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Posts Tagged ‘Imperio romano’

Hace unos años se descubrió en Noheda, en la provincia de Cuenca (España), un magnífico mosaico que situado dentro de una enorme vivienda perteneciente a las clases privilegiadas romanas. La antigua villa, de fines del siglo III, se localiza a escasos 500 m de la localidad de Noheda. Esta zona era una vía natural de comunicación entre las cordilleras montañosas que la rodean, por lo que el lugar estuvo habitado, según las evidencias, desde tiempos prehistóricos.

Localización de Noheda en la provincia de Cuenca, España

La villa romana

Tras el inicio de la excavación, los arqueólogos comenzaron a ver su importancia y en la actualidad se le denomina la «Pompeya española», lo que proporciona una idea de su relevancia patrimonial. En uno de los paneles se halló la representación de un barco dentro de una escena mitológica muy conocida en la Antigüedad. El complejo arqueológico fue declarado Bien de Interés Cultural en el año 2012, principalmente por los mosaicos allí descubiertos. Por estos motivos dedicamos una entrada sobre la escena marítima de esta joya patrimonial.

División establecida para la identificación de las estancias. Fuente: Rodríguez, 2009

La localización de los mosaicos

La estructura residencial cuenta con varias estancias, entre las que destaca la sala Octogonal (se puede ver en la zona noreste de la figura anterior) y la sala Triabsidada, de imponentes dimensiones (casi 300 m2) y con unos extraordinarios pavimentos. Estas enormes habitaciones eran frecuentes en los más lujosos conjuntos residenciales. Estaban destinadas a los grandes banquetes, donde los comensales se podían reclinar en los lechos dispuestos en semicírculo. En esta última sala es donde se halla un excepcional mosaico con unas dimensiones conservadas de 231,62 m2, que fue realizado en una variadísima gama cromática, incluido el dorado, con una técnica que resaltaba el contorno alrededor de cada figura y se usaba para destacar los detalles principales del diseño (opus vermiculatum).

Es una amplia zona central dividida en seis paneles con escenas de temática mitológica y alegórica. En uno de los cuadros se representa el pasaje del rapto de Helena por el príncipe Paris y su viaje a Troya, que detallamos a continuación.

El rapto de Helena y la guerra de Troya

La vida de este príncipe troyano hijo del rey Príamo no se inició muy bien, ya que antes de su nacimiento su madre tuvo un sueño en el que se aventuraba que él sería la ruina del reino, por lo que fue abandonado y criado por pastores hasta que al final, cuando era ya un joven, entró en la corte troyana. Una vez aceptado fue enviado a Esparta y allí conoció a Helena, de la que se enamoró y a la que «raptó» (parece que ella estaba conforme en irse con él). Pero Helena era la esposa de Menelao, el rey de Esparta. Éste, una vez informado del suceso, pactó las alianzas bélicas oportunas con otros reyes griegos parientes suyos y fue a atacar Troya (en la actual Turquía). Y así comienza la historia de la famosa guerra de Troya que Homero narra en La Odisea.

Localización de Troya en la actual Turquía. Fuente

La escena marítima

El panel figurativo C, que ocupa una enorme superficie (10 m x 2,32 m), aparece en la parte oriental y se puede subdividir a su vez en varias escenas. Hay que pensar que en ella se desarrollan varias acciones recogidas en el mismo panel y que pueden asemejarse a las actuales viñetas, pero sin separación. En un largo mosaico se narran de manera lineal los hechos mas conocidos de la vida del príncipe Paris, con especial detalle en el rapto de Helena, la reina de Esparta.

La escena marítima del mosaico de Noheda. Fuente: Valero, 2015

En la primera aparece el juicio de Paris, vinculado con su nacimiento y su destierro. El siguiente conjunto es la parte náutica y se desarrolla en torno a un barco. En él se pueden observar dos actividades distintas, una de arribada de la nave y otra de salida de puerto. Lleva cuatro marineros a bordo, dos de ellos atan amarras y otros dos que se afanan en izar las velas, queriendo describir las dos escenas diferentes. El príncipe Paris accede a la embarcación mediante una rampa situada en la popa, y lleva de la mano a Helena, que va acompañada de tres asistentas. En el otro lado de la nave, por la proa, simulando la llegada a Troya, los mismos personajes descienden por la pasarela.

Representación de la pareja protagonista, Helena y Paris. Fuente: Valero, 2015

El barco

La nave es redondeada y panzuda, con remos y arboladura sencilla, con el casco multicolor. El mástil principal porta una verga que sirve de soporte a una vela cuadrangular blanca. Del costado del barco sobresalen diez largos remos. La borda de estribor aparece decorada por una línea de ondas, con fondo degradado de color rojo y azul alternativamente.

