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Posts Tagged ‘Imperio romano’

Aunque existen indicios previos de personas que se dedicaban a sumergirse en el agua de manera más o menos profesional, tanto para usos civiles como militares, la primera vez que se formó un cuerpo de buceadores fue en el imperio romano. Se llamaban los urinatores (buzos o buceadores en latín).

Representación de los buceadores romanos. Fuente

Las primeras menciones se han hallado en el asedio a Numancia, también durante la guerra civil entre César y Pompeyo. En el año 48 a.C. mandaron a muchos buceadores a sacar a flote algunos de los barcos hundidos por las tropas de César. Cinco años después, durante los conflictos entre Octavio y Antonio, cuando las tropas comprobaron que no se podían comunicar con sus homólogos, decidieron comunicarse a través del río para no ser descubiertos por sus enemigos. En esa situación tuvieron que recurrir a un buzo, que debía de cruzar con un mensaje en una lámina de plomo.

Ánfora encontrada en un pecio en Cartagena (S. I-II) muy similar a la que pudieron recoger los urinatores. Fuente: CERES

Se siguieron manteniendo las operaciones anfibias por parte de los buzos durante el Imperio, ya que en el 196 d.C. se narra el uso de éstos como una de las medidas defensivas cuando Bizancio estaba bajo asedio. Su tarea consistió en cortar las anclas bajo el agua y mover los barcos enemigos. Al igual que las acciones bélicas, tenemos referencias a las labores concretas de pesca que llevaron a cabo los urinatores. Plinio el Viejo narra el uso de buceadores para la captura de diferentes animales marinos, como por ejemplo la obtención del murex vivo para la fabricación de la púrpura; la recolección de ostras y otros moluscos, esponjas o perlas, para lo que es necesario sumergirse y recolectarlas.

Molusco del que procede la denominada púrpura

Han quedado algunos de los utensilios utilizados para la pesca subacuática en esta época, y también contamos con iconografía y con ciertas fuentes literarias. El instrumental estaba formado por lastres de plomo, cuerdas, cuchillos, cuero, esponjas, arpones o tridentes. Se usaban unos u otros dependiendo del tipo de animal que se quería capturar.

Plomo para pescar del s. II a.C. Fuente: CERES

Su importancia

La importancia de los urinatores romanos radica en que fue la primera vez en la historia que se formuló una corporación legal que reunía a los mejores nadadores y buceadores para realizar trabajos de distinta índole, tanto en el ámbito militar como en el ámbito civil, en favor de la administración imperial.

Lápida en la que aparece el nombre del cuerpo de urinatores

Surgió bajo el principado de Augusto en el siglo I a.C., tras la aplicación de la Lex Iulia, que permitió al Senado romano ordenar la creación de diferentes cuerpos profesionales. Se hizo para responder a la necesidad de albergar un equipo profesional que pudiera atender a las emergencias producidas por los naufragios, el mantenimiento de los puertos y/o vías fluviales o la recogida de elementos caídos al agua.

Los urinatores se regían por la Lex Rhodia. Esta antiquísima norma regulaba los diferentes problemas derivados de los naufragios, el expolio y la sustracción de las mercancías de forma ilegal, entre otras. No se asimiló de manera inmediata, sino que tuvo que ser un proceso paulatino.

La Ley Rhodia obligaba a la recuperación de las mercancías tras un naufragio. Por eso los propietarios que perdían los objetos en el mar solían solicitar los servicios de esta corporación. Este tipo de contratos varió según la profundidad y la dificultad de su extracción, los urinatores obtenían una tercera parte del valor de la mercancía rescatada si ésta se hallaba hasta los 3.5 metros, mientras que si se encontraban hasta los 7 metros o más obtenían la mitad del valor de lo rescatado.

Diversos autores hacen referencia a la utilización de este cuerpo en los puertos y en las zonas que no tuvieran mucho calado, y también para la recuperación de los diferentes objetos caídos como ánforas. Igualmente sabemos que los ingenieros civiles romanos necesitaron de su apoyo para llevar a cabo la construcción de diferentes estructuras marítimas, como los diques, y que ayudaron a hormigonar y sellar los recintos hidráulicos en la construcción de las infraestructuras marítimas y portuarias.

Para acabar

Un magnifico precedente para los actuales buceadores profesionales y una interesante historia para contar sobre nuestro pasado marítimo.

Más información

DÍAZ SÁNCHEZ, Carlos. Análisis preliminar del cuerpo de urinatores en los puertos romanos. En: Arqueología de los paisajes fluviales: Ocupación, comunicación y explotación. Dykinson, 2020, p. 61-72.

OLESON, John Peter. The technology of Roman harbours. International Journal of Nautical Archaeology, 1988, 17, 2, p. 147-157.

