Les recordamos a nuestros lectores que en el blog, durante este mes de agosto, escogemos alguno de los temas ya tratados en las series temáticas (formadas por varias entradas) y repasamos lo más significativo. Esta semana está dedicada a uno de los mares que más tardaron en formarse, el Mediterráneo, y al Nilo, uno de los ríos más caudalosos del mundo.
El mar Mediterráneo ha sido cuna de la cultura. El río Nilo hizo posible que una de las más importantes civilizaciones surgiera en sus orillas: el imperio faraónico. Durante siglos los egipcios usaron tanto barcos fluviales como marítimos. La navegación por el río era más habitual, ya que lo utilizaban como un canal para el transporte, incluyendo enormes cargas, como por ejemplo los obeliscos. Era navegable en ambos sentidos. Las crecidas se medían en un instrumento creado por ellos, el nilómetro, que también se usó en épocas posteriores.

El delta del río ocupaba miles de kilómetros cuadrados. Actualmente sólo tiene dos grandes ramales naturales (Rosetta y Damietta) que lo comunican con el mar Mediterráneo, pero en época faraónica llegó a contar con siete. Estos cauces eran un regalo para sus habitantes. Al principio de este inmenso espacio estaba situada la capital, Menfis (o Memphis, muy cercana a El Cairo), y a partir de ella se iban mandado levantar ciudades cercanas a esos cauces.


Y era el delta del Nilo el que facilitaba la conexión con el mar Mediterráneo. En sus orillas se fundaron importantes ciudades, algunas se mantienen actualmente como Alejandría, Rosetta (Rashid) o Damietta (Tamiat), mientras que otras se fueron abandonando cuando el agua del río dejó de fluir, porque el cauce se llenó de sedimentos. Sin un adecuado mantenimiento, en unos decenios los canales fueron desapareciendo y los habitantes de estas ciudades las fueron abandonando, para establecerse en otras que facilitaran su vida.

Una de esas ciudades, Pi-Ramsés, costó hallarla en tiempos contemporáneos precisamente porque se había establecido en uno de los ramales hoy desaparecidos.

Con mucha frecuencia los faraones hacían uso de sus relaciones diplomáticas y comerciales con potencias de la zona con objeto de comprarles naves para surcar el Mediterráneo, ya que Fenicia y sus grandes ciudades (Biblos, Tyro, Sidón, entre otras) tenían a los mejores constructores del momento. Así surgieron los denominados barcos de Biblos, o de Tarsis, que eran las naves egipcias de alta mar, las que se adentraban en el Mediterráneo y también en el Mar Rojo. Este nombre se usaba tanto para las embarcaciones que allí se construyeron, como para las que se hicieron en Egipto con la madera del Líbano. El origen fenicio de esta denominación deja claro quiénes dominaron durante un tiempo las aguas del Mediterráneo.

Alejandría, fundada por el gran Alejandro Magno en el siglo IV a.C., fue sin duda la conexión que se necesitaba para que los dos grandes colosos, el Mediterráneo y el Nilo, tuvieran una comunicación fluida y constante. Como no existía un ramal natural, se excavó uno, de tal forma que ya se podía salir directamente desde el río al mar. Apoyada por una dinastía griega (Ptolomeos) en suelo egipcio, disfrutó de todas las ventajas del comercio e hizo gala de una espléndida multiculturalidad, lo que la hizo famosa en el mundo mediterráneo. Floreció enormemente al amparo de esta diversidad hasta llegar a convertirse en la segunda ciudad en importancia ya en época imperial romana.

En sus límites se construyeron dos de los monumentos más famosos de la Antigüedad, la imponente Biblioteca de Alejandría y su faro, tan importante que acabaría dando nombre a las luces costeras, ya que se construyó en la isla de Pharos (un pequeño terreno cercano al puerto).




Más información
HAGENEUER, Sebastian & FRANZMEIER, Heining. From the Nile Delta to Karlsruhe: Or how to present mud bricks in an exhibition. CIPEG Journal: Ancient Egyptian & Sudanese Collections and Museums, 2017, 1, p. 15-26.
PERAZZONE RIVERO, Emma. El Delta del Nilo como espacio de intercambios entre Egipto y el Egeo en la Edad de Bronce: El ejemplo del palacio de Avaris. Antesteria: debates de Historia Antigua, 2018, 7, p. 91-102.

Pingback: ausevor
Muy buena publicación. Soy de Argentina y he comentado varias veces vuestras notas, pero no sé por qué ahora no se puede, probaré con otra app. Felicitaciones muy bueno seguiré leyendo y sorprenderme con la cartografía que se publica Dra. Ana Risso.
El mar, 8 de ago de 2023, 04:16, Blog Cátedra de Historia y Patrimonio
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Muchas gracias.
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