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Posts Tagged ‘Grecia’

En la Antigüedad la navegación en el Mediterráneo no era fácil, ya que en poco tiempo podían levantarse olas que hicieran zozobrar cualquier nave. Esto ocurría incluso en los periodos de mare apertum, es decir cuando hacía buen tiempo y era recomendable iniciar los periplos. Aparte de estos peligros conocidos, existían costas terriblemente recortadas e irregulares que dificultaban el avance. En la antigua Grecia los barcos que se dirigían desde el mar Adriático a la parte este del Mediterráneo, debían recorrer toda la costa del Peloponeso hasta llegar al mar Egeo. Suponía un largo trayecto, que además era muy peligroso.

En la costa del Adriático había una ciudad, Corinto, que debido a su privilegiada situación se empezó a destacar por sus intercambios comerciales, tanto terrestres como marítimos. De hecho, hay quien la considera la urbe de origen del trirreme.

Su importancia comercial fue creciendo hasta convertirse en una de las ciudades estado griegas más ricas, lo que le dio fama para aparecer en la literatura, en la mitología e incluso en la Biblia. Los gobernantes de Corinto, concientes de esta privilegiada situación goegráfica, idearon una de las grandes obras de la antigüedad, que consistía en hacer una calzada con raíles para desplazar los barcos por tierra desde el Adriático (golfo de Corinto) hasta el mar Egeo (golfo Sarónico) y viceversa. Así nació el Diolkos, un camino pavimentado que fue utilizado para el transporte de embarcaciones por tierra durante siglos.

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Las dos posibilidades para dirigirse al mar Egeo desde el Adriático, recorrer la costa del Peloponeso o pasar a través del Diolkos

Muy poco conocido, ignorado durante siglos, está ahora saliendo a la luz pública gracias a la Sociedad Arqueológica Griega, que en el siglo pasado llevó a cabo grandes excavaciones para descubrir el curso del Diolkos y restaurar esta maravilla de la ingenería. Actualmente siguen luchando para evitar que sea destruido.

Una vía terrestre para barcos

En Corinto había dos puertos, uno a cada lado, que daban a los dos mares, y que fueron importantes desde la Antigüedad: Lechaion en el golfo de Corinto, que daba al Adriático, y Kenchreai (kechrees) en las orillas del golfo Sarónico, en el mar Egeo. Entre ellos hay una distancia de unos 6 km.

Uno de los trazados del Diolkos

El Diolkos era una carretera pavimentada con piedra caliza que tenía dos profundos surcos paralelos, que corrían a una distancia de 1.50 metros uno del otro. Cada uno se denominaba olkos, lo que dio como resultado el nombre de Diolkos, por dichos surcos.  En el punto de partida, en el golfo de Corinto, llegó a tener un ancho de 10 metros, que iba disminuyendo a lo largo del camino, siendo su media entre 3,50 y 6 metros.

Antigua entrada/salida de los barcos al Diolkos

La ruta

Actualmente hay varias teorías sobre el camino que seguía el Diolkos. Lo que sí es casi seguro es que no seguía una línea recta, porque había muchos desniveles, con diferencias de hasta 90 metros.

Propuesta del camino del Diolkos sobre el istmo de Corinto. Fuente: Raepsaet, 1993

Se sabe que el inicio estaba en la bahía de Corinto (Adriático), donde hoy se sitúa el faro, y acababa en la antigua ciudad de Schoinunta (Kalamaki). Los barcos eran llevados al inicio del camino y desde allí se arrastraban hasta el Diolkos. Parece que las naves descansaban inicialmente en cilindros de madera y luego eran trasladadas a un vehículo especial con ruedas.

Teoría de Rapsaet sobre cómo se transportaban los barcos por el Diolkos

Para reducir el peso en la medida de lo posible, las embarcaciones se descargaban antes de situarlas en el Diolkos y las mercancías se llevaban por carretera hasta el otro punto del istmo. Así, la nave era arrastrada hasta llegar al golfo Sarónico. Una vez allí se cargaba nuevamente y el barco continuaba su viaje. Lo mismo ocurría en sentido contrario.

Los carriles que direon nombre al Diolkos. Fuente

La época

Fue construido durante el siglo VI a.C., probablemente durante la tiranía de Periandros en Corinto.  Se usó para el transporte de pequeñas embarcaciones, en su mayoría buques de guerra.

Restos del Diolkos en el puerto de Kenchreai

El Diolkos tuvo que ser reparado repetidamente en los siglos siguientes y se mantuvo en uso continuo hasta los días del emperador Augusto, aunque la aparición de barcos cada vez más grandes redujo su uso. Varias fuentes confirman su utilización para naves pequeñas hasta el siglo IX d.C.

Su sustituto: El canal de Corinto

Actualmente se puede atravesar esta distancia por mar, ya que durante el siglo XIX se empezó a abrir entre las montañas un paso marítimo inmenso: el gran canal de Corinto. De éste nos ocuparemos más adelante.

El canal de Corinto

Más información

PETTEGREW, David K. The diolkos of Corinth. American Journal of Archaeology. 2011, 115, 4, p. 549-574.