RIETH, Éric. Pour une histoire de l’archéologie navale. Les bateaux et l’histoire. Classiques Garnier, 2019.

SCHLEGEL, H. UrinatoresMuséum d’histoire naturelle des Pays-Bas, 1866, 6, 1, p. 1-52.

TCHERNIA, Andr. Les urinatores sur l’épave de la Madrague de Giens in Navires et commerces de la Méditerranée antique. Hommage à Jean Rougé. Cahiers d’histoire, 1988, 33, 3-4, p. 489-499.

ZAMORA MANZANO, José L. El salvamento y la asistencia marítima en el derecho romanoRevue internationale des droits de l’antiquité, 3ª Série, 2001, 48.

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El Coliseo es el monumento más visitado de Roma. Se trata de una construcción de época imperial, levantada en el siglo I (iniciada en el año 70 y culminada en menos de un decenio) que es un anfiteatro. Las celebraciones por su inauguración duraron alrededor de 100 días y se cobraron decenas de vidas humanas y animales. Aunque se llamó anfiteatro Flavio, desde hace siglos se le denomina el Coliseo, debido a un monumento dedicado al Emperador Nerón, llamado el Coloso. La estatua de Nerón despareció, pero ha permanecido gran parte de este anfiteatro.

Sabemos que este monumento contaba con un toldo móvil enorme, que se podía ir abriendo o cerrando según el sol iba avanzando. Los textos antiguos han dejado constancia de que quienes lo manejaban eran antiguos marineros y que se conocía como velarium. Tanto en su momento como en la actualidad tal obra de ingeniería suscita asombro, especialmente por la dificultad de cubrir una superficie con una base elíptica tan grande, ya que casi alcanzaba los 200 metros

La obra fue fruto de un gran ingenio y está documentada por varios escritores romanos y se puede encontrar en monedas conmemorativas, pero no está claro cómo era exactamente. 

Un sistema de arboladura para el Coliseo

La tecnología usada para cubrir el anfiteatro tiene su origen en el sector constructivo naval, dado que el despliegue de esta enorme cubierta, de unos 23.000 m2, era gestionado por cien marineros de la flota amarrada en Capo Miseno, que estaban alojados en un cuartel cercano al Coliseo, tal y como dejó escrito Plinio. 

Aunque existen testimonios de su uso, los textos antiguos apenas detallan cómo funcionaba, por lo que algunos investigadores han tratado de resolver el enigma. Primero han intentado recoger todas las pistas dejadas en época romana y luego, con la perspectiva actual, han interpretado su funcionamiento mecánico.

Hemos encontrado dos posibles explicaciones acerca de cómo funcionaba el velarium de los anfiteatros.

a) Por una parte, se sostiene que la estructura contaba con un anillo circular interno y una serie de velas. El anillo central no debía ser demasiado pequeño, porque no cubría a todos los espectadores, ni era muy grande, por el peso. En este caso las lonas se podían sostener mediante anillas que discurrían sobre cuerdas paralelas que partían del soporte central y llegaban a la base de los postes, en una forma bastante similar a lo que ocurre en la arboladura de los barcos. Esto implicaba una sección de tamaño considerable y, por lo tanto, la necesidad de estiba e incluso de una tecnología constructiva adecuada.

Simulación de las velas con estructura en anillo en un teatro. Fuente

Una variación de esta posibilidad es la que ha propuesto Steve Burrows que, haciendo uso de su experiencia como constructor, mantiene que sería muy difícil, por el peso, que las velas se mantuvieran, y que la opción es que este toldo se situara a mitad del estadio, proporcionando sombra sólo a las clases privilegiadas, que estaban sentadas en las localidades inferiores.

b) una segunda explicación acerca de este enorme «toldo» es que cubría todo el círculo. Se basa en cuerdas que corren diametralmente, de modo que cada cuerda comienza desde la parte superior de un poste y se conecta a la base del poste diametralmente opuesto. Esta solución parece muy difícil de conseguir, entre otros motivos por el enorme peso del cordaje.

Un dibujo del Coliseo en el que se señalan las distintas alturas, con las divisiones sociales establecidas en esos momentos, que también representa cómo pudo ser el velarium. Fuente: d’Anna 2020

Fuera la opción a) o la b), era necesario que el anfiteatro contara con una infraestructura previa para sostener los miles de metros de tela del velarium. Se han señalado diversos soportes que podían facilitar el enorme despliegue.

  • Por una parte, han hallado los salientes donde se podían apoyar unos postes altos que sobresalían de la parte superior del anfiteatro (a modo de mástiles), Los enormes palos (a modo de mástiles) iban anclados firmemente a la pared exterior del edificio.
  • y por otra, unos orificios practicados en la piedra, que era posible que se utilizaran para meter por ellos las jarcias que sostenían el velarium.