Fuente: Valero, 2015

El casco está decorado con casetones multicolor entre los que se encuadran dos animales acuáticos. Simulando ambas escenas, aparecen dos rampas de color dorado, una de entrada, al lado izquierdo del barco, compuesta por cinco listones transversales que hace las veces de escalones y que están fijados a la tablazón con tres clavos cada uno, bastante visibles en la escena. La del lado derecho, por la que descienden las jóvenes, porta una rueda en su extremo diestro, para permitir un atraque cómodo. Parece, por sus características, que representa una corbita, una nave de transporte usada en época romana.

Otra joya arqueológica más que contribuye a enriquecer nuestro importante legado patrimonial, que no siempre es apreciado como se merece, motivo por el cual insistimos en que se conozca y valore.

Más información

ARBEO CUESTA, Lucía. El mosaico en Hispania durante el Bajo Imperio: la Villa de Noheda. Archivos de la Historia, 2019.

LLEDÓ SANDOVAL, José Luis. Mosaico romano de Noheda (Cuenca): su descubrimiento. Madrid: Visión Libros, 2010. 201 p.

RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, José Luis. Intervenciones de conservación y restauración en los mosaicos de Noheda. Informes y Trabajos, 2009, 2, p. 91-97.

VALERO TÉVAR, Miguel Ángel. La villa romana de Noheda: la sala triclinar y sus mosaicos. Tesis doctoral. 2015.

VALERO TÉVAR, Miguel Ángel. Los mosaicos de la villa de Noheda (Cuenca). Boletín Arqueología somos todos, 2016, 4, p. 10-12.

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La civilización romana acuñó distintas monedas a lo largo de su historia. Cuando en una de las caras aparecía un emperador acompañado de su nombre, la identificación era sencilla, pero hubo siglos en los que las figuras que se acuñaban eran dioses, lo que dificultaba mucho saber de qué época eran.

Sin embargo, hubo una serie de monedas denominadas as o aes graves o librales, de época republicana, que se consideran las primeras acuñadas como tales, que en su reverso portaban la proa de una embarcación. En el anverso aparecían distintos motivos, muchos de ellos dioses, dependiendo de su valor. Y esta proa es la que se usa para identificar y diferenciar las monedas de la serie.

Orígenes

Previas a éstas hubo de dos tipos, que se parecían muy poco en la forma de lo que hoy llamamos moneda (que suele ser similar a un disco). Eran las aes rude y las signatum. De estas últimas hemos rescatado dos imágenes que presentan temas marítimos, como un ancla (a la izquierda) y delfines junto a dos tridentes (a la derecha).

No era la primera vez que se elegía la proa de una nave, ya que previamente en Macedonia (al norte de Grecia) se habían acuñado monedas en las que aparecía una embarcación, como las dos que vemos a continuación (en la de la izquierda se puede apreciar la nave acompañada de un texto que identifica a la nación, y a la derecha otra de época de Demetrius I Poliorcetes, del siglo III a. C.).

La serie de monedas romanas con una proa

Las aes graves forman parte del primer sistema monetario romano como tal, que según autores se inició entre los siglos VI y III a.C. La característica común, como ya hemos señalado, es que todas las monedas que forman parte de él, tanto las que son múltiplos de la unidad como las subdivisiones de ésta, portan una proa de nave en el reverso, unas veces sola y otras acompañada de diversas figuras.

La proa parece que era en honor de Cástor y de Pólux, los protectores de la navegación en el mundo romano (en la mitología también eran identificados con el fenómeno conocido como Fuego de San Telmo, especialmente cuando éste era de dos puntas), aunque el motivo también podía ser menos complejo, como por ejemplo para celebrar la pujanza de la armada republicana.

Las aes eran de origen etrusco y Roma las adaptó, como hizo con muchos inventos previos griegos. Eran de bronce y su valor monetario era mayor que el del metal con el que estaba acuñado. Había una moneda central denominada como el sistema, el as, que tenía múltiplos y divisores.

a) Múltiplos. Estas monedas valían 10 (decussis), 3 (tripondius) y dos (dupondius) aes respectivamente. En su anverso llevaban grabado el nombre de Roma. En el reverso una proa acompañada de los numerales X, III y II, que se correspondían con su valor.

Decussis. Fuente

b) los aes, la moneda central, que pesaba 12 onzas de bronce y llevaba acuñada la imagen de Jano (el de las dos caras, guardián de las puertas) en el anverso. La proa solía ir sola, aunque a veces llevaba también el nombre de Roma.

As libral

c) Los divisores. El grupo estaba formado por cinco monedas que suponían la mitad (semis), un tercio (triens), un cuarto (quadrans), un sexto (sestans) o una doceava (uncia) parte del as. Portaban en su anverso las imágenes de varios dioses según su valor. Comenzando por el semis, que llevaba a Saturno (dios de la agricultura) o a Júpiter (padre de los dioses en la mitología romana), y en el reverso la proa y una letra S.

