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A lo largo de la historia ha habido gobernantes que a la faceta guerrera y política han sumado la de su apoyo a la cultura y a las artes. Esta característica se puede hallar entre reyes, emperadores, kanes, zares, sultanes, faraones y todo tipo de grandes señores de cualquier época. También estaban los que, además, ellos mismos eran destacados humanistas.

Provincia de Guangdong (Cantón) en el sur de China. Mapa del Nouvel atlas de la Chine, de la Tartarie Chinoise et du Thibet (1737). Biblioteca del Congreso de Washington

Un buen ejemplo lo podemos encontrar dentro de la dinastía china Qing, originaria de Manchuria, en un emperador que reinó durante 60 años, llamado Qianlong (1736-1795). Llegó al poder en un momento particularmente fascinante de la historia de China, ya que era una de las naciones más ricas y pobladas del mundo.

El emperador Quianlong a caballo (1757). Museo del Palacio de Beijing

A pesar de los buenos momentos, existían problemas internos como consecuencia de las batallas por conquistar nuevos territorios como Tibet, Vietnam, Mongolia o Turquestán, y también rebeliones de minorías étnicas. Esto supuso que los reyes chinos se volcaran en sus guerras internas, de ellas algunas tuvieron lugar en el mar y quedaron inmortalizadas en dibujos y grabados. Entre las obras hemos hallado varias en las que las flotas navales son las protagonistas, ya que el medio marino se utilizaba para el transporte, así como en las campañas de conquista y represión emprendidas.

Un emperador artista

Qianlong se dedicó por un lado a preservar y fomentar sus tradiciones guerreras-cazadoras manchúes, a la vez que adoptaba los principios de Confucio sobre el liderazgo político y cultural. Había estudiado pintura, le gustaba dibujar y practicar la caligrafía. Fue también un apasionado poeta y ensayista.

Caligrafía china del s. XVIII

Supo combinar su pasión por coleccionar arte con el papel de preservador y restaurador del patrimonio cultural chino. No tuvo inconveniente en incluir en su colección piezas de otras culturas, tanto de sus vecinos asiáticos (Japón e India) como de la lejana Europa. En este último empeño un jesuita italiano, Giuseppe Castiglione, ejerció una gran influencia. Y precisamente en este punto podemos situar la colección de grabados en cobre que el emperador chino encargó en Francia, para dejar constancia de sus éxitos en la guerra.

Los grabados en cobre

Son una serie realizada a partir de placas de cobre, que datan de la segunda mitad del siglo XVIII encargados por Quianlong, y que representan sus campañas militares en las provincias interiores de China y a lo largo de las fronteras del país. El encargo tuvo como destino París, que en esa época era hogar de algunos de los mejores artesanos europeos que trabajaban en esta técnica. Los primeros 16 grabados se hicieron en Europa, pero posteriormente los aprendices chinos de los jesuitas produjeron series de grabados en Pekín, que difieren notablemente en estilo y elaboración de los de la serie de París.

Cruce del océano y regreso triunfal

Como muestra para los grabadores franceses se usaron una serie de pinturas realizadas por artistas misioneros europeos, empleados entonces en la corte de Pekín (los jesuitas Giuseppe Castiglione, Jean-Denis Attiret e Ignatius Sichelbarth y el agustino italiano Jean-Damascène Sallusti).

Las imágenes que aparecen en esta entrada son de las 12 primeras encargadas en París, que representan la campaña contra Taiwán de 1787 a 1788, en la que las tropas chinas lideradas por el general Fukang’an vencieron la insurrección armada.

Captura de Zhuang Datian con vida

Las naves chinas

Debido al interés que tienen estas naves, hemos realizado ampliaciones de algunas de ellas para que se puedan apreciar más detenidamente los detalles.

detalle Fangliao

Batalla en Fangliao. Junco chino de dos palos, con guerreros en la cubierta, echando a pique a una embarcación enemiga.

Podemos apreciar juncos y sampanes chinos en plena batalla naval.

detalle cruce oecano

Juncos chinos de dos palos vistos por la amura de estribor, con soldados en la cubierta.

