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En esta entrada nos centramos en el viaje que un embajador español, Ruy González de Clavijo, acometió a principios del siglo XV (entre 1403 y 1406) hasta las fronteras de Samarcanda, en misión real para hablar con el sultán Tamerlán, un gran caudillo mongol. En esos momentos a los reyes cristianos les parecía que el gran sultán podía ser el único capaz de detener el avance turco en Europa. Unos años antes, una embajada previa dirigida por Paio Gómez de Sotomayor había abierto las puertas a una posible alianza.

Ilustración alusiva al viaje de Clavijo, en el Observatorio de la ciudad de Samarcanda. Fuente

El relato de González de Clavijo habla de las conquistas del sultán, describe las posesiones que logra reunir (desde el norte de la India hasta el Cáucaso, incluyendo toda Mesopotamia) y que administra desde Samarcanda (hoy en el actual Uzbequitán)  Aquí nos centramos en su viaje por mar, que fue casi la mitad del camino recorrido.

Derrotero del viaje de Clavijo a principios del siglo XV. Fuente

Como se puede ver en el mapa, tuvieron que utilizar la ruta marítima desde Cádiz hasta Trebisonda (en la frontera noreste de Turquía) así como el viaje de retorno. Sin embargo, los distintos cambios de embarcaciones, unidos a tormentas (especialmente cruentas en las costas italianas y turcas, así como en el Mar Negro), mala mar, vientos contrarios y toda una serie de amenazas, como una epidemia de peste, estuvieron a punto de arruinarles el viaje. Sin embargo, finalmente consiguieron llegar a la corte de Tamerlán y luego regresar con noticias de éste para el rey hispano.

La embajada

Aunque se tratara de una embajada real mandada por Enrique III, rey de Castilla y de León, no contaban sus miembros con ninguna embarcación oficial, sino que tuvieron que procurarse los medios de transporte necesarios a lo largo de su periplo. El texto de Clavijo describe tres tipos diferentes de naves: carraca, nao y galeota.

El 21 de mayo de 1403 salió del Puerto de Santa María (Cádiz) para recorrer unos 9000 kilómetros, con una pequeña comitiva de unas 20 personas. Contaba entre ellos con la ayuda de Mohamad Al Qazl, embajador del sultán. También es posible que utilizara cartografía de la época, como el portulano de Cresques. Del puerto partieron en dos carracas, una para el viaje y otra como escolta inicial.

El portulano de A. Cresques, s. XIV, que representa el Mediterráneo. Fuente: Gallica

El viaje por mar

Bordearon toda la costa española, deteniéndose cuando los factores climáticos impedía la navegación. Al cabo de unas cinco semanas ya había alcanzado la costa italiana, en el puerto de Gaeta, donde el mal tiempo les retuvo unas dos semanas. Cerca de Amalfi, una de las antiguas repúblicas marítimas más conocidas, estuvieron a punto de naufragar:

 “…vieron caer del cielo dos ramos como de humo, que llegaron hasta el mar, y el agua subió por ellos tan aína, y tan recio con gran ruido, que las nubes hinchó de agua, y oscureció y nubló el cielo, y arredráronse con la carraca cuanto pudieron, ca decían que si aquellos ramos acertaran a tomar a la carraca, que la podrían anegar”.

Tormentas, olas de calor, nieblas y vientos huracanados

No sería éste el último de los muchos sucesos que pondrían en serio peligro la vida de esta embajada. Cerca de Lipari sufrieron otra tormenta, en la que perdieron las velas y se rompió el timón de la nave, aunque con la ayuda de un piloto de Mesina lograron llegar a puerto. En las islas griegas una ola de calor en el verano de 1403 dificultó aún más la navegación. Al pasar cerca de la costa turca el peligro aumentó, unido a vientos contrarios y calma chicha, por lo que tuvieron que emplear dos semanas en recorrer la distancia que separa Kos de Chíos, unos 200 km. Partieron de la isla de Chíos a medianoche, llegando al amanecer a la altura de Psara. Esa noche el viento rompió las velas, desencadenándose después una gran tormenta que les arrastró hasta las inmediaciones de la costa turca, decidiendo entonces ir hasta la isla de Lesbos (Mitilene) para arreglar las velas.

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Una parte del trayecto por las islas del mar Egeo, entre Grecia y Turquía

A la semana siguiente parten hacia el Estrecho de Dardanelos. El viento contrario, sin embargo, les retuvo en aquella posición más de una semana. Ese día se enteraron de que se había declarado la peste en uno de sus puertos de destino, Galípoli. Tras muchos sufrimiento consiguieron llegar hasta allí, donde pudieron ver más de cuarenta galeras y naos, propiedad de los turcos, de lo que dejaron constancia.

