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Posts Tagged ‘Antiguo Egipto’

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Aprovechamos estas fechas cercanas al día de Reyes para ofrecer un relato marítimo que fácilmente puede considerarse un cuento, para trasladar también a los más pequeños ese interés por el pasado que compartimos.

En un museo ruso se halló, a principios del siglo XX, un texto egipcio de enorme interés, que había pasado desapercibido hasta ese momento. Relata lo acaecido a un marinero que perdió su embarcación y a su tripulación cumpliendo una misión oficial. Está lleno de historias fantásticas que son identificables con algunos mitos de hace miles de años, pero lo más interesante es que especifica hechos vinculados con la navegación que son de mucho interés, a pesar de que la historiografía tradicional apenas los ha tenido en cuenta.

Nave hallada en la tumba de un sacerdote en Saqqara (2018). Fuente: Europa Press

En el pasado, un marinero egipcio de la época faraónica tuvo que navegar por alta mar para cumplir una misión y su nave naufragó. Consiguió salvarse y llegó a una isla mágica. El texto relata el viaje, el naufragio, los acontecimientos vividos en la isla perdida y su vuelta al puerto desde el que partió.

La salida

La embarcación utilizada era bastante grande y, según lo que se cuenta, era adecuada para la navegación marítima. Tenía más de 62 metros de eslora por unos 21 de manga y contaba con una tripulación de ciento veinte hombres, que eran de los mejores de reino, capaces de prever la climatología más adversa: «ellos observaban el cielo y la costa, eran más valientes que leones, predecían un vendaval antes de que llegara y una tormenta antes de que se formase».

Barco egipcio del época faraónica en una pintura mural de la época

En aquellos momentos la navegación por el mar Rojo era, según el relato, el medio más empleado para llegar hasta Punt. Actualmente sabemos que se partía del valle del Nilo y se embarcaba en el puerto marítimo a través de Mersa Gawasis.

Localización del puerto de Mersa Gawasis. Fuente: Lucarini, 2020

El destino

El faraón mandó la nave a Bia, un topónimo impreciso que hace referencia a tierras ricas en minerales y piedras para construir edificios. Se suele identificar con el Sinaí y también se relaciona directamente con Punt (que pudo localizarse en diversas zonas como Sudán, Norte de Etiopía, Eritrea, Sureste de Arabia o Yemen).

La tormenta y el naufragio

Ya en alta mar aconteció una fuerte tormenta, se levantó el viento y padecieron olas de más de cuatro metros. En poco tiempo el barco se hundió, el narrador se dio un golpe con el palo mayor, se agarró a un madero y las olas lo arrastraron a la playa de una isla. Cuando despertó se dio cuenta de que todos sus compañeros habían perecido. Pasó tres días solo, durante los que se hizo una pequeña choza para dormir. Cuando fue a buscar algo de comida halló uvas, todo tipo de verduras y frutas, higos de sicomoro maduros y verdes, pepinos «como si hubieran sido cultivados», peces y patos. Buscó leña y con ella encendió una hoguera.

Al poco tiempo oyó un ruido enorme, que atribuyó a las olas del mar chocando contra la costa, y notó temblores, hasta que se dio cuenta de que se acercaba una serpiente de unos 15 metros, que llevaba una barba de más de dos, su cuerpo estaba recubierto de oro y sus cejas de lapislázuli.

Dibujo de una nave egipcia obtenida de una pintura mural. S. XVI a.C. Fuente

Al principio la serpiente parecía amenazadora, pero tras escuchar al náufrago se calmó e incluso quiso consolarlo. Le profetizó que tras cuatros meses llegaría un barco a la isla que lo llevaría a su tierra. Y según narra la historia, así ocurrió. La serpiente terminó diciéndole que era el rey de Punt y le ofreció muchos regalos para su soberano, tales como monos, incienso y resinas. A cambio sólo le pidió que hablara bien de ella.

Breve análisis

El vocabulario que emplea el texto es asequible y la sintaxis relativamente sencilla, lo que hace que se denomine cuento y también suele ser el primer texto literario con el que se enfrentan los estudiantes de la lengua egipcia clásica. Y esta sea posiblemente la razón por la que desde el mundo científico se le ha prestado tanta atención a este relato, aunque apenas a la faceta marítima que ofrece.