Estas innovaciones eran aplicables en ambos casos.

Elementos de sujeción de jarcias y palos. Fuente

Hoy sabemos que esta cubierta, aunque protegía del sol, no se podía utilizar como resguardo de la lluvia porque el peso del agua hubiera hecho caer la estructura.

Modelo en 3D del Coliseum. Fuente

Sin embargo, y a pesar de que ha habido diversas investigaciones sobre el tema, la comunidad científica no se ha puesto todavía de acuerdo en decidir cuál fue el sistema exacto, el que durante decenios sirvió para resguardar a los espectadores del anfiteatro del implacable sol del Mediterráneo.

Fresco de Pompeya en el que se puede apreciar su anfiteatro y una especie de toldo

Para concluir

Uno de los monumentos mas visitados del mundo como el Coliseo contaba con un sistema para resguardar del sol a los espectadores, que estaba basado en algunas de las técnicas navales usadas en la arboladura de barcos. Sabemos que Roma levantó más de 200 coliseos a lo largo de su dilatado imperio y que en algunos de ellos se han encontrado los soportes que atestiguan que contaron con un velarium. La colocación de los mástiles en lugares estratégicos y fijamente anclados era muy importante en este tipo de edificios, y se tomó de la construcción náutica. Igualmente se hizo con el sistema retráctil de izado y arriado de las velas. Todo un logro de la ingeniería romana que vincula esta magnífica construcción con el mundo naval.

Dibujo del velarium del teatro de Pompeya. Fuente

Más información

ALFANO, Francesca Romana d’Ambrosio, et al. “Velaria” in ancient Roman theatres: Can they have an acoustic role?Energy and Buildings, 2015, 95, p. 98-105.

BOMGARDNER, David. The story of the Roman amphitheatre. Routledge, 2021.

CELLAI, Gianfranco, et alSerramenti e schermature per la riqualificazione energetica ed ambientale: Criteri per la valutazione e la scelta. EPC srl, 2013.

D’ANNA, Eugenio & MOLARI, Pier Gabriele. Il velarium del Colosseo: una nuova interpretazione. 2020.

GANGEMI, Fernando. Il velario dell’anfiteatro cumano. 2022.

JACOBELLI, Luciana. Gladiators at PompeiiGladiators at Pompeii, 2003, p. 1-128.

KRIZMANIĆ, Attilio. Amphitheatre in Pula; Velarium. Prostor: znanstveni časopis za arhitekturu i urbanizam, 2020, 28, 2-60, p. 202-219.

POLIDORO, Massimo. La aventura del Colosseo. Edizioni Piemme, 2016.

POMA, Mauro. Descubriendo el Coliseo: entre el mito y la realidad. Descubriendo el Coliseo, 2021, p. 1-103.

SDINO, Leopoldo, et alLa valutazione delle azioni di valorizzazione dei beni culturali: il caso studio della copertura del ColosseoValori e Valutazioni, 2018, 20.

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Hace unos años se descubrió en Noheda, en la provincia de Cuenca (España), un magnífico mosaico que situado dentro de una enorme vivienda perteneciente a las clases privilegiadas romanas. La antigua villa, de fines del siglo III, se localiza a escasos 500 m de la localidad de Noheda. Esta zona era una vía natural de comunicación entre las cordilleras montañosas que la rodean, por lo que el lugar estuvo habitado, según las evidencias, desde tiempos prehistóricos.

Localización de Noheda en la provincia de Cuenca, España

La villa romana

Tras el inicio de la excavación, los arqueólogos comenzaron a ver su importancia y en la actualidad se le denomina la «Pompeya española», lo que proporciona una idea de su relevancia patrimonial. En uno de los paneles se halló la representación de un barco dentro de una escena mitológica muy conocida en la Antigüedad. El complejo arqueológico fue declarado Bien de Interés Cultural en el año 2012, principalmente por los mosaicos allí descubiertos. Por estos motivos dedicamos una entrada sobre la escena marítima de esta joya patrimonial.

División establecida para la identificación de las estancias. Fuente: Rodríguez, 2009

La localización de los mosaicos

La estructura residencial cuenta con varias estancias, entre las que destaca la sala Octogonal (se puede ver en la zona noreste de la figura anterior) y la sala Triabsidada, de imponentes dimensiones (casi 300 m2) y con unos extraordinarios pavimentos. Estas enormes habitaciones eran frecuentes en los más lujosos conjuntos residenciales. Estaban destinadas a los grandes banquetes, donde los comensales se podían reclinar en los lechos dispuestos en semicírculo. En esta última sala es donde se halla un excepcional mosaico con unas dimensiones conservadas de 231,62 m2, que fue realizado en una variadísima gama cromática, incluido el dorado, con una técnica que resaltaba el contorno alrededor de cada figura y se usaba para destacar los detalles principales del diseño (opus vermiculatum).

