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Archive for the ‘– Patrimonio naval’ Category

Singapur es un país de Asia formado por 63 islas, cuyo desarrollo está dando mucho que hablar. En este blog no nos vamos a ocupar de sus impresionantes edificios, obras públicas o parques, sino de su historia y su patrimonio marítimos.

Localización en el mapa de Asia

Fundada en el siglo II, fue durante centurias un pequeño poblado de pescadores y comerciantes dependiente del rey malayo. Los juncos chinos en ruta a la India surcaron sus aguas desde el siglo V, aunque existen registros escritos de marinos del siglo III que se refieren a ella.

Las islas que forman Singapur

En el siglo XIV un príncipe malayo creyó ver un león en sus costas y de ahí viene su nombre actual, que traducido es “ciudad de los leones”. A la entrada del puerto se puede ver un animal con cabeza de león y cola de pez, el merlión, que representa este acontecimiento y que se ha convertido en el símbolo de país. De cualquier forma, parece que en esta tierra nunca hubo leones y lo que el príncipe vio pudo ser otro tipo de felino: un tigre.

Merlión de Singapur

Sus tierras no eran aptas para el cultivo, por lo que no parecían tener mucho futuro. En sus alrededores había muchos pantanos y terreno fangoso. Sin embargo tenía algo que muchos imperios anhelaban, su estratégica situación, ya que estaba en el centro del comercio a gran escala entre Europa y Asia. Se hallaba en el estrecho de Malaca, arteria fundamental entre el Índico y el Pacífico, por donde pasaban las naves de la ruta de las especias para dirigirse a la India en el camino de vuelta.

La ruta de las especias. Fuente

En el siglo XIX un teniente coronel británico destinado en Java, Stamford Raffles, desembarcó en Singapur en 1819. Tras su visita llegó a la conclusión de que la fangosa isla grande podía ser el lugar ideal para un nuevo puerto comercial destinado a contrarrestar la influencia neerlandesa en la región. Para poder utilizar este enclave firmó un tratado con el sultán Hussein a cambio del pago de modestas sumas de dinero anuales. Unos años más tarde la Compañía Británica de las Indias Orientales compró la isla.

Pronto llegaron grandes oleadas de inmigrantes al puerto franco, encabezadas por comerciantes que querían evitar el pago de los elevados aranceles en el puerto rival de Malaca, controlado por los neerlandeses. Singapur continuó prosperando, su población se disparó y algunos se hicieron millonarios. En 1965 alcanzó la independencia. La mayor parte de sus habitantes son chinos, seguida de malayos e indios, tres pueblos con una larga tradición marinera. Cada uno ha desarrollado su cultura originaria en la nueva nación y de ahí surgen las muestras del patrimonio marítimo que todavía se conservan en Singapur, uno de los países que más ha apostado por su protección. Vamos a conocer algunas de las leyendas marítimas más representativas.

Las islas de las Hermanas

Una viuda que vivía en la isla tenía dos hijas, una de ellas fue secuestrada por unos piratas. Su hermana se lanzó al agua a rescatarla, pero se ahogó. Según la leyenda la otra se tiró al agua y desapareció. Ya no se volvió a saber nada de ellas. Al poco tiempo una gran tormenta con niebla invadió la costa. Al despejarse sus habitantes vieron que habían aparecido dos islas, que en adelante se denominaron las Islas de las Hermanas. Se decía que todos los años, el mismo día en que las hermanas se convirtieron en islas, siempre habría tormenta y lluvia. La localización de estas islas está marcada en color rojo en el mapa de Singapur que aparece arriba.

La isla de la Tortuga

La leyenda dice que una tortuga mágica se convirtió en una isla para salvar a dos marineros que habían naufragado, uno chino y el otro malayo, y que éstos le hicieron un templo taoista y otro musulmán como agradecimiento.

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Este país tan joven, donde la innovación es un elemento clave, fue el que adquirió el pecio descubierto por Walterfang en Belitung y parece que continúa con la idea de construir un museo para exponer el magnífico tesoro que se descubrió. Mientras los restos hallados descansan en la Galería Khoo Teck Puatel del Museo de las Civilizaciones Asiáticas de Singapur.

