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Archive for the ‘– Mares y Océanos’ Category


La denominación de “lago español” procede de un hispanista francés, Pierre Chaunu. Hace referencia a que durante más de dos siglos este inmenso océano fue transitado y controlado mayoritariamente por navegantes españoles.

Hay veces que no nos damos cuenta de lo grande que es, sobre todo porque en muchos mapas queda dividido, como ocurre en el de la imagen inferior.

Inicialmente fue nombrado “Mar del Sur” por los colonizadores españoles. El primero fue Vasco Núñez de Balboa, tras su travesía por el istmo de Panamá (1513).

Mar del sur

Detalle de un mapa en el que aparece el Mar del Sur. Su autor fue Gerritsz (1622). Fuente: Gallica

Posteriormente tomó su nombre actual, que sabemos que nos ha llegado de la mano de Fernando de Magallanes, el capitán que inició la primera vuelta al mundo.

Maris Pacifici

El Pacífico según el gran cartógrafo Ortelius

¿Por qué esta denominación?

Sabemos que desde su descubrimiento, por parte hispana, hasta la primera mitad del siglo XVIII, el dominio de este espacio marítimo era español. Este largo periodo se puede dividir en dos etapas, según la obra de otro investigador francés, M. Bertrand:

a) 1ª etapa, que va desde el siglo XVI hasta finales del XVII, en el que el dominio español sobre esta inmensidad oceánica no sufre apenas oposición. Los únicos europeos presentes en ambas orillas del Pacífico son los españoles. La costa este, lo que luego se llamará California, era tierra de misiones recorridas por los jesuitas a partir del siglo XVII. El norte de California sigue siendo una tierra incógnita, y ésto se puede demostrar analizando algunos de los mapas levantados en esa época que la dibujan como una isla, en lugar de una península.

Al oeste, la presencia española estaba sólidamente asentada en Filipinas, donde sus posibles rivales podían ser China o Japón, pero estas naciones estaban ya replegadas sobre si mismas, debido a sus políticas aislacionistas.

Pacifico de Forlani

El Pacífico en un mapa de Forlani (s. XVI)

Las costas pacíficas de América del Sur pertenecían a los virreinatos hispanos, y en sus aguas se adentraban nativos en busca de pescado y de conchas, pero sin salir del litoral. En mar abierto eran algunos buques españoles los que lo atravesaban en misión comercial, de descubrimiento o de defensa.

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Mapa de China del S. XVII. J. Hondius. Fuente: Gallica

Para poder entender la amplitud del dominio, el Pacífico español se puede representar como un inmenso triangulo, cuya base la constituiría la costa americana controlada hasta California a través de puertos fortificados, con el vértice en las Islas Filipinas.

Esta premisa no significa que embarcaciones de otras naciones no transitaran por el océano, pero lo hacían casi siempre de forma irregular y llegaban desde el Índico. Hay que recordar que ya en la Baja Edad Media expediciones portuguesas, y posteriormente de otras naciones, navegaron por estas aguas en misiones comerciales hacia puertos asiáticos.

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En esta primera época hubo intentos de hacerse con las rutas, como el de los holandeses, que a través de su compañía de las Indias Orientales, llevaron a cabo una expedición entre 1642–43, comandada por Abel J. Tasman. Fue encargado de explorar las tierras áridas, anteriormente ubicadas por varios galeones de la compañía en su ruta hacia Batavia. Dio la vuelta a Australia (pero sin fondear en ella), descubrió y exploró las islas de Nueva Zelanda y la que luego llevaría su nombre (Tasmania).

b) 2ª etapa. Ya en el siglo XVIII los rusos llegan a Alaska (1727) y descienden hacia California. Las riquezas canalizadas por los españoles, gracias a su control sobre la única ruta marítima a través el Pacífico hasta entonces conocida con alguna seguridad, hizo que las demás potencias europeas intentaran participar.

