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Archive for the ‘– General’ Category


Siempre ha existido miedo al mar, durante siglos inmensos monstruos marinos robaron el sueño de los navegantes, pero era un pequeña criatura la que creaba las situaciones más desastrosas y también más peligrosas: un “gusano” que se comía la madera de los barcos. Terminaba taladrando el casco y dejándolo inservible para navegar, por lo que si ésto ocurría en medio del mar, ya no se podía solucionar. Si se detectaba en puerto, se podía comprobar si era general su impacto o si sólo afectaba a una parte, en cuyo caso se podría sustituir. En España se le llamó “broma”, aunque fuera un asunto muy serio.

shipworm1

Una muestra de cómo se queda la madera tras el ataque del Teredo navalis. Fuente

Más sobre este taladrador

El “gusano de barco” Teredo navalis es uno de los invasores marinos más efectivos y dañinos del mundo. Realmente no es un gusano, sino un molusco, más concretamente un bivalvo lamelibranquio de cabeza perforadora. Es un animal incrustante que abre largas y demoledoras galerías en la obra viva de la madera, buscando devorar la celulosa que contiene y llega a alcanzar hasta los 20 centímetros en su estado adulto.

Teredo-cilco de vida

Todavía no se ha podido averiguar si llegó a Europa desde el sudeste asiático o si se originó en Europa e invadió el resto del mundo desde allí. Hace pocos años reapareció en el Báltico occidental, causando daños estimados entre 25 y 50 millones de euros a lo largo de la costa alemana. Se reproduce muy rápidamente y posee una alta resistencia a las circunstancias ambientales desfavorables.

Testimonios

Ilustres navegantes como Colón tuvieron que luchar duro contra esta invasión. En su cuarto viaje (1502), todas sus naves se hundieron debido al daño causado por el Teredo navalis. En su diario cuenta que sus barcos fueron:

“… podridos, carcomidos (…) más acribillados que un panal de abejas. Con tres bombas, ollas y hervidores, y con todas las manos trabajando, no podían contener el agua que venía en la nave, y no había otro remedio para el caos que había causado el gusano (…) de la carta de Colón: “mi barco se estaba hundiendo debajo de mí …” (fuente). 

Otro tanto ocurrió durante la primera vuelta al mundo, con Magallanes y Elcano.

dibujo tredo en madera

El pirata Francis Drake también tuvo que fondear en la costa de California para hacer una reparación en su barco, el Golden Hind, carcomido por los gusanos del mar.

Gonzalo Fernández de Oviedo, un cronista de Indias, lo sufrió y lo narró en 1523, cuando iba desde el Puerto de Santa Marta (actual Colombia) hacia La Española. La embarcación, una carabela de su propiedad “estaba tan comida de la broma”, que se encontraba inundada en medio de un mar embravecido, mientras la tripulación, incluyéndolo, trataban de tapar los agujeros con sus camisas.

Esta situación hizo que muchos intentaran encontrar soluciones. Algunas eran eficaces, aunque sólo de manera temporal, y otras eran simples engaños para lucrarse (Trueba 1987).

La invasión

A pesar de que se han tratado de desarrollar métodos contra él, todavía no hay una solución fácil para el problema de los “gusanos” de la nave. La forma de evitarlo era cubrir el casco de madera con láminas de metal, también recubriéndola de sustancias que lo repelieran, aunque esta protección dejaba de tener efecto pronto. La última posibilidad, si la invasión no había afectado mucho al casco del barco, era entrar en las aguas de un río (como sucedía en el de Sevilla) para que el agua dulce acabara con él. Actualmente pervive en barcos de bajura y de pesca artesanal y, además, en mejilloneras, pilotes de malecones y otras estructuras afines hechas de este material.

muelle teredo

No ataca igual todos los tipos de madera, ya que por ejemplo el roble es más duro y tarda más en conseguir taladrarlo. Había maderas exóticas, algunas procedentes del continente americano, que parecían ser más resistentes al ataque, por lo que se preferían para la construcción naval, como el Moral, Alcanfor, Palo de Vaca, Chanul y Laurel (Figueroa, 1996).

