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Posts Tagged ‘Edad Moderna’

Esta es la segunda parte de una serie dedicada a las cartas planas. En la primera se definieron y estudiaron sus elementos característicos. En esta segunda vamos a explicar cómo se usaban estos magníficos instrumentos, que en tiempos pasados servían para conocer el posicionamiento y la dirección en la que se debía navegar. Fueron las que durante mucho siglos se utilizaron en el mar Mediterráneo para la navegación costera o de cabotaje.

Detalle de una carta de 1571. Se puede apreciar la escala enmarcada, que se usaba para medir las distancias. Autor F. V. Dourado. Fuente: Archivo Nacional de Torre do Tombo (Lisboa)

Cómo se medían las distancias

Para saber la distancia que había entre dos puntos se empleaba el compás, utilizando una escala denominada tronco de leguas, que puede apreciarse en el dibujo inferior.

Habitualmente aparecía en el cartucho, la zona en la que siglos después también se incluirían el título y resto de datos de la carta. Otras veces se situaba en el centro o en uno de los extremos del documento.

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Tronco de leguas decorado. Detalle de una carta portulana del s. XVI. Fuente: BNE

Cómo determinar el rumbo

Para conocer el rumbo que había que seguir, se trazaba la línea entre los puntos 1, de posición actual, y 2, a donde se quería ir. Situando el compás en el nudo (ombligo o rosa) más próximo, se tangenteaba la línea de derrota 1-2.

Forma de medir distancias con el compás. Fuente: Fondevila, 2011

Deslizando el compás sobre esta línea se determinaba y trazaba el rumbo a seguir. A esta operación se le llamaba acompasar.

Un compás del siglo XX de la colección de P. Fondevila.

En las cartas aparecen, por lo tanto, un conjunto integrado de datos, que una vez interpretado es fácil de entender, y que servía a los navegantes para orientarse en el mar. Poco a poco, con este tipo de información podemos conocer más en profundidad, y sobre todo valorar mejor, a los antiguos marinos que se aventuraban en inhóspitos y desconocidos mares, cuya destreza, valentía y coraje son dignos de admirar.

Se pueden localizar cartas planas digitalizadas en la Biblioteca Digital Hispánica y en Gallica, entre otros.

Más información

FONDEVILA, SILVA, P. Diccionario Español de la Lengua Franca Marinera Mediterránea. Murcia: Fundación Séneca, 2011. 494 p.

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En el siglo XVIII con la apertura de las academias españolas de formación de oficiales (conocida como la Academia de Guardiamarinas) estudiaron cerca de un 10% de alumnos extranjeros. Algunos sólo entraron para formarse y luego regresaron a su país de origen. Otros muchos se quedaron e hicieron carrera en la Armada española. Unos pocos son muy conocidos, por lo que han recibido más atención como por ejemplo Gravina o Malaspina.

Cadiz

La ciudad de Cádiz dibujada por Gethe

Sin embargo, de la mayoría apenas sabemos su nombre o algún dato más (aunque en algunas webs sí que le hayan dedicado espacio a varios de ellos). En una reciente tesis doctoral del Dr. Francisco Moreo, defendida dentro del programa de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval, se trataban algunos de estos interesantes personajes. Por ello sintetizamos para nuestros lectores los hitos más importantes del oficial con mayor número de años de servicio desarrollados en la Real Armada durante todo el siglo XVIII y las primeras décadas del XIX.

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El edificio construido a principios del s. XIX para albergar la Escuela de Guardiamarinas de Cartagena

Los cadetes procedentes de la península itálica supusieron un importante porcentaje entre los extranjeros. Este hecho no es nada casual, ya que las relaciones entre ambos territorios peninsulares son tan antiguas y, en muchas ocasiones tan fuertes, como la propia historia.

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Carta náutica de la ciudad y del puerto de Génova. S. XVIII. Fuente: BNE

El oficial al que le dedicamos una entrada esta semana procedía de la República de Génova, estaba emparentado con el gran almirante, y también príncipe, Andrea Doria y llegó a ser Teniente General. Sirvió en la Real Armada Española la increíble cifra de 64 años.

