A lo largo de la Historia encontramos hazañas marítimas tales como que una flota atraviesa una lengua de tierra o una meseta. Los autores la nombran, pero apenas se detienen en ella, entre otros motivos porque las fuentes no son muy explícitas al respecto. Sin embargo, nosotros creemos que son hitos que merecen ser conocidos por todos, a pesar de la falta de noticias directas. Esta semana vamos a conocer uno de estos casos.
Existen ciudades marítimas eternas, que se han ido formando con el paso de los siglos, con el esfuerzo de muchos de sus ciudadanos. Sus edificios y muros representan varios milenios de la historia de la Humanidad. Constantinopla (hoy Estambul) es una de ellas, junto a Roma, Alejandría y otras muchas.

Constantinopla, una urbe marítima
Constantinopla, la ciudad que une Europa con Asia, fue inexpugnable durante siglos, tanto por tierra como por mar, porque contaba con unas murallas ciclópeas. La ciudad estaba en manos bizantinas desde hacía siglos, pero los turcos amenazaban con invadirla por mar. Este episodio se enmarca en la caída de Constantinopla, sucedida en 1453.

Un joven sultán otomano, Mehmed II, vio la posibilidad de atacarla por su flanco más débil, un puerto resguardado por una enorme cadena que impedía que las naves llegaran a él.

La urbe estaba dividida en dos núcleos costeros situados a ambos lados del estrecho del Bósforo, entre el mar de Mármara y el mar Negro. En la parte norte estaba el barrio de Pera, también llamado Gálata. Desde ambos lados se sujetaba una enorme cadena, defendida con torres artilladas, que impedía el acceso de naves al estuario (conocido como el Cuerno de Oro, Golden Horn en las figuras), lo que protegía una parte de la ciudad contra ataques navales.

Mehmed II atacó Constantinopla en 1452. Tras largos meses de asedio se dio cuenta de que había una forma de entrar en la ciudad, y burlar así todas las medidas de defensa de sus habitantes. Pensó en atravesar el espacio terrestre con sus barcos y entrar en la única zona que no estaba muy defendida, el llamado Cuerno de Oro. Así evitaba la famosa cadena que los bizantinos habían puesto para impedir el paso de las flotas enemigas.

Lo hizo cruzando Pera, en la costa norte de Constantinopla. Para ello cortó miles de árboles y creó un canal terrestre de unos 12 km por el que podían trasladar los barcos. Había sido construido por detrás de las murallas del barrio de Pera, una de cuyas orillas estaba en el Bósforo y la otra en el Cuerno de Oro.

De esta manera, mientras los cañones turcos bombardeaban a la flota cristiana para que no se acercase, el sultán ordenó que sus 70 naves fondearan, fueran levantadas y trasladadas por tierra, pasando a través de ese camino. Como la flota turca era mucho mayor que la bizantina, el sultán consiguió uno de sus mayores triunfos: la ciudad de Constantinopla, que fue renombrada como Estambul.

Más información
BRADFORD, Ernle. The Great Betrayal: The Great Siege of Constantinople. Open Road Media, 2014.
CASTILLO, Ricardo. La caída de Constantinopla. Web de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes [s. f.].
HARRIS, Jonathan. Constantinople: capital of Byzantium. Bloomsbury Publishing, 2017.
HERRIN, Judith. The fall of Constantinople. History Today, 2003, 53, 6.
MANGO, Marlia M. The commercial map of Constantinople. Dumbarton Oaks Papers, 2000, 54, p. 189-207.
TURNBULL, Stephen. The walls of Constantinople AD 324–1453. Bloomsbury Publishing, 2012.
