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Archive for the ‘Islas’ Category

Alborán es un nombre que evoca, es la evolución de un término árabe sonoro que ha servido para denominar una pequeña isla mediterránea española. De ésta tomó nombre el mar de Alborán, que está situado entre el sur de la Península Ibérica y la costa norteafricana. La isla, situada en sus límites, que apenas tiene 2 km, se localiza al sur de Adra y al norte del cabo de Tres Forcas. Tiene una altura máxima de 14 m sobre el nivel del mar y con frecuencia se distingue por el faro que allí existe. También hay, a unos cien metros dirección nordeste, un islote, denominado de La Nube. Por su emplazamiento, en medio del mar abierto, así como por la falta de relieve, suele estar muy azotada por el viento. Su atractivo es el litoral, con agua clara y, en especial, la presencia de caladeros de gran importancia comercial, ricos en especies como la gamba roja, besugo, merluza y cigala.

La Isla de Alborán tiene un pasado que alberga leyendas acerca de los corsarios, monjes de Europa del Este, fareros, conquistas post-colombinas, pilotos de las guerras mundiales y también civiles. Pertenece administrativamente a Almería, aunque en el pasado formó parte de la provincia de Málaga.

Alborán señalada en el Mapa de Barentz

Un poco de historia

Las costas del mar de Alborán han estado habitadas desde el origen de la civilización y es uno de los espacios de mayor importancia geoestratégica mundial. Sus riberas han sido testigos del nacimiento de algunas de las primeras culturas, como la de los Millares (IV milenio a.C.) y la del Argar (III milenio a.C), que desarrollaron en él parte de sus actividades.

Primeras culturas establecidas en las inmediaciones. Fuente

El testimonio más antiguo encontrado de la isla es del geógrafo romano Rufo Festo Avieno, del siglo IV d. C., en su obra Ora Maritima (un poema latino que describe las costas e islas mediterráneas y atlánticas de la península Ibérica en la antigüedad). En él cita la isla de Noctiluca, que parece que es la de Alborán. En esos momentos en ella había un santuario usado por indígenas procedentes de los dos continentes cercanos. Existen evidencias (restos de lamparillas púnicas, así como de ánforas y anclas romanas encontradas en su superficie y bajo el agua, en sus proximidades) de la presencia de navegantes griegos, fenicios y cartagineses en la isla y su entorno, que fondearon allí durante sus rutas de navegación.

La isla de Alborán

Aparece ya en antiguas cartas de navegación como punto estratégico, fondeadero, zona de descanso y encrucijada de vías comerciales que unían ambos continentes, tanto desde el Atlántico como del Mediterráneo.

Su importancia no evita el problema generado por sus bajíos, lo que la convertía en un área de naufragios. Igualmente ha sido escenario de batallas, como el combate naval en 1540 que enfrentó a las galeras reales con corsarios turcos y berberiscos, saldándose con más de 800 muertos. También fue refugio de piratas, corsarios y contrabandistas. Entre ellos destaca el legendario corsario tunecino conocido como Al-Borani (cuyo nombre en turco significa tempestad o tormenta) que muy posiblemente dio nombre a la isla y al mar que la rodea.

Una vista aérea del faro

El mar de Alborán es la región del Mediterráneo que recibe el agua atlántica que fluye por el estrecho de Gibraltar en superficie, desde el cercano golfo de Cádiz, y la última cuenca que atraviesan en profundidad las aguas del Mediterráneo antes de salir al Atlántico. Por ello, en Alborán se superponen masas de agua formadas tanto en el Mediterráneo oriental y occidental como en el Atlántico que, unido a la forma de la cuenca, hacen que la circulación general sea de gran complejidad.

El faro

En 1859 se decidió construir un faro, que se encendió por primera vez diecisiete años después. Contaba con una plantilla de cuatro torreros. Desde ese momento su luz ha tenido varias adaptaciones a los nuevos sistemas. Así, en 1915 se terminó la instalación de un sistema de petróleo por incandescencia, que permitía un alcance de 23 millas con buen tiempo. En 1936 se automatizó con un sistema de acetileno y ya en 1984 se electrificó. Actualmente funciona con energía solar.

Aunque en algunos momentos allí vivieron varios pescadores, las condiciones de vida eran bastante difíciles en la pequeña isla. Al estallar la II Guerra Mundial, el gobierno español situó en la isla un destacamento de la Marina para defenderla. Como surgieron problemas para la estancia, se eliminó la obligación de residir en la isla, por lo que muchos de sus trabajadores se fueron, alojándose en el continente.

Dibujo del archiduque Ludwig Salvator de Austria en 1898. Fuente: Biblioteca Pública Provincial Francisco Villaespesa (Almería)

En ella abunda un mineral al que la isla también ha proporcionado su nombre, la alboranita. Según su descubridor es una roca volcánica con un carácter intermedio entre los basaltos y las andesitas.

