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Archive for the ‘– General’ Category


La Historia general de las cosas de Nueva España es una obra enciclopédica sobre la población y la cultura de la zona central del actual México, compilada por fray Bernardino de Sahagún (1499-1590), un misionero franciscano que llegó a México en 1529. Es un texto bilingüe, escrito en español y en nahuatl. El hecho de que en una fecha tan temprana se recogiera la lengua hablada por los nativos y que éstos aparecieran como informantes, nos da una idea de la modernidad de la obra. En él hemos encontrado numerosas referencias e imágenes de animales acuáticos.

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Armadillo

El autor

Sahagún era un eclesiástico que había estudiado en la prestigiosa Universidad de Salamanca. En 1529 se desplazó a América e inició el estudio de la lengua, costumbres y vida de los indígenas mexicanos.

La obra

El manuscrito consta de 12 libros dedicados a diferentes temas. Siguiendo la división tradicional del conocimiento, común en muchas obras enciclopédicas europeas, trata sobre «todo lo divino, humano y natural de Nueva España». Por lo tanto, después haber descrito a dioses y a hombres, Sahagún estudia los animales, las plantas y los minerales. El libro XI, sobre el que nos detenemos aquí, el más largo, es un tratado de historia natural.

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Aves acuáticas

Para el análisis de las hierbas medicinales y los minerales, Sahagún se basó en el conocimiento indígena, y creó lo que León-Portilla ha llamado una “especie de farmacología prehispánica”. Contiene numerosas ilustraciones de animales, incluidos mamíferos (el jaguar y el armadillo), aves, reptiles, anfibios, peces e insectos. El estudio se acompaña con leyendas aztecas, como veremos en la descripción de los animales acuáticos.

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Artrópodos

Los animales acuáticos

Dentro de este denominación incluye iguanas, armadillos, patos, tortugas de agua, peces de río y de lago, caimanes, iguanas, nutrias, gusanos de mar, ranas, sapos, moluscos, bivalvos, mariscos, lagartos, serpientes y multitud de culebras. Entre los peces nombrados están los conocidos sargos, avepez, pez mariposa, pez tigre y pez águila. Igualmente se ocupa del axolote.

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Destacamos algunos de los más característicos.

a) Axolote o ajolote

El axolote, uno de los animales más excepcionales que viven hoy en la tierra, es endémico de México. Aunque está en peligro de extinción, en situación crítica, se sabe que en tiempos pasados fue de gran importancia para los aztecas, que parece que lo consideraban la reencarnación de Xólotl (el dios del relámpago, la muerte, el ocaso y las monstruosidades). Pertenece a la familia de las salamandras y los tritones, pero se diferencia por dos aspectos únicos: por un lado, mantiene características de la etapa larvaria aunque sea adulto (lo que le confiere ese aspecto tan extraordinario), y por otro tiene la extraordinaria capacidad de regenerar partes de su cuerpo, en caso de perderlas.

El axolote o ajolote

Axolote o ajolote

En el libro se le describe de esta forma:

“Hay  unos  animalejos  en  el  agua  que  se  llaman  axólotl,  (que) tienen la cola como lagartillas y como anguila, y el cuerpo también; tienen muy ancha la boca y barbas en el pescuezo. Es muy bueno de comer; es comida de los señores” . (Lib. XI, cap. iii, fragmentos).

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Axolote

b) Tortugas marinas

Se presenta su morfología y la característica puesta de huevos, de los que el autor comenta que son más ricos que los de las gallinas.

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Tortuga marina

c) Caimanes

Los caimanes son unos “grandísimos lagartos que ellos llaman acuetzpalin (y)  los  españoles  los  llaman  caimanes;  son  largos  y  gruesos,  tienen pies y  manos,  y colas largas  y dividida  la  punta  en  tres o cuatro;  tienen la boca muy ancha, y muy ancho tragadero;  los  grandes  de  ellos  traganse  un  hombre  entero”.  

d) Iguanas

“Hay otro animal en esta tierra que se llama quauhcuetzpalin, y los españoles le llaman  iguana;  es  espantable  a  la  vista,  parece  dragón; tiene escamas, es tan largo como un brazo, es pintado de negro  y  amarillo, come tierra y moscas y otros coquillos; a tiempos  anda  en  los  árboles, a tiempos en el agua; no tiene ponzoña, ni hace mal”.

Iguana

Iguanas

Epílogo

Lo más destacable del tratado que escribió es el método de investigación empleado, precursor del que hoy aplican los etnólogos, ya que confeccionó un cuestionario previo, seleccionó a los informadores y recurrió a intérpretes nativos que escribían al dictado náhuatl. Tardó casi cuarenta años en acabarla. En su día, la Iglesia confiscó la obra, al considerar que se oponía a la labor misionera.

Por todas las razones expuestas anteriormente, el libro es una fuente de especial importancia para comprender cómo los mesoamericanos usaban los recursos naturales antes de la llegada de los europeos y cómo entendían el mar, la tierra y sus recursos. Muy metódica y de importancia excepcional, representa un tesoro de conocimientos etnográficos, arqueológicos e históricos. Por lo tanto, es de gran interés conocer y difundir su existencia. Actualmente esta obra está depositada en la Biblioteca Laurenciana de Florencia, por lo que es conocido como Códice Florentino, aunque sabemos que se conservan varias copias en otras instituciones documentales.

