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Posts Tagged ‘monarcas españoles’


Ya hemos visto en varias ocasiones que la cartografía era tan apreciada en la Edad Moderna que los reyes utilizaban portulanos y cartas náuticas como regalo o para adornar sus suntuosos palacios. Detrás del atlas que hoy mostramos se esconde una historia: la reina católica inglesa María I (1554-1558) lo encargó como regalo para su marido, el todopoderoso rey español Felipe II, meses después de su matrimonio, pero parece que no llegaron a verlo terminado ninguno de los dos.

Mary_I_by_Master_John
Reina María de Inglaterra. Fuente

En su realización se puede ver el progreso de los marinos portugueses, que desde 1415 habían navegado por la costa occidental de África, en busca de especias y esclavos. Un siglo después llegaron a Brasil e India. Y estos mapas proporcionan algunas de las descripciones más precisas de estas regiones (evidentemente según lo que en ese momento se conocía).

X_P Iberica

El autor

Diogo Homem (1521–1576) era miembro de una prolífica familia portuguesa de cartógrafos, cuyas habilidades y conocimientos fueron ampliamente reconocidos. Tuvo que huir de su tierra natal porque fue acusado de formar parte de la confabulación para llevar a cabo un asesinato. Primero fue a Londres y posteriormente a Venecia.

Guirnalda Sur

Es el cartógrafo portugués de quien se conservan más trabajos, y cuya producción conocida está situada entre los años 1557 y 1576. Las etapas creativas por las que pasó están recogidas en el artículo de Destombes abajo citado.

El atlas

Parece que Homen trabajó en el atlas desde principios de 1554, pero no lo terminó hasta fines de 1558. Los doce mapas y tablas del atlas están a doble página (abarcan verso y anverso). Vamos a conocer las que se han conservado.

X_galera medit
Una bonita galera
  • a) El mapa mundi

El gran mapa del mundo es el más sobrio y técnicamente realizado del conjunto. Lleva su firma y está fechado en el año 1558.

X_mapa mundi
El mapa mundi inicial
  • b) El resto de las cartas

Además el atlas contiene tablas lunares y solares, un mapa zonal circular, mapas del noroeste de Europa y el Mediterráneo, dos de África occidental y oriental, uno de las Indias orientales y tres acerca del norte y el sur de América.

X_O Atlántico
El Océano Atlántico, parte norte

Todas están decoradas y adornadas con el mejor estilo de una carta portulana, con líneas entrecruzadas que irradian de elaboradas rosas de los vientos, señalando puertos y otras localidades costeras. Tiene dibujada la heráldica de los países colonizadores. Igualmente hay ricas ilustraciones de gobernantes locales, sus estandartes, animales (incluso un rinoceronte) y algunas escenas, como un campamento beduino ubicado en el norte de África, todas ellas basadas en el conocimiento que en Europa se tenía de estos lugares.

Costa este de África

Los monstruos marinos y los barcos animan el mar abierto. Es poco probable que el propio Diego Homem pintara todos estos detalles, por lo que se cree que se contrataron miniaturistas profesionales para llevar a cabo tales escenas.

X_Nao

Por sus detalles pictóricos y su ornamentación, este atlas se encuentra entre los más grandiosos de su época.

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Una ilustración en la carta donde aparece la ciudad de Roma

También son destacables las numerosas embarcaciones que dibuja, así como las magníficas rosas de los vientos.

X_Rosa vientos II

El continente americano

Los mapas de América muestran una asombrosa cantidad de detalles costeros, resultado de los numerosos viajes marítimos transcurridos desde el descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492. El nombre del continente varía y se denomina Mundus Novus (Nuevo Mundo), Quarta orbis pars (Cuarto Continente) y también América.

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Una parte del subcontinente americano

En la región amazónica aparecen el caudaloso río representado como una serpiente, algunos caníbales (“Canibales carnibus umanis”), el campamento del ejército de Pizarro y los gigantes (los patagones) supuestamente vistos por la flota de Magallanes en 1521. En el extremo sur también se representa la tierra firme Incognita y el mítico Gran Continente Sur.

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La ciudad de Cuzco

Epílogo

A pesar de todos los esfuerzos, Felipe II nunca recibió el atlas, uno de los mejores ejemplos de la cartografía portuguesa, que además, parece que se terminó después de la muerte de María, en noviembre de 1558.

El mapa del noroeste de Europa tiene una característica singular, el gran escudo que une las armas de Felipe II de España y María de Inglaterra. Sin embargo, se puede ver que las armas del rey español han sido eliminadas airadamente, Parece que cuando la reina María murió, el atlas fue presentado a la nueva monarca, Isabel I, por lo que no es extraño que la reciente reina hiciera, o mandara hacer, este descalabro. Algunos lo ven como un presagio de la posterior batalla del Canal de la Mancha, conocida como la Armada Invencible.

Son escasos las obras que se relacionan con la reina María I y este atlas es una de ellas. Ignoramos el motivo por el que apenas se conoce y sobre todo la causa de que se haya estudiado tan poco.

Existe un ejemplar en la Biblioteca Británica, que está digitalizado y accesible (The Queen Mary Atlas). En el Museo Naval de Madrid hay un atlas de este autor, pero es posterior (Atlas del Mediterráneo atribuido a Diego Homen ca. 1561).

escudo desfigurado
El escudo de Felipe II y María de Inglaterra, donde se puede ver que las armas del rey han sido eliminadas

Más información

Atlas de Diego Homen, 1561. Patronato del Mar, Fundación General Mediterránea, 1975. 24 p. 

Atlas de Diego Homen, c. 1559. Estudio de L. Martín-Merás. Museo Naval, 2006, 103 p.

