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Archive for the ‘– Historia marítima’ Category

Las ruinas de un antiquísimo poblado de pescadores se encuentran en Grecia, sumergidas en las aguas poco profundas del Vatika, cerca de una pequeña isla llamada Pavlopetri, en una bahía en el sureste de la península de Malea, en el Peloponeso. Es posiblemente el sitio sumergido más impresionante y mejor conocido del mar Egeo en virtud de su tamaño, contenido y por la buena conservación de los restos.

Cronología

Estuvo habitado al menos durante toda la Edad del Bronce (desde los años 2800 al 1100 a.C.). La parte sumergida consta de edificaciones con habitaciones, patios, calles y también tumbas.

Localización

Henderson (2013) estima que cubría un área de aproximadamente unos 9000 metros y tenía una población que podía oscilar entre las 500 y 2000 personas en los mejores momentos. Desde entonces el nivel del mar ha ido aumentando paulatinamente unos 4 ó 5 metros durante los últimos 5000 años (como se puede apreciar en la siguiente imagen de Galanidou 2020), inundando este poblado.


Un puerto

Los restos de esta magnífica infraestructura hundida permiten estudiar con detalle cómo era el puerto, cómo funcionaba, cómo arribaban las naves y hasta dónde llegaron sus contactos marítimos y el comercio en esta época prehistórica. Este asentamiento costero coincidió con el período de algunas de las primeras civilizaciones del Egeo como la minoica, en la isla cercana de Creta y, más tarde, la micénica, ya situada en la Grecia continental.

Comercio marítimo

Como muchas de las ciudades costeras, su riqueza creció progresivamente gracias al comercio marítimo. Los arqueólogos han sacado del mar multitud de partes de objetos cotidianos, tales como ollas para la cocina, vajillas, jarras, envases, jarrones y piedras para moler.

Ánforas halladas en Pavlopetri. Imagen: Cheryl Benard/World Monuments Fund Provenance. Fuente

Recientes estudios han demostrado que las vasijas llegaban a Pavlopetri desde muchos lugares del Mar Egeo y de la Creta minoica. Se han hallado tanto piezas de estas civilizaciones vecinas como muestras de que los habitantes de este asentamiento copiaban y adaptaban estos estilos para producir sus propias versiones de cerámica local. Casi la mitad de la cerámica recuperada se ha datado al principio de la Edad del Bronce, lo que evidencia el interés de las primeras poblaciones por lugares con acceso inmediato al mar y a sus recursos marinos, así como oportunidades para la comunicación por mar.

Parte de las piezas encontradas, recogidas y expuestas en el Museo Arqueológico de Neápolis

En el museo de Arqueología en Neapolis, inaugurado en 2017, hay una pequeña exhibición de artefactos recuperados del poblado

Es importante recordar que la época de finales de la Edad del Bronce fue el escenario histórico de gran parte de las epopeyas de Homero, con héroes como Aquiles y Ulises, y de muchos otros de los mitos heládicos posteriores. 

Recientes trabajos han permitido la reconstrucción virtual de una parte de este poblado hoy sumergido, para que podamos hacernos una idea de cómo era en sus mejores momentos.

Para concluir

Pavlopetri es importante no solo para la cultura griega, sino que es parte del patrimonio cultural de la Humanidad. Es el pueblo sumergido más antiguo que se conoce hasta ahora. Hay otras ciudades mediterráneas de gran relevancia como Alejandría, pero son posteriores. Sabemos, por recientes investigaciones subacuáticas, que en esta parte del Mediterráneo hay cientos de sitios sumergidos, porque es un polo sísmico que a menudo ha ido seguido de numerosos maremotos, por lo que las fuerzas de la naturaleza han terminado hundiendo muchas de estas infraestructuras costeras. Hoy yacen en el fondo del mar como ciudades fantasma que evocan el recuerdo de un pasado rico y poderoso, cuyo patrimonio, aunque muy mermado, permanece “descansando” en las aguas de los mares de la Antigüedad Clásica.

Más información

GALANIDOU, Nena; DELLAPORTA, Katerina & SAKELLARIOU, Dimitris. Greece: Unstable Landscapes and Underwater Archaeology In The Archaeology of Europe’s Drowned Landscapes. Springer, Cham, 2020. p. 371-392.

GALLOU, Chrysanthi & HENDERSON, Jon. Pavlopetri: an Early Bronze Age harbour town in south-east Laconia. Pharos, 2012, 18, 1, p. 79-104.

