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Archive for the ‘– Historia Naval’ Category

En el siglo de la Ilustración, los oficiales de la Armada fueron la avanzadilla técnica y científica que mas colaboró a situar a España en un lugar de privilegio entre las Academias europeas. Una esmerada formación náutica iba acompañada de otra mas ilustrada, acorde con el pensamiento de la época. Sus logros son fácilmente visibles en las obras de Jorge Juan, Antonio de Ulloa, los hermanos Ciscar, Fernández de Navarrete, Mendoza, Tofiño o Vargas Ponce, que fueron traducidas a otros idiomas, y sus autores nombrados académicos en diversos países europeos. Vamos a conocer uno de los cursos que mayor rango científico dió a los oficiales mas brillantes de la Armada.

El lugar de impartición: la Academia de Guardiamarinas

La Academia de Guardiamarinas, pasados los primeros cincuenta años desde su fundación en 1717, tras muchos esfuerzos y no pocas vicisitudes, consiguió alcanzar una solución equilibrada entre la formación científica de los cadetes y el dominio práctico que se requería para el gobierno de un buque de guerra.

Tras el paso de ilustres personajes como Jorge Juan y Antonio de Ulloa y de la apertura de nuevas academias en Ferrol y Cartagena, entraba en una nueva fase: nuevos proyectos exigirían a partir de ahora la rápida formación de astrónomos e hidrógrafos.

Jorge Juan

Un renovado vigor llegó a raíz de la ascensión a la Secretaría de Estado del Despacho y de Marina de Antonio Valdés (1783). Con él finaliza la vieja polémica de la conveniencia de reforzar y ampliar los años de estudios teóricos, al proponerse por parte de los profesores la creación del “Curso de Estudios Mayores”, destinado únicamente a los cadetes y oficiales de Marina que hubiesen dado pruebas de su interés por las ciencias, además de demostrado su capacidad para ello.

Antonio de Ulloa

Con este curso se volvía el camino que años atrás ilustres e ilustrados personajes de la Armada quisieron marcar: formar a hombres de mar que además fueran intelectuales y científicos de primer orden.

Una obra de Gabriel Ciscar

El Curso de Estudios Mayores

La idea de los Estudios Mayores se le asigna a José de Mazarredo, pero era un tema que llevaba muchos años debatiéndose en el seno de la Academia. En 1783 los cadetes mejor preparados, algunos ya oficiales, pasan a seguir Estudios Avanzados (también recibieron el sobrenombre de Matemáticas Sublimes). Por estas fechas las otras dos academias pusieron en marcha dos planes distintos del Curso de Estudios Mayores. Jacinto Ceruti, director de la Academia de Cartagena, redactó un plan para los oficiales allí agregados, que consistía en un repaso a fondo de todas las enseñanzas que recibieron de cadetes, seguido del estudio del curso matemático de La Caille, compuesto de cuatro volúmenes.

El edificio construido a principios del s. XIX para albergar la Escuela de Guardiamarinas de Cartagena

En la Academia de Ferrol, Cipriano Vimercati elevará su propio plan, que consistía en tres años de estudios seguidos de otro de “ejercicio”. En los primeros se estudiarían a fondo las matemáticas, incluyendo el cálculo diferencial e integral, así como la óptica y la astronomía, utilizando para ello los tratados de Bézout y La Caille, el cuarto año se dedicará al estudio de la construcción y maniobra.

Los Estudios Mayores suponen la culminación de la vieja idea de disponer dentro de la Armada de oficiales que fueran auténticos sabios en las artes avanzadas de la navegación. Los tratados y extensión de los estudios quedaron a decisión de los directores de cada una de las Academias, tres verdaderos marinos a la vanguardia de los conocimientos náuticos.

Cartagena y la unificación de los Estudios Mayores

A finales de 1785 se redactaría un nuevo plan más completo que los anteriores en Cartagena. Su autor sería el Ayudante de la Compañía Gabriel Ciscar y Ciscar, que fue destinado en 1783 a cursar allí los Estudios Mayores. No llegó a realizarlos, pues su excelente formación científica hizo que pasara inmediatamente a dar clases de Navegación.