Constantinopla y el mar Negro

Días después llegaron a Constantinopla, donde fueron recibidos por el emperador Manuel II, quien les proporcionó una galeota veneciana con la que llegar a Trebisonda. Tuvieron que esperar hasta el 14 de noviembre para hacerse de nuevo a la mar.

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En esta zona marítima tuvo lugar uno de los episodios más dramáticos que hubo de vivir la delegación castellana en sus tres años de periplo. Una vez iniciada la navegación, se levantó un gran temporal que hizo naufragar la galeota y por si eso fuera poco apareció una carraca contra la que pensaron que iban a chocar, aunque al final no fue así. Todos creyeron que iban a morir:

 “y las olas del mar hacían tan altas, que quebraban y entraban por el un borde, y salían por el otro, y la galeota trabajaba mucho y hacía mucha agua, y en poca de hora, tal como la gente, que los más no hacían ya de sí cuenta, salvo esperar la merced de nuestro benditísimo Señor Dios”.

Afortunadamente nadie murió y pudieron salvar sus pertenencias, aunque se quedaron sin la nave. No pudieron retomar la navegación hasta el mes de marzo, y lo hicieron a bordo de una galeota de 19 bancos. Para alcanzar la ciudad de Trebisonda tardaron casi otras tres semanas, pues las persistentes nieblas y las grandes olas retrasaron constantemente la navegación. A partir de ese momento el itinerario fue terrestre.

Trevisonda

Antiguo dibujo de la ciudad de Trebisonda

La expedición llega a Samarcanda

Desde Trebisonda hasta su llegada a Samarcanda, la velocidad habitual de los desplazamientos para cualquier comitiva se consideraba que era de unos 20 o 30 kilómetros diarios. Tardaron meses en llegar a la capital y días en que el gran Tamerlán los recibiera.

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El gran Tamerlán

A pesar de que los embajadores tuvieron una buenísima acogida, la muerte del sultán les obligó a volver a su tierra natal cuanto antes. Así, el 21 de noviembre de 1404 están ya de regreso, desandando el camino realizado el verano anterior, aunque modificando parcialmente el trazado de la ruta.

Samarcanda

El viaje de vuelta por mar

Casi un mes más les llevó la travesía hasta Constantinopla, desde donde pusieron rumbo a Génova, a bordo de dos carracas. En febrero de 1406 llegaron a Sanlúcar de Barrameda. A pesar de tanta desventura y los casi tres años de itinerario, los embajadores castellanos pudieron rematar la misión diplomática en marzo de 1406, informando a su rey.

Un viaje más propio de una novela que de la vida real, pero que sin embargo aconteció y sobre el que uno de sus protagonistas escribió un libro. Toda una experiencia marítima.

Más información

GONZÁLEZ DE CLAVIJO, Ruy. Historia del gran Tamorlan e itinerario y enarracion del viage, y relacion de la embaxada que Ruy Gonçalez de Clavijo le hizo, por mandado del muy poderoso señor rey Don Henrique el Tercero de Castilla. Y un breve discurso. En Sevilla : encasa [sic] de Andrea Pescioni, 1582. Hay otras ediciones posteriores, como la publicada en Madrid, en 1782.

LÓPEZ ESTRADA, Francisco. Ruy González de Clavijo. La embajada a Tamorlán. Relato del viaje hasta Samarcanda y regreso (1403-1406)Arbor, 2005, 180, 711/712, p. 515-535.

VILLALBA RUIZ DE TOLEDO, Francisco Javier. Fatigas y contratiempos del viaje en los albores del siglo XV: el relato de Ruy González de ClavijoISIMU (Revista sobre Oriente Próximo y Egipto en la Antigüedad), 2017, 18.

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Este mapa del mundo es del siglo XIX y, como puede deducirse nada más verlo, cambia la posición de los continentes y deja el centro en el Océano Pacífico. Está firmado por el japonés Takahashi Kageyasu (1785-1829), que contó con la ayuda del astrónomo Hazama Shigetomi y del intérprete holandés Baba Sajūrō. Tras el autor de este levantamiento cartográfico se esconde una historia de supuestos espías, de hermetismo y de traición, que hoy resulta difícil entender. Tanto Kageyasu como su obra son desconocidos en España, a pesar de que utilizó como meridiano de referencia un punto de la geografía del país, la isla del Hierro (Canarias), tal y como se había sido fijado a nivel mundial hacía dos siglos (en 1634).

