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Archive for the ‘– Mares y Océanos’ Category


Es el nombre que se le dio al viaje de regreso (o de vuelta) desde las Indias Orientales (la parte más lejana de Asia, como Filipinas) hasta América. Los marinos vascos Legazpi y Urdaneta fueron los primeros en realizar, y también en descubrir, la posibilidad del tornaviaje a través de esta inmensidad oceánica. Partieron desde Cebú el 1 de junio de 1565 y llegaron a Acapulco (México) el 8 de octubre.

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Fuente: El Mundo

El tornaviaje se basaba en la comprensión del mecanismo de la “vuelta”. Hay que tener en cuenta que la duración total del viaje suponía invertir unos 3 meses para la ida y, como mínimo, el doble para la vuelta. Cuando se descubrió la corriente oceánica que facilitaba el regreso, “tan solo” fueron necesarios 4 meses para el retorno, generándose un importante ahorro de tiempo de unos 60 días.

El viaje de ida

La ida era “relativamente” fácil en comparación con la vuelta. El principal obstáculo a salvar eran las enormes distancias. Si tomamos como referencia el trayecto colombino, la expedición al Pacífico representa tres veces la del primer viaje del Almirante.

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Fuente

Las condiciones mismas de navegación en esta zona del océano no presentaban mayores dificultades, una vez conocido el sistema de los vientos dominantes en el hemisferio norte, lo que se logró en el siglo anterior. Al conocimiento sobre cómo actuaban los vientos alisios, también valido para el océano Pacífico, se añade otra ventaja en comparación con el viaje atlántico: la existencia de escalas posibles dispersadas a lo largo de la ruta, como en algunos de los archipiélagos de Micronesia (por ejemplo en Las Marianas y en la isla de Guam), así como las Islas Marshall.

La vuelta

Sin embargo, a esta relativa facilidad de la ida, corresponde una gran dificultad para el regreso. La aplicación del principio del tornaviaje en el contexto pacifico supuso un aumento muy significativo de las distancias, siendo éste aun más difícil de superar porque se realizaba dentro de una inmensidad marítima, sin escalas antes de alcanzar la costa americana.

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Corriente de Kuro-Shivo. Fuente

De hecho, la fijación de esta ruta por los dos marinos vascos fue el resultado de varios fracasos previos, que exigieron casi medio siglo de intentos frustrados. Urdaneta, al llegar a la latitud de Japón, encontró la llamada corriente de Kuro Shivo, formada por las aguas que van desde Japón hasta California. Al aprovechar esta corriente resultó que el tornaviaje duraba cuatro meses, lo que fue un hito para la época.

Este descubrimiento fue el que permitió el establecimiento del “galeón de Manila”, partiendo de Acapulco.

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Las corrientes que facilitan el viaje. Adaptado del dibujo de Clearias. Corrientes marinas

Galeón de Manila o la “nao de China”

El Galeón de Manila fue una línea regular de intercambios que unió México con Filipinas desde el último tercio del siglo XVI hasta los primeros años del siglo XIX (1565-1815), aunque la ruta continuó en funcionamiento algunos años más a través de una serie de barcos menores que prolongaron el tráfico entre Manila y Acapulco.

Ésta permitía llevar a España, pasando antes por el continente americano, productos asiáticos tales como sedas, porcelanas, marfil y, sobre todo, las especias. Fue precisamente el acceso directo y exclusivo a estas riquezas asiáticas lo que suscitó la envidia y los ataques de las demás potencias europeas.

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Detalle del mapa de Filipinas del s. XVIII en el que se aprecia la bahía de Manila. Fuente: BNE

Tenía un coste muy elevado, y uno de cada cinco galeones desapareció por causas diversas, la mayoría por la climatología adversa y los accidentes de navegación. Era muy difícil atacar estos fuertes navíos, por lo que fueron muy pocos los que cayeron víctimas de la piratería.

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Galeón del S. XVI

Para concluir

Las rutas marítimas establecidas a través del océano Pacífico permitieron un intercambio económico y cultural, cuyo enlace entre Europa y Oriente fue la Nueva España (México), al menos al principio. Estos viajes periódicos supusieron la circulación de personas, mercancías, ideas y conocimientos. La mayoría de los objetos que se han conservado nos dan a conocer el contacto, y también el impacto, que tuvieron las diferentes culturas americanas y asiáticas en Europa.