La observación del cielo y el reconocimiento de la línea costera del mar, la descripción de las cualidades destacadas en la tripulación, las medidas tan concretas de la nave, así como hacer referencia a olas de más de cuatro metros de altura son circunstancias propias del medio marino, lo que nos hace suponer que el autor era navegante o conocía de cerca cómo eran las circunstancias que lo rodeaban.

Para acabar

El documento puede fecharse durante la dinastía XII (siglo XIX a.C.). Fue redescubierto en el Museo de San Petersburgo por W. Golénischeff, a principios del siglo XX, aunque actualmente se encuentra en Moscú. Se le denomina «San Petersburgo 1115», pero es más conocido como el «papiro Golénischeff».

Este contenido del texto está muy vinculado con la expedición que siglos después llevaría a cabo una mujer faraón, Hatshepsut, de la que existen pinturas murales bastante detalladas, en las que se pueden apreciar los productos que consiguieron y también rasgos característicos de los habitantes de regiones extranjeras. Sin embargo, esa es otra historia que pronto abordaremos.

Más información

BAINES, J. Interpreting the Story of the Shipwrecked Sailor. Journal of Egyptian Archaeology, 1990, 76, p. 55-72.

BARD, Kathryn A. & FATTOVICH, Rodolfo. Spatial use of the Twelfth Dynasty harbor at Mersa/Wadi Gawasis for the seafaring expeditions to PuntJournal of Ancient Egyptian Interconnections, 2010, vol. 2, no 3, p. 1-13.

BLACKMAN, A.M. Middle Egyptian Stories. Bibliotheca Aegyptiaca II, Bruselas 1932, p. 41-48.

GALÁN ALLUÉ, José Manuel. Cuatro viajes en la literatura del Antiguo Egipto. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2000.

GOLÉNISCHEFF, W. Le conte du naufragé. Bibliothèque d’Étude II, El Cairo, 1912.

GOLÉNISCHEFF, W. Les papyrus hiératiques nos. 1115, 1116A et 1116B de l’Ermitage impérial à St-Petersbourg. San Petersburgo 1916, lám. 1-8.

LOPRIENO, A. The Sign of Literature in the Shipwrecked Sailor. In VERHOEVEN, U. & GRAEFE, E. (eds.). Religion und Philosophie im Alten Ägypten. Lovaina 1991, p. 29-46. Orientalia Lovaniensia Analecta 39.

LUCARINI, Giulio; BARCA, Donatella & MANZO, Andrea. The provenance of obsidian artefacts from the Middle Kingdom harbour of Mersa/Wadi Gawasis, Egypt, and its implications for Red Sea trade routes in the 2nd millennium BC. Quaternary International, 2020, 555, p. 85-95.

MANUELIAN, Peter der. Interpreting ‘The Shipwrecked Sailor’. In GAMER-WALLERT, I. & HELCK, W. (eds.). Gegengabe. Festschrift für Emma Brunner-Traut. Tübingen 1992, p. 223-233.

ZAKI, Hesham Ezz Eldin. Some Commentaries on Encountering the Snake in Tale of the Shipwrecked SailorJournal of Faculty of Tourism and Hotels-University of Sadat City, 2018, 2, 2.

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Hoy día 4 de noviembre se cumplen 100 años del descubrimiento de la tumba de un desconocido faraón que hoy es famoso en el mundo entero. La Arqueología es, como ya se ha mostrado en el cine, una disciplina de aventura y descubrimiento, pero también exige profundo conocimiento y duro tesón. La historia sobre cómo Howard Carter encontró la tumba más fabulosa jamás hallada es una prueba más de esta máxima. Sus hallazgos hicieron posible que una materia como la Egiptología fuera conocida y valorada a nivel mundial, y que un rey apenas estudiado se convirtiera en el faraón más nombrado.

Aunque ya hemos dedicado alguna entrada a las naves de esta magnífica y única tumba, existe un barco de alabastro muy desconocido y del que apenas se sabe. Hemos querido celebrar este centenario dando a conocer esta embarcación, que transporta el sarcófago de un personaje importante en su último viaje hacia la otra vida (el campo de juncos en las creencias egipcias). Nos hemos basado en las descripciones que de ella hizo el propio H. Carter.