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Peculiaridades

La primera impresión se realizó en 1810. Más tarde se revisó la región de Asia Oriental y se grabó esta versión en 1816. Se utiliza la información que se obtuvo de la exploración de 1809, liderada por el explorador japonés Mamiya Rinzō (1775-1844) para estudiar la isla de Sajalín (al norte del país).

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Los hemisferios laterales

En las cuatro esquinas aparecen en tamaño más pequeño sendos mapas; uno de ellos (en la parte superior izquierda) muestra Kioto en el centro. Esta característica hace que sea una creación típicamente japonesa. Aunque originalmente se imprimió en 16 partes, esta copia, procedente de la Biblioteca Nacional de la Dieta en Japón, está dividida en dos secciones.

Otro de los mapas laterales ofrece una perspectiva del mundo con el punto central puesto en el Ártico.

El autor y su encarcelamiento por traición

Takahashi Kageyasu, su autor, era por entonces funcionario japonés de la Oficina de Astronomía del sogunato. Fue encarcelado por su gobierno cuando se descubrió que había hecho copia del mapa de una de las islas de Japón (éste aparece al final de la entrada) y se lo había entregado a un médico alemán, Philipp D.B. von Siebold, que pretendía salir del país con él.

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El encarcelamiento de Kageyasu estaba dentro de la férrea política del gobierno japonés durante el período Edo (1603-1867), ya que por temor a la influencia del cristianismo y de las fuerzas extranjeras, no solo prohibió a sus ciudadanos viajar al extranjero, sino también comerciar y traficar con otros países aparte de Corea, China y Holanda.

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El mapa de la actual Hokkaido, que se cree que fue el que le costó la vida al astrónomo japonés. Fuente: Biblioteca Nacional de la Dieta (Japón)

Por este motivo uno de los cartógrafos más importantes de su país murió en la cárcel, acusado de traición. El médico a quien le hizo llegar el mapa volvió a Alemania y allí se hizo famoso por sus estudios sobre Japón.

Más información

FUNAKOSHI, Akio. A study of the first handwritten version of “Shintei bankoku zenzu (Newly revised world map)” prepared by Takahashi Kageyasu. Studies in Geography, Nara Women’s University, 1992, vol. 4, p. 1-64.

FRUMER, Yulia. Making Time: Astronomical Time Measurement in Tokugawa Japan. Chicago: University Press, 2018.

KEENE, Donald & WATANABE, Kazan. Frog in the well: Portraits of Japan by Watanabe Kazan, 1793-1841. Columbia University Press, 2006.

KINDA, Akihiro. Nature of old maps As primary source materials for historical geographyEarth Sciences, 2018, vol. 7, p. 260-267.

MCCAFFREY, Olivia. The Evolution of Japanese Cartography. Kaleidoscope International Journal, 2017, p. 20-42.

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El gobernante del imperio mongol Kublai Khan (fines del siglo XIII), conocido por las crónicas de Marco Polo, decidió continuar aumentando su territorio y mandó una inmensa flota para conquistar las tierras de Japón en dos oleadas sucesivas, en los años 1274 y 1281. Fue posiblemente una de las armadas más grandes del mundo, pero no la más efectiva, ni la mejor. Aunque todavía queda mucho por descubrir de esta historia, que durante siglos se creyó que nunca tuvo lugar, ya hay evidencias claras de que ocurrió. En ella se mezclan invasiones con tifones, tormentas e intervenciones divinas, y a partir de ese momento surgió uno de los términos más conocidos procedentes de la lengua japonesa: los kamikazes, que, sin embargo, en ese momento estaban vinculados con la propia naturaleza, no con la batalla.

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Kublai Khan recibiendo a los mercaderes venecianos de la familia de Marco Polo

La primer invasión frustrada

La primera invasión fue en el año 1274. La armada estaba compuesta por unos 900 barcos y 28.000 hombres. La resistencia de los míticos guerreros samuráis fue dura, pero lo que decidió el fin del enfrentamiento fue una fuerte tormenta, que hizo que los mongoles fracasaran, y que los que quedaban, parece ser que menos del 30% de los que llegaron, tuvieran que retirarse.

Pero Kublai, el 5º Kan del imperio mongol, el nieto del famoso Gengis, no se iba a rendir. Intensificó la construcción naval hasta límites insospechados, ordenó fabricar miles de barcos y de recuperar otros. Mandó espías a la península indostánica a copiar las técnicas ancestrales para construir naves que habían hecho famosos a los navegantes indios y, por supuesto, incorporó los conocimientos navales de muchos de los territorios conquistados, como por ejemplo los utilizados en la construcción de los juncos, los conocidos barcos chinos.