Más información

BERNABÉU, Salvador. La Nao de China, 1565-1815, navegación, comercio e intercambios culturales. Sevilla: Universidad, 2013.

DE MIGUEL BOSCH, José Ramón. Las dificultades náuticas del tornaviaje. En Andrés de Urdaneta: un hombre moderno: Congreso Internacional Ordizia, 2008, p. 481-506.

GIL, Juan. El primer tornaviaje. En La nao de China, 1565-1815: navegación, comercio e intercambios culturales. 2013, p. 25-64.

MARTÍNEZ SHAW, Carlos. El Galeón de Manila: 250 años de intercambios. Estudis: Revista de Historia Moderna, 2019, 45, p. 9-34

MAYER CELIS, Leticia. La circulación de hombres, instrumentos, libros y conocimientos en el siglo XVI. El caso del tornaviaje en el océano Pacífico. Quipu, 2012, 14, 2, p. 173-191.

MIRA TOSCANO, Antonio. Andrés de Urdaneta y el tornaviaje de Filipinas a Nueva España. Mercurio Peruano, 2016, 529, p. 107-122.

PINZÓN RÍOS, Guadalupe. El tornaviaje y la exploración del Pacífico. Desperta Ferro: Especiales, 2019, 18, p. 60-65.

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Los mares y océanos que rodean el planeta, a pesar de que hoy son conocidos, no siempre han sido identificados como tales. Aunque era habitual la vista del mar que bañaba cada territorio, parecía difícil saber hasta dónde llegaba la inmensidad azul que se veía desde la costa.

El océano Atlántico fue uno de ellos. Hoy sabemos que es el segundo más grande del mundo, pero en tiempos antiguos producía más terror que cualquier otra cosa. Ello suponía que quiénes se atrevían a adentrarse en él eran considerados auténticos héroes. Siempre hubo marinos valientes que atravesaron las columnas de Hércules (antes así llamado el actual Estrecho de Gibraltar) para pasar al gran mar. Las míticas Casitérides, famosas por sus yacimientos de estaño, estaban en algunas de las rutas fenicias. También marinos griegos y romanos se atrevieron a cruzar las columnas (Piteas, por ejemplo) para dirigirse al norte de Europa o hacia el sur, en busca de la afamada púrpura.

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El viaje de Piteas. Fuente

Sus nombres

Así este inmenso océano, ha recibido muchos nombres, según la cultura de los navegantes que llegaron hasta él. Durante la época antigua y medieval en Europa formó parte del “Alveus Oceani”, que separaba la tierra habitada del precipicio en el que se podía caer y del que nunca se regresaba.

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Las cinco zonas de la Tierra según Macrobio. Edicion de Brescia s. XV. Fuente: Olcina, 2016.

También fue llamado mar Tenebroso, mar Pedregoso, de las Tinieblas o de la Melancolía. Avanzada la Edad Media recibió los nombres de mar del Norte para la parte septentrional, y para el sur mar Aethiopicus, Oceanus Occidentalis o Meridionalis. No se acaban aquí las denominaciones, pero no es necesario mencionarlas todas.

Sí que es importante recordar que hubo un pueblo que no temía a mar alguno: los vikingos. Durante los llamados siglos oscuros recorrieron el Atlántico norte con sus magníficos barcos.

Las islas

Ni que decir tiene que los errores a la hora de cartografiarlo fueron muchos; uno de ellos, bastante chocante hoy día, fue situar las islas Azores en Galicia. Igualmente los mitos y las leyendas tomaron forma, por lo que aparecieron islas que nunca existieron o se identificaron las que aparecían con las imaginadas. Tile (o Thule), Frislandia, la isla de las Siete Ciudades, San Borondón o la isla del Brasil son algunas de ellas, pero los textos y tratados cartográficos están llenos de éstas.

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La imaginaria isla de Brasil

Los peligros

Cuando Cristóbal Colón llegó a América por primera vez, la noticia hizo que ese mar desconocido empezara a hacerse algo más familiar. Se sabía que había tierra en la otra orilla, por lo que la idea del precipicio se empezó a olvidar. De cualquier forma, los peligros seguían siendo muchos, las corrientes eran muy fuertes y los naufragios más frecuentes de lo deseable. El mar indómito estaba empezando a conocerse, tanto por la parte norte como por el sur, gracias a los múltiples viajes de exploración del siglo XVI.