Una de las fuentes halladas en el naufragio de Belitung

Para concluir

Su apuesta por proteger y exponer el patrimonio, tanto el de su propio país como el del resto de culturas asiáticas, así como sus fantásticas leyendas, que forman parte del patrimonio marítimo inmaterial de la Humanidad, lo han convertido en un ejemplo a seguir en la lucha por hacer de la historia y el patrimonio una materia conocida y apreciada en todo el mundo. Este reconocimiento de la herencia pasada lleva aparejado su protección y difusión para disfrute de todos los ciudadanos.

Más información

HENG, Derek & ALJUNIED, Syed Muhd Khairudin. Singapore in global history. Amsterdam University Press, 2011.

KEN, Wong Lin. The strategic significance of Singapore in modern history. The Great Circle, 1982, 4, 1, p. 25-40.

MIKSIC, John N. Singapore and the Silk Road of the Sea, 1300_1800. Singapur; Nus Press, 2013.

PALACIO SALAZAR, Ivarth. Singapur, una ilusión hecha realidad. Revista de Economía & Administración, 2007, 4, 2.

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El ancla es el icono que identifica lo marítimo y naval en todo el mundo y se incluye en escudos, gallardetes, entorchados, vajilla, ropa, decoración, mobiliario, pintura y escultura entre otros muchos. Las anclas son los sistemas que utilizan los barcos para fondear en un lugar determinado. Tienen otros usos en ciertas maniobras, pero el principal es facilitar el atraque. Posiblemente sea, de todos los pertrechos de una embarcación, el que menos ha evolucionado en toda la historia de la navegación.

Por lo tanto, un ancla es un instrumento fuerte y pesado, hecho de piedra, madera, plomo, hierro o acero, que va afirmado a un cabo o a una cadena para sujetarla a bordo. Se arroja a la mar para que, cuando se agarra al fondo, ofrezca la resistencia necesaria para que el barco quede fondeado y no sea arrastrado por el viento y las corrientes. A lo largo de la historia han tenido numerosas formas y variantes.

Un ancla consta de los siguientes elementos:

  • Arganeo, es el eslabón, también conocido como grillete, que sujeta el ancla a la cadena o cabo.
  • Caña, la parte que va desde el arganeo a la cruz.
  • Cruz, la caña que une los brazos.
  • Brazos, las dos partes del ancla que parten de la cruz a las uñas.
  • Uñas, son los extremos de los brazos. Terminan en los picos de loro o papagayo. Los bordes que forman las uñas se conocen como pestaña y orejeta.
  • Mapa, la parte casi plana de las uñas.
  • Cepo, la barra que atraviesa la caña en un plano perpendicular a los brazos. Debido a su peso, cuando el ancla está en el fondo, la tumba, presentando al tenedero sus uñas para que agarre.
  • Grillete equilibrado, el otro sistema que sirve para suspender la caña, para subirla a bordo y trincarla.

Antes había dos sistemas de anclaje, las áncoras o anclas (una de ellas se puede ver abajo a la izquierda) y los ferros (también llamados rezones, a la derecha). La diferencia radica en las uñas, ya que un ancla suele tener dos, mientras que un ferro posee cuatro. También la terminación (el pico de loro) es diferente.

Evolución de los primeros sistemas de anclaje y fijación

Las anclas más primitivas usadas en las primeras incursiones en el mar, en una navegación fluvial o de pequeño cabotaje, con rudimentarias naves, eran las que se conseguían de manera más sencilla y fácil, con materiales que estaban disponibles en el terreno, como son la piedra y la madera, y que con una escasa manipulación podían servir para fondear.

Piedra

Las primeras formas que se utilizaron, dependiendo del lugar, fueron grandes piedras, cestos cargados de ellas, bolsas de arena o troncos lastrados con plomo, amarrados a ramales. Su fundamento se basaba en el propio peso del sistema y en cierto grado de rozamiento restringido con el terreno.