RAEPSAET, Georges. Le diolkos de l’Isthme à Corinthe: son tracé, son fonctionnement, avec une annexe, considérations techniques et mécaniques. Bulletin de Correspondance Hellénique. 1993, 117, 1, p. 233-261.

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El Mar Mediterráneo

El Mare Nostrum ha sido desde el inicio de los tiempos una de las encrucijadas más importantes en la Historia. Unas veces actuó como una barrera y otras como un puente entre tres continentes, habitados por múltiples y también diversos grupos humanos. Se habla con frecuencia de identidad marítima, de lengua franca, de cultura marinera, se buscan antecedentes comunes en los diversos idiomas que se hablan en las naciones que lo rodean, pero sólo evidencias científicas pueden mostrar un nexo común claro.

Ostia Antica, Foro delle Corporazioni con pavimento a mosaico

Antigua nave mercante en los mosaicos del puerto de Ostia (Italia)

Los pueblos mediterráneos actuales son el resultado de complejos procesos culturales, sociales, económicos y políticos, reflejados en una serie de fronteras nacionales. La Historia trata de explicar muchos de estos acontecimientos, y más en concreto, la Historia Naval y Marítima intenta demostrar que las fronteras terrestres no eran tan evidentes en un medio acuático común, donde muchos hombres comerciaban, pescaban, navegaban, luchaban y también morían. El mar era a veces enemigo y, con mucha más frecuencia de la que pensamos, personas de diversas culturas y religiones no se enfrentaron entre sí, sino que lucharon juntos, intercambiaron mercancías e ideas sin tener en cuenta las guerras que sus respectivos reyes se habían declarado.

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Carta portulana del Mediterráneo

Por ello, desde hace tiempo importantes autores han mantenido la importancia de las rutas mediterráneas en la Antigüedad, y que nuestros antepasados hicieron múltiples viajes por mar, bordeando la costa. En estos periplos se sucedieron una serie de procesos de migración, de intercambios y de fusiones culturales que nos permiten hoy hablar de la cultura mediterránea, de su cocina, carácter y forma de entender la vida, entre otros aspectos.

Parte oriental del Mediterráneo en el s. XVIII, que en las cartas seguía denominándose Mare interno. Fuente: Atlante Veneto de Coronelli (1691).

Así no es difícil entender que en la actualidad cada país tenga en el ADN de sus ciudadanos la historia de lo que en tiempos pasados acaeció, pero con una leve diferencia, ésta no la han escrito otros, viene con nosotros en los genes y es la que hemos heredado de nuestros antecesores, en una cadena que nos puede llevar a los primeros homínidos.

El ADN

Como ya se ha hecho en otros espacios, la Genética recientemente ha dirigido la mirada hacia una de las cunas de la Humanidad, el Mediterráneo oriental. Por eso un grupo de investigadores de diversa procedencia se ha dedicado a estudiar el ADN de 560 personas que actualmente viven en tres países, Italia, Albania y Grecia. En concreto se han centrado en 23 poblaciones.

Las poblaciones de origen de las 560 personas cuyo ADN se analizó recientemente. Fuente: SARNO, 2017

Los análisis muestran que hubo un fuerte contacto entre esas riberas del Mare Nostrum, evidenciando que la población actual está compuesta por múltiples capas genéticas, que corroboran ese intercambio.

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Imagen de una parte de la cadena helicoidal del ADN

Los resultados revelan una continuidad genética mediterránea compartida, que se extiende desde Sicilia a Chipre. Adentrándonos más en el tema, descubrimos que las poblaciones del sur de Italia son, por sus genes, mucho más cercanas a las islas griegas que a las de la Grecia continental.

Se ha hallado ADN común del Neolítico y de poblaciones levantinas y del Caúcaso en los siglos siguientes, que demuestran las migraciones marítimas de la Edad de Bronce. También se ha podido concluir que las comunidades del sur de Italia tienen una genética común, que vincula tanto a los que en época antigua llegaron desde Grecia como a los que desde tiempos mucho más remotos vivían en la península itálica, lo que sugiere una larga historia de presencia griega en el sur de Italia (por ejemplo Siracusa, en la parte sureste de Sicilia).

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Genes hallados en las poblaciones estudiadas. Se puede ver la distribución común en muchos lugares costeros del Mediterráneo oriental. Fuente: SARNO, 2017

Estos datos son muy importantes para la historia cultural de Europa y la difusión de algunas lenguas indoeuropeas. Además confirman las raíces similares de muchos pueblos mediterráneos, dando lugar a una base genética conjunta, que demuestra la realidad actual de esta parte de la Europa oriental y evidencia un pasado común, con un importante papel para la navegación en épocas remotas.

Imagen vía satélite del Mar Mediterráneo. Fuente: Ministerio de Asuntos Exteriores de España

Por ello, y a pesar de la conflictiva historia de las gentes que vivieron en las costas del Mare Nostrum oriental, de la implantación de las fronteras nacionales modernas y de algunas ideas excluyentes, hoy podemos afirmar que existe una continuidad genética mediterránea compartida, que con mucha frecuencia se puede apreciar también en los rostros y costumbres de sus habitantes.

Más información

SARNO, S. at al. Populations along the eastern Mediterranean coast share a genetic heritage that transcends nationality. Scientific Reports, 2017, 7.

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