Alboranita. Fuente

Actualmente sólo viven en ella miembros de la Armada allí destinados, que no suelen más de 11 personas y que no residen de manera continuada, sino que van siendo reemplazados. Desde 1997 es una reserva marina de España, tanto por su elevada biodiversidad, como por su vulnerabilidad frente a las pescas abusivas, profesionales y recreativas.

Más información

BÁEZ, José Carlos, et al. (ed.). Alboran Sea-Ecosystems and Marine Resources. Springer Nature, 2021.

CASCIELLO, Emilio, et al. The Alboran Domain in the Western Mediterranean evolution: the birth of a concept. Bulletin de la Societe Géologique de France, 2015, 186, 4-5, p. 371-384.

COMAS, M. C., et al. The origin and tectonic history of the Alboran Basin: insights from Leg 161 results. En Proceedings of the ocean drilling program scientific results, 1999, p. 555-580.

PARACUELLOS, Mariano; NEVADO, Juan C. y MOTA, Juan F. (dirs.). Entre África y Europa. Historia Natural de la Isla de Alborán. Sevilla: Junta de Andalucía, 2006.

PARACUELLOS, Mariano; NEVADO, Juan C.; y MOTA, Juan F. La isla de Alborán, un olvidado entorno de gran trascendencia ecológica para el MediterráneoParalelo 37, 2007, 19, p. 111-122.

PEREA, Hector, et al. Revealing the earthquake history during the last 200 ka on a large submarine strike-slip fault: The Yusuf Fault System (Alboran Sea). 2020.

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Uno de los yacimientos neolíticos más antiguos y mejor conservados de Europa, que además está situado a la orilla del mar, se halla en las islas Orcadas, un remoto archipiélago en el Mar del Norte, frente a las costas septentrionales de Escocia. Es un ejemplo de la tremenda capacidad de adaptación del ser humano, capaz de pasar de ser sólo un nómada recolector de recursos marinos a conquistar un espacio.

Se llama Skara Brae y se ha conservado porque, de forma natural, quedó cubierto por la arena al poco tiempo de que sus habitantes lo abandonaran. Los restos de las casas están situadas sobre la bahía de Skaill. La preferencia por los sitios costeros sugiere que los constructores eran marineros.

Vista del poblado, con el mar al fondo. Fuente

El asentamiento

Mientras estuvo habitado se asentaba en la orilla de un lago interior que fue inundado, por lo que actualmente se encuentra a orillas del mar. Tiene cerca de 5000 años de antigüedad, por lo que es más antiguo que las tres grandes pirámides de Egipto, y fue descubierto en 1850 gracias a una tormenta de invierno, que levantó la arena y la hierba, dejando al descubierto un conjunto de viviendas, con camas de piedra y chimeneas, permitiendo conocer cómo vivían y trabajaban en las Orcadas de la época Neolítica. Pertenecen a dos períodos distintos.

Resto de una de las casas

El poblado era un asentamiento construido en piedra, formado por 10 casas agrupadas, todas con un diseño similar. En sus mejores momentos podía estar habitado por unas cincuenta personas.

Esquema del poblado que muestra la evolución en distintas etapas. Fuente

Las viviendas
Las casas se enterraron en el suelo con objeto de protegerlas de los fríos del invierno y tenían unos 40 metros cuadrados cada una. La entrada era una puerta baja hecha de losas de piedra y estaban amuebladas de manera parecida. Había una chimenea central, cerca de ella una cama y también una cómoda en la pared opuesta a la entrada. Se podían encontrar más «muebles» hechos con piedra, como armarios, asientos, aparadores, así como cajas de almacenamiento.

Aperos y herramientas

Como apenas crecen árboles en esas latitudes, sus habitantes siguieron utilizando recursos marinos, pero ahora para mejorar sus asentamientos. Por ejemplo, recogían maderas que la marea había dejado en la playa, que junto a los huesos de ballena más grandes (costillas y las mandíbulas) mezclaban con hierba y paja para cubrir sus viviendas. Los huesos más pequeños se usaban para hacer cuencos, colgantes y otros utensilios domésticos. También se encontraron tanques en los que los mejillones podían mantenerse vivos hasta que se consumieran.

Sobre sus habitantes

Los investigadores sugieren que los ocupantes de Skara Brae viajaban mucho y que era la ubicación de las estrellas la que les proporcionaba un medio de relacionar el cielo nocturno observable con la posición geográfica, un conocimiento vital para la gente de mar. En estos viajes, los marinos del Neolítico lograron llegar hasta varios grupos de islas como la de Man, las de Scilly y Malta, y allí se establecieron (Nash 2016).