Alcanfor

Alcanfor. Fuente

Más información

CURT MARTÍNEZ, José. Navegando en una sopa de seres microscópicos. Revista General de Marina, 2015, 268, 2, p. 299-314.

FIGUEROA, Guayacán y SÁNCHEZ, Fernan. Contribución al conocimiento de los organismos. Acta Oceanopacífica del Pacífico. 1996, 8, 1.

HOPPE, Kai N. Teredo navalis—the cryptogenic shipworm. En: Leppäkoski E., Gollasch S., Olenin S. (eds). Invasive Aquatic Species of Europe. Distribution, Impacts and Management.  Dordrecht: Springer, 2002, p. 116-119.

MOYA SORDO, Vera. Entre la vida y la muerte: averías, tormentas y naufragios. Manifestaciones de miedo durante los viajes atlánticos ibéricos (siglos XV-XVII). Boletín de la Academia Nacional de la Historia (Venezuela), 2010, 93, 371, p. 127.

TRUEBA, Eduardo. Dos experiencias contra la ” Broma” (Teredo Navalis), en la Sevilla del siglo XVI. Revista de Historia Naval, 1987, 5,16, p. 83-102.

WEIGELT, Ronny, et al. First time DNA barcoding of the common shipworm Teredo navalis Linnaeus 1758 (Mollusca: Bivalvia: Teredinidae): Molecular-taxonomic investigation and identification of a widespread wood-borerJournal of Experimental Marine Biology and Ecology, 2016, 475, p. 154-162.

 

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Hay paisajes costeros que son de una exuberancia impresionante. El color azul del mar, los acantilados con sus distintos estratos, los pequeños islotes y las playas desiertas, forman un conjunto de postal que se repite en muchos lugares de la tierra. Cuando a tanta belleza natural se une la nostalgia de la visión de los barcos hundidos y de sus restos esparcidos por la playa, de miles de historias truncadas por el clima y el relieve, es casi irresistible. Un panorama semejante se puede encontrar en la denominada costa del naufragio (Shipwreck Coast), cerca del lugar donde se hallan los famosos ópalos australianos. No es la única, ya que, a lo largo de los mares, varios lugares reciben también ese nombre.

La costa sur del continente australiano, en el estado de Victoria, la que está más cerca de la isla de Tasmania, se conoce como la costa del naufragio. Se sitúa en un tramo de la gran carretera costera, entre Torquay y Warrnamboole, y son más de 700 los barcos que allí están hundidos. En unos 130 kilómetros de costa por un lado y el Océano Austral por otro, se sitúa la zona que en tiempos pasados se convirtió en una trampa fatal para la navegación.

Cualquier persona interesada en la historia temprana de los asentamientos en Australia o en la del mar, se maravillará con las ricas historias de estos barcos hundidos. El paisaje marino está formado por una estructura de piedra caliza imponente, donde las aguas azules distraen fácilmente de lo que realmente se encuentra justo debajo de la superficie. Si el clima se vuelve peligroso, este paraíso se vuelve infernal rápidamente.

El naufragio más conocido

Quizás la historia más famosa de un naufragio en esta zona es la del Loch Ard, un clipper de casi 1700 toneladas botado en 1873, que había partido desde Inglaterra y estaba llegando a Melbourne. Después de 13 semanas se iba acercando a la costa sur de Australia.

Loch Ard

Una enorme niebla impidió al capitán ver el sitio en el que realmente estaba su barco. La escarpada orografía estaba fatalmente cerca, pero apenas se podía ver. El enorme buque chocó con la isla Mutton Bird el 1 de junio de 1878, matando a 52 de las 54 personas que iban a bordo. Hoy se pueden ver los restos del naufragio buceando a unos 30 m. de profundidad.