DESTOMBES, Marcel. Une carte inédite de Diogo Homem, circa 1566. Revista Universidade de Coimbra, 1970, 24, p. 5-15 . 

LOADES, David. The Queen Mary Atlas. Facsimile with commentary by Peter Barber. London: Folio Society, 2005. 

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Las islas suelen tener historias realmente interesantes y su situación geográfica las lleva a formar parte de acontecimientos importantes. Éste es el caso de una que ha actuado a modo de puente entre España y Francia durante la Edad Moderna. Es la isla de los Faisanes, un pequeño territorio situado en el río Bidasoa, que actualmente es un condominio que comparten ambos países. Ocupa un espacio de 114 por 25 m. y se encuentra en la frontera, de modo que una orilla es española y la otra es gala.

condominio

Aparte de ser el condominio más pequeño del mundo y de haber estado poblado desde la prehistoria, formó parte de grandes imperios e importantes reinos. Actualmente está administrado durante 6 meses por España (de febrero a julio) y otros 6 por Francia (de agosto a enero). Su nombre, por cierto, no se debe a que en ella hubieran vivido faisanes alguna vez, sino a que era conocida como isla de paso y de ahí se llegó, con los siglos y con las múltiples traducciones, a su actual denominación.

Isal faisanes de J Salis s XX

La isla de los Faisanes en una pintura de J. Salis (siglo XX)

Aunque ha sido testigo de numerosos acontecimientos históricos, los que más se recuerdan son las firmas de varios tratados franco-españoles. El primero se ratificó en 1615, sellándose con la boda del rey francés Luis XIII y la princesa española Ana de Austria, hija de Felipe III. Paralelamente los hermanos de ambos (Isabel de Borbón y el futuro Felipe IV) también contrajeron matrimonio en este enclave.

ana-de-austria

Ana de Austria, reina de Francia, pintada por Rubens. Museo del Louvre

Casi cincuenta años después allí se firmó la Paz de los Pirineos (1659). El tratado ponía fin a una etapa llena de hostilidades entre ambas naciones, iniciadas en 1620, cuando Francia entró en la Guerra de los Treinta Años, tras la victoria de las tropas españolas contra los rebeldes holandeses y los suecos en Nördlingen. Acabada esta guerra en 1648, ambos reinos prolongaron su lucha hasta la firma de la paz. Los representantes de Felipe IV y de Luis XIV (Luis de Haro y el cardenal Mazarino, respectivamente), reunidos en la isla de los Faisanes, debatieron durante meses los términos del acuerdo.

Comitiva segun P Castillo

Llegada de las comitivas española y francesa al pabellón de la isla de los Faisanes,  en un dibujo de Pedro de Villafranca. BNE Fuente

En este tratado también se acordó otra boda, esta vez entre el rey de Francia Luis XIV  y la infanta española María Teresa de Austria (ambos hijos de los contrayentes anteriores). Este segundo encuentro es el que se recoge en las ilustraciones.

Pabellon rey

El pabellón del rey de España y la pasarela para llegar a la isla

La firma el tratado

Se hicieron varias representaciones del encuentro franco-español (Chavarría 2010). Aquí recogemos dos que ilustran este acuerdo de paz. En el primero se detallan muchos de los preparativos (que son la mayoría de las imágenes aquí incluidas) y en el segundo se representa, además, la comitiva real.

vision global

Isla de los Faisanes, llamada aquí “de la Conferencia”,  por ser el centro de reunión franco-español para la firma de los tratados de paz. Obra de S.P. de Beaulieu. Fuente: Gallica

El autor del primero fue Sébastien Pontault de Beaulieu (1612-1674), un ingeniero, militar y dibujante francés. Recoge con enorme detalle la disposición de las tropas de ambos reinos, el camino a recorrer por los monarcas y dónde se debían situar para firmar el tratado.

Distribucion isla

Distribución de la isla durante la firma del tratado. Se puede apreciar la línea divisoria y a la izquierda un espacio común

Para la firma debían cruzar desde la orilla, por lo que para que fuera más fácil y no tuvieran que embarcar, se creó un pontón con barcas.

Ponton con barcas

Pontón con barcas

Entre las tropas dibujadas destaca la infantería española y los caballeros de Luis de Haro (sobrino del Duque de Olivares). Por parte francesa también aparecen los conocidos mosqueteros, aunque en el dibujo se les llama guardias de Mazarino. Éstos inspiraron al autor Alejandro Dumas, que escribió la famosa novela sobre “Los Tres Mosqueteros”. La reina que aparece en dicha obra es Ana de Austria, la infanta española hija de Felipe III, que se había casado con Luis XIII, y a la que Dumas atribuye la relación amorosa con el Duque de Buckingham.

Mosqueteros de Mazarino

Los famosos mosqueteros

El autor del segundo dibujo fue Adam Perrelle, que trabajó con el primero. En su ilustración aparece el séquito desfilando por la pasarela creada para la firma de la paz.

Comitivas

Detalla del dibujo de A. Perrelle en el que aparecen las comitivas reales por le pontón, dirigiéndose a la isla para firmar el tratado

Síntesis

Una pequeñísima isla que gracias a su situación estratégica ha sido teatro de operaciones diplomáticas, así como lugar de acuerdo de importante bodas entre la realeza de la casa de Austria española y la de Borbón francesa. Por ello ha quedado inmortalizada en diferentes representaciones, lo que nos permite apreciar importantes detalles de acontecimientos del siglo XVII, como la disposición de las tropas o la división establecida para la firma de la paz, así como poder ver dibujados a los famosos mosqueteros.