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Este océano tenía dos de los puntos más terroríficos para los navegantes de la Edad Moderna: el Cabo de Hornos, situado en el extremo meridional del continente americano y el Cabo de Buena Esperanza, al sur de África. Existía por ello la costumbre de colocarse un aro en la oreja cada vez que se atravesaba uno de ellos.

Las cartas náuticas seguían estando pobladas de monstruos marinos que atacaban a los barcos, devoraban a sus tripulantes y provocaban la ruina.

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Monstruo marino en una carta portulana

Se descubre un nuevo océano

Sólo cuando en el horizonte histórico surgió un nuevo océano, la mar del Sur (hoy el Pacífico), el ya conocido Atlántico se hizo más cercano, puesto que sus aguas bañaban las costas de muchos pueblos europeos, africanos y americanos. En la vieja Europa había ahora un nuevo mar que conquistar. En Oceanía primero, y posteriormente en el continente americano, hacía mucho tiempo que el Pacífico se había convertido en una autopista, que permitía transitar entre las miles de islas que lo poblaban.

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Herramienta de orientación hecha con piedras y ramas

Concluyendo

El Atlántico, ese océano que surgió hace millones de años, había sido el fin del mundo en la época antigua y medieval, pero durante los siglos modernos se convirtió en un largo puente hacia nuevos mundos. Hoy encierra importantes riquezas, guarda miles de pecios (entre los que se encuentra el más famoso de todos, el Titanic) y contiene una dorsal oceánica, que a la vez que va separando poco a poco el continente americano de Europa y África, ha ido formando islas volcánicas, como Islandia, Santa Elena, Ascensión, Tristán de Acuña o la Isla de Malpelo.

Más información

ANTELO IGLESIAS, Antonio. El Atlántico en la historia y la leyenda. Espacio Tiempo y Forma. Serie III, Historia Medieval, 1993, 6.

RODRÍGUEZ WITTMANN, K. La visión cartográfica del Atlántico en el siglo XVI: notas en torno al ejemplar del Theatrum Orbis Terrarum conservado en el fondo antiguo de la Univerisad de La Laguna. XXII Coloquio de Historia Canario-Americana, 2018, XXII-089, p. 1-15.

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La denominación de “lago español” procede de un hispanista francés, Pierre Chaunu. Hace referencia a que durante más de dos siglos este inmenso océano fue transitado y controlado mayoritariamente por navegantes españoles.

Hay veces que no nos damos cuenta de lo grande que es, sobre todo porque en muchos mapas queda dividido, como ocurre en el de la imagen inferior.

Inicialmente fue nombrado “Mar del Sur” por los colonizadores españoles. El primero fue Vasco Núñez de Balboa, tras su travesía por el istmo de Panamá (1513).

Mar del sur

Detalle de un mapa en el que aparece el Mar del Sur. Su autor fue Gerritsz (1622). Fuente: Gallica

Posteriormente tomó su nombre actual, que sabemos que nos ha llegado de la mano de Fernando de Magallanes, el capitán que inició la primera vuelta al mundo.

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El Pacífico según el gran cartógrafo Ortelius

¿Por qué esta denominación?

Sabemos que desde su descubrimiento, por parte hispana, hasta la primera mitad del siglo XVIII, el dominio de este espacio marítimo era español. Este largo periodo se puede dividir en dos etapas, según la obra de otro investigador francés, M. Bertrand:

a) 1ª etapa, que va desde el siglo XVI hasta finales del XVII, en el que el dominio español sobre esta inmensidad oceánica no sufre apenas oposición. Los únicos europeos presentes en ambas orillas del Pacífico son los españoles. La costa este, lo que luego se llamará California, era tierra de misiones recorridas por los jesuitas a partir del siglo XVII. El norte de California sigue siendo una tierra incógnita, y ésto se puede demostrar analizando algunos de los mapas levantados en esa época que la dibujan como una isla, en lugar de una península.

Al oeste, la presencia española estaba sólidamente asentada en Filipinas, donde sus posibles rivales podían ser China o Japón, pero estas naciones estaban ya replegadas sobre si mismas, debido a sus políticas aislacionistas.