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Australia S. XVIII. Fuente: Biblioteca Nacional de Francia (GE C-8865)

Inglaterra intentó, mandando a Drake primero y a otros corsarios después, capturar el galeón de Manilla y hacerse con sus riquezas. Aunque también hubo franceses y holandeses, todos fracasaron durante casi dos siglos, hasta que Anson, en 1742, lo consiguió. Además de las riquezas, se apropiaron de cartas náuticas y documentos hidrográficos secretos que facilitaron el desarrollo de su industria cartográfica. No debemos olvidar que la Armada española era puntera en los levantamientos de cartas y mapas.

A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, los corsarios y los viajes de exploración de otras potencias europeas dejan a España fuera del dominio absoluto de este mar Pacífico, cediendo poco a poco y dando paso especialmente a ingleses, holandeses y franceses en este nuevo gran espacio marítimo inexplorado e inmenso.

Más información

BERNABEU ALBERT, Salvador. El Pacífico ilustrado: del lago español a las grandes expediciones. Madrid: Mapfre, 1992.

BERNABÉU ALBERT, Salvador y MARTÍNEZ SHAW, Carlos. Un océano de seda y plata: el universo económico del Galeón de Manila. Madrid: CSIC, 2013.

BERTRAND, Michel. El viaje al Pacífico: los fundamentos geo-históricos del «lago español»Espacio, Tiempo y Forma. Serie IV, Historia Moderna, 2015, 28, p. 35-44.

MARTÍNEZ SHAW, Carlos (ed.). El Pacífico español de Magallanes a Malaspina. Madrid: Ministerio de Asuntos Exteriores, 1988.

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Cuando los españoles descubrieron la existencia del continente americano y las grandes expediciones tuvieron su mayor apogeo, fueron miles las leyendas que surgieron en torno a nuevos territorios. Uno de ellas fue la existencia del estrecho de Anián.

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El estrecho de Anián en un mapa de Joan Martínez (1587). Fuente: Museo Naval de Madrid. Biblioteca Digital del Patrimonio Bibliográfico

El Estrecho de Juan de Fuca

Existía la creencia de que en el norte del Pacífico había un paso que daba entrada al Atlántico. Fueron muchos los navegantes que se adentraron en lo que se llamó la Alta California, y desde el siglo XVI bordearon la costa pacífica californiana en busca de una salida al Atlántico. Uno de los primeros fue Juan de Fuca, un navegante griego al servicio de la corona española, que fue en busca del llamado paso del noroeste.

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Detalle del estrecho de Juan de Fuca en una carta náutica española del siglo XVIII. Fuente BDH

El estrecho que lleva su nombre está a 48 grados al norte, pero todavía quedaba mucho por descubrir hasta llegar a un paso que uniera el Pacífico con otro mar, que no era el Atlántico.

Más intentos de encontrar el paso del Noroeste

El desconocimiento del Pacífico norte era general y absoluto, por lo que leyendas y mitos se mezclaban fácilmente con la realidad. En una carta que fray Andrés de Aguirre envió al arzobispo de México en 1583, se dice que:

“… no es de menos importancia proseguir el descubrimiento de aquella costa, de los 41º en adelante, para entender los secretos de ella, porque un angosto estrecho que llaman de Anián que según se tiene noticia es lo último descubierto de la costa de la China en cincuenta y dos grados de latitud” (Archivo General de Indias, México, 27).

Tras sus pasos fue Lorenzo Ferrer Maldonado a finales del siglo XVI. Afirmó, sin ningún argumento, que había llegado al estrecho de Anián a unos 60º al norte. Fue un embaucador que consiguió convencer a algunos eruditos, que creyeron su versión y en los siglos posteriores enviarían expediciones a esa zona. Del mismo estilo fantástico fue la aventura de Bartolomé de Fonte, que en 1640 dijo haber llegado sobre los 70 grados norte y haber hallado el estrecho. Contaba también que allí se había encontrado con un buque inglés que venía del Atlántico.

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Mapa del Ártico de Gerardus Mercator, edición de 1623, señalando el estrecho de Anian. Fuente: Gallica

Cartógrafos muy conocidos como Martínez, Ortelius, Mercator y Forlani incluyeron el estrecho en sus cartas. Incluso la Academia de Ciencias de París apostó por su existencia y por apoyar la versión de Ferrer Maldonado. Sobre el tema se publicaron varios libros que afirmaban la existencia del estrecho de Anián.

