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Archive for the ‘– General’ Category


Lee Boo nació en un pequeño lugar del Pacífico. Era hijo del jefe de uno de los territorios insulares de las islas de Palau. Su historia tuvo lugar en el siglo XVIII, la centuria de la Ilustración, y se adecúa muy bien a los usos y costumbres de ese momento.

Las islas Palaos

Estas islas fueron inicialmente pobladas por habitantes procedentes del continente asiático y de Filipinas. Los primeros europeos que llegaron a ellas fueron los españoles de la expedición de Magallanes-Elcano, aunque la colonización como tal se inició ya a fines del siglo XVII. Se llamaron islas Palaos. Para el capitán inglés que naufragó en ellas eran las “Pelews”, luego fueron nombradas Islas Palau y, más recientemente, se ha convertido en la República de Palaos, o de Belau en su idioma nativo.

El naufragio inglés

Lee Boo tuvo contacto con los europeos porque una nave de la Compañía Británica de las Indias Orientales, el Antílope, capitaneada por Wilson Falmouth, naufragó en estas islas en septiembre de 1782.

Dibujo del naufragio del Antílope

Se salvaron todos los hombres, con una excepción, y usando naves improvisadas atravesaron el arrecife. Se refugiaron en Ulong (que lo deletrearon como Oroolong), un islote cercano que en ese momento estaba deshabitada. El jefe del grupo de islas se llamaba Ibedul (aunque los ingleses lo llamaban Abba Thulle). 

Lee Boo, vestido a la manera occidental, con sus padres

Dos de los hermanos del jefe fueron de los primeros en visitar a los ingleses náufragos. La comunicación fue posible desde el principio gracias a que ambos contaban con intérpretes de lengua malaya y así se inició una relación amistosa. A los británicos se les permitió talar los árboles de la isla para la construcción de una embarcación en la que pudieran regresar. A cambio éstos debían ayudar a someter a los habitantes de las islas rivales, que estaban causando problemas a estos nativos. Este apoyo no fue difícil gracias a las armas de fuego europeas.

Talla nativa, que representa a los marineros y a sus anfitriones isleños

El jefe visitaba a menudo el astillero que habían montado los ingleses y les llevaba comida. Era un experto tallador de madera, por lo que le gustaba mucho observar cómo construían su nuevo barco. Vio cómo una parte de la madera del Antílope fue reciclada y convertida en tablazón para el nuevo barco, cómo la botavara de la antigua nave se convertía en el mástil de la nueva. Le parecían muy interesante las técnicas de carpintería de ribera que utilizaban.

Cuando finalizó su construcción, iniciaron los preparativos para el viaje de vuelta. El jefe les pidió que se llevaran a su segundo hijo, llamado Lee Boo, en el barco, para que aprendiera usos y costumbres europeas, que luego podía transmitirles a su vuelta.

El príncipe dibujado por A.W. Devis (S. XVIII). British Museum

El viaje a gran Bretaña

Primero debían pasar por China, cuyo viaje duró solo dieciocho días. En ese trayecto parece que Lee Boo se mareaba al principio, pero recibió cuidados del médico y del propio capitán, que además le regaló un traje de marinero para protegerse del frío. 

El muchacho hacía nudos en el cordón que llevaba consigo, como una especie de diario en el que fijar las cosas que quería recordar, para contarlas cuando regresara a su tierra.

Otro dibujo de Lee Boo

En el viaje a Inglaterra Lee Boo comenzó su conocimiento de las costumbres y objetos europeos. La primera vez que se vio en un espejo se quedó paralizado.

Llegada a Gran Bretaña

Después del largo viaje llegó a Portsmouth el 14 de julio de 1784. Para entonces, ya había interpretado y descrito su viaje en coche de caballos a Londres, diciendo que lo habían puesto en “una casita con la que se llevaron los caballos – que él dormía, pero que [la casita] seguía andando; y que mientras él iba por un camino, los campos, las casas y los árboles, todo iba por otro”.

Dibujo de Lee Boo publicado en 1798, en el libro que cuenta su historia

Vivió en la casa del capitán Wilson, donde tenía su propio dormitorio y era uno más de su familia. Durante la mayor parte de los cinco meses y trece días que pasó en Inglaterra, asistió a una academia, donde dijeron que su aplicación era tan grande como su deseo de aprender. Era muy hábil con la lanza, poseía buenos modales y se mostraba siempre amistoso.

