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El Atlas de las Indias Occidentales, o compendio descriptivo de las Indias Occidentales (en inglés The West-India atlas, or, A compendious description of the West-Indies) se publicó en Londres en 1775 y está ilustrado con cuarenta cartas y mapas. Se completa con un relato histórico de los varios territorios e islas que componen esa parte del mundo, su descubrimiento, situación, extensión, fronteras, producto, comercio, habitantes, gobierno, religión, entre otros.

Atlas indias orientales XVIII

Portada del Atlas del siglo XVIII

El autor

Thomas Jefferys (1717-1771) era geógrafo del príncipe de Gales y posteriormente del rey inglés Jorge II. Después de la muerte de Jefferys su negocio pasó a Robert Sayer y John Bennett, que en 1775 publicaron los mapas en forma de atlas por primera vez.

Thomas era un excelente y preciso dibujante, y fue autor de varios grabados que representaban al monarca y a varios de sus ayudantes mas cercanos, entre ellos algunos altos cargos de la Armada inglesa.

Sus cartas náuticas fueron de gran importancia en la guerra de la Independencia norteamericana.

La obra

Este magnífico atlas, que la historiografía inglesa alaba y describe como el mejor, sin embargo sólo se detiene en las costas e islas del Caribe, aunque nos consta que el autor había cartografiado otras zonas del continente americano. Otra nota importante para la investigación peninsular es que recoge las islas atlánticas de las coronas española y portuguesa (Canarias, Azores, Madeira, y Cabo Verde). Como la investigación angloparlante ya ha dedicado importantes textos a este atlas, desde el blog de la Cátedra hacemos un análisis de la parte hispana, que no siempre ha sido tratada.

Islas Canarias y Madeira

Notas de gran interés para los investigadores, aparte de la descripción de algunos lugares, que incluso aparecen en las cartas náuticas para dar información a los navegantes, es el dibujo de una flota, con el derrotero que va de Cartagena a Portobelo y viceversa. También aparece en otra carta el de La Habana-Cartagena.

Detalle de la carta inferior en la que aparece marcada la ruta de la flota que iba de Cartagena a Portobelo y viceversa.

En la carta inferior, así como en casi todas las del atlas, es destacable el nivel de detalle en cuanto a la toponimia. En esta aparece el istmo de Panamá, así como la representación de los accidentes geográficos mas destacados (tanto costeros como de interior). Y en el centro de todo, una magnífica rosa de los vientos con los 32 rumbos perfectamente marcados. Tanto detalle hace inferir que la información tan precisa de territorio hispano fuese copiada de cartas españolas, práctica realizada con cierta frecuencia por los cartógrafos ingleses.

Caribe costero centroamericano

Como en esos momentos no se tenía toda la información geográfica disponible, hay veces que las islas apenas están cartografiadas (Bequia o Becouya, al norte de las Granadinas), mientras otras aparecen perfectamente descritas. Esta falta de datos hace que, por ejemplo, haya islas cuyas cartas están copiadas y literalmente traducidas al inglés desde otros idiomas, como es el caso del neerlandés (holandés) para Curaçao.

Otra característica peculiar de este atlas es que las islas y costas que se incluyen en las cartas náuticas algunas veces no están centradas en la imagen, sugiriendo que lo mas importante eran las rutas marítimas. Esto se puede apreciar claramente en la carta de la isla de  Sto. Domingo (la Española).

La isla Española

En síntesis: una obra póstuma importante de la parte atlántica del Caribe, con muchos detalles, datos, descripciones y observaciones de indudable valor. Como fuente es de gran interés para la investigación histórica, geográfica y de algunas otras ciencias humanas y sociales. Por eso ofrecemos aquí algunas de las cartas referidas a las islas caribeñas que pueden ser de mayor interés.

Fuente: JEFFERYS, Thomas. The West-India atlas, or, A compendious description of the West-Indies: illustrated with forty correct charts and maps, taken from actual surveys: together with an historical account of the several countries and islands which compose that part of the world, their discovery, situation, extent, boundaries, product, trade, inhabitants, strength, government, religion, &c. London: Printed for Robert Sayer and John Bennett, 1775. Library of Congress.

Un edición posterior de un atlas de este autor se vende por 85000 libras.

