es una característica de otras culturas del Pacífico. Algunos tenían anillos de concha cónica en lugar de cráneos, lo que indica que las tumbas se volvieron a abrir después del entierro y las cabezas se retiraron ceremonialmente, según Bedford. 

Restos de cerámica roja lapita. Fuente: Spetch 2014

Se han hallado varias tinajas, algunas de ellas son de uso funerario. El borde interior de una presenta cuatro pájaros de arcilla mirando hacia dentro del recipiente. Las vasijas son similares en forma a la cerámica roja que se encuentra en Taiwán y las islas del sudeste asiático, lo que refuerza el argumento de que los pueblos lapita al menos se detuvieron en esta región en su migración hacia el este.

Canoa de las Molucas con doble batanga. Fuente: Forrest, 1779. Biblioteca Nacional de España (BNE)

Un pueblo de grandes navegantes

Lo que sí es evidente es que eran grandes navegantes y que transmitieron sus conocimientos en todos los lugares que habitaron. Este hecho es la base de que cuando los colonos europeos llegaran a tierras australes se quedaran sorprendidos de las habilidades náuticas de estos pueblos, que para ellos eran primitivos.

Canoa tahitiana. Fuente: Biblioteca Nacional de Francia

Un estudio detallado de los sistemas de navegación, como el de Lewis, afirma que en sus viajes por mar se basaban en datos procedentes del análisis visual del oleaje, del vuelo de las aves o de la evolución de las nubes durante el día y de la observación de las estrellas durante la noche. Y que éstos sustituyeron durante siglos a nuestros sextantes, brújulas y demás instrumentos que en Europa se usaban para orientarse.

Herramienta de orientación hecha con piedras y ramas. Fuente

Para concluir

Aunque las investigaciones continúan, parece que desde el sureste asiático, con base en Taiwan y alguna otra isla, varios grupos de personas se aventuraron en un largo viaje hacia el sur, llegando hasta las islas del Pacífico sur, Madagascar e incluso la isla de Pascua. Posiblemente fueron desde unos archipiélagos a otros hasta terminar de colonizar la mayoría de ellas. Transmitieron sus profundos conocimientos sobre navegación, de forma que hasta que llegaron los europeos, casi tres mil años después, éstos se fueron pasando entre generaciones y enriqueciendo poco a poco.

Dibujo de Nueva Guinea, del libro de Forrest 1779. Fuente: BNE

Más información

BEDFORD, Stuart; SPRIGGS, Matthew & REGENVANU, Ralph. The Teouma Lapita site and the early human settlement of the Pacific IslandsAntiquity, 2006, 80, 310, p. 812-828.

BEDFORD, Stuart, et al. Lapita and Western Pacific settlement: Progress, prospects and persistent problemsOceanic Explorations, 2007.

BEDFORD, Stuart; SAND, Christophe; P CONNAUGHTON, Sean. Oceanic Explorations (TA26): Lapita and Western Pacific Settlement. ANU Press, 2007.

FORREST, T. A voyage to New Guinea, and the Moluccas, from Balambaugan Texto impreso: including an Account of Magindano, Sooloo, and other Islands … Belonging to the Honorable East India Company, Duriong the years 1774, 1775, and 1776. London: Printed by G. Scott, 1779.

IRWIN, Geoffrey. Pacific seascapes, canoe performance, and a review of Lapita voyaging with regard to theories of migrationAsian Perspectives, 2008, 47, 1, p. 12-27.

KINASTON R, et al. Lapita Diet in Remote Oceania: New Stable Isotope Evidence from the 3000-Year-Old Teouma Site, Efate Island, Vanuatu. PLoS ONE, 2014, 9(3): e90376.

KIRCH, Patrick Vinton. The Lapita peoples: ancestors of the oceanic world. The Peoples of South-East Asia and the Pacific. Cambridge: Blackwell, 1997.

BEHMARAS, M. La gente Lapita. Amuraworld. S.f.

MATISOO-SMITH, Elizabeth & ROBINS, Judith H. Origins and dispersals of Pacific peoples: evidence from mtDNA phylogenies of the Pacific rat. Proceedings of the National Academy of Sciences, 2004, 101, 24, p. 9167-9172.

MCNIVEN, Ian, et al. New direction in human colonisation of the Pacific: Lapita settlement of south coast New Guinea. Australian Archaeology, 2011, 72, 1, p. 1-6.

SPECHT, Jim, et al. Deconstructing the Lapita cultural complex in the Bismarck Archipelago. Journal of Archaeological Research, 2014, 22, 2, p. 89-140.

STONE, Richard. Graves of the pacific’s first seafarers revealed. Science, 2006, p. 360.

SUMMERHAYES, Glenn, et al. Lapita interaction. Canberra, ACT: ANH Publications, 2017.