Los barcos mongoles

Las naves que construyó llevaban a menudo más de las 9 velas que la mayoría de las embarcaciones contemporáneos utilizaban, algunas incluso alcanzaron hasta doce. La investigación arqueológica japonesa en la costa de Kyushu, llevada a cabo entre los años 1991 y 2003, demostró que esos barcos tenían camarotes y compartimentos estancos (como los grandes juncos chinos) para la carga, y que la comida se almacenaba en tarros de barro.

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Junco chino del siglo XIII

A partir de los hallazgos arqueológicos de Takashima, en la bahía de Imari (al sur de Japón), el tamaño de los barcos mongoles se estimó que era el doble que el de sus homólogos europeos. También estaban equipados con dispositivos explosivos en forma de bombas de cerámica. Aunque no está claro si las catapultas-bombas fueron lanzadas desde los barcos, o simplemente eran transportadas y desembarcadas para utilizarlas en la playa.

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Cerámica hallada cerca de Takashima, que se cree que eran granadas. Fuente: Kimura (2014)

La segunda invasión fracasada

Cuando el gran Kan pensó que su flota sería ya invencible, planeó la segunda invasión. Era ya el año 1281, y esta vez envió una armada mucho más grande, con 3.500 barcos y cerca de cuarenta mil soldados chinos, coreanos y mongoles, junto con otros cien mil soldados del sur de China (Vu Hong Lien, 2014).

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Una pintura que refleja el enfrentamiento entre los samuráis y las tropas mongolas en 1281. Fuente: Vu (2014).

Según cuentan las crónicas, en la costa de Kyushu los japoneses vieron llegar una gran flota. Uno de los lugares donde tuvo lugar este enfrentamiento fue en Takashima.

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Dos de los lugares (en Japón y en Vietnam) en los que se hicieron prospecciones y estudios científicos. Fuente: Kimura (2014)

Se iniciaron los combates en tierra, los samuráis defendían como mejor podían su tierra, amenazada de ser invadida por la superioridad numérica de las tropas mongolas. Pero, sin embargo, cuando algunos de los guerreros japoneses alzaron la vista se dieron cuenta de que las naves habían desaparecido. La intervención divina fue la más clara explicación a un fenómeno que ni siquiera hoy es fácil de entender.

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El enfrentamiento en un dibujo. Fuente: Fundación Paul Getty

La fuerza que salvó a Japón de la invasión

Realmente parece que pasaron 3 meses combatiendo y que la causa de que la gran armada de Kublai Khan fracasara las dos veces fue la fuerza de la naturaleza, ya que dos grandes tifones (y no se sabe si algún tsunami) la arrasaron. También es verdad que estas naves, posiblemente más preparadas para navegar sobre ríos y lagos, que fueron decisivas en la conquista de China, no estarían demasiado bien construidas para afrontar un fenómeno tan importante como pudo ser un tifón.

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Efectos de un tifón en la actualidad (2018)

En una serie de informes basados ​​en los hallazgos submarinos se llegó a la conclusión de que, en su urgencia por crear una gran armada, Kublai Khan incluyó barcos del comercio e incorporó los que capturaron durante la invasión de China, pero muchos de ellos eran de fondo plano, para navegar por ríos, por lo que no estaban preparados para el mar. Los arqueólogos marinos japoneses también descubrieron que los tablones utilizados para algunas de las naves habían sido mal reciclados. 

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Restos de un buque mongol que participó en una de la batallas del S. XIII. Fuente

Los tifones

Un tifón o tromba marina es un remolino de aire, en el cual la componente vertical del viento es muy intensa (hasta 360 km/h.). El viento gira de abajo hacia arriba con gran fuerza, en torno a un núcleo de aire descendente.

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Llamados en ese momento “Kamikaze”, la ocurrencia y verdadera intensidad de estos legendarios tifones han sido estudiadas en el lago Daija para proporcionar una visión histórica cerca de la ubicación de las invasiones mongolas. Para completar el estudio se han analizado registros sedimentarios de varios lugares cercanos, y también se amplió la muestra varios siglos antes y después de este hecho, para tener una visión más amplia de los posibles sucesos, de su frecuencia de aparición y periodicidad.