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En el siglo de la Ilustración, los oficiales de la Armada fueron la avanzadilla técnica y científica que mas colaboró a situar a España en un lugar de privilegio entre las Academias europeas. Una esmerada formación náutica iba acompañada de otra mas ilustrada, acorde con el pensamiento de la época. Sus logros son fácilmente visibles en las obras de Jorge Juan, Antonio de Ulloa, los hermanos Ciscar, Fernández de Navarrete, Mendoza, Tofiño o Vargas Ponce, que fueron traducidas a otros idiomas, y sus autores nombrados académicos en diversos países europeos. Vamos a conocer uno de los cursos que mayor rango científico dió a los oficiales mas brillantes de la Armada.

El lugar de impartición: la Academia de Guardiamarinas

La Academia de Guardiamarinas, pasados los primeros cincuenta años desde su fundación en 1717, tras muchos esfuerzos y no pocas vicisitudes, consiguió alcanzar una solución equilibrada entre la formación científica de los cadetes y el dominio práctico que se requería para el gobierno de un buque de guerra.

Tras el paso de ilustres personajes como Jorge Juan y Antonio de Ulloa y de la apertura de nuevas academias en Ferrol y Cartagena, entraba en una nueva fase: nuevos proyectos exigirían a partir de ahora la rápida formación de astrónomos e hidrógrafos.

Jorge Juan

Un renovado vigor llegó a raíz de la ascensión a la Secretaría de Estado del Despacho y de Marina de Antonio Valdés (1783). Con él finaliza la vieja polémica de la conveniencia de reforzar y ampliar los años de estudios teóricos, al proponerse por parte de los profesores la creación del “Curso de Estudios Mayores”, destinado únicamente a los cadetes y oficiales de Marina que hubiesen dado pruebas de su interés por las ciencias, además de demostrado su capacidad para ello.

Antonio de Ulloa

Con este curso se volvía el camino que años atrás ilustres e ilustrados personajes de la Armada quisieron marcar: formar a hombres de mar que además fueran intelectuales y científicos de primer orden.

Una obra de Gabriel Ciscar

El Curso de Estudios Mayores

La idea de los Estudios Mayores se le asigna a José de Mazarredo, pero era un tema que llevaba muchos años debatiéndose en el seno de la Academia. En 1783 los cadetes mejor preparados, algunos ya oficiales, pasan a seguir Estudios Avanzados (también recibieron el sobrenombre de Matemáticas Sublimes). Por estas fechas las otras dos academias pusieron en marcha dos planes distintos del Curso de Estudios Mayores. Jacinto Ceruti, director de la Academia de Cartagena, redactó un plan para los oficiales allí agregados, que consistía en un repaso a fondo de todas las enseñanzas que recibieron de cadetes, seguido del estudio del curso matemático de La Caille, compuesto de cuatro volúmenes.

El edificio construido a principios del s. XIX para albergar la Escuela de Guardiamarinas de Cartagena

En la Academia de Ferrol, Cipriano Vimercati elevará su propio plan, que consistía en tres años de estudios seguidos de otro de “ejercicio”. En los primeros se estudiarían a fondo las matemáticas, incluyendo el cálculo diferencial e integral, así como la óptica y la astronomía, utilizando para ello los tratados de Bézout y La Caille, el cuarto año se dedicará al estudio de la construcción y maniobra.

Los Estudios Mayores suponen la culminación de la vieja idea de disponer dentro de la Armada de oficiales que fueran auténticos sabios en las artes avanzadas de la navegación. Los tratados y extensión de los estudios quedaron a decisión de los directores de cada una de las Academias, tres verdaderos marinos a la vanguardia de los conocimientos náuticos.

Cartagena y la unificación de los Estudios Mayores

A finales de 1785 se redactaría un nuevo plan más completo que los anteriores en Cartagena. Su autor sería el Ayudante de la Compañía Gabriel Ciscar y Ciscar, que fue destinado en 1783 a cursar allí los Estudios Mayores. No llegó a realizarlos, pues su excelente formación científica hizo que pasara inmediatamente a dar clases de Navegación.

