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Juana, conocida como “la Loca”, aunque parece que nunca lo fue, tuvo una vida muy interesante y uno de sus muchos aspectos fue el viaje que hizo a Flandes para conocer a su futuro marido, Felipe llamado “El Hermoso”. Posteriormente fue nombrada reina de Castilla, Aragón y Navarra, como lo atestiguan multitud de documentos firmados por ella con ese título.

Juana pintada por Juan de Flandes (Museo de arte de Viena). Fuente

El matrimonio de Juana y de Felipe formaba parte de la política llevada a cabo por los padres de ella, los Reyes Católicos. Para aislar al trono de Francia, en el año 1495 decidieron celebrar dos esponsales, casando a dos de sus hijos, Juan y Juana, con dos miembros de la dinastía Habsburgo, Margarita y Felipe respectivamente, que también eran hermanos. Este acuerdo fue el punto de arranque para la organización de una flota que trasladara a ambas novias, de modo que llevara a Juana hasta Flandes, y de regreso embarcara a Margarita para que llegara a territorio castellano.

Lo que inicialmente fue un traslado real, que se conoce como la “flota de Flandes”, terminó generando una serie de desencuentros, que acompañados de tormentas y naufragios pusieron en peligro la vida de la futura reina Juana. Además, el tiempo previsto en hacer el recorrido de ida y vuelta se multiplicó.

La formación de la flota de Flandes

Los primeros pasos para la formación de la armada se dieron en septiembre del año 1495. El puerto de partida elegido fue Laredo, tanto por sus buenas comunicaciones con Burgos como por su importante actividad comercial.

A comienzos de julio del año siguiente la armada estaba compuesta por dos carracas genovesas de 1000 toneles cada una, 15 naos de entre 200 y 280 toneles, salvo una que alcanzaba los 760 y otras dos que tenían unos 400 toneles de capacidad, 5 carabelas de 75 toneles y 20 pinazas auxiliares. Como precaución complementaria, debido al enfrentamiento con Francia, los reyes dispusieron que la acompañara una abundante cantidad de embarcaciones mercantes, algunos de ellos también artillados. En esa enorme flota, de unas 100 naves, predominaban las de mayor porte, con gran potencia de fuego.

Una carraca del siglo XV (Fuente: Biblioteca Nacional de Francia, ms. lat. 6142, fº B vº)

Provisiones y armamento

A la siempre complicada tarea de armar una gran flota, y ésta lo era, debemos sumar la necesidad de acondicionar una nave digna del lujo y confort adecuado a una infanta y a la pequeña corte que la rodeaba. La selección y compra de todo el ajuar, joyas y objetos de la cámara y séquito se confió a personas muy cercanas de los reyes.

Era la armada más poderosa de las que habían fletado hasta entonces los Reyes Católicos, además de tener el mejor armamento, nuevo, con mucha artillería, y la fuerza militar más potente a  bordo. El Almirante Fadrique Enríquez (primo hermano del rey) estaba al frente de la expedición.

Tripulantes

Además de los 2260 tripulantes, se embarcaron una fuerza de 2250 de tropa. La corte de Juana estaba compuesta por unas doscientas personas. Si a ellos sumamos las tripulaciones y comerciantes que iban en los más de cincuenta barcos de la flota mercante que la acompañaron, obtenemos una media de unos 12000 embarcados.

La partida y el viaje

La armada zarpó de Laredo el 22 de agosto de 1496. El viaje fue un poco agitado ya que en el camino se toparon con vientos y tempestades que hicieron necesario parar unos días en el puerto inglés de Portland. Cuando la flota se acercaba a Midelburgo, el barco que llevaba el ajuar de Juana chocó contra un banco de piedras y arena a causa de un temporal y se hundió. Tras superar los peligrosos bajíos de la costa flamenca y llegar al puerto de Midelburgo, una nueva tormenta azotó a la armada, aunque se pudo superar sin pérdidas notorias. Desde allí se dirigieron a la corte flamenca, situada en Bruselas, pero su futuro esposo no estaba y tuvo que esperarlo en un convento. Ella sólo tenía 16 años.

La infanta Juana embarazada

El viaje de vuelta

Tras dejar a Juana, la armada zarpó de vuelta en febrero de 1497 aprovechando una pausa de buen tiempo. Este trayecto tampoco fue sencillo y una fuerte tormenta hizo pensar en que iban a naufragar. La infanta Margarita, con intención de que su cuerpo fuera reconocido si moría, escribió en una tablilla un mensaje que sirve además para conocer parte de su vida “aquí yace Margarita, gentil damisela, dos veces casada y muerta doncella”. La Armada hizo una parada en el puerto inglés de Southampton, llegando a Santander en los primeros días de marzo de 1497.