En la carga que transportaba se encontraban artículos de lujo destinados a exhibirse en la Exposición Internacional de Melbourne, en 1880. Uno de estos objetos era un pavo real de porcelana que se pudo recuperar sin ningún desperfecto, y que ahora se encuentra en el Museo Marítimo de Flagstaff Hill. en Warrnambool.

pavo real

Otros barcos hundidos

Más naufragios conocidos, cuyos restos se pueden ver en la playa son los del Marie Gabrielle, que llevaba un cargamento de te de China en el año 1869, cuando un vendaval hizo que se estrellara contra la costa.

Unos 20 años después el Fiji, un barco de vela, corrió la misma suerte. Las anclas son todavía visibles.

Recogida de los restos del Fiji. Fuente: The Victorian Heritage Database

Otro velero, el Antares, que había partido de Marsella en plena I Guerra Mundial, se estrelló también. Es visible a 80 metros de la costa cerca de la Bahía de las Islas, sumergido sólo a unos  4-6 metros de profundidad. Iba cargado con azulejos.

También hay antiguos barcos de madera. Un ejemplo es el Granje, hundido en 1858, parece ser que por un error en la navegación. Esta es igualmente la localización del supuesto “barco de caoba”, del cual una leyenda relata que pudo ser un junco chino o un galeón español o portugués que naufragó con un gran tesoro. Sus restos, dicen los relatos, que yacían en la arena de la playa.

Una base de datos sobre los barcos naufragados

La base de datos del Patrimonio de Victoria contiene el registro de naufragios históricos, (su localización y los objetos hallados en ellos) más importantes del estado australiano, que están protegidos actualmente por la Ley de Patrimonio de 2017. Tienen identificados ya unos 780 pecios.

Más información

JEFFERY, Bill, et al. Realising the cultural tourism potential of South Australian shipwrecks. Historic Environment, 1990, 7,  3/4, p. 72.

LAWRENCE, Susan & DAVIES, Peter. Shipwrecks and Maritime Trade. En: An Archaeology of Australia Since 1788. New York: Springer, 2011, p. 69-94.

McCANN, Joy. Wild Sea: A History of the Southern Ocean. University of New South Wales Press, 2018.

STRACHAN, Shirley, et al. Interpreting our maritime heritage: Australian historic shipwreck trails. Historic Environment, 1995, 11, 4, p. 26.

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Estas tres palabras hacen referencia a grupos de unidades navales. Dependiendo de la época han tenido un significado u otro. Por eso vamos a ver cuál ha sido a lo largo del tiempo.

Castro, Lorenzo a, active c.1664-c.1700; The Battle of Actium, 2 September 31BC

Representación pictórica de la batalla de Actium (2 de septiembre 31a.C), de Lorenzo a Castro (siglo XVII). Museo Marítimo Nacional (UK).  Fuente

Las Siete Partidas de Alfonso X

En la obra del rey Sabio, una flota era un grupo de naves en misión de guerra, mientras que la armada la formaban un número más pequeño de embarcaciones.

armada y flota en 7 partidas

Partida II, tit IX, ley 24. Edición del BOE

Edad Moderna

A partir del siglo XVI las denominaciones cambiaron, por lo que una armada se distinguía como el conjunto de los buques de guerra, mientras que las flotas eran grupos de naves comerciales. Cuando se hacía referencia a las galeras, entonces el término usado era escuadra, en lugar del de armada.

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Armada francesa del siglo XV. Fuente

Pero a lo largo de toda la edad moderna también se usó el término escuadra para el grupo de navíos, fragatas y buques menores de guerra, en número suficiente para merecer este nombre, que estaban bajo las órdenes de un general u otro oficial de graduación superior. Así quedaron entonces los tres términos:

Armada

Era el conjunto de todas las fuerzas de mar que el rey sostenía para defender las costas o proteger el comercio. Se denominó también Real Armada y Marina Real. Hubo varias armadas con denominación propia, algunas de las que Scanlan enumera en su Diccionario son:

  • Armada de Barlovento: la división o escuadrilla que, con intermitencia y varias alteraciones, estuvo destinada a la América septentrional.
  • Armada de Honduras, la cual consistía en uno o dos buques armados en guerra que se enviaban a aquel punto.
  • Armada Real de la guardia de la carrera de Indias: La misma que antes del año de 1526 se llamó de averías, y luego también galeones; y se componía de algunos buques armados, destinados a defender de los corsarios las naos que regresaban de las Indias, Canarias, Madeira y norte de África, para lo cual recorría de ordinario toda la costa de Andalucía hasta las Terceras. Se mantenía con el impuesto de la avería, que para este fin pagaban todos los caudales y mercaderías que llegaban a salvo. También escoltaba las flotas.
  • Armada de Flandes y de Nápoles.
  • Armada del Sur y de Filipinas: las destinadas a aquellos lugares.
  • Armada de la guardia del estrecho: la que antiguamente estaba destinada a guardar el estrecho de Gibraltar.
  • Armada de Cantabria, de Portugal, la que tomaba este nombre cuando llegaba a componer el número de siete buques.

Escuadra

La monarquía hispánica mantuvo, a lo largo del siglo XVI, una serie de escuadras de galeras, entre las que según P. Fondevila destacan:

  • Escuadra de Galeras de España. Fue la escuadra principal, y la última en desaparecer definitivamente en 1802.
  • Escuadra de Galeras de Génova.
  • Escuadra de Galeras de Nápoles.
  • Escuadra de Galeras de Sicilia.
  • Escuadra de Galeras de la Guarda del Estrecho.
  • Galeras para la Guarda y Navegación de Indias.
  • Galeras de Mallorca.
  • Escuadra de Galeras de Santiago.
  • Escuadra de Galeras de Aragón.
  • Escuadra de Galeras de Portugal.

Flota

Reunión o convoy de varios buques mercantes que se dirigen a un punto determinado, en misión comercial. Por ejemplo, tenemos constancia de que en 1543 los comerciantes de Sevilla obtuvieron permiso para organizar dos flotas anuales a las Indias, que debían ir protegidas por un barco de guerra. La flota debía estar compuesta sólo por naos de más de 100 toneladas y navegar como mínimo cada una con 10 bajeles. La piratería y los peligros de ataques de países enemigos hicieron que se promulgara una orden para que, a partir de 1550, con todas las flotas fueran dos naos más armadas: una que era la Capitana y la otra la Almiranta, ambas llevaban menos carga comercial y más artillería.

El aumento de ataques de los enemigos de la corona española en el área del Caribe hizo que se perfeccionase y aumentase el número de embarcaciones artilladas, poniendo en marcha, a partir de 1561, el sistema para el comercio con las Indias denominado de “flotas y galeones”, que perduró hasta la primera mitad del siglo XVIII. Salían dos veces al año e iban desde Sevilla hasta La Habana, para luego dividirse en dos unidades, una que se dirigía a México y otra a Tierra Firme (Centroamérica y norte de América del Sur). A la vuelta, ambas se reunían en el puerto cubano para retornar a la Península.

Actualmente usamos esta palabra para identificar los barcos que componen la flota pesquera, la de altura y de arrastre, e incluso para denominar las diferentes flotas del tesoro que a los largo de la historia han navegado por los mares, como la española o la china, entre otras.

Más información

FERNÁNDEZ DURO, Cesáreo. Disquisiciones náuticas. Madrid: Aribau, 1881. Tomo V

FONDEVILA SILVA, Pedro. Diccionario español de la lengua franca marinera mediterránea. Murcia: Fundación Séneca, 2011.

FONDEVILA SILVA, P. y SÁNCHEZ BAENA, J.J Las galeras de la monarquía hispánica: elemento fundamental del poder naval durante el siglo XVI. En: ALVAR ESQUERRA, M. y RUIZ RODRIGUEZ, J.I. Túnez, 1535. Madrid: CSIC, 2010, p. 89-119.

MIRA CEBALLOS, Esteban: El sistema naval del Imperio español. Armadas, flotas y galeones en el siglo XVI. Madrid: Punto de Vista Editores, 2015.

O’SCANLAN. Timoteo. Diccionario marítimo español. Madrid, 1831.

