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Posts Tagged ‘Naves’

Casi todos identificamos una fragata como un buque de guerra, que adquirió gran protagonismo a lo largo del siglo XVIII. Uno de los ejemplos más conocidos es la llamada Nuestra Señora de las Mercedes, la nave que fue atacada y hundida por los ingleses, cuyo hecho ha salido en multitud de medios de comunicación y ha sido objeto de estudios, debido a la riqueza de su cargamento y especialmente al fallo de la justicia norteamericana, que en una decisión histórica dio la razón al gobierno español, e hizo que la empresa Odissey devolviera todo lo que había obtenido a través de la recuperación ilegal en el pecio de este buque de estado.

Fragata Nuestra Señora de las Mercedes

Sin embargo, previamente hubo otra embarcación mucho más pequeña que se denominó igual y que posiblemente fue su punto de partida.

Las fragatas del siglo XVI: pequeñas y ligeras naves

Fragata es una palabra de origen italiano, que en menos de un siglo se extendió a casi todas las lenguas románicas de nuestro entorno. Se convierte, además, en español en una voz de gran uso y frecuencia, como atestigua su presencia en distintos diccionarios y vocabularios del momento. Se registra, por ejemplo en las cartas de San Ignacio de Loyola, en las obras de Cervantes y en las de Lope de Vega. A finales de la centuria se sabe que ya había pasado a América.

Durante el siglo XVI la voz se aplicaba a una especie de chalupa o pequeña embarcación de la familia de las galeras que éstas solían llevar amarrada a popa para saltar a tierra o usar en caso de naufragio. Según Fondevila podía llevar entre 7 y 9 bancos para remar, con un hombre por banco. No tenían cubierta, pero sí crujía y llevaba un palo con aparejo latino.

Covarrubias la definió como:

Batelejo que suele llevar consigo la galera, y la echa a la mar cuando hay necesidad de llegar con ella a tierra, o ir de una galera en otra con algún recaudo, por ser como una parte y miembro de la galera, que va haciendo ruido con la presteza del bogar y menear de los remos; porque como es bajel pequeño va más ligero. Es bastante frágil porque no puede resistir las olas del mar, si hay un poco de tormenta

(Versión adaptada del Tesoro de la lengua castellana, o española, compuesto por Sebastian de Cobarrubias Orozcos, 1611, p. 557)
Una chalupa actual, que puede servir de referencia para saber cómo eran las fragatas mediterráneas

Otro autor, Jal, dice que hasta el siglo XVII la palabra se refería a embarcaciones sin bordo y con un sólo puente o ninguno, pero que eran muy rápidas y ligeras. Y además sabemos que varias de este tipo intervinieron en el combate naval de Lepanto:

“Las fragatas que se hallaren en la armada esten por popas de las galeras, y al tiempo de la batalla tengan dos esmeriles y diez arcabuceros, con un caporal para combatir con dos baxeles pequeños del enemigo”.

(Vander Hammen, Don Juan de Austria, Madrid, 1627, referencia tomada de Jal, I, p. 717).

Eran, sin duda, naves pequeñas con poca o ninguna artillería dependiendo del uso asignado, pero muy útiles en el auxilio de los navíos de mayor porte por su velocidad.

Una chalupa que podía ser similar a la fragata mediterránea

La transición en el siglo XVII

En este siglo se gesta el cambio, que comienza en el momento en el que se dota de artillería a estas embarcaciones. Al armar la fragata para la guerra y aumentar su tonelaje, lo que antes era un batelejo o chalupa se empieza a transformar en una embarcación más grande, que termina siendo de alto bordo, incorporando un puente y una batería de cañones, lo que hace que su tamaño termine siendo mucho mayor. Creemos que este cambio se produce cuando el centro de atención de las potencias marítimas pasa desde el Mediterráneo al Atlántico.

La antigua fragata mediterránea no era adecuada para la navegación atlántica precisamente por su debilidad; sin embargo, el desarrollo de la piratería en el Caribe y en buena parte del Atlántico durante la segunda mitad del siglo XVI, hizo muy necesario construir un barco de guerra (por tanto suficientemente grande para transportar artillería) pero al mismo tiempo muy ligero y rápido (características que se atribuían a la fragata del Mediterráneo). El resultado de la adaptación técnica a unas necesidades nuevas del viejo invento siciliano fue el surgimiento de una novedosa embarcación de alto bordo: la fragata atlántica.

Planos de la fragata rusa llamada “Shtandart”, cuyo primer comandante fue el mismo Pedro el Grande en 1703. Astillero de Olonets

Las fragatas desde el siglo XVIII

La que algunos autores llaman fragata atlántica, es un buque de cruz y de tres palos, aunque menor que el navío. Las hay tanto para la guerra como para el comercio.

Plano de la fragata correo de Su Magestad nombrada Reyna Luisa, alias San Carlos. Fines s. XVIII. AGI

Para saber más sobre las fragatas del siglo XVIII existen varios recursos de interés, como la historia de muchas de ellas, una monografía que recoge la evolución técnica de las fragatas españolas o sobre las más actuales.

Para concluir

La fragata era un barco pequeño de auxilio en el Mediterráneo a lo largo de la baja Edad Media, que se terminó adaptando en el Renacimiento a la navegación atlántica, y que en el siglo XVII eleva sus prestaciones, así como su tamaño y se empieza a utilizar como embarcación militar independiente hasta dar como resultado las magníficas fragatas de la época ilustrada. En esos momentos la antigua y pequeña fragata cambia, pero conserva el rasgo de su gran velocidad, para ello deja de ser ligera hasta convertirse en una nave de alto bordo con tres palos y hasta tres baterías de cañones, ya en el siglo XVIII.