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Localización y zona estudiada por Woodruff (2015)

Las comparaciones confirman que hubo mayor actividad de los tifones regionales durante las invasiones de los mongoles, debido a la dirección preferencial de las tormentas hacia Japón, impulsadas por una mayor actividad del fenómeno de El Niño en esa época. De hecho, se clasifican como dos ciclones tropicales intensos, que ocasionaron las inundaciones más significativas en los últimos 2000 años.

Para concluir

Esta increíble historia, que fue real, nos enseña lo importante e imponente que es la fuerza de la naturaleza, así como su impacto en la Historia de la Humanidad. Y el nombre de los tifones, Kamikaze, nos trae el recuerdo de la II Guerra Mundial, en la que el emperador japonés decidió nombrar a sus famosos pilotos suicidas como el fenómenos atmosférico que siglos antes había salvado a su país de la invasión. El “viento de Dios”, que es la traducción del término “kamikaze”, en esta ocasión no cambió el rumbo de la Historia, ya que los aliados ganaron la guerra.

Más información

DELGADO, James P. Khubilai Khan’s Lost Fleet: In Search of a Legendary Armada. Berkeley: University of California Press, 2008.

KIMURA, Jun, et al. Naval Battlefield Archaeology of the Lost Kublai Khan Fleets. International Journal of Nautical Archaeology, 2014, 43, 1, p. 76-86.

SASAKI, Randall J. The Origins of the Lost Fleet of the Mongol Empire. Texas A&M University Press, 2015.

VU HONG LIEN, Warder. The Mongol Navy – Kublai Khan’s Failed Invasions in Southeast-Asia, 2014.

WOODRUFF, J. et al. Depositional evidence for the Kamikaze typhoons and links to changes in typhoon climatology. Geology, 2015, 43, 1, p. 91-94.

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De todas las acciones de piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros, esta semana vamos a presentar una actividad muy poco común en este contexto, la realización de un atlas. En la ficha catalográfica de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos se recoge que fue levantado por bucaneros y para bucaneros, aunque quizá éste no sea el término más adecuado para identificar a quienes recorrían las rutas asiáticas (indias orientales) atacando embarcaciones.

atlas bucaneros. Guzarat India. Detal

Un atlas que no era oficial

Es un atlas de las indias orientales (A description of the sea coasts … in the East Indies), que aparte de lo atractivo que pueda parecer debido a las características de sus protagonistas, es de gran interés por las descripciones tan detalladas que realiza de las zonas cartografiadas. Recoge los antiguos nombres de lugares que hoy ya se han perdido, por lo que es de gran ayuda como fuente toponímica y geográfica.

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Introducción del atlas

Contenido

Se ocupa de las costas de África oriental, India y resto de Asia oriental en 105 cartas. Cada una contiene una breve descripción con información sobre sondas, distancias y hechos relacionados con el fondeo y la navegación de los ríos y costas. Es conocido como el “atlas del Bucanero”, ya que parece que es el resultado de la experiencia de un pirata que actuaba en el Mar del Sur, el capitán Bartholomew Sharpe, que W. Hack, el autor de este atlas, documentó con pluma, tinta y acuarela en 1690.

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Isla Johanna (Anjouan). Atlas de los bucaneros (1690)

Es un manuscrito coloreado, especialmente con las banderas de los reinos y repúblicas que controlaban las costas, que orienta sobre lo que un navegante “no deseado” puede hallar cuando aviste tierra.

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Parte de Malasia y de Sumatra. Entre ellas se puede ver el estrecho de Malaca, que era un lugar donde ocurrieron grandes naufragios. Atlas de los bucaneros (1690)

A pesar de que está escrito en inglés, recoge nombres con grafía de otros idiomas, como el portugués.

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Índice de lugares, se puede apreciar que aparecen términos en otros idiomas

Presenta ciertos rasgos estéticos dignos de admirar, como las sencillas rosas de los vientos, los dibujos figurados de algunos grandes templos, edificios y construcciones portuarias. También se cuida de utilizar un tipo de letra caligráfica y de distinguir con el tamaño diferentes lugares. Los nombres de los mares, por ejemplo están muy bien rotulados y se ven rápidamente.

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Uno de los rótulos que figuran en el atlas, esta vez acompañado de una rosa de los vientos

Esta joya del patrimonio, de especiales características, actualmente forma parte de los magníficos fondos de la División de Geografía y Mapas de la Biblioteca del Congreso de Washington.

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¿Sabe cuál es el motivo de que en el mar Negro se estén encontrando pecios griegos y romanos casi intactos?¿cómo es que aquí se conservan tan bien y en muchos lugares del Mediterráneo se han perdido para siempre? ¿hemos descubierto un túnel del tiempo?

