Por el Dr. Juan José Sánchez Baena
Una magnífica ciudad levantada en medio de un enorme lago maravilló durante decenios a los españoles que a principios del siglo XVI llegaron a América. Ellos tenían una idea unitaria de conquista, pero la urbe de Tenochtitlán los dejó estupefactos, tanto por su localización como por sus infraestructuras. No habían visto nunca nada parecido.

Los aztecas
Los aztecas eran los pobladores del actual sur de México antes de que los conquistadores españoles llegaran allí. También se les llama mexicas. Su leyenda fundacional cuenta que los dioses habían dado una serie de instrucciones sobre dónde asentarse y fundar la capital. El símbolo que les llevaría al lugar elegido era un águila que estaba posada sobre un cactus, devorando una serpiente. En el lago Texcoco vieron esa señal y fundaron allí la ciudad de Tenochtitlán, que significa algo similar a «donde está el nopal silvestre». Su próspera economía se basaba en la agricultura y el comercio, aunque la pesca y la caza eran esenciales en su modo de vida.

La ciudad situada en la inmensa laguna
Tenochtitlán era una ciudad ubicada en medio de una enorme laguna. La zona tenía unos 2.000 km2 de superficie y sus lagos se nutrían de ríos, arroyos y manantiales. Unos tenían aguas poco utilizables como las del lago Texcoco, que además eran muy peligrosas, por las crecidas temporales. Estas vías, de agua potable o no, fueron muy bien aprovechadas como sistema de transporte, para hacer canales, controlar la navegación y el imperio. Miles de canoas navegaban dentro y fuera de la urbe.

Fernández de Oviedo decía que era una ciudad palaciega «refinada, con baños públicos, con una treintena de palacios que albergaban finas cerámicas y elegantes enseres textiles». En su máximo esplendor estuvo habitada por unas 140.000 personas.

Se podía acceder a ella mediante tres calzadas que la unían a tierra firme. Para transitar había calles, y también canales. La navegación y los embarcaderos estaban estrictamente ordenados para evitar problemas. Las avenidas más importantes contaban con puentes levadizos para dejar paso libre a las canoas. Había algunas muy grandes, lo suficiente como para llevar 60 personas, aunque la mayoría tenían entre 5 y 10 m de eslora.

Cuando la población empezó a crecer, se hizo necesario desarrollar una serie de infraestructuras para proporcionar servicios que hoy llamamos básicos, como por ejemplo acceso al agua potable, que se tenía que transportar en canoas desde la orilla del lago a la ciudad.

Igualmente se detectó la necesidad de aumentar la tierra cultivable, y esto lo hicieron a través de las chinampas, que eran similares a islas artificiales sustentadas con pilotes y gruesas capas de tierra. Se desarrollaron en las orillas de los lagos del sur, Xochimilco y Chalco (ver en las dos imágenes siguientes la forma de construcción y su localización geográfica). Este ingenioso sistema de cultivo fue incluido en 1987 por la UNESCO en la lista de Patrimonio Mundial.

Adaptaciones técnicas al medio lacustre
Idearon varios sistemas, tales como canales, compuertas, diques, presas y depósitos pluviales.
a) El acueducto
El agua llegaba a través de un acueducto, el de Chapultepec, que la hacía accesible desde un manantial. Servía para disponer de agua potable y para los cultivos.
b) El dique
Tras varias inundaciones decidieron crear un dique (albarrada) de norte a sur, de unos 16 km, que, por una parte separara las aguas salobres de las potables y, por otra, protegiera el islote de corrientes y futuras lluvias extremas. Se construyó con los troncos de árboles cortados, rocas volcánicas y arena.
El dique tenía compuertas para permitir el paso del agua y de las canoas. Si se elevaba el nivel del agua, las cerraban para evitar una inundación.
Para acabar
Podemos apreciar cómo era esta ciudad lacustre porque Hernán Cortés mandó a los reyes de España una carta acompañada de una ilustración, que es la que podemos ver aquí. También se llama «mapa de Nuremberg» porque fue publicado en esta ciudad alemana por F. Peypus en 1524. El original se encuentra en la colección de Manuscritos Edward E. Ayer de la Biblioteca Newberry (Chicago) de Estados Unidos. Podemos acceder al documento digitalizado a través de la web de la Biblioteca del Congreso, y también existe una magnífica reconstrucción en 3D.
Más información
CORTÉS, Hernán. Cartas del famoso conquistador Hernán Cortés al emperador Carlos Quinto. México: Imprenta de Escalante y Cª, 1870.
FAVILA VÁZQUEZ, Mariana. Las batallas lacustres durante el proceso de conquista de Tenochtitlan: miradas desde la historia y la arqueología del paisaje. Guerra Colonial, 2020, 7, p. 49-72.
HASSIG, Ross. Rutas y caminos de los mexicas. Arqueología Mexicana, 2006, 14, 81, p. 54-59.
LEÓN-PORTILLA, Miguel y AGUILERA, Carmen. Mapa de México Tenochtitlan y sus contornos hacia 1550. México: Celanese mexicana, 1986.
MATA ROSAS, Francisco. México-Tenochtitlan. México: Ediciones Era, 2005.
MATOS MOCTEZUMA, Eduardo. Reflexiones acerca del plano de Tenochtitlan publicado en Nuremberg en 1524. Caravelle, 2001, p. 183-195.
MATOS MOCTEZUMA, Eduardo. Tenochtitlan. México: Fondo de Cultura Económica, 2016.
OLIVAS, Juan Carlos. Ciudad de aguas, Tenochtitlan. 2012.
SALMERÓN SANGINÉS, Pedro. La batalla por Tenochtitlán. México: Fondo de Cultura Económica, 2021.


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