Para los marinos nórdicos que dejaron su tierra natal para establecerse allí, las islas Orcadas se convirtieron en una base central desde la que podían viajar y comerciar.

Reconstrucción del interior de una de las casas. Fuente

El yacimiento

Inicialmente fue excavado por Gordon Chile en los años 20 y 30 del siglo XX. Ya en el año 1972, se dirigió por D.V. Clarke. Ambos demostraron que los habitantes de la aldea habían sido además de navegantes, también agricultores y ganaderos.

Este yacimiento fue inscrito como Patrimonio de la Humanidad en el año 1999, junto a otros de las Orcadas como Maeshowe, el Anillo de Brodgar y las Rocas de Stenness. En esta web se pueden ver más imágenes del yacimiento.

Más información

BALASSE, Marie, et al. Seaweed-eating sheep and the adaptation of husbandry in Neolithic Orkney: new insights from Skara Brae. Antiquity, 2019, 93, 370, p. 919-932.

CASO DE LOS COBOS, G. Skara Brae, un asentamiento neolítico atrapado en el tiempo. Terrae Antiquae, 2014.

CHILDE, V.; PATERSON, J.; BRYCE, Thomas. Provisional Report on the Excavations at Skara Brae, and on Finds from the 1927 and 1928 Campaigns. With a Report on Bones. En Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, 1929. p. 225-280.

CHILDE, V.; WATSON, David & ROBINSON, A. Final Report on the Operations at Skara Brae. En Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, 1931. p. 27-77.

CHILDE, Gordon. A New Skara Brae. The Antiquaries Journal, 1938, 18, 4, p. 402-403.

EDMONDS, Mark. Orcadia: Land, sea and stone in Neolithic Orkney. Head of Zeus Ltd, 2019.

NASH, George & TOWNSEND, Andrew (ed.). Decoding Neolithic Atlantic and Mediterranean Island Ritual. Oxford: Oxbow Books, 2016.

ROMANIUK, Andrzej A. et al. Combined visual and biochemical analyses confirm depositor and diet for Neolithic coprolites from Skara Brae. Archaeological and Anthropological Sciences, 2020, 12, 12, p. 1-15.

WARD, Fleur. The Changing Presentation of Skara Brae in Guidebooks, 1933 to today. 2016.

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Existe una profunda controversia sobre cuál es el origen de los actuales habitantes de las islas del Pacífico. Los investigadores debaten si los hombres primitivos llegaron desde Asia o fue a través de otros lugares. Aunque la polémica no ha acabado todavía, y posiblemente falten muchas investigaciones por llevar a cabo, algo sabemos ya de las migraciones que tuvieron lugar hace miles de años, que poblaron las islas de Polinesia, Melanesia, Micronesia y Oceanía, que son más de 25.000. Si de algo no se duda es de la capacidad de esos pueblos para la navegación y de que traspasaron esos conocimientos a sus descendientes austranesios (habitantes del Pacífico sur y parte del Índico, como Madagascar).

Una de las divisiones de las islas del Pacífico. Fuente

Origen asiático

Parece que hace unos 5500 años algunos habitantes de Taiwán y de Filipinas se aventuraron en el inmenso Océano Pacífico y llegaron, en sucesivas oleadas, a esta parte del mundo. También sostienen que fueron hasta Madagascar y a la isla de Pascua. El estudio se basa en análisis de ADN y se llevó a cabo en el prestigioso Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, en el año 2018.

Rutas seguidas por las navegantes en sus colonización del Pacífico sur. Fuente: Irwin 2008

Llegan al Pacífico Sur

La aparición de personas asociadas con la cultura lapita (conocida así la que se generó tras la migración) en el Pacífico Sur hace unos 3000 años marcó el comienzo de una gran dispersión humana a tierras remotas. Sin embargo, su relación con los pueblos que ya habitaban las islas, como los de Papua, en la región de Nueva Guinea, o los del norte de Australia, no está clara y se sigue investigando. 

Habitantes de la isla de Tahití a principios S. XIX. Fuente: Biblioteca Nacional de Francia

Cultura lapita

La mayoría de los yacimientos lapita están localizados en poblados costeros. El mar les proporcionaba comida en abundancia y los esqueletos de algunos moluscos eran utilizados para hacer anzuelos y azuelas, además de adornos (brazaletes y cuentas), así como otros objetos decorativos y valiosos.

Apenas hay enterramientos lapitas en los que se han hallado restos humanos, aunque se han encontrado más frecuentemente fragmentos de cerámica roja con diseños complejos. En las islas Vanuatu, sí que han aparecido restos humanos, que tienen unos 3000 años de antigüedad, momento en el que los lapita se adentraron en el Pacífico, desde el archipiélago de Bismarck de Nueva Guinea, extendiéndose hasta Samoa y Tonga.