Gabriel Ciscar y Ciuscar

Ciscar elaboró un plan de estudios mayores para la Academia de Cartagena, con una duración de cuatro años. Los agregados al curso debían ser instruidos en diversas materias estudiadas a través de varios tratados de reconocido prestigio, dichas materias eran álgebra, trigonometría, mecánica, óptica, astronomía, y física. El plan de Ciscar tuvo tan buena acogida que por R.O. de 14 noviembre 1785 quedó definitivamente sancionado, haciéndose obligatorio su impartición en las tres Academias.

Portada de dos de las obras mas importante de Jorge Juan. Ciscar actualizó el Examen Marítimo de Jorge Juan

Para reforzar los contenidos del curso, además del empleo de los tratados propuestos a Ciscar, se le permitió mejorar la dotación de los laboratorios de la Academia de Cartagena, concediéndosele la petición de una larga lista de instrumentos de astronomía y física que fueron adquiridos en Londres y París. Las expectativas que se alcanzaron con la realización del curso fueron muy positivas.

Libro de Astronomía de La Lande

La propuesta de Ciscar pretendía una sólida formación científica construida sobre fundamentos de vanguardia en cada una de las disciplinas. Este decidido talante renovador queda claramente confirmado por los manuales que se recomiendan para la docencia.

Óptica de La Caille

A la finalización de los estudios se realizaba un brillante certamen público, en el que participaban ocho oficiales, que disertaban sobre las materias que habían estudiado. Los certámenes tenían una duración de cuatro días, se sorteaban dos oficiales por día y dos puntos sobre los que discernir, una hora sobre cada uno de ellos.

Obras utilizadas

Los libros mas importantes que se usaron en el Curso de Estudios Mayores de Ciscar eran los siguientes (aunque había algunas ediciones posteriores, que también se estudiaban):

  • La Caille, Leçons élèmentaires de mathématiques (1741)
  • Leçons élèmentaires de mécanique (1743)
  • Leçons élèmentaires d`astronomie géometriqué (1746)
  • las Leçons élèmentaires d´optique (1756)
  • R. Smith, A Compleat System of Opticks (1738)
  • Lalande, Traité d`astronomie (2º edición, 1771)
  • P. J. Macquer Eléments de chymie practique (1751)
  •  Eléments de chymie théorique (1749)
  • A. E. Paulian, Dictionnaire de physique (3 volúmenes, 1761)
  • A ellos se añadirán las muy conocidas obras de Nollet, Bézout y Bails.

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Por Alberto Hoces García, doctorando de la Cátedra de Historia Naval

Dada la trascendencia de la guerra naval para España en el siglo XVIII –siglo en el que entra como potencia y del que se despide en franca decadencia– y los múltiples escritos sobre ella, tanto científicos como novelados, sorprende no encontrar demasiados que traten la marinería. Por ello, en este breve texto se trata algo fundamental en ambos aspectos: la Matrícula de Mar.

Pescadores y maestranza fueron los principales objetivos de la Matrícula de Mar. “Fishing boats off a jetty”, Arthur J. Meadows, 1862. Royal Museums Greenwich.

¿Qué es la Matrícula de Mar? 

Fue un sistema de reclutamiento ideado en el S. XVIII para dotar a los buques de la Armada de tripulaciones competentes con las cuales enfrentar los riesgos a los que estaba expuesto el Reino. A diferencia de otros modelos basados en levas, como el sueco o el más conocido inglés, que enrolaban a sus marineros mayoritariamente a la fuerza, la Matrícula perseguía hacerlo de una manera más justa, mediante una inscripción generalizada. Eso sí, el servicio también era obligatorio.

“Marinero de la costa del Mediterráneo”, Juan Carrafa, 1825. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica

Si bien los primeros intentos de instaurar un sistema de inscripción similar se remontan a un intento del Conde-Duque de Olivares, no es hasta el advenimiento de la dinastía borbónica cuando los condicionantes sociopolíticos son propicios. Así, entre las reformas centralizadoras de Felipe V, es más sencillo entender este sistema de obligaciones y privilegios que había pretendido instaurar Olivares en una marina mucho más disgregada en cuanto a funcionamiento y marco ordenador.