Nota: ambas ilustraciones se pueden encontrar en la Biblioteca Digital Hispánica. La primera está en un libro, acompañada de otras imágenes, con los textos y los asistentes al acto de la firma del tratado de paz: Les Plans, et Profils des principales Villes, et lieux considerables de la Principauté de Catalogne (p. 89 y ss). La segunda en la obra titulada L’Isle de la Conference: ou la Paix generalle a esté conclue entre la France et l’Espagne le 7 Novemb. 1659. El repositorio digital de la Biblioteca Nacional francesa tiene la primera ilustración (Plan de l’Isle des Faisans à présent…), aunque no se incluye el autor.

Más información

COLOMER, José Luis (ed.). Arte y diplomacia de la Monarquía Hispánica en el siglo XVII. Madrid: CEEH, 2003.

CHAVARRÍA MÚGICA, Fernando. La frontera ceremonial y la frontera real: el Tratado de los Pirineos y la reavivación del conflicto por el dominio del río Bidasoa (1659-1668). Del tractat dels Pirineus a l’Europa del segle XXI: un model en construcció?: actes del congrés; Barcelona-Perpinyà, 2010.

DE CÁRDENAS, Juan F. La misión de D. Antonio Pimentel… y el Cardenal Mazarino y D. Luis de Haro frente a frente en la isla de los Faisanes. Patronato de la Universidad de Deusto (s.f.).

GARCÍA PIQUER, Deborah. La paz en la emblemática y el arte en el contexto de la Paz de los Pirineos (1659). Imágenes nupciales y festivas. Fòrum de Recerca, 2016, 21, p. 119-136.

PANCORBO, Luis. La isla de los Faisanes. Viajar: la primera revista española de viajes, 2016, 445, p. 96.

SÁINZ, Luis Ignacio. La isla de los faisanes: Diego de Velázquez y Felipe IV,  Reflexiones sobre las representaciones políticasArgumentos, 2006, 19, 51, p. 147-167.

 

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La localización y posible recuperación de un nuevo pecio de un buque de estado español, hundido por Inglaterra a comienzos del siglo XVIII, sitúa al patrimonio cultural subacúatico, otra vez, en primera línea. Dos aspectos vuelven a ser fundamentales, la defensa y recuperación de un patrimonio cultural para la humanidad y la obligación de ofrecer el debido respeto a las 600 víctimas del naufragio.

La Cátedra, a través de uno de sus miembros, que es un reconocido experto a nivel nacional e internacional, quiere proporcionar luz sobre el tema, ofreciendo algunas consideraciones jurídicas, acompañándolas de imágenes referidas al galeón hundido en aguas del Caribe.

El Galeón español San José fue construido en Guipúzcoa en 1698 y formaba parte de la flota de la Carrera de Indias. Fue hundido por los ingleses el 8 de junio de 1708 cerca de las costa de Cartagena de Indias (Colombia), siendo su comandante José Fernández de Santillán. Más datos sobre el San José se pueden encontrar aquí.

Consideraciones sobre el pecio del buque de estado San José

por el Dr. Rafael Ruiz Manteca, experto en Derecho del Patrimonio Cultural Subacuático.

Ante el anuncio hecho recientemente por el Gobierno de Colombia de haber sido encontrado el pecio del galeón San José en aguas próximas a Cartagena de Indias, y como quiera que este anuncio y las posteriores manifestaciones que le han seguido, procedentes de diversas fuentes, han provocado una verdadera avalancha de opiniones e informaciones, creemos que interesa dejar constancia de las siguientes consideraciones de tipo jurídico:

UNESCO

a) La Convención de la UNESCO de 2001 sobre la protección del patrimonio cultural subacuático no trata de cuestiones de propiedad ni las resuelve, pues su única finalidad (que no es poca) es facilitar a los Estados la puesta en marcha de mecanismos de cooperación en orden a la protección del patrimonio cultural subacuático ubicado en los distintos espacios marinos, así como poner a su disposición unas reglas técnico-arqueológicas que permitan que dicho patrimonio sea tratado de manera científica, con abandono de prácticas espurias, como las comerciales. Y téngase en cuenta que la Convención ha sido ratificada por España pero no por Colombia.

El Galeón, con sus secciones principales. Fuente

El Galeón, con sus secciones principales. Fuente

b) Por otro lado, esta Convención es respetuosa con las normas de derecho internacional y con la práctica de los Estados (es decir, su posicionamiento respecto a cuestiones controvertidas y/o faltas de regulación internacional) relativas a las inmunidades soberanas o cualquiera de los derechos de un Estado respecto de sus buques o aeronaves de Estado. En este sentido, ocioso es recordar que desde siempre el derecho internacional ha reconocido inmunidad a los buques de guerra y otros buques de Estado operativos, siempre que los mismos sean utilizados únicamente para un servicio público no comercial (como es el caso paradigmático de la defensa nacional). Sin embargo, la Convención da un paso más y considera buques de Estado a los de guerra y otros buques de Estado que, en el momento de su hundimiento, fueran utilizados únicamente para un servicio público no comercial, de lo que se desprende que los buques de guerra hundidos (que naturalmente ya no están operativos) conservan la inmunidad de que disfrutaban cuando prestaban servicio. En este orden de cosas, la Convención no hace sino seguir la práctica reciente de bastantes Estados que se están pronunciando por atribuir a sus buques de guerra hundidos inmunidad soberana.

c) Entre estos Estados está España, que en la reciente Ley de Navegación Marítima de 2014 dispone que los buques y embarcaciones de Estado españoles naufragados o hundidos, sus restos y los de sus equipos y carga, son bienes de dominio público estatal (es decir, de España), inalienables, imprescriptibles e inembargables y gozan de inmunidad, cualquiera que sea el momento en que se produjo su pérdida y el lugar en que se encuentren.