La máscara de oro del faraón Tut

Esta pieza se halló casi intacta en el suelo de la tumba. Es muy frágil, ya que está hecha de calcita semitransparente, y mide unos 70 cm. de alto x 71 cm. de longitud. Descansa sobre un mueble con cuatro patas cilíndricas, que en su extremo superior porta un recipiente cuadrado para contener agua. Sobre esa pequeña pileta se sitúa, en un pedestal, una barca muy decorada que está tallada, grabada y pintada con guirnaldas de frutos y flores.

El pequeño mueble de calcita que sostiene la nave

La barca está en el centro. Tanto la proa como la popa se levantan formando una curva (arrufo) y tienen en los extremos la cabeza de un íbice (cabra de Nubia). En el centro de la embarcación se sitúa un palio, sostenido por cuatro columnas esculpidas en forma de papiro, que cubre un sarcófago.

Imagen más en detalle de esta pieza de alabastro única hallada en la tumba de Tut

Sobre la proa aparece la figura de una muchacha, mirando hacia adelante, sentada sobre sus talones y sosteniendo una flor de loto. En la popa, gobernando la barca, hay una esclava acondroplásica (de baja estatura), que recuerda el texto de Herodoto en el que dice que personas como ella se situaban en la popa de los barcos fenicios. Todas las figuras de esta extraordinaria pieza están labradas con una belleza y exactitud admirables.

El propio Carter pensó que este mueble no estaba destinado a un uso funerario, sino que era una pieza artística e imaginativa, que servía como adorno palaciego (él lo llamó «centro de mesa», ya que le dio la sensación de que estaba hecho para figurar en un banquete o en alguna clase de celebración).

Para concluir

Esta obra de arte apenas se conoce y sabemos que estaba en la tumba del rey egipcio porque Burton, el fotógrafo oficial de la expedición arqueológica, la inmortalizó con su cámara (es la imagen que aparece a continuación, en blanco y negro, la número 1222 en la colección de la Universidad de Oxford). Es necesario que se estudie con detalle y se contextualice para concluir algo más sobre ella.

El mueble que soporta el barco fotografiado por H. Burton

Mientras llegan las investigaciones, sabemos que es otra muestra más de lo importante que era el tema marítimo en la Antigüedad, y especialmente en el Antiguo Egipto, ya fuera vinculado con aspectos profesionales, bélicos, funerarios o quizás para celebraciones y fiestas.

Más información

CARTER, Howard. The Tomb of Tut-Ankh-Amen: Discovered by the Late Earl of Carnarvon and Howard Carter. Cambridge University Press, 2010. [El original se publicó en Londres, en el año 1923].

COELLO FERNÁNDEZ, María de los Ángeles. Tutankamón: El descubrimiento de una tumba real. 2016. [Comentario sobre la serie].

LADRÓN DE GUEVARA, Sara. Grandes hallazgos de la arqueología. Estudios de cultura náhuatl, 2014, 48, p. 431-435.

MARTÏN RODRÍGUEZ, Eulogio. Documentos para disipar la maldición de los faraones. Archivamos, 2022, 125, p. 42-45.

SCHON, Isabel. La tumba de Tutankamón/Tutankhamen’s Tomb. Multicultural Education, 2008, 16, 1, p. 62.

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La Egiptología tenía evidencia documental de la existencia de una ciudad, fundada por el más importante de los faraones egipcios, Ramsés II (dinastía XIX). Pero no se habían hallado restos arqueológicos que pudieran constatar los escritos. Durante los siglos XIX y XX varios investigadores buscaron en la margen derecha del afluente de la desembocadura del Nilo, que es donde los papiros afirman que estaba dicha urbe, llamada Pi Ramsés (la ciudad de Ramsés).

El río cambia su curso

Uno de los problemas para encontrar Pi Ramsés fue que la situación que describían los papiros había cambiado, ya que de los siete afluentes del Nilo que antes tenía en su cuenca, cinco habían desaparecido por colmatación. Así que hubo que recurrir a la tecnología para poder hallar rastros del afluente y más tarde intentar localizar el asentamiento. Inicialmente se pensó que estaba en Tanis, nada raro si conocemos que una importante cantidad de restos de monumentos en los que estaba inscrito el nombre de Ramsés II aparecieron dispersos en su término. Pero había un problema: los restos de cerámica hallados no se correspondían con la época del gran faraón, sino que eran de años posteriores.

