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Posts Tagged ‘Patrimonio documental’

¡11 años difundiendo el Patrimonio y la Historia Naval!

Mañana se cumplen once años desde que el blog se inició. Hemos publicado ya 620 entradas y contamos con visitantes de más de 150 países. Con tan largo recorrido queremos celebrar este aniversario publicando una entrada que describe cómo fueron las comunicaciones escritas entre España e Hispanoamérica durante los siglos XVI al XIX. En esta bitácora hemos cambiado el sistema de transmisión, pasando de uno en papel, más personal, a otro virtual a través de Internet, más rápido. Seguiremos navegando en este espacio digital, donde lo más importante es el interés despertado en nuestros lectores, auténtico motor que mantiene y mejora este derrotero cultural que propicia la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval.

El correo en los inicios

Durante siglos la llegada del correo entre la península Ibérica y las tierras americanas no estuvo asegurada. Así, una carta escrita en Cádiz podía tardar un año y medio en llegar a La Habana, incluso había posibilidades de que nunca llegara. Si el barco que las llevaba naufragaba, evidentemente las misivas se perdían. Sin embargo, este caso fue insignificante en comparación con otras posibilidades: una es que en el camino la carta se traspapelaba, otra que si llegaba a América se podía requisar por las autoridades virreinales, e incluso una vez en el nuevo continente podía ir de un sitio a otro y al final desecharse, entre otras muchas.

Una nave dibujada en el globo de Martin Behaim (S. XV). Fuente

Cuando las cartas eran de particulares, el daño afectaba a unos pocos, pero si era correspondencia oficial, la situación era mucho más grave y se contaban por miles los afectados. Por ejemplo, uno de los primeros casos fue el del mismo Cristóbal Colón, que enviaba misivas a los reyes narrando sus descubrimientos. Éstas viajaban en barcos desde Centroamérica hasta la Península. Pero el sistema de correos no estaba generado como tal, ya que dependía de la buena voluntad de los oficiales, o del capitán de la nave, que se entregase o no. Esta inseguridad hacía que éstas se enviaran duplicadas y, a veces, hasta sextuplicadas, incluso a través de diversas rutas.

Mapa del continente americano de Diego Gutiérrez (1562). Fuente

La evolución

Siguiendo a Vallejo, el traslado del correo entre España y sus provincias americanas se puede dividir en cuatro grandes etapas.

  • Primera etapa (1514-1764)

La correspondencia oficial iba en los navíos de aviso (unidades navales militares, usualmente rápidas, cuyo cometido era transportar pliegos y órdenes entre distintos buques o entre estos y la costa), mientras que la particular viajaba en las flota de Indias. Sin embargo, no existía ningún registro, no había pago de tasas, ni responsabilidad alguna.

En 1514 se creó la figura del Correo Mayor de Indias, que en ese momento recayó en Lorenzo Galíndez de Carvajal. El cargo era perpetuo y además heredable. Sólo él podía despachar los correos, bajo multa de diez mil maravedíes para quien contraviniese la orden. No se garantizaba el servicio y se dieron muchos casos de mala manipulación, lo que motivó que se firmara en 1541 una orden para que la correspondencia con las Indias se liberara.

Reglamento Provisional del Correo Marítimo de 1764. Fuente: Archivo General de Indias
  • Segunda etapa (1764-1802)

En 1762, la corona decidió crear un sistema centralizado de correos para garantizar las comunicaciones ultramarinas. Un año después se crearon los Correos Marítimos del Estado.

Así, en 1764 se establece por primera vez un correo de mar ordinario entre España y las Indias. A partir de este momento, mensualmente salía un navío con todas las cartas dirigidas a Ultramar, desde el puerto de A Coruña hasta La Habana y también el viaje de vuelta. La Habana se convierte así en centro de distribución, con envíos en balandras y paquebotes a Veracruz, Tierra Firme y Perú. Pronto se instituyeron los que iban a otros lugares del continente americano.

Tras recibir multitud de quejas y varios informes al respecto, se publicó una Real Ordenanza del Correo Marítimo (1777), que trató de proporcionar homogeneidad a las diversas órdenes y normativas previas. Se creaba el cargo de Superintendente General de Correos y Postas con el rango de Primer Secretario de Estado (lo que hoy conocemos como ministro). Le competía la construcción de las naves para llevar el correo. A primeros de cada mes salían con destino a La Habana y Nueva España, y los días quince de febrero, abril, junio, agosto, octubre y diciembre hacia Buenos Aires y Perú, en donde se nombraban también administradores principales para el correo marítimo en su ámbito de influencia.

