Mesoamérica en la Historia Marítima

Les recordamos a nuestros lectores que no se publicarán nuevos contenidos durante el mes de agosto, y que aprovechamos estos días de vacaciones para elaborar unas entradas de carácter enciclopédico sobre grandes temas, formando una serie. Están basadas en los datos recogidos en varias de las entradas ya publicadas. Las de otros años pueden leerse aquí.

La parte más estrecha del continente americano tiene profundos lazos marítimos. De hecho, se encuentra entre los dos mayores océanos del mundo. Entendida más como un concepto cultural que puramente geográfico, podemos verla claramente como el territorio de una de las cunas de la Humanidad. Multitud de pueblos prehispánicos se han asentado en sus orillas, y la mayoría nos ha dejado evidencias de su herencia. En el ámbito marítimo no es tan sencillo conseguir que perduren materiales como la madera, con lo cual ha sido difícil hallarlos, aunque no imposible. En este recorrido han aparecido restos de embarcaciones, así como otros objetos, o sus representaciones, que demuestran su profunda implicación con el mar.

Canoa oceánica. Fuente: Monleón (1892)

Aparte de las canoas, en este blog también hablamos de los paisajes donde surgieron, de los materiales empleados en su construcción, de las actividades económicas que hicieron posibles, de las redes de intercambio que favorecieron y de los conocimientos transmitidos de generación en generación para navegar con seguridad. Igualmente, de cómo sus divinidades vinculadas con el medio acuático se representaban, cómo se entendían, qué paisajes les asignaban (algunos subterráneos, como los extraordinarios cenotes) y los magníficos libros y códices que se escribieron dejando testimonio de ese medio acuático.

Haciendo un recorrido histórico, podemos encontrarnos evidencias de un relevante pasado marítimo en casi todas las culturas que allí vivieron.

Los olmecas

Este antiguo pueblo ocupó una parte del México actual, entre el III y el I milenio a. C. Los olmecas son conocidos por las enormes cabezas que esculpieron, pero también porque trabajaban el jade, consiguiendo una perfección técnica asombrosa. Algunas de las figuras talladas estaban vinculadas con el mundo marítimo.

Fuente

En su cosmología el agua era la conexión entre el mundo humano y el divino. Sus divinidades vivían en un espacio integrado por montañas y fuentes de agua sagradas. Para materializar sus creencias y convertirlas en objetos de culto, esculpieron una especie de pendientes con forma de canoas. Los investigadores piensan que recrean el momento y el lugar de la creación primigenia y que se esculpieron durante la segunda etapa olmeca, cerca del año 800 a. C.

Teotihuacanos

A pesar de que todavía queda mucho por conocer de Teotihuacán (S. I-VI), la influencia marítima está esculpida en los muros de sus pirámides y edificios ceremoniales, donde aparecen caracolas y otros tipo de bivalvos. Una de sus divinidades, Chalchiuhlicue, la de la falda de jade, era la gran diosa del agua, de los lagos, los ríos, los mares y los manantiales (González 2024). Además, estaba considerada la protectora de los navegantes. Igualmente se han hallado objetos adornados, o decorados, con fauna marina, que aparecían en sus vestimentas, tocados, adornos y accesorios personales. 

Navegación prehispánica

La navegación supone tanto conocimiento del medio acuático como el desarrollo de una serie de técnicas. Los pueblos que vivían en la cuenca central del continente americano antes de la llegada de los europeos hacían uso frecuente de balsas, canoas y barcas para sus desplazamientos, especialmente en zonas lacustres. Desarrollaron distintos tipos de naves, que respondían a los diferentes usos. Así existieron pequeñas balsas de uso individual, hechas con materiales flotantes, pero también efímeras, de breve uso.

Balsas de juncos dibujadas en el códice Aubin. Fuente

Otras canoas mayores y más duraderas para transporte de mercancías pesadas y desplazamientos mayores.

Eran casi todas monóxilas (hechas con el tronco de un árbol) y tenían un fondo plano para facilitar la navegación en el lago. Los instrumentos de propulsión que se usaban para navegación costera o fluvial eran palas (o paletas) y también bastones (o pértigas). 