Más información

Fray Bernardino de Sahagún. Biografías y Vidas.

GARCÍA QUINTANA, Mª José. Historia de una historia. Las ediciones de la Historia General de las Cosas de Nueva España de fray Bernandino de Sahagún. Estudios de Cultura Náhuatl, 1999, vol. 29, nº 29.

LEÓN-PORTILLA, Miguel. Significado de la obra de fray Bernardino de SahagúnEstudios de Historia Novohispana, 1966, vol. 1, nº 1. 

LÓPEZ AUSTIN, Alfredo. Estudio acerca del método de investigación de fray Bernardino de SahagúnEstudios de Cultura Náhuatl, 2011, vol. 42, p. 353-400.

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Es de los más caros, pero no por lo que costó recuperar la carga (que fue mucho), sino por el valor de ésta: 100 millones de euros. El buque que naufragó era el HMS Edinburgh del gobierno británico y había sido construido en 1939 (consulte aquí las características de este crucero y las misiones). Durante 4 años realizó múltiples servicios en una dura época, la II GM. Su última misión fue acompañar a una flota que escoltaba un gran tesoro: el oro con que la antigua URSS pagó a Gran Bretaña por suministros de guerra para luchar contra los nazis. En esos momentos era el buque insignia del contraalmirante Stuart Bonham Carter.

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HMS Edinburgh

HMS Edinburgh transportaba parte de esta valiosa carga cuando fue torpedeado por un submarino alemán (el U456), cerca de la base de Murmansk (Rusia). Se hundió con cinco toneladas y media de oro, que iban en 93 cajas de madera almacenadas en la sala de bombas, justo detrás de donde impactó el primer torpedo. En el naufragio murieron 57 hombres, cuyos restos siguen hoy sumergidos.

La historia del pecio comienza aquí

Como otros miles de buques podía seguir hundido en el fondo del mar, pero una carga de oro era un motivo más que suficiente para intentar recuperarla. Los inconvenientes eran muchos y diversos, como por ejemplo los vinculados con un clima glaciar y con la profundidad en la que estaba, pero además es que ese pecio era la tumba de los 57 hombres que allí perdieron la vida, y que de alguna forma siguen custodiándolo. Así, en 1957 los restos del HMS Edinburgh fueron declarados tumba de guerra. 

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Estos motivos hacían difícil recuperar la preciada carga, pero al final, en 1981, se rescató. Hicieron falta grandes medios, buceadores muy osados y un contrato que fuera lo suficientemente tentador como para que muchos hombres arriesgaran su vida. La empresa ganadora fue Jessop Marine, que había desarrollado unas técnicas de buceo de saturación que permitían a los buceadores evitar los temidos efectos mortales que suponen una inmersión duradera. Jessop se asoció para ello con otras dos empresas, la de Wharton Williams Ltd y OSA.

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La recuperación de los lingotes de oro

Así, en abril de 1981, el Dammtor, buque de inspección del consorcio de empresas, había conseguido localizar el pecio, que estaba a una profundidad de 245 m., en una posición de aproximadamente 72.35N, 35.00E. Grabaron detalladamente los restos con un robot, lo que les permitió planificar la operación de recogida de la carga de oro con mucha precisión.

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Stephaniturm

En el verano de ese año, el buque de apoyo Stephaniturm estaba llevando a cabo las operaciones de salvamento. A pesar de la preparación logística y de las nuevas técnicas, varios buceadores se lesionaron. A mitad del mes de septiembre se consiguió entrar en la cámara blindada y recuperar la primera barra de oro. Tardaron tres semanas en subir los lingotes a la superficie, hasta que el mal tiempo hizo que se suspendieran las labores de rescate. Hasta ese momento habían conseguido recuperar 431 de los 465 lingotes, que tenían un valor estimado de 100 millones de euros.

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La tripulación mostrando algunos de los lingotes recuperados

Este proyecto creó un récord mundial en el buceo a elevadas profundidades que se mantiene hasta el día de hoy. En 1986 el grupo consiguió recuperar 29 lingotes más, lo que elevó el total a 460, quedando cinco sin localizar.

Jessop, el dueño de la empresa, escribió su autobiografía, Goldfinder, en 2001. En ella cuenta su vida y también el rescate de algunos tesoros submarinos, con especial hincapié en el HMS Edinburgh. Murió en el año 2010.

Para concluir

Seguro que otros buques que naufragaron contenían cargas igual de valiosas o incluso más, pero ésta estaba claramente tasada. Tendremos que esperar para poder conocer el valor monetario de algunas otras, aunque todas tienen ese valor histórico y patrimonial que las hace irreemplazables y únicas.

Más información

BLAGG, Michelle. Salvage of the Century, HMS Edinburgh and her cargo of gold. s.f. 

COOKE, Charles. Landing on Juno Beach, 6 June 1944: The View from LCT 721. Canadian Military History, 2004, vol. 13, nº 3, p. 7.

KOENIG, Robert A. Property Rights in Recovered Sea Treasure the Salvor’s Perspective. Journal of International & Comparative Law, 1981, vol. 3, p. 271.

MOORE, David. HMS Edinburgh Eyewitness account on BBC People’s HistoryBBC WW2 Peoples War. 2003.