Gabriel Ciscar y Ciuscar

Ciscar elaboró un plan de estudios mayores para la Academia de Cartagena, con una duración de cuatro años. Los agregados al curso debían ser instruidos en diversas materias estudiadas a través de varios tratados de reconocido prestigio, dichas materias eran álgebra, trigonometría, mecánica, óptica, astronomía, y física. El plan de Ciscar tuvo tan buena acogida que por R.O. de 14 noviembre 1785 quedó definitivamente sancionado, haciéndose obligatorio su impartición en las tres Academias.

Portada de dos de las obras mas importante de Jorge Juan. Ciscar actualizó el Examen Marítimo de Jorge Juan

Para reforzar los contenidos del curso, además del empleo de los tratados propuestos a Ciscar, se le permitió mejorar la dotación de los laboratorios de la Academia de Cartagena, concediéndosele la petición de una larga lista de instrumentos de astronomía y física que fueron adquiridos en Londres y París. Las expectativas que se alcanzaron con la realización del curso fueron muy positivas.

Libro de Astronomía de La Lande

La propuesta de Ciscar pretendía una sólida formación científica construida sobre fundamentos de vanguardia en cada una de las disciplinas. Este decidido talante renovador queda claramente confirmado por los manuales que se recomiendan para la docencia.

Óptica de La Caille

A la finalización de los estudios se realizaba un brillante certamen público, en el que participaban ocho oficiales, que disertaban sobre las materias que habían estudiado. Los certámenes tenían una duración de cuatro días, se sorteaban dos oficiales por día y dos puntos sobre los que discernir, una hora sobre cada uno de ellos.

Obras utilizadas

Los libros mas importantes que se usaron en el Curso de Estudios Mayores de Ciscar eran los siguientes (aunque había algunas ediciones posteriores, que también se estudiaban):

  • La Caille, Leçons élèmentaires de mathématiques (1741)
  • Leçons élèmentaires de mécanique (1743)
  • Leçons élèmentaires d`astronomie géometriqué (1746)
  • las Leçons élèmentaires d´optique (1756)
  • R. Smith, A Compleat System of Opticks (1738)
  • Lalande, Traité d`astronomie (2º edición, 1771)
  • P. J. Macquer Eléments de chymie practique (1751)
  •  Eléments de chymie théorique (1749)
  • A. E. Paulian, Dictionnaire de physique (3 volúmenes, 1761)
  • A ellos se añadirán las muy conocidas obras de Nollet, Bézout y Bails.

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Por Alberto Hoces García, doctorando de la Cátedra de Historia Naval

Dada la trascendencia de la guerra naval para España en el siglo XVIII –siglo en el que entra como potencia y del que se despide en franca decadencia– y los múltiples escritos sobre ella, tanto científicos como novelados, sorprende no encontrar demasiados que traten la marinería. Por ello, en este breve texto se trata algo fundamental en ambos aspectos: la Matrícula de Mar.

Pescadores y maestranza fueron los principales objetivos de la Matrícula de Mar. “Fishing boats off a jetty”, Arthur J. Meadows, 1862. Royal Museums Greenwich.

¿Qué es la Matrícula de Mar? 

Fue un sistema de reclutamiento ideado en el S. XVIII para dotar a los buques de la Armada de tripulaciones competentes con las cuales enfrentar los riesgos a los que estaba expuesto el Reino. A diferencia de otros modelos basados en levas, como el sueco o el más conocido inglés, que enrolaban a sus marineros mayoritariamente a la fuerza, la Matrícula perseguía hacerlo de una manera más justa, mediante una inscripción generalizada. Eso sí, el servicio también era obligatorio.

“Marinero de la costa del Mediterráneo”, Juan Carrafa, 1825. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica

Si bien los primeros intentos de instaurar un sistema de inscripción similar se remontan a un intento del Conde-Duque de Olivares, no es hasta el advenimiento de la dinastía borbónica cuando los condicionantes sociopolíticos son propicios. Así, entre las reformas centralizadoras de Felipe V, es más sencillo entender este sistema de obligaciones y privilegios que había pretendido instaurar Olivares en una marina mucho más disgregada en cuanto a funcionamiento y marco ordenador.