En una zona cercana, donde los campos se van distribuyendo para cultivo agrícola, aparecieron los pies de una enorme estatua, pero sólo eso. Esta pista fue suficiente para que los investigadores desplegaran sus modernos equipos con georradar y hallaran los restos de una antigua urbe, con establos gigantes, una fábrica de armas, canales fluviales, un puerto e imponentes edificios: era la antigua ciudad de Ramses II, la que fundó y a la que puso su nombre.

La base y los pies de una estatua sentada de Ramsés II durante una excavación en sus alrededores en 2001 (Foto: Axel Krause). Fuente: Bietak 2011

Parece que en ese mismo lugar otra ciudad, Avaris, se había levantado en siglos anteriores. Inicialmente fue un poblado hicso que terminó siendo conquistado por el faraón Ahmose, el fundador de la dinastía XVIII (a la que pertenecía el conocido Tutankamón). Tras su toma fue poco a poco abandonándose hasta que Ramsés II, siglos después, volvió a refundarla.

Un sello de la dinastía XIII hallado en las excavaciones. Pertenece a la época en la que el asentamiento se conocía como Avaris, Fuente: Bietak 2011

Pi Ramsés: la ciudad del faraón

Esta urbe se puso en marcha para combatir a los pueblos enemigos del Este y hasta ella se trasladó la capital para poder hacer frente a un ataque. Para ello se instaló una fábrica de armas, posiblemente una de las mayores de la época y se construyó una importante infraestructura para poder tener estabulados a más de dos mil caballos, que se usaron para tirar de los carros de guerra, el arma más poderosa de ese momento.

Reconstrucción gráfica de los establos de Pi Ramsés. Fuente: Hageneuer 2017

Los canales fluviales y el puerto

Fundada como casi todas las ciudades egipcias en las márgenes del Nilo, Pi Ramsés creció lo suficiente como para que sus pobladores aumentaran los canales fluviales que la rodeaban. Hicieron algunos más grandes y excavaron otros dentro de la propia urbe.

No cabe duda de que Pi Ramsés era una ciudad portuaria fluvial, que se había convertido en la base de la armada egipcia en su despliegue hacia el Cercano Oriente. Por documentos previos se sabe que era ya un puerto importante de Egipto durante el período hicso, visitado por cientos de barcos llenos de las mercancías procedentes del Cercano Oriente.

Buque de la época faraónica. Royal Museum of Canada

El puerto principal no estaba en las márgenes mismas, sino que se adentraba un poco en tierra para la protección de las embarcaciones. En la siguiente figura se puede ver la conexión del puerto con uno de los grandes canales del Nilo y la vía que se abrió para dar servicio al enclave. Igualmente se puede observar el lago, que aparece a la derecha, y los múltiples canales que rodeaban la urbe.

Plano de Pi Ramsés más detallado, levantado sobre la información conocida. Fuente: Bietak 2011

El puerto se amplió para dar cabida a más naves y permitir su estacionamiento temporal. Se sabe que había otros fondeaderos más pequeños para atracar las que llegaban a través de otros canales del Nilo, pero este es un tema que todavía se está investigando.

Reconstrucción de la ciudad de Ramsés. Fuente: Hageneuer 2017

El fin de la capital de Ramsés II

Pi Ramsés empezó a decaer cuando su fundador murió, a pesar de que gobernó más de 60 años. Una ciudad fluvial tenía como inconveniente que a lo largo de su cauce se iban depositando lenta pero constantemente lodos, tierra y arena, que en caso de no ir drenándose terminarían ocluyendo el paso. Cuando los trabajos de drenaje dejaron de hacerse tras morir el faraón, los materiales depositados terminaron colmatando el canal. La ciudad sin una salida fluvial dejó de ser de interés para sus gobernantes, que poco a poco la fueron abandonando, trasladándose a otro emplazamiento en el que el cauce fluyera lo suficiente como para permitir la entrada y salida de embarcaciones. Tanis fue la nueva población elegida. Hasta allí se fueron trasladando algunos de los monumentos y estatuas que tiempo atrás habían lucido en Pi Ramsés. Así fue como los egiptólogos los encontraron y pensaron que Tanis era la ciudad de Ramsés.