Restos de cerámica lapita. Fuente: Stone 2006

Los esqueletos encontrados no tenían cabeza, lo que es una característica de otras culturas del Pacífico. Algunos tenían anillos de concha cónica en lugar de cráneos, lo que indica que las tumbas se volvieron a abrir después del entierro y las cabezas se retiraron ceremonialmente, según Bedford. 

Restos de cerámica roja lapita. Fuente: Spetch 2014

Se han hallado varias tinajas, algunas de ellas son de uso funerario. El borde interior de una presenta cuatro pájaros de arcilla mirando hacia dentro del recipiente. Las vasijas son similares en forma a la cerámica roja que se encuentra en Taiwán y las islas del sudeste asiático, lo que refuerza el argumento de que los pueblos lapita al menos se detuvieron en esta región en su migración hacia el este.

Canoa de las Molucas con doble batanga. Fuente: Forrest, 1779. Biblioteca Nacional de España (BNE)

Un pueblo de grandes navegantes

Lo que sí es evidente es que eran grandes navegantes y que transmitieron sus conocimientos en todos los lugares que habitaron. Este hecho es la base de que cuando los colonos europeos llegaran a tierras australes se quedaran sorprendidos de las habilidades náuticas de estos pueblos, que para ellos eran primitivos.

Canoa tahitiana. Fuente: Biblioteca Nacional de Francia

Un estudio detallado de los sistemas de navegación, como el de Lewis, afirma que en sus viajes por mar se basaban en datos procedentes del análisis visual del oleaje, del vuelo de las aves o de la evolución de las nubes durante el día y de la observación de las estrellas durante la noche. Y que éstos sustituyeron durante siglos a nuestros sextantes, brújulas y demás instrumentos que en Europa se usaban para orientarse.

Herramienta de orientación hecha con piedras y ramas. Fuente

Para concluir

Aunque las investigaciones continúan, parece que desde el sureste asiático, con base en Taiwan y alguna otra isla, varios grupos de personas se aventuraron en un largo viaje hacia el sur, llegando hasta las islas del Pacífico sur, Madagascar e incluso la isla de Pascua. Posiblemente fueron desde unos archipiélagos a otros hasta terminar de colonizar la mayoría de ellas. Transmitieron sus profundos conocimientos sobre navegación, de forma que hasta que llegaron los europeos, casi tres mil años después, éstos se fueron pasando entre generaciones y enriqueciendo poco a poco.

Dibujo de Nueva Guinea, del libro de Forrest 1779. Fuente: BNE

Más información

BEDFORD, Stuart; SPRIGGS, Matthew & REGENVANU, Ralph. The Teouma Lapita site and the early human settlement of the Pacific IslandsAntiquity, 2006, 80, 310, p. 812-828.

BEDFORD, Stuart, et al. Lapita and Western Pacific settlement: Progress, prospects and persistent problemsOceanic Explorations, 2007.

BEDFORD, Stuart; SAND, Christophe; P CONNAUGHTON, Sean. Oceanic Explorations (TA26): Lapita and Western Pacific Settlement. ANU Press, 2007.

FORREST, T. A voyage to New Guinea, and the Moluccas, from Balambaugan Texto impreso: including an Account of Magindano, Sooloo, and other Islands … Belonging to the Honorable East India Company, Duriong the years 1774, 1775, and 1776. London: Printed by G. Scott, 1779.

IRWIN, Geoffrey. Pacific seascapes, canoe performance, and a review of Lapita voyaging with regard to theories of migrationAsian Perspectives, 2008, 47, 1, p. 12-27.

KINASTON R, et al. Lapita Diet in Remote Oceania: New Stable Isotope Evidence from the 3000-Year-Old Teouma Site, Efate Island, Vanuatu. PLoS ONE, 2014, 9(3): e90376.

KIRCH, Patrick Vinton. The Lapita peoples: ancestors of the oceanic world. The Peoples of South-East Asia and the Pacific. Cambridge: Blackwell, 1997.

BEHMARAS, M. La gente Lapita. Amuraworld. S.f.

MATISOO-SMITH, Elizabeth & ROBINS, Judith H. Origins and dispersals of Pacific peoples: evidence from mtDNA phylogenies of the Pacific rat. Proceedings of the National Academy of Sciences, 2004, 101, 24, p. 9167-9172.

MCNIVEN, Ian, et al. New direction in human colonisation of the Pacific: Lapita settlement of south coast New Guinea. Australian Archaeology, 2011, 72, 1, p. 1-6.

