Navetas: símbolos con forma de barco

Una naveta es un tipo de envase utilizado para guardar el incienso que se va a quemar y que suele tener forma de barca. Esta denominación se ha ampliado con el tiempo a otros usos. Estos pequeños objetos tenían múltiples formas, algunas fantasiosas y complejas. Aunque tradicionalmente se asocia con la iglesia católica, su uso se pierde en la noche de los tiempos, ya que se han hallado navetas de época prehistórica (las nurágicas, por ejemplo).

Naveta nurágica. Fuente

Además de objeto litúrgico, fue una pieza importante para monarcas y su corte, porque presidía sus mesas en ceremonias importantes y que también se regalaba. Existían navetas utilizadas como recipientes de culto usados en ceremonias religiosas y como ofrenda a los fallecidos (ex-votos), para facilitar la curación de males, como objetos domésticos, joyas y juguetes. También se usaban navetas-lámpara para iluminar espacios en tierra, en la mar para poder ver algo en la oscuridad de la noche, así como para rematar minaretes y cúpulas e incluso como recipiente para adornos florales. En algunas culturas se usaba como amuleto (Valle del Indo).

Las piezas más antiguas están datadas entre los años 3500 y el 1800 a. C. y pertenecen a múltiples culturas desarrolladas por todo el orbe terrestre. Los textos hallados, pinturas y relieves evidencian que su uso era todavía más antiguo. Podían ser de hueso, metal, terracota, arcilla, cerámica, vidrio, madera, nácar, rubí, coral, marfil o metales preciosos, entre otros muchos materiales.

Dibujo de una naveta tartésica hallada en el yacimiento del Carambolo. Fuente

Aparte de las halladas en Egipto, son conocidas las mesopotámicas y las navetas simbólicas grecolatinas. Igualmente las nurágicas (Cerdeña) y las tartésicas. También celtas, germanos, escandinavos y eslavos cuentan con este tipo de vasija en sus ritos. Es más, si ampliamos la visión eurocéntrica de ese mundo antiguo, podremos encontrar navetas en los imperios de China, India, Japón, Corea, Irán y en la península arábiga. También en las culturas más antiguas del continente americano se crearon este tipo de objetos votivos, tales como las balsas de oro de la cultura muisca o las naves joyas olmecas, aunque no entren enteramente dentro de este tipo de navetas.

Balsa de oro de la cultura muisca. Fuente

Edad Media

Durante la Europa medieval su evolución es rica y compleja. Unas son navetas votivas, mientras que otras se convierten en recipientes de bebidas para banquetes. Se perfila claramente la división entre un uso religioso (se dejaban en las iglesias en señal de agradecimiento o para ganarse el favor de Dios y los santos) y otro suntuario.

Naveta para incienso hallada en Limoges (Francia). Siglo XIII. Fuente

Por ejemplo, existe un relato que explica cómo el rey san Luis de Francia y su familia se salvaron en 1254 de una enorme tempestad, y como agradecimiento mandaron construir una naveta de plata, con toda la familia en ella representada, que terminó expuesta en una iglesia.

En la Escandinavia vikinga se usaban navetas de madera para servir bebidas en banquetes (“barco de cerveza”, “barco de vino”). En ocasiones, estas jarras naviformes tenían en uno de sus extremos la cabeza de un ave o de un dragón.

Son escasas las piezas de orfebrería medieval para uso civil que han llegado hasta nosotros, ya que siempre estuvieron sometidas a los cambios de gustos y modas, por lo que si estaban hechas de material metálico se fundían para adaptarse al nuevo estilo o, en caso de que fueran otros componentes no recuperables, se hacían otras nuevas. A partir del siglo XIII es cuando empieza la gran difusión de estos objetos.

Naveta de Besalú (S. XIII). Museu Nacional d’Art (Barcelona). Fuente

Edades Moderna y Contemporánea

Desde finales de la Edad Media las naves de orfebrería se habían convertido en objetos de prestigio. La función decorativa y la simbólica iban muy ligadas.

Naveta de Lopburi (Thailandia), posiblemente del siglo XVI. Fuente

Aparecen en estos momentos las navetas de entremés, que adquirieron un papel teatral y se utilizaban junto a otros elementos de escenografía móvil.

Naveta portuguesa. Siglo XVI. Museu de Arte Sacra do Funchal. Fuente

Hemos localizado navetas palaciegas de diversas naciones. Algunas pueden observarse en la galería siguiente.

Ya en época contemporánea y actual han mantenido el sentido ornamental, aunque no se suelen fabricar ya, y pueden hallarse sobre todo en museos y colecciones reales.

Viena, S. XIX.

Para acabar

La naveta unas veces tenía un soporte y otras no. Las primeras se apoyaban sobre un basamento, iban sobre cuatro ruedas o bien sobre un pie.

Creemos que era natural que el barco simbólico, espiritual y mítico que formaba parte de sus creencias se hiciera un hueco en el sentir de los pueblo ribereños, y que este tesoro pasara a las siguientes culturas como parte de un vasto legado cultural. Y este corpus está formado por objetos e imágenes, pero también por relatos y creencias.

La naveta forma parte de una visión mítica, literaria y metafórica de la humanidad. Es decir, que su significado traspasa su propia forma y uso, otorgándole un fuerte significado simbólico, con un profundo sentido para el Patrimonio Naval y Marítimo.

Más información

ÁLVAREZ FERNAUD, María Victoria. La naveta y el barco simbólico. Un viaje desde los orígenes hasta el fin de la Edad Media. Tesis Doctoral, Universidad de Salamanca, 2015.

ARMENDARIZ, Xabier. Exvotos y ofrendas marineras en el País Vasco: estado del estudio e inventariado de materiales votivos marítimos. Itsas Memoria. Revista de Estudios Marítimos del País Vasco, 2009, 6, p. 381-402.

CASABÓN, Jorge Andrés, et al. Del deleite de los sentidos al ornato del culto divino: la naveta gótica del museo de tapices de la Seo de ZaragozaArtigrama, 2012, 27, p. 375-393.

COLLINS, Jeffrey L.; MARTIN, Meredith. Early Modern Incense Boats: Commerce, Christianity, and Cultural Exchange. En The Nomadic Object. Brill, 2018, p. 513-546.

DURAN-PORTA, Joan. Precisions sobre l’origen de l’anomendada «naveta d’Ars». Butlletí del Museu Nacional d’Art de Catalunya, 2009, p. 143-149.

PARKER MCLACHLAN, Elizabeth. Liturgical vesseles and implements. In HEFFERNAN, T. The liturgy of the medieval church. Kalamazoo (MI): Medieval Institute Press, 2001, p. 333-429.

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