Andrea Doria. Effigies Regum, 1598. Fuente: BNE

Marcelo Spínola y Tribucci

Había nacido en Génova en 1755 y era hijo de la nobleza genovesa que prestaba servicios a Carlos VII, soberano de los Reinos de Nápoles y de Sicilia. Cuando este rey llega a España en 1759, ya como Carlos III, la suya fue una de las familias que le acompañaron a su nuevo reino.

A la edad de 16 años se incorporó a la Academia gaditana (1771). Terminados sus estudios teóricos con resultados satisfactorios en tan sólo 2 años (este corto periodo de tiempo es el que necesitaron, también, otros ilustres oficiales como los hermanos Ciscar), realizó las preceptivas prácticas de mar embarcando en el jabeque Pilar, el 8 de diciembre de 1773, zarpando en misión de corso y al año siguiente, ya como oficial, participó en el socorro de Melilla.

A partir de ese momento el corso ocuparía una parte importante de su vida militar, ya que intervino en numerosas acciones por las que recibió ascensos, dada su capacidad y buen hacer. Formó parte de las escuadras de relevantes e insignes comandantes como Luis de Córdoba, José Solano, Antonio Barceló, Francisco Hidalgo de Cisneros. José de Mazarredo, José Justo Salgado y Cayetano Valdés.

En agosto de 1787 dejó este destino, ya que había sido elegido para hacer el Curso de Estudios Mayores en Cartagena. Al terminarlo fue enviado al Observatorio de San Fernando y allí permaneció hasta 1793.

Edificio del Real Observatorio Astronómico de Cádiz

También realizó diversas misiones en América, portando caudales, escoltando  convoyes y llevando pertrechos donde eran requeridos. Tuvo una fuerte vinculación con los departamentos marítimos de Cádiz y de Cartagena, ya que en ellos ocupó importantes cargos, tanto militares como políticos.

La gran cruz de la Órden de San Hermenegildo

Su último destino fue en Cádiz, ascendido ya a Teniente General de la Armada, en 1829, hasta que le llegó la muerte en 1836, habiendo recibido la recién creada Orden Real y Militar de San Hermenegildo, con el grado de Gran Cruz.

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Fuente: MOREO, F. Tesis doctoral.

Este oficial de origen genovés, que murió cumplidos ocho decenios, estuvo sirviendo en la Real Armada Española nada más y nada menos que casi 64 años. Todo un record.

Más información

Biografía de don Marcelo Spínola y Tribucci. Blog Todoavante, 2015.

DE PAULA PAVÍA, F. Galería bibliográfica de los Generales de Marina, Jefes y Personajes Notables desde 1700 a 1868, vol. III. Madrid: Imprenta J. López Mayor, 1873, pp. 543-548.

FERNÁNDEZ DURO, C. Armada Española desde la Unión de los Reinos de Castilla y de Aragón. Madrid: Museo Naval, 1973. Vol. VIII, entre los años 1789-1808, pp. 192, 209, 210, 493, 497.

GARCÍA-TORRALBA PÉREZ, E. Navíos de la Real Armada 1700-1860. Madrid: Fondo editorial de ingeniería naval, Colegio oficial de Ingenieros Navales y Oceánicos de España,  2016.

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Leonardo Da Vinci es uno de los genios universales más reconocidos. Fue un importante humanista, anatomista, artista y ejerció otra decenas de habilidades difíciles de encontrar en un solo ser humano. Esa capacidad le ha hecho ser el padre, o el primero, que trató multitud de disciplinas que hoy está consolidadas, pero que en el Renacimiento, la época en la que él vivió, ni siquiera existían.

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Una de estas genialidades llevó a Leonardo a preguntarse sobre el motivo por el que en la cadena montañosa de los Alpes había esqueletos y restos de animales marinos incrustados en la roca. No entendía cómo era posible que hubieran llegado a alturas de más de 2000 metros sobre el nivel del mar.

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Fósiles de ammonites encontrados en los Alpes franceses. Eran unos cefalópodos marinos parecidos al Nautilus actual que habitaron los mares de la Tierra desde el Devónico hasta el Cretácico. Fuente

Existía una explicación muy general que lo atribuía al diluvio universal, ya que tras esta catástrofe muchos animales pudieron salir despedidos hasta las montañas y morir allí, motivo por el que se habían encontrado sus restos a esa altitud.

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Una imagen de los Alpes actuales

Leonardo puso en duda esta teoría, ya que no encontraba pruebas de que sucediera de esta manera, por lo que decidió estudiar el tema por su cuenta y analizar algunos de los restos encontrados.