Representación de un marinero inglés. Detalle de “Sailor”, anónimo inglés del siglo XIX. Fuente: Royal Museums Greewnwich

Un listado de la gente de Mar

Sobre el nuevo funcionamiento de la Armada se estableció la Intendencia General de Marina en 1717, bajo cuya responsabilidad se había de levantar un listado de la gente de mar. El primero fue ordenado el 28 de enero de ese mismo año para Guipúzcoa y, si bien no funcionó como se esperaba, resulta notable pues se establecieron dos de los objetivos primordiales de este sistema: garantizar el comercio con América y la seguridad en el Mediterráneo. Ambos de especial relevancia para recuperar la posición internacional que España había perdido en la reciente Guerra de Sucesión.

El Mediterráneo se convirtió en un nuevo punto de atención de la monarquía. “Mediterranean coast scene”, Nicholas Pocock. Fuente: Goverment Art Collection

Con la instauración del sistema de Departamentos Marítimos en 1726 se redactó la instrucción general que debía seguir el renovado sistema de registro marítimo, a instancias de Patiño; y ya en 1737 el Infante Almirante promulgó las exenciones y privilegios que habrían de gozar los matriculados. A saber: el fuero de Marina, la exención de reclutamiento para los ejércitos de tierra, la exoneración de cargas municipales y de alojamiento de tropas y, especialmente, la exclusividad de practicar los oficios marinos.

Conocida pintura inglesa que simboliza los excesos cometidos contra los marineros y el poco dinero que recibían a cambio de su trabajo. “The sailors return”. Fuente: Royal Museums Greenwich

En la práctica, suponía institucionalizar la obligatoriedad de la matriculación, lo que sumado al establecimiento claro y meridiano de las competencias de cada uno de los oficiales del Cuerpo del Ministerio, supuso un espaldarazo definitivo para la misma.

“Pescador de la costa del Mediterráneo”, Juan Carrafa, 1825. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica

De esta forma, en 1751, ya bajo iniciativa del Marqués de la Ensenada, se publicó la Ordenanza para el régimen y fomento de la marinería matriculada; que reseñamos como principal en el tema que nos ocupa. No sólo porque estuviera en vigencia hasta 1802 –fecha en que se publicó otra Ordenanza–, abarcando la segunda mitad del XVIII, conocida por ser la Edad de Oro de la navegación a vela, sino porque supuso la aplicación efectiva del sistema.

“Fishing boats in a breeze”, Charles M. Powell. Fuente: Royal Museums Greenwich 

Así, se establecían cuatro listados por localidad: uno para la gente de mar, otro para la maestranza, un tercero de jubilados y un último de muchachos. En cada uno de estos listados se formaban a su vez cuatro cuadrillas equilibradas, de las cuales una, elegida por sorteo, había de servir en los navíos del Rey durante una campaña –es decir, un año. Teóricamente, esto garantizaba que el servicio obligatorio se prestara cada cuatro años.

Ejemplo de incapacidad física por la que un matriculado era incluido en el listado de jubilados. “A distressed sailor”. Fuente: Royal Museums Greenwich

El sistema debía garantizar el conocimiento de todas personas dedicadas a la mar en el país, por lo que, además, se indicaba en el nombre de cada una de ellas la clase a la que pertenecía: artillero, marinero, grumete o paje; con el fin de tener constancia de sus habilidades concretas. El nivel de previsión alcanzaba la inclusión de forasteros nacionales –naturales de otra localidad distinta a la de residencia– en listas específicas para ello, para posteriormente asimilarlos a la del municipio.

“Barcas del bou en el puerto de Valencia”, Rafael Monleón y Torres. Fuente: Biblioteca Digital Hispánica

Síntesis

La Matrícula de Mar supuso, sin duda, uno de los mayores –y mejores– intentos de reformar la Armada para hacerla más eficiente, pero no tuvo el éxito esperado. Podríamos citar, entre otros motivos, la falta de pagos tanto a los matriculados como a los distintos oficiales encargados de su funcionamiento y administración; pero las casuísticas son muchas más, por lo que se tratarán en otra entrada.

Bibliografía

HOCES-GARCÍA, Alberto. La Matrícula De Mar en el Departamento Marítimo De Cartagena durante el siglo XVIII: una complicada aplicaciónMediterranea-ricerche storiche, 3025, no 12, pp. 539-558.

