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Aunque el emperador Qin Shi Huang, el unificador de China, es evidente que vivió durante el siglo III a.C., tiene detrás de sí tantas leyendas que a veces cuesta trabajo desenmascarar la realidad de la ficción. Las expediciones navales que organizó, y especialmente sus propósitos, se mezclan entre lo mítico y lo histórico.

Qin-Shi-Huang_0, el primer emperador. Fuente

Qin-Shi-Huang, el primer emperador. Fuente

El primer emperador, el que unificó los sistemas de medidas, generó importantes infraestructuras para distribuir el agua entre sus súbditos y mandó levantar una parte de la gran muralla, tenía un sueño, la inmortalidad, que procedía de su gran miedo a la muerte. En la búsqueda del elixir que le permitiera ser eterno dedicó grandes esfuerzos, y parte de éstos fueron las expediciones navales que zarparon con la orden de conseguir la fuente de la inmortalidad. Otra de las grandes obras fue su impresionante mausoleo, hoy Patrimonio de la Humanidad, el que contiene los famosos y espectaculares 8000 guerreros de terracota, que deberían acompañarle y protegerlo cuando volviera a la vida.

Los guerreros de terracota que fueron enterrados con él para su protección

Los guerreros de terracota que fueron enterrados con él para su protección

Pero Qin tuvo sus sombras, y es también conocido porque quemó muchos de los textos de épocas previas y por asesinar a más de 400 intelectuales de su imperio.

Las islas de la inmortalidad

Según la leyenda, había tres misteriosas islas situadas a miles de millas al este de China. Éstas eran conocidas por los nombres de Penglai, Fangzhang y Yingzhou. Supuestamente, los inmortales vivían allí en palacios, todos los animales eran de color blanco puro, y también había hierbas que otorgaban la vida eterna y resucitaban a los muertos. Las islas estaban cubiertas de nubes, de manera que podían ocultarse a las embarcaciones que se aproximaran. Igualmente la magia podía provocar un viento que alejara a las naves de ellas, de tal forma que no pudieran acercarse.

Las expediciones marítimas

Qin organizó varios viajes para llegar a estas supuestas islas y conseguir la fuente de la inmortalidad.

a) Las primeras búsquedas

Al emperador Qin le llegaron noticias de estas hierbas. Por ello envió a buscarla a Lu Sheng, del estado de Yan, pero fracasó en su intento. El punto de su partida fue la actual ciudad de Qinhuangdao.

Posteriormente mandó a Xu Fu, un monje y astrónomo reconocido. Cuando regresó dijo que tras haber subido a la montaña Penglai, vio la hierba de la inmortalidad, pero los habitantes inmortales que allí vivían no le permitieron llevársela. Recomendó al emperador que debería llevar algunos artesanos diligentes para conseguir la hierba.

Jiaogulan – La hierba de la inmortalidad. Fuente

Jiaogulan, conocida como la hierba de la inmortalidad. Fuente

b) La segunda gran expedición

El emperador decidió que acompañaran al astrólogo 3000 niños y jóvenes junto a una serie de artesanos. Dicen que la expedición estaba formada por unas 60 embarcaciones.

La expedición en busca de la medicina de la inmortalidad Autor: Utagawa Kuniyoshi (c. 1839-1841. Fuente

La expedición en busca de la medicina de la inmortalidad. Obra de Utagawa Kuniyoshi (S. XIX). Fuente

Después de viajar durante un tiempo en el mar, Xu Fu regresó y dijo al emperador que había un dragón en el agua que le impedía alcanzar la montaña, aunque este pasaje no sabemos si es cierto.

Un dragón representado en un antiguo pendiente chino del siglo IV antes de C.

Un dragón representado en un antiguo pendiente chino (s. IV antes de C). Fuente

Sin embargo, Xu Fu, al no conseguir la hierba inmortal no se atrevió a ver al emperador de nuevo y se dirigió a lo que hoy es Japón. Se instaló allí y murió a los pies de la montaña Fuji. Hay muchas historias y registros históricos sobre él en Japón, incluso algunos investigadores especulan que fue el legendario Jimmu Tenno.

Una visión mas amplia de una d elas salas de la tumba de Qin en la que aparecieron los guerreros

Una visión más amplia de una de las salas de la tumba de Qin en la que aparecieron los guerreros

El viaje del emperador en busca del gran pez

Cuentan las leyendas que el propio Qin soñó con la bestia y quiso ir a matar al dragón del que Xu Fu le había hablado, y que cuando el barco llegó a una pequeña isla, se encontró con un gran pez y lo mató. Sin embargo, parece que la realidad fue diferente.

Una garza encontrada en el mausoleo de Qin

Una garza encontrada en el mausoleo de Qin

Tras el sueño consultó a los astrólogos. Ellos le dijeron que la verdadera faz de las divinidades del mar era invisible y que a menudo tomaban forma de enormes tiburones o dragones. “Ahora usted, emperador, reza, hace sacrificios y rinde homenaje cabal y respetuoso, pero aparecen estas crueles criaturas. Hace falta eliminarlas. Sólo tras eso, las divinidades bondadosas se presentarán”, le dijeron (fuente).

Entonces Qin dio la orden a todos los que pescaban en el mar de preparar redes para conseguir capturar los peces mas grandes y de tener listos arcos y flechas para matar tiburones. “Desde el norte de Langya hasta Laoshan y Chengshan no vieron aparecer ningún tiburón. Cuando llegaron a Zhifu, efectivamente aparecieron”. Aunque dispararon muchas flechas sólo lograron matar a uno. Luego vadearon la costa, viajaron hacia el oeste por el río. Cuando llegaron al embarcadero de Pingyuan, el emperador contrajo una enfermedad y moriría poco tiempo después. “En el mes séptimo, el día bingyin, Shi Huang murió en el terraplén de Shaqiu” (fuente).

Su muerte se mantuvo en secreto durante un tiempo, dejando un periodo para su traslado, con objeto de que pudiera reposar en su hermosa tumba.

Uno de los aurigas del emperador. Fuente.

Uno de los carros del emperador encontrado en su tumba. Fuente.

En definitiva, un gran emperador, con una vida llena de muchas luces y algunas sombras, que tuvo un sueño y lo persiguió durante toda su vida. Consiguió unificar China, pero nunca llegó a la tierra de la inmortalidad, falleciendo tras casi 40 años de reinado. La inmensa tumba que mandó construir fue descubierta muchos siglos después. Paradójicamente, su impresionante ejército de guerreros de terracota, conforme van apareciendo y recomponiéndose, parece que pueden levantarse y cobrar vida, otorgando  a su creador un lugar inmortal en la Historia.

Más información

El primer emperador. Beijing, 2005.

PAINE, L. The sea and civilization: a maritime history of the world. Atlantic Books, 2014.

Tratado de cosmología de la época

Videos de la UNESCO sobre el mausoleo de Qin

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