SPECHT, Jim, et al. Deconstructing the Lapita cultural complex in the Bismarck Archipelago. Journal of Archaeological Research, 2014, 22, 2, p. 89-140.

STONE, Richard. Graves of the pacific’s first seafarers revealed. Science, 2006, p. 360.

SUMMERHAYES, Glenn, et al. Lapita interaction. Canberra, ACT: ANH Publications, 2017.

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En pleno océano Pacífico, a la altura de Chile, hay archipiélagos poco conocidos cuya historia es muy interesante. Esta semana vamos a tratar sobre unas islas alejadas del continente americano, con unos nombres poco comunes y una historia de supervivencia humana, unida a una profunda admiración por su medio natural.

Descubiertas por el cartagenero Juan Fernández en el siglo XVI, el archipiélago que hoy lleva su nombre está compuesto por tres islas de cierto tamaño, profundamente montañosas y difíciles de transitar, pero de una belleza intrínseca que las ha convertido en Parque Nacional. Una se llamaba hasta mitad del siglo pasado «Mas afuera» y la otra «Más alla». La tercera, la más pequeña de las tres, es Santa Clara. Es habitual que las islas lleven el nombre de sus descubridores, de reyes, nobles o de santos, por lo que es curioso que a éstas dos primeras se las denominara de esa forma.

El archipiélago de Juan Fernández, con sus tres islas más significativas. Este mapa no se corresponde con la situación geográfica, ya que las dos mayores están mucho más separadas

En 1977, la Unesco clasificó estas tierras insulares aisladas como reservas de la Biosfera, y en ellas casi el 65% de las especies de plantas son endémicas y hay animales únicos, como el león marino de las islas, la pardela y el colibrí rojo, entre otros.

La isla de «Mas Afuera«

Actualmente se llama de Alejandro Selkirk, pero mucho antes era llamada Isla de los Perros y de Más Afuera. Recibió este último nombre porque está a unos 165 kilómetros hacia el occidente de las otras, que están mucho más juntas y menos alejadas del Chile continental (a más de 600 km.). Su denominación actual se debe a un marinero escocés que vivió como náufrago en el archipiélago a principios del siglo XVIII, aunque no hay constancia de que visitara esta isla en concreto. Tiene alrededor de cincuenta kilómetros cuadrados de extensión y a principios del siglo XX fue una cárcel.

En ella no hay bahías que protejan la costa de las olas y de los vientos, por lo que cualquier nave que allí quiera entrar debe ser varada en una rada para que no se estrelle contra las rocas.

Es una residencia estacional, ya que los pescadores y sus familias viven en ella temporalmente durante los meses que se lleva a cabo la pesca de la langosta. De cualquier forma, aunque quisieran permanecer en ella, no se puede habitar de manera continuada porque es un Parque Nacional. Por ello no se ofrecen la mayoría de los servicios de los que actualmente disfrutamos, motivo por el que está considerada como una de las zonas más aisladas del mundo. A pesar de las duras condiciones de vida, sus habitantes estacionales hablan admirados de ella.

Este detalle de la cartografía de las costas de Chile (1799) recoge el antiguo nombre dado a la isla. Fuente: BNE

El insigne escritor argentino Sarmiento la comparaba con un enorme cetáceo, que levanta sus lomos sobre las olas, adoptando la forma de una ballena inmóvil y dormida. A ella también llegaron, pero sin desembarcar, los marinos españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa durante el siglo XVIII.

La isla de «Mas Allá»

Es la mayor y en la que está situada la capital. Hoy se llama Robinson Crusoe, pero los más ancianos siguen llamándola así o uniendo ambas palabras «masallá».

Descripción de la Ysla Grande, de Juan Fernández 1743, que como puede verse también representa la isla de Santa Clara

Es más rica en recursos naturales y también más fácil de fondear en ella, por lo que está habitada de manera continuada. También han dedicado parte de sus instalaciones al turismo ecológico.

Isla Robinson Crusoe del archipiélago Juan Fernandez. Foto: José Carvajal

La isla posee una espectacular belleza, que con sus enormes montañas y la vegetación endémica la convierten en un lugar único. San Juan Bautista, situado en la Bahía Cumberland, es el lugar donde se concentra la mayor parte de la población, que suele oscilar entre los 500 y los 600 habitantes.