VÁZQUEZ LIJÓ, José Manuel. La Matrícula de Mar y sus repercusiones en la Galicia del siglo XVIII. Obradoiro de Historia Moderna, 2006, 26,  pp. 289-322.

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Esta entrada es continuación de otra, en la que se muestran los detalles periféricos de la carta náutica del mallorquín Mateo Prunes de 1559. Aquí nos ocupamos de la zona continental y costera, así como de las magníficas ilustraciones que contiene. Se han añadido dos galerías de fotos para que se puedan contemplar mejor los detalles (para aumentar las imágenes de cada galería sólo debe pinchar sobre ellas y se agrandarán).

En el continente africano el cartógrafo, en un despliegue de sus conocimientos plásticos, incluye animales como leones, jirafas, camellos, elefantes y unicornios, y alguna figura mítica propia de los bestiarios medievales.

 

Las islas y las leyendas mágicas

Aparte de recoger acertadamente la mayor parte de las islas del Mediterráneo, las otras están fuera de su localización real. Las islas portuguesas del Atlántico, como por ejemplo los archipiélagos de Madeira están demasiado cerca de las Canarias.

Canarias y Madeira

Los de las Azores, que servían de recalada a las naves que volvían de las Indias, aparecen entre las figuras de S. Nicolás de Bari, la Virgen y Santa Catalina.

Las islas Azores, un poco alejadas de su actual situación

Las leyendas medievales siguen impregnando la cartografía renacentista, especialmente en lo referente a las islas míticas. En el mapa de Prunes podemos encontrar representadas, por ejemplo, la isla de Brasil o Frislandia. La isla de Brasil aparece nombrada en un Atlas encargado por los Medicis en el s. XIV y recogida años después por Pizigani (1367) entre otros. Aquí se halla a la altura de Irlanda, en mitad del Océano Atlántico y es redondeada. Esta isla mítica, como la de San Brandán, fue buscada de manera insistente por varios reyes europeos durante los años finales de la Baja Edad Media.

Islas míticas

Otra isla fantástica es Frislandia, visitada por dos hermanos venecianos según un relato publicado en el s. XVI, que la mayoría de los investigadores han concluido que no es auténtico, sino una mezcla irreal de literatura y cartografía. El documento cuenta que Nicolás Zeno, a fines del s. XIV, inició un viaje para visitar Flandes y una fuerte tormenta lo llevó a una isla llamada Frislandia. Posteriormente se unió su hermano Antonio. El príncipe de esta isla tenía bajo su dominio otras como Grislandia, Talas, Broas e Iscant, pero quería conquistar Estotilandia, y mandó a Antonio Zeno a ello. Su barco naufragó y terminaron en Icaria, cuyo rey era descendiente de Dédalo.

Algunas islas meidterráneas en la carta de Prunes (1559)

 Los mares

Como la mayoría de los portulanos, la parte del mundo dibujada se corresponde con la zona del Mediterráneo, aunque Prunes no olvida las costas del Mar del Norte y del Atlántico, pero sólo recoge la más cercanas al continente europeo. El Mar Rojo, el de los textos de la Religión, se halla iluminado de ese color.

El Mar Negro aparece bastante bien perfilado en comparación con el Mar del Norte, mientras que en el Atlántico se reconocen sólo las islas Canarias y las portuguesas, y una serie de islotes del continente americano que están en lugares que podríamos llamar imaginarios.

Mar Báltico en la carta de Prunes (1559)

Las imágenes de los monarcas de la época

Prunes incluye en la mayoría de los reinos una imagen de sus gobernantes, e intenta personalizarlos.

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El rey español, con sus atributos y escudo correspondientes

Las ilustraciones dedicadas a los reyes del continente africano de nuevo incluyen múltiples referencias a las leyendas que circulaban sobre ellos, sus territorios y algunos de sus habitantes.

Rey de Guinea mejorado

Imagen fantástica del rey de Guinea

 

En este impresionante despliegue de conocimientos geográficos fantásticos no podía faltar el mítico reino del preste Juan, esta vez localizado en la costa oeste de África.