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Un fósil dibujado por Leonardo. Códice de Leicester

Terminó planteando la hipótesis de que estos sedimentos habían sido empujados y elevados hasta formar las montañas actuales por algún movimiento de la corteza terrestre. Hoy sabemos, gracias a la Geología, que lo que realmente ocurrió es que hace millones de años el continente africano empujó al europeo, y como resultado de estas fuerzas surgieron los Alpes. La colisión de las dos placas continentales fue un fenómeno lento pero extraordinariamente potente y violento.

Este proceso, denominado obducción, provoca que, como resultado del choque, se incrusten una sobre la otra, provocando que el terreno se pliegue y forme las montañas. En algunos casos, un fragmento de placa oceánica (del mar que existía entre ambas placas) queda atrapado y se desliza sobre el continente, lo que explica que aparecieran fósiles marinos en las montañas alpinas.

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Fósiles de peces hallados en los Alpes

A modo de síntesis, este genio universal también trató la temática marítima, ofreciendo explicaciones novedosas a incógnitas como el hallazgo de restos de criaturas marinas (fósiles) a más de 2000 metros de altura sobre el nivel del mar, en la cadena montañosa de los Alpes. Con su análisis ofreció una de las primeras pistas sobre la tectónica de placas, la Ciencia que estudia la estructura de la Tierra y los deslizamientos continentales que llevan ocurriendo sobre el manto terrestre desde hace millones de años.

Más información

DAVYDOV, Vladimir & KRAINER, Karl. Facies and biostratigraphy of the Late Carboniferous/Early Permian sedimentary sequence in the Carnic Alps (Austria/Italy)Geodiversitas, 1998, 20, 4, p. 643-662.

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Esta es la tercera entrega dedicada a el mundo de las galeras, con la que abrimos otra nueva etapa en la que nuestro experto, el Dr. Pedro Fondevila Silva, además de redactar los textos, los acompaña de dibujos realizados por él o bajo su dirección, muchos hechos expresamente para que se pueda entender mejor la forma de vida en estas embarcaciones.

Las galeras llevaban, aparentemente, un único árbol. Sin embargo, documentación de archivo y una imagen contemporánea de la toma de Túnez (1535), nos muestran la existencia de otro (el trinquete) en un lateral de la corulla. Este árbol y su vela eran de pequeño tamaño, y más que para proporcionar propulsión, servía para ajustar el centro vélico de la galera, en función de la vela que llevase mareada y de dónde recibía el viento. El trinquete, cuando no se utilizaba se estibaba en una de las bandas de la corulla.

Cartones de los tapices de la Conquista de Túnez. Castillo de Ambras, Innsbruk.

La galera imperial que aparece en la imagen superior es de la conquista de Túnez y está amainando la vela. El trinquete está abatido. Todas las piezas que iban montadas sobre los maimones y maimonetes han sido retiradas y solamente se mantienen las de las cureñas. Como las galeras van a batir el fuerte de la Goleta, llevan, para proteger a la gente de la corulla, una arrumbada y sus dos contraarrumbadas. Pero la estructura no es de firme, sino desmontable.

Volviendo sobre las velas, veamos la estructura de la entena. Especialmente interesante es el espigón, que servía para alargar la pena y envergar la vela de mayor tamaño de las dos que tenía el árbol de mestre, que contaba también con una vela cuadra, el treo, para correr fortuna.

Por último, en la galera de la imagen inferior el timonel va sobre el sobredragante, por fuera del tendal, manejando el timón de codaste o a la bayonesa. La nave está desarbolada y transporta fajinas para hacer baluartes para la artillería en tierra. El pequeño pabellón de la popa será sustituido, en la segunda mitad del siglo XVI, por la carroza.

Galera con las empavesadas montadas para proteger la cámara de boga.

Nota:

Rogamos a nuestros lectores que si hacen uso de la información y/o de las imágenes que aquí aparecen, por favor citen esta entrada. Añadimos la referencia bibliográfica, que se puede adaptar a los distintos sistemas de citación:

FONDEVILA SILVA, P. Arboladura de las galeras del siglo XVIII. Blog de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval. 2018. Disponible en: https://blogcatedranaval.com/2018/03/29/arboladura-de-las-galeras/

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Hay muchas historias del mundo, pero no es común y menos a fines de la Edad Media, hallar obras en las que las ilustraciones de temática naval tengan una presencia importante. Traemos esta semana una de ellas, que contiene impresionantes miniaturas, en las que aparecen unas embarcaciones utilizadas en la guerra en el mar, las cocas, comentadas por nuestros expertos en Historia de la construcción naval.