Representación de un marinero inglés. Detalle de “Sailor”, anónimo inglés del siglo XIX. Fuente: Royal Museums Greewnwich

Un listado de la gente de Mar

Sobre el nuevo funcionamiento de la Armada se estableció la Intendencia General de Marina en 1717, bajo cuya responsabilidad se había de levantar un listado de la gente de mar. El primero fue ordenado el 28 de enero de ese mismo año para Guipúzcoa y, si bien no funcionó como se esperaba, resulta notable pues se establecieron dos de los objetivos primordiales de este sistema: garantizar el comercio con América y la seguridad en el Mediterráneo. Ambos de especial relevancia para recuperar la posición internacional que España había perdido en la reciente Guerra de Sucesión.

El Mediterráneo se convirtió en un nuevo punto de atención de la monarquía. “Mediterranean coast scene”, Nicholas Pocock. Fuente: Goverment Art Collection

Con la instauración del sistema de Departamentos Marítimos en 1726 se redactó la instrucción general que debía seguir el renovado sistema de registro marítimo, a instancias de Patiño; y ya en 1737 el Infante Almirante promulgó las exenciones y privilegios que habrían de gozar los matriculados. A saber: el fuero de Marina, la exención de reclutamiento para los ejércitos de tierra, la exoneración de cargas municipales y de alojamiento de tropas y, especialmente, la exclusividad de practicar los oficios marinos.

Conocida pintura inglesa que simboliza los excesos cometidos contra los marineros y el poco dinero que recibían a cambio de su trabajo. “The sailors return”. Fuente: Royal Museums Greenwich

En la práctica, suponía institucionalizar la obligatoriedad de la matriculación, lo que sumado al establecimiento claro y meridiano de las competencias de cada uno de los oficiales del Cuerpo del Ministerio, supuso un espaldarazo definitivo para la misma.

“Pescador de la costa del Mediterráneo”, Juan Carrafa, 1825. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica

De esta forma, en 1751, ya bajo iniciativa del Marqués de la Ensenada, se publicó la Ordenanza para el régimen y fomento de la marinería matriculada; que reseñamos como principal en el tema que nos ocupa. No sólo porque estuviera en vigencia hasta 1802 –fecha en que se publicó otra Ordenanza–, abarcando la segunda mitad del XVIII, conocida por ser la Edad de Oro de la navegación a vela, sino porque supuso la aplicación efectiva del sistema.

“Fishing boats in a breeze”, Charles M. Powell. Fuente: Royal Museums Greenwich 

Así, se establecían cuatro listados por localidad: uno para la gente de mar, otro para la maestranza, un tercero de jubilados y un último de muchachos. En cada uno de estos listados se formaban a su vez cuatro cuadrillas equilibradas, de las cuales una, elegida por sorteo, había de servir en los navíos del Rey durante una campaña –es decir, un año. Teóricamente, esto garantizaba que el servicio obligatorio se prestara cada cuatro años.

Ejemplo de incapacidad física por la que un matriculado era incluido en el listado de jubilados. “A distressed sailor”. Fuente: Royal Museums Greenwich

El sistema debía garantizar el conocimiento de todas personas dedicadas a la mar en el país, por lo que, además, se indicaba en el nombre de cada una de ellas la clase a la que pertenecía: artillero, marinero, grumete o paje; con el fin de tener constancia de sus habilidades concretas. El nivel de previsión alcanzaba la inclusión de forasteros nacionales –naturales de otra localidad distinta a la de residencia– en listas específicas para ello, para posteriormente asimilarlos a la del municipio.

“Barcas del bou en el puerto de Valencia”, Rafael Monleón y Torres. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica

Síntesis

La Matrícula de Mar supuso, sin duda, uno de los mayores –y mejores– intentos de reformar la Armada para hacerla más eficiente, pero no tuvo el éxito esperado. Podríamos citar, entre otros motivos, la falta de pagos tanto a los matriculados como a los distintos oficiales encargados de su funcionamiento y administración; pero las casuísticas son muchas más, por lo que se tratarán en otra entrada.

Bibliografía

HOCES-GARCÍA, Alberto. La Matrícula De Mar en el Departamento Marítimo De Cartagena durante el siglo XVIII: una complicada aplicaciónMediterranea-ricerche storiche, 3025, no 12, pp. 539-558.

VÁZQUEZ LIJÓ, José Manuel. La Matrícula de Mar y sus repercusiones en la Galicia del siglo XVIII. Obradoiro de Historia Moderna, 2006, 26,  pp. 289-322.