Reino Preste Juan mejorada

Se puede ver que cerca del río aparece el mítico reino del preste Juan (Joan).

Síntesis

Con este portulano de Prunes nos hallamos ante un documento cartográfico realizado en la Edad Moderna, que refleja importantes avances técnicos, pero que especialmente en sus imágenes retoma el espíritu onírico y fantástico propio de la época medieval.

Esta magnífica carta se halla en una institución estadounidense, lo que posiblemente sea el motivo de que en España sea tan desconocida. De hecho, se ha estudiado otra posterior (de 1563), que sí que está depositada en el Museo Naval de Madrid, pero que estéticamente es mucho menos rica.

Nota:

Las imágenes han sido mejoradas con un programa específico y tratadas para agilizar la descarga de la entrada.

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En España ha habido grandes cartógrafos, unos mas famosos que otros. Sus obras eran codiciadas en cualquier reino. A pesar de esta riqueza humana y documental, poco sabemos de aquéllos que recogieron el mundo, o parte de él, en un sólo documento. Aunque hoy esta tarea parece relativamente sencilla, en aquella época era inmensa y difícil. Precisamente por esa falta de conocimiento sobre un tema naval y marítimo tan relevante, desde hace tiempo hemos dedicado una serie, tanto a los cartógrafos como a las impresionantes cartas que hace siglos fueron capaces de levantar.

El portulano de Prunes de 1559. Nótese que es necesario girarlo para ver tanto las imágenes como los nombres de las localidades que incluye

En esta ocasión traemos una magnífica carta portulana de 1559, prácticamente desconocida, de un ilustre mallorquín, Mateo Prunes. Su riqueza cartográfica y estética ha hecho que tengamos que dividirla en dos entradas.

La escuela cartográfica mallorquina

A finales de la Edad Media se desarrolló en Mallorca una de las escuelas cartográficas mas importantes del momento. Formaron parte de ella hombres como los Cresques y otros menos conocidos, pero de los que se puede encontrar rastro en los archivos de Mallorca, como Lloret, Salvat, Bertrán, Rosell o Valseca. Un contacto secular con el mar, puerto y tierra de comerciantes y espíritu aventurero hicieron de esta isla el centro neurálgico de una escuela cartográfica que sólo tiene comparación con la italiana.

Las islas Baleares en la carta de Prunes

La familia Prunes fue una de los pocas que cuando la escuela mallorquina empezó a decaer se quedó en la ciudad, continuando sus miembros con el oficio de “hacer cartas de marear” ya desde principios de S. XVI, considerándose, por lo tanto, herederos directos de esta técnica bajomedieval de levantar mapas. Mateo Prunes (15321594) fue uno de los cartógrafos más prolíficos de esta saga, que también tuvo entre sus descendientes a varios profesionales de la materia. 

Mar Báltico en la carta de Prunes (1559)

La carta de 1559

El portulano recoge todo el Mediterráneo y parte del Atlántico y del mar del Norte. Una de sus particularidades, que la distingue de otras posteriores del mismo autor, es que está profusamente ilustrada y con vivos colores. Contiene imágenes de los reyes de España, Francia, Alemania, Polonia, y de gobernantes de otros territorios europeos y africanos. También ilustra algunas ciudades como Venecia o Génova.

genova

La ciudad de Génova en la carta de Prunes de 1559

Como el resto de las cartas de esta clase su orientación no es al norte, sino de Este (o Poniente Este o Levante,) y para poder leer los nombres de los lugares costeros que contiene hay que girarla 90 grados.

Vamos a estudiar con detenimiento sus características, así como varias de las figuras que contiene y su significado.

Los vientos

En el cuello del pergamino aparece la figura del viento Poniente, así como las representaciones angelicales del resto: Levante, Tramontana y Mediodía.

Representación antropomorfa del viento de poniente

En las rosas de los vientos es de destacar que se representan los cuatro vientos cardinales arriba nombrados, así como los 4 intercardinales (los 8 aparecen marcados en el centro). Empezando desde arriba hacia la derecha hallamos: Poniente, Maestral, Tramontana, Gregal, Levante (con una cruz que apunta a Jerusalén), Jaloque, Mediodía y Lebeche.