La embarcación representada es una coca hanseática que está haciendo la aguada del pozo representado en el dibujo. Dos hombres suben por la plancha, con una percha apoyada en sus hombros, un barril relleno de agua que va sujeto por dos estrobos.

Las cocas

Eran una embarcaciones usadas en época medieval que arbolaban tres palos. Uno era el trinquete con vela redonda, otro el mayor con una gran vela redonda que daba impulso a la nave, con una cofa en el extremo y el último un mesana con una pequeña vela latina. Usadas habitualmente para el transporte comercial, también se utilizaban en el traslado de tropas y los enfrentamientos navales a fines de la Edad Media.

La coca de Mataró. Modelo que se ha reproducido en muchas ocasiones por modelista navales y aficionados. Su fabricación se estima sobre 1450 y tiene detalles notables que dan una idea muy acertada de cómo era la construcción de ese tipo de barco en aquel momento

La obra

Esta es la edición del siglo XV de un texto mucho más antiguo, llamado Trésor de sapience (Tesoro de Sabiduría), que recoge la historia de la Humanidad desde su creación hasta el siglo I d.C.

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Dos cocas de guerra desembarcando tropas por la plancha. En la popa de la embarcación en primer plano se puede ver el timón de codaste (de roa o a la bayonesa). Sobre el casco son visibles las cintas, fila o traca de tablones más gruesos y fuertes que los restantes del forro y que refuerzan el casco.

Es un excelente ejemplo de los libros seculares que encargaban los grandes mecenas del momento. Destacan seis miniaturas significativas, que separan los capítulos, de estilos variados y que son muy imaginativas.

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Al fondo, varias cocas de guerra desembarcando tropas por la plancha. En la cofa (o gavia), que corona el palo, pueden verse lanzas y hierros que se lanzaban contra el enemigo

Se ocupa tanto de la historia sagrada como de la secular. De esta última, por ejemplo, trata la historia de Tebas, Troya o Britania; la de Roma desde Rómulo y Remo (en la imagen inferior) hasta la derrota de los galos y los emperadores romanos hasta Adriano; los reyes italianos después de Eneas, así como de Alejandro Magno y los gobernantes posteriores.

Romulo y remo

La imagen representa a la ciudad de Roma, primero con el nacimiento de los gemelos  Rómulo y Remo, y posteriormente cuando éstos son amamantados por la loba, a la orilla del agua

Los copistas e ilustradores

Parece que fue iluminado por Loyset Liédet y Willem Vrelant y acabado en Brujas entre 1470 y 1480. La obra está ejecutada en letra bastarda de Borgoña y escrita por diferentes autores.

Embarcando

Abordaje de una coca de guerra por la plancha que tiene dada a tierra. En la embarcación son de destacar el timón a la bayonesa y las cintas que refuerzan el casco.

En síntesis, una obra anónima, bellamente ilustrada en los albores del Renacimiento, encargada por un noble, al más puro estilo de la época, que recoge entre sus imágenes una embarcaciones medievales, las cocas. Una joya desconocida, pero digna de admirar.

Este volumen forma parte de la colección del Museo de Arte Walters (EE.UU).

Más información

ABULAFIA, David. El gran mar. Una historia humana del Mediterráneo. Barcelona: Edit. Crítica, 2013.

NÁJERA, F. La navegación y el comercio marítimo en la Europa medieval. 2012.

VILLAIN-GANDOSSI, C. Le navire médiéval à travers les miniatures. Paris: Centre National de la Recherche Scientifique, 1985.

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Este impresionante atlas del siglo XVI pertenece a la escuela de Dieppe, un centro de formación renacentista francés que se caracterizó por su magnífica decoración en los márgenes de las cartas, llenas de color y porque en el interior de ellas incluye también escenas de la época. Es muy desconocido, a pesar de que es de gran utilidad para saber los conocimientos geográficos del momento.