Diagrama de evolución de las anclas antiguas. Fuente: Kapitán, 1984

Desde ésta se evoluciona hacia las anclas líticas de una o varias perforaciones, así como hacia la forma mixta, constituida por la combinación de madera y piedra. De esta forma, desde las primitivas cestas de piedras se distinguen tres líneas evolutivas, que terminaron confluyendo en los actuales sistemas de anclaje. El primero que aparece en el dibujo superior es el de los “pesos muertos”.

Áncora muy antigua procedente de Egipto, del puerto de Wadi al-Jarf. Fuente

Para facilitar la fijación de la piedra se hizo una acanaladura que la recorría transversalmente, o se tallaban estrías para fijar el cabo, pero sin producir perforación alguna. La piedra se fue trabajando hasta conseguir un aspecto regular, alargado o piramidal, y estaban perforadas, al principio con un agujero por el que se pasaba la gaza (cabo o cuerda), probablemente hecha de cáñamo, cuero o de otro material natural.

Dibujo de una antigua ancla de piedra.Fuente: Benito

A este modelo le fueron añadiendo dos o más hendiduras, a través de las cuales se introducían a presión palos, a modo de uñas sobre la superficie plana de la piedra, que servían para engancharla en la arena. El agujero hecho para el cabo, que habitualmente era el superior, ayudaba a desenterrarla del fondo y facilitaba la maniobra de levar anclas.

La madera

Un importante avance vino con la incorporación de un nuevo material como elemento principal, la madera, que proporcionaba una estructura rígida, aunque en su interior se incluían una o varias piedras como complemento. A diferencia de lo que ocurría con las anclas predominantemente líticas, las de madera apenas se han conservado, por lo que han pasado muy desapercibidas.

También fueron incorporándose metales como bronce, plomo o cobre para reforzar la estructura. Los pesos de las primeras anclas encontradas oscilan entre 17 y 60 kg. Suelen ser triangulares o trapezoidales y cuentan con hendiduras muy grandes para su tamaño. La piedra utilizada era principalmente calcárea o de origen volcánico.

Plomo

El paso siguiente, hacia el siglo IV a. C., consistió en cambiar la piedra por el plomo, tal y como se usaba en algunas de las anclas romanas encontradas. Esta variación aportaba numerosas ventajas en cuanto a su mayor densidad, flexibilidad y duración. Las anclas de las naves del lago Nemi (las del emperador Calígula), por ejemplo, tenían unas enormes dimensiones, de unos 5,50 m. de longitud de caña y estaban hechas de madera de encina (que son de las pocas que se han conservado, debido a las características del lugar del pecio).

Ancla de uno de los barcos de lago Nemi. Museo delle Navi. Foto de Pippo-b

Algunos autores como Benito (2000) afirman que ya hacia el siglo I las anclas de madera fueron desapareciendo, comenzando a ser más frecuentes las de cepo móvil en hierro, antecesoras directas de las actuales.

Evolución de las anclas mediterráneas según Kapitan

En la imagen anterior se muestra la evolución cronológica de las anclas del Mediterráneo, según Kapitan (1984). La que aparece primero (A) es del siglo VII a. de C. La siguiente (B) es un esquema de un áncora hallada en los restos de Pompeya, del año 79. El tercer modelo (C) muestra un ancla tardorromana, cuya principal característica era que tenía la caña cilíndrica. Las dos últimas convivieron a partir del siglo V, la D se conoce como yassi Ada y la última (E) es un esquema de otra de procedencia musulmana (siglo XV).

En el siglo XIV se incorporan definitivamente las uñas a las anclas, aunque según Villa la producción no se sistematizó hasta el XVII. Mientras que esta evolución ocurrió en los sistemas de anclaje de las grandes embarcaciones de comercio y de guerra, en las naves pequeñas se mantuvieron las anclas líticas durante siglos.

Más información

BENITO DOMÍNGUEZ, Ana Mª. Aproximación a la historia de las anclas líticas a partir de las recuperadas en la costa gipuzkoanaItsas memoria: Revista de Estudios Marítimos del País Vasco, 2000, 3, p. 665-684.

CARRIÓN ARREGUI, Ignacio. Tecnología tradicional y desarrollo de una industria pesada: la fabricación de anclas en Guipúzcoa (siglos XVI-XVIII). Revista de Historia Industrial, 1995, p. 199-214.