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El Pacífico en un mapa de Forlani (s. XVI)

Las costas pacíficas de América del Sur pertenecían a los virreinatos hispanos, y en sus aguas se adentraban nativos en busca de pescado y de conchas, pero sin salir del litoral. En mar abierto eran algunos buques españoles los que lo atravesaban en misión comercial, de descubrimiento o de defensa.

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Mapa de China del S. XVII. J. Hondius. Fuente: Gallica

Para poder entender la amplitud del dominio, el Pacífico español se puede representar como un inmenso triangulo, cuya base la constituiría la costa americana controlada hasta California a través de puertos fortificados, con el vértice en las Islas Filipinas.

Esta premisa no significa que embarcaciones de otras naciones no transitaran por el océano, pero lo hacían casi siempre de forma irregular y llegaban desde el Índico. Hay que recordar que ya en la Baja Edad Media expediciones portuguesas, y posteriormente de otras naciones, navegaron por estas aguas en misiones comerciales hacia puertos asiáticos.

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En esta primera época hubo intentos de hacerse con las rutas, como el de los holandeses, que a través de su compañía de las Indias Orientales, llevaron a cabo una expedición entre 1642–43, comandada por Abel J. Tasman. Fue encargado de explorar las tierras áridas, anteriormente ubicadas por varios galeones de la compañía en su ruta hacia Batavia. Dio la vuelta a Australia (pero sin fondear en ella), descubrió y exploró las islas de Nueva Zelanda y la que luego llevaría su nombre (Tasmania).

b) 2ª etapa. Ya en el siglo XVIII los rusos llegan a Alaska (1727) y descienden hacia California. Las riquezas canalizadas por los españoles, gracias a su control sobre la única ruta marítima a través el Pacífico hasta entonces conocida con alguna seguridad, hizo que las demás potencias europeas intentaran participar.

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Australia S. XVIII. Fuente: Biblioteca Nacional de Francia (GE C-8865)

Inglaterra intentó, mandando a Drake primero y a otros corsarios después, capturar el galeón de Manilla y hacerse con sus riquezas. Aunque también hubo franceses y holandeses, todos fracasaron durante casi dos siglos, hasta que Anson, en 1742, lo consiguió. Además de las riquezas, se apropiaron de cartas náuticas y documentos hidrográficos secretos que facilitaron el desarrollo de su industria cartográfica. No debemos olvidar que la Armada española era puntera en los levantamientos de cartas y mapas.

A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, los corsarios y los viajes de exploración de otras potencias europeas dejan a España fuera del dominio absoluto de este mar Pacífico, cediendo poco a poco y dando paso especialmente a ingleses, holandeses y franceses en este nuevo gran espacio marítimo inexplorado e inmenso.

Más información

BERNABEU ALBERT, Salvador. El Pacífico ilustrado: del lago español a las grandes expediciones. Madrid: Mapfre, 1992.

BERNABÉU ALBERT, Salvador y MARTÍNEZ SHAW, Carlos. Un océano de seda y plata: el universo económico del Galeón de Manila. Madrid: CSIC, 2013.

BERTRAND, Michel. El viaje al Pacífico: los fundamentos geo-históricos del «lago español»Espacio, Tiempo y Forma. Serie IV, Historia Moderna, 2015, 28, p. 35-44.

MARTÍNEZ SHAW, Carlos (ed.). El Pacífico español de Magallanes a Malaspina. Madrid: Ministerio de Asuntos Exteriores, 1988.

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Cuando los españoles descubrieron la existencia del continente americano y las grandes expediciones tuvieron su mayor apogeo, fueron miles las leyendas que surgieron en torno a nuevos territorios. Uno de ellas fue la existencia del estrecho de Anián.

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El estrecho de Anián en un mapa de Joan Martínez (1587). Fuente: Museo Naval de Madrid. Biblioteca Digital del Patrimonio Bibliográfico

El Estrecho de Juan de Fuca

Existía la creencia de que en el norte del Pacífico había un paso que daba entrada al Atlántico. Fueron muchos los navegantes que se adentraron en lo que se llamó la Alta California, y desde el siglo XVI bordearon la costa pacífica californiana en busca de una salida al Atlántico. Uno de los primeros fue Juan de Fuca, un navegante griego al servicio de la corona española, que fue en busca del llamado paso del noroeste.

