La «Inquisición del Mar» era un tribunal que formaba parte de la Inquisición española durante la Edad Moderna, y que se encargaba de juzgar delitos cometidos en puertos y barcos. Apareció por primera vez durante el siglo XVI y posteriormente volvió a ponerse en marcha, hasta desaparecer unos años después.

La primera Inquisición del Mar
Se creó en 1571, cuando se formó la Santa Liga (1571-73) para enfrentarse a las fuerzas navales otomanas. Debido a que era una sección muy específica, necesitó autorización del Papa para que el inquisidor general pudiera realizar los nombramientos necesarios. Entre los designados, uno de los más sobresalientes fue Jerónimo Manrique de Lara (1571), que más tarde fue obispo de Cartagena y también inquisidor general. Formó parte, como vicario general castrense, de la Armada que capitaneó Juan de Austria en la batalla de Lepanto. Otro inquisidor del mar conocido fue Rodrigo de Mendoza, nombrado en 1575.
Los primeros inquisidores del mar instruían procesos y juzgaban. Debían consultar en el caso de sentencias que determinaran condenas a relajación (a muerte).

Entre los juzgados estaban un elevado porcentaje de musulmanes, moriscos (que en los escritos denominaban secta de Mahoma) y renegados (llamados en ese momento cristianos de Allah) junto a soldados blasfemos, bígamos, fornicadores, borrachos o aficionados al juego de azar. Una variedad que es un fiel reflejo de la gran diversidad que podemos encontrar dentro de una armada tan heterogénea e internacional como la de la Santa Liga.
El tribunal dejó de existir como tal en 1574. Parece que en los siguientes años reapareció de manera transitoria como “Tribunal de los Ejércitos y Armadas”.
La segunda Inquisición del Mar
Unos cuarenta años más tarde, el príncipe de Saboya volvió a restaurar el tribunal de la mar en 1616. A la cabeza estaba el inquisidor Martín de Vivanco, nombrado “vicario capellán mayor de las Galeras Reales del cargo del serenísimo príncipe Filiberto como inquisidor del Mar”. Sin embargo, esta vez los poderes estaban bastante más restringidos que en la primera época, pues no tenían competencias para condenar a muerte.
El Inquisidor del Mar tenía además el vicariato general de la Armada y la condición de juez eclesiástico ordinario.

Los delitos que se juzgaban eran la herejía, apostasía, blasfemias, deserción, bigamia, sodomía o bestialismo, entre otros.
Una de las historias más interesantes de esta segunda época es la de Marco Díez, que había nacido en la «patria del Gran Mogol» (un imperio que ocupaba entonces las actuales India, Pakistán y Bangladesh). Inicialmente era musulmán, ya que era la religión de su lugar de origen. Sin embargo, con tan solo doce años de edad recibió el bautismo de la mano de los jesuitas. Tras ello llegó a Portugal como comerciante, hasta que fue capturado por unos piratas, que lo llevaron a Argel. Una vez allí fue obligado a abjurar de su conversión al cristianismo para poder salvar la vida, y tiempo después volvió a navegar cerca de las costas españolas. En ese momento es cuando cae en manos de la Inquisición del Mar.
En 1624 se suprimió este tribunal, pero antes procesó al menos a unos sesenta reos. Muchos fueron acusados de apostasía (abandonar su religión católica). Muchos de ellos procedían de las republicas procedían de las republicas italianas y de la corona española.

Vigilancia en las flotas
A pesar de que había desaparecido la Inquisición del Mar, en 1632 se declaró que, cuando fuera nombrado un almirante para alguna flota en campaña, tenía que llevar consigo un inquisidor con los oficiales correspondientes, que debía vigilar que todos los prisioneros capturados se entregaran al tribunal que estuviera más próximo al puerto en el que fondearan.

Para acabar
Durante parte de los siglos XVI y XVII existió este tribunal especializado en juzgar delitos cometidos por personal embarcado. Abarcaba asuntos religiosos y morales en su mayor parte. Aunque duró relativamente poco, ejerció como tribunal inquisitorial, primero con más poder y luego, en una segunda aparición, con menos opciones para juzgar ciertos delitos. No obstante, se puede entrever que las autoridades tenían interés en mantener la doctrina católica y las costumbres morales tradicionales entre todo el personal que formaba parte de las flotas españolas.

Más información
BRITO GONZÁLEZ, Alexis D. Visitas de navío en el Tribunal de la Inquisición de Canarias en el siglo XVI. Vegueta: Anuario de la Facultad de Geografía e Historia, 1997.
CIVALE, Gianclaudio. Guerrieri di Cristo. Inquisitori, gesuiti e soldati alla battaglia di Lepanto. Milán: Unicopli, 2009.
CIVALE, Gianclaudio. Inquisizione de la mare. En Dizionario Storico dell’Inquisizione. Pisa: Edizioni della Normale, 2010, p. 808-809.
FAJARDO SPÍNOLA, Francisco. La vigilancia del mar. La Inquisición canaria y las visitas de navíos. Anuario de Estudios Atlánticos, 2003, 1, 49, p. 87-124.
JUANTO JIMÉNEZ, Consuelo. Los Comisarios del Tribunal de la Inquisición y sus clases (siglos XVI-XIX). Anuario de Historia del Derecho Español, 2019, p. 283-323.
OLDRATI, Valentina. Los renegados entre la primera y la segunda etapa de la Inquisición de la mar: Cambios y permanencias (1571-1624). Hespéris-Tamuda, 2018, 53, 2, p. 117-144.