CIARLO, Nicolás C. Aportaciones históricas y arqueológicas al estudio del proceso de estandarización en la industria ancorera de las potencias marítimas europeas del siglo XVIIIArqueología, 2019, 25, 2, p. 169-193.

KAPITAN, Gerhard. Ancient anchors – technology and classificationInternational Journal of Nautical Archaeology, 1984, 13, 1, p. 33-44.

ODRIOZOLA OYARBIDE, Lourdes. Un proyecto de empresa pública en Guipúzcoa: la Real Fábrica de anclas de Rentería. Revista de Dirección y Administración de Empresas, 1996, 3, p. 73-90.

SÁNCHEZ-FEIJOO LÓPEZ, Luis. Anclas. Tipos, evolución e historia de la penúltima esperanza. Madrid: Fundación Alvargonzález, 2020.

VILLA CARO, Raul. Evolución e historia de los sistemas de amarre y fondeo. Revista General de Marina, 2014, 267, 3, p. 457-469.

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España, junto con Portugal, fue una de las primeras naciones en aventurarse por los mares “incógnitos”. Como resultado se acumuló una importante experiencia marítima, que pronto se vio reflejada en manuales de navegación, que recogían los conocimientos más necesarios para adentrarse en la mar.

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Precursores de estos tratados pueden ser las obras del rey Alfonso X El Sabio, los cartógrafos medievales mallorquines que en la Baja Edad Media ya empezaron a dibujar las primeras cartas portulanas, así como el Almanaque Perpetuo de Abrahan Zacuto.

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Detalle del Atlas de A. Cresques. Fuente: Gallica

La Edad Moderna trajo consigo un importante desarrollo de la navegación. Sin embargo, la naturaleza de los avances náuticos es aún muy desconocida. Lo que sí está muy claro es que desde el inicio de los tiempos astronomía y navegación fueron muy unidas. En España, en este ámbito se cultivó una cosmografía muy implicada con la geografía matemática, la cartografía y la astronomía náutica. Así, muchos de estos contenidos se podían hallar en los tratados sobre el arte de navegar y en las obras de geografía que fueron apareciendo. De esta manera, salieron diferentes ediciones de todos ellos, que tuvieron tal trascendencia que se tradujeron rápidamente a otros idiomas, como el francés, inglés e italiano, y las ediciones se multiplicaron también en éstas y otras naciones.

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Un astrolabio dibujado en la obra de Chaves

Algunos tratados de náutica publicados en España

Ya en época moderna uno de los primeros textos fue el de Pedro García Fernández, impreso en 1485, que creemos perdido. Sí que existen copias de otros publicados o escritos durante el siglo XVI, como los de Fernández de Enciso (publicado en Sevilla, en los años 1519, 1530 y 1546), Francisco Faleiro (Sevilla, 1535), Pedro de Medina con su famoso Arte de Navegar (Valladolid, 1545) y Regimiento de Navegación (Sevilla, 1552 y 1563), Martín Cortés (Sevilla, 1551), Zamorano (Sevilla 1560, 1580, 1581 y 1592), y, ya entrado en siglo XVII, el de García de Céspedes (Madrid, 1606).

Sus autores

Muchos de estos textos están escritos por cosmógrafos, cartógrafos, navegantes o pilotos y publicados en Sevilla. En esa época, además de experiencia y práctica en la mar, tenían que conocer cómo se fabricaban y usaban los instrumentos náuticos, así como las diferentes técnicas para realizar las largas travesías que se requerían.

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Surge, por lo tanto, la necesidad de obtener y fabricar herramientas y de conocer técnicas, cuyo origen se pueden encontrar en el legado clásico y en el desarrollo científico y técnico producido en el mundo islámico. En una página del blog se pueden encontrar, ordenados cronológicamente, los autores y las obras aparecidas más famosas, así como algunas de sus ediciones.

Su transcendencia

Durante el siglo XVI se publicaron un destacado grupo de obras que forman parte de la producción científica española y que tratan del arte y ciencia de navegar. Hay que tener en cuenta que con excepción de Portugal (ya que algunos están apareciendo ahora, pero apenas están estudiados), el resto de los tratados europeos comenzaron a fines del siglo XVI.