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Entre las pocas enciclopedias medievales que han sobrevivido, el llamado “Liber Floridus” es una de ellas. Es extremadamente valiosa porque pertenece a un género poco frecuente en esta época. Para los estudiosos de la Historia y el Patrimonio Marítimo contiene varios temas de interés, como las ilustraciones vinculadas con naves, animales marinos y paisajes marítimos. Su autor, Lambert, un canónigo de la iglesia de Nuestra Señora de Saint-Omer (Francia), lo terminó en  1120.

Escena maritima I

El manuscrito posee un valor especial porque ofrece una visión del conocimiento disponible en el siglo XII y también de la estructuración de éste. Aporta también información única sobre la historia del condado de Flandes.

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Su grafía sirve, además, como fuente para poder situar cronológica y geográficamente otros manuscritos, ya que está fechada. Tiene un valor artístico especial, sobre todo, por estar iluminado y contener miniaturas de alta calidad, que no pertenecen exclusivamente al marco religioso, como era habitual en el siglo XII.

Incipit

Primera hoja del manuscrito

La Tierra como centro del Universo

La Edad Media se distinguió por la consideración de que el planeta Tierra era el centro del Universo. Todos los demás astros, planetas y resto de cuerpos celestes giraban en torno a ella. El “Liber Floridus” ilustra a la perfección esta consideración, que no fue heredada de la Antigüedad, sino propia de esta época histórica, con una importante carga teológica.

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En esta consideración geocéntrica, la Tierra estaba representada según la idea medieval de los mapas denominados “T en O”, en los que los 3 continentes conocidos en ese momento (Europa, Asia y África) aparecían diferenciados por las masas de agua (ríos, mares y océanos).

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El mar medieval en el liber Floridus

Tradicionalmente, durante la Edad Media, existía una fuerte relación entre el mar y los peligros. En el imaginario medieval no es difícil hallar estrechos vínculos entre ambos conceptos. Así, siguiendo las famosas imágenes de los bestiarios, se incluyen aquí animales quiméricos que tienen cuerpo de especies terrestres y una cola de pez, por ejemplo.

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Pero también podemos admirar dibujos de naves, entre las que la más cuidada y detallada es la del arca de Noé.

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A pesar de que no se ha publicado casi nada sobre él, debería ser conocido en España porque, aunque su autor era francés, tuvo como una de sus fuente principales las famosas Etimologías de San Isidoro, uno de los pensadores hispanos que más influencia han tenido a lo largo de la Historia.

Con un importante ascendente religioso propio de esta época y magníficamente iluminado, es otra muestra más de ese patrimonio documental profundamente desconocido, susceptible de formar parte de una biblioteca, de un archivo o de un museo por su valor histórico y testimonial.

Aunque no se ha conservado íntegro, hay varias copias, como la de la Biblioteca Nacional francesa o la de la Biblioteca de la Universidad de Gante.

Más información

CLAYTON, Virginia T. An analysis of the structure of the “Liber floridus”. 1979. Tesis Doctoral. The Ohio State University.

DEROLEZ, Albert. Un colloque sur le «Liber floridus». Scriptorium, 1967, 21, 2, p. 307-312.

DEROLEZ, Albert. The Making and Meaning of the Liber Floridus: A Study of the Original Manuscript, Ghent, University Library MS 92. Turnhout: Harvey Miller/Brepols, 2015. Studies in Medieval and Early Renaissance Art History, nº 76.

LECOQ, Danielle. La mappemonde du Liber Floridas ou la vision du Monde de Lambert de Saint‐Omer. Imago Mundi, 1987, 39, 1, p. 9-49.

WOODWARD, Elizabeth. Illustrated Apocalypse Cycle in the Liber Floridus of Lambert of Saint-Omer. Florida State University, 2010.

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Todos los años nos planteamos formas distintas de celebrar el día del libro. Esta vez hemos decidido rememorar a uno de nuestros escritores contemporáneos más universales, que además recibió el premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez.

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El vínculo de este representante del realismo mágico con el mar aparece a lo largo de sus obras, es inequívoco, le genera pasión. Por ello recogemos aquí algunos de los párrafos de temática marítima que escribió en una de sus obras maestras, Cien años de soledad, explicando y contextualizando cuándo y cómo aparecen. No vamos a hacer crítica literaria, sólo queremos que nuestros lectores se deleiten con la lectura de algunos de sus textos. Pero por si quieren llegar más lejos, añadimos varias webs que sí la contienen, situando la novela inmortal “entre las crónicas de navegantes y la novela de aventuras“, hablando del “mundo fantástico y violento de Cien años de Soledad“, el “bestiario fantástico“, que lo consideran “un texto lúdico con implicaciones muy serias“.

Breve síntesis de la novela

En un lugar imaginario, Macondo, se desarrollan una serie de acontecimientos que rodean a la familia Buendía a lo largo de varias generaciones. La novela se inicia con el éxodo de un grupo de personas y su establecimiento en el pueblo, ocupándose posteriormente de su desarrollo económico, político y social hasta la decadencia. El fundador es el primer Buendía que aparece en la novela y posteriormente irán naciendo sus descendientes.

El galeón español

Al principio, cuando se narra la exploración que José Arcadio Buendía y sus vecinos hicieron buscando un lugar donde establecerse cerca del mar, se habla sobre cómo se orientaban.

“Siempre pendiente de la brújula, siguió guiando a sus hombres hacia el norte invisible, hasta que lograron salir de la región encantada. “Lo importante es no perder la orientación”, decía el coronel”.