Una de las magníficas rosas de los vientos

Las esquinas

En cada borde de la carta (norte y sur) aparecen unas cintas u orlas con divisiones que son los troncos de leguas para medir distancias.

La araña del portulano, como cualquier carta plana mediterránea lleva un surtido de rosas, ombligos y nudos, que servían para trazar un rumbo y la derrota estimada compasando (utilizando el compás).

Las figuras periféricas

Cerca del viento de poniente hay tres imágenes, dos santos y la Virgen, de los que nos ocupamos, por su vinculación con el tema naval, de izquierda a derecha.

El primero es San Nicolás de Bari, santo protector de los marineros mediterráneos. Va vestido de obispo, con mitra, báculo y capa pluvial. En la mano izquierda sostiene una nave, uno de sus atributos o símbolos más conocidos. Por detrás de la mitra aparece una aureola o nimbo del tipo circular, símbolo de su santidad.

San Nicolás de Bari

Le sigue la imagen de la Virgen María con el niño Jesús en brazos. Lleva el vestido tradicional: manto azul y túnica roja. Dos ángeles sostienen sobre la aureola de la virgen y el niño, una corona simbolizando la Coronación de la Virgen María. Flota sobre una nube de querubines, mientras los ángeles  tocan instrumentos.

La virgen y los dos santos

Por último Sta. Catalina de Alejandría, con la rueda de cuchillos, con que el Emperador Majencio pretendía torturarla y que fue destrozada por un rayo. En una mano lleva la espada, instrumento de su decapitación, y en la otra la palma de mártir, detrás de la cabeza porta una aureola. Bajo sus pies está la cabeza coronada de un rey, que simboliza al emperador que mandó asesinarla.

Los dos santos vinculados en esa carta con el mundo naval, tuvieron una vida muy interesante, y por eso hemos añadido enlaces en sus nombres, para que se pueda saber mas de su periplo en la tierra.

(Continuará la semana próxima, en la que nos ocuparemos del territorio y las ilustraciones que lleva la carta en la zona continental cartografiada,  así como de las peculiaridades de los mares)

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Hay ciudades costeras en las que a lo largo de su historia se han levantado monumentos de otras culturas marítimas que han pervivido hasta hoy. Entre estas urbes milenarias Constantinopla es como un faro que durante siglos ha iluminado el Este del Mediterráneo. Sus múltiples nombres (Bizancio, Estambul) son una muestra mas de los distintos pueblos que la han habitado. Esta entrada no la hemos dedicado a la inmortal ciudad de Santa Sofía, porque sería muy difícil hacerle justicia con tan poco espacio, pero sí podemos ocuparnos de una torre que hace muchos siglos levantaron allí los hombres de una antigua república marítima italiana: los genoveses.

La torre Gálata destaca por su altura en esta vista de Estambul

Actualmente esta construcción se llama Gálata, aunque en el pasado era conocida como la Torre de Cristo. Fue levantada en 1348 y durante centurias ha sido la estructura más alta de la ciudad. De hecho, todavía domina el horizonte de Estambul, y desde ella se puede divisar tanto el Bósforo como el mar de Mármara.

Localización de la Torre Gálata en la ciudad turca. Fuente Google Maps

Se construyó en este estratégico lugar para poder ver lo antes posible la llegada de los barcos, que traían las mercancías a puerto.

La parte superior de la torre, que desde la segunda mitad del s. XX está abierta al público

Tiene casi 67 m. de altura y sus paredes son de casi 4 m. de grosor. Se situó sobre otra anterior, bizantina, que había sido destruida tiempo atrás.

Vista de 360 grados de la torre y sus alrededores

A lo largo de los siglos ha tenido varios usos: primero fue una cárcel y luego se transformó en una torre de vigilancia contra incendios. En la actualidad su estructura se ha reforzado, está abierta al público, y contiene varios comercios, entre ellos un restaurante en la parte mas alta.

Otra vista marítima de la ciudad, con la torre al fondo

La Serenísima República de Genova, una de las repúblicas marítimas italianas, alcanzó su esplendor desde el siglo XI al XV. Como las otras, gozó de una prosperidad económica gracias a su actividad comercial, lo que les llevó a navegar por todo el Mediterráneo buscando aliados y puertos con los que comerciar. Como sus estados rivales, Venecia, Amalfi y Pisa, y especialmente la primera, consiguió crear una serie de colonias comerciales en la cuenca del Mare Nostrum.