  • Tercera etapa (1802-1827)

El servicio de correos pasa a depender íntegramente de la Armada. Se multiplica la frecuencia en la salida y llegada de las naves que llevaban el correo. En 1809 se aprueba y publica un Reglamento para los Correos Marítimos. Se establecen tres grandes líneas, una que iba a Puerto Rico, La Habana y Veracruz, otra a Canarias, Cumaná y Cartagena de Indias y una última al río de la Plata. Las dos primeras tenían salidas mensuales de la Península y la tercera cada dos meses.

  • Cuarta etapa (1827-1898)

El correo a las pocas provincias ultramarinas que seguían bajo dominio español pasó a manos de empresas. Se fletaban cuatro goletas de más de 100 toneladas de porte, con unos 20 hombres por cada nave.

Las marcas de los correos marítimos

Sabemos que entre 1723 y 1764 el servicio de correspondencia transatlántica era gratuito en ambos sentidos. A partir del año 1764 se establecieron unas tarifas que se basaban en el peso y la distancia recorrida por la misiva. Para determinar el origen y destino de las cartas transportadas por el correo marítimo se crearon tres tipos de cuños: ESPAÑA, YNDIAS e YSLAS, que debían aplicarse en los puertos de salida.

Con el tiempo los cuños de multiplicaron. En el trabajo de Pérez Gómez se pueden encontrar las ilustraciones de muchas cartas, con sus destinatarios y el nombre de la embarcación que las portaba.

Más información

Distintivos del correo marítimo español, Filatelia Digital, 2014.

ESCRIGAS RODRÍGUEZ, Juan. Marcas postales del Apostadero de La Habana. 2018.

ESCRIGAS RODRÍGUEZ, Juan. Marcas postales de las provincias marítimas y distritos del Apostadero de La Habana. Academus, 2020, 24, p. 79-101.

LÓPEZ BERNAL, José Manuel. De los navíos de aviso a los correos marítimos (siglos XVI-XVIII) Filatelia Digital, 2016.

MORENO CABANILLAS, Rocío. El correo marítimo colonial (1764-1824), rutas y tarifas postales. Fronteras de la Historia, 2013, 18, 2, p. 295-298.

PÉREZ GÓMEZ, Rafael. Los correos marítimos a Canarias y a Ultramar. Sociedad Filatélica y Numismática Alicantina [s.f.].

VALLEJO GARCÍA-HEVIA, José María. Los navíos de aviso y los correos marítimos a Indias (1492-1898). Ius fugit: Revista Interdisciplinar de Estudios Histórico-jurídicos, 1998, 7, p. 197-268.

 

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Este «tratado de calafatería» expone muy detalladamente las labores necesarias para que el casco de las embarcaciones esté en perfecto uso. El calafate tenía la misión de impermeabilizarlo cerrando las junturas de las maderas con estopa y brea, alquitrán u otra sustancia semejante, como la fibra de coco. El tratado explica que tenía que ser marinero y cuidadoso en las cosas de su profesión.

Estopa de cáñamo

Cuando estaba embarcado, el calafate se debía encargar igualmente de mantener estanco el buque (para que no entrase el agua por ningún agujero ni rendija) y cuando existían bombas de achique a bordo también las tenía a su cargo. Entre otros deberes estaba, según este tratado, el de adrezar la lancha y chalupa si se lo ordenaba el capitán.

En combate debía estar abajo de la cubierta, para ir tapando los balazos que recibiera la nave. Su alojamiento estaba con la gente de mar.

Cuando trabajaba en carena debía recibir la mitad del jornal de lo que ganaba un oficial.

Herramientas

Su herramienta más común es el «mazo (mallo de meter)», y junto a ella debía tener «dos (mazos) de recorrer, tres hierros de cortar, seis de galafatear, dos magajos, una sierra de mano, cuatro martillos, dos grandes y dos pequeños; dos hachas y una azuela, un juego de barrena».

Vamos a conocer con más detalle dos de las funciones más importantes que tenía:

Mantener estanco el casco del buque

En su primera función de mantener la madera del casco en perfecto estado, debía recorrer las cubiertas y altos por donde había goteras para taparlas.

Herramientas de calafate

Las directrices principales de actuación que señala el libro son las siguientes:

  • La pernería (genéricamente clavos) debe ir conforme a las maderas que van a sujetar.

  • El reclavado. Los clavos deben ser dos veces más largos que la tabla de afuera. Para las naves construidas con lata deben ir a «filo de cuchillo», un tercio en la tabla y el resto en la madera. Cuando las latas están tableadas, la clavazón debe ser más corta y gruesa.

Clavos extraídos de barcos antiguos
  • El barreno (agujero) y el clavo deben ser proporcionados.