El estrecho de Anián señalado en un mapa de China del S. XVII. J. Hondius. Fuente: Gallica

La realidad, tal y como la entendemos hoy, es que hay un paso, mucho más arriba de lo que algunos afirmaban, pero no comunica el Pacífico con el Atlántico, sino con el Océano Ártico. Vitus Bering, un explorador danés al servicio del emperador ruso Pedro el Grande, cruzó este estrecho en 1728 y por eso lleva su nombre. En ese viaje, una parte de la tripulación murió de escorbuto. Se había demostrado que América y Asia no estaban unidas y que al Norte existía un estrecho corredor que separaba dos océanos, el Pacífico y el Ártico, como se puede ver en el mapa que se levantó con ocasión de esta expedición.

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El mapa que muestra el estrecho de Bering, todavía llamado de Anián. Fuente: Jefferys, 1776.

Curiosamente, antes de conocer los resultados de la expedición de Bering, muchos navegantes españoles, especialmente los oficiales de la Real Armada, tenían ya muy claro que allí no había ningún estrecho de Anián, pero las presiones del gobierno hicieron que se formara una expedición para buscar ese paso. Allí se dirigieron en 1792 las goletas Sutil y Mexicana, al mando de ilustres oficiales como Alcalá-Galiano y Cayetano Valdés, que pudieron corroborar, entre otros muchos asuntos, que en esas latitudes no existía el estrecho en cuestión.

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Vistas de costa levantadas desde las goletas Mexicana y Sutil, extraídas de las cartas de la expedición recogidas en la obra de Alcalá-Galiano, 1802. Fuente: BDH.

Si analizamos detenidamente estos relatos es fácil entender que todos tenían su parte de razón, que había un estrecho, pero erraron en el lugar de localización y a la hora de afirmar los mares que conectaba. Toda una aventura, con muchos navegantes a la busca del paso del Noroeste, que en el siglo XVIII quedó claro que existía, aunque mucho más al Norte, en tierras polares.

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El estrecho de Bering. Fuente: Google Maps

Más información

ALCALÁ-GALIANO, Dionisio, et al. Relación del viage hecho por las goletas Sutil y Mexicana en el año de 1792 para reconocer el Estrecho de Fuca: con una introducción en que se da noticia de las expediciones executadas anteriormente por los españoles en busca del paso del noroeste de la América. Madrid: Imprenta Real, 1802.

JEFFERYS, Thomas. The Russian Discoveries, from the Map Published by the Imperial Academy of St. Petersburg. London, Printed for Robt. Sayer, Map & Printseller, Nº 53 Fleet Street. London, 1776.

LOSA CONTRERAS, Carmen. Miscelánea: Nota sobre “El ejército y la armada en el Noroeste de América: Nootka y su tiempo”, de Leandro Martínez Peñas y Manuela Fernández (coord.). Revista de la Inquisición: (intolerancia y derechos humanos), 2013, 17, p. 271-274.

RODRÍGUEZ, Jimena. Mareantes mareados: El estrecho de Anián y las Naos a California. Romance Notes, 2015, 55,  4, p. 133-144.

SÁNCHEZ RAMOS, Valeriano. Lorenzo Ferrer de Maldonado (Berja, 1557-Madrid, 1626) y el paso del noroeste. El peculiar descubrimiento del mítico estrecho de Anián por las heladas aguas de Canadá y Alaska. Farua: Revista del Centro Virgitano de Estudios Históricos, 2013, 16, p. 65-92.

ZDENEK, Joseph W. La relación entre California y el Estrecho de Anián, según el cronista fray Antonio de la Ascensión. Revista de Occidente, 1974, n 132, p. 375-386.