Cuando oscureció, colgaron las hamacas y se pusieron a dormir. Al día siguiente,

“cuando despertaron, ya con el sol en lo alto, se quedaron pasmados de fascinación:  Frente a ellos, rodeado de helechos y palmeras, blanco y polvoriento en la silenciosa luz de la mañana, estaba un enorme galeón español. Ligeramente volteado a estribor, de su arboladura intacta colgaban las piltrafas escuálidas del velamen, entre jarcias adornadas de orquídeas. El casco, cubierto con una tersa coraza de rémora petrificada y musgo tierno, estaba firmemente enclavado en un suelo de piedras. Toda la estructura parecía ocupar un ámbito propio, un espacio de soledad y de olvido, vedado a los vicios del tiempo y a las costumbres de los pájaros. En el interior, que los expedicionarios exploraron con un fervor sigiloso, no había nada más que un apretado bosque de flores”.

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“El hallazgo del galeón, indicio de la proximidad del mar, quebrantó el ímpetu de José Arcadio Buendía. Consideraba como una burla de su travieso destino haber buscado el mar sin encontrarlo, al precio de sacrificios y penalidades sin cuento, y haberlo encontrado entonces sin buscarlo, atravesado en su camino como un obstáculo insalvable”.

La transmisión de la experiencia vivida con la visión del galeón

Muchos años después, uno de sus hijos, el coronel Aureliano Buendía, volvió a atravesar la región,

“cuando era ya una ruta regular del correo, y lo único que encontró de la nave fue el costillar carbonizado en un campo de amapolas. Sólo entonces convencido de que aquella historia no había sido un engendro de la imaginación de su padre, se preguntó cómo había podido el galeón adentrarse hasta ese punto en tierra firme. Pero José Arcadio Buendía no se planteó esa inquietud cuando encontró el mar, al cabo de otros cuatro días de viaje, a doce kilómetros de distancia del galeón. Sus sueños terminaban frente a ese mar color de ceniza, espumoso y sucio, que no merecía los riesgos y sacrificios de su aventura.
-¡Carajo! -gritó-. Macondo está rodeado de agua por todas partes”.

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El marinero

Otro de los hijos del fundador de Macondo es un aventurero llamado también José Arcadio. Había huido de su casa familiar con unos gitanos que llegaron al pueblo, y años más tarde reaparece de forma misteriosa, cuando ya era un auténtico gigante, con una fuerza impresionante, completamente tatuado y con los hábitos de un marinero.

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García Márquez relata así su vuelta a Macondo:

“Llegaba un hombre descomunal. Sus espaldas cuadradas apenas si cabían por las puertas. Tenía una medallita de la Virgen de los Remedios colgada en el cuello de bisonte, los brazos y el pecho completamente bordados de tatuajes crípticos, y en la muñeca derecha la apretada esclava de cobre de los niños en cruz. […] Era José Arcadio […]. Hablaba el español cruzado con jerga de marineros. Le preguntaron dónde había estado, y contestó: “Por ahí” […]. Le había dado sesenta y cinco veces la vuelta al mundo, enrolado en una tripulación de marineros apátridas […] no tenía un milímetro del cuerpo sin tatuar, por el frente y por la espalda, y desde el cuello hasta los dedos de los pies […]”.

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Velero Rembrandt Van Rijn. Fuente

Se narra magistralmente la imagen que tenemos de esos grandes hombres que han recorrido el mundo hoy, o en cualquier tiempo pasado:

“En las escasas ocasiones en que Úrsula (su madre) logró sentarlo a la mesa, dio muestras de una simpatía radiante, sobre todo cuando contaba sus aventuras en países remotos. Había naufragado y permanecido dos semanas a la deriva en el mar del Japón, alimentándose con el cuerpo de un compañero que sucumbió a la insolación, cuya carne salada y vuelta a salar y cocinada al sol tenía un sabor granuloso y dulce. En un mediodía radiante del Golfo de Bengala su barco había vencido un dragón de mar en cuyo vientre encontraron el casco, las hebillas y las armas de un cruzado. Había visto en el Caribe el fantasma de la nave corsaria de Víctor Hughes, con el velamen desgarrado por los vientos de la muerte, la arboladura carcomida por las cucarachas de mar, y equivocado para siempre el rumbo de la Guadalupe”.

En síntesis

Es una obra maestra de la literatura universal, traducida ya a 40 idiomas distintos, que fascina por igual a críticos, estudiosos y lectores, y esta fascinación se basa en que la obra traspasa su ámbito geográfico más inmediato, para adentrarse en el espacio de los valores universales: unos más pesarosos que otros como la soledad, la muerte y el desamor, y otros más positivos como la solidaridad, la constancia, la inteligencia y la fidelidad (Molina 2001). Entre ellos, los marinos, los barcos, la idea del mar, sus bestias y fantasmas, flotan como un universo paralelo en todo el texto.

Más información

Cien años de soledad. Entre las crónicas de navegantes y la novela de aventuras. Dossier de la revista Cuadernos Hispanoamericanos, mayo 2017.

MOLINA, L. Análisis descriptivo de la traducción de los culturemas árabe-español. Tesis doctoral, Universitat Autònoma de Barcelona, 2001.