Es una amplia zona central dividida en seis paneles con escenas de temática mitológica y alegórica. En uno de los cuadros se representa el pasaje del rapto de Helena por el príncipe Paris y su viaje a Troya, que detallamos a continuación.

El rapto de Helena y la guerra de Troya

La vida de este príncipe troyano hijo del rey Príamo no se inició muy bien, ya que antes de su nacimiento su madre tuvo un sueño en el que se aventuraba que él sería la ruina del reino, por lo que fue abandonado y criado por pastores hasta que al final, cuando era ya un joven, entró en la corte troyana. Una vez aceptado fue enviado a Esparta y allí conoció a Helena, de la que se enamoró y a la que «raptó» (parece que ella estaba conforme en irse con él). Pero Helena era la esposa de Menelao, el rey de Esparta. Éste, una vez informado del suceso, pactó las alianzas bélicas oportunas con otros reyes griegos parientes suyos y fue a atacar Troya (en la actual Turquía). Y así comienza la historia de la famosa guerra de Troya que Homero narra en La Odisea.

Localización de Troya en la actual Turquía. Fuente

La escena marítima

El panel figurativo C, que ocupa una enorme superficie (10 m x 2,32 m), aparece en la parte oriental y se puede subdividir a su vez en varias escenas. Hay que pensar que en ella se desarrollan varias acciones recogidas en el mismo panel y que pueden asemejarse a las actuales viñetas, pero sin separación. En un largo mosaico se narran de manera lineal los hechos mas conocidos de la vida del príncipe Paris, con especial detalle en el rapto de Helena, la reina de Esparta.

La escena marítima del mosaico de Noheda. Fuente: Valero, 2015

En la primera aparece el juicio de Paris, vinculado con su nacimiento y su destierro. El siguiente conjunto es la parte náutica y se desarrolla en torno a un barco. En él se pueden observar dos actividades distintas, una de arribada de la nave y otra de salida de puerto. Lleva cuatro marineros a bordo, dos de ellos atan amarras y otros dos que se afanan en izar las velas, queriendo describir las dos escenas diferentes. El príncipe Paris accede a la embarcación mediante una rampa situada en la popa, y lleva de la mano a Helena, que va acompañada de tres asistentas. En el otro lado de la nave, por la proa, simulando la llegada a Troya, los mismos personajes descienden por la pasarela.

Representación de la pareja protagonista, Helena y Paris. Fuente: Valero, 2015

El barco

La nave es redondeada y panzuda, con remos y arboladura sencilla, con el casco multicolor. El mástil principal porta una verga que sirve de soporte a una vela cuadrangular blanca. Del costado del barco sobresalen diez largos remos. La borda de estribor aparece decorada por una línea de ondas, con fondo degradado de color rojo y azul alternativamente.

Fuente: Valero, 2015

El casco está decorado con casetones multicolor entre los que se encuadran dos animales acuáticos. Simulando ambas escenas, aparecen dos rampas de color dorado, una de entrada, al lado izquierdo del barco, compuesta por cinco listones transversales que hace las veces de escalones y que están fijados a la tablazón con tres clavos cada uno, bastante visibles en la escena. La del lado derecho, por la que descienden las jóvenes, porta una rueda en su extremo diestro, para permitir un atraque cómodo. Parece, por sus características, que representa una corbita, una nave de transporte usada en época romana.

Otra joya arqueológica más que contribuye a enriquecer nuestro importante legado patrimonial, que no siempre es apreciado como se merece, motivo por el cual insistimos en que se conozca y valore.

Más información

ARBEO CUESTA, Lucía. El mosaico en Hispania durante el Bajo Imperio: la Villa de Noheda. Archivos de la Historia, 2019.

LLEDÓ SANDOVAL, José Luis. Mosaico romano de Noheda (Cuenca): su descubrimiento. Madrid: Visión Libros, 2010. 201 p.

RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, José Luis. Intervenciones de conservación y restauración en los mosaicos de Noheda. Informes y Trabajos, 2009, 2, p. 91-97.

VALERO TÉVAR, Miguel Ángel. La villa romana de Noheda: la sala triclinar y sus mosaicos. Tesis doctoral. 2015.

VALERO TÉVAR, Miguel Ángel. Los mosaicos de la villa de Noheda (Cuenca). Boletín Arqueología somos todos, 2016, 4, p. 10-12.

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La civilización romana acuñó distintas monedas a lo largo de su historia. Cuando en una de las caras aparecía un emperador acompañado de su nombre, la identificación era sencilla, pero hubo siglos en los que las figuras que se acuñaban eran dioses, lo que dificultaba mucho saber de qué época eran.