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Un farmacéutico alemán del siglo de la Ilustración, Alberto Seba, que consiguió ganar mucho dinero con sus fórmulas, dedicó parte de su riqueza a una afición: el coleccionismo. Vendió su primera colección al zar ruso Pedro I el navegante. Con los años vio lo importante que podía ser publicar un catálogo sobre sus ejemplares y lo que de ellos había aprendido. Así surgió esta magnífica obra, espectacularmente ilustrada, que dedica muchas de sus hojas a animales y plantas del mar.

Pez globo

El autor

Seba había nacido en Etzel (Alemania) en 1665. Cuando era joven viajó extensamente por su patria y por Holanda para aprender el oficio de boticario. En 1696 decidió instalarse en Ámsterdam y se convirtió en un conocido y destacado ciudadano. Allí amasó una considerable fortuna, que dedicó a sus intereses sobre la historia natural. Reunió un gabinete notable de curiosidades que se hizo mundialmente famoso. Se puede obtener más información sobre el autor en el libro de Engel de 1937 citado en la bibliografía.

Seba, con 66 años, tal y como apareció en su libro

Seba es conocido por sus colecciones de esta temática que contenían objetos de todo el mundo. Su lugar de residencia, Ámsterdam, le permitió negociar con marinos procedentes de muchas regiones lejanas, a los que a veces proporcionaba remedios y pócimas a cambio de ejemplares de tierras remotas.

Una de las láminas con crustáceos

Su publicación

En 1717 vendió su primera colección al zar Pedro el Grande de Rusia por 15.000 florines. Según su inventario, estaba compuesta por 72 cajones de conchas marinas, 32 de insectos y unos 400 tarros con animales conservados en alcohol. Posteriormente, ésta pasó al Museo de San Petersburgo.

Pero pronto comenzó a hacer una nueva colección que contenía muchas especies marinas, a las que contribuyó a identificar. Su interés por mantener los ejemplares adquiridos lo llevó a usar procedimientos de conservación frecuentes en la práctica médica, como ceras, aceites y otros ungüentos.

Detalle de una de las láminas

Seba publicó una obra que contiene descripciones y dibujos de los objetos de su colección. Consta de cuatro grandes volúmenes que contienen 449 láminas y un texto explicativo. Su título en latín es “Locupletissimi rerum naturalium thesauri exactta descriptio, et iconibus artificiosissimis expressio per universam physices historiam”, cuya traducción es Descripción exacta de las principales curiosidades naturales del magnífico gabinete de Alberto Seba. El libro es conocido como el “Tesauro”. Para las ilustraciones contrató a 13 grabadores y dibujantes.

Portada del libro de Seba

Se publicaron en dos ediciones, que aparecieron simultáneamente y que son exactamente iguales, excepto por el idioma del texto, ya que una apareció en latín y holandés y en la otra en latín y francés.

Otra de las láminas con distintos tipos de peces

La organización de este trabajo es bastante peculiar, ya que suele predominar la parte estética sobre la científica, y a veces en las láminas aparecen animales de distintas zonas geográficas. A pesar de ciertos déficits, es la obra más reconocida del siglo XVIII por su carácter universal, ya que contiene la mayor cantidad de representaciones sobre organismos vivos de su época. De hecho, el gran Linneo, el creador de la primera clasificación de los seres vivos, lo cita a menudo en su obra Systema Naturæ. Esto apunta claramente a lo relevante que fue su trabajo. Sobre el mundo marítimo es una de las primeras y de las más completas colecciones.

 Representación de moluscos gasterópodos

La estética

Un vistazo detallado aclara el motivo por el que se habla de que en este libro hay más de estética que de Ciencia. Realmente algunas de las láminas parecen obras de arte formadas con elementos naturales, como la que se puede contemplar abajo.

Lámina con motivos decorativos

Pasados ya varios siglos desde su publicación, no parece que sea una carencia, sino una ventaja, la idea de presentar este patrimonio natural con forma de obra de arte, ya que ésta contribuye a poder sumar valor. Este es el motivo porque el traemos esta obra, que sin perder de vista la Ciencia, la adapta y contribuye a enriquecerla con elementos estéticos haciéndola más atractiva y divulgativa.

Representación con motivos decorativos hechos con gasterópodos

Una de las ediciones de la obra, Locupletissimi rerum naturalium thesauri…., fue publicada en Ámsterdam entre los años 1734 y 1765, y está disponible en el repositorio digital de la Biblioteca Nacional de Francia.

Más información

BOESEMAN, Marinus. The vicissitudes and dispersal of Albertus Seba’s zoological specimens. Zoologische Mededelingen, 1970, 44, 13, p. 177-206.

ENGEL, Hendrik. The life of Albert Seba. 1937.

ENGEL, H. The sale-catalogue of the cabinets of natural history of Albertus Seba (1752). Bulletin of the Research Council of Israel, 1961, 131, 15, p. 119.

HOLTHUIS, Lipke Bijdeley. Albertus Seba’s” Locupletissimi rerum naturalium thesauri…”(1734-1765) and the “Planches de Seba” (1827-1831). Rijksmuseum van Natuurlijke Historie, 1969.

PÉREZ, Salvador. El gabinete de Albertus Seba. Blog Taxidermidades, 2017.

 

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