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Localización del mar Negro

La historia de este mar explica el “milagro” de la conservación, y da muchas pistas sobre antiguas y desconocidas culturas establecidas en sus orillas hace miles de años, antes de que las civilizaciones sumeria, egipcia y minoica florecieran como tales.

El mar Negro en un antiguo portulano

Previamente a explicar la situación es necesario aclarar que las investigaciones no han acabado, que se dan múltiples desacuerdos en las fechas y en la magnitud de las catástrofes acaecidas, pero las evidencias son tan claras que ya no hay lugar a dudas de lo acontecido.

Cómo surgió la cuenca del actual Mar Negro

Es el resultado de los múltiples ajustes entre dos placas tectónicas, la euroasiática y la africana. Esta cuenca se creó hace millones de años. Parece que formó parte de un antiguo mar conocido como Tetis o Paleotetis. Con el fin de la última glaciación, por la bajada del hielo de los glaciares, se llenó de agua dulce. Era entonces un lago enorme.

En sus orillas se establecieron distintos pueblos, que tenían en este paisaje prácticamente todas las necesidades básicas cubiertas. Existen evidencias, por ejemplo, de una cultura agraria situada en la actual Bulgaria, que fueron grandes orfebres, como lo muestra el tesoro de Varna, el más antiguo del mundo.

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Una muestra del tesoro de la necrópolis de Varna

Hace entre 10000 y 7500 años, según autores, el mar Mediterráneo inundó literalmente este antiguo lago, convirtiéndolo ya en un mar. Esta inundación fue rápida, amplió la cuenca anterior y barrió muchos de los asentamientos primitivos establecidos en las costas.

Durante la Antigüedad clásica fue una importante encrucijada, nudo de comunicaciones y de comercio, amén de los viajes de exploración como el de Jasón y los argonautas, o las guerras que importantes autores como Homero nos transmitieron, entre ellas la de Troya (el rapto de Elena).

La doble capa de agua del mar Negro

A pesar de que en su época este hecho fue una auténtica catástrofe ambiental, es el que ha permitido la conservación de las naves que en tiempo antiguo naufragaron en el mar Negro. En su fondo las aguas apenas contienen oxígeno (son anóxicas).

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Profundidad en las distintas áreas del Mar Negro

A partir de cierta profundidad (entre 70 y 150 metros, según la región) las aguas contienen una elevada cantidad de sulfuro de hidrógeno, lo que impide la presencia de oxígeno y, por tanto, la vida marina, que es el factor biótico que más contribuye a degradar los restos hundidos.

Para los arqueólogos es uno de los mayores laboratorios submarinos del mundo, ya que conserva los pecios mejor que cualquier otro medio.

Algunas de las ciudades costeras más importantes del Mar Negro. Fuente

De todos los proyectos que han surgido, uno de los más ambiciosos es el de Arqueología Marítima del Mar Negro (Black Sea MAP), formado por investigadores ingleses, estadounidenses y búlgaros, descubrió recientemente el “naufragio intacto más antiguo del mundo“.

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Sin embargo, este no es el único, sólo el más antiguo. En los fondos se han hallado hasta el momento más de 60 pecios de naves romanas, bizantinas, otomanas y cosacas. Todo un maravilloso y fantástico mundo por descubrir…

Más información

BRENNAN, M.L. et al. Ocean dynamics and anthropogenic impacts along the southern Black Sea shelf examined through the preservation of pre-modern shipwrecksContinental Shelf Research, 2013, 53, p. 89-101.

Mar Negro. EcuRed (s.f.)

Mar Negro. GeoEnciclopedia (s.f.)

OCAÑA PÉREZ, C. Un cementerio de barcos revela más de 2.500 años de Historia naval bajo las profundidades del mar Negro. El Mundo, 28 septiembre 2017.

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A lo largo de la historia ha habido gobernantes que a la faceta guerrera y política han sumado la de su apoyo a la cultura y a las artes. Esta característica se puede hallar entre reyes, emperadores, kanes, zares, sultanes, faraones y todo tipo de grandes señores de cualquier época. También estaban los que, además, ellos mismos eran destacados humanistas.

Provincia de Guangdong (Cantón) en el sur de China. Mapa del Nouvel atlas de la Chine, de la Tartarie Chinoise et du Thibet (1737). Biblioteca del Congreso de Washington

Un buen ejemplo lo podemos encontrar dentro de la dinastía china Qing, originaria de Manchuria, en un emperador que reinó durante 60 años, llamado Qianlong (1736-1795). Llegó al poder en un momento particularmente fascinante de la historia de China, ya que era una de las naciones más ricas y pobladas del mundo.