A mediados de diciembre de 1784 se descubrió que el joven tenía viruela y a pesar de los cuidados que recibió terminó falleciendo. Fue enterrado en el cementerio de St. Mary’s, en la tumba familiar del capitán Wilson. 

Monumento al príncipe Lee Boo

Para concluir

Al ser hijo del jefe y considerar a éste como un rey en su territorio, su descendencia podía tener el título de príncipe, que fue lo que ocurrió con Lee Boo en la mentalidad europea. Aparte, en las historias que se narraban parecía que todo era más interesante si el muchacho tenía ascendencia real.

Su vida se publicó en un libro, titulado The Interesting and Affecting History of Prince Lee Boo, a Native of the Pelew Islands…, editado por primera vez en Londres en 1789. El texto está depositado en el Biblioteca del Congreso de Washington, se encuentra digitalizado y es de libre acceso (el enlace se puede encontrar más abajo).

Lee Boo fue uno de los primeros isleños del Pacífico en visitar Gran Bretaña, y su vida y su prematura muerte, sólo cinco meses después de su llegada a Londres, capturaron la imaginación del público británico y de la audiencia europea y estadounidense. Su éxito fue tal que entre 1789 y 1850 se llegaron a publicar unas 20 ediciones en inglés y más de una docena en otros idiomas.

Más información

The Interesting and Affecting History of Prince Lee Boo, a Native of the Pelew Islands, Brought to England By Capt. Wilson. Short Account of Those Islands. Manners and Customs of the Inhabitants. Londres, 1789.

MUIR, Marcie, et al. The History of Prince Lee Boo. Bulletin Bibliographical Society of Australia and New Zealand, 2003, 27, 1-2, p. 82.

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Cuando la Ciencia y el arte se unen surgen maravillas como la que aquí presentamos. Son una serie de grabados creados por un investigador alemán enamorado del mundo marino.

El autor

Ernst Haeckel (1834-1919) se hizo famoso por su obra gráfica, que aúna la labor científica con la divulgadora, ya que sus dibujos mezclan características zoológicas con aspectos estéticos y fantasiosos. Su obra Kunstformen der Natur, se considera una de las maravillas de la ilustración naturalista del siglo XIX. La vida en la mar fue una de sus grandes pasiones, a la que dedicó muchas láminas.

Ernst Haeckel fue el científico alemán que acuñó la frase “la ontogenia recapitula la filogenia” y los términos “darwinismo” y “ecología”. Fue el primero en postular la idea de un “eslabón perdido” entre el mono y el hombre, y se demostró que estaba en lo cierto cuando se encontró al hombre de Java en 1891.

Su labor científica

Era doctor en Medicina y en Zoología, pero se hizo famoso por ser el mayor defensor del darwinismo en Alemania. Su obra sobre morfología general titulada La Historia Natural de la Creación y Filogenia Sistemática, le valió el reconocimiento mundial. Fue miembro de más de 90 sociedades científicas estadounidense, italianas, francesas inglesas y suecas. 

Sinóforos (medusas)

La faceta artística: el precursor del Art Nouveau

Haeckel también fue un artista consumado, que entendía que la morfología tenía profundas raíces estéticas. Viajó por todo el mundo, desde Italia hasta el sureste asiático, pasando por el mar del Norte. En cada uno de ellos sus cuadernos de dibujo y acuarelas acompañaron siempre a su microscopio. 

Chaetopoda o gusanos anélidos

Se considera uno de los precursores del movimiento Art Nouveau, por las líneas sinuosas de sus dibujos y también por su tendencia a idealizar la naturaleza, con la estilización y la distorsión para lograr un efecto decorativo. Ilumina tanto vegetación de aguas profundas como criaturas acuáticas, pero también pájaros y mamíferos terrestres en más de 1000 grabados.  

Medusas

Formó parte de la Expedición Challenger (1873-1876) del Almirantazgo británico, que con el tiempo se ha considerado la primera exploración no comercial del entorno de aguas profundas y la que inició el campo de la Oceanografía. 

Ascidias, que forma parte del plancton

Para concluir

Esta colección tan magnífica tiene poco que añadir: Ciencia y Arte aplicadas a la vida marina hace más de un siglo, con una estética muy actual. Una maravilla.