HARDING, Anthony; CADOGAN, Gerald; HOWELL, Roger. Pavlopetri, an underwater Bronze Age town in LaconiaThe annual of the British school at Athens, 1969, 64, p. 113-142.

HENDERSON, Jon, et al. Mapping submerged archaeological sites using stereo‐vision photogrammetryInternational Journal of Nautical Archaeology, 2013, 42, 2, p. 243-256.

KIPREOS, George, et al. Pavlopetri, the World’s Oldest Submerged City: Analysis of Dive Tourism Perspectives Development in the Region Through SWO T Analysis. Journal of Investment and Management, 2016, 5, 6, p. 199-205.

MCALLISTER, Maddy. The Problem with ‘Digital Realism’in Underwater Archaeology: Photogrammetric Digital 3D Visualization and Interpretation. Journal of Maritime Archaeology, 2021, p. 1-23.

Pavlopetri, Greece; a submerged prehistoric town. Novoscriptorium. 2019

Pavlopetri, la ciudad sumergida bajo las olas. Nautical News Today, 2015.

SMITH, Kerri. Mapping the world’s oldest submerged town. Nature News, 2009.

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El caballo de Troya es uno de los mitos literarios más conocidos de la Antigüedad clásica. Diferentes estudios se han centrado en si realmente existió y, en caso afirmativo, han buscado explicaciones sobre cómo se pudo construir en tan poco tiempo y de dónde pudo salir la madera para fabricarlo. Esta semana traemos una síntesis de ellos, cuyos datos vinculan al famoso equino griego con los barcos que asediaban Troya, en la costa turca del Egeo.

La guerra de Troya

Narrada por Homero en la IIiada, cuenta la guerra (1194-1184 a.C.) que se desató cuando Paris, el hijo del rey de Troya (en la actual Turquía), rapta a Helena, la esposa de Menelao de Esparta (Grecia), y se la lleva a su ciudad. Los espartanos forman una liga con muchas de las ciudades griegas para atacar Troya y devolver a Helena a su tierra natal. Los confederados sitian por mar durante diez años la ciudad, pero no consiguen rendirla. Sólo con el engaño del enorme caballo de madera en el que iban muchos guerreros griegos, que los troyanos creen que es un regalo de los dioses, consiguen entrar en la ciudad y derrotarlos.

Homero dice que la flota estaba compuesta de más de mil barcos, procedentes de 29 ciudades griegas. Estas naves asediaban durante el verano (mare apertum) la ciudad turca, posteriormente volvían a su tierra para el resto del año.

Nave griega dibujada en un ánfora

Una vez contextualizada la historia, pasamos a exponer las teorías acerca de ese mítico caballo de Troya que le dió la victoria a los griegos.

Ruinas de la ciudad de Troya. Fuente

A) Fue realmente un caballo de madera

Durante siglos se había puesto en duda incluso la existencia de la ciudad de Troya, hasta que en el siglo XIX un arqueólogo consiguió demostrar que sí que hubo una urbe con ese nombre. Posteriores excavaciones sacaron a la luz la antigüedad de Troya y permitieron conocer más acerca de sus ciudadanos y forma de vida, pero no se ha extraído prueba alguna del famoso caballo. Tampoco es extraño, ya que si estaba hecho de madera, el material es perecedero y difícilmente hubiera sobrevivido hasta nuestros días.

Réplica del caballo que se levanta en Troya, en recuerdo de la epopeya

Virgilio, un poeta latino del siglo I a.C., cuenta cómo sucedió, implicando a la diosa Atenea en su construcción. El enorme tamaño del equino hace pensar que fue necesario contar con mucha madera para su construcción, lo que lleva a pensar que las tablas de abeto podían proceder de los barcos de la flota griega, que fueron “sacrificados” para poder llevar a cabo el engaño.

“Quebrantados por la guerra y rechazados por los hados durante ya tantos años decepcionantes, los caudillos de los dánaos [griegos] construyen un caballo del tamaño de una montaña gracias al arte divina de Palas [Atenea] y ensamblan sus costados con tablas de abeto; simulan que es un voto por su regreso; esta noticia se extiende. Aquí [dentro del caballo] los cuerpos de los hombres escogidos a suertes se ocultan furtivamente en un flanco secreto y llenan hasta lo más profundo las grandes cavidades y el vientre con hombres armados”

Virgilio, Eneida II, 13-20

Hay también que tener en cuenta que para construir esa enorme figura haría falta mucho tiempo y muchos hombres, especialmente contar con personal experto en el trabajo de la madera, como los carpinteros de ribera y de lo blanco. Estos motivos, unidos a la participación de la diosa y a que en la literatura se dice que sólo se tardó 3 días en construirlo, son los que les hacen dudar a algunos investigadores sobre si realmente existió o si tan solo es un mito más de la Antigüedad.