  • En la costura de la embarcación hay que abrir un hueco entre tabla y tabla para impermeabilizarlo con estopa o cáñamo.
Calafate rellenando las juntas
  • Una vez metida la estopa (la parte gruesa del lino o del cáñamo), se moja y luego se pone la brea (mezcla de pez, sebo y aceite de pescado) sin dejar espacio alguno. No debe rebosar. Hay que picar el cáñamo dentro para que absorba bien la brea.

  • Recomienda usar el cáñamo para el roble y la estopa negra para el cedro.

  • Para luchar contra la broma (el molusco que agujerea las maderas y hace que los barcos de madera dejen de ser útiles) recomienda emplomar. Enumera las maderas que más se ven afectadas por ésta, que son cedro, alborne, caoba y pino de Flandes. El teredo navalis les afecta en menor medida a la encina y el caravallo (roble). Y las que no dejan pasar la broma son el cedro de Jamaica y el roble de La Habana.

Encargarse de las bombas de achique

El agua puede entrar en el barco debido a múltiples factores, como que haya marejada, que llueva, que se creen fugas o por otras razones. Como resultado, el líquido se va acumulando en la sentina, la parte más baja. Por este motivo se debe evitar poner carga en esta zona, y hay asegurarse de que el agua acumulada sea achicada lo antes posible, porque si se acumula puede suponer un peligro para la estabilidad de la nave, pero también para la salubridad de sus tripulantes. Por lo tanto, tener bombas de achique en buen estado era, y sigue siendo, vital para asegurar que la nave flote de manera adecuada, pero también para la seguridad y para el mantenimiento de ésta. El calafate debía ocuparse de ellas.

Bombas de achique

Las bombas de achique más antiguas eran manuales y se usaron durante siglos en la navegación, aunque actualmente sólo las llevan algunas embarcaciones para usarlas en caso de que la eléctrica falle, o como apoyo para cuando hay demasiada agua, como en el caso de un temporal.

Achicando agua. Fuente

Para concluir

Este tratado del siglo XVII, recuperado por Fernández Duro, es una de las pocas muestras escritas de las actividades de esta profesión tan importante, cuando los barcos estaban construidos en madera. Básicamente sus funciones eran que el casco de la nave estuviera siempre estanco, para que el agua no entrara en el interior, y hacerse cargo de las bombas de achique. Actualmente quedan ya muy pocos y los que siguen están vinculados a las embarcaciones de madera que todavía existen, tareas de pesca a pequeña escala y a traslados turísticos o deportivos.

Más información

BARROS, Amândio Jorge Morais. Barcos e gentes do mar do Porto (séculos XIV-XVI). História: revista da Faculdade de Letras da Universidade do Porto, 2019, 14.

FERNANDEZ DURO, C. Tratado de galafateria. Edición Facsímil, ya que el original es del siglo XVII. Barcelona: Llagut, 1995. Se puede leer en el libro VI de las Disquisiciones náuticas del mismo autor.

GONZÁLEZ CRUZ, David e IZQUIERDO LABRADO, Julio. Astilleros, Barcos y construcción naval en tiempos de los descubrimientos: Palos de la Frontera y puertos del litoral onubense (Huelva, Saltés y San Juan del Puerto). En Barcos y construcción naval entre el Atlántico y el Mediterráneo en la época de los descubrimientos (siglos XV y XVI). Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, 2018. p. 51-87.

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Es difícil hallar ilustraciones sobre temas navales y marítimos fuera de este ámbito concreto. En los textos medievales y modernos suelen aparecer animales reales o fantásticos, pero raramente encontramos alguna nave o símbolo acuático. Sólo se dibujan cuando los protagonistas tuvieron un vínculo muy fuerte con el mar, participaron en batallas navales, navegaron frecuentemente o nacieron y vivieron en lugares costeros prominentes. 

Detalle que representa al rey Sancho y a sus dos esposas

Y este es el caso de una genealogía de los reyes de España y de Portugal, del siglo XVI, que aparte de las magníficas ilustraciones sobre estos insignes personajes, como las que se pueden ver en la figura superior, se añaden viñetas alusivas a sus hechos más destacados, entre los que se encuentran batallas navales, grandes viajes por mar, así como vistas de puertos y ciudades costeras. Lisboa es la gran protagonista de las imágenes, una ciudad que durante el siglo XVI se enriqueció gracias a las mercancías que llegaban a su puerto procedentes de multitud de puntos del globo.