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Durante el siglo XVIII se hicieron multitud de viajes transoceánicos. De muchos de ellos nos ha llegado su diario de navegación, pero no es nada frecuente contar con dos versiones de la misma expedición. Este es el caso del buque sueco, el Götha Leijon, cuya misión era llegar a China, y que albergó en sus bodegas dos relatos de este impresionante viaje.

El buque sueco dibujado por Schantz

Un buque de la Compañía sueca de las Indias Orientales

El Götha Leijon era un navío mercante construido (indiaman), que partió en misión comercial de la costa sueca hacia el lejano Cantón en 1746 y regresó a puerto en 1749. Su capitán era Bengt Askbom, hijo de una saga de hombres de mar.

El buqeu sueco

El buque sueco dibujado por Gethe (detalle de una de las ilustraciones)

Este no era el primer viaje a Asia (véase, por ejemplo, los que realizó previamente el Götherborg), pero sus diarios, y especialmente las ilustraciones que contienen, lo han hecho mas conocido que los anteriores.

El Gotha Leijon era uno de los buques de la Compañía Sueca de las Indias Orientales (también conocida como SOIC), que había sido fundada en 1731. Fue la última de las grandes empresas europeas creadas para facilitar, y también monopolizar, el comercio con el continente asiático. Previamente se habían fundado muchas de las compañías homónimas, como la portuguesa en 1587, la británica en 1600 y otras como la holandesa, danesa o francesa ya iniciado el siglo XVII.

La compañía tenía los derechos exclusivos para el comercio de las Indias Orientales y otros lugares al este del cabo de Buena Esperanza. Los buques debían, siempre que fuera posible, estar construidos y equipados en Suecia y bajo bandera sueca.

Calamar dibujado por Schantz

Los relatos

Son dos libros manuscritos. Uno de ellos por Carl Johan Gethe y el otro de Carl Fredrik von Schantz, que relatan la misma misión comercial desde dos puntos de vista distintos. Ambos contienen ilustraciones, pero el texto de Gethe está mucho mas cuidado, además de que es el más conocido, traducido y reproducido.

Una de las hojas del diario de Gethe

El manuscrito que redactó Gethe incluye unas 20 hojas con ilustraciones en color y dibujos de algunas de las ciudades, peces, frutos, insectos, los tipos de buques y la gradación de la costa. También una carta náutica de la entrada de Cantón. El otro texto también aporta ilustraciones, en las que se pueden ver formas de vida en la China del siglo XVIII, algunos animales y varias embarcaciones chinas, algunas de las cuales Gethe también dibuja.

Carta de Cantón (Gethe)

El largo viaje

En su recorrido por la Península Ibérica el barco pasó por Cádiz y llegó a Santa Cruz de Tenerife.

Carta de Cádiz incluida en el manuscrito de Gethe

A Gethe le debieron impresionar mucho estas tierras, ya que las describe y dibuja.

Una vista de costa andaluza en el manuscrito de Gethe

Cadiz

Perfil costero de la ciudad de Cádiz según Gethe

También llamó su atención la isla de Java y, por supuesto, el fin de su viaje de ida, la ciudad de Cantón. De muchos de los lugares visitados, en especial de la parte asiática, describe la vida cotidiana, muchas de las costumbres locales que le parecieron dignas de reseñar, entre las que destacan sus notas sobre gran variedad de formas de la lengua china, así como de la flora y fauna halladas en el viaje. Contiene reflexiones sobre el viaje en sí, muy propias, al gusto de la época.

Una de las magníficas ilustraciones que aparecen en el manuscrito de Gethe

Las naves

Una parte importante de las ilustraciones está dedicada a las naves que los narradores vieron en el viaje. Destacan las asiáticas, aunque también incluyó alguna de origen europeo. Describimos las que son de mayor interés.

La parte superior de la primera ilustración la dedicó a un tradicional junco chino con sus velas al tercio. Se empleaba para la navegación en alta mar y su uso era mayormente en la guerra o piratería. Esta embarcación estaba dotada de mamparos estancos, que dividían el interior del buque en compartimentos aislados, lo cual aseguraba a la embarcación una gran reserva de flotabilidad.

