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Posts Tagged ‘Seres mitológicos’

Hay pueblos que sólo conocemos por la filmografía o por la literatura. Los que viven en el círculo polar ártico son un ejemplo. Pero aparte de ciertos tópicos, apenas sabemos de ellos, de su formas de pensar o de vivir. Publicamos esta semana una entrada, realizada por un especialista, sobre la vinculación con el medio marino de uno de estos pueblos, los inuit, así como un magnífico relato sobre uno de sus mitos: Sedna, la señora de las profundidades marinas, la que originó a los animales acuáticos y aquélla a la que oran para que éstos nunca falten. Analizando mas detalladamente algunos de los seres que aquí se describen, será fácil encontrar analogías con otros mitos marinos mas cercanos. 

Por Carlos Moral García, miembro de la Asociación de Historia y Cultura del Mar (HyCmar)

Un elemento bastante significativo de la cosmovisión inuit es la pequeñez del hombre en su contexto, pues todos los seres son considerados en igualdad, aunque algunos personajes de carácter mítico tienen más protagonismo. La creencia en seres espirituales está muy asentada, pues se considera que conviven con los humanos, de modo que muchas veces se interpreta que participan en acontecimientos de la vida cotidiana.

Rutas de los pueblos inuit. Fuente

Rutas de los pueblos inuit. Fuente

El espíritu del mar

En este sentido, uno de los personajes con mayor importancia es Sedna, inua o espíritu del mar, pues, dado que no se encuentra jerárquicamente por encima del resto de seres, no debería ser tratada como “diosa”. Se trata de un personaje que aparece a lo largo de prácticamente todo el Ártico inuit, con diferentes nombres, como Uiniγumayuituq (“la que no quiere esposo”), Nuliayuk (“Madre de los animales”), Imaqukûa (“Madre del Mar”) o Takanna·luk (“Mujer de las profundidades”). Se trata de un personaje matriz de la vida universal, pues de los animales marinos que ella genera y controla se alimentan los humanos.

La joven Takánakupsâluk dibujada por un chamán inuit.

La joven Takánakupsâluk dibujada por un chamán inuit

Para la tradición de los pueblos Igloolik de Nunavuk, al norte de Canadá, esta joven fue casada en primer lugar con un perro, por orden de su padre. De este matrimonio tuvo dos tipos de vástagos, los indios y los blancos, es decir, los humanos diferentes a los inuit. Sin embargo, en otras ocasiones este primer matrimonio se obvia y toma especial protagonismo el segundo. En esta región se considera que se trata de un petrel, aunque en otras fuese una gaviota o un cuervo, ya que este último en ocasiones tiene carácter cosmogónico.

Sedna y el cuervo

Sedna y el cuervo

En este relato mítico, Sedna se habría casado con el ave ante las promesas de una vida cómoda y apacible con una tienda de pieles en el reino de las aves. No obstante, resultó ser un engaño, pues todo eran incomodidades. Esto hizo que la joven rehusase de este matrimonio y su padre decidió llevarselá en su embarcación. A veces se considera que para poder ejecutar su plan de fuga debió matar al esposo. En cualquier caso, la huída enfurecería al resto de las aves, que iniciarían una persecución con tal furia que provocaría una tormenta.

Dibujo del mito

Dibujo del mito

El nacimiento de los animales marinos 

Ante las dificultades y el peligro de naufragio, el padre cambia de opinión, decidiendo entregar a Sedna, arrojándola por la borda, pero ella se aferró al bote con ambas manos. Para hacer que se precipitase al agua él golpeó sus manos con un remo hasta cortarle las falanges, que cayeron al mar, transformándose en las primeras ballenas blancas o belugas, aún así la joven seguía agarrada. Entonces el padre cortó la segunda articulación, dando lugar esta vez a las focas, pero pese a todo no fue capaz de hacer que se soltase. No obstante, las aves dieron a Sedna por muerta, por lo que se marchan, la tormenta amaina y el padre sube a su hija de nuevo al bote, aunque ya era demasiado tarde para que ella no lo odiase profundamente. Una vez en tierra ella logra que sus perros devorasen las manos y los pies de su padre. Tras esto, la tierra se abre y ambos caen a las profundidades, aunque otras veces el descenso de Sedna es en solitario y él va a buscarla más adelante, arrepentido por sus actos, pasando a ser su guardián.

Escultura de Sedna lanzando una ballena beluga.

Escultura de Sedna lanzando una ballena beluga.

En otras versiones más simplificadas se trata de una bella joven que surcaba los mares en un umiak o bote colectivo, pero una tormenta les sorprendió y sus compañeros tratan de arrojarla por la borda para calmar la tempestad. El resultado es muy similar al del relato anterior, pues le cortan de nuevo los dedos, surgiendo de ellos los animales marinos. Sin embargo, en este caso, ella, agotada y decepcionada, se deja caer hasta sumergirse en las profundidades marinas, donde cuida y guarda a los animales.