La ciudad lacustre más grande

Los aztecas eran los pobladores del actual sur de México antes de que los conquistadores españoles llegaran allí. También se les llama mexicas. Su leyenda fundacional cuenta que los dioses habían dado una serie de instrucciones sobre dónde asentarse y fundar la capital. El símbolo que les llevaría al lugar elegido era un águila que estaba posada sobre un cactus, devorando una serpiente. En el lago Texcoco vieron esa señal y fundaron allí la ciudad de Tenochtitlán, que significa algo similar a «donde está el nopal silvestre».

Tenochtitlán (S. XIV) fue una de las mayores ciudades del continente. Estaba ubicada en el centro de una enorme laguna, conectada con lagos, ríos, arroyos y manantiales. Estas vías fueron muy bien aprovechadas como sistema de transporte, para hacer canales y controlar la navegación. Las crónicas dicen que miles de canoas navegaban dentro y fuera de la urbe.

Los cenotes y los dioses mayas

Una de las formaciones geológicas naturales más impresionantes son los cenotes, propios de esta zona. Su importancia como fuente de agua y su belleza fueron factores clave para las civilizaciones que allí se establecieron, que los tomaran como lugares sagrados, convirtiéndolos en protagonistas de sus leyendas y mitos. A través de ellos se podía llegar al inframundo, por lo que se les hacían ofrendas y sacrificios.

Una de las leyendas que recoge el Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas habla de la lucha que tuvieron dos heroes gemelos con los crueles señores de Xibalbá que habitaban un oscuro mundo subterráneo. Para llegar al inframundo bajaron por un cenote. Tras conseguir vencerlos, los dos hermanos se convertieron en el Sol y la Luna, astros protectores de la humanidad.

Para acabar

Entre el Pacífico y el Atlántico, los pueblos de la Mesoamérica prehispánica construyeron una intensa cultura del agua en la que mares, ríos, lagos, lagunas y cenotes formaban parte de un mismo universo. Ese legado sigue recordándonos que la Historia Marítima también se escribe mucho más allá del océano.

Más información

AGUILAR, Yameli; BAUTISTA, Francisco y TEC-POOL, Fátima. La importancia cultural, natural, ecológica y económica del anillo de cenotes: el caso de Homún. Asociación mexicana de estudios sobre el Karst, 2021, p. 161-171.

BIAR, Alexandra y FAVILA VÁSQUEZ, Mariana. Tradición de navegación indígena en Mesoamérica: los casos lacustres mexica y tarasco. En: HOCES-GARCÍA, Alberto y MORAL-GARCÍA, Carlos (coords.). El mar: una forma de vida en América. Madrid: Historia y Cultural del Mar, 2016, p. 97-127.

CACH AVENDAÑO, Orlando Eric. Las canoas de jade del sur de Veracruz como elemento iconográfico olmeca previo a la odisea del dios del maíz maya. Estudios de Cultura Maya-UNAM, 2010, p. 6-89.

DOMÍNGUEZ ÁNGELES, Alondra, et al. Cenotes, dones de la naturaleza que resguardan herencia de la cultura maya. Edähi Boletín Científico de Ciencias Sociales y Humanidades del ICSHu, 2024, 12, p. 11-21.

GONZÁLEZ BLOCK, Miguel A. From the Great Goddess to the Storm God: Cosmic transformations at the boundary between the dry and rainy seasons in Classic Teotihuacan. Ancient Mesoamerica, 2024, 35, 3, p. 839-864.

PAZ BAUTISTA, Clara. Las especies malacológicas, los ornamentos de concha y su distribución en la antigua ciudad de Teotihuacan, México. En ARROYO, B., MÉNDEZ SALINAS, L. y AJÚ ÁLVAREZ, G. XXX Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala. Guatemala: Museo Nacional de Arqueología y Etnología, 2017, p. 917-928.

TAUBE, Karl. La jadeíta y la cosmovisión de los olmecas. Arqueología Mexicana, 2007, 15, 87, p. 43-48.

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