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Hay organizaciones que se dedican a recoger datos sobre el estado del mar y de sus seres vivos. Pero no todas comparten esa información con el resto del mundo y Ocearch es una de las pocas que sí lo hacen. Fue creada en el año 2007 y desde su barco se dedican a marcar a tiburones, delfines, ballenas, leones marinos y tortugas, entre otros, para poder conocer sus desplazamientos y saber algo más de estos animales marinos errantes. Nos dan acceso a las rutas que desde hace miles de años recorren para alimentarse y reproducirse, y que se cruzan en nuestros caminos desde que la humanidad comenzó a hacer uso de la navegación.

Además de esta labor científica, también tiene actividades pedagógicas y de comunicación.

Las rutas marinas

Como el sistema de seguimiento es de gran interés para científicos, profesores y alumnos, entre otros, describimos brevemente las opciones y posibilidades, ya que es una magnífica herramienta, tanto para conseguir datos como para enseñar y aprender sobre la vida marina en el planeta.

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Página principal del sistema. Se ven los símbolos de los animales marcados a ambos lados del continente

Para obtener información se puede seleccionar, pinchando sobre el mapa, eligiendo una especie o mirando entre las que aparecen a la derecha de la imagen y marcando una de ellas. Una vez elegida la especie, permite buscar entre los ejemplares de ésta, y ofrece más información del animal seleccionado, como una fotografía, su nombre y algunos otros datos de interés.

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Ruta seguida por una tortuga, con las fechas correspondientes de la toma de datos

La pantalla se puede ir ampliando o disminuyendo para poder conocer las rutas. Dentro de cada una hay más opciones para seguir al animal. Se pueden seleccionar fechas específicas, ver más datos de cuándo se marcó, imágenes y poder seguirlo a través de las redes sociales, entre otras opciones.

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Ruta recorrida por un tiburón ballena en la costa noreste del continente australiano

También se puede acceder a las expediciones llevadas a cabo, los programas desarrollados e incluso descargarse los informes de años previos.

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La organización ha desplegado un importante sistema de difusión, que incluye, además de la herramienta de seguimiento y su web, su participación en distintas redes sociales y miles de imágenes en Instagram (como las de los animales que aquí aparecen).

Como puede comprobarse, Ocearch nos proporciona un potente e interesante recurso sobre la vida marina, sus rutas y la forma de llevar a cabo este ingente trabajo, que pueden ser de interés para muchos de nuestros lectores.

 

Más información

BEATLEY, Timothy. Making the Marine World Visible: Fostering Emotional Connections to the Sea. En Blue Biophilic Cities. Virginia: Palgrave Macmillan, 2018, p. 57-77.

CURTIS, Tobey H., et al. First insights into the movements of young-of-the-year white sharks (Carcharodon carcharias) in the western North Atlantic Ocean. Scientific reports, 2018, 8, 1, p. 10794.

DIPPENAAR, Susan M. Symbiotic Siphonostomatoida (Copepoda) collected from white sharks, Carcharodon carcharias (Lamniformes, Lamnidae), during the OCEARCH expedition along the coast of South Africa. Crustaceana, 2018, 91, 1, p. 103-111.

Web de Ocearch

 

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¿Sabe cuál es el motivo de que en el mar Negro se estén encontrando pecios griegos y romanos casi intactos?¿cómo es que aquí se conservan tan bien y en muchos lugares del Mediterráneo se han perdido para siempre? ¿hemos descubierto un túnel del tiempo?

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Localización del mar Negro

La historia de este mar explica el “milagro” de la conservación, y da muchas pistas sobre antiguas y desconocidas culturas establecidas en sus orillas hace miles de años, antes de que las civilizaciones sumeria, egipcia y minoica florecieran como tales.

El mar Negro en un antiguo portulano

Previamente a explicar la situación es necesario aclarar que las investigaciones no han acabado, que se dan múltiples desacuerdos en las fechas y en la magnitud de las catástrofes acaecidas, pero las evidencias son tan claras que ya no hay lugar a dudas de lo acontecido.

Cómo surgió la cuenca del actual Mar Negro

Es el resultado de los múltiples ajustes entre dos placas tectónicas, la euroasiática y la africana. Esta cuenca se creó hace millones de años. Parece que formó parte de un antiguo mar conocido como Tetis o Paleotetis. Con el fin de la última glaciación, por la bajada del hielo de los glaciares, se llenó de agua dulce. Era entonces un lago enorme.

