Por Alberto Hoces-García, profesor de Historia de América de la Universidad de Murcia
Cuando se estudia la Armada del siglo XVIII es fácil recordar los grandes nombres, los navíos o los combates navales. Pero hay una estrato menos visible y, aún así, decisivo: cómo se conseguían y mantenían las tripulaciones en territorios inmensos, con puertos desiguales, normas que tardaban en llegar y autoridades que no siempre remaban en la misma dirección.

La expedición de Jorge Juan y Antonio de Ulloa
Por ello, la mirada de los marinos Jorge Juan y Antonio de Ulloa en su expedición por Sudamérica resulta especialmente valiosa. No solo por su prestigio científico y militar, sino porque observaron de cerca la realidad del Mar del Sur, el espacio pacífico hispanoamericano, y dejaron escrito un diagnóstico que ayuda a entender por qué el reclutamiento fue uno de los grandes cuellos de botella de la política naval borbónica.

Ambos oficiales formaron parte de esa generación ilustrada que combinaba experiencia de campo, ambición reformista y capacidad de escribir sobre lo observado. Su testimonio interesa porque no describe una teoría ideal de la Armada, sino su funcionamiento real en la América de la costa pacífica: distancias gigantes, comunicaciones lentas, escasez de recursos y una administración que, en la práctica, dependía de acuerdos locales continuos.
El primer hallazgo: una brecha constante entre norma y práctica
Uno de los elementos más reveladores de sus observaciones es la distancia entre lo que mandaban los reglamentos y lo que ocurría en los puertos del Pacífico americano. Las órdenes llegaban tarde, incompletas o con lagunas; las necesidades eran, por lo general, inmediatas y los mandos locales resolvían como podían cada situación para que los buques salieran a la mar.
Dicho de otro modo: el sistema podía tener una lógica en Madrid, pero en el Pacífico (y en el resto de América) funcionaba con adaptaciones permanentes. No era una excepcionalidad anecdótica, sino la rutina administrativa.

El segundo hallazgo: sin marinería estable no hay política naval sostenible
Juan y Ulloa notaron un problema estructural y que aún hoy vertebra la doctrina de muchas marinas militares: si reunir tripulación dependía siempre de urgencias, favores y soluciones de último minuto, la Armada perdía continuidad. Y, si pierde la continuidad de personal, se ve afectada la operatividad, la economía y la institucionalidad. La operatividad porque se retrasan los armamentos y se dificulta sostener campañas largas. La economía porque los costes de movilización son mayores cuando se realizan a demanda y con prisas. Y, finalmente, la institucionalidad porque se generan fricciones entre mandos navales, autoridades civiles y élites locales.

Sin embargo, un punto muy interesante de sus anotaciones es que, en el Pacífico, todo lo anterior no era tan grave. Es más, existían vías pragmáticas relativamente eficaces: la selección de voluntarios por capitanes, el recurso a redes de confianza y los arreglos locales para completar dotaciones con rapidez. ¿Por qué funcionaba esto en la región? Por la sencilla razón de que ni Gran Bretaña, ni Francia, ni Holanda tenían una presencia destacada, ni bases desde las que operar.

El Mar del Sur como laboratorio de la Monarquía
Leídas en conjunto, estas observaciones muestran algo más profundo: el Mar del Sur no era periferia irrelevante, sino un laboratorio de gobernanza imperial. Por eso, el diagnóstico de Juan y Ulloa no es solo una fotografía regional. Es una advertencia sobre los límites del sistema cuando la Monarquía pretende intensificar su esfuerzo naval en el Atlántico y el Caribe en las décadas siguientes.

El diagnóstico de los marinos ilustrados anticipa así la necesidad de pasar de un modelo de reclutamiento “de campaña” a otro con mayor previsión administrativa. No significa que la futura regularización (la Matrícula de mar y su extensión a ultramar) resolviera todo. Significa que, sin instrumentos más estables, la Armada llegaba tarde a sus propias necesidades. La experiencia del Mar del Sur ayudó a evidenciarlo antes de que la presión bélica de fin de siglo lo volviera innegable.

Para acabar
Jorge Juan y Antonio de Ulloa interesan no solo como figuras de la Ilustración, sino como analistas de una fragilidad concreta: la del sistema humano que sostenía la fuerza naval hispana en América. Su mirada combina detalle práctico y visión estructural. Muestra una Armada capaz de adaptarse, sí, pero demasiado dependiente de improvisaciones locales para un escenario internacional cada vez más exigente. En ese sentido, el Mar del Sur no fue un margen del imperio: fue uno de los lugares donde se vio antes (y mejor) el problema de fondo.
Más información
HOCES-GARCÍA, Alberto. La Matrícula de mar en América en el siglo XVIII. Murcia: Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones, 2024.
JUAN, Jorge y ULLOA, Antonio de. Noticias Secretas de América, sobre el estado naval, militar, y político de los reynos del Perú y Provincias de Quito, costas de Nueva Granada y Chile: Gobierno y Régimen particular de los pueblos de indios: cruel opresión y extorsiones de sus corregidores. Londres: Imprenta de R. Taylor, 1826.
SÁNCHEZ-BAENA, Juan José (coord.). La política naval en el Caribe español durante el siglo XVIII: ordenanzas y realidades. Murcia: Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones, 2019.
VÁZQUEZ LIJÓ, José Manuel. Las tripulaciones de la Armada Española del siglo XVIII: matriculados y otros recursos. Revista electrónica de Historia Moderna, 2020, 10, 40, p. 379-393.