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El Atlántico es el segundo océano más grande de la Tierra tras el inmenso Pacífico. En su devenir geológico se han producido multitud de acontecimientos, entre los cuales figura la aparición de islas como consecuencia de la erupción de volcanes submarinos. Algunas son enormes, pero otras más pequeñas apenas se conocen, incluso hay veces que ni siquiera aparecen en los mapas. Aunque desde tierra parezca innecesaria su localización, cuando se cruza el Atlántico es básico conocer los posibles puntos de fondeo, avituallamiento o incluso refugio. Y en este sentido las islas perdidas en medio del Océano son claves en los momentos de angustia que se viven en el mar.

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El archipiélago de Tristán de Acuña en un antiguo dibujo. Fuente

En esta entrada nos vamos a centrar en un archipiélago, el de Tristán de Acuña, que está en el hemisferio sur, en mitad del mar, a más de 2000 km, de dos continentes (América y África). A pesar de que fue descubierto por un navegante portugués, hoy está bajo dominio británico.

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Localización de la isla según Google Maps

Tristán de Acuña

Tristán da Cunha (ca. 1460-1540) fue un navegante y diplomático portugués, miembro del Consejo Real. En 1506 zarpó hacia el Índico acompañado de Alfonso de Alburquerque al frente de una poderosa escuadra en busca de un importante cargamento de especias. En plena travesía, antes de doblar el Cabo de Buena Esperanza, descubrió las islas que posteriormente fueron bautizadas con su nombre.

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Detalle de las islas del archipiélago en un mapa de Teixeira (siglo XVI). Fuente: Gallica

El archipiélago de Tristán de Acuña

Debido a su lejanía de cualquier otra parte habitada del mundo, las islas han estado la mayor parte del tiempo deshabitadas. Algunas naciones como Francia u Holanda intentaron poblarlas, pero al final desistieron, tanto por su aislamiento y difícil acceso a tierra, como por tener altos acantilados.

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La isla se generó, como puede verse claramente en la imagen, por la acción de un volcán

El archipiélago que lleva este nombre se compone de tres islas, la de Tristán da Cunha, la Inaccesible y la Nightingale, y de dos islotes, Middle y Stoltenhoff. Administrativamente es una dependencia de Santa Helena, lugar habitado más cercano situado al Norte (que está a 2.173 km.). Santa Helena es una colonia británica, muy conocida porque fue uno de los lugares de destierro de Napoleón.

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Mapa del archipiélago Tristán de Acuña. Fuente

Fue utilizada por balleneros y cazadores de focas, de donde provienen los primeros asentamientos en 1817. Actualmente sólo está habitada la isla principal. Cuenta con unos 300 habitantes concentrados en su capital, Edimburgo de los Siete Mares.

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Una vista de la capital, Edimburgo de los Siete Mares

Estas islas “perdidas” fueron esenciales para los navegantes, ya que cuando recorrían enormes distancias, el avistamiento de tierra era un descanso, que además les permitía refugiarse de tormentas, así como hacer aguada y cargar provisiones, si el lugar era propicio.

Más información

Bienvenidos a Tristán de Acuña, el lugar habitado más remoto del mundo. Destinos experienciales, 2018.

GALLEGO COSME, Mario J. Geopolítica del Atlántico Sur: insularidad y proyección del poderRevista de Relaciones Internacionales de la UNAM, 2014, 119.

Tristán de Acuña, el lugar habitado más remoto del mundo. Triángulo equidlátere. s.f.

 

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¿Los antiguos griegos veían y cartografiaban el mundo tal y como lo entendemos actualmente?. La respuesta es un no rotundo. En esa época comenzaron a surgir las teorías sobre las diferencias en la temperatura de las distintas zonas de la tierra. Algunas de ellas, con matices y actualizaciones (en la Edad Media se adaptaron y en el Renacimiento tomaron fuerza), se siguen hoy manteniendo.