Más información

BIETAK, Manfred & FORSTNER-MÜLLER, Irene. The Topography of New Kingdom Avaris and Per-RamessesRamesside studies in honour of KA Kitchen, 2011, p. 11-50.

HAGENEUER, Sebastian & FRANZMEIER, Heining. From the Nile Delta to Karlsruhe: Or how to present mud bricks in an exhibitionCIPEG Journal: Ancient Egyptian & Sudanese Collections and Museums, 2017, 1, p. 15-26.

TRONCHÈRE, Hervé, et al. Geoarchaeology of an ancient fluvial harbour: Avaris and the Pelusiac branch (Nile River, Egypt)Géomorphologie: relief, processus, environnement, 2012, 18, 1, p. 23-36.

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Algunos entendidos en este tema lo primero que pensarán es que Isis, la diosa del Antiguo Egipto, no tenía relación con el mar. Y es así, pero en siglos posteriores, especialmente en la antigüedad clásica grecorromana, se generó una poderosa vinculación con el medio marino, de la que tenemos múltiples ejemplos en la literatura, en la arquitectura y en la epigrafía.

Isis (izquierda), Osiris (centro) y Horus (derecha)

La diosa egipcia

Isis fue sin duda una de las divinidades principales de la civilización egipcia, muy importante tras su matrimonio con su poderoso hermano Osiris. Se les vinculaba con dos de los grandes pilares de la civilización egipcia: el Nilo, fuente de vida, y el mundo de ultratumba. Fue, además, madre de otra deidad, Horus.

Localización geográfica del río Nilo, con algunos de los asentamientos más importantes

El tiempo la convirtió en una de las diosas más relevantes, que presentaba múltiples facetas con sus respectivos rostros. Por ello, los griegos se referían a ella como la de los diez mil nombres, la Gran Diosa, la Soberana de las Dos Tierras, Madre de los dioses, Maga llena de sabiduría

Isis en la ciudad de Alejandría

La fundación de la ciudad de Alejandría en el delta del Nilo fue importante en esta cristalización del mito isiaco. Sus nuevos gobernantes, los Ptolomeos, eran de ascendencia helena lo que supuso la llegada masiva de emigrantes griegos, que llevaron nuevos aires a Egipto. El centro de gravedad se trasladó, además, desde tierra adentro (donde desde hacía siglos estaban sus capitales) al Mediterráneo, desde principios del primer milenio a. C., lo que aportó nuevas perspectivas al culto de la diosa del Nilo.

La famosa reina Cleopatra puso especial énfasis en su vínculo e identificación con ella. El Templo de Filé es uno de los mejores ejemplos de este nuevo poder de Isis.

Así, el contacto con distintos pueblos mediterráneos, tanto europeos como asiáticos y la llegada de diversas tradiciones religiosas, trajo consigo la necesidad de entender a esas otras divinidades, lo que propició la identificación entre dioses de distinta procedencia. De ahí surgió la asimilación entre la diosa egipcia Isis y la fenicia Asherat, que luego sería Astarté.

Diosa fenicia Astarté

Una de las facetas más señaladas de la Isis alejandrina fue su poder sobre el mar y la benevolencia que mostraba hacia los navegantes. Alejandría, con sus dos puertos y su famoso faro, era una gran ciudad abierta al mar, de las más grandes de su época. Desde el siglo I a.C. existen testimonios que aluden a Isis como Pharia (la Isis del Faro). El auge de la ciudad, por lo tanto, supuso también un incremento en el prestigio de esta diosa, cuyo culto continuó difundiéndose por el Mediterráneo, incluyendo desde entonces la nueva vertiente marítima.

La antigua Alejandría, según una imagen del año 1681. Fuente

Isis en la mitología grecorromana

Los himnos griegos dedicados a ella son quizá la mejor forma de aproximarnos a la interpretación de la diosa fuera de Egipto. La fascinación que ejercía en muchos enclaves del Mediterráneo tuvo como consecuencia la fundación de numerosos templos, sobre todo en lugares costeros, que a menudo eran promocionados por grupos de fieles de manera privada, pero que pronto encontraron el respaldo de las autoridades (como, por ejemplo, en Atenas).