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La coca de Mataró (aprox. s. XV)

Por ello, la prontitud en sacar a la luz estos conocimientos y las múltiples traducciones que se llevaron a cabo, destacan la magnitud del trasvase cultural y científico que se produjo en aquella época. Igualmente avalan la importancia de los originales y sus consecuencias históricas, y sirve para reivindicar la aportación de la Ciencia española en este campo.

libros de nautica

Fuente: GUILLÉN, J.F. Historia Marítima. Instituto Histórico de la Armada, 1961.

Puede acceder a casi todos estos manuales en nuestra web.

Más información

AGUIAR AGUILAR, Maravillas. Los primeros instrumentos de navegación que viajaron a América. Mélanges de la Casa de Velázquez, 2019, 49, 1.

CUESTA DOMINGUEZ, Mª Pilar. Una colección de historiografía náutica del siglo XVI. Boletín de la ANABAD, 1993, 43, 2, p. 131-140.

DE BASTERRECHEA MORENO, Juan Pedro. Traducción al inglés de obras españolas de arte de navegar del Siglo XVI. 1998. Tesis Doctoral. Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea.

GARCÍA GARRALÓN, Marta. La formación de los pilotos de la carrera de Indias en el siglo XVIII. Anuario de Estudios Atlánticos, 2009, 55, p. 159-228.

GONZÁLEZ GONZÁLEZ, Francisco José. La introducción en España de la navegación astronómica (S. XVI-XVIII). Los tratados de náutica conservados en la Biblioteca de Real Observatorio de la Armada. Las matemáticas del mundo y el mundo de las matemáticas, 1998.

GONZÁLEZ GONZÁLEZ, Francisco José. Del ‘Arte de marear’ a la navegación astronómica: Técnicas e instrumentos de navegación en la España de la Edad Moderna. Cuadernos de Historia Moderna. 2006, Anejos, p. 135-166.

GUILLLÉN TATO, Julio. Europa aprendió a navegar en libros españoles. Contribucción del Museo Naval de Madrid a la Exposición del Libro del Mar. Instituto de Marina, 1943. 14 p.

GUILLLÉN TATO, Julio. Historia marítima española. Lecciones para uso de los caballeros guardias marinas. Madrid: Imprenta Ministerio de Marina, 1961.

NAVARRO BROTONS, Víctor. Astronomía y cosmografía entre 1561 y 1625. Aspectos de la actividad de los matemáticos y cosmógrafos españoles y portugueses. Cronos, 2000, 3, 2, p.  349-380.

PÉREZ-MALLAÍNA, Pablo Emilio. Viejos y nuevos libros para pilotos: la evolución de los tratados de náutica españoles del siglo XVI al XVIII. En: PÉREZ-MALLAÍNA, P.E. et al. Antonio de Ulloa: La biblioteca de un ilustrado. Sevilla: Universidad de Sevilla, 2015, p. 33-49.

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Cuando la Ciencia y el arte se unen surgen maravillas como la que aquí presentamos. Son una serie de grabados creados por un investigador alemán enamorado del mundo marino.

El autor

Ernst Haeckel (1834-1919) se hizo famoso por su obra gráfica, que aúna la labor científica con la divulgadora, ya que sus dibujos mezclan características zoológicas con aspectos estéticos y fantasiosos. Su obra Kunstformen der Natur, se considera una de las maravillas de la ilustración naturalista del siglo XIX. La vida en la mar fue una de sus grandes pasiones, a la que dedicó muchas láminas.

Ernst Haeckel fue el científico alemán que acuñó la frase “la ontogenia recapitula la filogenia” y los términos “darwinismo” y “ecología”. Fue el primero en postular la idea de un “eslabón perdido” entre el mono y el hombre, y se demostró que estaba en lo cierto cuando se encontró al hombre de Java en 1891.

Su labor científica

Era doctor en Medicina y en Zoología, pero se hizo famoso por ser el mayor defensor del darwinismo en Alemania. Su obra sobre morfología general titulada La Historia Natural de la Creación y Filogenia Sistemática, le valió el reconocimiento mundial. Fue miembro de más de 90 sociedades científicas estadounidense, italianas, francesas inglesas y suecas. 