Una visión de la mitología inuit vista por una de sus mujeres, Mialia Jaw

Una visión de la mitología inuit vista por una de sus mujeres, Mialia Jaw

En general, los inuit tradicionales habrían considerado que las faltas y rupturas de tabúes enfadarían a Sedna, por lo que retiene a los animales marinos en las profundidades acuosas, lo que produce escasez de caza y alimentos. Esto se debe a que las faltas de los humanos manchan los cabellos de la joven, que por las mutilaciones de los dedos no se puede peinar. Por eso, cuando el chamán desea que la caza vuelva a ser abundante debe realizar un viaje a las profundidades para peinar los cabellos de la Madre de las Bestias Marinas, de modo que se reconcilie con la humanidad. En ocasiones no debe solo peinarla, sino enfrentarse a sus guardianes y someterla por la fuerza, hasta que se calme y entre en razón. Muchas veces los tabúes que más se vinculan con este espíritu están relacionados con la reproducción, como es ocultar las menstruaciones y los abortos naturales, pero también el mal tratamiento de los animales marinos cazados, que deben ser respetados.

Dibujo de Sedna. Fuente

Dibujo de Sedna. Fuente

La dueña de la tierra

En algunas regiones en las que los recursos marítimos comparten su protagonismo con los terrestres tiende a aparecer un personaje paralelo, antitético y complementario. Se trata de un espíritu de los animales terrestres que vive en las profundidades del bosque, Numan-Shua (“Dueña de la Tierra”). En algunas zonas del interior de Canadá, entre los inuit del caribú, recibe el nombre de Pinga o Pingna (“La que está allí arriba”), madre de los humanos y de todos los animales terrestres, pero sobre todo, guardiana de los caribúes, por lo que sus enfados harían escasear la caza.

Museo de arte inuit

Sedna. Museo de arte inuit

Otros seres marinos

En definitiva, se trata de entidades de enorme importancia para la subsistencia de las poblaciones inuit, pues son los seres protectores y propiciadores de la caza. Esto hace que tomen bastante protagonismo en los relatos míticos, aunque también existan otros seres de carácter marino, como los mermemes. Se trata de seres teriántropos, con cabeza humana y cuerpo de foca que en ocasiones aparecían atrapados en las trampas de caza y debían ser liberados para no atraer la desgracia, pues, como ya se ha dicho, el trato respetuoso a los seres de la naturaleza es fundamental en la cosmovisión inuit.

Sedna según el artista Kakulu Sagiatok

Sedna según el artista Kakulu Sagiatok

Más sobre los pueblos del Ártico

Normalmente a las poblaciones del Ártico norteamericano se las ha tendido a llamar esquimales, de forma reduccionista e incluso descalificadora, pues parece significar “comedor de carne cruda” en algunas lenguas de indígenas vecinos. Otro término que se usa con bastante asiduidad es inuit (inuk en singular), pues fue adoptado en 1977 por la Inuit Circumpolar Conference para designar a todos los grupos de lengua esquimal. No obstante, convendría diferenciar en dos familias lingüísticas: inuaq y yupik.

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En épocas pre-europeas se podía apreciar una notable uniformidad cultural en todo el ártico. Existía una notable tendencia a la ocupación de zonas litorales, ya que había una enorme dependencia de los mamíferos marinos para la subsistencia. A estos animales se les empleaba para la alimentación, la confección de vestimenta e incluso para obtener combustibles. Sin embargo, dado el carácter estacional que algunos de estos recursos presentaban, se trataba de una alimentación diversificada, con aprovechamiento veraniego de recursos fluviales y caza de caribúes en algunas regiones.

Caribues

Un inuit con su caribú

Los aspectos relativos a la religión se encuentran articulados a través de relatos orales que se han ido transmitiendo de generación en generación, con bastante continuidad. En estas narraciones no se hace diferencia entre lo natural y sobrenatural o lo científico y religioso, de modo que aparecen diferentes personajes míticos de carácter espiritual en el desarrollo de la vida cotidiana. Esto explica la fuerte vinculación de los inuit al mundo natural y espiritual antes mencionada. Hay que tener en cuenta que se considera que todo ser, vivo o inerte, tendría un “alma” o inua (en plural, inue), que parece significar “persona” o “poseedor” y da forma a cada ser. En ocasiones se diferencia del tarneq, otro tipo de entidad anímica que se identificaría con el “aliento vital”.

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La civilización egipcia, uno de los pilares culturales mas importantes de nuestra historia, rendía culto a cientos de dioses, pero tenía una especial dedicación al agua del Nilo, porque era la fertilizadora de campos, la que otorgaba la vida.

Escena de pesca en una mastaba de la VI dinastía

En el friso inferior se puede apreciar una escena de pesca que apareció en una mastaba de la VI dinastía

En ese fervor al gen vitalizador se generó una creencia mística, que luego tendría importante reflejo en culturas posteriores, sobre la noche y el día, y, en paralelo, sobre la muerte y la vida.