Vamos a explicar cómo se fueron gestando en el mundo Mediterráneo las ideas sobre la tierra, sus habitantes, el mar y las zonas geográficas, que durante siglos se utilizaron en la tarea de levantar mapas. En el globo terráqueo se diferenciaban las zonas en las que se pensaba que la vida era posible y otras en las que era “imposible vivir” por las condiciones climáticas adversas. Primero vamos a conocer las grandes zonas en las que se dividía la tierra, el papel de los mares y, posteriormente, los climas que se distinguían en los territorios habitables.

La división de la Tierra

El mundo griego comenzó describiendo diferencias espaciales en el globo terráqueo. Esta distinción respondía sobre todo a un criterio astronómico, por zonas, que oscilaron según la época y el autor.

5 zonas climaticas

Ya por entonces el mundo se considerara redondo o esférico (aunque algunos lo veían plano), y se dividía en zonas, vinculadas con la temperatura y la inclinación del sol. Parece que el primer filósofo que dejó escrito este tema fue Parménides (siglo V a.C.), que decía que la esfera terrestre se podía dividir en 5 grandes zonas: una tórrida central, a la que seguían dos templadas y 2 frías, que coincidían con los polos. La zona templada era dos veces mayor que las otras dos. Posteriormente Aristóteles, Polibio, Posidonio, Estrabón y Macrobio asumieron, con matices, esta división.

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Otro dibujo de las zonas de Macrobio publicado posteriormente

Macrobio (siglo IV), por ejemplo, mantenía que eran 5 y les dio nombres; la parte helada (frígida) en los polos, dos templadas (temperata) y una tórrida (perusta) en el centro. De todas ellas creía que sólo era posible la vida humana en las zonas templadas, por lo que se distinguía la que estaba habitada, denominada oikumene, y la que se consideraba que no lo estaba. La zona templada austral era la “anti-tierra”, donde vivían los antípodas. Su idea tuvo mucho eco en autores posteriores, como podemos deducir tras la lectura de algunas de las denominaciones que propuso.

En época medieval esta teoría estaba muy extendida, especialmente en el mundo musulmán, aunque el número de zonas podía variar de 5 a 7 según autores.

La Tierra estaba rodeada de agua 

Se puede apreciar en el mapa siguiente que la tierra aparece rodeada de mar por todas partes. En la ancha franja ecuatorial también se puede distinguir un mar entre dos partes continentales, al norte y al sur. El Alveus Oceani era un mar (a veces se traduce también como río) que unía el Océano Occidental (Atlántico) y el Mar Índico.

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Las 5 zonas de la Tierra según Macrobio. Edicion de Brescia s. XV. Fuente: Olcina, 2016.

La tierra que aparece al sur formaba parte de otro continente, al que nadie podía pasar por el extremo calor que hacía, y también por las corrientes y tormentas que se producían en ese océano, que hacían casi inevitable el naufragio. En el caso de que alguien atravesara el Alveus Oceani, no podría regresar para contarlo, porque “desde el precipicio del otro mundo no se podía subir al nuestro”.

“Ves cómo la tierra está rodeada y envuelta en bandas, por decir así, y que dos de ellas, completamente opuestas y orientadas de cada parte hacia los polos mismos del cielo, son regiones heladas; y aquella que está en medio de las dos y es la más grande, es abrasada por el ardor del sol. […] Pues la tierra habitada por vosotros, estrecha hacia los polos, y más ancha por los lados, es una pequeña isla rodeada por aquel mar que en la tierra llamáis Atlántico, Grande, Océano, y que a pesar de estos nombres altisonantes es tan pequeña como ves”. (Cicerón. El sueño de Escipión, traducción de Vilam Correa, Bogotá 1963).

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Mapa de Ptolomeo. Fuente

Otra peculiaridad era que el Océano Índico se representaba en algunos mapas como un mar cerrado, como se puede ver en el de Ptolomeo. Posteriormente esta idea fue variando, especialmente cuando los navegantes españoles y portugueses demostraron que no era así.