B) Fue un barco que tenía un mascarón con cabeza de caballo

En los últimos años varios autores académicos han puesto en duda que la enorme figura que logró traspasar los muros de Troya fuese un caballo, y apuestan porque fuera un barco.

Ruiz ha observado la asimilación entre caballos y barcos, y propone una nueva interpretación: la treta de los griegos habría consistido en aprovechar que los troyanos tenían predilección por los caballos y que eran expertos jinetes y domadores, para dejar varado un barco con el mascarón de proa tallado en forma de cabeza de caballo, muy propio de la cultura fenicia. Para conseguirlo Ulises convenció a Agamenón, rey de los aqueos, para que ocultara toda su flota tras una isla cercana, la de Ténedos. Allí los carpinteros de ribera dieron forma de cabeza de caballo al mascarón de una de las naves y modificaron en él todo lo necesario para convertirlo en un híppos, en un barco fenicio. También hicieron las modificaciones necesarias para esconder a un grupo de soldados dentro. Así pues, el barco parecía ser una ofrenda a Poseidón, de modo que los troyanos acabaron por aceptar el regalo y decidieron llevárselo a la ciudad.

Una nave fenicia de guerra que aparece en una moneda fenicia (Castro)

Una variación es que sin necesidad de esconderlos, vistieron a los soldados griegos como inofensivos mercaderes fenicios que solicitaron fondear en la bahía. Una vez trabada la confianza tras la errónea comprobación de que, en efecto, eran fenicios, se les permitió el acceso

Otra teorías

Otros autores afirman que pudo ser una máquina de guerra del mundo antiguo, como por ejemplo un ariete, una torre de asalto o cualquier otro ingenio bélico.

Algunos investigadores incluso han llegado a explicar que lo que ocurrió fue un terremoto, y que la tradición eligió un caballo para expresar este cataclismo porque era el animal emblemático de Poseidón, el dios griego que regía los movimientos de la tierra.

Para concluir

No podemos afirmar, a la luz de las investigaciones y excavaciones arqueológicas actuales, ni siquiera si existió, pero en el caso de que hubiera existido, cabe la posibilidad de que no fuera un caballo construido de la madera de las naves griegas, sino uno de sus barcos convertido en un mercante fenicio para engañar a los troyanos y así poder atravesar las líneas enemigas. De cualquier forma, parece claro que las maderas de las naves griegas fueron básicas para la toma de Troya.

Más información

CHONDROS, Thomas G., et al. The trojan horse reconstructionMechanism and Machine Theory, 2015, 90, p. 261-282.

GANGUTIA, Elvira. El caballo en la Odisea. EMERITA. Revista de Lingüística y Filología Clásica, 2003, LXXI 2, p. 197-221

GONZÁLEZ CELDRÁN, José Alfredo. Mito y Realidad del Caballo de Troya. S.f.

RUIZ DE ARBULO, Joaquín. Los navegantes y lo sagrado. El barco de Troya. Nuevos argumentos para una explicación náutica del caballo de madera. En: X. NIETO y M.A. CAU (Eds): Arqueología Náutica Mediterránea, Monografies del CASC, 8, Girona, 2009, p. 535-551.

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Durante el mes de agosto hacemos recopilaciones temáticas, basadas en las series de esta bitácora. Esta semana hemos dedicado especial atención a un tema de enorme interés, algunos de los tipos de naves utilizadas a lo largo de la Historia. Su evolución casi siempre ha ido dirigida a mejorar prestaciones en cuanto a la navegación y, en siglos posteriores, a hacer más cómodo (dentro de lo que cabía) el viaje.

Época antigua

Una de las primera y más conocidas es el arca de Noé, que según algunos de los textos que nos han llegado podía ser como un coracle, similar a los que todavía existen en Basora (Irak) o en la India, pero mucho más grande.

Coracle actual. Fuente

En el antiguo Egipto se construyeron multitud de naves, unas para navegar por el Nilo, otras para pasar al Mediterráneo. La influencia del medio marítimo fue tal que a los faraones se les enterraba con sus barcos muy cercanos, que el largo viaje al inframundo se cruzaba en una pequeña nave y que en las procesiones para sacar a los dioses, éstos iban en embarcaciones.

La enorme barca solar de Keops. Fuente

Los “barcos de Biblos” o las “naves de Tarsis” eran las que los egipcios usaban en alta mar, es decir, las que se adentraban tanto en el Mediterráneo como en el Mar Rojo.