La historia que dio nombre a las dos islas

El nombre de Robinson Crusoe con el que se conoce la isla es literario y fue creado por Daniel Defoe, cuya novela se hizo muy famosa. El auténtico personaje que allí naufragó se llamaba Alexander Selkirk (como la otra isla). Terminó allí en el año 1703 tras una fuerte disputa con el capitán del barco corsario Cinque Ports. El enfrentamiento surgió porque Selkirk mantenía que era mejor arreglar la nave en la que viajaban antes de adentrarse en pleno océano. Como el capitán no pensaba igual lo que hizo fue dejar al marino escocés en la isla, sólo, con apenas unas herramientas que serían encontradas dos siglos después. Sobrevivió como pudo durante años y sin compañía alguna. Salió de ella cuando el 2 de febrero de 1709 llegó otro barco corsario, el Duke, capitaneado por William Dampier, que lo llevó a su patria. A su vuelta a Inglaterra se convirtió en una celebridad y dio pie a la novela de Defoe.

Portada de una edición en español del siglo XIX. Fuente: BDH

A mediados del siglo XX una intensa campaña para cambiar el nombre antiguo a las islas, hizo que en 1966 el gobierno chileno decidiera que las nuevas denominaciones estarían vinculadas con la literatura de Defoe, surgiendo así, en el archipiélago de Juan Fernández, dos nuevas formas de llamar a dos antiguas islas, «Más Allá» y «Más Afuera», que serían conocidas a partir de ese momento como Robinson Crusoe y Alejandro Selkirk.

Más información

MÉNDEZ MARDONES, Rubén Félix, et al. Propuesta estratégica para implementar micro-redes basadas en energías renovables no convencionales en comunidades con aislamiento extremo: caso de estudio, Isla Alejandro Selkirk, Archipiélago Juan Fernández. 2017.

PINSENT, Brinck, et al. Plástico/Endémico: identidad y aislamiento en el archipiélago Juan Fernández: etnografía de las islas Robinson Crusoe y Marinero Alejandro Selkirk. 2005. Tesis Doctoral. Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

VICUÑA MACKENNA, Benjamín. Juan Fernández: historia verdadera de la isla de Robinson Crusoe. Santiago de Chile: Ed. Rafael Jover, 1883.

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Este paradisíaco territorio americano fue conocido como la isla de los demonios, ya que los primeros navegantes españoles tuvieron enormes dificultades para fondear en ella y creían que estaba habitada por estos seres malignos. Realmente era debido a su situación geográfica, pero en el siglo XVI, para los marinos hispanos, era sinónimo de desastres y de hechos diabólicos.

Localización del archipiélago de las Bermudas en el mapa

Su nombre se debe a su descubridor Juan Bermúdez, que inicialmente la nombró La Garza, como su nave, pero luego se llamó como el primer europeo que estuvo en ella. Sin embargo, España nunca la reclamó como suya, ya que tomar tierra era un auténtico milagro, según los primeros navegantes.

Las Bermudas son un archipiélago de 138 islas e islotes de escasa altitud, todos ellos en la inmediaciones de la isla principal, llamada Bermuda o Gran Bermuda.

Bermudas en una carta de principios del siglo XVIII. Fuente: BNE

Varios textos del siglo XVI hacen alusión a la idea de que la isla grande estaba embrujada o habitada por demonios, ya que los naufragios eran muy frecuentes. Escalante de Mendoza, en su Itinerario de Navegación, se refiere a que los mares cercanos a ella estaban, según los primeros navegantes de la Carrera de Indias, poblados de diablos.

«Y llegados sobre la isla de la Bermuda, nos tomó allí una tormenta, que suele tomar a todos los que por allí pasan, la cual es conforme a la gente que dicen que en ella anda, y toda la noche nos tuvimos por perdidos….»

Sin embargo, Escalante no se terminaba de creer estas historias, a pesar de que las recogía en sus textos, como sostiene Pérez-Mallaína:

Los problemas para fondear en el archipiélago

Las dificultades venían de dos fenómenos característicos: por una parte, el arrecife coralino que la rodea, con múltiples cayos, que hacen difícil la navegación en sus costas y, por otra, los ciclones y huracanes que azotaban con fuerza esta parte del Caribe, especialmente durante el verano (junio, julio y agosto).

En esta imagen se puede ver el arrecife coralino que rodea las islas

Se acaba el mito y empieza la colonización europea

Sin embargo, el naufragio de un barco inglés en estas aguas contribuyó a que los miedos a la isla demoniaca desparecieran, y a que se empezara a ver este archipiélago de otra forma. Así, en 1609 un navío, el Sea Adventure, que formaba parte de la flota que la Compañía de Londres mandó a Virginia (hoy en Estados Unidos) con alimentos y colonos, naufragó al entrar en el arrecife, como consecuencia de una tormenta. No hubo víctimas, pero los viajeros debieron permanecer en las islas durante más de nueve meses, hasta que consiguieron finalizar la construcción de dos naves que los transportarían a la colonia británica de Virginia, su destino, ya en mayo de 1610.