Sinóforos (medusas)

La faceta artística: el precursor del Art Nouveau

Haeckel también fue un artista consumado, que entendía que la morfología tenía profundas raíces estéticas. Viajó por todo el mundo, desde Italia hasta el sureste asiático, pasando por el mar del Norte. En cada uno de ellos sus cuadernos de dibujo y acuarelas acompañaron siempre a su microscopio. 

Chaetopoda o gusanos anélidos

Se considera uno de los precursores del movimiento Art Nouveau, por las líneas sinuosas de sus dibujos y también por su tendencia a idealizar la naturaleza, con la estilización y la distorsión para lograr un efecto decorativo. Ilumina tanto vegetación de aguas profundas como criaturas acuáticas, pero también pájaros y mamíferos terrestres en más de 1000 grabados.  

Medusas

Formó parte de la Expedición Challenger (1873-1876) del Almirantazgo británico, que con el tiempo se ha considerado la primera exploración no comercial del entorno de aguas profundas y la que inició el campo de la Oceanografía. 

Ascidias, que forma parte del plancton

Para concluir

Esta colección tan magnífica tiene poco que añadir: Ciencia y Arte aplicadas a la vida marina hace más de un siglo, con una estética muy actual. Una maravilla.

Añadimos algunas láminas vinculadas con la temática marítima. El resto están disponibles en este enlace y la obra completa está ya digitalizada y accesible.

Nota: esta entrada es el resultado de una sugerencia recibida por J.M. Grijalvo, a quien desde aquí damos las gracias por contribuir a que divulguemos la existencia de este impresionante legado.

Más información

CERVERA, Fernando. Ciencia y lápices I. Ernst Haeckel. ULUM, Historias de Ciencia y Pasión, 2014.

DAYRAT, Benoît. The roots of phylogeny: how did Haeckel build his trees?Systematic Biology, 2003, 52, 4, p. 515-527.

DI GREGORIO, Mario A. From here to eternity: Ernst Haeckel and scientific faith. Vandenhoeck & Ruprecht, 2005.

HAECKEL, Ernst. The History of Creation: Or, The Development of the Earth and Its Inhabitants by the Action of Natural Causes. A Popular Exposition of the Doctrine of Evolution in General, and of that of Darwin, Goethe and Lamarck in Paticular. From the German of Ernst Haeckel. HS King & Company, 1876.

HAECKEL, Ernst. Art forms in nature. Courier Corporation, 2012 [Nueva edición de su obra].

KUTSCHERA, Ulrich; LEVIT, Georgy S.; HOSSFELD, Uwe. Ernst Haeckel (1834–1919): The German Darwin and his impact on modern biology. Theory Biosci. 138, 1–7 (2019).

KRAUßE, Erika. Ernst Haeckel. Springer-Verlag, 2013.

 

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Ya hemos visto en varias ocasiones que la cartografía era tan apreciada en la Edad Moderna que los reyes utilizaban portulanos y cartas náuticas como regalo o para adornar sus suntuosos palacios. Detrás del atlas que hoy mostramos se esconde una historia: la reina católica inglesa María I (1554-1558) lo encargó como regalo para su marido, el todopoderoso rey español Felipe II, meses después de su matrimonio, pero parece que no llegaron a verlo terminado ninguno de los dos.

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Reina María de Inglaterra. Fuente

En su realización se puede ver el progreso de los marinos portugueses, que desde 1415 habían navegado por la costa occidental de África, en busca de especias y esclavos. Un siglo después llegaron a Brasil e India. Y estos mapas proporcionan algunas de las descripciones más precisas de estas regiones (evidentemente según lo que en ese momento se conocía).

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El autor

Diogo Homem (1521–1576) era miembro de una prolífica familia portuguesa de cartógrafos, cuyas habilidades y conocimientos fueron ampliamente reconocidos. Tuvo que huir de su tierra natal porque fue acusado de formar parte de la confabulación para llevar a cabo un asesinato. Primero fue a Londres y posteriormente a Venecia.

