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Posts Tagged ‘Alejandro Magno’

Los márgenes del río Indo albergaron varias de las culturas más antiguas de la Tierra. Sin embargo, en Occidente estos lugares fueron muy desconocidos durante siglos, ya que estaban en las fronteras de los grandes imperios como el persa y también en los límites del conocimiento del mundo griego clásico.

La India, tierra que baña este río y del que toma su nombre, al estar tan alejada era difícil de conocer. Los viajes hasta allí eran escasos y casi todos de cabotaje, dado el terror que el mar abierto ocasionaba. Los grandes maestros griegos apenas sabían algo de este subcontinente, por lo que se convirtió en una tierra de misterios. Gracias a algunos comerciantes que habían conseguido llegar o que pudieron oír a otros comentar, se sabía que sus gobernantes eran muy ricos y con frecuencia se hablaba de las maravillas que allí existían.

El O. Índico representado por Mauro. Hay que recordar que está al revés. Fuente

En este contexto antiguo, un macedonio universal, Alejandro Magno, que había sido discípulo de otro grande, Aristóteles, se decidió a conquistarla para añadirla a su ya inmenso imperio. Llegó allí procedente de tierras muy distintas, Sogdia y Bactria, pueblos de la Ruta de la Seda, que había anexionado a su imperio y de las que procedía su primera mujer, Roxana.

El Indo

Al subcontinente entró por el río Indo, que contaba con una impresionante cuenca que bañaba tierras agrícolas de unos 3000 kilómetros cuadrados. Allí se enfrentó con sátrapas, reyes y príncipes hasta que los venció a todos. Usó el cauce del Indo para sus desplazamientos, pero la sorpresa le aguardaba al final de éste.

Cuenca del río Indo. Fuente

Tras años de luchas continuas con múltiples pueblos, le esperaba una novedad con la que a pesar de todo lo que había visto, no estaba familiarizado. El río desemboca en el Mar Arábigo, una cuenca del océano Índico, en el actual Pakistán. Según algunos relatos como el de Diodoro de Sicilia, era el año 325-26 a.C. Cuando las tropas de Alejandro llegaron al delta del río dejaron la flota amarrada y se fueron a descansar.

La parte sur del este del continente asiático. Se puede apreciar en el parte inferior la costa que algunos autores atribuyen a Australia. Atlas Vallard

Un tsunami

Cuando volvieron el panorama que se encontraron fue desolador. Las naves estaban fuera del agua, tumbadas. Otras yacían irremediablemente destruidas. Un tsunami que sucedió tras un terremoto había arrasado su flota. El intrépido conquistador de tierras y de hombres había sido derrotado en una sola noche por las fuerzas de la naturaleza, A pesar del desastre, ésto no fue definitivo y con mucho ánimo se apresuraron para arreglar las naves que podían ser reparadas, con objeto de seguir. No hay datos históricos de cómo los efectos del tsunami restaron efectivos a la armada de Alejandro, pero sí se sabe que muchos de sus barcos se vieron afectados. Algunos científicos comparan este hecho con el acaecido en 1945 en Makran (Pakistán), de efectos muy perniciosos.

Efectos del movimiento tectónico que causó el tsunami de Makran en 1945. Fuentes: Mokthari 2019 y Heidarzadeh, 2015

De cualquier forma, hay autores que afirman que no tuvo lugar ningún tsunami, por lo que pudo ser una fuerte subida del nivel del agua debido a otros factores.

Para acabar

Tras cruzar el Indo y derrotar al rey Poro en la batalla del río Hidaspes, Alejandro se encaminó hacia el valle del Ganges. Sin embargo, cerca del río Beas (en el norte de La India), sus tropas, agotadas tras años de estar fuera de su tierra y luchando contra pueblos de los que nunca habían oído hablar, se negaron a seguirle. Alejandro, aconsejado por sus más fieles amigos, decidió volver a Macedonia. Nunca llegó, ya que murió en Babilonia. Como no pudo designar sucesor por su prematura muerte, sus generales se repartieron el imperio conquistado. Ptolomeo se quedó con Egipto, y con él se inició la última dinastía faraónica (a la que perteneció Cleopatra) hasta la invasión de los romanos.

Más información

ALBALADEJO VIVERO, Manuel. Elementos utópicos en la India descrita por OnesícritoPolis: revista de ideas y formas políticas de la Antigüedad, 2003, 15, p. 7-34.

HEIDARZADEH, Mohammad & SATAKE, Kenji. New insights into the source of the Makran tsunami of 27 November 1945 from tsunami waveforms and coastal deformation data. Pure and Applied Geophysics, 2015, 172, 3, p. 621-640.

JORDAN, Benjamin R. Tsunamis of the Arabian Peninsula a guide of historic eventsScience of Tsunami Hazards, 2008, 27, 1, p. 31.

MOKHTARI, Mohammad, et al. A review of the seismotectonics of the Makran Subduction Zone as a baseline for Tsunami Hazard Assessments. Geoscience Letters, 2019, 6, 1, p. 1-9.

OLDFATHER, CH. Diodorus Siculus: Bibliotheca Historica. Nueva York: GP Putnams Sons, 1933.

PARARAS-CARAYANNIS, George. Alexander the Great – Impact of the 325 B.C, Tsunami in the North Arabian Sea Upon his Fleet. 2006.

PARARAS-CARAYANNIS, George. The earthquake and tsunami of July 21, 365 AD in the Eastern Mediterranean Sea-Review of Impact on the Ancient World-Assessment of recurrence and future impact. Science of Tsunami Hazards, 2011, 30, 4.