El emperador Quianlong a caballo (1757). Museo del Palacio de Beijing

A pesar de los buenos momentos, existían problemas internos como consecuencia de las batallas por conquistar nuevos territorios como Tibet, Vietnam, Mongolia o Turquestán, y también rebeliones de minorías étnicas. Esto supuso que los reyes chinos se volcaran en sus guerras internas, de ellas algunas tuvieron lugar en el mar y quedaron inmortalizadas en dibujos y grabados. Entre las obras hemos hallado varias en las que las flotas navales son las protagonistas, ya que el medio marino se utilizaba para el transporte, así como en las campañas de conquista y represión emprendidas.

Un emperador artista

Qianlong se dedicó por un lado a preservar y fomentar sus tradiciones guerreras-cazadoras manchúes, a la vez que adoptaba los principios de Confucio sobre el liderazgo político y cultural. Había estudiado pintura, le gustaba dibujar y practicar la caligrafía. Fue también un apasionado poeta y ensayista.

Caligrafía china del s. XVIII

Supo combinar su pasión por coleccionar arte con el papel de preservador y restaurador del patrimonio cultural chino. No tuvo inconveniente en incluir en su colección piezas de otras culturas, tanto de sus vecinos asiáticos (Japón e India) como de la lejana Europa. En este último empeño un jesuita italiano, Giuseppe Castiglione, ejerció una gran influencia. Y precisamente en este punto podemos situar la colección de grabados en cobre que el emperador chino encargó en Francia, para dejar constancia de sus éxitos en la guerra.

Los grabados en cobre

Son una serie realizada a partir de placas de cobre, que datan de la segunda mitad del siglo XVIII encargados por Quianlong, y que representan sus campañas militares en las provincias interiores de China y a lo largo de las fronteras del país. El encargo tuvo como destino París, que en esa época era hogar de algunos de los mejores artesanos europeos que trabajaban en esta técnica. Los primeros 16 grabados se hicieron en Europa, pero posteriormente los aprendices chinos de los jesuitas produjeron series de grabados en Pekín, que difieren notablemente en estilo y elaboración de los de la serie de París.

Cruce del océano y regreso triunfal

Como muestra para los grabadores franceses se usaron una serie de pinturas realizadas por artistas misioneros europeos, empleados entonces en la corte de Pekín (los jesuitas Giuseppe Castiglione, Jean-Denis Attiret e Ignatius Sichelbarth y el agustino italiano Jean-Damascène Sallusti).

Las imágenes que aparecen en esta entrada son de las 12 primeras encargadas en París, que representan la campaña contra Taiwán de 1787 a 1788, en la que las tropas chinas lideradas por el general Fukang’an vencieron la insurrección armada.

Captura de Zhuang Datian con vida

Las naves chinas

Debido al interés que tienen estas naves, hemos realizado ampliaciones de algunas de ellas para que se puedan apreciar más detenidamente los detalles.

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Batalla en Fangliao. Junco chino de dos palos, con guerreros en la cubierta, echando a pique a una embarcación enemiga.

Podemos apreciar juncos y sampanes chinos en plena batalla naval.

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Juncos chinos de dos palos vistos por la amura de estribor, con soldados en la cubierta.

Estos grabados, que inicialmente fueron encargados para glorificar las batallas del emperador, hoy son testimonio de una época de esplendor del imperio chino, nos permiten apreciar detalles de las embarcaciones utilizadas y también sirven para deleitarse con estas obras de arte, que conjugan técnicas orientales y europeas en placas de cobre.

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Un sampán a cuatro remos por banda cargado de soldados. En la popa un soldado maneja un mosquete o fusil, otros llevan lanzas y al que va de proel se le aprecia una aljaba con flechas.

Más información

Los grabados son un conjunto de 64 piezas que forman parte de la colección del Departamento de Asia Oriental de la Biblioteca Estatal de Berlín.

Exposición de piezas de la época de Qianlong en Atenas (2018-19).

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En nuestro mundo actual existen lugares que son como laboratorios naturales, que sirven a los científicos para conocer qué pasó en tiempos muy remotos o cómo va a evolucionar el planeta en los próximos milenios. Además, de sus recursos se están extrayendo elementos que pueden paliar y curar ciertas dolencias. Muchos de estos parajes son de naturaleza acuática, y dado el desconocimiento que existe sobre este medio, del que algunos investigadores sostienen que apenas conocemos el 5%, es muy recomendable saber más de estos espacios.