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Es el cartógrafo portugués de quien se conservan más trabajos, y cuya producción conocida está situada entre los años 1557 y 1576. Las etapas creativas por las que pasó están recogidas en el artículo de Destombes abajo citado.

El atlas

Parece que Homen trabajó en el atlas desde principios de 1554, pero no lo terminó hasta fines de 1558. Los doce mapas y tablas del atlas están a doble página (abarcan verso y anverso). Vamos a conocer las que se han conservado.

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Una bonita galera
  • a) El mapa mundi

El gran mapa del mundo es el más sobrio y técnicamente realizado del conjunto. Lleva su firma y está fechado en el año 1558.

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El mapa mundi inicial
  • b) El resto de las cartas

Además el atlas contiene tablas lunares y solares, un mapa zonal circular, mapas del noroeste de Europa y el Mediterráneo, dos de África occidental y oriental, uno de las Indias orientales y tres acerca del norte y el sur de América.

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El Océano Atlántico, parte norte

Todas están decoradas y adornadas con el mejor estilo de una carta portulana, con líneas entrecruzadas que irradian de elaboradas rosas de los vientos, señalando puertos y otras localidades costeras. Tiene dibujada la heráldica de los países colonizadores. Igualmente hay ricas ilustraciones de gobernantes locales, sus estandartes, animales (incluso un rinoceronte) y algunas escenas, como un campamento beduino ubicado en el norte de África, todas ellas basadas en el conocimiento que en Europa se tenía de estos lugares.

Costa este de África

Los monstruos marinos y los barcos animan el mar abierto. Es poco probable que el propio Diego Homem pintara todos estos detalles, por lo que se cree que se contrataron miniaturistas profesionales para llevar a cabo tales escenas.

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Por sus detalles pictóricos y su ornamentación, este atlas se encuentra entre los más grandiosos de su época.

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Una ilustración en la carta donde aparece la ciudad de Roma

También son destacables las numerosas embarcaciones que dibuja, así como las magníficas rosas de los vientos.

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El continente americano

Los mapas de América muestran una asombrosa cantidad de detalles costeros, resultado de los numerosos viajes marítimos transcurridos desde el descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492. El nombre del continente varía y se denomina Mundus Novus (Nuevo Mundo), Quarta orbis pars (Cuarto Continente) y también América.

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Una parte del subcontinente americano

En la región amazónica aparecen el caudaloso río representado como una serpiente, algunos caníbales (“Canibales carnibus umanis”), el campamento del ejército de Pizarro y los gigantes (los patagones) supuestamente vistos por la flota de Magallanes en 1521. En el extremo sur también se representa la tierra firme Incognita y el mítico Gran Continente Sur.

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La ciudad de Cuzco

Epílogo

A pesar de todos los esfuerzos, Felipe II nunca recibió el atlas, uno de los mejores ejemplos de la cartografía portuguesa, que además, parece que se terminó después de la muerte de María, en noviembre de 1558.

El mapa del noroeste de Europa tiene una característica singular, el gran escudo que une las armas de Felipe II de España y María de Inglaterra. Sin embargo, se puede ver que las armas del rey español han sido eliminadas airadamente, Parece que cuando la reina María murió, el atlas fue presentado a la nueva monarca, Isabel I, por lo que no es extraño que la reciente reina hiciera, o mandara hacer, este descalabro. Algunos lo ven como un presagio de la posterior batalla del Canal de la Mancha, conocida como la Armada Invencible.

Son escasos las obras que se relacionan con la reina María I y este atlas es una de ellas. Ignoramos el motivo por el que apenas se conoce y sobre todo la causa de que se haya estudiado tan poco.

Existe un ejemplar en la Biblioteca Británica, que está digitalizado y accesible (The Queen Mary Atlas). En el Museo Naval de Madrid hay un atlas de este autor, pero es posterior (Atlas del Mediterráneo atribuido a Diego Homen ca. 1561).

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El escudo de Felipe II y María de Inglaterra, donde se puede ver que las armas del rey han sido eliminadas

Más información

Atlas de Diego Homen, 1561. Patronato del Mar, Fundación General Mediterránea, 1975. 24 p. 

Atlas de Diego Homen, c. 1559. Estudio de L. Martín-Merás. Museo Naval, 2006, 103 p.