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Detalle del estrecho de Juan de Fuca en una carta náutica española del siglo XVIII. Fuente BDH

El estrecho que lleva su nombre está a 48 grados al norte, pero todavía quedaba mucho por descubrir hasta llegar a un paso que uniera el Pacífico con otro mar, que no era el Atlántico.

Más intentos de encontrar el paso del Noroeste

El desconocimiento del Pacífico norte era general y absoluto, por lo que leyendas y mitos se mezclaban fácilmente con la realidad. En una carta que fray Andrés de Aguirre envió al arzobispo de México en 1583, se dice que:

“… no es de menos importancia proseguir el descubrimiento de aquella costa, de los 41º en adelante, para entender los secretos de ella, porque un angosto estrecho que llaman de Anián que según se tiene noticia es lo último descubierto de la costa de la China en cincuenta y dos grados de latitud” (Archivo General de Indias, México, 27).

Tras sus pasos fue Lorenzo Ferrer Maldonado a finales del siglo XVI. Afirmó, sin ningún argumento, que había llegado al estrecho de Anián a unos 60º al norte. Fue un embaucador que consiguió convencer a algunos eruditos, que creyeron su versión y en los siglos posteriores enviarían expediciones a esa zona. Del mismo estilo fantástico fue la aventura de Bartolomé de Fonte, que en 1640 dijo haber llegado sobre los 70 grados norte y haber hallado el estrecho. Contaba también que allí se había encontrado con un buque inglés que venía del Atlántico.

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Mapa del Ártico de Gerardus Mercator, edición de 1623, señalando el estrecho de Anian. Fuente: Gallica

Cartógrafos muy conocidos como Martínez, Ortelius, Mercator y Forlani incluyeron el estrecho en sus cartas. Incluso la Academia de Ciencias de París apostó por su existencia y por apoyar la versión de Ferrer Maldonado. Sobre el tema se publicaron varios libros que afirmaban la existencia del estrecho de Anián.

El estrecho de Anián señalado en un mapa de China del S. XVII. J. Hondius. Fuente: Gallica

La realidad, tal y como la entendemos hoy, es que hay un paso, mucho más arriba de lo que algunos afirmaban, pero no comunica el Pacífico con el Atlántico, sino con el Océano Ártico. Vitus Bering, un explorador danés al servicio del emperador ruso Pedro el Grande, cruzó este estrecho en 1728 y por eso lleva su nombre. En ese viaje, una parte de la tripulación murió de escorbuto. Se había demostrado que América y Asia no estaban unidas y que al Norte existía un estrecho corredor que separaba dos océanos, el Pacífico y el Ártico, como se puede ver en el mapa que se levantó con ocasión de esta expedición.

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El mapa que muestra el estrecho de Bering, todavía llamado de Anián. Fuente: Jefferys, 1776.

Curiosamente, antes de conocer los resultados de la expedición de Bering, muchos navegantes españoles, especialmente los oficiales de la Real Armada, tenían ya muy claro que allí no había ningún estrecho de Anián, pero las presiones del gobierno hicieron que se formara una expedición para buscar ese paso. Allí se dirigieron en 1792 las goletas Sutil y Mexicana, al mando de ilustres oficiales como Alcalá-Galiano y Cayetano Valdés, que pudieron corroborar, entre otros muchos asuntos, que en esas latitudes no existía el estrecho en cuestión.

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Vistas de costa levantadas desde las goletas Mexicana y Sutil, extraídas de las cartas de la expedición recogidas en la obra de Alcalá-Galiano, 1802. Fuente: BDH.

Si analizamos detenidamente estos relatos es fácil entender que todos tenían su parte de razón, que había un estrecho, pero erraron en el lugar de localización y a la hora de afirmar los mares que conectaba. Toda una aventura, con muchos navegantes a la busca del paso del Noroeste, que en el siglo XVIII quedó claro que existía, aunque mucho más al Norte, en tierras polares.

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El estrecho de Bering. Fuente: Google Maps

Más información

ALCALÁ-GALIANO, Dionisio, et al. Relación del viage hecho por las goletas Sutil y Mexicana en el año de 1792 para reconocer el Estrecho de Fuca: con una introducción en que se da noticia de las expediciones executadas anteriormente por los españoles en busca del paso del noroeste de la América. Madrid: Imprenta Real, 1802.