Semis. Fuente

En el siguiente (triens), aparecía Minerva (diosa de la sabiduría) y a veces también Roma, con el reverso de una proa y la marca de 4 puntos correspondientes a su valor. El quadrans tenía acuñada la imagen de Hércules (el poderoso), portaba la proa y tres puntos en la otra cara.

Quadrans. Fuente

El sestans festejaba a Mercurio (dios del comercio y del transporte) y llevaba dos puntos acompañando a la proa. Mientras que la uncia solía llevar a Belona (la diosa de la guerra), aunque a veces aparecía igualmente Roma, mientras que en el reverso iban la proa y un punto.

Sestans. Fuente

Para concluir

Hubo una serie de monedas con las que Roma comerciaba y que en la época republicana decidieron decorar con una proa, lo que significa que el mar y la navegación eran muy importantes para esta civilización. Estas monedas se acuñaron también en las provincias romanas, fuera de la capital, por lo que hubo variaciones en las imágenes que aparecen en ellas. De cualquier forma, sirven a los arqueólogos para poder datar los yacimientos, ya estén en tierra o bajo el agua, y al resto de los investigadores para saber algo más de lo que el mar y la navegación significaban para esta poderosa cultura.

Más imágenes de monedas romanas

Más información

Aes grave. Blog de numismática. 2009.

CHAVES TRISTÁN, Francisca. Monedas romanas: República. Real Academia de la Historia, 2005.

POOL BURGOS, Alejandro. El aporte del estudio numismático de la moneda romana imperial a la comprensión de la Mitología ClásicaOMNI, Journal of Numismatics, 2015, 9, p. 141-155.

RIPOLLÈS, Pere P. La moneda romana imperial y su circulación en HispaniaArchivo Español de Arqueología, 2002, 75, 185-186, p. 195-214.

VÁZQUEZ HOYS, Ana Mª. La moneda romana. 2006.

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Esta semana vamos a conocer algo más de la historia de un pueblo, el los vándalos, que destacó por su dominio del mar entre los que se denominaron «bárbaros». Se ha tratado algo sobre ellos, pero no sabemos el motivo por el cuál se han ignorado con mucha frecuencia sus habilidades marineras y cómo éstas dieron lugar a que durante cien años estuvieran azotando por mar al imperio romano desde su sede en el Norte de África.

Desplazamientos de los pueblos «bárbaros» por el continente europeo y por África. Fuente

Un pueblo nórdico que pasa a la Europa continental

Los vándalos originariamente habitaban las regiones ribereñas del mar Báltico. Según Brossard procedían de Suecia. Una vez que abandonaron la península escandinava se fueron a vivir a las llanuras del centro de Europa. Al poco de establecerse allí se vieron continuamente asediados por los hunos, por lo que se fueron desplazando hasta las orillas del Rin e intentaron atravesar la frontera del imperio, pero los romanos no se lo permitieron. En el invierno del año 406, cuando el río estaba congelado, la pasaron. Así, lo que antes era una barrera se había convertido en un paso firme, que atraviesan y llegan a la Galia (Francia). Desde allí, con actividades de asedio y asalto, avanzan hacia la península Ibérica. En sólo tres años ya habían recorrido la parte este de Europa.

Desplazamiento de los vándalos desde los países nórdicos. Fuente

Se habían asentado en el sur de la península y habían aprendido técnicas de carpintería de ribera, posiblemente de los pueblos que allí vivían. El dominio de la construcción naval les permitió hacer sus propios barcos y les dio un poder nuevo, el del dominio del mar. Parece que su espíritu marítimo había surgido en Cartagonova (Cartagena), cuando vieron la enorme flota romana en el puerto. Por sus venas corría la sangre de sus antecesores nórdicos, expertos en temas náuticos. Además, su asentamiento en Hispalis (Sevilla) les permitió entrar en contacto con los carpinteros de ribera hispanorromanos.

Su forma de vida nómada y de obtener el sustento a base de asaltos les terminó convirtiendo en enemigos de los romanos, que hicieron un pacto con los visigodos para expulsarlos de Iberia. Pero su rey Genserico, hijo de un jefe vándalo y una esclava, sería quien llevaría a su pueblo a las mayores victorias conocidas.

Llegan al Norte de África

Cuando fueron atacados por romanos y visigodos huyeron en sus naves al norte de África (año 429). Esta emigración fue la más numerosa de un pueblo bárbaro por mar (se cree que fueron unas ochenta mil personas), ya que otras fueron pequeñas incursiones o traslados de familias, como las que llevaron a cabo los sajones en Britania en su segundo desembarco en la isla. Algunos autores afirman que los vándalos debieron llevarse consigo a carpinteros de ribera hispanorromanos hasta su nuevo emplazamiento africano, aunque no sabemos si fueron obligados a embarcar o si lo hicieron de manera voluntaria.