NORIEGA, A. Una app para leer «Cien años de soledad». Códice Informativo, 2014.

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El peregrinaje y sus protagonistas tienen una base medieval, y fue en esta época cuando alcanzaron su mayor auge. Su importancia fue tal que gozaron de cierta protección por parte de las autoridades y, en los primeros tiempos, de gran popularidad. El término peregrinatio hace alusión tanto a un gran viaje como a una estancia en el extranjero.

Galera

Galera de peregrinos. Fuente

Existen diversos tipos de peregrinos que llegan a los lugares de culto por tierra o por mar, o por ambos medios. Se llevaban a cabo siguiendo rutas alternativas y por distintas motivaciones. Vamos a ver las más destacadas según Rucquoi:

a) El primer motivo es la fe, la devoción, el deseo de llegar a lugares sagrados. Durante los siglos II, III y IV se hizo famosa la figura del ermitaño y también las viajeras como Egeria. A partir del siglo XIII, con la aparición de las indulgencias, varió. Así, en el año 1300 el papa Bonifacio VIII proclamó el primer jubileo romano, por el que todo cristiano que hiciera la peregrinación a Roma se beneficiaría de una indulgencia plenaria.

Peregrino

Peregrino. Fuente BNE. Viaje de Jerusalén

b) También estaban los enfermos, que iban a los lugares santos en busca de una curación. Viajaban acompañados, pero sus desplazamientos no solían ser muy largos.

c) Otro motivo era la peregrinación penitencial, ya que los tribunales eclesiásticos podían condenar a un cristiano imponiéndole que fuera a Roma, Jerusalén o Santiago. También  existía la impuesta como castigo por tribunales civiles, originaria de regiones celtas y anglosajonas.

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Codex Calixtinus. Fuente: Universidad de Salamanca

d) Se viajaba, igualmente, en busca de reliquias. El propio culto a éstas se inició durante el siglo IV, pero en la época de las cruzadas su búsqueda hizo que los viajes a Oriente se multiplicaran.

e) Otro tipo eran los curiosos o aventureros que, aprovechando la protección otorgada a los peregrinos, viajaban por diversos lugares, bien fuera por propio interés o huyendo por haber cometido delitos. Algunos de ellos fueron los que terminarían dando mala fama a estos desplazamientos.

f) La última era la peregrinación por procuración. Eran personas que debían llevar a cabo el viaje por otras. Esta sustitución estaba aceptada, ya que en esa época se pensaba que lo importante era cumplir el voto y no quiénes lo hicieran.

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Galeras en Palermo, s. XVI. Fuente

Los lugares

Por excelencia había tres lugares santos: Jerusalén, Roma y Santiago. También había otros de menor nivel, como por ejemplo en España eran los monasterios de Montserrat y de Guadalupe. En Inglaterra estaba Canterbury y Asís en la península itálica, entre otros muchos.

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Peregrinos del S. XIII. Fuente

El viaje por mar

Para llegar a ciertos lugares podía ser necesario embarcar, como por ejemplo para ir a Jerusalén. También, dependiendo del lugar de origen, había que tomar un barco, como les ocurría a los que llegaban desde Flandes o desde Inglaterra hasta Santiago de Compostela. Los peregrinos aprovechaban a veces las rutas comerciales y una vez desembarcados podían llegar al lugar elegido en varias jornadas a pie. Parece que eso fue lo que ocurrió al principio de las peregrinaciones a Santiago y también lo que hacían algunos que iban a Jerusalén.

En el Mediterráneo, desde los primeros tiempos, se tiene noticia de que muchos cristianos salían del puerto de Bari (en la actual Italia) o de Marsella (Francia), que se especializó en estos viajes. A partir del siglo XIV Venecia empieza a tomar el relevo y se convierte en la ciudad que más peregrinos reunía. Tenía la ventaja de estar mejor situada para quienes llegaban desde los países del centro y del norte de Europa (holandeses, alemanes, suizos e ingleses), además de ofrecer una infraestructura capaz de satisfacer las necesidades de los millares de peregrinos que, durante los siglos XIV y XV, llegaban cada año.

venecia, punto de partida

Itinerario da Terra Sancta. Fuente: BNE

La importancia de Venecia en esta ruta está acreditada porque se sabe que prestaba servicio regular de galeras, con dos salidas al año hacia Jaffa. A pesar de la preponderancia de ésta, hay constancia de viajes a Tierra Santa emprendidos desde Génova, Ancona, Nápoles, Mesina y Barcelona.

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Galera de peregrinos en Rodas. Fuente

En las galeras de peregrinos, que solían ser la forma de desplazamiento, éstos recibían alimentos, menos cuando se hacía escala, que iba a su cargo. Estas naves podían transportar a varios cientos de pasajeros.

Recomendaciones para hacer la peregrinación

Los itinerarios eran tan habituales que William Wey en el siglo XV, un peregrino que hizo dos veces la ruta, escribió un libro con consejos para el viaje. Wey ofrece una serie de recomendaciones iniciales, explicando cómo se organiza el paso marítimo a través del Mar Mediterráneo. Aclara que era necesario firmar un contrato con un capitán de barco, para que el traslado a través del mar fuera seguro. Incluso opina que la firma debía ser en presencia de funcionarios del gobierno veneciano, con el itinerario especificado.