Diosa Isis romana ya muy cambiada y caracterizada. Museo de Viena

Un himno aparecido en Cime (ciudad griega situada en Asia Menor), fechado entre los siglos I-II d.C., es tal vez el mejor ejemplo, porque aparece como diosa de dioses, que asume múltiples poderes, entre otros el que aquí nos ocupa: diosa del mar (antes en poder de Poseidón), puesto que Isis declara que:

Yo establecí los caminos de las estrellas

Yo inventé la navegación

Yo aplaco el mar y desencadeno la tormenta

Yo soy la señora de la navegación

Yo hago innavegable lo navegable a mi antojo

Yo traje las islas del fondo del mar a la luz

Yo soy la señora de la tormenta

De hecho, fue esta vertiente de Isis uno de los rasgos que la hizo más popular. Santamaría afirma que fue desde la isla de Delos (archipiélago de las Cícladas del mar Egeo), desde donde el culto pudo haber entrado en la órbita romana. Más allá de estos himnos, Isis se había convertido en la patrona de la navegación, en la receptora de plegarias y exvotos de marineros, de tripulantes y pasajeros y del medio marino en general. Ya en la época tolemaica, era la diosa de la navegación por antonomasia, y así lo entendían quienes celebraban dos fiestas en su honor: el navigium Isidis para inaugurar la temporada de navegación y el sacrum Phariae.

Una recreación de la fiesta del navigium Isidis. Obra de Frederick Arthur Bridgman

Esta última, el sacrum Phariae, festejaba también a Serapis*, y tenía que ver con la llegada de la flota cargada de trigo egipcio al puerto de Ostia. Se celebraba a finales de abril. Varios medallones conmemorativos, como los de la época de Cómodo, representan la llegada de una flota, que es recibida por el emperador en el mismo puerto. Estas manifestaciones nos demuestran que Isis estaba muy ligada a los destinos del estado romano y a sus éxitos marítimos, que fueron muchos.

Lugares localizados de culto a Isis. El tamaño de los círculos marca el nº de santuarios existentes en el lugar marcado. Fuente: Santamaría, 2018

Isis en el Atlántico

Pero su influjo no quedó restringido a los confines del Mare Nostrum, sino que llegó al Atlántico, incluyendo las costas de Hispania (Baelo Claudia es uno de los casos estudiados), Galia y Germania, y a las islas británicas en su periplo más lejano.

Para concluir

No es extraño que a lo largo de la Historia, dioses y diosas hayan cambiado o ampliado sus poderes. Isis es un ejemplo paradigmático para la Historia y el Patrimonio Marítimo, pero la intervención humana ha sido la que, en su evolución, ha variado sus creencias, sus divinidades y los poderes que se les atribuían, dando como resultado un sincretismo religioso que forma un acervo cultural muy interesante.

* Serapis fue una divinidad creada en los primeros tiempos de la dinastía tolemaica, que aunaba en su persona deidades egipcias como Osiris y el buey Apis, y griegas como Zeus o Plutón, entre otras.

Más información

BRICAULT, Laurent. Isis, Dame des flots. Paris: Presses Universitaires de Liège, 2006. Serie Aegyptiaca Leodiensia, 7.

BRICAULT, Laurent. Isis Pelagia: Images, Names and Cults of a Goddess of the Seas. Leiden: Brill, 2020.

DEL REY SCHNITZLER, Luis. La diosa Isis, reina maga madre. Guía arqueológica de la Península Ibérica. 2017.

MALAISE, Michel. Les conditions de pénétration et de diffusion des cultes égyptiens en Italie: Études préliminaires religions. Brill, 1972.

MUÑIZ GRIJALVO, Elena. Isis, diosa del Nilo, y el mar. En La religión del mar: dioses y ritos de navegación en el Mediterráneo antiguo. 2012. p. 145-154.

SANTAMARÍA CANALES, Israel. Desde el río Nilo hasta el océano Atlántico: El periplo más lejano de la diosa Isis y su cultoBajo Guadalquivir y Mundos Atlánticos, 2018, 1, p. 173-192.