Allí, en el norte del continente africano, establecieron su reino y poco a poco fueron conquistando los territorios del imperio de Roma, avanzando hacia el este. Primero hicieron de Hipona su capital, hasta que llegaron a Cartago, que se había convertido en una populosa e importante ciudad romana. En ella instalaron su nueva capital y se hicieron con la flota imperial, lo que reforzó su poder marítimo.

Movimientos de los pueblos vándalos dentro de las fronteras del imperio romano. Fuente

Su reino en el sur del Mediterráneo

Sabemos muy poco de los conocimientos de construcción naval de este pueblo, pero se da por hecho que consiguieron controlar las técnicas que aprendieron en Hispania y que las fueron desarrollando una vez que se asentaron en el continente africano.

Tras conseguir establecer una dinastía, intentaron conquistar la península itálica y llegar hasta Roma. Unos años más tarde lo consiguieron y lograron atraer las miradas del gigante del éste, el imperio romano de Oriente, que los veía como piratas que estaban usurpando su territorio. Habían conseguido controlar una parte importante de los terrenos agrícolas que eran la base de la alimentación del imperio, primero el norte de África, el granero principal, posteriormente Sicilia, luego Cerdeña y al final Roma, así hasta llamar la atención de Bizancio.

El reino vándalo o Vandalia. Fuente

Bizancio les ataca por mar

El rey bizantino mandó a uno de sus más brillantes generales, Basilisco, a atacarlos, y en un primera instancia parecía que había ganado la batalla. La flota romana estaba anclada a varios kilómetros de la costa, a la espera de la rendición vándala. Pero éstos solicitaron cinco días para hacerlo y en ese tiempo lo que tramaron fue cargar pequeños barcos con vasijas de aceite y sustancias inflamables. Cuando salieron al encuentro de la flota imperial, les ataron el timón para que llevaran el rumbo deseado y los estrellaron contra la gran cantidad de naves romanas, causando multitud de bajas y haciendo huir a Basilisco. Eran los barcos de fuego que se habían usado desde hacía mucho tiempo. Fue una humillación terrible, que costó muchas vidas. Genserico, su caudillo, había conseguido otra victoria naval. Sin embargo, tras gobernar unos cuarenta años falleció, dejando a sus descendientes el trabajo de mantener el territorio norteafricano conquistado que, muy a su pesar, el imperio romano terminó aceptando.

Un caballero vándalo representado en un mosaico de Cartago. Fuente

Decenios después sería Belisario, mandado por el emperador Justiniano, quien los derrotaría en otra batalla naval. Su mano derecha era el almirante Calonimus de Alejandría. Por los textos sabemos que para llegar desde Constantinopla tuvieron que armar una flota de casi 600 naves (500 de transporte y 92 dromones) y embarcar unos 30.000 hombres. Los dromones medían casi 30 metros de eslora por cinco de manga, eran monorremes y llevaban espolón.

El inicio del fin

La segunda flota bizantina zarpó en junio del año 533 rumbo a Cartago. Tardaron unos 3 meses en llegar a la costa de Túnez. Desde allí salió un grupo por tierra, en un camino paralelo a la costa, en dirección a Cartago, mientras que las naves en las que habían navegado hasta allí les guardaban su flanco derecho. La batalla fue terrible, murieron miles de soldados y su rey fue llevado a Constantinopla para sufrir las iras del pueblo y morir dilapidado. A partir de ese momento los vándalos empezaron a desaparecer de la Historia. Sin embargo, su nombre ha quedado como sinónimo de personas destructivas, salvajes, brutales y violentas. Nada se dice del poder que consiguieron en el mar, ni de sus conocimientos y habilidades. Tampoco sabemos cómo burlaron la ley romana de prohibir la transmisión de técnicas de navegación y construcción naval a cualquier bárbaro.

Más información

ÁLVAREZ JIMÉNEZ, David. El reino pirata de los vándalos. Sevilla: Universidad, 2016.

DE BROSSARD, Maurice. Historia marítima del mundo. Madrid: Edimat Libros, 1976.

COURTOIS, Christian. Les Vandales Et L’afrique. Paris: Service des Antiquités, 1955.

FERREIRO, Miguel Ángel. ¿Quiénes fueron los vándalos?. El reto histórico, 2020.

FOURNIER, Eric. The Vandal conquest of North Africa: the origins of a historiographical persona. The Journal of Ecclesiastical History, 2017, 68, 4, p. 687-718.

HERNÁNDEZ DE LA FUENTE, David. Vándalos: El reino pirata que sometió Europa por mar. La Razón, 23/04/2017.