Panorámica del puerto lisboeta

Lisboa durante el siglo XVI

En la primera mitad del siglo XVI Lisboa se había convertido posiblemente en una de las ciudades más ricas del mundo. Era ya un mercado de productos de lujo para las elites de toda Europa. El dominio portugués de los mares lejanos le permitió alcanzar nuevos géneros que se intercambiaban con el resto de naciones; además de los productos africanos, llegaban a su puerto especias (pimienta, canela, jengibre y nuez moscada), plantas medicinales, tejidos de algodón y diamantes por la ruta de las naos de la India; las porcelanas Ming y la seda de China, los esclavos de Mozambique y el azúcar brasileño. Además, continuaba el comercio de bacalao con Terranova, los frutos secos y el vino.

Para organizar todo el intercambio y recaudar los correspondientes impuestos, se crearon las casas portuguesas de comercio, como la Casa de la Mina, la de Arguim, la de los Esclavos, la de Flandes y la de la India. Los enormes beneficios sirvieron, entre otros, para la construcción de la torre de Belém y el monasterio de los Jerónimos (que se pueden apreciar en la ilustración inferior).

Galeones y galeras en Lisboa

Los reyes ibéricos, su genealogía

En las hojas de esta obra se dejó espacio para los escudos de cada uno de los personajes que aparecen, aunque muchos están vacíos, sin completar, como los que se pueden observar a la derecha y a la izquierda de los dos personajes principales de la figura siguiente.

Detalle de una de las láminas en la que aparece los reyes de Portugal Alfonso Enríquez y Mafalda. Se pueden apreciar espacios en blanco destinados a miniaturas que no se rellenaron

La obra

Este álbum de reyes, datado en los años treinta del siglo XVI, fue una colaboración entre un autor portugués, Antonio de Holanda, y un vecino de Brujas, Simon Bening. Está formado por 13 hojas separadas, que contienen una genealogía real a página completa cada una, con unas 10 miniaturas y bordes historiados.

Otro detalle del puerto de Lisboa

No está digitalizado todo el manuscrito, así que sólo podemos incluir aquí imágenes de las que se ofrecen en la web de la Biblioteca Británica, institución en la que está custodiado (Londres, British Library, Leaves from the Genealogy of the Royal Houses of Spain and Portugal (the ‘Portuguese Genealogy’) Ms.12531). De cualquier forma, al final aparece el inventario completo.

Los autores

Durante este período los talleres flamencos estaban en plena producción y a la Península llegaban desde allí. En su mayoría iban destinados al rezo, eran de pequeño tamaño y estaban ricamente decorados, como breviarios y libros de horas, pero también para las familias más poderosas se creaban genealogías, con la posibilidad de incluir miniaturas (retratos, escudos y emblemas) a gusto del cliente, dejando espacios en blanco para ello. Era frecuente que estos encargos se realizaran en el taller de Simon Bening, cuya abundante obra le convirtió en el pintor de libros flamenco más importante del siglo XVI. El otro autor, Antonio de Holanda, fue el fundador de la escuela miniaturista desarrollada en Portugal durante la primera mitad del siglo XVI.

Galera de fanal. Probablemente se representa al rey de Portugal, portando sus armas, hacia Tierra Santa, para ayudar a Balduino, rey de Jerusalén

Para concluir

Esta obra, una joya genealógica, es la más importante de los encargos realizados en el taller de Bening. Era para el hermano del rey Juan III de Portugal y posiblemente estuvo en manos de Felipe II de España. Además, posee unas ilustraciones magníficas, algunas de las cuales vinculan a los reyes españoles y portugueses con actividades marítimas, representan puertos, galeras, galeones y una ciudad costera atlántica clave en ese momento: Lisboa. Dibujan el poder naval de las monarquías ibéricas en los inicios de la edad Moderna, cuando tanto España como Portugal lideraban los grandes viajes marítimos interoceánicos. Por lo tanto, es también es una joya patrimonial naval y marítima.

Más información

NOGALES RINCÓN, David. Cultura visual y genealogía en la corte regia de Castilla durante la segunda mitad del siglo XV. e-Spania, 2011.

RAMOS, João. Genealogia dos Reis de Portugal. Biblos (Coimbra), 1934, 10, p. 331.

RODRÍGUEZ VILLA, Antonio, et al. Historia genealógica y heráldica de la Monarquía Española, Casa Real y Grandes de España. 1898.

VILAR, Luis, et alDiccionario histórico, genealógico y heráldico de las familias ilustres de la monarquía española. F. Sánchez à cargo de A. Espinosa, 1859.