SANTAMARÍA CANALES, Israel. Isis, la diosa del mar. La vertiente marítima del culto isíaco en el mundo mediterráneo de épocas helenística y romana. 2019. Tesis Doctoral. Universidad de Cádiz.

VEYMIERS, Richard. Détourage et détournement, à propos d’un bas-relief dessiné par Pirro Ligorio. Revue Archéologique, 2018, 65, 1, p. 47- 76.

 

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A veces cuesta creer que las maravillas del mundo, especialmente las que hoy vemos en medio de un desierto, tuvieron un vínculo con el medio acuático o que éste fuera clave para su construcción. Es el caso de las pirámides de Guiza y en concreto la más conocida, la del faraón Keops (hace unos 4500 años).

Las pirámides en un mapa de 1740

Las pirámides en un mapa de 1740

La Ciencia lleva decenios preguntándose cómo se hicieron las pirámides y cómo se movían los pesados bloques de arenisca. Hoy, gracias al descubrimiento y transcripción de unos manuscritos, ya podemos saber cómo se transportaban los materiales por vía marítima y fluvial, aunque todavía queden incógnitas por aclarar.

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Nave egipcia

Y es el capitán de una embarcación egipcia que transportaba caliza para la pirámide de Keops quién nos cuenta cómo lo hacían. Se llamaba Merer y era el jefe/inspector de una cuadrilla de hombres (entre 40 y 200 según las fuentes) cuya misión era que la piedra llegara en perfectas condiciones a la meseta de Guiza.

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La cantera de Tura (Tourah)

La cantera más importante de donde se obtenía la piedra caliza era la de Tura (conocida por los antiguos egipcios como “Troyu” o “Royu”). Al ser la más fina y blanca de todas, era la que se usaba para revestir las tumbas de los faraones. Se hallaba bajo tierra, por lo que tuvieron que excavar túneles para cortarla.

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Punto de partida (rojo) y de llegada (azul) de la piedra caliza que transportaban los hombres de Merer

Un lago y un puerto artificiales para la pirámide de Keops

De su descripción se ha podido saber que se construyó un lago artificial para conseguir que la piedra caliza llegara al pie de la pirámide, ya que tras navegar por el Nilo era necesario contar con un lugar para alcanzar la meseta y poder descargarla. También conocemos el tiempo que necesitaban para el traslado: un día y medio.

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Recreación del lago artificial construido para hacer llegar la piedra a la explanada de las pirámides

Podemos leer parte del texto referido al transporte fluvial (la transcripción es de P. Tallet, su descubridor, traducido por Díaz-Montexano), adaptado y actualizado por el equipo de la Cátedra:

“Día 1: El inspector Merer navega con su equipo desde Tura, cargado con bloques de piedra para la Pirámide de Keops (“Pirámide del Horizonte (Luminoso) de Khéops”); pasó la noche en el Lago (un puerto artificial) de Keops. [Salida desde la cantera, navegación por el Nilo y llegada al lago artificial]. 

Día 2: Arrió velas (a la mañana siguiente) desde el Lago de Keops en dirección a la pirámide, cargado con bloques de piedra. [Descarga los bloques cerca de la pirámide].

Día 3: A la mañana del día siguiente arrió de nuevo las velas, navegó y remontó el río. Pasó la noche en la cantera de Tura-Sur. [Sale de Giza y vuelve, de nuevo por el Nilo, a Tura].

Día 4: Pasó el día el Inspector Merer con su equipo para recoger bloques de piedra en Tura Sur para el siguiente viaje. Pasó la noche en Tura Sur». [Extraen piedra para el viaje siguiente].

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(Imagen inferior) Recreación de la pirámide de Keops una vez acabada, con la piedra caliza blanca recubriéndola. Arriba, el monumento funerario en su situación actual.

Ya sabíamos que el Nilo era crucial en la vida de los antiguos egipcios, que era la ruta para alcanzar la vida eterna. Ahora, gracias a estos testimonios, conocemos cómo, desde dónde y cuánto tiempo se tardaba en transportar las piedras para recubrir la única maravilla del mundo antiguo que aún permanece en pie, la pirámide de Keops.