Estos grabados, que inicialmente fueron encargados para glorificar las batallas del emperador, hoy son testimonio de una época de esplendor del imperio chino, nos permiten apreciar detalles de las embarcaciones utilizadas y también sirven para deleitarse con estas obras de arte, que conjugan técnicas orientales y europeas en placas de cobre.

detalle captura vivo

Un sampán a cuatro remos por banda cargado de soldados. En la popa un soldado maneja un mosquete o fusil, otros llevan lanzas y al que va de proel se le aprecia una aljaba con flechas.

Más información

Los grabados son un conjunto de 64 piezas que forman parte de la colección del Departamento de Asia Oriental de la Biblioteca Estatal de Berlín.

Exposición de piezas de la época de Qianlong en Atenas (2018-19).

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La nave de los necios, una sátira intemporal sobre la necedad humana, es obra de Sebastián Brant (1457-1521), un abogado nacido en Estrasburgo.

El autor inmortalizado

El autor de la obra

Es uno de los primeros libros profusamente ilustrados que se imprimieron en el siglo XV en idioma alemán (1494) y también uno de los más conocidos, ya que tuvo mucho éxito en todo el continente.

Un detalle de las ilsutraciones

Un detalle de las ilustraciones: los necios van en un barco con el
mismo destino. Aparece una bandera y en ella se lee Gaudeamus omnes (“Estemos todos contentos”)

Lo traemos aquí por la metáfora que se utiliza para desarrollar el argumento: un barco que conduce a una serie de personajes que representan vicios y necedades variadas a un país inexistente. Precisamente por hacer uso del tema marítimo, muchas de las ilustraciones están dedicadas a estos motivos, que son las que que aquí reproducimos.

Otro detalle

Otro detalle

Antes de que se acabara el siglo XVI ya habían aparecido unas 40 ediciones de esta obra, y se había traducido al latín, francés, inglés y holandés. Sin embargo en español no se publicó hasta finales del siglo XX, no porque la obra no fuera conocida, sino porque existía la versión latina, que era la que se utilizaba en España, lo que hace suponer su restringido alcance.

Detalle

Detalle: uno de los necios embarcado

El texto trata sobre un viaje ficticio a través del mar con 112 necios que van a la tierra prometida de Narragonia. No desarrolla un argumento lineal, sino que constituye un conjunto de comentarios en verso (112 en total) como pequeños capítulos, que suelen ocupar una página. Cada capítulo trata sobre alguno de los distintos tipos de tontos y de tonterías que podemos encontrar en el mundo, como avariciosos, necios de la moda, maleducados, imprudentes, esclavos de la gula, juerguistas, necios en el matrimonio, caprichosos, soberbios y blasfemos, entre otros.

La nave de los necios va completamente cargada de necios, algunos de los cuales cantan y lloran. Destaca en el centro uno que mira hacia arriba y sostiene una bandera en la que se ve a un necio y se lee «doctor Maña». En la parte inferior, otro necio es echado al agua. Sobre el barco aparecen, como en la portada, notas musicales de la canción «Estemos todos contentos» y una cartela con la inscripción «Hacia Narragonia»

La nave va completamente cargada de necios, algunos de los cuales cantan y lloran. Destaca en el centro uno que mira hacia arriba. En la parte inferior otro necio es echado al agua

La descripción está encabezada por un personaje que se autodenomina lector, que también es bastante necio, ya que está profundamente convencido de su sabiduría y se dedica a ahuyentar a las moscas que zumban alrededor de su mesa llena de libros, aunque nunca los lee.

nave 2

Brant no critica tanto la necedad en sí, sino el hecho de continuar siendo necios por no reconocer los propios errores. Una de las razones del gran éxito de la obra fue, sin duda, la alta calidad de las xilografías que presenta y complementan el texto, verdaderas obras maestras del arte alemán. Entre los artistas estuvo el gran Alberto Durero.

En ella aparecen cuatro barcos bien cargados de necios de todos los oficios, pues se aprecian una sierra, unas tijeras y otros utensilios. Cada cara tiene una expresión peculiar. El barco más lejano lleva el escudo de Basilea (báculo de obispo). Aún se aprecian otras naves casi en el horizonte.