Lugar aproximado donde se ha encontrado el pecio

Lugar aproximado donde se ha encontrado el pecio

d) En Colombia ha sido aprobada recientemente una ley (1675 de 2013, de 30 de julio) dedicada al patrimonio cultural sumergido, que ha tenido un largo proceso de elaboración. Conforme a esta ley, el patrimonio cultural sumergido (que se reconoce que forma parte del patrimonio arqueológico y que, como tal, es propiedad de la Nación) está integrado por los bienes productos de la actividad humana, representativos de la cultura y que se encuentren sumergidos en todo tipo de aguas, continentales y marinas, colombianas. Además, es necesario que lleven más de 100 años sumergidos. Pero, sin embargo, hay determinados bienes sumergidos que no se consideran patrimonio cultural subacuático, tales como los cargamentos de buques siempre que estén constituidos por materiales brutos o sean bienes muebles “seriados” que hubiesen tenido un valor de cambio o fiscal (monedas, lingotes) o sean “cargas industriales” (sic).

Ruta del San José. Fuente.

Ruta seguida por el San José. Fuente.

e) Esta ley colombiana permite la posibilidad de que el Ministerio de Cultura contrate con “entidades expertas” la realización de cualquiera de las actividades sobre el patrimonio cultural sumergido, tales como las de exploración, intervención, aprovechamiento económico y preservación. En virtud de dicho contrato, el contratista adquiere un derecho al aprovechamiento económico por la actividad que le encarga el Estado. En fin, se trata simplemente de una consecuencia del contrato, que claramente reviste naturaleza económica. Ese aprovechamiento (que sin embargo no existe cuando la actividad es meramente una prospección o exploración) puede llegar hasta el 50% del valor de los bienes encontrados o rescatados, cuando no formen parte del patrimonio sumergido, como ocurre con las monedas y lingotes, según hemos dicho.

f) En consecuencia, no hay duda de que si el galeón San José se encuentra, como parece, en el mar territorial colombiano, conforme a la ley citada últimamente sus restos son propiedad de la Nación colombiana, regulación que choca en este aspecto (el de la propiedad) con lo dispuesto en la ley española mencionada. Sin embargo, la consideración de los aspectos relativos a la inmunidad del pecio podrían ser determinantes, pues téngase en cuenta que los mismos están indisolublemente unidos a los de la propiedad. En este sentido, según sea el foro (el tribunal) elegido que conozca de un pleito de estas características (nacional de España o de Colombia o incluso un tribunal internacional), la normativa aplicada sería una u otra y la balanza podría acabar inclinándose a favor de uno u otro país.

Galeón-San-José. Fuente

Galeón San José. Fuente

g) Colombia y España mantienen en estos momentos excelentes relaciones y entendemos que deben aproximar sus intereses en este asunto, pues si bien los mismos ciertamente son contrapuestos en lo que concierne a la propiedad, sin duda son coincidentes en lo más importante, como es la preservación de unos restos que pueden ayudar de manera muy importante al avance del conocimiento histórico de la época en que el galeón se hundió. Y no se olvide que los objetos que componen el patrimonio cultural subacuático deben ser preservados o conservados en beneficio de la humanidad (Convención UN sobre el Derecho del Mar, Convención UNESCO sobre protección del patrimonio cultural subacuático), por lo que ambos países deben al mundo entero una solución de amplias miras, más allá de posturas cerradas e individualistas, huyendo de tesis decimonónicas y atrasadas. R.R.M.

Pecios en el CRIBE. fUENTE

Pecios en el Caribe.

Desde el blog “Espejo de navegantes“, el periodista Jesús García Calero ha lanzado una campaña para recoger firmas, en la que solicita a los más prestigiosos especialistas del mundo que unan su voz para pedir respeto al método científico, para que prime la Arqueología frente al negocio, para que el rescate del pecio San José sea un ejemplo de la aplicación de la mejor práctica científica sobre un buque que es Patrimonio de la Humanidad.

Lea las últimas opiniones de expertos sobre esta materia:

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La Cátedra de Historia Naval (Armada/Universidad de Murcia) ha llevado a cabo las tareas de investigación, diseño y dirección de la fábrica de una cureña (soporte) de cañón “a la española”, la cual creemos que es la primera que se hace en los dos últimos siglos.

Dos sistemas de construcción

En el siglo XVIII la Real Armada fabricaba en sus arsenales dos tipos de cureñas para la artillería naval: “a la inglesa” y “a la española”. Estos dos modelos se siguieron construyendo, al menos, hasta la mitad del siglo XIX, a partir de cuyo momento los rápidos avances de la artillería (el rallado del ánima y la retrocarga) modificaron los afustes de las piezas.

Partes básicas de un cañón

Partes básicas de un cañón

Cureñas construidas con el sistema”a la española”

Por motivos desconocidos, las reproducciones de cureñas que se realizaron a lo largo del siglo XX y del actual, han sido siempre a “la inglesa”. La Cátedra creyó que ya era hora de que se realizase algún modelo “a la española”. Con documentación del Museo Naval de Madrid se realizó el estudio y se diseñaron los planos de la cureña. Con la autorización del Almirante del Arsenal de Cartagena y empleando restos de madera se realizó, sin coste alguno, en los talleres del Arsenal, al igual que en el siglo XVIII, dos cureñas por la maestranza y personal militar.

Situando las cureñas

Situando las cureñas

Las personas, que con el mayor entusiasmo han realizado este trabajo son:

  • Stte. Contamaestre D. Roberto García González.
  • Stte. Maquinista. D. Manuel Grela Picón.
  • Maestro de Arsenal. D. Eliseo García López.
  • Oficial de Arsenal. (Carpintero). D. Julián Larios Pagán.
  • Técnico Superior Actividades Técnicas. (Pintor). D. Julio García Zamora.