JEFFERYS, Thomas. The Russian Discoveries, from the Map Published by the Imperial Academy of St. Petersburg. London, Printed for Robt. Sayer, Map & Printseller, Nº 53 Fleet Street. London, 1776.

LOSA CONTRERAS, Carmen. Miscelánea: Nota sobre “El ejército y la armada en el Noroeste de América: Nootka y su tiempo”, de Leandro Martínez Peñas y Manuela Fernández (coord.). Revista de la Inquisición: (intolerancia y derechos humanos), 2013, 17, p. 271-274.

RODRÍGUEZ, Jimena. Mareantes mareados: El estrecho de Anián y las Naos a California. Romance Notes, 2015, 55,  4, p. 133-144.

SÁNCHEZ RAMOS, Valeriano. Lorenzo Ferrer de Maldonado (Berja, 1557-Madrid, 1626) y el paso del noroeste. El peculiar descubrimiento del mítico estrecho de Anián por las heladas aguas de Canadá y Alaska. Farua: Revista del Centro Virgitano de Estudios Históricos, 2013, 16, p. 65-92.

ZDENEK, Joseph W. La relación entre California y el Estrecho de Anián, según el cronista fray Antonio de la Ascensión. Revista de Occidente, 1974, n 132, p. 375-386.

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Hay organizaciones que se dedican a recoger datos sobre el estado del mar y de sus seres vivos. Pero no todas comparten esa información con el resto del mundo y Ocearch es una de las pocas que sí lo hacen. Fue creada en el año 2007 y desde su barco se dedican a marcar a tiburones, delfines, ballenas, leones marinos y tortugas, entre otros, para poder conocer sus desplazamientos y saber algo más de estos animales marinos errantes. Nos dan acceso a las rutas que desde hace miles de años recorren para alimentarse y reproducirse, y que se cruzan en nuestros caminos desde que la humanidad comenzó a hacer uso de la navegación.

Además de esta labor científica, también tiene actividades pedagógicas y de comunicación.

Las rutas marinas

Como el sistema de seguimiento es de gran interés para científicos, profesores y alumnos, entre otros, describimos brevemente las opciones y posibilidades, ya que es una magnífica herramienta, tanto para conseguir datos como para enseñar y aprender sobre la vida marina en el planeta.

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Página principal del sistema. Se ven los símbolos de los animales marcados a ambos lados del continente

Para obtener información se puede seleccionar, pinchando sobre el mapa, eligiendo una especie o mirando entre las que aparecen a la derecha de la imagen y marcando una de ellas. Una vez elegida la especie, permite buscar entre los ejemplares de ésta, y ofrece más información del animal seleccionado, como una fotografía, su nombre y algunos otros datos de interés.

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Ruta seguida por una tortuga, con las fechas correspondientes de la toma de datos

La pantalla se puede ir ampliando o disminuyendo para poder conocer las rutas. Dentro de cada una hay más opciones para seguir al animal. Se pueden seleccionar fechas específicas, ver más datos de cuándo se marcó, imágenes y poder seguirlo a través de las redes sociales, entre otras opciones.

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Ruta recorrida por un tiburón ballena en la costa noreste del continente australiano

También se puede acceder a las expediciones llevadas a cabo, los programas desarrollados e incluso descargarse los informes de años previos.

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La organización ha desplegado un importante sistema de difusión, que incluye, además de la herramienta de seguimiento y su web, su participación en distintas redes sociales y miles de imágenes en Instagram (como las de los animales que aquí aparecen).

Como puede comprobarse, Ocearch nos proporciona un potente e interesante recurso sobre la vida marina, sus rutas y la forma de llevar a cabo este ingente trabajo, que pueden ser de interés para muchos de nuestros lectores.

 

Más información

BEATLEY, Timothy. Making the Marine World Visible: Fostering Emotional Connections to the Sea. En Blue Biophilic Cities. Virginia: Palgrave Macmillan, 2018, p. 57-77.

CURTIS, Tobey H., et al. First insights into the movements of young-of-the-year white sharks (Carcharodon carcharias) in the western North Atlantic Ocean. Scientific reports, 2018, 8, 1, p. 10794.