Añadimos algunas láminas vinculadas con la temática marítima. El resto están disponibles en este enlace y la obra completa está ya digitalizada y accesible.

Nota: esta entrada es el resultado de una sugerencia recibida por J.M. Grijalvo, a quien desde aquí damos las gracias por contribuir a que divulguemos la existencia de este impresionante legado.

Más información

CERVERA, Fernando. Ciencia y lápices I. Ernst Haeckel. ULUM, Historias de Ciencia y Pasión, 2014.

DAYRAT, Benoît. The roots of phylogeny: how did Haeckel build his trees?Systematic Biology, 2003, 52, 4, p. 515-527.

DI GREGORIO, Mario A. From here to eternity: Ernst Haeckel and scientific faith. Vandenhoeck & Ruprecht, 2005.

HAECKEL, Ernst. The History of Creation: Or, The Development of the Earth and Its Inhabitants by the Action of Natural Causes. A Popular Exposition of the Doctrine of Evolution in General, and of that of Darwin, Goethe and Lamarck in Paticular. From the German of Ernst Haeckel. HS King & Company, 1876.

HAECKEL, Ernst. Art forms in nature. Courier Corporation, 2012 [Nueva edición de su obra].

KUTSCHERA, Ulrich; LEVIT, Georgy S.; HOSSFELD, Uwe. Ernst Haeckel (1834–1919): The German Darwin and his impact on modern biology. Theory Biosci. 138, 1–7 (2019).

KRAUßE, Erika. Ernst Haeckel. Springer-Verlag, 2013.

 

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Ya hemos visto en varias ocasiones que la cartografía era tan apreciada en la Edad Moderna que los reyes utilizaban portulanos y cartas náuticas como regalo o para adornar sus suntuosos palacios. Detrás del atlas que hoy mostramos se esconde una historia: la reina católica inglesa María I (1554-1558) lo encargó como regalo para su marido, el todopoderoso rey español Felipe II, meses después de su matrimonio, pero parece que no llegaron a verlo terminado ninguno de los dos.

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Reina María de Inglaterra. Fuente

En su realización se puede ver el progreso de los marinos portugueses, que desde 1415 habían navegado por la costa occidental de África, en busca de especias y esclavos. Un siglo después llegaron a Brasil e India. Y estos mapas proporcionan algunas de las descripciones más precisas de estas regiones (evidentemente según lo que en ese momento se conocía).

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El autor

Diogo Homem (1521–1576) era miembro de una prolífica familia portuguesa de cartógrafos, cuyas habilidades y conocimientos fueron ampliamente reconocidos. Tuvo que huir de su tierra natal porque fue acusado de formar parte de la confabulación para llevar a cabo un asesinato. Primero fue a Londres y posteriormente a Venecia.

Guirnalda Sur

Es el cartógrafo portugués de quien se conservan más trabajos, y cuya producción conocida está situada entre los años 1557 y 1576. Las etapas creativas por las que pasó están recogidas en el artículo de Destombes abajo citado.

El atlas

Parece que Homen trabajó en el atlas desde principios de 1554, pero no lo terminó hasta fines de 1558. Los doce mapas y tablas del atlas están a doble página (abarcan verso y anverso). Vamos a conocer las que se han conservado.

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Una bonita galera
  • a) El mapa mundi

El gran mapa del mundo es el más sobrio y técnicamente realizado del conjunto. Lleva su firma y está fechado en el año 1558.

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El mapa mundi inicial
  • b) El resto de las cartas

Además el atlas contiene tablas lunares y solares, un mapa zonal circular, mapas del noroeste de Europa y el Mediterráneo, dos de África occidental y oriental, uno de las Indias orientales y tres acerca del norte y el sur de América.

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El Océano Atlántico, parte norte

Todas están decoradas y adornadas con el mejor estilo de una carta portulana, con líneas entrecruzadas que irradian de elaboradas rosas de los vientos, señalando puertos y otras localidades costeras. Tiene dibujada la heráldica de los países colonizadores. Igualmente hay ricas ilustraciones de gobernantes locales, sus estandartes, animales (incluso un rinoceronte) y algunas escenas, como un campamento beduino ubicado en el norte de África, todas ellas basadas en el conocimiento que en Europa se tenía de estos lugares.