En sus orillas se establecieron distintos pueblos, que tenían en este paisaje prácticamente todas las necesidades básicas cubiertas. Existen evidencias, por ejemplo, de una cultura agraria situada en la actual Bulgaria, que fueron grandes orfebres, como lo muestra el tesoro de Varna, el más antiguo del mundo.

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Una muestra del tesoro de la necrópolis de Varna

Hace entre 10000 y 7500 años, según autores, el mar Mediterráneo inundó literalmente este antiguo lago, convirtiéndolo ya en un mar. Esta inundación fue rápida, amplió la cuenca anterior y barrió muchos de los asentamientos primitivos establecidos en las costas.

Durante la Antigüedad clásica fue una importante encrucijada, nudo de comunicaciones y de comercio, amén de los viajes de exploración como el de Jasón y los argonautas, o las guerras que importantes autores como Homero nos transmitieron, entre ellas la de Troya (el rapto de Elena).

La doble capa de agua del mar Negro

A pesar de que en su época este hecho fue una auténtica catástrofe ambiental, es el que ha permitido la conservación de las naves que en tiempo antiguo naufragaron en el mar Negro. En su fondo las aguas apenas contienen oxígeno (son anóxicas).

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Profundidad en las distintas áreas del Mar Negro

A partir de cierta profundidad (entre 70 y 150 metros, según la región) las aguas contienen una elevada cantidad de sulfuro de hidrógeno, lo que impide la presencia de oxígeno y, por tanto, la vida marina, que es el factor biótico que más contribuye a degradar los restos hundidos.

Para los arqueólogos es uno de los mayores laboratorios submarinos del mundo, ya que conserva los pecios mejor que cualquier otro medio.

Algunas de las ciudades costeras más importantes del Mar Negro. Fuente

De todos los proyectos que han surgido, uno de los más ambiciosos es el de Arqueología Marítima del Mar Negro (Black Sea MAP), formado por investigadores ingleses, estadounidenses y búlgaros, descubrió recientemente el “naufragio intacto más antiguo del mundo“.

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Sin embargo, este no es el único, sólo el más antiguo. En los fondos se han hallado hasta el momento más de 60 pecios de naves romanas, bizantinas, otomanas y cosacas. Todo un maravilloso y fantástico mundo por descubrir…

Más información

BRENNAN, M.L. et al. Ocean dynamics and anthropogenic impacts along the southern Black Sea shelf examined through the preservation of pre-modern shipwrecksContinental Shelf Research, 2013, 53, p. 89-101.

Mar Negro. EcuRed (s.f.)

Mar Negro. GeoEnciclopedia (s.f.)

OCAÑA PÉREZ, C. Un cementerio de barcos revela más de 2.500 años de Historia naval bajo las profundidades del mar Negro. El Mundo, 28 septiembre 2017.

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En una entrada anterior hablamos de la Geografía de Ptolomeo. Usamos una de las muchas ediciones existentes (todas copias, porque el original se perdió), que sin ser la mas artística, era de las que servían para encontrar rápidamente, precisamente por la falta de colores, las miles de ciudades, muchas de ellas costeras. Ahora, por la belleza de sus imágenes, traemos la Cosmografía de este mismo autor. No es una obra distinta, sino que en los albores del Renacimiento quienes la copiaron decidieron cambiarle el nombre original por otro mas sonoro.

Gracias a que se puede utilizar libremente, podemos disfrutar de la cartografía marítima de un autor, que en época antigua se atrevió a dibujar el mundo entonces conocido, y con ello dio paso a otros que en siglos posteriores levantarían magníficos portulanos e impresionantes cartas náuticas.

En el mapa mundi superior aparecen 12 vientos romanos, cuyas denominaciones han variado según la época. Hacemos una enumeración de estos vientos, en sentido de las agujas del reloj, a partir del Norte. Al principio encontramos su nombre en latín y entre paréntesis su correspondiente en español.