DIPPENAAR, Susan M. Symbiotic Siphonostomatoida (Copepoda) collected from white sharks, Carcharodon carcharias (Lamniformes, Lamnidae), during the OCEARCH expedition along the coast of South Africa. Crustaceana, 2018, 91, 1, p. 103-111.

Web de Ocearch

 

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¿Sabe cuál es el motivo de que en el mar Negro se estén encontrando pecios griegos y romanos casi intactos?¿cómo es que aquí se conservan tan bien y en muchos lugares del Mediterráneo se han perdido para siempre? ¿hemos descubierto un túnel del tiempo?

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Localización del mar Negro

La historia de este mar explica el “milagro” de la conservación, y da muchas pistas sobre antiguas y desconocidas culturas establecidas en sus orillas hace miles de años, antes de que las civilizaciones sumeria, egipcia y minoica florecieran como tales.

El mar Negro en un antiguo portulano

Previamente a explicar la situación es necesario aclarar que las investigaciones no han acabado, que se dan múltiples desacuerdos en las fechas y en la magnitud de las catástrofes acaecidas, pero las evidencias son tan claras que ya no hay lugar a dudas de lo acontecido.

Cómo surgió la cuenca del actual Mar Negro

Es el resultado de los múltiples ajustes entre dos placas tectónicas, la euroasiática y la africana. Esta cuenca se creó hace millones de años. Parece que formó parte de un antiguo mar conocido como Tetis o Paleotetis. Con el fin de la última glaciación, por la bajada del hielo de los glaciares, se llenó de agua dulce. Era entonces un lago enorme.

En sus orillas se establecieron distintos pueblos, que tenían en este paisaje prácticamente todas las necesidades básicas cubiertas. Existen evidencias, por ejemplo, de una cultura agraria situada en la actual Bulgaria, que fueron grandes orfebres, como lo muestra el tesoro de Varna, el más antiguo del mundo.

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Una muestra del tesoro de la necrópolis de Varna

Hace entre 10000 y 7500 años, según autores, el mar Mediterráneo inundó literalmente este antiguo lago, convirtiéndolo ya en un mar. Esta inundación fue rápida, amplió la cuenca anterior y barrió muchos de los asentamientos primitivos establecidos en las costas.

Durante la Antigüedad clásica fue una importante encrucijada, nudo de comunicaciones y de comercio, amén de los viajes de exploración como el de Jasón y los argonautas, o las guerras que importantes autores como Homero nos transmitieron, entre ellas la de Troya (el rapto de Elena).

La doble capa de agua del mar Negro

A pesar de que en su época este hecho fue una auténtica catástrofe ambiental, es el que ha permitido la conservación de las naves que en tiempo antiguo naufragaron en el mar Negro. En su fondo las aguas apenas contienen oxígeno (son anóxicas).

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Profundidad en las distintas áreas del Mar Negro

A partir de cierta profundidad (entre 70 y 150 metros, según la región) las aguas contienen una elevada cantidad de sulfuro de hidrógeno, lo que impide la presencia de oxígeno y, por tanto, la vida marina, que es el factor biótico que más contribuye a degradar los restos hundidos.

Para los arqueólogos es uno de los mayores laboratorios submarinos del mundo, ya que conserva los pecios mejor que cualquier otro medio.

Algunas de las ciudades costeras más importantes del Mar Negro. Fuente

De todos los proyectos que han surgido, uno de los más ambiciosos es el de Arqueología Marítima del Mar Negro (Black Sea MAP), formado por investigadores ingleses, estadounidenses y búlgaros, descubrió recientemente el “naufragio intacto más antiguo del mundo“.

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Sin embargo, este no es el único, sólo el más antiguo. En los fondos se han hallado hasta el momento más de 60 pecios de naves romanas, bizantinas, otomanas y cosacas. Todo un maravilloso y fantástico mundo por descubrir…

Más información

BRENNAN, M.L. et al. Ocean dynamics and anthropogenic impacts along the southern Black Sea shelf examined through the preservation of pre-modern shipwrecksContinental Shelf Research, 2013, 53, p. 89-101.

Mar Negro. EcuRed (s.f.)

Mar Negro. GeoEnciclopedia (s.f.)

OCAÑA PÉREZ, C. Un cementerio de barcos revela más de 2.500 años de Historia naval bajo las profundidades del mar Negro. El Mundo, 28 septiembre 2017.

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