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Cuando la luz del sol se apagaba, comenzaba la lucha contra los monstruos del averno en un canal que conectaba con el río Nilo. Quienes podían resistir y vencer, alcanzaban el don de la vida eterna. Navegando se encontraban con serpientes marinas y otros monstruos que surgían de las aguas. Si conseguían seguir el canal, cuando amanecía ya se encontraban a salvo, iluminados por el dios sol que fertiliza sus tierras y provee abundante comida en Kemet, el nombre con el que sus habitantes conocían el antiguo Egipto.

El río Nilo

El río Nilo

Era un ciclo que cada noche se repetía, y hasta el faraón debía pasar por él cuando moría. Iba en una barca, le llevaban sus remeros, y para conseguir pasar desde el inframundo, la noche, a la luz del sol, debía superar una serie de pruebas. La lucha del faraón era crucial, porque de su victoria dependía la salvación del mundo. En caso de que no lograra llegar al otro extremo del túnel, Egipto se sumiría en el caos, en la destrucción eterna.

Viaje en barco por el inframundo

Viaje en barco por el inframundo

El viaje del faraón: una nave para cruzar el inframundo

El faraón una vez que ha muerto tiene que atravesar el río Nilo y debe superar doce pruebas.

Llega a una puerta protegida por serpientes, que la defienden de cualquier ser impuro que quiera atravesarla. Para pasar al otro lado es necesario tener el conocimiento mágico, y en esta ocasión éste consiste en pronunciar correctamente el nombre de las serpientes cancerberas.

Seti I en su viaje por el inframundo. Barca y serpientes.

Seti I en su viaje por el inframundo

Los nombres de estos ofidios aparecen en las paredes de su tumba, que en la cultura egipcia son uno de los pasaportes para poder alcanzar la vida eterna. Una vez que el faraón pronuncia sus nombres, éstas se retiran.

Escena tomada del libro de los muertos.

Escena del libro de los muertos

Otra importante prueba que tiene que superar desde su embarcación es la del fuego del infierno, en ella debe demostrar su pureza en el lago de fuego. Es preciso entonar las palabras mágicas para ahuyentar a Apofis, el demonio serpiente que amenaza con sumir al mundo en el caos.

Una representación de Apofis

Una representación de Apofis

Mas tarde se encuentra con Osiris, el que juzga a todos los muertos, el señor del inframundo. El corazón de cada uno de los difuntos se pone en una balanza, si pesa mucho se castiga, siendo devorado por Ammyt, un animal que tiene formas de cocodrilo, hipopótamo y león a la vez. El del faraón se salva y se funde con Osiris.

Imagen de Ammyt extraída de las paredes de  una priámide

Imagen de Ammyt

Al llegar a la siguiente puerta Apofis, el demonio serpiente vuelve a atacar. Esta vez serán otros dioses menores los que aparecerán para salvar el alma de faraón.

Siguen atravesando puertas, ya casi al amanecer, desde el túnel que está atravesando, conectado con el Nilo, se empieza a ver la luz del sol. El faraón vuelve a ser atacado por Apofis, pero consigue salvarse.

Ya está amaneciendo y ve el sol, guiado por una procesión de dioses se acerca al cielo de la mañana. Ya puede ver el escarabeo, la señal del sol naciente.

El magnífico escarabeo del faraón Tutakamón

El magnífico escarabeo del faraón Tutankamón

El faraón ya ha podido atravesar el inframundo y se ha convertido en un dios, Egipto se ha salvado.

Sin embargo, este es el camino que en la mitología egipcia debe hacerse cada noche.

Los egiptólogos creen que las pirámides, las tumbas de los faraones, recreaban el cosmos, y sus textos eran la clave para poder atravesar cada una de las puertas, para hacer predecible ese último viaje, como si fuera una guía que se podía usar, una vez fallecido, para alcanzar la inmortalidad. Los jeroglíficos de las paredes y del techo de las pirámides que reproducían el libro de los muertos, eran como un guión sagrado.

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El Nilo (hapy o iteru en aquella época), además de proporcionar agua en abundancia, de permitirles desplazarse entre sus tranquilas aguas, era además el portal hacia la otra vida.

Una imagen actual del milenario río

Una imagen actual del milenario río

El inframundo egipcio en vídeo (47′)

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Esta entrada es continuación de otra titulada Madagascar, la Atlántida del Sur.

Madagascar es una gran isla, situada en el continente africano, en aguas del Océano Índico. Ha sido, y continua siendo, un punto de paso en un gran océano entre dos inmensos continentes, África y Asia, lo que ha hecho que en su historia haya una importante mezcla de civilizaciones que han dejado un poso considerable en su cultura autóctona. Así, la isla malgache cuenta con un rico repertorio de leyendas, muchas de las cuales tienen como protagonista el mar, el agua o sus moradores.

