Una de las fuentes de agua más extraordinarias que hay en América son los cenotes de la península de Yucatán (México). Tienen una rica historia y un monstruoso origen. Poseen una belleza innata y además forman parte de un impresionante legado cultural. De hecho, el término cenote es de procedencia maya.
Son formaciones geológicas naturales, que a menudo están conectadas a galerías subterráneas con agua. Forman sistemas hidráulicos complejos y dinámicos que han sido de gran importancia para las culturas que allí habitaban (desde el 600 a. C. hasta el 1500 d. C.). Es posible que sean más de 8000 los que existen, aunque no están todos censados.

La formación de los cenotes
Se formaron tras la llegada del meteorito que acabó con los dinosaurios hace 66 millones de años. El impacto creó un enorme cráter de unos 10 km, llamado Chicxulub. Como resultado del impacto, parte de la roca caliza de la zona se fracturó, lo que permitió que el agua de lluvia se filtrara y que, con el paso de miles de años, acabara creando enormes sistemas de cuevas y ríos subterráneos. En otros miles de años, el techo de estas cavernas se derrumbó, dejando el agua a cielo abierto y formando los cenotes.

Contienen información sobre los aspectos simbólicos y religiosos vinculados a los pueblos mayas, así como sobre los procesos geológicos de la península de Yucatán. Arqueólogos, geólogos y biólogos colaboran para estudiar estos sitios únicos mediante técnicas especializadas de buceo espeleológico.

Leyendas de los cenotes
Aunque son muchas más, aquí traemos una que se recoge en el Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas. Del mar primordial surgieron los valles y las montañas, y se crearon las plantas y los animales. Pero también había un abismo, un oscuro mundo subterráneo gobernado por los crueles señores de Xibalbá. A este inframundo podía accederse por los hondos cenotes, así como a través de los troncos huecos de las ceibas (árboles sagrados).

La leyenda cuenta que dos gemelos, Hunahpú (Ixhunahpú) e Ixbalanqué, decidieron descender al oscuro mundo subterráneo, bajando a un cenote, dispuestos a derrotar a los crueles gobernantes de Xibalbá. Inicialmente superaron con ingenio cada desafío letal que se les presentaba (la morada de los muertos, el Camino de los Cuchillos Obsidianos, el Frío Mortal y la Casa de los Murciélagos, entre otros). Tras varios enfrentamientos retaron a los señores de Xibalbá al juego de pelota maya. Los gemelos lograron vencer y los desterraron para siempre. Tras conseguir esta victoria, los dos hermanos abandonaron el cenote, y se convertieron en el Sol y la Luna, astros protectores de la humanidad.

Hay otra versión que sostiene que ambos hermanos fueron asesinados. Tiempo después fueron devueltos a la vida y a partir de ese momento mataron a los señores de Xibalbá y ascendieron como divinidades.
Lo más relevante es que esta lucha se repite diariamente de forma perpetua. Así, mientras el Sol siga saliendo cada mañana y la Luna cada noche, la vida en el mundo puede continuar. Esta magnífica historia que forma parte de la cosmología maya nos recuerda otras leyendas similares, generadas a miles de km.
Para acabar
Los cenotes son una muestra de cómo evolucionó la Tierra tras el choque de un meteorito hace ya 66 millones de años. Con el paso del tiempo, tras el impacto, la roca caliza se fue fracturando y abrió enormes espacios por los que el agua iba avanzando, creando inmensas grutas que hoy forman, entre otros, el sistema de cuevas inundadas más grande del mundo (Sac Actun, en México, tiene más de 368 km de túneles interconectados y cientos de cenotes).
Su importancia como fuente de agua y su belleza fueron factores clave para que las civilizaciones que allí se establecieron los tomaran como lugares sagrados, convirtiéndolos en protagonistas de sus leyendas y mitos. A través de ellos se podía llegar al inframundo, por lo que se les hacían ofrendas y sacrificios. Hay evidencias subacuáticas de restos óseos humanos, así como de diversas vasijas cerámicas.
Los cenotes actualmente presentan un espejo de agua turquesa que está rodeado de impresionantes raíces de árboles. Son una muestra del pasado geológico y mítico de América central que enriquece nuestro Patrimonio Marítimo, estableciendo una sinergia impresionante entre naturaleza e historia.
Más información
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MONROY RIOS, Emiliano. El anillo de cenotes. Karst Geochemistry and Hydrogeology [s. f.].
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