HUGHES, Ian. La conquista del reino vándalo. Las batallas de Ad Decimum y Tricamerum. Desperta Ferro, 2020.

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En época romana el trigo era una fuente de alimentación básica y llegó a tener tanta importancia que los senadores usaban su distribución para conseguir votos de los ciudadanos. Como en Roma no se cultivaba, tenía que llegar a la urbe desde Egipto, Norte de África, Sicilia e Hispania por vía marítima. Su gestión y suministro recibió una denominación, annona, que estaba asociada a una diosa de igual nombre. Sin embargo, a pesar del volumen de mercancías trasladadas a través del mar, contamos con escasa información arqueológica sobre el procedimiento y el sistema de transporte de los cereales. Vamos a explicar lo descubierto hasta ahora.

Confección del pan. Fuente

Los barcos del trigo

El transporte marítimo ofrecía una serie de ventajas tales como que era mucho más rápido, efectivo y menos costoso que el traslado por vía terrestre. Ello supuso que el medio más utilizado para que Roma recibiera los alimentos y otros productos a gran escala, tanto para la población civil como para las legiones, fueran los barcos. El traslado de los productos a los puertos marítimos, que solían estar bien comunicados con estuarios y rías, daba la posibilidad de transportar los cargamentos por vía fluvial hasta el interior de ciertas regiones. Es decir, se usaban grandes naves para cruzar el Mediterráneo y otras más pequeñas para el transporte por ríos hasta las grandes metrópolis.

Reproducción de una nave oneraria romana. Fuente

Desde lejos se veían llegar a las embarcaciones que desde Egipto llevaban el cereal a Roma. Llegaban a los puertos de Ostia (a unos 30 km de Roma) o a Puteoli (Nápoles). Solían ser enormes y cargaban entre 1000 y 1800 toneladas de cereal. Luciano de Samósata describe uno de estos barcos, llamado Isis, que llegó al puerto griego de El Pireo, cuyas medidas eran de 55 metros de eslora, 14 de manga y 13,5 de puntal.

Los cascos de las embarcaciones de gran tonelaje que transportaban el trigo eran resistentes y estancos. Estaban construidos con cuadernas bien encajadas y perfectamente revestidas, mediante el uso de largueros, riostras y abrazaderas, así como de clavos de bronce y cobre. El sistema de almacenaje en el interior era básico para su conservación durante el transporte. El grano se llevaba principalmente en sacos, que eran fácilmente manejables y adaptables, tanto para la revisión como para las tareas de trasbordo y descarga.

Relieve que muestra la llegada de las naves a Portus. Colección Torlonia. Fuente

El bajo relieve votivo del Portus (imagen superior), de inicios del siglo III, es una de las representaciones que más información náutica aporta, ya que narra con un realismo casi sorprendente una escena en el puerto de Ostia en la que aparece un gran velero de comercio en la bocana frente al faro y otro análogo en el muelle, describiéndonos la acción de la llegada a puerto con ofrendas del emperador Septimio Severo y la emperatriz, agradeciendo la llegada tras una travesía favorable.

Una vez que llegaban a Portus era necesario hacer uso de pequeñas embarcaciones fluviales (naves caudicariae) utilizadas para el transporte final por el río Tiber hasta Roma. Solían tener una capacidad máxima de 200 tm y una eslora de 27 metros. La embarcación llamada Isis Giminiana, que aparece en la imagen siguiente, es un buen ejemplo.

En esta pintura se puede ver cómo se cargaba en el barco el trigo. La nave se llamaba Isis Giminiana. Necrópolis de Porta Laurentina (al sur de Ostia). Fuente

La vela roja

La vela llamada supparum1 de color rojo era el distintivo de las naves que portaban trigo desde la ciudad egipcia de Alejandría. En el periodo imperial muchas representaciones hacen referencia a naves alejandrinas como aviso de que el trigo estaba llegando, según cuenta Seneca en las epístolas que manda a Lucilio (Epistulae Morales ad Lucilium, 77).

En color rojo aparece marcada la vela supparum. Detalle del relieve Torlonia. Fuente

Otros autores narran que era todo un acontecimiento divisar las naves con las velas rojas, porque era señal de abastecimiento de la ciudad, ya que hubo momentos de escasez debido a malas cosechas o a naufragios muy seguidos. También afirman que sólo los barcos que llegaban a Roma desde Alejandría con cereales tenían autorización para izar el supparum coloreado. Y parece que ésto se hacía cuando la nave se iba acercando a su destino. Por eso avistar esta vela roja en las naves que llegaban al puerto era motivo de alegría y de celebración.

Más información

SABATINI, Gianluca. On Romans’ routes. 2015. También se acaba de publicar una versión en inglés: On the Routes of the Romans: Itinerarium Maritimum Antonini Augusti. 2021. 336 p.