Inventario de las hojas que contiene la genealogía de las casas reales de España y Portugal

  • F. 1: Espacio dejado para prólogo. Contiene personajes mitológicos.
  • F. 2: Espacio dejado para el árbol genealógico de Magog. El borde contiene once gigantes de la mitología, con descenso de Unor a Bofind.
  • F. 3: Árbol genealógico de los reyes de León y Castilla.
  • F. 4 y 5: Árbol genealógico de los reyes de Aragón.
  • F. 6: Árbol genealógico que muestra la descendencia de Don Enrique de Portugal de Esteban, rey de Hungría;
  • F. 7 y 8: Árbol genealógico de los reyes de Portugal desde Alfonso Enríquez hasta Alfonso II.
  • F. 9: Árbol genealógico de los reyes de Portugal, que muestra la ascendencia de Sancho Capello y Alfonso III;
  • F. 10: Árbol genealógico de John, duque de Lancaster.
  • F. 11: Árbol genealógico de los reyes de Inglaterra y Castilla.

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Durante el mes de agosto hacemos recopilaciones temáticas, basadas en las series que contiene esta bitácora. Esta semana tratamos los mitos y leyendas marineras.

Un dibujo del globo de Behaim, en el que se puede apreciar una enorme ballena frente a una nave en el océano. Fuente

Muchas veces lo que se narra está entre la realidad y el mito. Es decir, hechos reales se han llenado de misterio y han ido acompañados de sugerentes interpretaciones acerca de cómo tuvieron lugar y de qué forma se desarrollaron. Así, cuando llegan hasta nosotros, sólo la investigación científica puede determinar hasta qué punto acaecieron los hechos narrados y dónde se inicia la leyenda. Otros ya han sido descartados y se han convertido en mitos que a pesar de su interés, no pertenecen a la historia de la Humanidad. De cualquier forma, reales o no, son una parte muy importante de nuestro acervo cultural y siguen teniendo el favor de muchos lectores, que disfrutan leyendo estas magníficas crónicas.

Se han dedicado múltiples entradas a esta temática. Algunas de los más tratadas son los monstruos marinos y los animales fantásticos.

Los monstruos marinos

Una época clave en la representación de los monstruos de los mares fue la de los portulanos y las primeras cartas náuticas. La leyenda de muchos de ellos data de siglos previos, pero su inclusión en los documentos cartográficos se inició a fines de la Edad Media. También en los bestiarios medievales aparecían con cierta frecuencia junto a otros terrestres o con características mezcladas como los de los dibujos siguientes.

En España hubo un género único, que terminó irradiando su sistema a otras naciones, los impresionantes beatos, en los que de vez en cuando se podían ver animales marinos, que sin tener características monstruosas, dada la escena, podían apoyar la visión casi terrorífica que ya existía sobre el mar en época medieval.

Sin embargo, fueron las cartas náuticas las que mejor documentaron ese temor vinculado al mar que durante siglos caracterizó la conciencia europea, poblada de multitud de leyendas.

Entre los dibujos, algunos estaban basados en avistamientos de animales reales a los que la fantasía y el miedo habían transformado en monstruos. Otros eran sólo producto de la imaginación de navegantes y artistas.

Otros animales marinos

En este mundo mítico, ciertos animales que vivían en las profundidades marinas han sido reconocidos a lo largo de la toda la Historia, como el conocido monstruo del lago Ness, la temible serpiente marina, los calamares gigantes y también los magníficos narvales (que, a pesar de que realmente existen en las zonas polares, han estado cubiertos de un manto de misterio, confundidos con caballos, rinocerontes o el irreal unicornio, sin contar las propiedades atribuidas a su mágico diente).

Fotografía de la temida serpiente marina, que es un inofensivo pez remo gigante. Fuente

También otros que viven cerca del mar y nadan en sus aguas, como las iguanas de las islas Galápagos, fueron confundidas con monstruos que atraían la mala suerte y que representaban al mismo demonio, lo que supuso que durante siglos parecieran estar malditas y protagonizar narraciones fantásticas.

Las sirenas, los tritones y resto de figuras con características antropomorfas han estado apareciendo en mapas y cartas durante siglos, muchas veces a modo de aviso a los navegantes y otras para continuar infundiendo el miedo a lo desconocido.

Una sirena en el mapa de D. Gutiérrez (s. XVI)

Islas imaginarias

Una de estas narraciones destaca por su vínculo marítimo, la de San Brandán, que tuvo representación a fines de la Edad Media en manuscritos, de indudable valor artístico y estético. Brandón (el nombre del obispo que dio nombre a la leyenda, que dependiendo del idioma de los navegantes se llamaba Brandán, Borondón, Brandoni, entre otros) era un santo irlandés que vivió en el siglo VI. Lo que dio origen a este relato es el viaje que emprendió por el Océano Atlántico con otros monjes durante 7 años en busca del paraíso. En su derrota encontró diversas islas y en una de ellas dice la leyenda que celebró misa y encendió fuego, pero luego se dio cuenta de que la supuesta isla era una ballena, lo que ha dado lugar a muchas representaciones de este hecho fantástico.

