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Existe la idea de que los vikingos vivieron en el norte de Europa y desde allí navegaron por mares y océanos, pero que su única base eran los actuales países escandinavos. Sin embargo, su carácter viajero les llevó a vivir, temporal o definitivamente, en distintos lugares alejados de su tierra natal. Como eran grandes navegantes y magníficos guerreros tuvieron cabida en muchos ejércitos y armadas, que necesitaban hombres como ellos. Hoy vamos a ver cómo encajaron en el imperio romano de Oriente, Bizancio, cuya capital, la gran Constantinopla, los acogió con agrado.

La larga relación de los vikingos con Bizancio debió iniciarse en el siglo IX. La primera noticia documentada llega con ocasión de la embajada que el emperador bizantino envió al rey de los francos en el año 839. El motivo era que unos “hombres del norte” necesitaban atravesar sus tierras para volver a su patria en Escandinavia. Según los embajadores griegos, estos hombres habían servido en Bizancio. Podían haber formando parte de las flotas bizantinas o de la llamada “guardia de los rus”, una precursora de la reconocida guardia varega. Todos éstos, con variaciones como rhos, son los nombres con los que eran conocidos los vikingos.

Drakkar vikingo dibujado en un manuscrito de Northumbia (Inglaterra) S. X. British Library

Cómo veían los bizantinos a los guerreros del norte

Su imagen impresionaba a los pueblos latinizados como los del imperio de Oriente, y posiblemente también lo hiciera al resto de naciones contra las que lucharon. Eran de aspecto y pose fiera, de ojos azulados y de carácter impetuoso, encarnizado y furioso, además portaban armas letales, como la enorme hacha de mango largo, la espada de un solo filo, lanzas, jabalinas o arcos. Solían usar escudos redondos, cotas de malla, arneses de cuero, grebas de hierro, cascos, brazales y armaduras laminadas.

El barco vikingo de Oseberg. Fuente

Estos hombres se relacionaron con los romanos de Oriente a través del comercio y de la guerra. En esta última, los vínculos fueron tanto enfrentados como actuando de mercenarios para el imperio bizantino.

Enemigos

En el año 856 la llamada “Crónica de Néstor” menciona un ataque de los vikingos situados en las estepas del norte del mar Negro contra Constantinopla.

Restos de una nave del museo de los barcos vikingos. Fuente

El ataque más formidable conocido es el que en 941 lanzó Igor de Kiev. Según la Crónica de Néstor, los rus reunieron 10.000 embarcaciones, aunque las fuentes bizantinas recogen que fueron unas 1.100 naves de todo tipo, desde drakkar a pequeñas barcas. La flota debió contar con unos 50.000 hombres, que saquearon casi sin traba alguna las provincias de Bitinia y Paflagonia y la región más cercana a Constantinopla. Pero entonces el ejército bizantino concentró sus tropas y, aunque los primeros combates fueron favorables a los rus, en cuanto la flota bizantina entró en acción se cambiaron las tornas gracias al “fuego griego”.

Representación del fuego griego. Fuente: Scylitza Matritense. Biblioteca Nacional de España

El comercio de la “ruta de los varegos”

En el año 860 dos jefes varegos atacaron Kiev con una flota de 200 barcos. Parece que la idea era inquietar al emperador Miguel I lo suficiente como para que firmara un tratado comercial. Se sabe que la “ruta de los varegos”, consecuencia de este ataque, se estableció cerca del año 872, lo que significó la presencia de éstos en el contexto comercial bizantino.

Desarrollada a través de lo que hoy es espacio ruso, supuso la fundación de factorías mercantiles sobre las que se apoyaba un activo comercio, en el que los varegos vendían pieles, madera, cera y esclavos. En Bizancio adquirían vino, especias, joyería, vidrio, telas costosas, iconos y libros, entre otras. 

En la flota imperial

En los documentos bizantinos se constata que, ya desde comienzos del siglo X, había centenares de rus llegados desde todos los países del Norte. Se relata que embarcaban en la escuadra imperial con base en Constantinopla.