Nada salió como se había planificado, pues la partida se debía haber producido en abril, y las provisiones de un viaje que esperaban durara tres meses se mostraron insuficientes para los ocho que finalmente transcurrieron hasta el regreso. Los gastos, como era habitual, se cargaron en su mayor parte a la Hacienda real castellana y ascendieron a unos 67 millones de maravedís (180.000 ducados). Aproximadamente (y según equivalencias) fueron unos 30 millones de euros.

El heredero del trono y primogénito de los Reyes Católicos, Juan, acababa de morir; su viuda decidió volver a su patria y Juana se terminó convirtiendo en reina de Castilla, Aragón y Navarra.

Monumento a la reina Juana en Tordesillas (España)

Para concluir

No es raro que reyes, infantes y aristocracia en general fuesen bastante reacios a los viajes en barco, más allá de acontecimientos muy importantes, puntuales e imprescindibles (bodas o traslados para tomar posesión de un territorio). A las inseguridades del viaje en sí, se unían los peligrosos y devastadores factores climatológicos y la gran incomodidad, por el exiguo espacio físico donde era imposible mantener la “distancia” social y decoro de clase que en esa época era habitual. Así que este largo viaje de la futura reina fue todo un acontecimiento.

Más información

LADERO QUESADA, Miguel Ángel. La armada de Flandes: un episodio en la política naval de los Reyes Católicos (1496-1497). Real Academia de la Historia, 2003.

LEÓN GUERRERO, María Montserrat. La Armada de Flandes y el viaje de la princesa JuanaRevista de Estudios Colombinos, 2009, 5, p. 53-62.

MANSO OSUNA, Javier. Breve historia de Juana I de Castilla. Ediciones Nowtilus SL, 2019.

ZALAMA RODRÍGUEZ, Miguel Ángel. Colón y Juana I: los viajes por mar de la reina entre España y los Países BajosRevista de Estudios Colombinos, 2009, 5, p. 41-52.

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Gerardo Mercator (1512-1594) fue un cartógrafo flamenco hábil que protagonizó una profunda renovación cartográfica, de tal relevancia que sus técnicas se mantienen hasta hoy con algunas modificaciones, como la UTM (proyección mercatoriana universal transversal). Google Maps, por ejemplo, utiliza una variante de la de Mercator para facilitar el acceso a las distintas regiones del globo.

El punto de partida

Esta carta que traemos aquí es el epicentro de esta innovación, que le supuso el reconocimiento posterior, ya que en su época tuvo poco éxito. Se titula “Nueva y más completa representación del globo terrestre adaptada para el uso de los navegantes” y fue realizada en el año 1569. La escala es de 1: 20.000.000, cubre la zona comprendida entre los 80º N y 66º S, y está dedicada al duque Guillermo de Cleveris, al que elogia largamente en varias de sus cartelas.

El mapa completo. Fuente: Gallica

Sus características

Presenta, además de multitud de textos, una gran variedad de figuras (como el magnífico Neptuno de la imagen). De hecho, es una de las más documentadas del momento. Añadió anotaciones históricas, geográficas y náuticas, pero también le unió leyendas y mitos, como el del abismo existente en el Atlántico norte:

No lejos de las islas (Hébridas, Islandia, etc.) hacia el norte hay un golfo prodigioso donde confluyen cuatro brazos de mar hacia el que fluyen las aguas marinas procedentes de todas partes. Se precipitan sobre los abismos misteriosos de la naturaleza y son así devoradas. Si un navío pasara por allí sería atrapado con una violencia tan potente que sería irremediablemente tragado por las aguas (leyenda 7, traducida por Alfredo Surroca, 2012).

Neptuno

Dibuja multitud de monstruos marinos, cuyas imágenes nos recuerdan a serpientes, ballenas, iguanas y delfines, entre otros (se pueden ver algunos de forma detallada al final de esta entrada).

Aunque se basó en la geografía de Ptolomeo, incluyó muchos conocimientos adquiridos con posterioridad, especialmente los que procedían de algunos cartógrafos hispanos y holandeses. Una muestra es la inclusión de los patagones en la parte sur del continente americano. Sin embargo, no tuvo en cuenta algunos tratados de navegación contemporáneos como el de Alonso de Santa Cruz o el de Martín Cortés, y éste puede ser uno de los motivos por los que la carta tuvo poca trascendencia en su época.