Barco de Biblos o de alta mar. Fuente: Historia National Geographic

Uno de los pueblos mejor preparados para la navegación fueron los fenicios, que dieron distintos usos a los productos de la construcción naval. El barco destinado al comercio era la gôlah (en griego gaulos). Su evolución se inicia a mediados del segundo milenio y debió influir en los modelos empleados por los griegos a partir del siglo VI a.C. La fisonomía del casco es la habitual de las naves mercantes, curvo y panzudo. Su proa y popa son idénticas y para  gobernarla se utilizaba un timón de espadilla. Había una baranda protectora hecha de tablillas o cañizo.

Mercante cananeo dibujado por Guerrero. Fuente

Los barcos fenicios para la guerra (hippoi) tenían una eslora que podía oscilar entre los ocho y doce metros, sin bodega ni cubierta de carga, aunque sí que llevaban sentina. El sistema de propulsión era mixto, vela cuadra y remos. El número de remeros embarcados dependía mucho del tipo de empresa marinera.

Moneda fenicia que representa un barco de guerra (Castro). Fuente

La antigüedad clásica fue cuna de multitud de naves como las birremes, trirremes o cuatrirremes, entre otras muchas. Como en la cultura anterior, existían ciertas embarcaciones preparadas para el comercio, el traslado de tropas, de caballos y otras especialmente equipadas para la guerra. Un buen ejemplo son las naves romanas de Maguncia, restos de madera de cinco embarcaciones militares romanas del siglo IV d. C. y sus reproducciones. Se pueden dividir en dos tipos, una más grande (navis actuaria), para el transporte de tropas a mayor escala y las otras cuatro, más pequeñas, que también servían para llevar soldados (navis lusoria).

Reproducción de una navis lusoria. Fuente

La voluntad de reyes y príncipes de destacar influyó en la construcción de naves peculiares y casi únicas, como las que mandaron hacer algunos de los miembros de la familia de los Ptolomeos (por ejemplo thalamegos y tessarakonteres) o las que Calígula tenía para pasear por el lago Nemi, destruidas por el ejército nazi.

En el continente asiático varios tipos de barcos, algunos muy conocidos, entre los que se encuentran los lenjes persas, los dhows árabes como el que se encontró en el estrecho de Malaca o los juncos, han servido durante milenios a multitud de civilizaciones para navegar por mares y océanos.

Reproducción de un junco asiático. Fuente

Época medieval

La embarcación que durante una parte de la Edad Media y hasta entrado el siglo XVII cruzaba el Mediterráneo fue la galera. Heredera de los dromones bizantinos, en su estructura se fueron añadiendo elementos y sistemas que la convirtieron en la nave de guerra más poderosa durante siglos. En el blog le hemos dedicado dos series (I y II), dado que es una de las líneas de investigación que llevamos desarrollando desde hace años. Galeras y galeazas fueron protagonistas en la batalla de Lepanto.

Época moderna

Con la llegada a América por parte de Colón, las expediciones a territorios lejanos inexplorados y la ruta de las Especias, las necesidades en la navegación comenzaron a variar. Los océanos Atlántico y Pacífico exigían a las embarcaciones características muy distintas a las que tenían la mediterráneas. El alto bordo, por ejemplo, era una nueva necesidad que las galeras no cumplían. Así fueron desarrollándose nuevos barcos, entre los que merece la pena destacar naos, carracas, carabelas o galizabras, que terminaron fraguando en los tipos que son más conocidos actualmente como fragatas y navíos.

De los grandes buques de guerra españoles construidos en el siglo XVIII se dispone de planos, iconografía variada y modelos de arsenal (que son reproducciones a escala realizadas para mostrar detalles o variaciones de sistemas en la construcción de un navío, fragata u otro barco bélico). En la serie Navíos españoles del siglo XVIII, escrita por J.C. Mejías, un colaborador de la Cátedra, se proporcionan las líneas básicas para identificar este tipo de buque, los sistemas de construcción que se emplearon y sus fechas de realización.

Navío Santísima Trinidad

Uno de los más conocidos es la fragata Mercedes, que saltó a la fama tras descubrirse que una empresa cazatesoros estadounidense estaba espoliando el pecio, hundido a principios del siglo XIX en aguas de la bahía de Cádiz.

Fragata Nuestra Señora de las Mercedes

Existen naves de naturaleza más específica, como las dedicadas al transporte de caballos, las que sirven para hacer arder a otras (los barcos de fuego), o los precursores de los acorazados como la barcaza espín, entre otros muchos. También extraños buques redondos como la popovka.