En esta ilustración aparecen cuatro embarcaciones bien cargadas de necios de todos los oficios, pues se aprecian una sierra, unas tijeras y otros utensilios. Cada cara tiene una expresión peculiar 

Una metáfora bien escrita y magníficamente ilustrada que es bueno conocer, tanto porque hunde sus raíces en la filosofía antigua como porque desde que se publicó ha inspirado a muchos literatos y pintores. Hay obras que son inmortales, ya que aunque se desarrollen en épocas pasadas, algunas nos recuerdan actitudes presentes …

La nave de los necios de El Bosco

La nave de los necios en una pintura de El Bosco

Más información

BRANT, S. La nave de los necios. Basilea, 1494. [Versión en alemán. El libro original se encuentra en la Biblioteca Estatal de Baviera, en Munich].

BRANT, S. La nave de los necios. Madrid: Akal, 1998. Traducción de Antonio Regales Serna. 343 p. [1ª Edición en español].

HUERTA CALVO, J. Brant en EspañaRevista de Filología Alemana. 1999, 7, p. 329-380 [Es una síntesis de esta obra].

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Los antiguos códices sobre medicina, además de ser una fuente de conocimiento de gran interés, si estaban pensados para agasajar a nobles, príncipes o reyes, solían contener magníficas ilustraciones. Este es el caso que aquí traemos, que ofrece interesantes imágenes de la percepción tardomedieval del mundo marino y de su contexto.

Vamos a utilizarlas para ilustrar la descripción de este precioso manuscrito italo-germánico.

Un pez (p. 30)

Un pez (p. 30)

El códice

En el siglo XIV apareció una enciclopedia de Ciencias Naturales titulada Historia Plantarum (Sobre las plantas), en la que se describen los animales, las plantas y los minerales según sus propiedades medicinales, de acuerdo con la tradición medieval de los antiguos manuscritos sobre salud (tacuina medievali). El códice también se conoce como Tacuinum sanitatis.

Calamar p. 474

Calamar p. 474

La obra fue compilada por primera vez por ibn Buṭlān, médico del siglo XI en la ciudad de Bagdad. Entre las fuentes griegas utilizadas, la principal fue Dioscórides, un médico del siglo I.

langosta 230

Langosta, p. 230

Está dividido en secciones según el orden alfabético, y cada una de ellas está decorada con preciosos motivos arquitectónicos entrelazados en forma de ramas salpicadas de oro.

Cenefa

Muestra de una de las cenefas

El texto está ilustrado con espléndidas miniaturas ejecutadas en el estilo lombardo del norte de Italia, que usaban principalmente Giovannino y Salomone de’ Grassi. Las ilustraciones muestran animales, plantas, minerales y utensilios, pintados en acuarelas o simplemente dibujados, que se encuentran en la parte superior de las páginas del manuscrito.

Ejemplo de una página del códice, en el que se puede apreciar la riqueza cromática y la belleza de sus ilustraciones

Ejemplo de una página del códice, en el que se puede apreciar la riqueza cromática y la belleza de sus ilustraciones

La primera entrada de cada sección alfabética está adornada con una letra decorativa inicial, que en su centro suele incluir figuras de sabios o médicos.

Parte inferior de una de las hojas, profusamente ilustrada

Parte inferior de una de las hojas, profusamente ilustrada

Las letras iniciales de cada capítulo están iluminadas en oro sobre un fondo azul.

Cangrejo p. 104

Cangrejo, p. 104

Un regalo para el rey de Bohemia

El códice fue creado en la corte del conde Visconti de Milán para el rey Wenceslao IV, que gobernó Bohemia y fue rey de Alemania desde 1376 hasta 1400.

pescador 411

Pescador, p. 411

En resumen, un precioso códice que, aparte del conocimiento que tiene recogido, nos ofrece unas magníficas ilustraciones, algunas de las cuales se ocupan de recrear el universo marino vinculado con la medicina medieval. Este, en concreto, es un regalo para los investigadores, porque, al contrario que otros de su misma temática, está disponible íntegro en este enlace de la World Digital Library.