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Portulano de Albino Canepa (s. XV). Fuente: Cartoteca della Società Geografica Italiana (Roma)

Protección y apoyo

Los privilegios concedidos a los peregrinos hicieron que se multiplicara su número, aunque no siempre este incremento significara mayor fervor religioso. El apoyo consistía generalmente en permitir el paso libre por todos los reinos cristianos, la protección de los señores cuyas tierras atravesaban, el auxilio en caso de necesitarlo, la exención de pago en peajes y demás tasas, así como la protección de la familia y sus bienes mientras el peregrino se hallaba de viaje. De hecho, la protección que otorgaban estas leyes, elaboradas entre los siglos VII y XIII, se considera el embrión del derecho internacional que nacería posteriormente.

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Jerusalén en el mapa de Madaba. Reproducción

Más información

MARTÍN CEA, Juan Carlos. El factor humano en el Camino de Santiago. Los peregrinos medievales. En: El Camino de Santiago: Historia y patrimonio. Universidad de Burgos, 2011, p. 123-138.

MIRAZ SECO, Mª Violeta. La peregrinación marítima: el Camino Inglés desde la ría de Ferrol en la Baja Edad Media. Tesis doctoral, 2013.

RODRÍGUEZ, Manuel F. La ciudad de A Coruña como puerto de referencia en Galicia para los peregrinos a Santiago de Compostela en los siglos XIII al XVII. Ad limina: Revista de Investigación del Camino de Santiago y las Peregrinaciones, 2017, 8, p. 155-190.

RUCQUOI, Adeline. Peregrinos medievales. Tiempo de Historia. 1981, VII, 75, p. 82-99.

URBS beata Ierusalem. Los viajes a Tierra Santa en los siglos XVI y XVII. Madrid: Biblioteca Nacional, 2017.

Fuentes primarias

ANGUITA JAÉN, José María. Literatura odepórica: “Itinerarium peregrinacionis” de William Wey: [texto en latín, traducción al castellano e introducción al texto]. Iacobus: Revista de Estudios Jacobeos y Medievales, 2001, 11, p. 261-278.

AVEIRO, Pantaleón de. Itinerario da Terra Sancta, e todas suas particularidades. 1600. 336 p.

GUERRERO, Francisco de. Breve tratado del viage(sic) que hizo a la ciudad santa de Jerusalen. En la imprenta de Alfonso del Riego, 1785.

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Por el Dr. Vicente Ruiz García

En 1778 se publicó el segundo y más importante decreto de libre comercio, que permitía el tráfico comercial desde la Península a América de otros once puertos españoles. Ese mismo año, la Torre Tavira, situada en la Casa-Palacio de los Marqueses de Recaño, fue designada torre vigía oficial del puerto de Cádiz por ser la de más alta cota, recibiendo el nombre de su primer encargado, el teniente de fragata Antonio Tavira.

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La Torre Tavira dibujada por Vicente Ruiz, el autor de esta entrada

A partir de entonces, desde esta atalaya se registraba la entrada y salida de los buques del puerto de Cádiz, así como todos los sucesos que pudieran descubrirse desde la torre mirador, que eran anotados para después ser impresos en el Diario de la Vigía.

El Diario Marítimo de la Vigía

Gracias a esta fuente de enorme valor histórico hemos podido reconstruir una parte importante no solo de la historia de Cádiz, sino también de la historia de España, Europa y América durante las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras del siglo XIX. Hitos como el combate de Trafalgar de 1805, el traslado de los prisioneros franceses a la isla de Cabrera, el asedio francés de 1810 o la llegada de los diputados para participar en las Cortes Extraordinarias, son algunos de los episodios históricos de los que esta torre fue testigo, quedando reflejados en él.

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Un ejemplar del Diario de 1821. Fuente: BNE

Con el Diario y el empleo de otras fuentes documentales nos hemos permitido reconstruir, para el primer capítulo de esta serie, el Ataque de Nelson a Cádiz, perpetrado por la Royal Navy británica durante el verano de 1797, en el marco de las operaciones navales de la guerra que enfrentaron a España con el Reino Unido, como resultado de la firma del Tratado de San Ildefonso, con Francia.

El ataque visto desde la Torre Tavira

José de Mazarredo, uno de los héroes olvidados, tan sólo cincuenta días después de asumir el mando, tenía ya armados y tripulados 25 navíos de línea, de los cuales 16 procedían del Arsenal de La Carraca, más otras 50 lanchas cañoneras. Se esperaba el ataque británico de un día para otro, y entre sus objetivos se sospechaba que estaba atacar la plaza y quemar el Arsenal.

Las autoridades de la ciudad de Cádiz comenzaron el dispositivo de defensa y aprovisionamiento. Mientras, los ingleses, en lontananza, se preparaban para asestar el golpe definitivo a una escuadra que creían material y moralmente abatida, bajo el mando de Mazarredo, que a pesar de ser considerado buen marino, no le creían capaz de arreglar el entuerto.

Mazarredo

Mazarredo

Los británicos, además, contaban con un arma secreta: una embarcación de grandes dimensiones que podía acercarse fácilmente a las murallas de la ciudad. Parecía que se daban demasiadas coincidencias con la tragedia del sitio de Gibraltar de 1782 unos años antes, pero ahora los papeles se habían intercambiado.