Ilustraciones

Aunque no han sido muchos los artistas que en sus obras han recogido naves históricas, ha habido uno en España que siempre ha destacado por su especialidad en ellas. Es Rafael Monleón, un pintor valenciano del siglo XIX, que representó multitud de embarcaciones de todas las épocas.

Para concluir

Éste ha sido un breve repaso a la tipología de embarcaciones utilizadas por la Humanidad que se han tratado en el blog. No están todas, aunque en esta bitácora seguiremos recogiéndolas a partir de septiembre. Son maravillas de la técnica que han ido apareciendo a lo largo del tiempo para intentar “dominar” las grandes masas de agua que nos rodean. Todo un logro.

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En las embarcaciones hubo que soportar a ciertos pasajeros, que viajaban sin autorización, que además fueron origen de muchas epidemias y enfermedades: las ratas. A veces se podían contar por miles y, cuando la necesidad obligaba, eran objeto de auténticas cacerías, tanto para exterminarlas como en casos extremos para comerlas.

Estos roedores han sido una pesadilla desde los primeros tiempos. Evidentemente cuanto mayor era la nave más posibilidades había de una infestación de ratas, ya que había más lugares donde esconderse y anidar. Este mamífero, temido durante siglos por los navegantes, se adapta con mucha facilidad a distintos ambientes y es uno de los que tiene un ciclo de reproducción más rápido. De hecho, parece que en los únicos lugares del mundo donde no habita son los polos, aunque ahora hay ciertos estudios que demuestran lo contario.

Llegaron de Asia

Este tipo de rata es una especie que llegó hace siglos de Asia hasta el Mediterráneo y desde ahí se trasladó a América y a otros lugares costeros. Existen incluso leyendas de barcos fantasma que transportan ratas caníbales, lo que por otra parte alguna vez se ha hecho realidad al hallar naves abandonadas pobladas de roedores, que con el tiempo no encontraron otra cosa que comer más que a sus congéneres.

En esta entrada nos vamos a centrar en un texto que explica las vicisitudes de la Armada española para hacerse con la fórmula que pudiera acabar con estos roedores. Cesáreo Fernández Duro nos informa de un expediente del Ministerio de Marina, del año 1797, que muestra la voracidad de las ratas en los barcos,

Excmo. Señor: En este navío, Santísima Concepción, es tan asombroso el enjambre de ratas, que aunque desde mi destino en él di permiso para que se poblase de gatos, solo se ha conseguido que aparezcan menos por los altos; y habiéndose hecho por el Comandante del navío poner 130 libras de galleta en dos sacos, en un pañol vacío, recogiendo su llave, se ha reconocido a los quince días haberse comido las ratas hasta 65 y media libras de ambos sacos (Disquisiciones… Vol. VI, p. 601).

Una fórmula ilustrada

En el año 1795, según informes del comandante del navío San Ildefonso, José Ezquerra, en Portsmouth (Gran Bretaña) había un hombre que vendía unos polvos, que tras el pago de cinco ó seis guineas echaba en todos los lugares de la nave y erradicaba los roedores. Para ello previamente había que desocupar el barco, lo que provocaba alguna que otra sospecha. Ezquerra consiguió una muestra de los polvos, que mandó a José de Mazarredo y al Bailío Fr. Antonio Valdés. Una vez en la Península se le pidió al catedrático de Medicina Juan de Aréjula que los analizara, aunque alegó que no tenía los reactivos ni los aparatos necesarios, por lo que se veía en la imposibilidad de practicarlo.

Ante la llegada continua de informes de velas raídas, así como de efectos e instrumentos inutilizados por causa de estos roedores, se tomó con mucho celo el hecho de conseguir una sustancia que evitara la invasión de ratas. La fórmula se usaba con éxito también en las plantaciones de azúcar de las colonias inglesas. Cuenta Fernández Duro que en los navíos de la Compañía de la bahía de Hudson (hoy en Canadá), que habitualmente llevaban cargamentos de peletería, sus pasajeros aseguraban que jamás habían padecido el menor perjuicio por tal causa, debido a unos polvos raticidas.

España necesita adquirir la fórmula

Un año después el capitán de navío José de Mendoza y Ríos tomó cartas en el asunto y se dedicó a intentar comprar la fórmula, ya que creía que era más conveniente que adquirir sólo una porción. Su “inteligencia y celo” hicieron posible obtener el conocimiento de la receta de los mismos individuos que la vendían, y mediante una gratificación de cien guineas se ofreció la fórmula química a Mendoza, obligándose él por su parte “a no revelarlo jamás en Inglaterra, y a que tampoco se divulgaría públicamente en España”.