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El gran Alejandro, el general más admirado de la antigüedad clásica, tuvo que luchar mucho para conquistar una pequeña ciudad situada en la costa este del Mediterráneo:  se llamaba Tiro. Era una urbe fenicia que había sido fundada mucho antes que su patria (Macedonia, en el norte de Grecia), estaba habitada por artesanos y comerciantes cuya forma de vida se basaba en la navegación, ya que los intercambios de productos se hacían a través del mar.

Tiro en el mapa

Localización de Tiro en el mapa. Fuente: Google maps

Tiro, tierra de marinos

El libro de Ezequiel se refiere a esta ciudad señalando principalmente sus aspectos marítimos:

Dirás a Tiro, que está asentada a las orillas del mar, la que trafica con los pueblos de muchas costas… En el corazón de los mares están tus confines; los que te edificaron completaron tu belleza. 

De hayas del monte Senir te fabricaron todo el maderaje; tomaron cedros del Líbano para hacerte el mástil. De encinas de Basán hicieron tus remos; tus bancos de pino de las costas de Quitim, incrustados de marfil. De lino fino bordado de Egipto era tu cortina, para que te sirviese de vela; de azul y púrpura de las costas de Elisa era tu pabellón. Los moradores de Sidón y de Arvad fueron tus remeros; tus sabios, oh Tiro, estaban en ti; ellos fueron tus pilotos

Los ancianos de Gebal y sus más hábiles obreros calafateaban tus junturas; todas las naves del mar y los remeros de ellas fueron a ti para negociar, para participar de tus negocios    […]

Las naves de Tarsis eran como tus caravanas que traían tus mercancías; así llegaste a ser opulenta, te multiplicaste en gran manera en medio de los mares

En muchas aguas te engolfaron tus remeros; viento solano te quebrantó en medio de los mares  (Ezequiel, 27) Fuente.

Su localización

Aunque hoy es una península, en el siglo III a.C. la ciudad habitada estaba en una isla. En la parte costera del continente se había fundado la vieja urbe, de la que sólo quedaban sus ruinas. Geográficamente el enclave que los macedonios se encontraron estaba separado de tierra firme unos ochocientos metros, aparecía convenientemente fortificado y con muros en acantilado, que eran, aparentemente, inexpugnables. Era muy común que sólo al escuchar que Alejandro Magno quería conquistar un sitio, sus habitantes y jerarcas buscaran rápidamente un acuerdo antes de entrar en guerra. Las crónicas dicen que en Tiro no fue posible, que el orgullo y la soberbia pudieron más que la paz, así que ambos pueblos lucharon durante siete u ocho meses hasta que el general griego venció.

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Estatua de Alejando en Tesalónica (Grecia)

El asedio

Vamos a ver un poco más detenidamente este enfrentamiento porque es un asedio anfibio, que mezcla naves y artillería terrestre, ingenios mecánicos sobre barcos, brulotes y un inmenso espigón (también denominado malecón, muelle, dársena o simplemente lengua de tierra), que construyeron los griegos para conectar el continente con la isla y poder atacar la fortaleza de Tiro. No sería la primera vez que se usaron estas tácticas, ni tampoco la última, pero de ésta tenemos noticia porque algunos escritores relataron el duro asedio a Tiro (año 332 a.C.).

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Dibujo de la ciudad de Tiro en la Antigüedad. Fuente

Durante éste, el espigón que se estaba construyendo para llegar a la ciudad amurallada sufría continuos ataques, ya que aparte del efecto del mar, se les enviaban brulotes, los que lo levantaban recibían multitud de flechazos desde naves o desde la propia muralla, así como incursiones directas por parte de las tropas tirias. Los avances en la construcción en poco tiempo podían ser destruidos, es decir que avanzaba por los esfuerzos macedonios y de golpe, tras un ataque de los tirios, menguaba. En esos momentos era muy difícil saber si Tiro caería.

Los griegos decidieron reforzar la lengua de tierra, usando materiales de las ruinas de la antigua ciudad de Tiro, e ir construyendo paralelamente una serie de máquinas de guerra, como torres de asedio en las que se incorporaron las temidas ballestas.

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Dibujo de una torre de asedio

Alejandro comprendió entonces que sólo podría vencer con una flota. Hasta ese momento no la había necesitado. Así que dejó a sus hombres construyendo el dique y decidió viajar a algunas de las ciudades fenicias rivales de Tiro. Allí desplegó su diplomacia y talento para conseguir hasta 200 naves con las que sitiar Tiro.

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Lo que hizo fue literalmente encerrarlos en su enorme fortaleza y no dejarlos salir, ya que apostó naves en los dos puertos (el de Sidón, al norte y el de Egipto, al sur) y por el este entró a través de la dársena. Sus máquinas de guerra atacaban por tierra y por mar. Aunque se sabe que parte de la población consiguió huir, los que se quedaron sufrieron no sólo una amarga derrota, sino que fueron masacrados y los supervivientes vendidos como esclavos.

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Mapa de la isla de Tiro y de sus principales puntos. Fuente

Para concluir

El enclave tirio acababa de caer y el general macedonio volvía a sumar una nueva victoria en su gran carrera militar. Esta batalla es recordada por el uso de máquinas de guerra, por la construcción del dique que unió la isla con el continente, pero aquí la traemos como una prueba más de lo importante que fue para Alejandro contar con una flota que apoyara el asedio y también como evidencia de la inteligencia y habilidad de un líder militar acostumbrado a presentar batalla en tierra, que pronto comprendió la necesidad de contar con una armada.

Más información

ARRIANO, L.F. Anábasis de Alejandro Magno. Texto traducido del original, del siglo I.

El sitio de Tiro, el ingenio al poder. Alexadreion, 2018.

SÁEZ ABAD, Rubén. La poliorcética en el mundo antiguo. Universidad Complutense de Madrid: Servicio de Publicaciones, 2005.

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