Los cañones del siglo XVIII

Para colocar en estas cureñas la Cátedra localizó e identificó dos de los 47 cañones, los números 18 y 24, que juntamente con tres morteros formaban la defensa del Arsenal. Estos cañones y morteros estaban servidos con personal de la Maestranza, la cual pertenecía al fuero militar. Estas piezas defendían la “cortina del arsenal”, batería situada en el paramento marítimo del Cuartel de Prisioneros y Esclavos (más tarde Cuartel de Instrucción de Marinería), que defendía la entrada por el mar, y la muralla del Arsenal desde la parte norte de la calle Real, en la que se unía a la muralla de la ciudad, siguiendo el frente de la rambla de Benipilia, y girando posteriormente a la izquierda para cerrar el contorno del recinto hasta el mar.

Las dos cureñas construidas situadas en su emplazamiento actual

Las dos cureñas construidas situadas en su emplazamiento actual

Las murallas de Cartagena y del Arsenal fueron en 1808 un obstáculo para el ejército francés. La plaza no fue ocupada y su puerto se mantuvo abierto, permitiendo la llegada de refuerzos y material durante toda la guerra.

Las cureñas sosteniendo los dos cañones, tal y como el público puede contemplarlas

Las cureñas sosteniendo los dos cañones, tal y como el público puede contemplarlas

En 1808 el personal de maestranza que dotaba los citados cañones era:

Cañón nº 18

4ª Brigada ordinaria de Rivera (Carpinteros de Ribera).

José Díaz operario
Francisco Alvadalejo operario
Manuel Méndez operario
Jaime García operario
Gaspar Riera operario
José Balanza operario
Pedro Cervantes Canteli operario
Antonio Munera operario
Juan Cervantes operario
José Sánchez Casanova operario
Mariano Romero operario
Ildefonso Sánchez operario

Cañón nº 24

1ª Brigada ordinaria de Calafates.

Fulgencio Ros Díaz capataz
Juan Andrés Castillo cabo
José Cotanda operario
Juan Romero operario
Francisco Heredia operario
Ventura Payán operario
José Jordar operario
Andrés Rovira operario
Juan Requena operario
Ginés Huertas operario
Francisco Pérez Gómez operario

Nota: Los nombres propios se han escrito con la ortografía actual. Los apellidos se han mantenido con la ortografía original, pero acentuados.

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¿Quién pilotaba los barcos que navegaban a América en el siglo XVIII? El Real Colegio Seminario de San Telmo de Sevilla (1681-1847) se fundó para dar respuesta a la imperiosa necesidad de pilotos y marineros de las flotas ultramarinas americanas. El centro de náutica sevillano fue una de las instituciones más importantes de enseñanza de la navegación de la Monarquía hispana. Su desarrollo se halla estrechamente ligado a la Carrera de Indias y, a partir de 1787, a la jurisdicción de la secretaría de Marina.

Por Marta García Garralón, Dra. en Historia

El Colegio de San Telmo

A orillas del río Guadalquivir, más allá de la puerta de Jerez y extramuros de la ciudad de Sevilla, se yergue imponente y lleno de historia el Palacio de San Telmo, sede de la actual Presidencia de la Junta de Andalucía. Sin embargo, pocos saben que ese gran edificio barroco con cuatro torres, capilla y jardines fue construido por orden real para formar en el arte de la navegación a niños huérfanos, expósitos, o desamparados, y a los hijos de la gente de mar. La institución cumplió con una doble función, primero educativa, pero también caritativo-asistencial, consiguiendo apartar de la pobreza, la delincuencia y el analfabetismo a más de tres mil quinientos chicos, que pasaron por sus aulas durante sus ciento sesenta y seis años de existencia.

Portada del Palacio de San Telmo

Portada del Colegio de San Telmo, grabado de Pedro de Tortolero, 1738.

El modelo docente acogía a los muchachos bajo un régimen de internado, y les instruía en las profesiones de la mar. Aquellos que mostraban mayor talento ejercían la carrera del pilotaje, mientras que el resto se empleaba en las plazas destinadas a los oficiales de mar, como las de guardián o contramaestre.

AGMAB_ CST, LEG 986_ AÑO 1817

Uniformes. Archivo General de la Marina Álvaro de Bazán. CST, Leg. 986. Año 1817

Durante su primera etapa de estancia colegial, los santelmistas aprendían la lectura y la escritura, junto a unas imprescindibles nociones de doctrina cristiana. Con posterioridad, se adentraban en las disciplinas náuticas, entre las que se incluían las matemáticas, la cosmografía, la artillería, la maniobra, la navegación, el dibujo o el uso de los instrumentos náuticos y cartas de navegación. La enseñanza de la náutica se desarrolló considerablemente a lo largo del siglo XVIII en las aulas de San Telmo, incrementándose el nivel de matematización y tecnificación, sobre todo a partir de la segunda mitad de la centuria.

Ordenanzas 1752. BUS 52 62

Ordenanzas del Colegio de San Telmo de1786. Biblioteca de la Universidad de Sevilla, 52/62

Una vez adquiridos los conocimientos teóricos suficientes, los muchachos de San Telmo iniciaban la etapa de prácticas trasladándose al puerto de Cádiz, en donde se embarcaban por cuenta del Colegio en los navíos mercantes que surcaban las rutas americanas. A bordo de aquellos bajeles los inexpertos seminaristas se iniciaban en la dura vida de la mar, inmersos en salitre y sudor. Sus navegaciones a bordo de navíos, urcas, fragatas o pataches les permitieron aprender desde las labores más sencillas, como la limpieza del barco, la vigilancia en las guardias, las subidas a las cofas, el remo de bateles y chalupas o el manejo del timón y los aparejos, hasta otras más exigentes, como el uso del cañón, la práctica de observaciones astronómicas o la redacción de los diarios de navegación.