Costa este de África

Los monstruos marinos y los barcos animan el mar abierto. Es poco probable que el propio Diego Homem pintara todos estos detalles, por lo que se cree que se contrataron miniaturistas profesionales para llevar a cabo tales escenas.

X_Nao

Por sus detalles pictóricos y su ornamentación, este atlas se encuentra entre los más grandiosos de su época.

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Una ilustración en la carta donde aparece la ciudad de Roma

También son destacables las numerosas embarcaciones que dibuja, así como las magníficas rosas de los vientos.

X_Rosa vientos II

El continente americano

Los mapas de América muestran una asombrosa cantidad de detalles costeros, resultado de los numerosos viajes marítimos transcurridos desde el descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492. El nombre del continente varía y se denomina Mundus Novus (Nuevo Mundo), Quarta orbis pars (Cuarto Continente) y también América.

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Una parte del subcontinente americano

En la región amazónica aparecen el caudaloso río representado como una serpiente, algunos caníbales (“Canibales carnibus umanis”), el campamento del ejército de Pizarro y los gigantes (los patagones) supuestamente vistos por la flota de Magallanes en 1521. En el extremo sur también se representa la tierra firme Incognita y el mítico Gran Continente Sur.

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La ciudad de Cuzco

Epílogo

A pesar de todos los esfuerzos, Felipe II nunca recibió el atlas, uno de los mejores ejemplos de la cartografía portuguesa, que además, parece que se terminó después de la muerte de María, en noviembre de 1558.

El mapa del noroeste de Europa tiene una característica singular, el gran escudo que une las armas de Felipe II de España y María de Inglaterra. Sin embargo, se puede ver que las armas del rey español han sido eliminadas airadamente, Parece que cuando la reina María murió, el atlas fue presentado a la nueva monarca, Isabel I, por lo que no es extraño que la reciente reina hiciera, o mandara hacer, este descalabro. Algunos lo ven como un presagio de la posterior batalla del Canal de la Mancha, conocida como la Armada Invencible.

Son escasos las obras que se relacionan con la reina María I y este atlas es una de ellas. Ignoramos el motivo por el que apenas se conoce y sobre todo la causa de que se haya estudiado tan poco.

Existe un ejemplar en la Biblioteca Británica, que está digitalizado y accesible (The Queen Mary Atlas). En el Museo Naval de Madrid hay un atlas de este autor, pero es posterior (Atlas del Mediterráneo atribuido a Diego Homen ca. 1561).

escudo desfigurado
El escudo de Felipe II y María de Inglaterra, donde se puede ver que las armas del rey han sido eliminadas

Más información

Atlas de Diego Homen, 1561. Patronato del Mar, Fundación General Mediterránea, 1975. 24 p. 

Atlas de Diego Homen, c. 1559. Estudio de L. Martín-Merás. Museo Naval, 2006, 103 p.

DESTOMBES, Marcel. Une carte inédite de Diogo Homem, circa 1566. Revista Universidade de Coimbra, 1970, 24, p. 5-15 . 

LOADES, David. The Queen Mary Atlas. Facsimile with commentary by Peter Barber. London: Folio Society, 2005. 

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La palabra púrpura se refiere tanto a la sustancia tintórea como al color que de ésta se obtiene (la tonalidad cromática que ha cambiado sustancialmente en el imaginario colectivo desde la Antigüedad a nuestros días). El color podía variar del rojo azulado al rojo intenso .

Tonos
Algunos de los tonos del color púrpura

Origen mitológico

El origen de la producción de la púrpura estuvo en el Mediterráneo Oriental. La mitología explica que fue Melkart, el dios fenicio protector de las migraciones y de la navegación, el que descubrió sus características cromáticas. Cuenta la leyenda que el dios estaba paseando por la orilla del mar, cuando un perro que le acompañaba mordió un caracol que se hallaba en la playa y lo partió en dos, de él salió un líquido de color púrpura. Melkart recogió entonces gran cantidad de estos moluscos y dio así origen a la industria tiria del teñido.

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Melkart, dios fenicio. Fuente: ARQUA

Cómo se obtiene

Como se puede deducir del mito, la púrpura se obtiene tras machacar unos gasterópodos marinos (familia de los muricidae o murex), cuya glándula hipobranquial segrega un mucus con pigmentos, que les sirven para su actividad celular y como mecanismo de defensa frente a otros organismos .