Sin embargo, hubo una serie de monedas denominadas as o aes graves o librales, de época republicana, que se consideran las primeras acuñadas como tales, que en su reverso portaban la proa de una embarcación. En el anverso aparecían distintos motivos, muchos de ellos dioses, dependiendo de su valor. Y esta proa es la que se usa para identificar y diferenciar las monedas de la serie.

Orígenes

Previas a éstas hubo de dos tipos, que se parecían muy poco en la forma de lo que hoy llamamos moneda (que suele ser similar a un disco). Eran las aes rude y las signatum. De estas últimas hemos rescatado dos imágenes que presentan temas marítimos, como un ancla (a la izquierda) y delfines junto a dos tridentes (a la derecha).

No era la primera vez que se elegía la proa de una nave, ya que previamente en Macedonia (al norte de Grecia) se habían acuñado monedas en las que aparecía una embarcación, como las dos que vemos a continuación (en la de la izquierda se puede apreciar la nave acompañada de un texto que identifica a la nación, y a la derecha otra de época de Demetrius I Poliorcetes, del siglo III a. C.).

La serie de monedas romanas con una proa

Las aes graves forman parte del primer sistema monetario romano como tal, que según autores se inició entre los siglos VI y III a.C. La característica común, como ya hemos señalado, es que todas las monedas que forman parte de él, tanto las que son múltiplos de la unidad como las subdivisiones de ésta, portan una proa de nave en el reverso, unas veces sola y otras acompañada de diversas figuras.

La proa parece que era en honor de Cástor y de Pólux, los protectores de la navegación en el mundo romano (en la mitología también eran identificados con el fenómeno conocido como Fuego de San Telmo, especialmente cuando éste era de dos puntas), aunque el motivo también podía ser menos complejo, como por ejemplo para celebrar la pujanza de la armada republicana.

Las aes eran de origen etrusco y Roma las adaptó, como hizo con muchos inventos previos griegos. Eran de bronce y su valor monetario era mayor que el del metal con el que estaba acuñado. Había una moneda central denominada como el sistema, el as, que tenía múltiplos y divisores.

a) Múltiplos. Estas monedas valían 10 (decussis), 3 (tripondius) y dos (dupondius) aes respectivamente. En su anverso llevaban grabado el nombre de Roma. En el reverso una proa acompañada de los numerales X, III y II, que se correspondían con su valor.

Decussis. Fuente

b) los aes, la moneda central, que pesaba 12 onzas de bronce y llevaba acuñada la imagen de Jano (el de las dos caras, guardián de las puertas) en el anverso. La proa solía ir sola, aunque a veces llevaba también el nombre de Roma.

As libral

c) Los divisores. El grupo estaba formado por cinco monedas que suponían la mitad (semis), un tercio (triens), un cuarto (quadrans), un sexto (sestans) o una doceava (uncia) parte del as. Portaban en su anverso las imágenes de varios dioses según su valor. Comenzando por el semis, que llevaba a Saturno (dios de la agricultura) o a Júpiter (padre de los dioses en la mitología romana), y en el reverso la proa y una letra S.

Semis. Fuente

En el siguiente (triens), aparecía Minerva (diosa de la sabiduría) y a veces también Roma, con el reverso de una proa y la marca de 4 puntos correspondientes a su valor. El quadrans tenía acuñada la imagen de Hércules (el poderoso), portaba la proa y tres puntos en la otra cara.

Quadrans. Fuente

El sestans festejaba a Mercurio (dios del comercio y del transporte) y llevaba dos puntos acompañando a la proa. Mientras que la uncia solía llevar a Belona (la diosa de la guerra), aunque a veces aparecía igualmente Roma, mientras que en el reverso iban la proa y un punto.

Sestans. Fuente

Para concluir

Hubo una serie de monedas con las que Roma comerciaba y que en la época republicana decidieron decorar con una proa, lo que significa que el mar y la navegación eran muy importantes para esta civilización. Estas monedas se acuñaron también en las provincias romanas, fuera de la capital, por lo que hubo variaciones en las imágenes que aparecen en ellas. De cualquier forma, sirven a los arqueólogos para poder datar los yacimientos, ya estén en tierra o bajo el agua, y al resto de los investigadores para saber algo más de lo que el mar y la navegación significaban para esta poderosa cultura.

Más imágenes de monedas romanas

Más información

Aes grave. Blog de numismática. 2009.

CHAVES TRISTÁN, Francisca. Monedas romanas: República. Real Academia de la Historia, 2005.

POOL BURGOS, Alejandro. El aporte del estudio numismático de la moneda romana imperial a la comprensión de la Mitología ClásicaOMNI, Journal of Numismatics, 2015, 9, p. 141-155.

