Por Mª Dolores Montesinos Ros, Grado en Gestión de Información y Contenidos Digitales
La Primera Guerra Mundial destacó por la innovación en tácticas militares. Al no existir en ese momento un método eficaz para combatir a los submarinos alemanes, se ideó, por parte de británicos y franceses, una táctica de engaño que tuvo un papel crucial en la defensa marítima: los buques Q.
Esta idea surgió en respuesta a las numerosas pérdidas de barcos aliados a manos de los submarinos germanos, conocidos como U-Boote. En 1914, para contrarrestar esta amenaza, se convirtieron barcos mercantes en buques señuelo con apariencia de naves comerciales. El nombre proviene del término «Q-ships», procedente del puerto de Queenstown (actualmente Cobh), en Irlanda, desde donde operaban muchas de estas naves.
El objetivo principal era engañar a los submarinos enemigos para que emergieran y atacaran lo que creían que eran buques mercantes indefensos. La idea era simple pero efectiva: permitir que el submarino se acercara antes de revelar el armamento y abrir fuego, sorprendiendo al atacante.
Operaciones y tácticas
Los primeros buques de este tipo comenzaron a funcionar en 1914, destacando el Victoria británico y el francés Marguerite. Se emplearon para ello diferentes tipos de buques, tales como cargueros, carboneros, veleros (goletas y bergantines), barcos de pesca (arrastreros), remolcadores como el Earl of Powis, buques de salvamento y otras embarcaciones más pequeñas. En julio de 1915 vencieron al U36 desde el Prince Charles.
El diseño y armamento de estos buques eran de una apariencia ordinaria y descuidada, lo que los hacía parecer objetivos fáciles. El armamento, que incluía cañones de 102 mm y 12 libras, estaba camuflado. Las armas se ocultaban detrás de baluartes con bisagras o en botes salvavidas falsos.
Las tripulaciones también jugaban un importante papel en el engaño. A menudo se disfrazaban como marineros o “esposas” del capitán, e incluso parece que hubo “un cocinero” con un loro disecado. Una táctica común era “la fiesta del pánico”, donde parte de la tripulación simulaba abandonar el barco mientras el resto permanecía escondida, lista para disparar los cañones una vez que el submarino enemigo hubiera salido a la superficie.
Otra táctica combinaba dos tipos de naves. Con ella un barco de arrastre remolcaba un submarino sumergido que podía atacar rápidamente, cuando un enemigo emergiera para inspeccionar el arrastrero. El primer éxito de este plan fue en junio de 1915, cuando el barco Taranaki con el submarino C24, hundió al U40 en las costas escocesas de Aberdeen.
Otro buque Q importante fue el Hyderabad, construido en 1917, que contaba con varios cañones y torpedos ocultos. Destacaba por su poco calado, para evitar ser torpedeado fácilmente.
Las balandras de la clase Flower y las lanchas PC también fueron utilizadas. Estas embarcaciones estaban diseñadas con líneas similares a los buques mercantes, lo que facilitaba su conversión. Las balandras Flower-Q participaron en convoyes y tareas antisubmarinas, mientras que las lanchas PC simulaban ser cargueros costeros.
La técnica se retomó durante la II Guerra Mundial, y fue especialmente seguida por el gobierno de los Estados Unidos bajo el nombre «Proyecto LQ».
Para acabar
Esta estrategia resultó eficaz en las etapas iniciales de la guerra; sin embargo, a medida que los alemanes se dieron cuenta de esta táctica, su efectividad disminuyó. Así, de los 366 en servicio, 61 fueron torpedeados durante el enfrentamiento.
No obstante, estos buques representan una fascinante combinación de ingeniería naval, estrategia militar y astucia. Desempeñaron un papel crucial en la lucha contra los submarinos alemanes, y dejaron huella en la historia naval, demostrando que la sorpresa y el engaño pueden ser armas tan poderosas como los cañones y los torpedos.
Más información
BEYER, Kenneth M. Q-ships versus U-boats: America’s secret project. Naval Institute Press, 1999.
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