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Una embarcación manca dibujada en las aguas del O. Atlántico. Atlas Vallard

Los contenidos

Al comienzo de la obra trata el ciclo solar y añade un calendario. La parte cartográfica propiamente dicha se compone de 15 portulanos sobre pergamino, en los que el sur se halla en la parte superior, como ocurre muy frecuentemente con la cartografía medieval, especialmente en la tradición musulmana.

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Carta de África oriental.  Está orientado al sur. Atlas Vallard.

Las tres primeras cartas recogen una parte de la costa de Asia y posiblemente de lo que hoy es Oceanía. Las siguientes representan territorios africanos, americanos y europeos.

Hiapania - Vallard

La Península Ibérica. Originariamente esta imagen aparece girada 180º (orientada al sur), pero la hemos vuelto para que se pueda apreciar mejor. Si se observa detenidamente, las figuras están cabeza abajo por la orientación original.

Por supuesto, en este atlas están cartografiados algunos mares, como el Océano Atlántico, el Adriático o el Mar Egeo.

O Atlántico

Carta del Océano Atlántico

La nomenclatura aparece en letras minúsculas, con tinta de colores negro y rojo, y en dorado para las áreas geográficas.

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Carta de Java. Detalle de la escena. Atlas Vallard.

La autoría

Se suele atribuir al navegante y cartógrafo francés N. Vallard (que lo firmó en 1547). A pesar de que es de la escuela franca, tiene un fuerte componente luso, y ésto puede ser porque su autor se inspiró en cartografía procedente de este reino.

Portada Atlas Vallard

Portada del atlas, en la que aparece el nombre de Nicolás Vallard bajo la esfera armilar

Peculiaridades e innovaciones

Un rasgo muy destacable de esta obra es que parece que muestra una parte de la costa de Australia más de 200 años antes de que algunos marinos peninsulares y Cook llegaran al continente austral. En la escuela de Dieppe se representaba a menudo este territorio, entonces desconocido, pero del que posiblemente tenían noticias por viajes previos, crónicas indígenas o textos antiguos.

Insulindia

Parte sur del este del continente asiático (Indias orientales y “la Java”). Se puede apreciar en la parte inferior la costa que algunos autores atribuyen a Australia. La carta se ha girado 180º para que se pueda apreciar bien el territorio cartografiado. Atlas Vallard.

También en él encontramos una de las primeras representaciones del territorio canadiense, de sus habitantes, de su fauna y flora.

Canda Vallard

Detalle de la carta de América del Norte. Escena del Atlas Vallard

Variaciones

Las cartas numeradas como 14 (Mar Adriático) y 15 (Mar Egeo) parecen ser obra de otro autor, ya que cambia la técnica cartográfica y estilo artístico. Hay variaciones muy visibles, como en la del Mar Egeo, en la que la orientación no es al sur, sino al este.

Mar Egeo Vallard

Detalle del Mar Egeo. La carta está orientada al este. Atlas Vallard.

Aparte del carácter técnico, lo más destacable son sus escenas de la vida cotidiana de los habitantes de los lugares cartografiados, tanto las que aparecen en las cartas como las que incluye en los márgenes. Sin que sean demasiado realistas, ya que tienen cierto carácter bucólico y fantástico (por ejemplo, la presencia del Preste Juan en África responde a un mito medieval), son de una gran belleza y estética.

Preste Juan

El supuesto reino del Preste Juan en África. Escena del Atlas Vallard

Otro aspecto muy visible son las magníficas rosas náuticas (numerosas en cada carta, con las habituales 32 líneas de rumbo en negro, rojo y verde para las direcciones principales), las embarcaciones y los monstruos marinos que aparecen dibujados.

Carta de Java. Detalle. Atlas Vallard

Hay varias copias de este atlas, una en la Universidad de Berkeley (de la que hemos tomado estás imágenes, agradeciendo la cortesía) y otra en la colección Huntington (California, EE.UU.), de la que la editorial Moleiro ha hecho un facsímil. 

En síntesis, el desconocido atlas Vallard suma al interés como fuente y como documento básico para entender las geografía más avanzada de la época, las escenas dibujadas, tanto dentro como en el margen de las cartas, además de su increíble belleza.

Más información

HERVÉ, R.  Découverte fortuite de l’Australie et de la Nouvelle-Zélande par des navigateurs portugais et espagnols entre 1521 et 1528. Paris: Bibliothèque Nationale, 1982.