Dos buques uno holandés y otro chino (Gethe)

El otro que aparece en esta lámina doble es un buque holandés de tres palos, probablemente construido en Java, en una mezcla de técnica europea y asiática. Lleva castillo de proa y alcázar en la popa. Las velas son al tercio, como las de los juncos. En la proa lleva un bauprés, con verga para la vela cebadera, a la europea. Se usaría posiblemente tanto para el comercio como en la piratería.

Embarcación fluvial china con unos 20 remeros (Gethe)

También dibujó el barco del dragón, una embarcación fluvial con la que se celebraban regatas en recuerdo del gran poeta chino Qu Yuan. Llevaba unos 20 remeros, un patrón, timonel y un tambor que marcaba el ritmo de la boga.

Nave china de recreo (Gethe)

Igualmente recogió en sus ilustraciones una nave fluvial de recreo. Cuando ésta llevaban a bordo mujeres se les llamaba eufemísticamente “barco de flores”.

Embarcación fluvial para la venta de frutas (Gethe)

También encontramos una pequeña embarcación fluvial para venta de frutas, así como un champán para uso privado de un mandarín, éste último dibujado por Schantz.

Champan (Schantz)

En síntesis, un viaje a la China del siglo XVIII, inmortalizado por dos narradores distintos, en los que se describen e ilustran las particularidades encontradas. Dos documentos de gran interés para conocer de primera mano costumbres, tipos humanos, animales y naves asiáticas que pueden ser de gran interés para los estudiosos en la materia, y que a los aficionados a los viajes y exploraciones les gustará conocer.

Ambos ya están digitalizados para su consulta en idioma sueco. Desde la web de la Biblioteca Nacional de Suecia puede acceder al Diario de Gethe.

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Este año se cumple el 300 aniversario de la creación de la Real Compañía de Guardias Marinas en España. La primera Academia se estableció en Cádiz, en el año 1717.

Plano de la ciudad al inicio del siglo XVIII. Fuente.

Plano de la ciudad gaditana al inicio del siglo XVIII. Fuente.

A pesar de que diversos autores no han concedido la importancia que esta fundación se merece, fue la base de la enseñanza reglada naval militar en nuestro país.

Cubierta del libro que escribió Jorge Juan para la enseñanza de los cadetes

Cubierta del libro que escribió Jorge Juan para la enseñanza de los cadetes

La Academia tomó como base dos tipos de enseñanza muy diferentes e intentó aunarlos. La formación francesa era muy academicista, y de ella tomó el plan de estudios. Mientras, la inglesa era esencialmente práctica, y por ello se decidió que una vez aprobados los contenidos teóricos, los cadetes debían embarcar en uno de los navíos o fragatas de la Armada para completar su formación antes de recibir el título de oficiales.

Dibujo de la gran plaza de Cádiz al inicio del siglo XVIII. Fuente.

Dibujo de la gran plaza de Cádiz año 1660 aprox. Fuente.

Los planes de estudios estaban llenos de contenidos matemáticos (aritmética, álgebra, geometría y trigonometría), a los que acompañaban otras materias básicas como cosmografía, náutica, fortificación, artillería teórica y práctica, armamento, evolución militar, construcción naval, maniobra de naos, esgrima y danza. Igualmente cursaban idiomas. Con el paso del tiempo los planes de estudio se fueron ajustando a las necesidades y también a los conocimientos científicos de la época.

Meridiano de Cádiz. Fuente

Monumento que recuerda el Meridiano de Cádiz. Fuente

La entrada en la Academia

En ella sólo podían entrar los hijos de los nobles y de los oficiales. En este acceso, que hoy podríamos llamar elitista, hay un secreto muy bien guardado. Durante siglos los hijos de la nobleza no habían trabajado nunca, ni habían ejercido otra profesión que los encargos de armas ocasionales de los reyes.

La bahía de Cádiz dibujada en el siglo XVI. Fuente

La bahía de Cádiz dibujada en el siglo XVI. Fuente

Esta tendencia se rompió al inaugurarse la Academia, ya que importantes personajes de la nobleza española, para apoyar a su rey, enviaron allí a sus hijos primogénitos. Se puede ver, por ejemplo, que el cadete nº 1 es el príncipe de Yaché, el hijo del Marqués de Campoflorido, miembro del Consejo Real.