Las leyendas marítimas originarias 

La isla cuenta con un impresionante repertorio de leyendas nativas recogidas en una tesis doctoral realizada por una de sus habitantes, que actualmente es profesora en la Universidad de Antananarivo, la capital del país (1). Exponemos aquí las mas importantes que se hallan vinculadas con la temática del blog.

a) La sirena de Andranoro

Un día un joven estaba pescando en el río Mamba, en las cercanías del actual pueblo de Andranoro, cuando vio a una hermosa joven sentada sobre una roca. Tenía el pelo largo, muy largo, y no se le podía ver todo el cuerpo porque quedaba envuelta por su pelo; y el joven pescador se enamoró de ella. La joven se llamaba Ranoro.

Antiguos dibujos encontrados en Madagascar

Antiguos dibujos encontrados en Madagascar, que algunos identifican con sirenas

Tras varios encuentros se casaron, con la condición de que el marido nunca pronunciara la palabra «sira» en presencia de su mujer.

Tras la boda la sirena cobró forma humana. Los años pasaron y pasaron, la pareja tuvo tres hijos y vivían felices. El único problema era el carácter de Ranoro, porque era una mujer distraída y muchas veces se le olvidaba hacer una u otra cosa. Un día, su marido le dijo: Tena tsy asianao sira mihitsy aho! (¡De verdad, nunca me haces caso!).

En cuanto pronunció la palabra prohibida, la mujer salió de la casa y se sumergió en el agua del río Mamba. Y nunca volvió, a pesar de las súplicas de su marido.

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Dicen que, de vez en cuando, hacía visitas a su marido y a sus hijos en sueños para darles consejos. Y que cuando éstos tenían problemas se acercaban a la gruta para pedirle ayuda.

b) El martín pescador

Este precioso pájaro que vive en las orillas de ríos y lagos tiene una bonita historia malgache. En el sur de la isla dos pueblos, los bara y los antandroy, estaban en guerra.

Martín pescador malgache. Fuente

Martín pescador malgache. Fuente

Uno de los guerreros del pueblo bara, huyendo de sus enemigos se adentró en un lago y dejó sólo su nariz fuera, para respirar. Los antandroy vieron que una nariz sobresalía del agua y fueron a apresarlo, pero de pronto un martín pescador se posó sobre ella disuadiéndolos de que allí había alguien sumergido. En reconocimiento, el hombre que se salvó emitió un juramento:

– Maldito sea el que, entre mis descendientes, mate o coma el vintsy, porque me ha salvado la vida.

Por eso, el martín pescador es tabú entre los bara. Por miedo a ser víctima de la maldición de sus antepasados, hasta hoy en día, nadie se atreve a comerlo, ni siquiera en período de escasez.

c) La leyenda del lago sagrado de Antañavo

Antes, en el lugar donde hoy está el lago, había un poblado. Cuentan que en ese pueblo un día apareció un anciano pidiendo limosna. Nadie quiso atenderlo, hasta que ya cuando anochecía una mujer muy pobre, que tenía un hijo pequeño le dio cobijo y le ofreció la comida que tenía. El anciano, tras la cena, agradecido, se despidió.

Cuando la mujer fue a dormir al niño, ésta vio que era imposible, ya que el bebé lloraba cada vez mas fuerte. Un poco desesperada salió de su casa y fue a pasearlo para calmarlo. Se sentó sobre un tamarindo que había al final del pueblo y allí el niño se durmió. Cuando la madre quiso regresar, el bebé volvió a romper a llorar, de modo que la mujer decidió quedarse bajo el árbol.

Pero ni siquiera tuvo tiempo para acomodarse cuando oyó un gran estruendo. Volvió la cabeza, y vio que su pueblo iba desapareciendo ante sus ojos, y que, en su lugar, el gran hueco se iba llenando de agua. Quedó petrificada, estrechando a su retoño contra ella. El alba les sorprendió al pie del gran tamarindo, con el agua hasta los tobillos. Los vecinos de los pueblos de alrededor, una vez que la señora les contó la historia, siempre dijeron que por haber sido buenos con el anciano, éste había salvado a la madre y al niño de morir ahogados.

Lago Antanavo

Lago Antanavo

Desde entonces el lago fue respetado por ser el sepulcro de los habitantes de aquel pueblo. Incluso los cocodrilos son venerados, porque se cree que después de la muerte tomaron aquella forma animal y que sus almas moran en ellos.

(1) RABARIJAONA, H. Narrativas orales malgache e hispánica: convergencias, divergencias y estudio comparativo. Tesis doctoral presentada en la Universidad de Alcalá de Henares (España),  2001.

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Los magníficos y únicos manuscritos medievales europeos siguen proporcionando sorpresas, y en este caso descubrir cómo se representaba el mar y su contexto nos permite sumergirnos en este mundo onírico e ingenuo, poblado de monstruos marinos.