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Gasterópodos marinos. Fuente: Medero 2006

Estos tipos de múrices han sido identificados por los biólogos gracias a la descripción de Plinio, a las conchas halladas en los yacimientos arqueológicos y a las representaciones monetarias.

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Restos de murex hallados en un yacimiento griego a fines de 2019. Fuente

La sustancia es inicialmente de color blanquecino, cuando el animal la segrega, pero al contacto con el aire se vuelve amarilla, para pasar poco después a verde, azul y finalmente al tono rojo-violáceo que conocemos como púrpura. Algunas de sus características mas notorias son que es muy sólido, que mantiene mucho tiempo la coloración, así como sus tonos. Además, cuando la luz da en los tejidos teñidos con este tinte, brilla, por lo que su uso se convirtió en símbolo de lujo y estatus ya desde los primeros tiempos.

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Justiniano, emperador de Bizancio, vistiendo ropa colo púrpura

Los primeros productores

Aunque según la leyenda su explotación comenzó en las costas de Tiro , y que fueron los fenicios quienes primero comerciaron tanto con el tinte, como con tejidos de lana previamente teñidos, parece que su auténtico origen está en torno a los años 1800-1600 a.C. en la cultura minoica, donde se ha detectado su uso como pigmento en la decoración de frescos y se han identificado conchas pulverizadas como conglomerado en los suelos de los palacios.

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Localización de Creta (en el círculo) y de Tiro en el mapa. Fuente: Google Maps

Auge

Ya en el primer milenio era explotada en todo el Mediterráneo, tanto la parte europea como la africana y también las costas atlánticas de África. En cada zona había una serie de artesanos que se dedicaban a extraer el tinte y dar color a las telas.

En época medieval se teñían manuscritos y codicilos. Entre éstos se pueden citar algunos como el Génesis Cotton (British Library, Londres), el Génesis de Viena (Österreichische Nationalbibliothek, Viena) o el Codex Rossanensis (Catedral de Rossano, Italia).

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Imagen del Génesis de Viena (siglo VI)

Las alternativas y el ocaso

Ya en época del antiguo Egipto dos manuscritos del siglo III a.C. tratan de los sustitutos de estos moluscos para conseguir el afamado tinte, que eran el kermes, la rubia y el índigo. También se ha contrastado la utilización de líquenes como la roccella tinctoria y ochrolechia tartárea.

Con la caída del imperio romano decayó la extracción del tinte con el murex. En la Edad Media, además de hacer alusión a un color, el vocablo se vinculó con un tipo de tejido determinado, no necesariamente de tonos purpúreos, sino de colores afines, que asumieron asimismo un estatus de prestigio . En Bizancio se continuó hasta 1453 cuando fue invadida por los turcos, pero la disminución de la producción desde los siglos VIII-IX, dio lugar a que las recetas poco a poco fuesen sustituyendo el murex por otras sustancias tintóreas con las que se podía obtener el color, tales como el folium , una planta de origen mediterráneo (chrozophora ticntoria), conocida también como tornasol.

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Tornasol

Para concluir

No deja de ser curioso que la valorada tela teñida con púrpura desprendiera un olor desagradable, ya que es el resultado de machacar miles de moluscos, y sin embargo fuera tan apreciada por la realeza de la edad antigua y también en época medieval.

En la actualidad un gramo vale más de 2500 euros. Un producto que viene del mar que tiene un precio superior al del oro …

Más información

FERNÁNDEZ URIEL, Pilar. Púrpura. Del mercado al poder. Madrid: UNED, 2010.

FERNÁNDEZ URIEL, Pilar. Productos de la Hispania romana: miel y púrpura. Gerión, 2017, 35, p. 925.

GOZALBES CRAVIOTO, Enrique. Las Islas Atlánticas de la Púrpura (Plinio, NH. VI, 201). Un estado de la cuestión. Anuario de Estudios Atlánticos, 2007, 53, p. 273-296.

MEDEROS MARTÍN, Alfredo y ESCRIBANO COBO, Gabriel. Mare purpureum. producción y comercio de la púrpura en el litoral atlántico norteafricano. Rivista di Studi Fenici, 2006, 34, p. 71-96.

Resuelven el misterio milenario de una rara pintura medieval azul. ABC, 21/4/2020.