RIPOLLÈS, Pere P. La moneda romana imperial y su circulación en HispaniaArchivo Español de Arqueología, 2002, 75, 185-186, p. 195-214.

VÁZQUEZ HOYS, Ana Mª. La moneda romana. 2006.

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Esta semana vamos a conocer algo más de la historia de un pueblo, el los vándalos, que destacó por su dominio del mar entre los que se denominaron «bárbaros». Se ha tratado algo sobre ellos, pero no sabemos el motivo por el cuál se han ignorado con mucha frecuencia sus habilidades marineras y cómo éstas dieron lugar a que durante cien años estuvieran azotando por mar al imperio romano desde su sede en el Norte de África.

Desplazamientos de los pueblos «bárbaros» por el continente europeo y por África. Fuente

Un pueblo nórdico que pasa a la Europa continental

Los vándalos originariamente habitaban las regiones ribereñas del mar Báltico. Según Brossard procedían de Suecia. Una vez que abandonaron la península escandinava se fueron a vivir a las llanuras del centro de Europa. Al poco de establecerse allí se vieron continuamente asediados por los hunos, por lo que se fueron desplazando hasta las orillas del Rin e intentaron atravesar la frontera del imperio, pero los romanos no se lo permitieron. En el invierno del año 406, cuando el río estaba congelado, la pasaron. Así, lo que antes era una barrera se había convertido en un paso firme, que atraviesan y llegan a la Galia (Francia). Desde allí, con actividades de asedio y asalto, avanzan hacia la península Ibérica. En sólo tres años ya habían recorrido la parte este de Europa.

Desplazamiento de los vándalos desde los países nórdicos. Fuente

Se habían asentado en el sur de la península y habían aprendido técnicas de carpintería de ribera, posiblemente de los pueblos que allí vivían. El dominio de la construcción naval les permitió hacer sus propios barcos y les dio un poder nuevo, el del dominio del mar. Parece que su espíritu marítimo había surgido en Cartagonova (Cartagena), cuando vieron la enorme flota romana en el puerto. Por sus venas corría la sangre de sus antecesores nórdicos, expertos en temas náuticos. Además, su asentamiento en Hispalis (Sevilla) les permitió entrar en contacto con los carpinteros de ribera hispanorromanos.

Su forma de vida nómada y de obtener el sustento a base de asaltos les terminó convirtiendo en enemigos de los romanos, que hicieron un pacto con los visigodos para expulsarlos de Iberia. Pero su rey Genserico, hijo de un jefe vándalo y una esclava, sería quien llevaría a su pueblo a las mayores victorias conocidas.

Llegan al Norte de África

Cuando fueron atacados por romanos y visigodos huyeron en sus naves al norte de África (año 429). Esta emigración fue la más numerosa de un pueblo bárbaro por mar (se cree que fueron unas ochenta mil personas), ya que otras fueron pequeñas incursiones o traslados de familias, como las que llevaron a cabo los sajones en Britania en su segundo desembarco en la isla. Algunos autores afirman que los vándalos debieron llevarse consigo a carpinteros de ribera hispanorromanos hasta su nuevo emplazamiento africano, aunque no sabemos si fueron obligados a embarcar o si lo hicieron de manera voluntaria.

Allí, en el norte del continente africano, establecieron su reino y poco a poco fueron conquistando los territorios del imperio de Roma, avanzando hacia el este. Primero hicieron de Hipona su capital, hasta que llegaron a Cartago, que se había convertido en una populosa e importante ciudad romana. En ella instalaron su nueva capital y se hicieron con la flota imperial, lo que reforzó su poder marítimo.

Movimientos de los pueblos vándalos dentro de las fronteras del imperio romano. Fuente

Su reino en el sur del Mediterráneo

Sabemos muy poco de los conocimientos de construcción naval de este pueblo, pero se da por hecho que consiguieron controlar las técnicas que aprendieron en Hispania y que las fueron desarrollando una vez que se asentaron en el continente africano.

Tras conseguir establecer una dinastía, intentaron conquistar la península itálica y llegar hasta Roma. Unos años más tarde lo consiguieron y lograron atraer las miradas del gigante del éste, el imperio romano de Oriente, que los veía como piratas que estaban usurpando su territorio. Habían conseguido controlar una parte importante de los terrenos agrícolas que eran la base de la alimentación del imperio, primero el norte de África, el granero principal, posteriormente Sicilia, luego Cerdeña y al final Roma, así hasta llamar la atención de Bizancio.