DESTOMBES, Marcel. Une carte inédite de Diogo Homem, circa 1566. Revista Universidade de Coimbra, 1970, 24, p. 5-15 . 

LOADES, David. The Queen Mary Atlas. Facsimile with commentary by Peter Barber. London: Folio Society, 2005. 

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La mayor parte de las armadas cuentan con un magnífico patrimonio construido por los mejores arquitectos del momento. A pesar de que suelen ser una muestra del esplendor y el buen hacer del pasado, en algunos países no son siempre identificados ni tratados como edificios históricos, mientras que en otros son apreciados como escenarios clave de la historia nacional.

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El edificio construido a principios del siglo XIX para albergar la Academia de Guardiamarinas de Cartagena. Hoy atiende “servicios generales” de la Armada y guarda la Biblioteca Naval

Una vez que finaliza su papel naval o marítimo, se debe dar paso a su revalorización, ya que este patrimonio se caracteriza por su diversidad de arquitectura e ingeniería. La “belleza de la utilidad” que ejemplifican muchos de los edificios navales históricos es, a la vez, expresiva del poder y el gusto del estado, y un desafío particular para la reutilización apropiada en términos físicos y económicos.

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Antiguo edificio de la Capitanía General de la Armada en San Fernando, hoy sede del Museo Naval

La existencia de leyes y prácticas de conservación pueden permitir, pero también inhibir, el desarrollo de nuevas actividades en el interior de estos inmuebles. En los mejores ejemplos de reutilización beneficiosa, la robustez inherente de los edificios navales se respeta e incluso se celebra, no borrando su larga historia, sino agregando nuevas capas de significado.

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Antiguo hospital de Marina de Cartagena, hoy transformado en uno de los edificios de la Universidad Politécnica

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Edificio de las antiguas Herrerías de la Armada. Desde el año 2005 convertido en Museo de la Construcción Naval, en Ferrol

En España hay múltiples ejemplos, asociados muchos de ellos a las antiguas capitanías generales de los departamentos marítimos de Cádiz, Cartagena y Ferrol, pero en otros lugares también edificios históricos han sido reutilizados para actividades culturales. La mayor parte de ellas están asociadas a su uso como sede de museos navales, universidades, asociaciones y fundaciones. Algunos ejemplos destacables son el de la Universidad Politécnica de Cartagena y el Museo Naval de la ciudad, cuyos magníficos edificios restaurados pueden verse en las imágenes inferiores. Esta rehabilitación, que además ha variado completamente el uso del espacio colindante y contribuido a dinamizar una zona deprimida, ha conseguido varios premios.

Fuera del ámbito de la Armada también hay varios ejemplos y uno de los más conocidos es el de las Atarazanas Reales de Barcelona, hoy convertidas en sede del Museo Marítimo. En el resto de Europa hay ejemplos, como la conversión del Royal Hospital de Greenwich para la docencia universitaria, nuevos usos para edificios navales alrededor del puerto de Portsmouth, las magníficas instalaciones de Arsenale en Venecia, la infraestructura sueca en Karlskrona y también el Royal Woolwich Arsenal, en el río Támesis, en Londres.

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Edificio de la Universidad de Greenwich (UK)

Más información

CÁNOVAS SÁNCHEZ, Bartolomé. Museo Naval de Ferrol: pasado, presente y futuro. Revista General de Marina, 2016,  270, 2, p. 229-247.

CLARK, C. Coming into the light: the rediscovery and reuse of naval heritage buildingsWIT Transactions on the Built Environment, 2005, 79.

CHACÓN BULNES, José Manuel. La Casa Negra: el Cuartel de Presidiarios y Esclavos de Cartagena. Cartagena: Universidad Politécnica, Servicio de Documentación, 2012.

MORENO VEGA, Alberto y SÁNCHEZ MUSTIELES, Diana. Los tinglados portuarios de Sevilla y Valencia, magníficos contenedores para nuevos usos. En III Jornadas Andaluzas de Patrimonio Industrial y de la Obra Pública: 23, 24 y 25 de octubre de 2014. Fundación Patrimonio Industrial de Andalucía, 2015. p. 61.

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