  • Septentrio (Septentrión, Polar  N.)
  • Aquilo (Aquilón, NNE)
  • Vulturnus (Volturno,  NE)
  • Solanus (Solano   E. De donde sale el Sol)
  • Eurus  (Euro, ES)
  • [Ilegible]
  • Austro/Notus  (Austral/Noto, S)
  • [Ilegible]
  • Africus (Ábrego, SW)
  • Cefirus (Céfiro, W)
  • Caurus (Coro, NW)
  • Circius (Cierzo, NNW)
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La Península Ibérica, algo distinta de la actual

El autor y su teoría geocéntrica

Claudio Ptolomeo (c. 100-180) es uno de los mayores exponentes del saber de la Antigüedad, que trabajó especialmente en las áreas de la Geografía. Durante siglos sus obras fueron copiadas, seguidas y utilizadas como guías de viaje. Sólo cuando su teoría de que la Tierra estaba en el centro del mundo se demostró que era incorrecta, dejó de ser el modelo a seguir.

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La Península arábiga, rodeada de mares

A pesar de que hay errores frecuentes, la estética de estos mapas (iluminados en el s. XV) es imponente, llamando la atención el color azul de los mares cartografiados, cuyos nombres delatan que estamos ante la visión del mar del hombre de la Antigüedad, mucho menos exacta que la actual, pero amplia y abierta. En los mapas hallamos denominaciones como Pontus Euxinus (Mar Negro) u Oceanus Occidentalis y Exterius Mare para el Océano Atlántico. Junto a ellas también aparecen los nombres que han llegado hasta la actualidad, aunque adaptados al idioma español, tales como Cantabricus, Adriaticum o Indicum.

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El Océano Índico bañando parte de las costas asiáticas

El libro primero contiene generalidades, mientras que en los siguientes podemos encontrar un prontuario (o compedio) detallado de cartografía como aplicación práctica, ya que el propósito real de Ptolomeo era dibujar un mapamundi, es decir hacer una representación gráfica del mundo.

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Parte de la costa africana, en el sur del Mediterráneo

Según la Real Academia de la Historia de España, la amplia y prolongada resonancia de esta obra durante la Edad Media, e incluso hasta el S. XVI, consiguió convertirla en una guía muy buscada por los viajeros, que en sus periplos creían reconocer algún lugar de los indicados por Ptolomeo.

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Las costas de Asia Menor y el Pontus Euxinus

Esta es una de la obras de la Antigüedad Clásica que los hombres del Renacimiento se encargaron de recuperar e iluminar, proporcionándonos un rico patrimonio que sirve tanto para estudiar el pasado como para admirar la pericia y calidad artística de nuestros antecesores.

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Mar Caspio

Un ejemplar de esta Cosmografía está en la Biblioteca Nacional de España, y se puede consultar a texto completo gracias a la Biblioteca Digital Hispánica.

Nota curiosa: De una de las copias de esta obra, la que pertenece a la Biblioteca Nacional de España, fueron robados los famosos mapamundi de Ptolomeo. Años mas tarde serían encontrados en Australia, tras ser vendidos en una casa de subastas, y en Nueva York.

Más información

Cosmografía de Claudio Ptolomeo. Real Academia de la Historia. 2016.

La Cosmographia de Ptolomeo. Serie “Mapas recuperados”. Biblioteca Nacional de España.

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Parece una leyenda, pero es real. Durante siglos quienes desde Europa viajaban a América debían cruzarlo. No es un mar, pero su superficie es tan enorme que lo llamaron así. Es una impresionante acumulación de algas con poderes para paliar o curar ciertas enfermedades, pero también para hacer varar barcos. Se conoce como el mar de los Sargazos. En esta entrada vamos a basar en un artículo reciente del experto J. Pérez de Rubín, del Instituto Español de Oceanografía.

