Una demolición submarina para facilitar la navegación

Por Jorge Martínez Reina, colaborador de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval

Introducción

En Nueva York, en la zona situada entre Mill Rock, Queens y Manhattan Island, en el East River, se encuentra el estrecho de Hell Gate, un lugar donde convergen turbulentas corrientes de agua, propiciadas por los diversos flujos de marea y vientos inestables.

Este estrecho, además de tener una longitud de 1,6 km, desempeñó un papel esencial como puerta de entrada y/o salida al Atlántico. Sin embargo, los remolinos gigantes y todas las rocas, arrecifes e islas que en él se hallan, sumado a que se encuentra conectado con las aguas de Long Island, le han conferido una historia terrorífica para la navegación.

Mapa que sitúa el estrecho de Hell. Fuente: Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE.UU.

Etimología

El nombre parece que proviene de la palabra holandesa “Helegat”, que tiene dos significados: «Puerta Brillante» o «Puerta del Infierno». Este fue acuñado por el comerciante de pieles y explorador holandés, Adriaen Block en 1614, después de navegar con su barco, el Onrust, a través de este peligroso paso de agua, con lo que parece que tomó la segunda acepción.

Mapa en el que se pueden ver los derroteros seguidos para atravesar el estrecho de Hell. En el círculo rojo aparece la zona cuyas rocas y arrecifes dificultaban la navegación. Fuente

Historias de naufragios alrededor de Hell Gate

El caso más impactante fue el del HMS Hussar, una fragata de la clase Mermaid, asignada a la Royal Navy. Había sido construida en Rotherhithe (orillas del río Támesis) en 1763, tenía 38 metros de eslora por más de 10 metros de manga, cargaba 28 cañones y podía albergar una tripulación de unos cien hombres. Estuvo presente en batallas navales menores frente a las costas de Irlanda y Portugal antes de ser enviada a Nueva York en noviembre de 1780, para luchar contra los colonos en la guerra de independencia de las treces colonias, donde su destino quedó sentenciado por las aguas del estrecho.

Dibujo del HMS Hussar

En el siglo XIX se decía que uno de cada cincuenta barcos que pasaban por la «Puerta del Infierno» resultaba dañado o se hundía. De hecho, la estimación se encuentra en torno a un promedio anual de 1000 barcos encallados. Por ello la mayoría optaban por navegar cientos o miles de kilómetros adicionales para evitarlo.

Planificación y ejecución de la demolición de las rocas y el arrecife

A medida que la navegación a nivel global se desarrollaba y las rutas comerciales se expandían, la necesidad de abordar el desafío de Hell Gate se volvió más urgente. Por ello, las autoridades marítimas de Estados Unidos comenzaron a estudiar la posibilidad de eliminar las rocas y arrecifes que dificultaban el tránsito seguro por este estrecho paso. Sin embargo, el proceso no fue tarea fácil, ya que implicaba enfrentarse a dificultades técnicas y financieras.

En 1832 se presentó a la legislatura del estado de Nueva York una petición para que se construyera un canal, evitando así el Hell Gate por completo. Pero no se retomó el tema hasta 15 años después.

El primer intento real de eliminar la barrera de rocas fue impulsado en 1849 por Benjamín Maillefert, un ingeniero francés cuya especialidad eran las voladuras submarinas. Su objetivo era bajar un bote de pólvora a una de las rocas con una cuerda a través de un poste largo, y luego hacer estallar el explosivo desde una distancia segura. El plan de Maillefert fue lento pero efectivo, al conseguir desmantelar gran parte del remolino del estrecho, aunque no eliminó la barrera completamente. Por lo que años después, en la década de los cincuenta, el gobierno de Nueva York se vio obligado a solucionar definitivamente el problema. No obstante, la dejadez y el comienzo de la Guerra Civil pausaron el proyecto durante varios años.

En agosto de 1869 comenzó la eliminación del arrecife, que medía 235 metros de largo por 91 metros de ancho y producía remolinos en ambos lados que se combinaban con las corrientes de la marea, lo que suponía un peligro para la navegación. De nuevo, el proyecto quedó paralizado hasta que años más tarde, en 1876, el general del Ejército de los EE.UU. John Newton fue encargado de limpiar los tres acres del arrecife infranqueable (aproximadamente el equivalente a tres campos de fútbol). En total se necesitaron siete años de excavación de túneles, la perforación de 7000 agujeros y el enterramiento de 4000 cargas explosivas de nitroglicerina para hacer estallar y eliminar el arrecife.

El 10 de octubre de 1885 The New York Times describió la explosión causada por una de las mayores demoliciones marítimas controladas de todos los tiempos, de manera muy poética:

La mina subterránea explotó rompiendo rocas de la puerta del Infierno. Un éxito científico completo. La terrible fuerza que rompe liberada por el dedo de un niño. Un temblor estremecedor de la tierra y un informe agudo, pero no estridente. Inmensos géiseres de agua lanzados al aire».

Conclusión

La eliminación de las rocas y el arrecife de Hell Gate fue un evento que ha trascendido hasta nuestros días. La audacia y el ingenio humanos se combinaron para superar desafíos técnicos nunca antes vistos, permitiendo que la navegación en este peligroso estrecho fuera más segura y eficiente.

El paso en la actualidad. Fuente: Google Earth

Más información

ÁLVAREZ, Jorge. Hell Gate, la mayor explosión registrada antes de la bomba atómica. La Brújula Verde, 2017.

ELDREDGE, Niles. Concrete Jungle: New York City and Our Last Best Hope for a Sustainable Future. California: University of California Press. 2014, 288 p.

NOAA 200th Collections: Hell Gate and Its Approaches nautical chart from 1851. National Oceanic and Atmospheric Administration. 2009, 1 p.

Washington Goverment Printing Office. Report of the Superintendent of the U. S. Coast and Geodetic Survey showing the Progress of the Work during the Fiscal Year ending June. 1885, 565 p.

WHITT, Tony. The East River is Cleaner Now. The Water Birds Say So. The New York Times. 2006, 1 p.

Mil gracias por tus comentarios