Capitán de navío Mendoza y Ríos

La gran reputación que tenía el profesor Aréjula hizo que se le entregase el pliego con la fórmula, que al final necesitó varios arreglos. El catedrático español consiguió que los polvos acabaran con las ratas, pero en su empeño también murieron varios operarios. Era una pasta compuesta de arsénico, azúcar y harina. El hecho fue que para engañar a los roedores, que sospechan rápidamente que una comida podía estar envenenada, se mezclaron con galletas y cereales y se dejaron en las instalaciones del Arsenal de Cartagena. No se dio aviso de ello y varios albañiles que trabajaban en las inmediaciones creyeron que eran restos de comida y los ingirieron, lo que les provocó, a pesar de los cuidados que recibieron, la muerte en poco tiempo.

Más información

ALFÁU ASCUASIATI, Antonio. Plagas Domésticas: Historia Patologías Plaguicidas Control. Palibrio, 2012, p. 123-160.

FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo. Disquisiciones Náuticas. Madrid: Imprenta, Estereotipia y Galvanoplastia de Aribau y Cª, 1876-1881.

FLORES MOSCOSO, Ángeles, et al. Normas de seguridad en la navegación a Indias en el siglo XIX. Actas de la V Jornadas de Andalucía y América. CSIC, 1986.

GRUBBS, Samuel & HOLSENDORF, Benjamin. Manera de poner a prueba de ratas en las embarcacionesBoletín de la Oficina Sanitaria Panamericana (OSP), 1925, 4 (11).

LIAÑO RIVERA, Manuel. La ermita de San Telmo y la peste bubónica. Aljaranda: Revista de Estudios Tarifeños, 1991, 3, p. 13-16.

LLOYD, Bolivar J. Prevención de las enfermedades transmisibles: Manual para uso de los dueños, agentes o capitanes de buques destinados al comercio internacional y demás personas o entidades interesadas en cuestiones sanitarias marítimas. Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana (OSP), 1928, 7 (3).

WILLIAMS, C. L. La inspección de los buques para determinar la presencia de ratasBoletín de la Oficina Sanitaria Panamericana (OSP), 1933, 12 (2).

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Se denomina arráez a un patrón de barco, pero también hace referencia al jefe de todas las faenas que se llevan a cabo en la almadraba (lugar donde se pesca y donde después se prepara el atún). En el norte de África se usó para denominar al capitán de la embarcación musulmana. Precisamente por ésto deriva del árabe hispano arráyis, y éste del árabe clásico ra’īs. En el Al-Andalus se hacía uso del término para nombrar a los caudillos de ciertas zonas que protagonizaron revueltas, tanto contra los reyes musulmanes como contra los católicos (Segura 2006). Este tema, de indudable interés histórico, apenas ha sido tratado, por lo que aquí exponemos una síntesis de lo investigado hasta el momento. Vamos a realizar un repaso de la adjudicación de este término en los ámbitos naval y marítimo según la distribución geográfica.

En el Mediterráneo hispano

Durante la Edad Moderna, en los puertos andaluces y en las ciudades costeras mediterráneas hispanas, el arráez era el capitán de una embarcación pesquera. Aunque inicialmente eran musulmanes, los que se quedaron en la Península tras la reconquista pasaron a ser conocidos como mudéjares y moriscos, y muchos mantuvieron su oficio. Posteriormente el término se asimiló, y se usaba para designar a los patrones de los barcos, fueran o no cristianos, especialmente de pesca, aunque también a veces se nombra así a los que transportaban pasajeros a Indias.

En el Reino de Aragón

Según los estudios realizados, parece que el transporte, tanto el fluvial como el marítimo, era una actividad familiar (Zulaica 1997). Tenemos noticia de que en la localidad de Mequinenza (Zaragoza), durante el siglo XV, Mahoma el Moro era un activo arráez que trabajaba con sus dos hermanos Asmez y Aziz Focen. Otras familias dedicadas al transporte fluvial eran los Fogaça. También había cristianos como los Lombart y los Soro. Está documentado que además se les llamaba “raíces”, y eran los que monopolizaban el tráfico fluvial por el río Ebro. Se habían establecido en Zaragoza y en otros pueblos de aguas abajo del citado río hasta Flix. Ya habían formado una cofradía en la que se incluyeron a algunos pescadores, según Cabezudo.