Imagen actual de un huracán en esta zona

El barco inglés que naufragó estaba a cargo del almirante George Sommers, y con él viajaban unas ciento cincuenta personas. Entre ellas estaba el nuevo gobernador de Virginia, Thomas Gates, además del capitán Christopher Newport y el secretario de la colonia, William Strachey. Este último escribió unas memorias tituladas «A true reportory of the wracke, and redemption of Sir Thomas Gates Knight» (Un verdadero informe del naufragio y redención del Caballero Sir Thomas Gates). La obra completa aparece en este enlace. Como curiosidad añadimos que parece que fue este testimonio el que sirvió de inspiración a William Shakespeare para la composición de una de sus obras, La Tempestad, en 1611.

Para concluir

Un archipiélago que ocasionaba problemas para llegar a él se calificó como demoniaco, debido a la superstición de la época. Las leyendas sobre seres diabólicos eran muy frecuentes en el mundo de la navegación y estaban especialmente asociadas a territorios desconocidos. Buena prueba de ello son las magníficas cartas portulanas, pobladas de monstruos, basadas en animales mitad fantásticos, mitad reales, pero casi todos imponentes y amenazadores. Otro ejemplo es el de las islas Galápagos, que durante mucho tiempo se consideró que estaban encantadas.

Más información

BOJAKOWSKI, Piotr. The Western Ledge Reef Wreck: continuing research on the late 16th-/early 17th-century Iberian shipwreck from BermudaPost-Medieval Archaeology, 2011, 45, 1, p. 18-40.

FERNÁNDEZ MORENTE, Guadalupe. Juan Bermúdez: Descubridor de las Islas Bermudas. En Actas de las Jornadas de Historia sobre el Descubrimiento de América: Jornadas IV, V y VI (2008, 2009 y 2010). Universidad Internacional de Andalucía, 2011, p. 117-130.

FORTENBERRY, Brent. Bermuda: Celebrating 400 Years of History. Routledge, 2017.

MOYA SORDO, Vera. El miedo en el escenario del viaje atlántico ibérico, siglos XV-XVICuadernos de Estudios Gallegos, 2013, 60, 126, p. 225-253.

PÉREZ-MALLAÍNA BUENO, Pablo Emilio. El hombre frente al mar: naufragios en la carrera de Indias durante los siglos XVI y XVII. Sevilla: Universidad, 1996.

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Las islas suelen tener historias realmente interesantes y su situación geográfica las lleva a formar parte de acontecimientos importantes. Éste es el caso de una que ha actuado a modo de puente entre España y Francia durante la Edad Moderna. Es la isla de los Faisanes, un pequeño territorio situado en el río Bidasoa, que actualmente es un condominio que comparten ambos países. Ocupa un espacio de 114 por 25 m. y se encuentra en la frontera, de modo que una orilla es española y la otra es gala.

condominio

Aparte de ser el condominio más pequeño del mundo y de haber estado poblado desde la prehistoria, formó parte de grandes imperios e importantes reinos. Actualmente está administrado durante 6 meses por España (de febrero a julio) y otros 6 por Francia (de agosto a enero). Su nombre, por cierto, no se debe a que en ella hubieran vivido faisanes alguna vez, sino a que era conocida como isla de paso y de ahí se llegó, con los siglos y con las múltiples traducciones, a su actual denominación.

Isal faisanes de J Salis s XX

La isla de los Faisanes en una pintura de J. Salis (siglo XX)

Aunque ha sido testigo de numerosos acontecimientos históricos, los que más se recuerdan son las firmas de varios tratados franco-españoles. El primero se ratificó en 1615, sellándose con la boda del rey francés Luis XIII y la princesa española Ana de Austria, hija de Felipe III. Paralelamente los hermanos de ambos (Isabel de Borbón y el futuro Felipe IV) también contrajeron matrimonio en este enclave.

ana-de-austria

Ana de Austria, reina de Francia, pintada por Rubens. Museo del Louvre

Casi cincuenta años después allí se firmó la Paz de los Pirineos (1659). El tratado ponía fin a una etapa llena de hostilidades entre ambas naciones, iniciadas en 1620, cuando Francia entró en la Guerra de los Treinta Años, tras la victoria de las tropas españolas contra los rebeldes holandeses y los suecos en Nördlingen. Acabada esta guerra en 1648, ambos reinos prolongaron su lucha hasta la firma de la paz. Los representantes de Felipe IV y de Luis XIV (Luis de Haro y el cardenal Mazarino, respectivamente), reunidos en la isla de los Faisanes, debatieron durante meses los términos del acuerdo.

Comitiva segun P Castillo

Llegada de las comitivas española y francesa al pabellón de la isla de los Faisanes,  en un dibujo de Pedro de Villafranca. BNE Fuente

En este tratado también se acordó otra boda, esta vez entre el rey de Francia Luis XIV  y la infanta española María Teresa de Austria (ambos hijos de los contrayentes anteriores). Este segundo encuentro es el que se recoge en las ilustraciones.