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Entrada enviada por Andrés Antolino

en Danziig

En enero de 1945, último año de la Segunda Guerra Mundial, la resistencia de las fuerzas armadas alemanas en el frente oriental se vino abajo. El ejército ruso empujó al resto de las derrotadas tropas alemanas y a la población civil fugitiva hacia las franjas costeras del Báltico. La gente agotada buscó desesperadamente las últimas vías de escape a través del Báltico helado. El antiguo barco de placer Wilhlelm Gustloff les parecía que era la seguridad, pero pocas horas después de zarpar la embarcación se convirtió en una trampa.

El buque

A principios de 1938 el Willhelm Gustloff, el mayor trasatlántico de pasajeros que había existido, zarpó en su singladura inaugural. Este buque había sido concebido por la organización nacionalsocialista Kraft durch Fteude («La fuerza gracias a la alegría») encargada del tiempo libre, como un barco de crucero y estaba lujósamente equipado con todo aquello que se podía esperar de un navío de la época: contaba con agua corriente caliente en todas las cabinas, cine e incluso una piscina cubierta.

    • La botadura de este barco de lujo tuvo lugar el 5-5-1937 con la presencia de Hitler.

 

Después de entrar en servicio, el Gustloff sólo hizo algunos cruceros por el Atlántico, Mar del Norte y Mediterráneo, todos ellos transportando turistas alemanes. Poco tiempo antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, llegó a España transportando a la Legión Condor, que ayudaría a los sublevados a ganar la Guerra Civil. El convoy estaba compuesto, además del Gustloff, por el Robert Ley, Deutche, Stuttgart y Sierra Córdoba. Los cinco buques eran cruceros y llegaron a España el 24 de mayo de 1939 con grandes cantidades de material para las fuerzas nacionales, incluyendo, entre otros, medicinas y alimentos.

Poco antes de la invasión de Polonia, fue utilizado como buque hospital por la Kriegsmarine (nombre que recibió la marina alemana durante el régimen Nazi. 1935-1945). Estuvo anclado cerca de la ciudad de Danzig, en la Prusia Oriental, para el desarrollo de tareas médicas y sirviendo como alojamiento a soldados de la Segunda División de la Instrucción de Submarinos. También formó parte del convoy que movilizó miles de alemanes que fueron repatriados a Alemania desde las regiones que en ese momento iban siendo ocupadas por los soviéticos, de conformidad con el acuerdo germano-soviético de repartición de Polonia.

El Gustloff durante su estancia en Danzig en 1939.

La evacuación

A finales de enero del 1945 el frente oriental alemán se vino abajo y el ejército soviético aisló los territorios orientales de la parte occidental de Alemania con varias ofensivas grandes dirigidas hacia el norte. La única salvación era huir a través del Báltico. Uno de aquellos objetivos de fuga era la bahía de Danzig, ya que en la localidad de Gotenhafen se encontraba anclado el Gustloff. El 21 de enero, el gran almirante de la marina alemana había dado ya orden de que se preparara el barco para zarpar hacia el oeste.

Aunque existían planes para llevar a cabo la evacuación de civiles desde hacía meses, ésta fue muy tardía, propiciada en parte por la decisión de los líderes del ejército nazi de luchar hasta el final. Por ello, cuando se dio la orden de comenzar la evacuación, se encontraban en el puerto más de 60.000 refugiados que trataban de abordar las naves, creándose un estado de caos y confusión. Mientras los oficiales intentaban contabilizar a los pasajeros, mucha gente subía a bordo desordenadamente burlando la guardia, que se veía incapaz de controlar a la multitud. Algunos disparos al aire hacían recuperar el orden, pero no por mucho tiempo. Los niños deambulaban por doquier buscando a sus padres.

El 30 de enero de 1945, a las 12:30 horas, el Gustloff soltó amarras en un día con muy mal tiempo. Debido al pánico que se desató durante el embarque, no fue posible registrar el número exacto de pasajeros a bordo, pero es seguro que en el barco, que fue diseñado para acoger a 1465 turistas, se encontraban más de 10.000 personas. En su mayoría mujeres y niños, también había heridos, todos ellos refugiados que huían del ejército rojo. Sin embargo, también se hallaban a bordo aproximadamente 1000 cadetes de la Marina, que habían acabado su adiestramiento para combatir en los submarinos alemanes y debían ser incorporados al servicio lo antes posible.