‘La pesca de los atunes’ de Sorolla

En Andalucía

Para poder desarrollar el oficio de arráez de barcos de carga y descarga en el río Guadalquivir era necesario realizar previamente un examen. Hemos hallado el acta de uno de los que se les llevaron a cabo en el año 1610. Los aspirantes fueron los siguientes:

Alonso Sánchez, Domingo Suárez, Jerónimo de la Cruz, Juan de Zamora, Francisco Sánchez, Antonio González, Alonso Calzado, Cristóbal Zarco el Viejo, Amador Pérez, Cristóbal Zarco el Mozo, Pedro Gudiel, Roque Bernal, Juan de Ortega, Manuel Pérez, Miguel Páez, Antón de Carmona y Gonzalo Hernández.

De ese mismo año se ha hallado un documento del examen celebrado en la Casa de la Contratación, ante Rodrigo Zamorano, cosmógrafo y piloto mayor, para el examen de arráez del río Guadalquivir de Miguel Hernández.

También conocemos que establecieron cofradías, de las que tenemos noticia en Vera y también en Cartagena.

En América

En la Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias, impresa en 1841, se trata de los arráeces de los barcos de carga y descarga (Ley XXIII, título 26, libro 9, tomo III). Se manda que no se consienta que salgan de Cartagena de Indias sin haberse examinado (Ley XLVII), ni que lleven pasajeros sin licencia (Ley LIX).

Arraeces prisioneros

Durante toda la Edad Moderna, en los enfrentamientos entre naves hispanas y norteafricanas, una de las clases de prisioneros con los que la normativa era más dura eran precisamente los arráeces y sus ayudantes (sotarráeces), ya que se consideraban muy peligrosos por sus conocimientos náuticos. De hecho, una vez capturados no podían ser vendidos, sino que debían ir directamente a prisión. Si se destinaban a galeras, sólo podían remar y tenían prohibido abandonar la nave, ya que el riesgo de fuga era muy grande.

Para concluir

Un término, que designa a la persona que tiene las habilidades para dirigir una nave, cuyo origen es andalusí, como muchos otros vinculados con esta materia, que ha tenido varios derivados y uno de ellos hace alusión al jefe que gobierna la almadraba. Sus habilidades náuticas los hacían tremendamente peligrosos cuando eran capturados por sus enemigos, ya que en un descuido podían hacerse con la embarcación, o con una pequeña barca, y escapar.

En otro ámbito, arráez también se ha convertido en apellido y es la denominación de una localidad almeriense.

Más información

ADIEGO, Elvira. Visión histórica y urbana de los ríos en Zaragoza. Ríos y ciudades. Aportaciones para la recuperación de los ríos y riberas de Zaragoza. Institución Fernando el Católico, 2002.

CABEZUDO ASTRAIN, José. Noticias y documentos sobre moriscos aragoneses. Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos. Sección Hebreo, 1956, 5, p. 105-117.

MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel. Los forzados de marina en la España del siglo XVIII. Almería: Universidad, 2011.

PORRAS ARBOLEDAS, Pedro Andrés. Las ordenanzas de arraeces y pescadores de las ciudades de Vera (Almería, siglo XVIII) y Cartagena (Murcia, siglos XVI-XVII) y las reales ordenanzas de la pesca con pareja de ‘bous’ de 1786. Cuadernos de Historia del Derecho, 2019, 26, p. 195.

SEGURA GONZÁLEZ, Wenceslao. Amenazas cristianas a la Tarifa musulmana. Aljaranda: Revista de Estudios Tarifeños, 2006, 63, p. 4-10.

SOTO MELGAR, Mercedes. El elemento léxico árabe en el habla viva de los marineros gaditanos. Estudios Interlingüísticos, 2020, 8, p. 269-284.

ZULAICA PALACIOS, Fernando D. Mercados y vías fluviales: el Ebro como eje organizador del territorio e integrador de la economía aragonesa en los circuitos europeos. Aragón en la Edad Media, 1997, 13, p. 65-104.

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Singapur es un país de Asia formado por 63 islas, cuyo desarrollo está dando mucho que hablar. En este blog no nos vamos a ocupar de sus impresionantes edificios, obras públicas o parques, sino de su historia y su patrimonio marítimos.

Localización en el mapa de Asia

Fundada en el siglo II, fue durante centurias un pequeño poblado de pescadores y comerciantes dependiente del rey malayo. Los juncos chinos en ruta a la India surcaron sus aguas desde el siglo V, aunque existen registros escritos de marinos del siglo III que se refieren a ella.

