Hay leyendas que son casi universales. En cada lugar se han ido ampliando y adaptando, pero son muy similares. Una de ellas, la de un muchacho que podía estar debajo del agua mucho tiempo, es conocida en varios lugares de la costa mediterránea. Aquí traemos dos ejemplos, uno de la península itálica y otro español. La primera no ha sido posible enmarcarla cronológicamente, mientras que la segunda sí.

La historia de Colapesce
En la isla de Sicilia (en la actual Italia) había, en un momento histórico desconocido, un joven llamado Nicolás, que tenía una extraordinaria pasión por el mar, que pasaba sus días nadando y explorando las profundidades del océano. Según algunas versiones, decía que podía ver montañas, valles y bosques bajo el agua. Su obsesión por el mar y su descuido de otras tareas frustraron a su madre, que acabó amenazándolo y diciendo que si seguía así se acabaría convirtiendo en un ser mitad pez, mitad humano. Así, pasado el tiempo, según el acervo popular, se había transformado en un tritón.

Como su fama había llegado muy lejos, el rey quiso conocerlo, por lo que se desplazó a su tierra y allí lo convocó para presenciar sus audaces hazañas submarinas. Le propuso una serie de desafíos, que el muchacho sorteó sin problemas. Los más conocidos son aquellos en los que el monarca arrojó un anillo de oro y su corona al mar para que los recuperara.


Ante el éxito del muchacho, ahora llamado Colapesce (o Cola Pesce), el rey probó algo más complicado, que consistió en arrojar su anillo a una zona aún más profunda y peligrosa del mar. El chico que conocía esa parte de la costa, pensó que era posible que no regresara. Así que solicitó llevar consigo unas lentejas, para que quienes lo estaban presenciando supieran que si estas subían a la superficia y flotaban, eso significaría que había decidido permanecer bajo el agua. Las lentejas y el anillo emergieron, pero Colapesce no. Una parte de la leyenda dice que previamente había comprobado que la isla de Sicilia se sostenía en el fondo del mar sobre tres columnas, pero en esos momentos se dio cuenta de que una de ellas estaba a punto de colapsar, por lo que decidió quedarse para siempre en el fondo, sustituyendo a ese pilar, para mantener la isla en su lugar.
Colapesce era capaz de permanecer bajo el agua durante tanto tiempo que alimentó la leyenda de que se había convertido en una criatura marina.

El hombre pez de Liérganes
En un pueblo de España, en la costa cantábrica, llamado Liérganes también existe una historia similar. A mitad del siglo XVII, vivía allí un matrimonio que tenía cuatro hijos. El segundo se llamaba Francisco de la Vega Casar y se convirtió en un ser legendario de la mitología de Cantabria, conocido también como el hombre pez de Liérganes.

Igual que Colapesce, amaba el agua y nadaba continuamente, dejando atrás otras tareas. Un día Francisco se fue a nadar con unos amigos al río Miera. Como era un excelente nadador, cuando lo perdieron de vista, sus compañeros no temieron por él hasta pasadas unas horas. Entonces, al ver que no regresaba, pensaron que se había ahogado.

Lo extraodinario de esta historia es que apareció cinco años más tarde, en la bahía de Cádiz, a casi 1000 km. Según unas versiones estaba cubierto de escamas, aunque otras lo desmienten. Los pescadores que lo encontraron lo llevaron al convento de San Francisco, donde intentaron que hablara, pero no lo hizo. Al cabo de unos días, sólo dijo una palabra: “¡Liérganes!”, por lo que decidieron acompañarlo hasta allí. Cuando llegaron, el chico se dirigió sin dudas a la casa familiar en la que había vivido. Su progenitora y sus hermanos lo reconocieron en cuanto lo vieron. A partir de ese momento vivió con ellos hasta que al cabo de nueve años desapareció de nuevo en el mar, sin que se supiera nunca más de él.
Actualmente existe un centro de interpretación sobre esta leyenda marítima.

Para acabar
Los orígenes de la historia de Colapesce y del hombre pez de Liérganes están profundamente arraigados en el folclore marítimo. Estos paralelismos sugieren que podrían haber evolucionado a partir de una tradición más amplia de mitos relacionados con el mar, que luego iría adaptándose en algunas localidades costeras, y también diferenciándose en algunos rasgos.
Aunque las leyendas tienen su origen en la Edad Media, diversos investigadores han hallado vestigios de ellas en la Antigüedad, en las historias que sobre dioses y héroes se narraban de boca en boca en los barcos que cruzaban el Mediterráneo, y que se extendieron por toda Europa. Por ejemplo, la leyenda sobre la recuperación del anillo del rey Minos por parte de Teseo de época antigua, o las narraciones del norte de Europa acerca de espíritus acuáticos que cambian de forma.

Más información
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