 

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Tomás López (1730-1802) fue un reconocido cartógrafo español que llevó a acabo importantes mapas terrestres de la Península Ibérica. Pensionado para mejorar su oficio en París, donde trabajó con grandes maestros como La Caille o Lalande, tuvo además la oportunidad de aprender previamente con ilustres e ilustrados marinos de la época como Jorge Juan y Antonio de Ulloa, que fueron los que se encargaron de enviarlo a estudiar fuera de nuestras fronteras. También fue miembro de varias academias españolas.

Un impresionante navío grabado en la portada de una de su obras, el Atlas Geográfico de España. Fuente: BNE

Durante su fructífera vida profesional fue geógrafo real, cartógrafo, editor y grabador de mapas. La Real Academia de la Historia ha publicado un  estudio detallado sobre su vida y su obra. Fundó su propio taller de cartografía y en esta ingente labor sus hijos, Juan y Tomás Mauricio, fueron muy importantes, ya que aprendieron con su padre y siguieron su camino una vez que éste falleció.

Detalle de la parte inferior de la portada del atlas para niños de Tomás López. Fuente: BNE

La cartografía terrestre

Sus mapas fueron reunidos en atlas y posteriormente se imprimieron. La labor de López ayudó a mejorar el conocimiento de la geografía española, aunque no llegó a levantar mapas de elevado nivel científico. Incorporó en ellos la nueva organización administrativa borbónica (divisiones civiles, eclesiásticas y jurisdiccionales) y contribuyó a difundir su conocimiento por los pueblos de España.

Mapa Mundi (1771) del Atlas Geográfico de España. Fuente: BNE

Realizó otros mapas generales y particulares de multitud de territorios extranjeros y de casi todos los continentes. Sin embargo, a pesar de que Tomás López fue uno de los grandes cartógrafos civiles de la Ilustración, su producción de cartas náuticas es prácticamente desconocida. Precisamente por ello en este blog le dedicamos nuestra atención.

Mapa marítimo del Golfo de México e Islas de la América (1755). Detalle. Fuente: BNE

Las cartas náuticas

Tomás padre grabó una Carta náutica de la Baja California (1771) con objeto de que “viesen los ingleses, que entonces cruzaban aquellas costas, el conocimiento, propiedad y posesión que teníamos sobre ellas” y las relacionadas con la expedición que llevó a cabo en 1777 Pedro de Cevallos a Brasil. Igualmente las cartas del Estrecho de Gibraltar (1762), Canarias (1780) y el “Mapa marítimo del Golfo de México e islas de la América”, junto a Juan de la Cruz (1755), entre otras.

Mapa de las costas del Estrecho de Gibraltar (1762). Fuente: BNE

Sus cartas y mapas costeros reflejan multitud de detalles y fue todo un experto en usar, citándolas, las obras de otros autores previos, con lo que se puede decir que documentó, posiblemente mejor que otros muchos, la geografía y la cartografía de su época. Todas están depositadas en la Biblioteca Nacional de España (BNE).

Carta reducida de las Islas Canarias (1780). Fuente: BNE

Hasta sus últimos días siguió mejorando su producción antes de llevarla a la imprenta. Luego tomaron sus descendientes el testigo. Así, algunas de las que ilustran esta entrada fueron realizadas por su hijo Juan.

Carta marítima del reino de Tierra Firme (1785), realizada por Juan López. Es el actual país de Panamá. Fuente: BNE

La familia de Tomás López era dueña de una imprenta, que cambió de domicilio en varias ocasiones (como se puede apreciar en el pié de sus obras). Además de la cartografía, Tomás padre redactó libros sobre cómo enseñar geografía a los niños, manuales, catálogos y un sinfín de textos que demuestran su prolija carrera y que hoy nos permiten apreciar su legado.

Rosa de los vientos que aparece en la carta del Estrecho de Gibraltar. Se han incluido comentarios y anotaciones. Fuente: BNE

Sus trabajos no alcanzaron el nivel de los grandes cartógrafos militares del momento (que levantaban mapas con datos recién obtenidos y sobre el terreno), pero la minuciosidad en la recogida de información y el gusto por el detalle convierten a cada una de sus cartas en una mini-biblioteca geográfica y, además por la belleza de los documentos, en verdaderas obras de arte, dignas de exponerse.

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