Los Guardiamarinas

Un análisis rápido de los lugares de procedencia de los cadetes (acceda al listado de la primera promoción), originarios de multitud de localidades peninsulares, pero también de Italia y de América, evidencia la filosofía de esta institución. En pocas promociones multitud de hijos de familias de nobles e hidalgos de casi todos los puntos de España, destacando los andaluces, vasco-navarros y valencianos de gran tradición marítima, entran en las filas de la Marina española. Se unen, de esta manera, una tradición secular de los pueblos costeros de Hispania y una formación académica reglada y de carácter militar. La antigua Gadir, la puerta sur del Atlántico, asume una función vital para los planes de la monarquía borbónica: formar y profesionalizar a las futuras generaciones de oficiales de la nueva Real Armada.

La bahía en 1760. Fuente

La bahía en 1760. Fuente

Aunque los cadetes y docentes mas conocidos son Jorge Juan y Antonio de Ulloa, por sus múltiples éxitos en las misiones encomendadas, decenas de ilustres oficiales salieron de la Academia. Nombres como el del gaditano Vicente Tofiño, el autor de los derroteros de las costas de España, o el cartagenero Antonio de Escaño, miembro del Consejo de Regencia de España e Indias (1810), contribuyen decisivamente a ilustrar una época clave en la Historia de España.

Plano de Cádiz levantado en 1789 por uno de sus hijos ilustres, Vicente de Tofiño.

Plano de Cádiz levantado en 1789 por uno de sus hijos ilustres, Vicente de Tofiño. Fuente

Más academias

Ya en 1777 se abrirían en Ferrol y Cartagena otras academias de guardiamarinas, a semejanza de la andaluza. Servirían para nutrir de oficiales la potente Armada que se estaba forjando.

Actualmente es la Escuela Naval Militar de Marín, Pontevedra, la que se encarga de esta formación académica en España.

La Escuela Naval de Marín. Fuente

Más noticias sobre actos conmemorativos del 300 aniversario

Entradas previas sobre academias y oficiales que en ella estudiaron

Documentos de archivo sobre estas instituciones navales

Bibliografía básica

LAFUENTE, A. y SELLÉS, M. A. El observatorio de Cádiz (1753-1831). Madrid: CSIC, 1988.

SÁNCHEZ BAENA, J.J. Aspirantes a oficiales de la Real Armada en la Academia ilustrada del Mediterráneo: esplendor y crisis (1776-1824). En: GARCÍA HURTADO, M.R.(ed.). La Armada española en el siglo XVIII. Ciencia, hombres y barcos. Madrid: Editorial Sílex, 2012, p. 329-362.

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Durante la época de la Ilustración miles de intelectuales pudieron investigar y publicar sus trabajos sin demasiado miedo a que ésto les costara la cárcel o la pena de muerte. En algunos países existía mayor libertad que en otros y también había temas que eran menos problemáticos. En el imperio austriaco, uno de sus cirujanos, Joaquim Spalowsky (1752-1797), miembro de la Real Sociedad de Ciencias de Bohemia de Praga, dedicó su tiempo libre a muchas de sus aficiones científicas, casi todas vinculadas con el medio ambiente, y algunas con el medio marino.

Parte de una lámina

Detalle de una lámina. Leyenda: 1 Buccinum glaucum. 2 Buccinum gibbofldum. a. b. 3 Buccinum Harpa. 4 Buccinum Spiratum

Uno de los temas tratados, la conquiliología o estudio de las conchas de los moluscos, es el motivo de esta entrada. El tratado, publicado en 1795 y titulado Prodromus in Systema Historicum Testaceorum (Introducción a una historia sistemática de los animales con concha), es de los libros más excepcionales publicados sobre moluscos y del resto de organismos con semejantes características.

Parte

Parte superior de otra lámina. 1 Trochus niloticus. a. b. 2 Trochus iris. a. b. 3 Trochus tele/copium.

Este trabajo sigue siendo de importancia en las descripciones originales de algunas especies y variedades nuevas. Aunque pretendía ser un “pródromo” o introducción a los animales sin cáscara, la muerte de Spalowsky en 1797 impidió la publicación de una revisión más exhaustiva (Kabat).

parte

Otro detalle. 2 Conus marmoreus. 3 Conus imperialis. 4 Conus imperialis; Varietas. 5 Conus litteratus

La erudición del autor queda fuera de dudas en este trabajo publicado en dos columnas, una de las cuales está en latín y la otra en su idioma natal, el alemán.