Todo rincón bajo cubierta se empleó para albergar a gente atemorizada, pues la estancia a la intemperie, con temperaturas de -20 °C, era insoportable. Incluso la antigua piscina cubierta se empleó entonces para acoger pasajeros. Noventa y nueve auxiliares femeninas de la marina montaron allí un campamento provisional; sólo seis de ellas sobrevivieron a aquella noche. El tiempo era borrascoso y gélido; el agotamiento y los mareos contribuyeron a que los ánimos a bordo se tranquilizasen. El aire en los pasillos abarrotados era casi insoportable.

Para garantizar su seguridad en alta mar, al Gustloff le acompañaron dos buques de escolta, el torpedero Lowe y el caza torpedero T1. No obstante, el T1 tuvo que abandonar la escolta al poco tiempo debido a la fuerte marejada y los otros dos barcos debieron continuar solos. Sin embargo, la protección del Lowe era también completamente ineficaz, pues su sistema de detección de submarinos se había congelado y no funcionaba, de manera que en ningún momento existió la posibilidad real de descubrir a tiempo al submarino ruso S-13.

El ataque

El capitan del S-13, Alexander Ivanovich Marinesko (imagen), llevaba ya dos semanas en el Báltico a la búsqueda de un éxito que le evitase un proceso militar por falta de disciplina. Finalmente, aquel 30 de enero, a las 20:00 horas aproximadamente, recibió la noticia de que se había avistado un gran buque de transporte de tropas.

Al abrigo del mal tiempo inició la persecución y colocó su submarino cuidadosamente en una posición ventajosa. Al cabo de algo más de una hora dio orden de disparar cuatro torpedos. Tres de ellos salieron del S-13, el cuarto se quedó atascado y tuvo que ser desactivado a toda velocidad.

El primer torpedo alcanzó la proa del Wilhem Gustloff e inmediatamente se cerró el compartimiento estanco con todos los supervivientes, pues el barco amenazaba con hundirse de proa. El segundo dio en la piscina cubierta, pereciendo casi instantáneamente todas las auxiliares de la marina que se alojaban allí. El tercer torpedo dio en la sala de máquinas, destruyendo la vena de abastecimiento del barco. A partir de aquel momento a los supervivientes les quedaban 50 minutos antes del hundimiento.

El pánico a bordo era indescriptible, cerca de 10.000 personas intentaban ponerse a salvo. La cubierta estaba completamente helada, por lo que gran parte de la muchedumbre que lograba salir al exterior, resbalaba por el barco, que ya estaba escorado, y caía por la borda al mar gélido.

Los salvavidas alcanzaban escasamente para 2000 personas. Además, los mecanismos de los pescantes estaban helados, lo que dificultaba el descenso de los botes. Algunos botes salvavidas llegaron al agua a medio llenar, mientras otros amenazaban con hundirse a causa del sobrepeso. En aquél momento la temperatura del agua rondaba los 2º y la temperatura exterior era de -18º.

Tras disparar los torpedos el submarino S-13 permaneció sumergido en las proximidades, pues temía un ataque del buque escolta Lowe y prefirió permanecer escondido. Pero el Lowe se apresuró a salvar a los que se estaban ahogando y a enviar incesantes señales de socorro.

Otros siete barcos acudieron en breve al lugar de la catástrofe, pero el tiempo era muy escaso y el Báltico estaba demasiado frío como para poder sobrevivir durante mucho tiempo.

El hundimiento

El comandante del T-36 ordenó lanzar bombas de profundidad y dañó gravemente al S-13, pero no pudo impedir la huida del submarino. Hacia las 22:00 el Wilhelm Gustloff había desaparecido de la superficie marina. Con él se hundieron en las aguas del Báltico unos 9.343 hombres, mujeres y niños. Sólo sobrevivieron 1.239 personas, a la que corresponde como una de las mayores catástrofes náuticas de la historia.

Fuente: http://www.portalplanetasedna.com.ar

Imágenes submarinas del Gustloff

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