RODRÍGUEZ PEINADO, Laura. Púrpura. Materialidad y simbolismo en la Edad Media. Anales de Historia del Arte, 2014, 24, p. 471-495.

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Los mares y océanos que rodean el planeta, a pesar de que hoy son conocidos, no siempre han sido identificados como tales. Aunque era habitual la vista del mar que bañaba cada territorio, parecía difícil saber hasta dónde llegaba la inmensidad azul que se veía desde la costa.

El océano Atlántico fue uno de ellos. Hoy sabemos que es el segundo más grande del mundo, pero en tiempos antiguos producía más terror que cualquier otra cosa. Ello suponía que quiénes se atrevían a adentrarse en él eran considerados auténticos héroes. Siempre hubo marinos valientes que atravesaron las columnas de Hércules (antes así llamado el actual Estrecho de Gibraltar) para pasar al gran mar. Las míticas Casitérides, famosas por sus yacimientos de estaño, estaban en algunas de las rutas fenicias. También marinos griegos y romanos se atrevieron a cruzar las columnas (Piteas, por ejemplo) para dirigirse al norte de Europa o hacia el sur, en busca de la afamada púrpura.

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El viaje de Piteas. Fuente

Sus nombres

Así este inmenso océano, ha recibido muchos nombres, según la cultura de los navegantes que llegaron hasta él. Durante la época antigua y medieval en Europa formó parte del “Alveus Oceani”, que separaba la tierra habitada del precipicio en el que se podía caer y del que nunca se regresaba.

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Las cinco zonas de la Tierra según Macrobio. Edicion de Brescia s. XV. Fuente: Olcina, 2016.

También fue llamado mar Tenebroso, mar Pedregoso, de las Tinieblas o de la Melancolía. Avanzada la Edad Media recibió los nombres de mar del Norte para la parte septentrional, y para el sur mar Aethiopicus, Oceanus Occidentalis o Meridionalis. No se acaban aquí las denominaciones, pero no es necesario mencionarlas todas.

Sí que es importante recordar que hubo un pueblo que no temía a mar alguno: los vikingos. Durante los llamados siglos oscuros recorrieron el Atlántico norte con sus magníficos barcos.

Las islas

Ni que decir tiene que los errores a la hora de cartografiarlo fueron muchos; uno de ellos, bastante chocante hoy día, fue situar las islas Azores en Galicia. Igualmente los mitos y las leyendas tomaron forma, por lo que aparecieron islas que nunca existieron o se identificaron las que aparecían con las imaginadas. Tile (o Thule), Frislandia, la isla de las Siete Ciudades, San Borondón o la isla del Brasil son algunas de ellas, pero los textos y tratados cartográficos están llenos de éstas.

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La imaginaria isla de Brasil

Los peligros

Cuando Cristóbal Colón llegó a América por primera vez, la noticia hizo que ese mar desconocido empezara a hacerse algo más familiar. Se sabía que había tierra en la otra orilla, por lo que la idea del precipicio se empezó a olvidar. De cualquier forma, los peligros seguían siendo muchos, las corrientes eran muy fuertes y los naufragios más frecuentes de lo deseable. El mar indómito estaba empezando a conocerse, tanto por la parte norte como por el sur, gracias a los múltiples viajes de exploración del siglo XVI.

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Este océano tenía dos de los puntos más terroríficos para los navegantes de la Edad Moderna: el Cabo de Hornos, situado en el extremo meridional del continente americano y el Cabo de Buena Esperanza, al sur de África. Existía por ello la costumbre de colocarse un aro en la oreja cada vez que se atravesaba uno de ellos.

Las cartas náuticas seguían estando pobladas de monstruos marinos que atacaban a los barcos, devoraban a sus tripulantes y provocaban la ruina.

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Monstruo marino en una carta portulana

Se descubre un nuevo océano

Sólo cuando en el horizonte histórico surgió un nuevo océano, la mar del Sur (hoy el Pacífico), el ya conocido Atlántico se hizo más cercano, puesto que sus aguas bañaban las costas de muchos pueblos europeos, africanos y americanos. En la vieja Europa había ahora un nuevo mar que conquistar. En Oceanía primero, y posteriormente en el continente americano, hacía mucho tiempo que el Pacífico se había convertido en una autopista, que permitía transitar entre las miles de islas que lo poblaban.