En el profundo y oscuro océano, al que Homero se refería como el negro ponto, también se terminaron incluyendo islas que realmente nunca estuvieron allí. Muchas veces eran reales, pero esa no era su localización correcta (Taprobana, que tuvo otros nombres como Ceilán y que ahora es Sri Lanka) y otras fueron producto de la imaginación de ansiosos autores (Tule, también llamada Tile, o la isla de Brasil). En otras cartas incluso se pudieron situar y nombrar continentes irreales como Lemuria.

La imaginaria isla de Tile en el mapa de Prunes (1559). Fuente

Más leyendas

Igualmente hay muchas e interesante leyendas marítimas vinculadas a barcos fantasma, al nacimiento de lugares como Nueva Zelanda, Madagascar o Singapur, a grandes viajes de sus reyes míticos, príncipes, obispos y de osados navegantes como Piteas. La realidad se mezcla con la ficción en la derrota seguida por grandes exploradores como Marco Polo y Clavijo, entre otros muchos. Incluso con asesinatos de princesas acaecidos en islas conocidas.

Marco Polo partiendo de Venecia en 1271, en una representación procedente de un manuscrito iluminado de finales del siglo XV. Fuente: Bodleian Library

Más narraciones fantasiosas como la del estrecho de Anian, que posteriormente se descubrió que estaba mucho más lejos de lo que inicialmente se suponía, el estrecho custodiado por los monstruos Scila y Caribdis en la bella isla de Sicilia, del que ya hablaba Homero, la de la ninfa que se enamoró de un marinero y la de los delfines que salvaban a náufragos, son buenos ejemplos de ello.

Para concluir

Muchas de estas leyendas se convirtieron en la representación de la mentalidad de la Antigüedad, y de la sociedad medieval y moderna hasta el siglo XVIII, reflejando sus temores y su forma de entender el universo marino, habitado por monstruos. A pesar del terror que solía causar la mar, existían valientes navegantes que hacían frente a estos peligros y se convertían en auténticos héroes. También se solían situar reinos míticos al otro lado del Océano.

Ya, cuando la mentalidad ilustrada empezó a calar en la sociedad, comenzaron a surgir otras historias, que habían dejado atrás parte de esos miedos, pero que mantenían ciertas características, y donde la lejanía hacía volar la imaginación de los autores, pero también de lectores. Así siguen todavía escuchándose leyendas de barcos fantasma, de naufragios encantados que llevan tras de si una potente maldición, el monstruo del lago Ness sigue desatando polémica, los calamares gigantes y otros seres de las profundidades son objeto de estudios científicos. Igualmente la aparición de nuevas islas y las serias amenazas de que otras pueden desaparecer en un futuro relativamente cercano, siguen alimentando la imaginación de muchos y dando rienda suelta a diversas interpretaciones. Todos son textos, escritos para todo los gustos, donde el mar es el vínculo y el porcentaje de realidad que contienen va cambiando sensiblemente.

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Un farmacéutico alemán del siglo de la Ilustración, Alberto Seba, que consiguió ganar mucho dinero con sus fórmulas, dedicó parte de su riqueza a una afición: el coleccionismo. Vendió su primera colección al zar ruso Pedro I el navegante. Con los años vio lo importante que podía ser publicar un catálogo sobre sus ejemplares y lo que de ellos había aprendido. Así surgió esta magnífica obra, espectacularmente ilustrada, que dedica muchas de sus hojas a animales y plantas del mar.

Pez globo

El autor

Seba había nacido en Etzel (Alemania) en 1665. Cuando era joven viajó extensamente por su patria y por Holanda para aprender el oficio de boticario. En 1696 decidió instalarse en Ámsterdam y se convirtió en un conocido y destacado ciudadano. Allí amasó una considerable fortuna, que dedicó a sus intereses sobre la historia natural. Reunió un gabinete notable de curiosidades que se hizo mundialmente famoso. Se puede obtener más información sobre el autor en el libro de Engel de 1937 citado en la bibliografía.

Seba, con 66 años, tal y como apareció en su libro

Seba es conocido por sus colecciones de esta temática que contenían objetos de todo el mundo. Su lugar de residencia, Ámsterdam, le permitió negociar con marinos procedentes de muchas regiones lejanas, a los que a veces proporcionaba remedios y pócimas a cambio de ejemplares de tierras remotas.