MINISTERIO CULTURA. ARCHIVO GENERAL INDIAS. ESTAMPAS, II. ROLLO 16. GRABADO SAN PEDRO GLEZ TELMO, 1752

Grabado San Pedro Glez Telmo, 1752. Ministerio de Cultura. Archivo General de Indias. Estampas, II, rollo 16.

La formación impartida en el Colegio de San Telmo en materia de pilotaje sirvió sobre todo a pilotos destinados en su gran mayoría a la navegación mercante, aunque una parte de ellos también trabajó en la Marina militar, cubriendo las necesidades de una Armada en proceso de crecimiento. La abundancia de conflictos bélicos y la proliferación de actividades protagonizadas por la Marina de guerra, como fueron las comisiones hidrográficas o las exploraciones científicas, favorecieron la integración de un grupo selecto de santelmistas en el Cuerpo de Pilotos de la Armada.

Libor de cuentas. 19. AÑO 1721. US

Libro nº 19 de cuentas del Colegio de San Telmo, año 1721. Archivo Histórico Universitario de Sevilla

De la institución sevillana salieron conocidos maestros de matemáticas y navegación, así como un nutrido grupo de capitanes y pilotos que participaron activamente en el tráfico de la Carrera de Indias. Hacia la segunda mitad de siglo San Telmo fue objeto de importantes reformas estructurales que le permitieron situarse en la primera línea de las instituciones de corte ilustrado. Importantes marinos con ideas renovadoras, como Antonio de Valdés y Bazán, y estrechos colaboradores como los ilustres oficiales Francisco de Winthuysen y Pineda, Antonio de Ulloa o José de Mazarredo, impulsaron al centro docente hacia sus mejores años.

BIB UNIV SEVILLA. AHUS. LIBRO CTAS DEL CST 36. AÑO 1738 (1)

Portada del libro 36 de cuentas, del año 1738. Es una de las pocas ilustraciones en las que se representan santelmistas con su típico atuendo. Archivo Histórico Universitario de Sevilla

El Real Colegio de San Telmo cumplió un objetivo de gran importancia para “un negocio tan del servicio de Dios y de Su Majestad”, como fue el de proveer de pilotos hábiles a la Marina Real y al comercio de Indias.

Palacio de San Telmo

Palacio de San Telmo

Para más información: Marta García Garralón. Taller de Mareantes: el Real Colegio Seminario de San Telmo de Sevilla (1681-1847). Sevilla: Fundación Cajasol, 2007.

Se puede acceder a la base de datos que contiene la identificación de todos los chicos que estudiaron en el Real Colegio de San Telmo, así como a cada uno de los embarques realizados durante su estancia en la institución docente.

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Por Garbo

En la entrada anterior se vieron las causas que provocaron el sitiado de Cádiz y los bombardeos con baterías de costa a la ciudad por parte del ejército napoleónico entre los años 1808 a 1810.

En esta entrada se verá el uso que se hizo de las baterías de costa en la ciudad de Cádiz entre los años 1810 a 1812 para defender la ciudad de los ataques del ejército napoleónico.

Es interesante destacar que, desde finales de febrero hasta principios de mayo de 1810, el rey José I recorrió Andalucía y percibió que el pueblo no le apoyaba, por lo que volvió a Madrid, dejando al mariscal Soult al mando absoluto de Andalucía, el cual ejerció de virrey. A finales de 1810, el mariscal Víctor reforzó el cerco de Cádiz y bombardeó la ciudad (1).

Vista de Cádiz y sus contornos (ca. 1813)

Vista de Cádiz y su entorno (ca. 1813)

A continuación se verán los bombardeos que el ejército napoleónico realizó sobre la ciudad de Cádiz desde 1810 a 1812.

El 6 de noviembre de 1810 se fundió en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla el primer obús de Pierre-Laurent de Villantroys, de ocho pulgadas francesas y, tras unas exitosas pruebas, se trasladó con todo lo necesario para su servicio a Sanlúcar de Barrameda por el Guadalquivir, y, desde Sanlúcar, “por tierra, hasta el Parque de Artillería, de donde se envió a la Cabezuela para ser colocada en batería en el Fuerte Napoleón” (2).

Obús de Pierre-Laurent de Villantroys

Obús de Pierre-Laurent de Villantroys

Entre las 10:00 y las 13:00 horas del 15 de diciembre de 1810, se lanzaron diez granadas de plomo de ocho pulgadas, sin culotes, cada una con un peso de 75 libras y con una carga de 12 onzas de pólvora; de las cuales, siete u ocho llegaron a la ciudad y, de éstas, sólo dos estallaron dejando muy dañada una casa del barrio de Santa María.

Sirvieron de referencias a los disparos las torres del convento de Santo Domingo y de Tavira” (2).

Los bombardeos fueron repetidos los días 18 y 21, provocando un terror tan enorme que las Cortes Generales y Extraordinarias, reunidas en la villa de la Real Isla de León, decidieron trasladarse a un lugar más seguro, barajando como posibles Ceuta y Mallorca.