Parte

Detalle de otra lámina. 6 Bulla ficus. a. b. 7 Bulla achatina. a. b. 8 Bulla virginea. a. b.

El libro contiene 13 láminas grabadas magníficamente, que cuentan con hermosas decoraciones realizadas a mano con acuarela y aguada. Para poder capturar la cualidad iridiscente de las conchas se aplicaron láminas de oro y de plata debajo de las acuarelas.

Parte

Detalle.  5 Voluta episcopalis. 6 Voluta aethiopica. 7 Voluta indica. 8 Buccinum galea. 9 Buccinum comutum.

De esta esplendida obra se conservan ejemplares en grandes bibliotecas norteamericanas, rusas, británicas, alemanas, belgas y francesas. Sin embargo, es un trabajo extraordinariamente desconocido.

Lámina completa

Una lámina completa (IX). 1 Spondylus gaedcropus. a. b. 2 Chama hippopus. a. b. 3 Area tortuofa. 4 Area Noae. a. b. 5 Area granofa. 6 Area undata. 7 Oftrea maoeima.

Más información

El libro se puede conseguir, escaneado por cortesía de las Smithsonian Libraries, aquí.

KABAT, A. Joachim Johann Nepomuk Spalowsky. Prodromus in systema historicum testaceorum (1795)Archives of Natural History, 1996, 3 (2), p. 245-254.

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Esta carta del archipiélago filipino fue levantada por el jesuita Pedro Murillo Velarde (1696-1753) y se publicó en Manila en 1734. Es el primero y uno de los más significativos mapas científicos de las islas Filipinas. El grabador fue Nicolás de la Cruz Bagay.

La carta íntegra

La carta íntegra. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica

En ese momento histórico este archipiélago era una parte vital del Imperio español, aunque estaban casi en las antípodas de la Península Ibérica. La carta muestra las rutas marítimas desde Manila hasta Nueva España (México y otros territorios españoles en el Nuevo Mundo) y luego a España, incorporando un texto explicativo.

El puerto de Cavite

El puerto de Cavite

El mapa no sólo es de gran interés desde el punto de vista geográfico, sino también como un documento etnográfico, ya que se encuentra rodeado de grabados que representan a los distintos grupos étnicos del archipiélago y aparecen cuatro descripciones cartográficas.

Detalle

Detalle: un navío y la rosa de los vientos

Tuvo una vida útil muy longeva, ya que fue utilizada mayoritariamente hasta que fue publicado el mapa de la expedición Malaspina en 1808.

Detalle

Detalle en el que se pueden ver dos embarcaciones distintas, una europea y otra asiática

En el mar están representados los diferentes tipos de embarcaciones que se podían ver en las islas: caracoas indígenas, champanes indios, naos, galeones y pataches españoles, como se puede ver en los detalles de las ilustraciones.

Detalle

Detalle: dibujo de un cocodrilo acompañado de un texto explicativo

Entre los cartuchos incluye dos mapas locales: uno de Samboagan (una ciudad de la isla de Mindanao) y el otro del puerto de Cavite (en una ilustración superior). En el lado derecho un mapa de la isla de Guajan (Guam) y otro de la capital, Manila.

Detalle

Detalle: isla de Guam y varios buques de diverso origen en sus inmediaciones

En resumen, “la carta es una hermosa obra, no solo bajo el punto de vista geográfico, sino por el gusto artístico que presidió a la composición y por la maestría y arte de la ejecución del grabado” (Pardo de Tavera). Está accesible desde aquí gracias a la generosidad de la Biblioteca Nacional de España .

Mas información

DESCALZO YUSTE, E. Las crónicas jesuíticas de Filipinas en el siglo XVIII: Pedro Murillo Velarde. En: SERRANO, E. (Coord.). De la tierra al cielo. Líneas recientes de investigación en Historia Moderna. 2013,  p. 233-248.

PARDO DE TAVERA, T.H. El mapa de Filipinas del P. Murillo Velarde.  Manila: TipoLitografía de Chofré y Comp., 1894.

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