Uno de ellos es el lago Baikal, en Rusia, que durante millones de años ha facilitado la vida a los pobladores de sus orillas, ha proporcionado alimento y curas para ciertas enfermedades, y se convertía en vía de comunicación cuando se helaba. Ostenta el título de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1996.

Hoy la Ciencia tiene una deuda con esta extensión de agua dulce, que permite entender cómo fue la vida hace milenios, pero que también está proporcionando datos sobre cómo se formaron los océanos y parece que también es el embrión de uno nuevo.

El Lago Baikal

Este gran lago está ubicado en un lugar remoto de Rusia, cerca de Mongolia, en el sureste de Siberia y mide unas 3.15 millones de hectáreas. Tiene varios récords, como el de ser el más antiguo (25 millones de años) y el más profundo del mundo (alcanza los 1.637 m.). Su lecho está cubierto de sedimentos acumulados durante todo este tiempo, por lo que se calcula que tiene una capa de un espesor cercano a los 7 kilómetros.

Comparación de la profundidad de tres grandes lagos

Contiene el 20% de la reserva total de agua dulce no congelada del mundo. En invierno se convierte en una llanura blanca moteada de espectaculares montículos de hielo, cuya transparencia insólita se debe a la pureza de sus aguas.

Tiene una de las faunas más ricas e inusuales de la Tierra, debido a su edad y al aislamiento geográfico. Alberga 848 especies únicas de animales que no se pueden encontrar en ningún otro lugar.

Foca del Lago Baikal (Pusa sibirica) llamada también nerpa. Fuente.

Ha sido considerado un lugar sagrado y, de hecho, aún se pueden hallar en sus orillas algunas de las tallas que ciertas tribus levantaron allí. Entre las divinidades vinculadas con el agua destaca Uha Loson (o Usan Khan), el señor de los espíritus del lago (Sarengerel, 2000).

Golomianka (Comephorus). Este pez habita en el lago Baikal, tiene una piel transparente, sin escamas ni vejiga natatoria. Fuente.

La Ciencia estudia el lago Baikal

Una de sus ventajas, especialmente para quienes viven cerca, es que el agua es tan transparente y posee tanta calidad que se considera potable gracias a la concienzuda limpieza que efectúan los microorganismos que habitan en ella (incluso se estudia el uso de algunos de ellos para limpiar derrames de petróleo en otras aguas). Hay un pequeño cangrejo llamado epishura que filtra el agua a través de su organismo y contribuye a mejorar la calidad de ésta. De hecho, se puede ver el fondo a 50 metros de profundidad.

Además de la riqueza biológica, que es de un valor excepcional para la ciencia evolutiva, se sabe que su agua tiene propiedades curativas, y de hecho todavía hoy se usa para algunos tratamientos de salud.

El lago también resulta apropiado para capturar neutrinos, unas partículas muy esquivas que pueden suministrar datos de la estructura del espacio y de lo que sucede en otras galaxias, así como en la nuestra. Por ello se ha instalado en él un inmenso telescopio.

Está naciendo un nuevo océano

Pero el lago Baikal no es sólo importante por sus cristalinas y medicinales aguas y su riqueza biológica para estudiar el pasado, o para conseguir remedios para recobrar la salud, sino que recientes estudios de científicos rusos parecen mostrar que su crecimiento anual es la prueba de que se está formando un nuevo océano en su fondo.

El geólogo Dr. Sergey Krivonogov ha coordinado un importante estudio sobre la región, y concluyó que Baikal es un océano embrionario. Aunque admite que todavía faltan análisis, tras revisar los procesos tectónicos acaecidos en los últimos 700.000 años en la placa terrestre donde se asienta el Baikal, se ha comprobado que las orillas del lago se separan unos 2 milímetros al año, mientras que las montañas circundantes aumentan cada año entre 5 y 6 milímetros, lo que hace pensar que se está formando un océano y que, sino hay variaciones, éste emergerá dentro de unos millones de años.

Mare Baikal

Lago Baikal en un mapa del s. XVIII. Fuente: Biblioteca Nacional de España

Así que esta extensión de agua que ya ostenta varios records (la más grande, la más profunda y la más antigua), parece ser que también es el origen del futuro océano que en unos cientos de  miles de años va a surgir.

Más información

COSTLOW, J. & ROSENHOLM, A. Meanings and Values of Water in Russian Culture. London: Routledge, 2016.

Lake Baikal to become a new ocean – but not for 20 million years, say scientists. The Siberian Times, 2017.

The Old Man or The Sea. Volcano Cafe, 2016.

Video. 2′

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