En enero de 1811 Napoleón ordena al mariscal Massena que eche a los ingleses de Portugal y a Soult que lo apoye” (1), y Víctor recibió órdenes de Soult de que enviara casi la tercera parte de su ejército para ayudarle en la invasión de Badajoz, provocando  que solamente 15.000 soldados sitiaran Cádiz (3). Esto último fue aprovechado por las fuerzas aliadas para intentar liberar Cádiz. El general “La Peña” dirigió un ejército por mar desde Cádiz a Tarifa para atacar desde el norte a los franceses, mientras que las fuerzas sutiles de la Armada cambatían también por el norte al ejército francés de Rota y del Puerto de Santa María; y por el sur, establecieron un puente flotante en Sancti Petri, que se situó en el lugar que antes ocupaba la barca de Chiclana, para permitir el paso de las fuerzas aliadas con el objetivo de atacar la posición francesa de “las flechas”.

Pero el mal tiempo y una fuerza enemiga superior a la esperada en Medina Sidonia, dio como resultado un retraso de dos días sobre el plan previsto” (3).

De esta forma, para el 2 de marzo de 1811la fuerza procedente de Cádiz, al mando del general Zayas, cruzaría el caño de Sancti Petri por el puente flotante, para establecer el atrincheramiento previo a la salida de las fuerzas que quedaban en Cádiz” (3).

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Castillo de Santi-Petri (Cádiz)

Durante la noche del 3 al 4 de marzo de 1811, seis tropas francesas atacaron estas trincheras, forzando a los ejércitos aliados con España a retroceder y retirar el puente. Este retroceso provocó una concentración de soldados en la Punta del Boquerón que hizo sospechar al mariscal Víctor que algo se estaba fraguando.

El Estado Mayor francés, situado en la Casa del Coto, al saber que había una fuerza aliada con los españoles que venía desde Tarifa hacia Cádiz, ordenó a sus ejércitos que se ocultaran en los pinares de La Barrosa para sorprender a los aliados en su camino a Sancti Petri.

En la mañana del 5 de marzo de 1811, los aliados llegaron al Cerro del Puerco y fueron atacados por el ejército francés que les estaban esperando, pero el ejército aliado simultáneamente, concentrado en la Punta del Boquerón, cruzó el caño Sancti Petri, obligando el retroceso de los franceses, que con miedo de poder quedar aislados entre las fuerzas aliadas y la costa huyeron hacia el norte.

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El pueblo de Cádiz contestando a  las intimidaciones de Napoleón. Alegoría de  Ramon Rodriguez

“La Peña” ordenó a las tropas inglesas, dirigidas por el general Graham, que adelantasen sus fuerzas hasta la torre Bermeja. Al hacerlo, el Cerro del Puerco se quedó con un solo batallón para su defensa, situación que fue aprovechada por los franceses para atacar con seis batallones y tomar la posición sin resistencia. Cuando Graham vio que los franceses estaban atacando, se olvidó de las órdenes que había recibido y decidió volver al cerro para enfrentarse a los franceses, produciéndose un sangriento combate con muchas bajas en ambos bandos. Esta se conoce como la batalla de Chiclana o la batalla de Barrosa, en la cual salieron victoriosos los españoles, obligando a los franceses a retirarse hacia el norte.

Durante la batalla, el general “La Peña”, enfadado con Graham por haber desobedecido las órdenes que le pidió, no quiso ofrecerle ayuda, a pesar de la continuada insistencia del General Zayas, hasta el punto en que pidió al resto que no escucharan los planes de Graham para avanzar contra los franceses en Chiclana y se negó a enviar jinetes exploradores para ver lo que hacía Víctor.

La Carraca

Arsenal de La  Carraca

Esto provocó que, en la mañana del 6 de marzo de 1811, Graham recogiera a sus heridos y marchara hacia Cádiz, muy enfadado con el general “La Peña” por no haberle auxiliado.

El 13 de marzo de 1811 se lanzaron cincuenta granadas sobre Cádiz desde las 21:00 a las 2:00 horas, disparándose los proyectiles de cuatro en cuatro, y de cuarto en cuarto de hora, llegando la mayoría de ellos a alcanzar la ciudad y a estallar ruidosamente, dañando seriamente algunos edificios (2).

Estos resultados dejaron muy satisfechos a los artilleros napoleónicos. No obstante, decidieron fabricar, en el mismo mes, un nuevo obús Villantroys de mayor calibre (10 pulgadas francesas) fundido también en Sevilla, que era capaz de alcanzar mayores distancias con granadas más pesadas que podían contener bastante pólvora en su interior.

En marzo de 1812, los sitiadores terminaron una nueva batería en la Cabezuela, llamada del Ángulo, compuesta por cuatro obuses Villantroys, que estuvo comunicada con el Fuerte Napoleón por medio de un camino cubierto, situado a escasa distancia y que utilizaron para dirigir sus tiros por elevación contra Cádiz.

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Vista de Cadiz y de la flota

Durante toda la noche del 13 de marzo de 1812, ambas baterías bombardearon Cádiz con una descarga cerrada de ocho tiros, provocando grandes destrozos. Las granadas dirigidas contra Cádiz desde el día 13 al 31 del mismo mes, llegaron a superar el medio millar.

El miedo generado ante tantos bombardeos continuados hizo que el día 19 de marzo de 1812, día de la promulgación de la Constitución, se trasladase la Misa y el Te Deum de acción de gracias desde la Catedral a la iglesia de los Carmelitas, debido a que dicha iglesia estaba fuera del alcance del fuego enemigo.

En la noche del 20 de marzo, los franceses volvieron a atacar la ciudad, cuando se estaba efectuando la iluminación general. En los días sucesivos, los bombardeos continuaron y los proyectiles alcanzaron la calle del Consulado Viejo, cerca de la de San Francisco, y otros puntos paralelos a ésta.

El Jueves Santo, día 26 de marzo de 1812, volvieron a entrar granadas en el recinto de la ciudad, de las cuales, una cayó en el Seminario y otra en la calle de la Verónica.