La tierra habitada

La zona templada, donde la vida era posible, se podía dividir en diferentes franjas, dependiendo también de supuestos astronómicos, y a cada una de ellas en época griega se les denominó klimata (aunque no coinciden exactamente con el concepto actual de clima que tenemos),

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La primera representación de la situación de cada klimata (que eran franjas paralelas al Ecuador que comprendían porciones de tierra) que nos ha llegado es de Eratóstenes. Éste dividió en 7 franjas el mundo habitado, cuyo nombre coincidía con las ciudades más importantes de cada una de ellas (eran de sur a norte, Aromates, Meroe, Siena, Alejandría, Helesponto, Boristhene y Thule). Hiparco las subió a 11, añadiendo como puntos de referencia Babilonia, Sidón, Rodas, Atenas e Hibernia (Irlanda). Estrabón mantuvo esas 11 diferencias.

El gran Ptolomeo, ya en el siglo II, añadió 26 líneas equidistantes a partir del Ecuador, desde oriente hasta occidente, para dividir la Tierra y retomó los 7 klimatas de las zonas habitadas, delimitadas por un criterio horario (horas de sol recibidas), siendo menor conforme aumentaba la latitud. Cada uno tomaba el nombre de la ciudad más importante, con el prefijo dia (por ejemplo Dialexandria).

Su obra tuvo mucha influencia en las épocas medieval y moderna, por lo que se encuentran múltiples referencias a ella, tanto en tratados cristianos como musulmanes.

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Las divisiones que estableció Ptolomeo y los 7 klimatas. Fuente: La Geografia di Claudio Tolomeo 1574. Fuente: BNE

Con el Renacimiento, y sobre todo con las grandes expediciones marítimas hispano-portuguesas, esta forma de ver el planeta cambió radicalmente. Una división más actual y detallada de los climas se puede encontrar aquí.

Más información

GÓMEZ ARANDA, Mariano. Teorías astronómicas y astrológicas en el “Comentario de Abraham Ibn Ezra al libro del Eclesiastés”. Sefarad. 1995, 55, 2, p. 257-272.

LEWIS, Martin W. Dividing the ocean sea. Geographical Review. 1999, 89, 2, p. 188-214.

OLCINA CANTOS, Jorge. El clima: factor de diferenciación espacial. Divisiones regionales del mundo desde la antigüedad al S. XVIII. Investigaciones Geográficas. 1996, 15,  p. 79-98.

PÉREZ FERNÁNDEZ, Isacio. Brevisima relacion de la destrucion(sic) de África: preludio de la Destrucción de Indias: primera defensa de los guanches y negros contra su esclavización. Editorial San Esteban, 1989.

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¿Vivió el megalodón en estas aguas?

Sí a ambos. El mar estaba situado en la actual llanura central europea. La gran masa de agua se generó en las primeras épocas de formación de la Tierra como consecuencia de la desaparición progresiva del Océano Tetis. En concreto, de lo que quedó de éste, el llamado Paratetis.

El Paratetis se terminó cerrando al dejar de tener conexiones con el mar y, tras siglos, generó distintas cuencas hidrográficas, entre las que se hallaba el extinto mar de Panonia. Otras masas de agua que hoy todavía se mantienen fueron el mar Negro, el Caspio y el de Aral, como se puede ver en las imágenes superior e inferior.

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La desaparición de Paratetis transformó ambientes marinos abiertos en sistemas deltáicos lacustres y condujo a fases alternas de desecación e inundación. De él surgió el mar de Panonia, que con los siglos se transformó en el lago Pannon.

Mar de Panonia

De la formación de este mar tenemos noticias hace unos 10 millones de años. Es la cuenca que aparece en la imagen anterior a la izquierda. Cubría la mayor parte de los actuales países de Hungría, Croacia, partes de Serbia, Eslovenia, Bosnia y Herzegovina, Eslovaquia, Chequia, Austria, Rumania e incluso llegaba a Ucrania.

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El mar de Panonia. Fuente

El mar de Panonia desapareció, pero quedan restos visibles en la región, como fósiles y otras pistas geológicas, que nos cuentan la historia de un mar perdido hace mucho tiempo, que alguna vez ocupó gran parte de Europa Central. Era relativamente poco profundo, ya que nunca excedió los 1000 metros, con un área aproximada de unos 200,000 kilómetros cuadrados.

