Existe una teoría que vincula comercio y navegación con lo sagrado. Es una buena explicación del origen de algunos de los puertos que se construyeron en la Antigüedad clásica. Vamos a conocerla.

El comercio es casi tan antiguo como la humanidad. Pero cuando se iba en busca de nuevos mercados se podían generar graves problemas. Llegar a un lugar desconocido para intentar comerciar podía suponer entrar en territorio hostil, y acabar atacados por sus habitantes. En el ámbito marítimo, la llegada de embarcaciones comerciales solía ser bienvenida, pero el problema estribaba en saber quiénes llegaban y con qué intenciones, ante lo cual muchas poblaciones decidían atacar primero y preguntar después.

Han sido muchas las estrategias utilizadas para iniciar los intercambios, desde el comercio silencioso hasta usar a los propios naturales del lugar para tranquilizar a sus habitantes. Y una vez que conseguían realizar los primeros trueques, era más sencillo volver a ese mismo fondeadero.

Si el lugar era propicio, muchos pueblos como fenicios, griegos, etruscos y romanos, establecían lazos comerciales más continuos, fundaban emporios y/o colonias, y con el tiempo esos lugares pasaban a considerarse puertos. Unos eran naturales (los de las actuales ciudades de Biblos, Cartagena y Mahón, por ejemplo), por lo que no necesitaban intervención, pero otros, la mayoría, sí.

En muchas ocasiones, cuando se quería otorgar naturaleza de puerto a ciertos lugares, primero se construía un santuario. ¿Por que?, pues porque el espacio sagrado era territorio neutral, y de ahí que, al considerarse de esta manera, fuera fácil acercarse a él sin temor a ser mal recibidos. Se «acogían a sagrado», que es la expresión para dar a entender esa neutralidad.

Un buen ejemplo lo constituye la ciudad etrusca de Caere, que en la búsqueda de la riqueza que el comercio otorga, decidieron fundar en Pyrgi un santuario costero dedicado a sus dioses Uni y Tinia, pero que pronto acogió a otras deidades griegas, fenicias y romanas (Astarté, Hera, Juno, Kore, Demeter, Dionisos, Hades…). Se construyó sobre una gran franja costera y tiene dos partes diferenciadas, así como varios altares. También conecta con la ciudad de Caere a través de una vía de unos 16 km, situación que recuerda la de Atenas y el puerto del Pireo.

Para acabar
El mundo antiguo tenía estrechísimos vínculos con la religión. De hecho, para muchos pueblos sus deidades eran imprescindibles en su vida diaria y los reyes tenían naturaleza divina. Por esta razón no es extraño que se apoyaran en la construcción de santuarios para generar o ampliar sus actividades comerciales, lo que desembocó en la creación y mejora de multitud de puertos en ciudades costeras, fluviales o lacustres.
Más información
RUIZ DE ARBULO, Joaquín. Rutas marítimas y colonizaciones en la Península Ibérica. Una aproximación náutica a algunos problemas. Itálica, 1990, 18, p. 79-115.
RUIZ DE ARBULO, Joaquín. El papel de los santuarios en la colonización fenicia y griega en la Península Ibérica. Santuarios fenicio-púnicos en Iberia y su influencia en los cultos indígenas, 2000, p. 9-56.
TREMOLEDA TRILLA, Quim, et al. Los puertos tardorrepublicanos de Emporion. La adaptación de las estructuras portuarias a las necesidades comerciales. Puertos romano-helenísticos del Mediterráneo occidental. Evidencias constructivas y comerciales. Madrid: Ed. La Ergástula, 2024.
Comercio silencioso era una forma de intercambio muy antigua, en la que los comerciantes no se veían nunca. Actualmente todavía se lleva a cabo en algunos lugares. Por ello los que lo inician dejan las mercancías en lugar prefijado y se retiran. Posteriormente llegan los que los van a recibir, y, a cambio, disponen otros productos con valor similar. Se van, a la espera de conocer si a los primeros les parece bien. Si están de acuerdo se recogen los productos. En caso negativo, se deben aumentar las mercancías, pero todo se lleva a cabo sin verse, ni hablar.