Una de las láminas con crustáceos

Su publicación

En 1717 vendió su primera colección al zar Pedro el Grande de Rusia por 15.000 florines. Según su inventario, estaba compuesta por 72 cajones de conchas marinas, 32 de insectos y unos 400 tarros con animales conservados en alcohol. Posteriormente, ésta pasó al Museo de San Petersburgo.

Pero pronto comenzó a hacer una nueva colección que contenía muchas especies marinas, a las que contribuyó a identificar. Su interés por mantener los ejemplares adquiridos lo llevó a usar procedimientos de conservación frecuentes en la práctica médica, como ceras, aceites y otros ungüentos.

Detalle de una de las láminas

Seba publicó una obra que contiene descripciones y dibujos de los objetos de su colección. Consta de cuatro grandes volúmenes que contienen 449 láminas y un texto explicativo. Su título en latín es «Locupletissimi rerum naturalium thesauri exactta descriptio, et iconibus artificiosissimis expressio per universam physices historiam», cuya traducción es Descripción exacta de las principales curiosidades naturales del magnífico gabinete de Alberto Seba. El libro es conocido como el «Tesauro». Para las ilustraciones contrató a 13 grabadores y dibujantes.

Portada del libro de Seba

Se publicaron en dos ediciones, que aparecieron simultáneamente y que son exactamente iguales, excepto por el idioma del texto, ya que una apareció en latín y holandés y en la otra en latín y francés.

Otra de las láminas con distintos tipos de peces

La organización de este trabajo es bastante peculiar, ya que suele predominar la parte estética sobre la científica, y a veces en las láminas aparecen animales de distintas zonas geográficas. A pesar de ciertos déficits, es la obra más reconocida del siglo XVIII por su carácter universal, ya que contiene la mayor cantidad de representaciones sobre organismos vivos de su época. De hecho, el gran Linneo, el creador de la primera clasificación de los seres vivos, lo cita a menudo en su obra Systema Naturæ. Esto apunta claramente a lo relevante que fue su trabajo. Sobre el mundo marítimo es una de las primeras y de las más completas colecciones.

 Representación de moluscos gasterópodos

La estética

Un vistazo detallado aclara el motivo por el que se habla de que en este libro hay más de estética que de Ciencia. Realmente algunas de las láminas parecen obras de arte formadas con elementos naturales, como la que se puede contemplar abajo.

Lámina con motivos decorativos

Pasados ya varios siglos desde su publicación, no parece que sea una carencia, sino una ventaja, la idea de presentar este patrimonio natural con forma de obra de arte, ya que ésta contribuye a poder sumar valor. Este es el motivo porque el traemos esta obra, que sin perder de vista la Ciencia, la adapta y contribuye a enriquecerla con elementos estéticos haciéndola más atractiva y divulgativa.

Representación con motivos decorativos hechos con gasterópodos

Una de las ediciones de la obra, Locupletissimi rerum naturalium thesauri…., fue publicada en Ámsterdam entre los años 1734 y 1765, y está disponible en el repositorio digital de la Biblioteca Nacional de Francia.

Más información

BOESEMAN, Marinus. The vicissitudes and dispersal of Albertus Seba’s zoological specimens. Zoologische Mededelingen, 1970, 44, 13, p. 177-206.

ENGEL, Hendrik. The life of Albert Seba. 1937.

ENGEL, H. The sale-catalogue of the cabinets of natural history of Albertus Seba (1752). Bulletin of the Research Council of Israel, 1961, 131, 15, p. 119.

HOLTHUIS, Lipke Bijdeley. Albertus Seba’s» Locupletissimi rerum naturalium thesauri…»(1734-1765) and the «Planches de Seba» (1827-1831). Rijksmuseum van Natuurlijke Historie, 1969.

PÉREZ, Salvador. El gabinete de Albertus Seba. Blog Taxidermidades, 2017.

 

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Durante la Edad Media lo que hoy llamamos la «visión del mundo» era muy restringida. Las invasiones y la inseguridad que supusieron habían generado un miedo atroz a lo desconocido,  lo que sumado a la poca alfabetización y a los temores procedentes de las creencias religiosas, cerraron el horizonte de la mayoría de la población. Más allá del mar había un océano impenetrable, lleno de monstruos. También surgían precipicios gigantescos que era imposible salvar. Estas visiones eran muy comunes y están magníficamente recogidas en los beatos medievales.

naves

En el siglo VI un obispo español, San Isidoro, comenzó a dibujar el mundo conocido. La forma que eligió para hacerlo definió durante siglos las representaciones cartográficas en toda Europa y nos ha dejado los mapas conocidos por la forma que tenía, denominados «T en O», que tuvieron algunas variaciones durante todo el periodo medieval.