Pabellon rey

El pabellón del rey de España y la pasarela para llegar a la isla

La firma el tratado

Se hicieron varias representaciones del encuentro franco-español (Chavarría 2010). Aquí recogemos dos que ilustran este acuerdo de paz. En el primero se detallan muchos de los preparativos (que son la mayoría de las imágenes aquí incluidas) y en el segundo se representa, además, la comitiva real.

vision global

Isla de los Faisanes, llamada aquí «de la Conferencia»,  por ser el centro de reunión franco-español para la firma de los tratados de paz. Obra de S.P. de Beaulieu. Fuente: Gallica

El autor del primero fue Sébastien Pontault de Beaulieu (1612-1674), un ingeniero, militar y dibujante francés. Recoge con enorme detalle la disposición de las tropas de ambos reinos, el camino a recorrer por los monarcas y dónde se debían situar para firmar el tratado.

Distribucion isla

Distribución de la isla durante la firma del tratado. Se puede apreciar la línea divisoria y a la izquierda un espacio común

Para la firma debían cruzar desde la orilla, por lo que para que fuera más fácil y no tuvieran que embarcar, se creó un pontón con barcas.

Ponton con barcas

Pontón con barcas

Entre las tropas dibujadas destaca la infantería española y los caballeros de Luis de Haro (sobrino del Duque de Olivares). Por parte francesa también aparecen los conocidos mosqueteros, aunque en el dibujo se les llama guardias de Mazarino. Éstos inspiraron al autor Alejandro Dumas, que escribió la famosa novela sobre «Los Tres Mosqueteros». La reina que aparece en dicha obra es Ana de Austria, la infanta española hija de Felipe III, que se había casado con Luis XIII, y a la que Dumas atribuye la relación amorosa con el Duque de Buckingham.

Mosqueteros de Mazarino

Los famosos mosqueteros

El autor del segundo dibujo fue Adam Perrelle, que trabajó con el primero. En su ilustración aparece el séquito desfilando por la pasarela creada para la firma de la paz.

Comitivas

Detalla del dibujo de A. Perrelle en el que aparecen dibujadas las comitivas pasando por el pontón.

Síntesis

Una pequeñísima isla que gracias a su situación estratégica ha sido teatro de operaciones diplomáticas, así como lugar de acuerdo de importante bodas entre la realeza de la casa de Austria española y la de Borbón francesa. Por ello ha quedado inmortalizada en diferentes representaciones, lo que nos permite apreciar importantes detalles de acontecimientos del siglo XVII, como la disposición de las tropas o la división establecida para la firma de la paz, así como poder ver dibujados a los famosos mosqueteros.

Nota: ambas ilustraciones se pueden encontrar en la Biblioteca Digital Hispánica. La primera está en un libro, acompañada de otras imágenes, con los textos y los asistentes al acto de la firma del tratado de paz: Les Plans, et Profils des principales Villes, et lieux considerables de la Principauté de Catalogne (p. 89 y ss). La segunda en la obra titulada L’Isle de la Conference: ou la Paix generalle a esté conclue entre la France et l’Espagne le 7 Novemb. 1659. El repositorio digital de la Biblioteca Nacional francesa tiene la primera ilustración (Plan de l’Isle des Faisans à présent…), aunque no se incluye el autor.

Más información

COLOMER, José Luis (ed.). Arte y diplomacia de la Monarquía Hispánica en el siglo XVII. Madrid: CEEH, 2003.

CHAVARRÍA MÚGICA, Fernando. La frontera ceremonial y la frontera real: el Tratado de los Pirineos y la reavivación del conflicto por el dominio del río Bidasoa (1659-1668). Del tractat dels Pirineus a l’Europa del segle XXI: un model en construcció?: actes del congrés; Barcelona-Perpinyà, 2010.

DE CÁRDENAS, Juan F. La misión de D. Antonio Pimentel… y el Cardenal Mazarino y D. Luis de Haro frente a frente en la isla de los Faisanes. Patronato de la Universidad de Deusto (s.f.).

GARCÍA PIQUER, Deborah. La paz en la emblemática y el arte en el contexto de la Paz de los Pirineos (1659). Imágenes nupciales y festivas. Fòrum de Recerca, 2016, 21, p. 119-136.

PANCORBO, Luis. La isla de los Faisanes. Viajar: la primera revista española de viajes, 2016, 445, p. 96.

SÁINZ, Luis Ignacio. La isla de los faisanes: Diego de Velázquez y Felipe IV,  Reflexiones sobre las representaciones políticasArgumentos, 2006, 19, 51, p. 147-167.

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