La Torre de Galata, y el barrio de igual nombre en el que se asienta, son una muestra del poderío alcanzado por la República de Génova, ya que aparte de fundar una colonia en Constantinopla, levantaron este impresionante construcción para vigilar la llegada de las embarcaciones. Para nosotros es un ejemplo de patrimonio arquitectónico marítimo medieval de gran importancia, que muestra una vez mas lo relevante de la historia vinculada con el mar y también de las sinergias que pueblos tan distintos establecieron en las orillas del Mar Mediterráneo.

A través de ella podemos ver una parte del pasado de dos ciudades marítimas tan antiguas como universales, Génova y Constantinopla, y entender que las relaciones comerciales fueron a menudo causa de guerras, pero también dejaron un legado que hoy nos permite contemplar impresionantes construcciones como esta Torre Gálata.

Más información

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En el siglo XVII un monarca español en cuyos reinos no se ponía el sol, decidió encargar la confección de un atlas para tener documentado su territorio base. Fue una muestra de la necesidad de control y también de dominio de un rey poderoso, que quiso tener una muestra impresa de la amplitud de sus tierras y costas peninsulares. Se titula «La descripción de España y de las costas y puertos de sus reinos» (1634) y es considerada la mayor obra cartográfica conocida acometida durante el siglo XVII por la Monarquía Hispánica.

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Mapa mundi que aparece al final del Atlas

El autor

Fue obra de Pedro de Teixeira Alvernas (1595-1662), que la llevó a cabo por encargo de Felipe IV, conocido también en algunos ámbitos como el Rey Planeta.

Texeira, o Teixeira, trabajó más de cuarenta años para la corte española, sirviendo primero a Felipe III y posteriormente a su hijo. Pedro de Texeira era miembro de una ilustre familia de cartógrafos portugueses que se había establecido en España a principios del siglo XVII. Una mirada a las cartas que levantó su padre, Joao Teixeira, que se conservan en la Biblioteca Nacional de España, deja ver su profunda influencia.

El puerto de Alicante

El encargo regio tenía un fin muy claro, conseguir una descripción precisa y completa de las costas de España, de sus puertos, de sus ciudades más importantes, e incluso de sus antigüedades. La idea inicial fue encargarla a Joao-Baptista Lavaña (1555-1624), maestro de matemáticas del príncipe, el futuro Felipe IV.

Costa de Vizcaya

Como éste no pudo terminar de llevarla a cabo, al final pasó a manos de Pedro de Texeira, uno de sus discípulos.

Albufeira

Albufeira, en la costa sur de Portugal

El trabajo requería de un recorrido previo de la comisión hidrográfica por cada uno de los puntos litorales a cartografiar y se inició en Fuenterrabía (Guipúzcoa), en 1622, concluyéndose en ocho largos años. El resultado debía contener dos tipos de descripciones complementarias. Por un lado, una parte textual con información sobre la geografía, historia y población del territorio. Por otro, un conjunto de mapas generales y parciales de las costas españolas. La primera parte de este proyecto se conoce a través de tres manuscritos conservados en las bibliotecas nacionales de España, Gran Bretaña y Austria. Con respecto al componente propiamente cartográfico, hasta su descubrimiento reciente había sido dado por perdido.

El puerto de Gijón

La obra

El Atlas contiene 116 imágenes a todo color de mapas de la Península Ibérica, así como los escudos de sus reinos, provincias y señoríos. Estas vistas litorales del siglo XVII reparan en detalles como los salientes de tierra, los sistemas defensivos de las poblaciones costeras, acantilados, playas, cabos o golfos, y están tratados con gran precisión, para que quien los contemplara, pudiera interpretarlas de manera rápida y clara.

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Puerto de Barcelona

El Atlas pretendía, además, ser un instrumento que permitiera a la monarquía establecer estrategias a la hora de defenderse de los ataques marítimos.