Así, en la madrugada del 3 de julio de 1797 se iniciaron los combates a corta distancia entre las cañoneras españolas y las lanchas y buques británicos. Una bombardera inglesa rompió el fuego sobre el castillo de San Sebastián. Obuses y granadas cayeron sobre La Caleta, desatando el terror entre vecinos y pescadores. Pero el valor de los hombres de las lanchas cañoneras al mando de otros dos grandes oficiales, Gravina y Escaño, provocaron severos daños en las fuerzas enemigas, obligándolas a retirarse.

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Federico Gravina

Esa misma noche una escaramuza de botes ingleses se lanzaron al abordaje de las lanchas cañoneras que habían salido en busca de los buques adversarios. La lucha hombre a hombre fue durísima, y en ella pudo perder la vida el comodoro Horacio Nelson, de no ser por la intervención de John Sykes, quien recibió el sablazo dirigido al que posteriormente se convirtió en el héroe de Trafalgar.

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Antonio de Escaño

El primer asalto se había salvado, pero la batalla aún no había terminado. Desde la Torre Tavira se advirtieron movimientos que hacían presagiar que se repetiría el bombardeo. El pánico se apoderó de los habitantes de la ciudad bloqueada, que huyeron a las poblaciones cercanas buscando refugio en el interior. En el recuerdo estaba el saqueo de 1596, cuando una escuadra anglo-holandesa, al mando del almirante Essex, atacó la ciudad.

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Cádiz en el  Civitates Orbis Terrarum (S. XVI)

La urbe se había quedado desierta. Solo los soldados desde los castillos de San Sebastián y Santa Catalina, y los marinos de las lanchas apostadas en La Caleta, Rota, Puerta de Sevilla y Sancti Petri, iban a ser testigos de lo que se les venía encima junto al vigía de la Torre Tavira, que no perdió detalle de lo que pasó el 5 de julio de 1797.

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Fuente: Puerto Real hoy.

A las diez y media de la noche de aquel día, los ingleses empezaron a bombardear la plaza, a lo que le respondieron las fuerzas apostadas en la playa de la Caleta. En la madrugada, el mar de Cádiz ardía entre las llamaradas de los obuses y el estruendo de las explosiones que llegaban hasta el Arsenal de La Carraca. Afortunadamente en esta ocasión la suerte estuvo del lado español y el enemigo se retiró ante la feroz e irreductible defensa de las fuerzas de Mazarredo. La eficacia de las lanchas cañoneras construidas en La Carraca habían demostrado ser capaces de amedrentar a un poderoso enemigo, con Jervis y Nelson a la cabeza. Con hombres como Escaño, Gravina o Churruca a bordo de las cañoneras, Cádiz no podía sucumbir. Pronto los gaditanos regresaron a sus casas y agradecidos con el artífice de la gesta hicieron famosa la siguiente coplilla:

“De qué sirve a los ingleses 

tener  fragatas ligeras

si saben que Mazarredo

tiene lanchas cañoneras”

Una lancha británica varada

A la mañana siguiente apareció varada en la playa de Santa María un bote grande y una lancha de mayores dimensiones, con la leyenda H.M.S. Victory pintada en su popa. Un nombre que parecía anunciar algo, como si fuera el presagio de acontecimientos futuros. La lancha pertenecía al legendario buque británico de tres puentes en el que años más tarde Horacio Nelson pasaría definitivamente a la Historia. Aquella palabra en inglés era el epílogo para una jornada gloriosa firmada por las armas españolas. Una epopeya donde el valor de unos hombres y la eficacia de las lanchas cañoneras habían sido capaces de amedrentar a un poderoso enemigo, con Jervis y Nelson a la cabeza, que inmediatamente marcharon a Tenerife en busca de una victoria que se les resistía encontrándose nuevamente, con el rechazo de otra ciudad valerosa, Santa Cruz, donde quedó maltrecho para siempre el brazo de Nelson cuya imagen mutilada se convirtió en el reflejo de aquella estrepitosa derrota inglesa.

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Representación pictórica del momento en que el brazo de Nelson fue gravemente herido durante el ataque de éste a Tenerife. Fuente: ABC

Una batalla ganada

La victoria de Cádiz se había producido gracias a la inteligente decisión de no sacar los navíos españoles a buscar la batalla, abandonando su cómodo refugio para lanzarse irresponsablemente a los brazos de un enemigo implacable y mejor preparado. Para hacer una salida semejante y así de suicida hacía falta que la orden viniera de un almirante francés a quien los españoles debieran obediencia ciega. Pero el reloj de la historia todavía tenía que esperar para que el 21 de octubre de 1805 se tomara tan desafortunada decisión.

Vista de Cádiz desde la torre Tavira. Fuente: La Línea del Horizonte.

Más información

Diario Marítimo de la Vigía. Un buen número de ejemplares de este periódico se custodian hoy en la Biblioteca de Temas Gaditanos de la Fundación Ramiro Maeztu. En la BNE está el año 1821.

RUIZ GARCÍA, V. Los Arsenales del Rey (1750-1820). La revolución Industrial que pudo haber sido. ValladolidGlyphos Publicaciones, 2017.