Una aproximación al territorio marino ocupado por este mar de algas

Una aproximación al territorio marino ocupado por este mar de algas

Los primeros navegantes que cruzaron el Atlántico 

Ya Colón, y antes algunos intrépidos marineros andaluces y portugueses, hablaban de estas algas. De hecho, una de las causas de temor entre los primeros navegantes era encontrarse con ellas, ya que todo el entorno cambiaba, apenas se veía el agua, el color pasaba a ser amarillento verdoso y el olor era muy distinto. En resumen, había quien pensaba que era como estar en el infierno.

acumulaciones de este alga en la orilla

Acumulaciones de este alga en la orilla

Gonzalo Fernández de Córdoba, el gran capitán, decía de ellas:

“Hallaron en el mar grandes praderías de hierba sobre el agua que llaman salgazos, y se andan sobre aguadas en la superficie del mar. Las cuales según los tiempos y aguajes suceden, así corren y se desvían o se allegan a oriente o a poniente, o al sur o a la tramontana, a y aves se hallan a medio golfo, e otras veces mas tarde e lejos o mas cerca de España”.

Sargazos

A lo largo de los siglos han sido muchos los navegantes, marinos, médicos y científicos que han hablado de ellas, y la gran mayoría eran españoles, cuyas obras fueron, por su claro interés, traducidas a otros idiomas rápidamente. Las narraciones mas antiguas son las de Hernando Colón, el hijo del Almirante, Nicolás Monardes, Juan López de Velasco, las Casas, y Pedro Martir de Anglería. Ya en el siglo de la Ilustración el número de científicos interesados en estas acumulaciones marinas aumentó, y a partir de ese momento empiezan a surgir teorías sobre su formación.

Sargazos en las idílicas playas de Tolum (México)

Un gran oficial de la Armada española, Alejandro Malaspina, cuando preparaba su viaje alrededor del mundo se informó precisamente de las propiedades de las algas para evitar la llamada “peste del mar”.

Recogiendo algas en el Puerto de Acapulco. Detalle.


De hecho, hay ilustraciones de la expedición en las que se puede apreciar a la tripulación recogiéndolas en las orillas del mar (arriba).

Tortuga marina. Los sargazos le sirven de alimento y de protección.

Múltiples denominaciones

Estas algas han recibido diversos nombres, entre ellos sargazo, salgazo, hierbas, algazo, lechuga de mar, fuco, ova, cachiyuyo, ceiba, mar de hierbas, entre otros.

Usos de los sargazos

Aparte de infundir temor y dificultar la navegación, estas inmensa praderas oceánicas fueron usadas como alimento y también como medicamento.

a) Ensalada de algas

En los buques se preparaban como comida para evitar el temible escorbuto (la “peste de la mar”) antes de descubrir el remedio “mágico”: el zumo de limón.

Tras dos cocciones del sargazo en agua, preferiblemente dulce, “hasta que las yerbas se pongan blancas. Se sacarán entonces a un plato y se les echará encima un jugo de aceite crudo, o hervido con ajos, y la cantidad correspondiente de vinagre. Quedará de un hermoso color verde, privada enteramente del olor a marisco, y agradable al gusto”.

b) Propiedades medicinales

También se usaron como diurético, tal y como describe en el siglo XVI Acosta, un médico hispano-portugués:

“Esta yerba se conserva en vinagre y sal, y así tiene el mismo sabor que el hinojo marino. Yo la hice echar a unas cabras que en la nave venía y la comían con gana… Un marinero que en la nave venía comió de ésta cruda y cocida, diciendo que le sabía muy bien, y a pocos días me dijo que se hallaba mucho mejor y se llevó de ellas para comer en tierra” (versión adaptada). Su obra fue traducida y copiada en otros países europeos.

Giro de la corriente. Fuente

Un “mar” lleno de vida

Uno de los primeros científicos en describir de manera acertada estas algas fue el gran Humboldt. Actualmente sabemos que estas islas vegetales a la deriva son un hábitat imprescindible para una gran cantidad de animales, y que se mantienen a flote gracias a unas pequeñas vesículas que están llenas de gas.

Protección del ecosistema

La Declaración de Hamilton (2014) se firmó para impulsar la colaboración intergubernamental para proteger este ecosistema oceánico único.

Más información

PÉREZ DE RUBÍN, J. Las algas y los antiguos navegantes españoles (1492-1792). Revista del Instituto Español de Oceanografía, 2016, 24.

Un mar como ningún otro. Ocean 71. 2016.

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