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Detalle de embarcaciones en el puerto de Alicante

Las imágenes destacan también por su enorme belleza. Las representaciones ofrecen detalles significativos, como los minuciosos escudos que aparecen, el estudio de las poblaciones por las que discurrió la comisión cartográfica o la precisión para clarificar la ubicación estratégica de los pueblos, todos con sus respectivos nombres.

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Galeras en el puerto de Alicante (detalle aumentado)

La obra se perdió y fue redescubierta en la Biblioteca Nacional de Viena

Esta impresionante obra, cuya parte cartográfica creíamos perdida para siempre, fue descubierta en Viena por Felipe Pereda y Fernado Marías. Tras el hallazgo publicaron una poligrafía con varios trabajos de especialistas y un facsímil de la obra.

Uno de los escudos, a toda página, que incluye el atlas

En palabras de sus descubridores: ‘el atlas es como un viaje virtual por el perímetro costero a vista de pájaro y frontal, tal como lo vio el rey Felipe IV hace 400 años’ (…) ‘Este proyecto cartográfico corrige la apreciación de la ausencia de la ciencia española en el siglo XVII. Es un capítulo nuevo de la ciencia de la cartografía española’.

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Galeras en el Grau de Castellón

En síntesis: una maravilla de la cartografía europea poco conocida que devuelve logros perdidos, y que, además, contribuye a situar la ciencia cartográfica española de la edad moderna en el sitio principal que siempre le ha correspondido.

Más información

CISNEROS ALVAREZ, P. El Atlas del Rey Planeta. «La descripción de España y de las costas y puertos de sus reinos», de Pedro Texeira (1634)Biblio 3W, Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales, 2003, VIII, 473.

PEREDA ESPESO, F. Y MARÍAS FRANCO, F. El Atlas del Rey Planeta. «La descripción de España y de las costas y puertos de sus reinos», de Pedro Texeira (1634). Hondarribia: Editorial Nerea, 2002. 398 p.

PEREDA ESPESO, F. y MARÍAS FRANCO, F. De la cartografía a la corografía: Pedro Texeira en la España del Seiscientos. Ería, 2004, 64-65, p. 129-157.

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El Banco Central de Noruega pondrá en circulación este año 2017 su nueva serie de billetes, de 50, 100, 200, 500 y 1.000 coronas, que comparten la misma temática: la historia marítima del país.

El mar que nos une

La serie ha sido diseñada por Arild Ytii y Morten Johansen. Cada uno de ellos tiene un lema que hace referencia a la ilustración de su anverso y que explora una vertiente de esa relación histórica de Noruega y el mar.

El mar que nos lleva por el mundo

Los lemas son muy significativos, y celebran algunos de los aspectos vinculados con los beneficios que el mar ha ofrecido al país. Pueden leerse al pie de cada uno de ellos, y son tremendamente evocadores: el mar que nos une, el que nos lleva por el mundo, el que nos alimenta, el que no da la prosperidad y el que nos lleva hacia adelante.

El mar que nos alimenta

Han sido diseñados en Snøhetta, un estudio de arquitectura encargado de algunas de las infraestructuras mas conocidas, como la Ópera de Oslo. En el reverso de los billetes su diseño cuenta con imágenes de la costa noruega, distorsionadas y pixeladas usando la escala de Beaufort.

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Los colores del reverso de los nuevos billetes

Esta escala es una medida empírica para calcular la intensidad del viento. Está basada principalmente en el estado del mar y de sus olas.

El mar que nos da la properidad

Se reproducen imágenes tradicionales y emblemáticas de Noruega: un barco vikingo, un faro (el mas occidental del país), un pez (bacalao), un velero (el RS14 “Stavanger”) y una fuerte ola.

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El mar que nos lleva hacia delante

Estos billetes son una maravilla de la técnica y celebran un próspero pasado en un país como Noruega, intensamente ligado con el mar. De nuevo estamos ante un ejemplo de que el pasado y la tecnología mas puntera pueden convivir, generar sinergias y darse a conocer. Todo ello para que los ciudadanos podamos disfrutar tanto de los logros conseguidos como para entender y apreciar el pasado que nos une.

Mas información

La historia marítima de Noruega, en sus nuevos billetes

Los bellos billetes pixelados de Noruega

The Gorgeous Redesigned Banknotes of Norway

 

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