El día 29, Domingo de Resurrección, un proyectil alcanzó la plazuela de las Cestas, detrás de San Juan de Dios, cerca de una taberna que estaba muy concurrida, sin causar daño alguno; y otro, la Pescadería junto a un vendedor de huevos, quien también quedó indemne” (2).

A principios de abril de 1812, los franceses tenían once obuses Villantroys para atacar Cádiz: diez, de 8 pulgadas y uno, de 10 pulgadas.

El 16 de mayo de 1812 cayeron varias granadas en distintos sitios de la ciudad y, en concreto, una de ellas cayó junto al convento de la Candelaria, y otra enfrente de la iglesia del Rosario.

Uno de los proyectiles lanzados el día 26 de mayo por la tarde alcanzó la casa episcopal.

En la mañana del 28 de mayo, fue celebrada la procesión del Corpus Christi, a la que asistieron muchas personas, además de las Cortes y la Regencia con el acompañamiento correspondiente, tentando completamente a la suerte, sabiendo el riesgo que suponía celebrarla con los franceses alrededor, y más teniendo en cuenta que el cortejo salió de la Catedral y toda la carrera estaba comprendida en el radio de acción del fuego enemigo. Algunos diputados no asistieron a la misma por miedo a que pudieran bombardearlos en ese momento.

A principios de junio, los habitantes de Cádiz empezaron a inquietarse cuando vieron que entraban más proyectiles a la ciudad, que avanzaban sus alcances, y que eran más los que estallaban.

Al atardecer del día 9, se extendió el rumor de que los barrios de Santa María y la Merced tenían que ser desalojados inmediatamente, sacando los vecinos los objetos más valiosos de sus casas, provocando disturbios que tuvieron que ser mitigados con la intervención directa del Gobernador y otros comisionados del Gobierno.

La tarde y la noche del día 12 las baterías de la Cabezuela desataron un fuego intensísimo. Una granada cayó en la plazuela de la Fonda de los Ingleses, junto a la Alameda” (2).

El 17 de junio de 1812 el viento soplaba de poniente, siendo contrario a la dirección de las baterías enemigas, cuando una granada provocó la muerte de un hombre en la plaza de San Juan de Dios y otras, heridos en distintos lugares. Esto aterrorizó a la población que, fruto del pánico, decidieron abandonar los barrios comprendidos en la línea de acción de los proyectiles y marchar más allá de la plaza de San Antonio, huyendo del peligro.

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Monumento a las Cortes de Cádiz en la ciudad gaditana

No obstante, “lo peor aún quedaba por llegar en los meses de julio y agosto, cuando los levantes recios y secos aumentaban el alcance de los proyectiles” (2).

El 22 de julio de 1812 el Duque de Wellington gana la batalla de los Arapiles a los franceses, cerca de Salamanca, consiguiendo que el rey José I, hermano de Napoleón, desalojara Madrid y que los ejércitos de Soult evacuasen Andalucía, para reunirse e intentar derrotar a Wellington (4). Por tanto, en este día se levantó el asedio de Cádiz y fue un día muy importante para los gaditanos, porque vieron que todo estaba acabando.

Sin embargo, el sitiado de Cádiz no estaba completamente anulado. Cuando el mariscal Soult fue al norte para enfrentarse con Wellington, no quiso dejar totalmente libre la ciudad de Cádiz, porque hubiese sido como una retirada y Europa sería consciente de ello y, por eso, dejó a unos pocos hombres encargados de continuar los bombardeos a la ciudad.

Durante el mes de agosto de 1812, los pocos franceses que quedaban sitiando Cádiz, trabajaron en reforzar y mejorar las fortificaciones y siguieron lanzando granadas desde la Cabezuela que fueron contestadas por las baterías aliadas de tierra, las fuerzas sutiles y bombarderas.

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Real Obsevatorio Astronómico de de San Fernando

Pero, el 24 de agosto de 1812, como Wellington estaba ganando al mariscal Soult, éste último vio que tenía que dejar el sitio a Cádiz y sacó a la mayor parte de la fuerza de allí para que le ayudase y dejó al mando del general Semellé unos 3.300 individuos que se “enjaularían” en determinados puntos fuertes de la línea para seguir atacando Cádiz, aunque avisó a toda su tropa de que debería estar preparada para partir, en cuyo caso se enviaría caballería para cubrir la retirada.

Durante este día, los franceses siguieron bombardeando desde la Cabezuela, el molino de Guerra, el castillo de Chiclana y desde la batería del Angulo a los gaditanos, mientras que los prisioneros que estaban enjaulados estaban construyendo una nueva batería a la orilla del río Arillo.

Las fuerzas aliadas contestaron con las baterías españolas de tierra, las fuerzas de mar sutiles y las bombarderas inglesas al ataque francés.

Nadie pensó que la retirada estaba cerca hasta que en la madrugada del 25 de agosto de 1812 los sitiadores incendiaron los castillos, fuertes y baterías, volaron los depósitos de pólvora y abandonaron el lugar.

Este día termina definitivamente el asedio a la ciudad de Cádiz (4).

Bibliografía citada

(1) Andrales, A., (2012). Movimientos imperiales para el sitio de Tarifa según la versión francesa.

(2) Torrejón, J., (2012a). “Los bombardeos de Cádiz 1810-1812” en diariodecadiz.es.

(3) C., (2011). “Batalla de Chiclana (5 de marzo de 1811)” en Kayak de Mar, Sancti Petri.

(4) Torrejón, J., (2012b). “25 de agosto de 1812: ¡Se retiran, se retiran!” en diariodecadiz.es.

Más información

Diario de las Cortes de Cádiz.

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