Las embarcaciones y los animales marinos gigantescos suelen aparecer navegando a la par, o incluso mezclados, como en este manuscrito inglés del s. X, en el que podemos apreciar un barco cuyo mascarón de popa representa un impresionante dragón.

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Barco con forma de dragón. Manuscrito del siglo X. Northumbria (Gran Bretaña)

Los monstruos marinos, como se puede apreciar en las siguientes imágenes, suelen aparecer con forma de peces enormes, muchas veces “confundidos” con islas, como en este bestiario inglés de comienzos del siglo XIII, o en los dos siguientes, que son posteriores (s. XV).

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Monstruo marino (C van Duzer). British Library, Harley MS 4751, f. 69r.

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Bestiario (c. 1277), Fundación Paul Getty (Los Ángeles), ms. Ludwig xv 4 fol-94v

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Dos pescadores sobre un monstruo conocido como Aspidochelone. Fundación Getty, MS. Ludwig XV 3, fol. 89v

También encontramos seres con cabeza humana y cuerpo de pez, o criaturas marinas con las extremidades inferiores terrestres.

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Liber de natura rerum, de Thomas de Cantimpré (S. XIII). Biblioteca Municipal de Valenciennes. Ms. 320, fol. 117r.

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Biblia inglesa del siglo XIII. Alençon, Bibliothèque municipale, ms. 56, fol. 250r.

Haciendo uso de la imaginación, los artistas medievales otorgaban poder para navegar a algunos animales como las ratas, adentrándonos involuntariamente en el mundo de los cuentos infantiles.

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Pontificias de Guillaume Durand, Avignon, antes 1390. París, Bibliothèque Sainte-Geneviève, ms. 143, fol. 77v

O incluso se aventuraban a predecir el futuro dibujando cápsulas para introducirse en el agua, adelantando la imagen que siglos después tendrían los primeros sumergibles.

 detail-of-a-miniature-of-alexander-exploring-the-ocean-in-a glass barrel, accompanied by a cat and a cock; in this version of the story, his unfaithful wife tries to murder him by cutting the cord connecting him with the ship, and it is by killing the cat (not a dog) that he is able to rise to the surface; from Le livre et le vraye hystoire du bon roy Alixandre, France (Paris), c. 1420, Royal MS 20 B. xx, f. 77v. - See more at: http://britishlibrary.typepad.co.uk/digitisedmanuscripts/2013/01/#sthash.4XxSHTET.dpuf


Detalle de una miniatura del Libro de Alexandre, Francia (París), c. 1420, Royal MS 20 B. xx, f. 77v. Fuente

En definitiva, al indudable valor artístico y estético de estas obras se une otro más intangible, porque se convierten en la representación de la mentalidad de la sociedad medieval, reflejando sus temores y su forma de entender el universo marino, habitado por monstruos con forma de grandes peces. Pero es que a veces se adelantan siglos, y dibujan artefactos venideros, e incluso nos sugieren e ilustran temas para cuentos infantiles. Una maravilla de imágenes a las que les dedicaremos más espacio en entradas posteriores.

Más información

Culture. The Medieval Bestiary.

ELLIS, R. Monsters Of The Sea: The History, Natural History, and Mythology of the Oceans’ Most Fantastic Creatures. Knopf, 1994.

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La sirena de Zennor: el triunfo de un amor imposible en las profundidades (2ª parte) (Por primera vez en español). Por Garbo.

Accede a la primera parte de este relato

Esta leyenda ha dejado una profunda huella en la localidad de Zennor, de tal forma que en la propia iglesia hay un banco con una talla de madera con una sirena. En las ilustraciones que aquí aparecen, aparte de las impresionantes vistas, se pueden ver el templo, el banco y la sirena grabada.

    La leyenda (II)

Las escamas escurridizas y la cola de pez impedían a Morveren desplazarse con naturalidad. Sin embargo, consiguió alcanzar la iglesia, avanzando lentamente, y sujetándose a los árboles que encontraba a su paso. Aún así, llegó a tiempo para el himno final, mientras que los feligreses miraban con atención sus libros de cánticos. Al no tener ninguno de ellos ojos en la nuca, no pudieron ver a Morveren, pero ella sí los vio, y a Mathew también. Según Morveren, Mathew era tan hermoso como un ángel, y su voz reproducía los sonidos de un arpa celestial.

A partir de entonces, cada noche, Morveren se vestía y subía a la iglesia, a mirar y escuchar, permaneciendo unos minutos, y siempre se marchaba antes de sonar la última nota para tomar las olas de la marea alta. Y noche tras noche, mes tras mes, Mathew creció y su voz se hizo más grave y profunda. Así continuó durante más de un año, hasta aquella noche en la que Morveren permaneció más tiempo del habitual. Había oído a Mathew cantar un verso, luego otro, y empezar un tercero. Cada estribillo era más hermoso que el anterior, y Morveren no supo contenerse.