 

Cómo citar esta entrada

1) Cita en papel

RUIZ GARCÍA, V. La derrota de Nelson en Cádiz. Blog de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval, 19 de marzo de 2019 [Disponible en https://blogcatedranaval.com/2019/03/19/la-derrota-de-nelson-en-cadiz-1797 ] [Consulta: día/mes/año*]

2) Cita en web, blog y resto de recursos de Internet

RUIZ GARCÍA, V. La derrota de Nelson en Cádiz. Blog de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval, 19 de marzo de 2019 [Consulta: día/mes/año*]

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En los restos de uno de los escasos colegios para jóvenes que se han conservado en la Hispania romana, situado en Alcalá de Henares (la antigua Complutum), se ha hallado un magnífico mosaico con una escena de pesca. Ha sido estudiado detenidamente por Sebastián Rascón, el arqueólogo municipal de esta ciudad.

El lugar

El edificio que lo alberga fue construido entre los siglos III y IV d.C, y formaba parte de una gran finca situada en los suburbios de la ciudad. Estaba rodeado de amplios jardines y de un mausoleo dedicado a la memoria de la familia de los Anios, la misma que construyó la edificación y muy posiblemente la que mandó llevar a cabo el mosaico.

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Localización del mosaico. Fuente: Rascón 2007

Tal y como consta en él, fue realizado por el maestro Hippolytus. Posiblemente, el hecho de que su nombre fuera legible, dio lugar a que se pensara que la casa era suya, por lo que es conocida como casa Hippolytus, cuando realmente la propietaria era la familia de los Anios.

Cómo se veía

En esta vista se puede apreciar cómo pudo haber sido esta escuela en época romana.

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La casa en época romana. Fuente: Rascón 2007

El mosaico

Se representa una escena de pesca, en la cual tres jóvenes, que navegan en una barca, recogen sus redes. Aparecen rodeados de una abundante fauna marina, en la que se ven representados un total de veintidós animales, entre ellos, delfines, morenas, atunes y pulpos. Se pueden distinguir hasta seis tipos diferentes de túnidos (familia de los atunes y bonitos).

Los ojos de los animales, cuando aparecen, se representan de forma frontal, y están formados por un disco blanco con un punto negro en el centro, a modo de pupila.

En el centro del mosaico se halla una embarcación fluvial romana (del tipo vegeiia o placida), de casco muy curvo, con la popa rematada por una voluta y la proa con un apéndice triangular. Los tres jóvenes están absortos en su oficio, recuperando la red que han lanzado y en la cual se debaten el delfín, la langosta y dos túnidos.

A pesar del interés por el naturalismo, ciertas formas de representar la realidad estaban notablemente estereotipadas, como es el caso del delfín. Es, sin duda, uno de los elementos de la fauna marina que más se encuentran en los mosaicos y pinturas romanos, pero también son los más idealizados.

La representación del mar es blanca, en contraste con el color crema que sirve de fondo al resto del mosaico (se puede comprobar en la primera imagen de esta entrada). Las olas se sugieren por medio de líneas quebradas y en zig-zag, que alternan siempre una pareja de colores entre los verdes, grises, pardos y negros.

Los animales que aparecen en el mosaico

Gracias al investigador S. Rascón, podemos conocer las distintas especies representadas.

 

 

  • 1: Pulpo (Octopus vulgaris).
  • 2: Pulpo (Octopus vulgaris).
  • 3: Túnido.
  • 4: Túnido.
  • 5: Langosta.
  • 6: Túnido.
  • 7: Túnido.
  • 8: Erizo de mar.
  • 9: Pez espada o Aguja (Belone Belone).
  • 10: Túnido.
  • 11: Túnido.
  • 12: Langosta.
  • 13: Delfín.
  • 14: Túnido.
  • 15: Morena (Muraena Helena).
  • 16: Túnido.
  • 17: Túnido.
  • 18: Morena (Muraena Helena).
  • 19: Mero.
  • 20: Morena (Muraena Helena).
  • 21: Túnido.
  • 22: Sepia (Sepia Officinalis).
  • 23: Túnido.
  • 24: Túnido.

Las influencias artísticas

La representación de la fauna y de los paisajes marítimos estaba muy vinculada al arte del mundo mediterráneo ya desde tiempos muy arcaicos, remontándose al menos a la cultura cretense. Fue desarrollada abundantemente por artistas romanos, con fuerte influencia griega.

Aunque la fauna marina es relativamente frecuente en mosaicos hispanos, sin embargo, el tema de la pesca no fue muy utilizado. De hecho, algunos mosaicos similares a éste se pueden hallar en el Norte de África (en Carthago, Leptis Magna y Hadrumetum).

Para terminar

Como puede apreciarse, todo un logro de este artesano que, en época tardorromana, consiguió transmitir para la posteridad una escena que era muy habitual en el mar Mediterráneo, y que nos ha llegado con la impronta de la cultura en la que se desarrolló. Otra muestra más de la importancia y alcance de este Patrimonio universal.

Más información

Museo Casa Hippolytus. Web de la Concejalía de Turismo del Ayuntamiento de Alcalá de Henares.

RASCÓN MARQUÉS, Sebastián, et al. “Hippolytvs”: estudio de un nuevo mosaico del género de pesca y con inscripción procedente de Complutum, Alcalá de Henares, Madrid. Lucentum, 1995/1997, XIV-XVI,  p. 39-62.

RASCÓN MARQUÉS, Sebastián. La así llamada Casa de Hippolytus: la fundación de los Anios y la schola de una agrupación colegial de la ciudad romana de Complutum. Archivo Español de Arqueología, 2007, 80, p. 119-152.

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