Dibujo de los gigantes patagones en el sur de América

Pequeños errores

Como el resto de sus coetáneos presenta errores, tales como incluir la isla de Frislant (también llamada Thule), el reino del preste Juan en África o la isla de los Romeros (al sur de Madagascar, que también situaron en sus cartas prestigiosos cartógrafos como Apiano, Ortelius y J. Teixeira). Hay inexactitudes propias del desarrollo cartográfico del momento, especialmente en los continentes menos conocidos, como ocurre en Asia, con la desembocadura del Ganges, que acaba en la Bahía de Bengala y Mercator la sitúa en el mar de China, las denominaciones de varias islas del sudeste asiático o la extraña forma del continente americano.

Sólo incluye el polo magnético del norte, ignorando el otro que existe en la parte austral del planeta.

Localización de la supuesta isla de los Romeros, en el O. Índico, al sureste del continente africano

Un ábaco de rutas para facilitar los desplazamientos marítimos

Para facilitar que los navegantes pudieran llegar desde un punto a otro en medio del mar, creó un ábaco de rutas (un instrumento que permitía calcular la distancia y el rumbo a seguir con una operación matemática breve). Alfredo Surroca explica detalladamente cómo hacerlo (vid obra en la bibliografía).

Ábaco de rutas de Mercator

La aportación

Lo más destacable, y que eclipsa sus pequeños errores, es que levanta los paralelos con un espaciamiento creciente que aumenta conforme lo hace la latitud. Esta innovación fue un paso de gigante, ya que abandonaba las cartas planas previas, donde los paralelos aparecían representados por recta paralelas equidistantes. Estaba poniendo, sin saberlo, la semilla de las futuras cartas esféricas.

Supuesta isla de Frislant en el Atlántico norte

El paso de tres a dos dimensiones para levantar un mapa mundi

La representación sobre el papel, que sólo tiene dos dimensiones, del globo terrestre, que tiene tres (alto, ancho y largo), supuso durante siglos un enorme problema. Mercator puso la primera piedra para mejorar la representación gráfica del planeta Tierra en una superficie bidimensional.

Las proyecciones de Mercator y sus derivadas muestran todo el globo en dos dimensiones, por lo que se generan grandes distorsiones en las zonas de latitud elevada, como es el caso de las regiones polares. Así por ejemplo, Groenlandia parece ser casi tan grande como África, cuando la isla es unas catorce veces más pequeña, y algo similar ocurre con Alaska, cuyo tamaño se asemeja al de Brasil en el mapa, siendo la primera casi cinco veces menor.

En la proyección de Mercator, Europa sale bien proporcionada pero los tamaños están exagerados en las zonas polares
En la proyección de Mercator, Europa sale bien proporcionada, pero los tamaños están exagerados en las zonas polares. Fuente: Strebe

Para concluir

Aparte de lo importante que es que ya en el siglo XVI alguien se atreviera a dibujar el mundo, hay dos hechos incuestionables que sitúan a Mercator como un precursor: la proyección de la carta se ajusta exactamente a lo previsto por la teoría matemática rigurosa que se puede aplicar hoy, y que, aunque no explica cómo llegó a hacerlo, fue el primero en llevarla a la práctica (Surroca, 2012).

Actualmente hay tres originales de este mapa, que se encuentran en el Museo Marítimo Príncipe Enrique de Róterdam, en la Biblioteca Nacional de Francia y en la Universidad de Basilea. En el Museo Naval de Madrid existe una copia facsimilar, editada por el museo de Róterdam.

Mas información

ALVES GASPAR, Joaquim y LEITÃO, Henrique. Squaring the circle: how Mercator constructed his projection in 1569. Imago Mundi, 2014, 66, 1, p. 1-24.

BEDOYA BENÍTEZ, Eduardo. El sistema cartográfico de MercatorRevista Estudios, 1995, 12, p. 193-201.

COLOSSI SCOTTON, Giovanni y NOGUEIRA, Ruth E. Um outro paradigma para análise do mapa-múndi de Mercator de 1569Geosul, 2016, 31, 62, p. 39-58.

CUESTA DOMINGO, Mariano. La imagen del Nuevo Mundo en Mercator. El trazado de mapas hasta 1569Revista Complutense de Historia de América, 2013, 39, p. 257-270.

SURROCA CARRASCOSA, Alfredo. Quinto Centenario de Mercator. Traducción comentada de su Carta Naútica de 1569Revista de Historia Naval, 2012, 30, 118, p. 5-66.

RICHARDSON, William. An Indian Ocean pilgrimage in search of an islandThe Great Circle, 1989, 11, 2, p. 32-51.

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