Las islas que forman Singapur

En el siglo XIV un príncipe malayo creyó ver un león en sus costas y de ahí viene su nombre actual, que traducido es “ciudad de los leones”. A la entrada del puerto se puede ver un animal con cabeza de león y cola de pez, el merlión, que representa este acontecimiento y que se ha convertido en el símbolo de país. De cualquier forma, parece que en esta tierra nunca hubo leones y lo que el príncipe vio pudo ser otro tipo de felino: un tigre.

Merlión de Singapur

Sus tierras no eran aptas para el cultivo, por lo que no parecían tener mucho futuro. En sus alrededores había muchos pantanos y terreno fangoso. Sin embargo tenía algo que muchos imperios anhelaban, su estratégica situación, ya que estaba en el centro del comercio a gran escala entre Europa y Asia. Se hallaba en el estrecho de Malaca, arteria fundamental entre el Índico y el Pacífico, por donde pasaban las naves de la ruta de las especias para dirigirse a la India en el camino de vuelta.

La ruta de las especias. Fuente

En el siglo XIX un teniente coronel británico destinado en Java, Stamford Raffles, desembarcó en Singapur en 1819. Tras su visita llegó a la conclusión de que la fangosa isla grande podía ser el lugar ideal para un nuevo puerto comercial destinado a contrarrestar la influencia neerlandesa en la región. Para poder utilizar este enclave firmó un tratado con el sultán Hussein a cambio del pago de modestas sumas de dinero anuales. Unos años más tarde la Compañía Británica de las Indias Orientales compró la isla.

Pronto llegaron grandes oleadas de inmigrantes al puerto franco, encabezadas por comerciantes que querían evitar el pago de los elevados aranceles en el puerto rival de Malaca, controlado por los neerlandeses. Singapur continuó prosperando, su población se disparó y algunos se hicieron millonarios. En 1965 alcanzó la independencia. La mayor parte de sus habitantes son chinos, seguida de malayos e indios, tres pueblos con una larga tradición marinera. Cada uno ha desarrollado su cultura originaria en la nueva nación y de ahí surgen las muestras del patrimonio marítimo que todavía se conservan en Singapur, uno de los países que más ha apostado por su protección. Vamos a conocer algunas de las leyendas marítimas más representativas.

Las islas de las Hermanas

Una viuda que vivía en la isla tenía dos hijas, una de ellas fue secuestrada por unos piratas. Su hermana se lanzó al agua a rescatarla, pero se ahogó. Según la leyenda la otra se tiró al agua y desapareció. Ya no se volvió a saber nada de ellas. Al poco tiempo una gran tormenta con niebla invadió la costa. Al despejarse sus habitantes vieron que habían aparecido dos islas, que en adelante se denominaron las Islas de las Hermanas. Se decía que todos los años, el mismo día en que las hermanas se convirtieron en islas, siempre habría tormenta y lluvia. La localización de estas islas está marcada en color rojo en el mapa de Singapur que aparece arriba.

La isla de la Tortuga

La leyenda dice que una tortuga mágica se convirtió en una isla para salvar a dos marineros que habían naufragado, uno chino y el otro malayo, y que éstos le hicieron un templo taoista y otro musulmán como agradecimiento.

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Este país tan joven, donde la innovación es un elemento clave, fue el que adquirió el pecio descubierto por Walterfang en Belitung y parece que continúa con la idea de construir un museo para exponer el magnífico tesoro que se descubrió. Mientras los restos hallados descansan en la Galería Khoo Teck Puatel del Museo de las Civilizaciones Asiáticas de Singapur.

Una de las fuentes halladas en el naufragio de Belitung

Para concluir

Su apuesta por proteger y exponer el patrimonio, tanto el de su propio país como el del resto de culturas asiáticas, así como sus fantásticas leyendas, que forman parte del patrimonio marítimo inmaterial de la Humanidad, lo han convertido en un ejemplo a seguir en la lucha por hacer de la historia y el patrimonio una materia conocida y apreciada en todo el mundo. Este reconocimiento de la herencia pasada lleva aparejado su protección y difusión para disfrute de todos los ciudadanos.

Más información

HENG, Derek & ALJUNIED, Syed Muhd Khairudin. Singapore in global history. Amsterdam University Press, 2011.

KEN, Wong Lin. The strategic significance of Singapore in modern history. The Great Circle, 1982, 4, 1, p. 25-40.

MIKSIC, John N. Singapore and the Silk Road of the Sea, 1300_1800. Singapur; Nus Press, 2013.

PALACIO SALAZAR, Ivarth. Singapur, una ilusión hecha realidad. Revista de Economía & Administración, 2007, 4, 2.

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