Los mapas «T en O»

Los mapas T en O (discarios, Orbis Terrarum) son cartogramas que se hicieron a partir del Orbis Terrarum romano, pero su origen medieval está claramente en las Etimologías de San Isidoro.

Mapa T en O de San Isidoro

El mundo, tal y como se concebía en esos momentos, era el ecumene y las aguas formaban el Océano, dos conceptos aparentemente simples, que la Teología terminó haciendo mucho más complejos. Intentaba reflejar en ellos los textos sagrados y buscaba metáforas con las que los cristianos pudieran identificar y comprender muchos de los fenómenos que les rodeaban. Eran la representación de la visión teocéntrica medieval.

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Discario con preciosos barcos recorriendo las aguas. Fuente: Proyecto Clio

En un primer momento estaban divididos en tres zonas (que forman la T), que se corresponden con las 3 masas continentales entonces conocidas, que aparecen rodeadas de agua (que dan forma a la O). Jerusalén se consideraba el centro del mundo, obedeciendo con ello a lo anunciado en las escrituras de Ezequiel. La parte oriental (donde estaban la ciudad santa y el paraíso) aparecían arriba, mientras que los otros continentes se desplazaban a la parte inferior.

Otro mapa T en O, que aparece en el Liber Floridus (S. XII)

Las aguas separan los continentes, que articulados según una forma de T, hacen alusión a la cruz. El mar Mediterráneo aparece entre Europa y África, en el eje vertical del dibujo. En el otro eje, dos ríos, el Nilo y Tanais (el Don actual) separaban Europa del continente asiático. Posteriormente fueron añadiéndose otros mares, como el Mar Negro (Ponto Euxino) y varios ríos. Solían aparecer también los nombres de los 3 hijos de Noé asociados a cada continente (Sem en Asia, Cam en África y Jafet en Europa).

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Mapa de T en O, contenido en La Fleur des Histoires (1459-1463). Fuente

Años más tarde fueron surgiendo variaciones como la forma cuatripartita, introduciendo un nuevo continente del que hablaba ya San Isidoro, delimitado por el mar Eritreo, que lo separaba de África.

T en O cuatripartita

Representación de la visión cuatripartita según Woodward 1985

Aparte de esta visión plasmada en los Beatos, hubo una corriente que desarrolló la idea isidoriana de otra forma. Se dio sobre todo en Inglaterra y sus máximos exponentes son los mapas de Ebstorf y Hereford. No abandonan del todo la parte esférica, pero desarrollan elementos distintos. La última versión de esta forma de ver el mundo es el planisferio de Fra Mauro (siglo XV).

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El mapa del Salterio (siglo XIII). Fuente: British Library, Ms. 28681 fol-9r

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Mapa del Polycronicon de Higden. Fuente: British Library

La tierra no era plana

Woorward afirma que, al contrario de lo que podría pensarse inicialmente, la adopción de este esquema no implica necesariamente la asunción de la planicie de la tierra. Los grandes padres de la iglesia (San Agustín, Plinio o Macrobio) heredaron de la Antigüedad clásica la idea de la esfericidad del planeta. Esta visión no entraba en contradicción con la doctrina cristiana. La representación de la tierra en un esquema de T en O se debe, más bien a las dificultades técnicas de reproducción de una superficie esférica en un plano, superadas sólo hacia el siglo XV con el re-descubrimiento de la Geografía de Ptolomeo.

Este “ideograma geométrico” –la T dentro de la O– formó el centro de toda la producción cartográfica medieval, al menos hasta la aparición y el desarrollo de las cartas portulanas, portadoras de una visión radicalmente distinta. La cartografía medieval representaba, por lo tanto, una mezcla de imaginación, terror y creatividad única, algunas de cuyas obras hoy podemos contemplar digitalizadas.

Más información

ARIZA MORENO, Valentina. En torno a la cartografía medieval. Forma: revista d’estudis comparatius. Art, literatura, pensament, 2009.

Cartografía de la Alta Edad Media. Valdeperrillos, 2007

Caleidocarto. 2016.

GÓMEZ ARANDA, Mariano. Teorías astronómicas y astrológicas en el «Comentario de Abraham Ibn Ezra al libro del Eclesiastés». Sefarad, 1995, 55, 2, p. 257-272.

OLCINA CANTOS, Jorge y RICO AMORÓS, Antonio M. (ed.). Libro jubilar en Homenaje al Profesor Antonio Gil Olcina. Versión ampliada. Alicante: Universidad, 2016. 

WOODWARD, David. Reality, symbolism, time and space in medieval world maps. Annals of the Association of American Geographers, 1985, 75, 4, p. 510-521.

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