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Una nave construida siguiendo los datos de los fragmentos encontrados

Más información

AGUSTÍ TORRES, Rafael.  Las pirámides de Egipto; introducción a su estudio y técnicas de construcción. s.f.

DÍAZ-MONTEXANO, Georgeos. El diario de un inspector de obras del rey Khéops y la construcción de la Gran Pirámide. AtlantisNG, 2016.

GIULIANI, Tiziana. Wadi el-Jarf: il porto, i papiri e la costruzione della Grande Piramide. MediterranEo Antico. 2018.

TALLET, Pierre. Wadi el-Jarf. Orient-Mediterranee. s.f. [Sitio web de la misión francesa en el puerto egipcio].

TALLET, Pierre. Les papyrus de la Mer Rouge I, Le journal de Merer, (papyrus Jarf A et B), MIFAO 136, Cairo 2017.

TALLET, Pierre & MAROUARD, Gregory. The harbor of Khufu on the Red Sea coast at Wadi al-Jarf, Egypt. Near Eastern Archaeology, 2014, 77, 1, p. 4-14.

TORRE SUÁREZ, Juan. Transporte de bloques. Blog Egiptomanía. s.f.

transporte piedra Nilo

Para colorear. Fuente

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Los descubrimientos de los egiptólogos no dejan de sorprendernos, y en una cultura con una profunda vinculación con el agua no es extraño leer noticias sobre localización de naves dibujadas, maquetas o modelos de barcos. En esta ocasión se han hallado grandes embarcaciones enterradas íntegras junto a la tumba de un faraón de las primeras dinastías, lo que confirma la fuerte relación de esta civilización, desde sus inicios, con la navegación, ya fuera ésta fluvial o marítima. Aunque se encontraron a finales del siglo XX, actualmente se siguen analizando, dada la trascendencia que su hallazgo ha tenido para la Egiptología.

Los barcos de Abydos

Llamados así por el lugar donde fueron encontrados, forman una impresionante fila de 14 naves cuidadosamente enterradas al lado de la tumba del faraón Khasekhemwy, de la II dinastía, aunque hay autores que lo relacionan con otro de la I dinastía (III milenio a.C.).

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Localización de los barcos en el complejo funerario. Imagen de Bestock (2008)

Para enterrar las naves que iban a acompañar a este faraón a la otra vida, se excavó primero un hoyo en la arena del desierto y sobre él se depositaron piedras para hacer el nicho más estable. Posteriormente se colocaron los barcos, sobre ellos se dispuso una fina estera, se llenaron de ladrillos de adobe y se cubrieron.

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Esquema del enterramiento de las naves y de los materiales utilizados. Traducido del texto de Ward (2000)

Podemos conocer la forma de estas naves gracias a un detallado estudio llevado a cabo por Mark en el año 2012. Se sabe que su eslora medía entre 19 y 29 metros.

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La nave nº 10 según Mark (2012)

Estaban construidas con madera local, posiblemente de tamarindo, y cada una pesaba más de una tonelada.

Dibujo con la localización de las naves frente a la mastaba, dentro del complejo funerario del faraón

El entierro de estos barcos en los antiguos monumentos funerarios egipcios es, además, una declaración muy significativa de la impresionante riqueza de los faraones.

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Una nave hallada en la tumba recién descubierta de un sacerdote en Saqqara (2018). Fuente: Europa Press

W. Rathje (2002) ha sugerido que si nos imaginamos estas naves de hace 5000 años, con sus 20 m. de eslora envueltos en una lámina gruesa de oro, quizás podamos percibir mejor lo que representaban en esta sociedad. Una cultura que usaba embarcaciones para la guerra, para el comercio y para el más allá. Eran potentes símbolos del poder real y han formado parte de la antigua cultura egipcia desde hace al menos unos 7000 años.

Más información

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RATHJE, W. The Nouveau elite Potlatch: one scenario for the monumental rise of early civilizations. En M. Masson & D. Freidel (ed.). Ancient Maya political economics. Walnut Creek, CA: Altamira, 2002, p. 31-40.

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WEGNER, Josef. A Royal Boat Burial and Watercraft Tableau of Egypt’s 12th Dynasty (c. 1850 BCE) at South AbydosInternational Journal of Nautical Archaeology, 2017, 46, 1, p. 5-30.

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