Esta semana vamos a conocer una historia extraída de las obras de dos autores griegos, Herodoto y Esquilo, que narran, desde su visión, hasta qué punto el rey persa Jerjes (S. V a. C) se creía poderoso.
Es un hecho histórico que Jerjes quiso construir un puente en el Helesponto (Dardanelos) para facilitar el paso de todo su ejército. Serviría para comunicar la zona oeste de la actual Turquía con las costas griegas. Sin embargo, apenas se conocen los acontecimientos que rodearon esta idea.

Ocurrió antes de la batalla de Salamina (480 a. C.), cuando Jerjes ya había decidido librar la guerra tanto por tierra como por el mar.
Así, para poder llevar a cabo el ataque en suelo griego, necesitaba que sus tropas cruzaran el estrecho de los Dardanelos, para lo cual ingenió un sistema de puentes, por el que se construyeron aproximadamente unos 1,3 km de paso.


Los puentes de barcas de Jerjes
Se eligieron aproximadamente 700 embarcaciones para la construcción de dos puentes. De estas, cerca de 360 naves se destinaron a uno de los viaductos, mientras que las restantes 314 se asignaron al otro. Las embarcaciones fueron alineadas siguiendo la dirección de los vientos y las corrientes. Posteriormente, se aseguraron empleando anclas. Sobre ellas se extendieron enormes cabos de lino y papiro, tensados desde la costa. Encima se colocaron tablones, ramas y una capa de tierra compacta. Finalmente, se levantaron las protecciones laterales.
Sin embargo, una tormenta destruyó estas primeras estructuras. Al recibir la noticia, Jerjes ordenó decapitar a quienes habían dirigido la obra y mandó construir otros dos puentes, muy similares a los anteriores, que finalmente fueron los que permitieron el paso del ejército persa hacia Europa.

Aunque hay autores que opinan lo contrario, los nuevos puentes no fueron incendiados por las tropas griegas. Tras ganar en la batalla de Mícala (479 a.C.), una flota helena se dirigió al Helesponto con la firme intención de destruirlos, pero los encontró ya deshechos, aparentemente a causa de una tormenta. Heródoto narra que algunos de los grandes cabos empleados en su construcción fueron recogidos y depositados en la ciudad de Cardia. Posteriormente, los atenienses los llevaron consigo para dedicarlos como ofrendas en sus templos (Historias, 9.114-121).
Esta parte es relativamente conocida, pero la historia que nos cuenta cómo Jerjes quiso castigar al mar se ha ido perdiendo con los siglos. Heródoto narra que el éxito de Jerjes con estos puentes de barcas para cruzar los Dardanelos venía precedido del intento fallido antes narrado, que lo enfureció y lo llevó a tramar cómo penalizar al mar porque le impedía el paso.

Un castigo para el mar
Heródoto cuenta que Jerjes, enfurecido por la destrucción de los primeros puentes, ordenó propinar trescientos latigazos al agua que pasaba por el Helesponto y arrojarle unos grilletes, como representación de su sometimiento. Mientras golpeaban el mar, los encargados de ejecutar el castigo debían proclamar que los persas lo cruzarían tanto si sus aguas lo querían como si no (Historias, 7.34-35).

Esquilo, uno de los grandes autores trágicos griegos, también evocó este episodio en Los persas, obra representada en 472 a. C. No relata el castigo de los latigazos, pero manifiesta que los puentes eran como un “yugo” colocado sobre el cuello del mar.
En esos momentos a algunos griegos les pareció una infamia, para otros era, además, una terrible ofensa a Poseidón, el dios del mar. De hecho, algunos textos relacionan la derrota de los persas en Salamina con la impiedad cometida por su rey contra las divinidades marinas.
Para acabar
Esta historia representa la confrontación simbólica entre dos poderes: el de un gran soberano y el de un elemento natural que no podía dominar por completo. La imagen de los grilletes arrojados a sus aguas y la del yugo sobre el cuello del Helesponto convertían, metafóricamente, al estrecho en un súbdito rebelde al que Jerjes pretendía someter.
Pero el episodio también debe leerse con cautela. Tanto Heródoto como Esquilo eran autores griegos y presentaron la expedición de Jerjes como una transgresión de los límites humanos. Para ellos, el rey no solo había intentado dominar territorios y pueblos: al “encadenar” el Helesponto, había querido imponerse al orden natural y divino.
Así, cada uno de los puentes levantados en el estrecho de los Dardanelos fue mucho más que una extraordinaria obra de ingeniería: se convirtió en una poderosa imagen política, religiosa y literaria sobre los límites del poder.
Más información
Batalla de las Termópilas. Batallas en la Historia [Blog], 2016.
DÍEZ PLATAS, Fátima. Imperio estético: griegos frente a persas según 300 de Frank Miller. Semata: Ciencias sociais e humanidades, 2011, 23, p. 335-357.
ECHEVARRÍA REY, Fernando. Heródoto y la tragedia de Jerjes: Historia y narrativa trágica. En: CORTÉS COPETE, Juan Manuel; MUÑIZ GRIJALVO, Elena y GORDILLO HERVÁS, Rocío. Grecia ante los imperios: V Reunión de historiadores del mundo griego. Sevilla: Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 2011, p. 45-58.
ENCINAS REGUERO, Mª del Carmen. La lucha entre el hombre y el mar en la literatura griega. Artifara: Revista de lenguas y literaturas ibéricas y latinoamericanas, 2025, 25, p. 803-817.
GADDIS, John Lewis. Grandes estrategias. Barcelon: Taurus, 2019.
ROISMAN, Joseph. El arte clásico del mando: Ocho generales griegos que moldearon la historia de la guerra. La Esfera de los Libros, 2023.
STRAUSS, Barry. La batalla de Salamina. El mayor combate de la Antigüedad. Barcelona: Edhasa, 2022.

