Un barco con ruedas del s. XVII

Esta semana vamos a conocer un invento que, como las embarcaciones, aprovecha el viento y usa velas, pero que utiliza esa fuerza para desplazarse por la orilla. Aunque hay algún antecedente diseñado en el s. XIV (Guido de Vigevano) e incluso mucho antes, el primero que lo llegó a construir fue Simon Stevin (1548-1620), un brillante científico holandés que trabajó, además, en muchas otras áreas científicas, tales como las Matemáticas, Ingeniería, Óptica, Geografía y Astronomía. Eran los primeros años del siglo XVII y el carro de viento, que fue su nombre, se fabricó para pasear al príncipe Mauricio de Orange, y a otros personajes de su corte, por las orillas del mar del Norte. En condiciones óptimas podía alcanzar una enorme velocidad para la época, entre 30 y 40 km/h.

Carro de viento de Stevin (1602). Fuente

El vehículo era una nave que podía arriar una o dos velas, dependiendo del viento y de la velocidad que se quisiera alcanzar. Lo que lo hacía diferente era que en su parte inferior llevaba cuatro enormes ruedas. Tenía capacidad para albergar a unas treinta personas.

El carro de Stevin pintado por Visscher (1610). The Fitzwilliam Museum, Cambridge. Fuente

Según podemos apreciar en la mayoría de las representaciones de la época, la construcción parece bastante naval, asemejándose a un barco largo y bajo que, como novedad, lleva un sistema de tracción terrestre.

Como puntos débiles tenía que era susceptible a los cambios de dirección del viento, que podía ser inestable y que, para un avance rápido, necesitaba una superficie plana y viento relativamente constante.

Otro carro de viento (ca. 1620). Fuente

El cartógrafo Willem Blaeu escribió un texto sobre este carruaje:

«mandó construir este carro de vela de una manera maravillosa, con la que él y los nobles de la corte a veces se deleitaban. Si observan el eje, las ruedas y demás aparatos similares, dirán que es un carro; pero si ven las velas y el timón que impulsan el viento, entonces estarán de acuerdo en que debería llamarse barco. Por lo tanto, para armonizar estos asuntos, deberíamos llamar a esta ingeniosa pieza un barco con ruedas, o un carruaje de vela, como se le conoce comúnmente. Veintiocho personas pueden ser transportadas allí con facilidad, y con tal fuerza y ​​velocidad, cuando el viento es favorable, que uno no puede distinguirlas; de hecho, apenas se puede ver el movimiento de las ruedas. Pues en dos horas puede navegar catorce millas holandesas, concretamente, desde Schevering, un pueblo cerca de La Haya, a lo largo de la costa del Mar del Norte, hasta Petten.» (Willem Blaeu. Escenario de las ciudades. Ámsterdam 1652).

Se llamaba también «carro volador», «carrovela», «yate de viento», «goleta de la pradera» o «yate terrestre».

Carruaje de vela diseñado por Simon Stevin para el príncipe Mauricio de Orange. Grabado de Jacques de Gheyn (1649). Fuente

Este vehículo tiene actualmente como herederos a los que se usan sobre hielo, los carrovelas y los coches eólicos de competición.

Más información

DIJKSTERHUIS, Eduard Jan. Simon Stevin: science in the Netherlands around 1600. The Hague: Springer Science & Business Media, 2012.

HEGEMAN, Tom. Analysis of the works by Simon Stevin. Trabajo Fin de Grado. Radboud Universiteit (Nimega), 2023.

PIRLET, Ruth. Simon Stevin: zee-en kustexploten van een Vlaamse duizendpoot. De grote rede, 2012, 32, p. 9-14.

VERMIJ, Rienk. Simon Stevin through the lens of his dedicationsCentaurus, 2021, 63, 3, p. 532-545.

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