El reino vándalo o Vandalia. Fuente

Bizancio les ataca por mar

El rey bizantino mandó a uno de sus más brillantes generales, Basilisco, a atacarlos, y en un primera instancia parecía que había ganado la batalla. La flota romana estaba anclada a varios kilómetros de la costa, a la espera de la rendición vándala. Pero éstos solicitaron cinco días para hacerlo y en ese tiempo lo que tramaron fue cargar pequeños barcos con vasijas de aceite y sustancias inflamables. Cuando salieron al encuentro de la flota imperial, les ataron el timón para que llevaran el rumbo deseado y los estrellaron contra la gran cantidad de naves romanas, causando multitud de bajas y haciendo huir a Basilisco. Eran los barcos de fuego que se habían usado desde hacía mucho tiempo. Fue una humillación terrible, que costó muchas vidas. Genserico, su caudillo, había conseguido otra victoria naval. Sin embargo, tras gobernar unos cuarenta años falleció, dejando a sus descendientes el trabajo de mantener el territorio norteafricano conquistado que, muy a su pesar, el imperio romano terminó aceptando.

Un caballero vándalo representado en un mosaico de Cartago. Fuente

Decenios después sería Belisario, mandado por el emperador Justiniano, quien los derrotaría en otra batalla naval. Su mano derecha era el almirante Calonimus de Alejandría. Por los textos sabemos que para llegar desde Constantinopla tuvieron que armar una flota de casi 600 naves (500 de transporte y 92 dromones) y embarcar unos 30.000 hombres. Los dromones medían casi 30 metros de eslora por cinco de manga, eran monorremes y llevaban espolón.

El inicio del fin

La segunda flota bizantina zarpó en junio del año 533 rumbo a Cartago. Tardaron unos 3 meses en llegar a la costa de Túnez. Desde allí salió un grupo por tierra, en un camino paralelo a la costa, en dirección a Cartago, mientras que las naves en las que habían navegado hasta allí les guardaban su flanco derecho. La batalla fue terrible, murieron miles de soldados y su rey fue llevado a Constantinopla para sufrir las iras del pueblo y morir dilapidado. A partir de ese momento los vándalos empezaron a desaparecer de la Historia. Sin embargo, su nombre ha quedado como sinónimo de personas destructivas, salvajes, brutales y violentas. Nada se dice del poder que consiguieron en el mar, ni de sus conocimientos y habilidades. Tampoco sabemos cómo burlaron la ley romana de prohibir la transmisión de técnicas de navegación y construcción naval a cualquier bárbaro.

Más información

ÁLVAREZ JIMÉNEZ, David. El reino pirata de los vándalos. Sevilla: Universidad, 2016.

DE BROSSARD, Maurice. Historia marítima del mundo. Madrid: Edimat Libros, 1976.

COURTOIS, Christian. Les Vandales Et L’afrique. Paris: Service des Antiquités, 1955.

FERREIRO, Miguel Ángel. ¿Quiénes fueron los vándalos?. El reto histórico, 2020.

FOURNIER, Eric. The Vandal conquest of North Africa: the origins of a historiographical persona. The Journal of Ecclesiastical History, 2017, 68, 4, p. 687-718.

HERNÁNDEZ DE LA FUENTE, David. Vándalos: El reino pirata que sometió Europa por mar. La Razón, 23/04/2017.

HUGHES, Ian. La conquista del reino vándalo. Las batallas de Ad Decimum y Tricamerum. Desperta Ferro, 2020.

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En época romana el trigo era una fuente de alimentación básica y llegó a tener tanta importancia que los senadores usaban su distribución para conseguir votos de los ciudadanos. Como en Roma no se cultivaba, tenía que llegar a la urbe desde Egipto, Norte de África, Sicilia e Hispania por vía marítima. Su gestión y suministro recibió una denominación, annona, que estaba asociada a una diosa de igual nombre. Sin embargo, a pesar del volumen de mercancías trasladadas a través del mar, contamos con escasa información arqueológica sobre el procedimiento y el sistema de transporte de los cereales. Vamos a explicar lo descubierto hasta ahora.

Confección del pan. Fuente

Los barcos del trigo

El transporte marítimo ofrecía una serie de ventajas tales como que era mucho más rápido, efectivo y menos costoso que el traslado por vía terrestre. Ello supuso que el medio más utilizado para que Roma recibiera los alimentos y otros productos a gran escala, tanto para la población civil como para las legiones, fueran los barcos. El traslado de los productos a los puertos marítimos, que solían estar bien comunicados con estuarios y rías, daba la posibilidad de transportar los cargamentos por vía fluvial hasta el interior de ciertas regiones. Es decir, se usaban grandes naves para cruzar el Mediterráneo y otras más pequeñas para el transporte por ríos hasta las grandes metrópolis.