Más información

BORREGO PLÁ, María del Carmen. Cartagena de Indias en el siglo XVI. Sevilla: Editorial CSIC, 1983.

JAL, Auguste. Archéologie navale. Paris: A. Bertrand, 1840.

VELASCO HERNÁNDEZ, Francisco. El auge del microcorso berberisco tras la guerra de las Alpujarras y su incidencia en el sureste español (1570-1610). En El siglo de la Inmaculada. Universidad de Murcia, 2018. p. 233-248.

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Entre las situaciones que podían causar más pánico en la tripulación de un navío, estaban, aparte de las grandes tormentas, la posibilidad de que tuviera lugar un incendio en la embarcación, ya que podía significar la destrucción parcial o total del buque, lo que ponía en serio peligro la vida de sus tripulantes.

Reproducción del efecto del fuego griego

Así, el poder destructivo del fuego se lleva utilizando en los conflictos navales desde el mismo momento en que la guerra se hizo en el mar. Aparte del famoso “fuego griego“, que se utilizaba para dañar las naves, existía la opción de usar barcos específicos destinados a incendiar otros.

Batalla de Siracusa (Guerra del Peloponeso). Cuadro F.P. Getty

Tucidides narra la existencia de un buque lleno de madera de pino que fue prendido y lanzado contra los atenienses en el 415 a.C. aprox., durante la Guerra del Peloponeso. Otro ejemplo de la Antigüedad clásica sucedió en el asedio de Tiro, cuando la flota de Alejandro Magno se encontró que un barco incendiado iba contra ellos, quemando cuanto hallaba a su paso. En la batalla de los acantilados rojos, que tuvo lugar en China entre los años 208 y 209, se utilizó una nave con listones de madera, cañas secas y aceite. Ya en el S. XVI la armada inglesa lanzó ocho brulotes contra las naves españolas en la célebre “Empresa de Inglaterra” de 1588 (la Armada invencible). Se usaron en innumerables conflictos navales.

Brulote

Brulote representado en una colección holandesa de mapas y dibujos. Detalle del mapa titulado “Tafel en welke vertoont werden alle werk-tuygen behorende tot de krygs-kunde”, siglo XVIII. Fuente: Biblioteca del Congreso de Washington

¿Qué eran?

Eran embarcaciones cargadas de material inflamable o de explosivos, o incluso ambos. También se conocían como brulotes o brulots.

Reproducción de un brulote pequeño. Fuente

Podían estar hechas a propósito para destruir e incendiar barcos y otras veces se trataba de naves viejas adaptadas a esta función. Iban llenas de materias combustibles y fácilmente inflamables. Llevaban arpeos (a modo de garfios) fijados en los penoles de las vergas para engancharse más fácilmente en el aparejo del buque enemigo. Se lanzaba hacia las embarcaciones contrarias, especialmente cuando éstas estaban fondeadas, con la intención de incendiarlas.

Iba marinado con una dotación escasa, que lo incendiaba y enseguida abandonaba, en un bote que llevaban a remolque, cerca de la nave enemiga.

brulote y barca con logo

Representación del brulote ardiendo ya, con la tripulación de éste huyendo en una pequeña barca. Fuente: Plan d’une nouvelle Construction de Brulot, 1792 (Gallica)

La carga explosiva

El material inflamable usado podían ser barriles llenos de polvo de carbón, alquitrán, grasa animal y compuestos químicos como salitre, una mezcla de nitratos de potasio y de sodio, entre otros. Se podían añadir balas de cañón, trozos de roca u objetos similares, que se compactaban en distintos compartimentos. Así, cuando la explosión tenía lugar, salían proyectados a modo de metralla, aumentando el daño provocado y llegando más lejos.

interior brulote con logo

Demostración de la disposición de los materiales en un brulote francés. Fuente: Plan d’une nouvelle Construction de Brulot, 1792 (Gallica)

Pecios documentados

Se han encontrado pocos restos de brulotes. De hecho, hay documentados sólo tres, uno en la costa de Sitges, que es el mejor descrito y el más antiguo, y los otros en las islas Scilly (Gran Bretaña), y en St. Malo (Francia), en el Canal de la Mancha.

Actualmente se siguen utilizando en multitud de mares, con efectos y daños muy similares, tal y como se puede comprobar en el artículo de Medina Cardo (2013).

Más información

BRUN TARRAGÓ, David. Simulació computacional del naufragi d’una embarcació del S. XVII en aigües del TM de Sitges. 2018. Tesis de Licenciatura. Universitat Politècnica de Catalunya.

MEDINA CARDO, Javier. Armas no convencionales. La amenaza de los brulotes. RevisMar, 2013, 6, p. 554-557.

Museu de Sitges. Los restos de un brulote de la Guerra de los Segadors se descubren en Sitges. 2015.

Plan d’une nouvelle Construction de Brulots insubmercibles proietté pour empêcher les Vaisseaux Ennemis de Blocquer les Places, les Flotes dans les Rades et les obliger à s’éloigner des côtes pour éviter d’être incendiées. Imaginé par le Sr. Loréal, ingénieur. 1792.

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