Fue sólo un suspiro, más suave que el susurro de una ola, pero fue suficiente para que Mathew la escuchase, por lo que miró a la parte trasera de la iglesia y la vio. A Morveren se le iluminaron los ojos, y la red, que se había deslizado de su cabeza, mostraba un cabello húmedo y brillante al descubierto. Mathew dejó de cantar, obnubilado por su mirada, por aquellos preciosos ojos que escondían el sufrimiento de un amor imposible. Fue un amor a primera vista.

En ese momento, Morveren se asustó. Mathew la había visto y su padre le había advertido de que no debía mirarla. Además, la iglesia era un lugar cálido y seco, mientras que las sirenas deben estar en lugares frescos y húmedos. Morveren sentía que se marchitaba, y salió por la puerta a toda prisa.

    – «¡Alto!» – gritó con valentía Mathew –. «¡Espera!» – dijo corriendo tras ella.

De repente, todo el pueblo volvió la mirada hacia atrás, asustado, mientras los libros de cánticos caían al suelo por el asombro que envolvía todos y cada uno de los rincones del templo.

Morveren salió disparada. Su vestido se enredó con una rama de árbol, y se habría caído si Mathew no la hubiese alcanzado y cogido en el acto.

    – «Quédate» – le rogó –. «Quienquiera que seáis, no te vayas».

Lágrimas, lágrimas de verdad, tan saladas como el mismo mar, se deslizaban por las mejillas de Morveren.

    – «No puedo quedarme. Soy una criatura del mar, y debo volver a donde pertenezco» – dijo llorando Morveren.

Mathew vio la punta de su cola de pez, que sobresalía por debajo del vestido. Pero eso no le importaba en absoluto.

    – «Entonces iré contigo. A tu lado es donde quiero estar. Allí es donde pertenezco» – dijo Mathew sin dudar ni un segundo.

Tomó a Morveren, y ella se le abalanzó sobre su cuello. Se apresuró a bajar por el camino con ella, hacia la orilla del mar, mientras toda la gente de la iglesia se percataba de ello.

    – «¡Mathew, detente!» – gritaban al unísono –. «¡Aguarda!».
    – «¡No!, ¡no, Mathew!» – gritó la madre de él.

Pero Mathew fue embrujado de amor por la sirena, y corrió más rápido con ella hacia el mar.

A continuación, los pescadores de Zennor se lanzaron a su persecución, junto con los demás y con la madre de Mathew. Pero Mathew fue más rápido y fuerte que ellos, dejándolos atrás, y Morveren fue más inteligente. Se arrancó las perlas y el coral de su vestido, y las arrojó en el camino. Los pescadores eran codiciosos, como los hombres de ahora, y se detuvieron para recogerlas. Sólo la madre de Mathew siguió corriendo tras ellos.

Pese a sus esfuerzos, la marea estaba bajando y la joven sirena no podía nadar en aquellas aguas tan poco profundas. No obstante, Mathew siguió adelante, tropezando con las grandes rocas que habían sido arrastradas por el temporal. Su madre, en el acto, viendo que su hijo estaba siendo conducido a una muerta segura, intentó dificultar sus movimientos agarrándolo de la camiseta de pescador que lucía. Mathew continuó avanzando sin importarle nada ni nadie, hasta que el mar subió a la altura de su cintura, y luego a la de sus hombros. Después, las aguas se cerraron sobre ambos, y su madre se quedó únicamente con una hebra de hilo en la mano, como un hilo de pescar sin cebo.

Años después, un capitán de un barco llegó a “Saint Ives” y contó que había anclado cerca de la cueva Pendower, y había visto una sirena que, según aseguró, le dijo: «Su ancla está bloqueando nuestra cueva y Mathew y nuestros hijos están atrapados dentro». Fue hacia el pueblo a avisar de lo que había visto, de la suerte de Mathew y talló el banco de la iglesia que evoca esta historia envuelta de misterio.

Nunca más Mathew y Morveren fueron vistos por la gente de Zennor. Se habían ido a vivir a la tierra de Llyr, en sus castillos de arena dorada, construidos muy por debajo de las aguas, en un mundo nuevo azul y verde.

Pero la gente de Zennor oye a Mathew. Él cantó a Morveren, tanto de día como de noche, canciones de amor y de cuna. También aprendió canciones que hablaban del mar. Su voz se tornaba suave y aguda si el día iba a ser bueno; por el contrario, profunda y baja si el mal tiempo acechaba sobre Llyr. A través de sus canciones y de su voz, los pescadores de Zennor sabían cuándo era seguro echarse a la mar, y cuando era prudente anclar y esperar en casa.

Hay algunos que todavía encuentran significado a las voces de las olas, y entienden los susurros del viento. Ellos dicen que Mathew canta para que lo escuchen, su voz permanece eterna en los parajes insólitos de Zennor, en las profundas aguas del mar Céltico. Un misterio aún sin resolver que sigue anclado en las raíces marineras de un pequeño pueblo, en las costumbres de una zona repleta de esplendor, donde un día el amor pudo más que la razón, y el mar se convirtió en el testigo fiel de una llama eterna que fulgura con el transcurso de los años.

