Les recordamos a nuestros lectores que no se publicarán nuevos contenidos durante el mes de agosto, y que aprovechamos estos días de vacaciones para elaborar unas entradas de carácter enciclopédico sobre grandes temas, formando una serie. Están basadas en los datos recogidos en varias de las entradas ya publicadas. Las de otros años pueden leerse aquí.
Durante mucho tiempo decenas de barcos han atravesado el estrecho del Bósforo cada día. Ahora son petroleros, mercantes, cruceros y pesqueros que siguen una ruta que parece cotidiana. Sin embargo, esas mismas aguas llevan miles de años siendo uno de los lugares más disputados del planeta. Antes de que existiera el país que hoy conocemos como Turquía, pueblos como los hititas, asirios, fenicios, griegos, persas, romanos, bizantinos y otomanos comprendieron que quien dominara el estrecho controlaría el paso entre dos mares y, en buena medida, entre dos mundos. Pero ¿por qué este territorio ha tenido un papel tan decisivo en la historia marítima?
Una de las manifestaciones más antiguas de la presencia de animales acuáticos en el universo simbólico de las poblaciones de Anatolia se encuentra en Göbekli Tepe. Allí se han hallado representaciones esculpidas hace aproximadamente 12.000 años.




Una geografía privilegiada
Asia Menor fue un territorio que, por su posición geográfica, atrajo a imperios, comerciantes y marinos durante milenios. Solo necesitamos recordar que Anatolia, la península que ocupa gran parte de la actual Turquía, está rodeada por el mar Negro al norte, el Mediterráneo al sur y el Egeo al oeste.

En su extremo noroccidental, hay dos estrechos (accidentes geográficos) llenos de historia y de leyendas, el Bósforo, al norte, y los Dardanelos, comunicados por el mar de Mármara, que forman un corredor marítimo único entre el Mediterráneo y el mar Negro.

Este punto entre Oriente y Occidente, surcado por montañas, ríos y lagos, ha sido clave en las rutas de navegación y de comercio que atravesaban el mundo conocido. A través de las redes terrestres y marítimas, conocidas como las Rutas de la Seda, llegaban a Constantinopla productos orientales como seda, porcelana, papel, especias y piedras preciosas. En sentido contrario circulaban metales, madera, vidrio y textiles, junto con ideas, conocimientos, técnicas y creencias. Los faros de Kiz-Kulesi (en Constantinopla) y de Pátara (Licia) son evidencias de este trasiego incesante desde hace milenios.
Las naves que desde allí partían para el oriente iban cargadas de productos como oro y plata, madera, hierro, textiles europeos y vidrios de lujo, entre otros.
Un espacio de encuentro y desencuentro
La compra y venta de mercancías supuso que culturas muy distintas entraran en contacto, lo que además dio lugar a la interacción y al intercambio de ideas, que contribuyó a enriquecer enormemente esta zona. Los puertos (como el de Teodosio en funcionamiento hasta el s. XIII, los que custodiaban el Cuerno de Oro, que cayeron en 1453) fueron el centro de este encuentro, por lo que también se convirtieron en objetivos de las potencias que en esos momentos estaban situadas cerca.
En la costa occidental de la actual Turquía surgieron importantes ciudades marítimas. Troya, situada cerca de los Dardanelos, prosperó desde la Edad del Bronce gracias, entre otros factores, a su posición próxima a las rutas que comunicaban el Egeo con el mar Negro. Más al sur, Mileto se convirtió en una de las principales ciudades griegas de Jonia y desarrolló una intensa actividad comercial y colonizadora. Sus habitantes fundaron numerosos asentamientos, especialmente en las costas del mar Negro, lo que proporcionó a la ciudad riqueza y poder durante siglos.
Algunos investigadores han interpretado el rapto de Helena por el príncipe Paris como la expresión mítica de un conflicto que pudo tener causas económicas y estratégicas. La posición de Troya, cerca de la entrada de los Dardanelos, pudo convertirla en una rival dentro de las redes comerciales del Egeo. No obstante, las causas y la propia historicidad de la guerra de Troya continúan siendo objeto de debate.




Otra muestra de la riqueza alcanzada por esta región es el denominado Tesoro de Creso o Tesoro lidio, llamado así por el célebre monarca de Lidia. Entre sus piezas se encontraba un pequeño broche de oro con forma de hipocampo alado, sustraído ilegalmente y recuperado posteriormente. Hoy se conserva en un museo turco.
Sin embargo, la geografía de esta zona, propensa a que sus fértiles ríos depositen miles de toneladas de barro en sus orillas, terminó siendo un gran problema, ya que muchas perdieron su salida al mar, y con ello una parte muy importante de su riqueza. A pesar de ello, todavía podemos apreciar restos de ese esplendor propio de las ciudades marítimas, que se evidencia en sus magníficos monumentos.
Por otra parte, las particulares condiciones de las aguas profundas del mar Negro, caracterizadas por la escasez de oxígeno, favorecen excepcionalmente la conservación de la madera y de otros materiales orgánicos. El proyecto Black Sea MAP documentó en aguas búlgaras 65 yacimientos de naufragios, fechados desde la Antigüedad clásica hasta la época contemporánea. Entre ellos se encuentran naves griegas, romanas, bizantinas, otomanas y cosacas. Por ello, el mar Negro se ha convertido en uno de los grandes laboratorios submarinos para el estudio de la navegación antigua.
Conclusión
Las civilizaciones han cambiado de nombre y muchos de los antiguos imperios han desaparecido. Sin embargo, la geografía permanece. Quizá por eso Asia Menor, hoy Turquía, continúa ocupando un lugar esencial en las rutas marítimas del mundo. La Historia no explica únicamente lo que ocurrió hace siglos; también ayuda a comprender por qué determinados espacios siguen siendo estratégicos en la actualidad. El Bósforo y los Dardanelos, nexo entre el Mediterráneo y el mar Negro y frontera natural entre Europa y Asia, demuestran hasta qué punto el mar puede condicionar el destino de pueblos, imperios y continentes.
Más información
A walk through ancient Miletus. Foundation ot the Hellenic World, 2006.
BRENNAN, M.L. et al. Ocean dynamics and anthropogenic impacts along the southern Black Sea shelf examined through the preservation of pre-modern shipwrecks. Continental Shelf Research, 2013, 53, p. 89-101.
GAMER, Gustav. Troya a la luz de las últimas investigaciones. Treballs d’Arqueologia, 1992, p. 201-224.
KOCABAŞ, Ufuk & ÖZSAIT KOCABAŞ, Işıl. Shipwrecks at the Theodosian Harbour. Publications de l’Institut Français d’Études Anatoliennes, 2010, 20, 1, p. 109-127.
VALERO TÉVAR, Miguel Ángel. Los mosaicos de la villa de Noheda (Cuenca). Boletín Arqueología somos todos, 2016, 4, p. 10-12.