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Herramienta de orientación hecha con piedras y ramas

Concluyendo

El Atlántico, ese océano que surgió hace millones de años, había sido el fin del mundo en la época antigua y medieval, pero durante los siglos modernos se convirtió en un largo puente hacia nuevos mundos. Hoy encierra importantes riquezas, guarda miles de pecios (entre los que se encuentra el más famoso de todos, el Titanic) y contiene una dorsal oceánica, que a la vez que va separando poco a poco el continente americano de Europa y África, ha ido formando islas volcánicas, como Islandia, Santa Elena, Ascensión, Tristán de Acuña o la Isla de Malpelo.

Más información

ANTELO IGLESIAS, Antonio. El Atlántico en la historia y la leyenda. Espacio Tiempo y Forma. Serie III, Historia Medieval, 1993, 6.

RODRÍGUEZ WITTMANN, K. La visión cartográfica del Atlántico en el siglo XVI: notas en torno al ejemplar del Theatrum Orbis Terrarum conservado en el fondo antiguo de la Univerisad de La Laguna. XXII Coloquio de Historia Canario-Americana, 2018, XXII-089, p. 1-15.

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La cartografía es un elemento visual de primer orden, que nos permite apreciar cómo percibían los marinos y navegantes de siglos pasados las costas, los mares y océanos que surcaban. Son documentos originales muy poco utilizados y estéticamente muy atractivos.

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El portulano de Forlani  (1569)

La propia utilidad que estos mapas náuticos tuvieron centurias atrás para orientar, ahora se han convertido en una fuente histórica, y a la vez su riqueza estética los sitúa como objetos patrimoniales y artísticos, valorados desde el Renacimiento hasta la actualidad. Las primeras representaciones que podemos situar entre las cartas que servían para navegar son los portulanos.

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Los portulanos

Estos levantamientos iniciales de mares y océanos parece que surgieron durante el siglo XIII, aunque los mas antiguos que se conservan son de la centuria siguiente, y tienen origen mallorquín. Uno de los más conocidos es el de A. Cresques. Los primeros eran herramientas de navegación y de orientación, muchas veces hechos por expertos marinos y destinados a quienes querían, o debían, surcar los mares.

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Detalle del mapa de A. Cresques, que representa las caravanas que cruzaban el desierto

También son famosos los levantados por italianos y portugueses. En entradas previas hemos visto ejemplos producidos por cartógrafos españoles como Alonso de Santa CruzJuan de la Cosa, Mateo Prunes; franceses como Vallard, italianos como Agnese, Forlani, Fra Mauro, Pareto y turcos como Piri Reis. Casi todos contienen la toponimia costera para identificar los puertos y lugares de atraque, y éstos aparecen orientados perpendicularmente al mar.

Troya

La ciudad de Troya dibujada en un lugar de la costa oeste turca. A su izquierda la isla de Lesbos.

Otro aspecto destacable, que se puede apreciar a simple vista, es que contienen unas líneas rectas en la dirección de los vientos, y muchas veces en algunas de las intersecciones se añaden genuinas y atractivas rosas. Suelen incluir cartelas informativas elaboradas y decoradas según la época.

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Al principio sólo representaban el Mediterráneo y los mares cercanos, luego el mundo conocido se fue ampliando. A veces se enriquecían con banderas, escudos y otros dibujos alusivos de reyes, animales o sobre actividades cotidianas de los habitantes de la zona.

Genova y Venecia

Génova y Venecia, dos de las ciudades más importantes de ese momento histórico

Conforme fue pasando el tiempo, los cartógrafos fueron cuidando los detalles estéticos. Con cierta frecuencia se adornaban espléndidamente, y ello supuso que a veces pasaran de ser un instrumento para facilitar la navegación a considerarse un objeto artístico. De esta forma, algunos portulanos ya no se situaban en una embarcación, acompañando a los marinos, sino que se colgaron en las paredes de las villas y palacios de aristócratas y reyes, a los que servían para deleitarse con su contemplación y para hacer ostentación. Con ello se iban convirtiendo en un instrumento de poder, con el que los monarcas y grandes señores podían contemplar sus tierras, delimitarlas y marcar sus fronteras. Entonces la cartografía comenzó a cambiar y a ampliar su uso.

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El Mediterráneo de la Antigüedad clásica cartografiado por Agnese

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