    Video sobre la leyenda (en inglés)

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La sirena de Zennor: el triunfo de un amor imposible en las profundidades (Por primera vez en español)

Enviada por Garbo

1. Contextualización

Para facilitar el entendimiento de la leyenda que prosigue, debemos considerar la percepción que mantiene el folclore británico del término “sirena”. Concretamente, estos seres mitológicos son descritos de cuatro formas diferenciadas en decenas de relatos:

    a) Un ser humano descubre casualmente a una sirena de extraordinaria belleza en la costa. Tras pedirle que nunca revele su secreto, él acepta sin dudarlo, pero su promesa no es cumplida, y las consecuencias desencadenadas por la sirena son fatales.

    b) Una sirena se enamora ciegamente de un ser humano, atraída por su melodiosa y cálida voz. Olvidando que éste no puede respirar bajo el agua, lo arrastra hacia su gruta submarina para vivir juntos eternamente. Tras morir asfixiado, la sirena repara en el trágico error cometido.

    c) Una sirena nada por ríos y lagos, buscando víctimas a las que ahogar. Cuando encuentra un ser humano, se manifiesta como una persona que ha sido fruto de un accidente y está a punto de hundirse. Así, consigue que alguien la socorra, y, en su intento, ahoga brutalmente a su salvador.

    d) Una sirena protege a personas que están enfermas, dándoles consejos sobre cómo fabricar remedios caseros para recuperar la salud.

2. La leyenda


    “[…]. En las orillas del mar, dos mundos se encuentran misteriosamente. Quienes vivimos en tierra casi nada sabemos de las maravillas de quienes habitan en las profundidades submarinas. Algo sabemos de las sirenas, por lo que nos cuentan los marinos que a veces las oyen.

    Durante las tempestades, cuando la espesa neblina cubre los negros escollos, se dice que las sirenas cantan para atraer a los barcos a chocarse con las rocas, y así hacer víctimas de la muerte a los marineros. Si en alguna ocasión se ve alguna bella dama que en la orilla del mar baila sola o está escuchando música, hay que mirar el ruedo de su vestido para ver si esta húmedo. Esa es una señal inequívoca de que se trata de una sirena disfrazada. […].” (1).

A partir del siglo XVI, los relatos sobre tritones y sirenas proliferaron, y, a modo de curiosidad, la Iglesia los propulsaba para conseguir sus propios fines, captando a nuevos feligreses. Las sirenas eran incluidas en los bestiarios de la época, y había altorrelieves de ellas en numerosas iglesias y catedrales. Por ejemplo, en Zennor, una tradicional y encantadora aldea localizada en el Condado de Cornualles (en la costa norte de Inglaterra), hay un excelente altorrelieve de una sirena en uno de los bancos de la iglesia normanda de “Saint Senara”. Se cree que data de unos 600 años atrás, y evoca la desaparición misteriosa de un joven en manos de una sirena.

Concretamente, la aldea de Zennor se encuentra en la costa de barlovento del Condado de Cornualles. Las casas se disponen en las laderas, aparentando haber sido colgadas por el viento que se mece entre los parajes de ensueño, donde las olas bañan los salientes de los acantilados, en las calas. Solamente, unos pocos pescadores rutinariamente se hacen a la mar en sus barcos para autoabastecerse de alimentos, con los que mantener a sus familias. No obstante, en otros tiempos, el mar era la fuente de vida para los habitantes de Zennor, ya que les proporcionaba el pescado que precisaban, tanto para su alimentación como para la venta de pueblo en pueblo. Se tenía constancia de la hora gracias al flujo y reflujo de las mareas, y de los meses y años por los bancos de arenques. Las tormentas repentinas provocaban el naufragio de los barcos pequeros que salían del puerto de Zennor, ocasionando la pérdida de numerosos marinos, dentro de un mar furioso a consecuencia del temporal. Al final de la jornada, cuando el mar estaba en calma y todos los barcos habían atracado en la costa, con su cargamento de pescado en las bodegas, el pueblo de Zennor se dirigía a la antigua iglesia de “Saint Senara” en señal de agradecimiento por la suerte que había acompañado a los marineros en sus largas travesías por las aguas del mar Céltico. En la ceremonia religiosa, el coro cantaba, y, tras el himno de clausura, las familias se reunían en sus hogares.

Mathew Trewhella, hijo del guardián de la iglesia de “Saint Senara”, era un joven apuesto, de ojos azules y cabellos dorados, con una voz prodigiosa, que llegaba a ser la envidia de cualquier ser celestial. Al atardecer, entonaba el himno de clausura en solitario, resonando su voz con más fuerza que el repicar de aquellas vetustas campanas. Cada sonido, cada nota estaba llena de verdad, tiñendo de magia cada rincón, cada lugar de aquel hermoso pueblo de ensueño.