LE GALL, Joel y LE GLAY, Marcel. El imperio romano. Madrid: Ediciones AKAL, 1995.

GARCÍA FUEYO, Beatriz. Notas relativas a las limitaciones introducidas al comercio exterior por vía marítima, conforme a C. Th. 7, 16, 3. Año 420 DCRidrom: Revista Internacional de Derecho Romano, 2021, 26, p. 64-148.

AGUILERA MARTÍN, Antonio. Las rutas comerciales marítimas en el Imperio Romano. Viajes en el Mediterráneo antiguo. Madrid, 2009, p. 123-140.

SANZ PALOMERA, Gustavo. La Annona y la política agraria durante el Alto Imperio romano. Oxford, BAR Internacional Series 2112, 2010, 186 p.

SALIDO DOMÍNGUEZ, Javier. Horrea Militaria. El aprovisionamiento de grano al ejército en el occidente del imperio romano. Anejos de Gladius, 14. Madrid: CSIC, 2011, 610 p.

SALIDO DOMÍNGUEZ, Javier. El transporte marítimo de grano en época romana. Problemática arqueológica. En: R. Morais, H. Granja y A. Morillo (eds.). O Irado Mar Atlantico. O naufrágio bético augustano de Esposende (Norte de Portugal). Braga, 2013, p. 139-178.

PEÑALOZA GÓMEZ, Marcos Thomas. Portus, Classe Naviculariusque: Roma y el control del mar Mediterráneo (s. VI aC-IV dC). Revista de Historia (Concepción), 2019, 26, 1, p. 149-170.

Nota

1 Este nombre también se usaba para denominar a una especie de chal o túnica corta que llevaban las mujeres romanas.

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En sus inicios Roma era un imperio terrestre, y sólo cuando el enfrentamiento con Cartago estuvo cerca empezó a pensar en construir una flota. En su incipiente desarrollo como potencia, tenía sus miras puestas en el dominio de la península itálica y de otros territorios continentales europeos, mientras que Cartago, que poseía una magnífica armada y destrezas heredadas de los antiguos fenicios, iba colonizando tierras africanas y algunas islas europeas. En estas últimas fue donde surgió la chispa del enfrentamiento a muerte en las denominadas guerras púnicas.

Situación de los dos imperios antes del primer enfrentamiento. Fuente

El punto de partida

Los dos contendientes, que libraron varias de las batallas más duras de la Antigüedad, inicialmente no eran enemigos. Sus intereses no coincidían. Eran como poderosos árbitros situados al norte y al sur del Mediterráneo, que se miraban pero no se odiaban. Sin embargo, sería ese poder y su influencia el que los llevaría a enfrentarse en las guerras púnicas. Visto desde el siglo XXI parece que estaban condenados a batallar sin descanso hasta que uno de ellos desapareciera.

Dibujo de Cartago realizado por Rocío Espín

Hasta ese momento el imperio romano había hecho uso de las capacidades marineras de pueblos aliados suyos o colonizados. Los griegos y los etruscos habían proporcionado naves y pilotos para el comercio durante muchos años, por lo que no se veía necesario contar con una flota propia. Esta situación inicial cambió cuando surgió la posibilidad de una guerra, porque era necesario trasladar tropas a las islas mediterráneas que estaban en poder de Cartago y también al continente africano.

Trirreme romana dibujada por Rafael Monleón

Los preparativos

Un historiador romano, Polibio, escribió que en pocos meses las autoridades romanas habían conseguido que se construyeran cientos de naves. Previamente se habían apropiado de un trirreme cartaginés y de él tomaron cuantas innovaciones les parecieron relevantes:

«Como el Erario no podía prestarles auxilio alguno para esta empresa… el celo y generosidad de los principales ciudadanos al bien público halló mayores recursos que los que necesitaba el logro. Cada particular, según sus facultades, o dos o tres juntos, se encargaron de equipar una nave de cinco órdenes, provista de todo, con sólo la condición de reintegrarse del gasto si a la expedición acompañaba la fortuna. Así se juntaron doscientas naves de cinco órdenes, para cuya construcción sirvió de modelo la embarcación incautada». (Historias de Polibio, libro I, tomo I. Fuente: Imperium).

Las primeras derrotas romanas

Sin embargo, se hizo tan rápido que ni dio tiempo a formar a los pilotos, ni a que las maderas se prepararan adecuadamente, por lo que a pesar de lo que las crónicas han transmitido, fue un desastre. El historiador romano escribía que los barcos estaban mal construidos y eran difíciles de maniobrar. Así, en el primer enfrentamiento el comandante romano quedó bloqueado en el interior del puerto de Lipari (una de las islas que hay en el mar Tirreno, al norte de Sicilia) y las tripulaciones se asustaron tanto que abandonaron la nave.

