El imperio romano asimiló pueblos y naciones cuyas costumbres, historia y mitología eran tan impresionantes que trascendieron a la conquista. Egipto fue uno de ellos.




Los romanos estaban abrumados con esa civilización exótica y milenaria, situada en la parte sudeste del Mediterráneo. Algunos llegaban a ella con sus naves, fondeaban en Alejandría y volvían a Roma con miles de toneladas de trigo. Sus paisajes, monumentos, cultivos y dioses, todo era extraño y, a la vez, fascinante. Pronto surgió la leyenda y el mito del Nilo, que la identificaban como la tierra que encarnaba la abundancia y la prosperidad, que poseía una vegetación exuberante y una fauna peculiar.
El arte romano se hizo eco de esta romántica idea de un país lejano, y comenzaron a surgir relatos extraordinarios que, aunque se basaban en hechos reales, se mezclaban con fantasías y leyendas. El protagonista era el río Nilo.

El paisaje nilótico
Surge así lo que hoy se denominan escenas nilóticas. Pintadas, o en mosaico, presentan paisajes de fantasía, usados como motivos de evasión. Mantienen claves realistas que se unen a evocaciones más o menos fantásticas del delta del Nilo y de las actividades que se desarrollaban en su cauce. Aparecen una serie de elementos recurrentes como son enanos (o pigmeos), algunos animales y embarcaciones. A veces se incluían construcciones en la costa, como torres, pabellones, templos, cercas y otras estructuras.
Con frecuencia eran escenas propias de la lucha mítica entre los pigmeos y las grullas (llamada geranomaquia, o lucha de grullas, a la que Aristóteles, Homero y Plinio hacen alusión), otorgando a la escena cierto carácter tragicómico.
Este tipo figurativo apareció en diferentes territorios del Imperio, como la península itálica, la Galia (Francia), Hispania, Grecia, Libia, Turquía y Palestina, entre otros muchos. El mayor número de hallazgos se encuentra en Campania, en particular en los muros de Pompeya. Y posiblemente el más conocido sea el mosaico de Palestrina (Roma, Italia).

En algunas podemos encontrar inscripciones en latín vulgar que otorgan un aire todavía más cómico a la propia escena.
Se consolidó en época imperial, entre los siglos I a. C. y II d. C., aunque se han descubierto escenas previas y posteriores a estas fechas (como el friso de Salamina, del s. IV).
Los protagonistas
Los «pigmeos» se representaban como si fueran enanos desproporcionados, a veces con rasgos negroides, con vientres prominentes y con muslos pingües. También aparecen con un priapismo acusado.

Los personajes pueden estar llevando a cabo tareas como el remo o la carga de cajas, aunque también aparecen en celebraciones, juegos o luchas.

Animales y plantas
Incluyen diversos animales como ánades, cocodrilos, hipopótamos, ibis, grullas y peces. Aparte de la batalla con las aves, también se pueden encontrar algunos de ellos amenazando a los pigmeos o se ven envueltos en enfrentamientos tragicómicos con los pequeños personajes.

También aparecen flores de loto, palmeras y plantas acuáticas de diferentes tipos, que enriquecen el paisaje.
Para acabar
Este ambiente oriental que siempre ha fascinado, encandiló a muchos romanos ricos que querían contemplar en sus mansiones el exotismo que abarcaba su potente imperio. Para representar el mundo egipcio eligieron escenas costumbristas, rodeadas de un aura exótica y también con matices cómicos. Formaban parte de su idea de Egipto un grupo de pequeños personajes, pigmeos o enanos, acompañados de animales como grullas, cocodrilos o hipopótamos y plantas acuáticas, que se terminaron convirtiendo en símbolos del horizonte nilótico. Son formas estereotipadas de representar tierras lejanas, que no se conocen, pero que cuando se citan ciertos tópicos saltan en las mentes de muchos y se usan para identificar realidades más complejas.
Es un mundo donde al exotismo se añade la suma de lo pintoresco y lo grotesco, consiguiendo escenas casi cómicas, pero que no representan la realidad y que algunos autores han identificado como una forma despectiva de considerar esa parte del Imperio.
Más información
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