Una tarde, cuando los barcos permanecían amarrados en la costa y todas las familias estaban reunidas en la iglesia, algo se movió en el crepúsculo suavemente desde las profundidades del mar. Las olas se separaron sin ningún sonido, y emergió a la superficie una criatura marina que parecía ser una niña, si no llega a ser por su larga cola plateada y brillante de pez. Era Morveren, una de las hijas de Llyr, Rey de los Océanos. Desde una roca, la sirena peinaba lentamente sus largos cabellos, contemplando su reflejo en aquellas tranquilas aguas, mientras escuchaba los cánticos de Mathew y el rumor de las olas.

    – «¿De dónde viene ese cántico tan hermoso que ha traído la brisa?» – se preguntaba Morveren.

Tras unos instantes, el viento cesó, y la canción de Mathew desapareció con él. El sol se estaba ocultando por el horizonte, y Morveren debía sumergirse en aquellas oscuras aguas del mar Céltico para regresar a su hogar.

Al día siguiente, sin poder olvidar lo que había escuchado la tarde anterior, decidió emerger de nuevo, pero esta vez no se quedó en la roca, como hacía de costumbre, sino que nadó cerca de la costa para oír mejor aquellos sonidos. Morveren, asombrada, pensó: «¿Qué pájaro cantará tan dulce?» La oscuridad había llegado, y sus ojos veían sombras. No podía permanecer más tiempo allí, ¡tenía que volver…!

Reiteradas veces, Morveren permanecía en la superficie, atraída por la dulce voz que la brisa le enviaba. Ella quería saber más, y, para ello, se detuvo en la orilla, donde los marineros habían desembarcado horas antes. Desde allí, podía ver la iglesia y escuchar la música que traspasaba sus antiguas puertas de piedra, que databan del siglo XIII. Sin embargo, no pudo acercarse más, ya que la marea estaba menguando. Ella sabía que debía volver para no quedar varada en la arena como un pez fuera del agua. Se sumergió bajo las olas, y se encaminó hacia la cueva oscura donde vivía junto a su padre, Llyr, sin confesarle nada de lo que había hecho. Llyr tenía cierta edad, la piel oscura y el cabello largo, enredado constantemente con las algas que brotaban del fondo marino. Él la conocía muy bien y, con sólo mirarla a los ojos, dedujo cuáles eran sus intenciones:

    – «No» – afirmó Llyr con rotundidad, sacudiendo la cabeza de un lado a otro –. «Para oír es suficiente, hija mía. Ver es demasiado».

    – «Tengo que ir, padre» – declaró Morveren –. «La música es magia».

    – «No» – respondió Llyr –. «La música está hecha por el hombre, y sale de la boca de un hombre. Nosotros, la gente del mar, no caminamos sobre la tierra de los hombres».

Una lágrima, del tamaño de una perla, descendió por las sonrosadas mejillas de Morveren:

    – «Entonces, deseo morirme a seguir viviendo de esta forma» – gimió Morveren.

En ese momento, Llyr suspiró, provocando un estruendo, tan sólo comparable con las olas gigantes que rompían contra las rocas del acantilado. No podía soportar que su hija tuviese en la mente aquellos trágicos pensamientos, y cedió ante su petición:

    – «Ve, pues» – dijo al fin – «Ten mucho cuidado. Cúbrete la cola con un vestido, tal y como llevan sus mujeres, y, en silencio, desplázate por la tierra. Para acabar, recuerda siempre estas palabras que voy a decirte, querida hija: regresa con la marea alta, o nunca podrás volver».

    – «¡Voy a tener cuidado, padre!» – gritó Morveren emocionada – «Nadie me hará caer en la trampa como si fuese un arenque».

Llyr le dio a Morveren un hermoso vestido de perlas incrustadas, corales, jades y otras piedras preciosas del fondo del océano. Se cubrió la cola con el mismo, y ocultó su pelo brillante con una red. Así, disfrazada, se dirigió rumbo a la iglesia, a la tierra de los hombres que tanto anhelaba por conocer.

[Traducción basada en: The Mermaid of Zennor. Cornish Myths and Legends. 04 de julio de 1997.]

Accede desde aquí a la segunda parte de este relato.

    Bibliografía citada

(1) BLYTHE, Richard. Bestias fabulosas. Ilustrado por Fiona French y Joanna Troughton. Bogotá: Voluntad, 1979. 61 p. ISBN 978-84-8270-416-6.

    Más información

(2) La villa de Zennor. Absolut Inglaterra: mantente informado de lo que ocurre en Inglaterra. 23 de septiembre de 2010.

(3) Zennor. ViaMichelin: viajes. 2011. Las atracciones turísticas, los restaurantes y circuitos de Zennor.

(4) Zennor. Wikipedia, the free encyclopedia. 31 de diciembre de 2011.

    Vídeo

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