Galeras bizantinas medievales. Fuente: Scylitza Matritense. Biblioteca Nacional de España

Bizancio, a inicios del siglo X y hasta mediados del siglo XI, fue la principal potencia naval y se hallaba empeñada en una lucha sin cuartel contra las flotas piratas (de Creta, Sicilia, Trípoli, Provenza, Al-Andalus y Túnez) y también contra las naciones islámicas.

Millares de guerreros y marineros varegos sirvieron a Bizancio en su armada. Así, en 911, la flota dispuesta para aplastar a los piratas cretenses contaba con 700 rus entre las filas de la escuadra central, con base en Constantinopla, siendo el total de integrantes de ésta de 12.700 hombres. Los rus cobraban más y mejor que los propios bizantinos. En el año 949 se repitió el ataque, con el mismo número de varegos, lo que nos permite suponer que podía existir un cuerpo de élite vikingo en la flota bizantina.

Restos de otra nave, Museo de los barcos vikingos. Fuente

Este continuo alistamiento de grandes contingentes de rus se prolongó durante casi tres siglos. Eran contratados como infantería de marina y cubrían una de las carencias de la flota bizantina: su debilidad en el abordaje. Los vikingos eran, sin embargo, temibles en estas acciones y completaban así el poder ofensivo de los dromones. Probablemente los rus estaban en torno al capitán del dromon, y según las crónica iban provistos de yelmo, coraza, cota de malla, escudo, espada, hacha y jabalina, y debían constituir la primera línea, tras la cual debían de formar el resto de la tripulación, armada con arcos y jabalinas y provista tan sólo de yelmos ligeros y una tela hecha con una doble capa de fieltro acolchado. Los varegos llevaban unas planchas de abordaje provistas de ganchos en su extremo, que al caer sobre la borda enemiga, quedaban sujetas a ésta, ofreciendo así una pasarela a la infantería de asalto.

La guardia varega

Desde finales del siglo X muchos varegos sirvieron en una famosa guardia imperial bizantina, formada en 988 por Basilio II, compuesta por seis mil hombres procedentes de los habitantes afincados en Kiev y en Novogorod, así como entre sus descendientes, pero también entre los aventureros provenientes de los reinos y pueblos de Suecia, Noruega, Dinamarca, Islandia e Inglaterra.

Constantinopla en el Civitates Orbis Terrarum

Esos guerreros constituían un cuerpo de élite y como tal también embarcaban a menudo en las flotas bizantinas. Además, se ocupaban no sólo de custodiar el palacio de Constantinopla, sino también de otros edificios y lugares vitales, entre ellos los arsenales del puerto militar de la ciudad.

Para concluir

Todo lo expuesto muestra que los vikingos, en su denominación continental (varegos, rus o rhos), estaban presentes en el impero romano de Oriente, como mercenarios y también desempeñando el papel de comerciantes y en ciertas ocasiones como enemigos. Su altura, aspecto fiero y carácter, así como sus conocimientos del ámbito ofensivo y defensivo, tanto naval como terrestre, impresionaron profundamente a quienes comerciaban o luchaban con ellos. De esta manera, fueron apreciados como una fuerza de élite en las tropas bizantinas, que tuvo un nombre propio: la “guardia varega”.

Más información

BENEDIKZ, Benedikt S. The evolution of die Varangian regiment in the Byzantine army. Byzantinische Zeitschrift, 1969, 62, 1, p. 20-24.

BLÖNDAL, Sigfús. The Varangians of Byzantium. Cambridge: University Press, 2007.

CABRERA-RAMOS, María Isabel. Los varegos de Constantinopla. Origen, esplendor y epígonos de una guardia mercenariaByzantion Nea Hellás, 2014, 33, p. 121-138.

SOTO CHICA, José. Los vikingos y el fuego griego. En ESPINAR MORENO, Manuel, et al. Los vikingos en la Historia 3. 2018, p. 229

VARONA CODESO, Patricia. Las crónicas griegas y la entrada de los rusos en la Historia. Minerva: Revista de Filología Clásica, 2007, 20, p. 93-109.

YÁNIZ RUIZ, Juan Pedro. Los varegos. El pueblo vikingo que fundó Rusia. Clío: Revista de historia, 2006, 53, p. 36-41.

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