Roma reacciona

Pero sobre este resultado negativo reaccionaron rápidamente, mejorando condiciones, dejando secar las maderas el suficiente tiempo como para que las naves fueran mucho más sólidas, formaron a quienes las debían manejar y el éxito fue suyo.

Casco romano. Fuente

Las batallas decisivas fueron navales y la primera tuvo lugar en Eknomos (Sicilia), en el año 256 a.C. La flota romana estaba compuesta de más de 200 barcos, mientras que la cartaginesa contaba con unos 350 según cronistas, aunque posiblemente fueron menos. Sabemos que lucharon unos 150.000 hombres en ella y que fue la mayor batalla naval de la historia conocida hasta ese momento.

Rostrum romano (arma de ataque que estaba montada en la proa de las naves para embestir y hundir barcos enemigos). Fuente

En la última, la de las islas Égadas, en el año 241a-C., parece que las cifras eran similares, aunque un poco menores que la otra. No obstante varios historiadores hablan de que el mar estaba teñido de sangre, porque la batalla fue también una masacre, donde murieron miles de romanos y de cartagineses:

de este modo se concluyó la guerra que hubo entre romanos y cartagineses sobre la Sicilia, tras de haber durado sin interrupción veinticuatro años; guerra la más larga, más continuada y de mayor nombre de cuantas tenemos noticia; guerra en la que, sin contar otras expediciones y preparativos de los que anteriormente hemos hecho mención, se combatió una vez, unidas ambas escuadras, con más de quinientas naves de cinco órdenes, y otra con pocas menos de setecientas. Los romanos perdieron setecientas, contando las que perecieron en los naufragios; y los Cartagineses quinientas. A la vista de esto, los admiradores de las batallas navales y flotas de Antígono, Ptolomeo y Demetrio, al leer este pasaje, no les será posible mirar sin sorpresa la magnitud de estos hechos. (Historias de Polibio, libro I, tomo I. Fuente: Imperium).

Localización de las islas Égadas, muy cerca de Sicilia. Fuente

Algunos autores hablan de innovaciones como el Korax (o corvus romano) para aferrarse al buque enemigo, perforar su cubierta y permitir el abordaje. Era un mecanismo que manejaba una rampa oscilante, que en la punta llevaba un garfio o una lanza. Una vez que la nave enemiga estaba cerca, se movía hasta llegar a la cubierta y dejarlo enganchado en ella, con objeto de formar una pasarela, para que el ejército romano pudiera abordar la nave cartaginesa.

Tapiz que representa el enfrentamiento en tierra, con los famosos elefantes del ejército cartaginés. Fuente: Museo del Louvre, inv. OA 5394

Para concluir

El tesón que mostraron, la capacidad de analizar las derrotas y aprender de ellas, fue lo que convirtió a un pequeño grupo de hombres perdidos en medio de una península, en un gran imperio. De él se vanaglorian que proceden multitud de pueblos que en otros tiempos formaron parte de su enorme dominio.

Más información

AGUILAR CHANG, Víctor Manfredo. Galeras de guerra: Historia de los grandes combates navales (480 aC-1571 dC). Editorial Almuzara, 2020.

DIAZ SÁNCHEZ, Carlos. Breve historia de las batallas de la Antigüedad. Ediciones Nowtilus SL, 2018, p. 185 y ss.

MORALES SERRAT, Guillermo y MARTÍN LÓPEZ, Alejandro. La batalla de Actium: es posible un estudio técnico a partir de la iconografía?. La batalla de Actium: es posible un estudio técnico a partir de la iconografía?, 2015, p. 99-104.

Más imágenes.

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En donde hoy se asienta París hubo hace siglos una ciudad llamada Lutecia. En ella vivían un grupo de acaudalados comerciantes, los nautas, que costearon la construcción de una columna votiva, gracias a la cual se ha conocido la existencia del puerto y de la ciudad romanos.

Aunque no está todavía muy claro, este asentamiento, habitado tanto por los antiguos galos como por los invasores romanos, situado a las orillas del Sena, estuvo enclavado en la isla que hoy ocupa Notre Dame, la magnífica catedral medieval que hace poco sufrió un incendio. Es decir, el corazón de la ciudad de la luz tiene debajo una urbe romana. Se siguen haciendo investigaciones sobre este lugar, que fue descubierto en el siglo XVII, pero sobre el que es difícil hallar más restos debido a que la enorme ciudad actual ocupa todo el terreno y está edificada sobre ella.

Lutetia, que aparece así denominada en los escritos del gran Julio César, como muchas otras ciudades galas, finalmente tomó el nombre del pueblo que la habitaba (los parisios) y se llamó Civitas Parisiorum, de ahí el nombre moderno de París. Una inscripción desenterrada en 1711, entre otros monumentos antiguos en la iglesia de Notre Dame en París, contenía las palabras «Nautae Parisiaci».