Restos Mar de Panonia

Algunos de los fósiles encontrados. Fuente

Los restos del mar existen hoy en lo que se conoce como la cuenca de Panonia, situada en el centro de Hungría. También hay inmensas dunas en algunas zonas de la antigua extensión marítima.

Aquí vivió el megalodón

El museo del Mar de Panonia informa que en estas aguas existió durante el Mioceno ese cetáceo inmenso conocido como megalodón, uno de los depredadores más temidos en los mares, el tiburón más grande. Podían medir entre 16 y 18 metros de largo y probablemente pesaban 100 toneladas. Parece que en tiempos remotos habitó en la mayoría de los mares del planeta. En Hungría se han encontrado enormes dientes de este animal en varios lugares.

Poco a poco, al perder la conexión con el Mediterráneo sus aguas fueron dejando de ser saladas hasta convertirse, con el paso de muchos siglos, en una extensión salobre que se denominó lago Pannon, hoy también desaparecido.

El lago Pannon

Estaba situado en la cuenca panónica de Europa central y oriental. Existió como tal hace entre 8 y 4 millones de años (Geary 2000).  La historia física de este lago está estudiada y la parte que más se conoce es la de la fauna marina que vivió en él.

Lago Pannon según Neubauer (2016)

El lago albergaba una espectacular malacofauna endémica, que incluía más de 900 especies descritas y muchos géneros endémicos. Había multitud de bivalvos y de gasterópodos.

Pikik 2007

El Lago Pannon en su máxima extensión según Pipík (2007).

Cubría la cuenca de Panonia (Hungría) durante el Mioceno tardío, tenía un fondo complejo, formado por subcuencas más profundas, pero también distintas alturas, que a veces emergían sobre el nivel del lago, a modo de islas y penínsulas. Al excavar el fondo lacustre se han encontrado multitud de fósiles.

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Tipos de fósiles hallados en la cuenca

Para finalizar

Sí que hubo un gran mar en la mitad central europea. Inicialmente fue el Paratesis, que luego con los siglos se convirtió en el Mar de Panonia. Tras millones de años, debido a los aportes de los grandes ríos europeos y a que se quedó aislado del Mediterráneo, se terminó convirtiendo en una superficie lacustre. Existen fósiles que atestiguan que el mayor depredador marino de todos los tiempos (el pariente gigante del actual tiburón blanco) nadaba en las aguas del mar de Panonia. Todo un hallazgo.

Más información

BUDAI, Soma, et al. Interplay of sediment supply and lake-level changes on the margin of an intrabasinal basement high in the Late Miocene Lake Pannon (Mecsek Mts., Hungary). International Journal of Earth Sciences, 2019, 108, 6, p. 2001-2019.

GEARY, D. H.; MAGYAR, I. & MÜLLER, P. Ancient Lake Pannon and its endemic molluscan fauna (Central Europe; mio-pliocene). Advances in Ecological Research, 2000, 31, p. 463-482.

KÁZMÉR, Miklós. Birth, life and death of the Pannonian LakePalaeogeography, palaeoclimatology, palaeoecology, 1990, 79, 1-2, p. 171-188.

KRIJGSMAN, W.  The evolution of Paratethys: the lost sea of Central Eurasia. Proyecto de investigación (2011-2017). Universidad de Utrecht. 

MÜLLER, P., GEARY, D. H. & MAGYAR, I. The endemic molluscs of the Late Miocene Lake Pannon: their origin, evolution and family-level taxonomy. Lethaia, 1999, 32, p. 47–60.

NEUBAUER, Thomas A., et al. Evolution, turnovers and spatial variation of the gastropod fauna of the late Miocene biodiversity hotspot Lake PannonPalaeogeography, palaeoclimatology, palaeoecology, 2016, 442, p. 84-95.

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Nota: aunque hay mucha bibliografía, treméndamente especializada, la información más general sobre este mar es poca, y en los artículos que citamos hay datos científicos de interés.

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