Reproducción de una nave oneraria romana. Fuente

Desde lejos se veían llegar a las embarcaciones que desde Egipto llevaban el cereal a Roma. Llegaban a los puertos de Ostia (a unos 30 km de Roma) o a Puteoli (Nápoles). Solían ser enormes y cargaban entre 1000 y 1800 toneladas de cereal. Luciano de Samósata describe uno de estos barcos, llamado Isis, que llegó al puerto griego de El Pireo, cuyas medidas eran de 55 metros de eslora, 14 de manga y 13,5 de puntal.

Los cascos de las embarcaciones de gran tonelaje que transportaban el trigo eran resistentes y estancos. Estaban construidos con cuadernas bien encajadas y perfectamente revestidas, mediante el uso de largueros, riostras y abrazaderas, así como de clavos de bronce y cobre. El sistema de almacenaje en el interior era básico para su conservación durante el transporte. El grano se llevaba principalmente en sacos, que eran fácilmente manejables y adaptables, tanto para la revisión como para las tareas de trasbordo y descarga.

Relieve que muestra la llegada de las naves a Portus. Colección Torlonia. Fuente

El bajo relieve votivo del Portus (imagen superior), de inicios del siglo III, es una de las representaciones que más información náutica aporta, ya que narra con un realismo casi sorprendente una escena en el puerto de Ostia en la que aparece un gran velero de comercio en la bocana frente al faro y otro análogo en el muelle, describiéndonos la acción de la llegada a puerto con ofrendas del emperador Septimio Severo y la emperatriz, agradeciendo la llegada tras una travesía favorable.

Una vez que llegaban a Portus era necesario hacer uso de pequeñas embarcaciones fluviales (naves caudicariae) utilizadas para el transporte final por el río Tiber hasta Roma. Solían tener una capacidad máxima de 200 tm y una eslora de 27 metros. La embarcación llamada Isis Giminiana, que aparece en la imagen siguiente, es un buen ejemplo.

En esta pintura se puede ver cómo se cargaba en el barco el trigo. La nave se llamaba Isis Giminiana. Necrópolis de Porta Laurentina (al sur de Ostia). Fuente

La vela roja

La vela llamada supparum1 de color rojo era el distintivo de las naves que portaban trigo desde la ciudad egipcia de Alejandría. En el periodo imperial muchas representaciones hacen referencia a naves alejandrinas como aviso de que el trigo estaba llegando, según cuenta Seneca en las epístolas que manda a Lucilio (Epistulae Morales ad Lucilium, 77).

En color rojo aparece marcada la vela supparum. Detalle del relieve Torlonia. Fuente

Otros autores narran que era todo un acontecimiento divisar las naves con las velas rojas, porque era señal de abastecimiento de la ciudad, ya que hubo momentos de escasez debido a malas cosechas o a naufragios muy seguidos. También afirman que sólo los barcos que llegaban a Roma desde Alejandría con cereales tenían autorización para izar el supparum coloreado. Y parece que ésto se hacía cuando la nave se iba acercando a su destino. Por eso avistar esta vela roja en las naves que llegaban al puerto era motivo de alegría y de celebración.

Más información

AGUILERA MARTÍN, Antonio. Las rutas comerciales marítimas en el Imperio Romano. Viajes en el Mediterráneo antiguo. Madrid, 2009, p. 123-140.

GARCÍA FUEYO, Beatriz. Notas relativas a las limitaciones introducidas al comercio exterior por vía marítima, conforme a C. Th. 7, 16, 3. Año 420 DCRidrom: Revista Internacional de Derecho Romano, 2021, 26, p. 64-148.

LE GALL, Joel y LE GLAY, Marcel. El imperio romano. Madrid: Ediciones AKAL, 1995.

PEÑALOZA GÓMEZ, Marcos Thomas. Portus, Classe Naviculariusque: Roma y el control del mar Mediterráneo (s. VI aC-IV dC). Revista de Historia (Concepción), 2019, 26, 1, p. 149-170.

SABATINI, Gianluca. On Romans’ routes. 2015. También se acaba de publicar una versión en inglés: On the Routes of the Romans: Itinerarium Maritimum Antonini Augusti. 2021. 336 p.

SALIDO DOMÍNGUEZ, Javier. Horrea Militaria. El aprovisionamiento de grano al ejército en el occidente del imperio romano. Anejos de Gladius, 14. Madrid: CSIC, 2011, 610 p.

SALIDO DOMÍNGUEZ, Javier. El transporte marítimo de grano en época romana. Problemática arqueológica. En: R. Morais, H. Granja y A. Morillo (eds.). O Irado Mar Atlantico. O naufrágio bético augustano de Esposende (Norte de Portugal). Braga, 2013, p. 139-178.

SANZ PALOMERA, Gustavo. La Annona y la política agraria durante el Alto Imperio romano. Oxford, BAR Internacional Series 2112, 2010, 186 p.

Nota

1 Este nombre también se usaba para denominar a una especie de chal o túnica corta que llevaban las mujeres romanas.

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