Lutecia pudo ocupar terrenos en el lado norte o sur del río, o incluso en ambos lados, porque la isla estaba unida al continente por puentes de madera en la época de César. Los francos, bajo el mando de Clodoveo, la tomaron hacia fines del siglo V y unos años después la convirtieron en su residencia. Las capas de Historia seguían avanzando.

De los restos recuperados hay varios estrechamente vinculados con el mundo de la navegación: la columna de los nautas y la proa de varias naves esculpidas en las columnas de las termas. No obstante, se han descubierto un anfiteatro bastante grande y otros edificios de época romana de gran interés.

Dibujo del anfiteatro de Lutecia

Los nautas parisinos

Eran una poderosa corporación de navegantes y comerciantes de toda la Galia que fue muy próspera gracias a la importancia de los ríos (Ródano, Loira y Sena, entre otros). La riqueza de los nautas les llevó a donar grandes cantidades de dinero para levantar suntuosos edificios destinados a espectáculos. El reciente descubrimiento de los restos de una barcaza fluvial y de muchos objetos cotidianos de los marineros en la ciudad francesa de Arles han permitido un acercamiento a esta cultura, cuyas muestras están en el Museo de la ciudad.

Barca galorromana desarrollada por la Asociación Ambianis. Fuente

La columna de los nautas

El testimonio más extraordinario es el famoso pilar denominado «de los Nautas», dedicado a Júpiter. Debía alcanzar una altura de unos 5 ó 6 metros y ubicarse donde fue descubierto. Creemos que fue reutilizado, por lo que sólo quedan 5 cuerpos que, sin embargo, proporcionan valiosos indicios sobre el urbanismo, los poderes alcanzados por los nautas, su muestra de fidelidad a Roma y, sobre todo, información religiosa.

Pilar o columna de los nautas. Museo de Cluny

Así, junto a los dioses del panteón romano (Júpiter, Mercurio, Marte, Fortuna, Castor y Pollux), aparecen deidades galas como Esus, Tarvos, Trigaranus, Eurises, Smertrios o Cernannos. Por tanto, este monumento oficial es una muestra del sincretismo alcanzado en esos momentos.

Dibujo de la leyenda que contiene la dedicatoria, en la que se puede apreciar el término «nautae». Fuente: Duval (1989)

A un lado del pilar, las inscripciones mencionan a los «nautes» (nautas) y la financiación del monumento por un fondo común. Existen multitud de interpretaciones del significado de las esculturas que contiene, como se puede apreciar en el texto de Beal (2005). De lo que no cabe duda, porque está escrito, es de que es una ofrenda de este grupo.

Proas de naves en las termas

En el lugar que antes ocupaba Lutetia se han hallado los restos de unas termas galorromanas construidas en la primera mitad del siglo II. El estudio de Paul-Marie Duval permitió identificar la representación de un barco en cada una de las 8 columnas que aún sostienen las antiguas bóvedas de la sala central. Actualmente son difíciles de ver por el desgaste, por ello un dibujo puede servir para hacernos una idea. Se pueden apreciar dos tritones, uno a cada lado, que sostienen un remo. A la izquierda y a la derecha del casco hay dos delgados remos oblicuos en relieve. Entre los remos y el casco, podemos adivinar el perfil de dos peces en bajorrelieve. También se representa un pez de gran tamaño, nadando junto al barco y en la dirección de su avance.

Dibujo de la proa de un navío esculpida en una columna de las termas de Cluny. Fuente: Duval (1989)

Para concluir

El pilar de los nautas es un símbolo muy importante para París y su historia. Una «terminal» temporal que da fe de los orígenes de la ciudad y del encuentro entre los mundos celta y romano. Es posible que, como los habitantes de París siempre pudieron observar en el Sena una flota, decidieran añadir un barco en las armas de la ciudad. La proa esculpida y las barcas de Arles sirven para hacernos una idea sobre cómo eran estas naves fluviales. Son una importante muestra del antiguo patrimonio marítimo mundial.

Más información

BEAL, Jean-Claude. Los «nautes armados» de Lutèce: ¿mito o realidad?Revista Arqueológica, 2005, 2, 40, p. 315-337. 

DUVAL, Paul Marie. Le groupe de bas-reliefs des «Nautae Parisiaci». In: Travaux sur la Gaule (1946-1986). Rome: École Française de Rome, 1989, p. 433-462 (Publications de l’École française de Rome, 116).

LAJOYE, Patrice. Le pilier des Nautes de Paris. Le début religion gallo-romaine. Historie Antique, 2006.

Lutèce, una ciudad galorromana

Pillar of the Boatmen

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