Los océanos interconectados

Les recordamos a nuestros lectores que no se publicarán nuevos contenidos durante el mes de agosto, y que aprovechamos estos días de vacaciones para elaborar unas entradas de carácter enciclopédico sobre grandes temas, formando una serie. Están basadas en los datos recogidos en varias de las entradas ya publicadas. Las de otros años pueden leerse aquí.

Desde hace más de quince años nos ocupamos de una historia marítima todavía muy desconocida, pero apasionante cuando se descubre su recorrido y su importancia milenaria. Esta semana proponemos un viaje por algunas de las entradas que hemos dedicado a los océanos: desde aquellos que existieron en épocas remotas hasta los que los sucedieron y que hoy nos permiten navegar por una inmensidad de aguas interconectadas.

Panthalassa

Pangea, el último gran supercontinente antes de la configuración actual de la Tierra, estaba rodeado por un inmenso océano, que se llamó Panthalassa. Este desempeñó un papel crucial en la evolución de la vida. Sus aguas albergaron ecosistemas muy diversos y participaron en algunas de las grandes transformaciones biológicas y climáticas del final del Paleozoico y del comienzo del Mesozoico. Hace unos 175 millones de años Pangea comenzó a separarse, para dar lugar al nacimiento de los actuales continentes.

El antiguo Tetis

Cuando los continentes se separaron, surgieron los grandes océanos actuales, y también se formó uno más pequeño denominado Tetis, que sería el precedente del mar Mediterráneo, y que ocupaba en esos momentos mucha más superficie que la que actualmente tiene la cuenca mediterránea, como puede verse en la imagen inferior.

Mares, continentes y placas en el Cretácico, hace 80 millones de años. Fuente

El desplazamiento hacia el norte de las placas africana, arábiga e india y su convergencia con Eurasia fueron reduciendo progresivamente el antiguo océano de Tetis. De aquella compleja transformación surgieron cordilleras y cuencas marítimas, entre ellas el mar Mediterráneo actual, considerado uno de sus principales vestigios.

Los océanos actuales

La fragmentación de Pangea modificó profundamente la configuración de los océanos. Mientras el Atlántico y el Índico fueron abriéndose de manera progresiva, el Pacífico actual ocupó parte del antiguo dominio de Panthalassa. Este proceso, iniciado hace unos 200 millones de años, dio lugar lentamente a la distribución actual de continentes y océanos. Actualmente, juntos el Pacífico, Atlántico e Índico suponen más del 60% del planeta Tierra.

Océano Pacífico

El Pacífico fue la autopista de los pobladores polinesios. Para ellos el mar era un camino a seguir, no una barrera. Los navegantes aprendieron a identificar patrones que les servían para saber si había islas cercanas. Las olas, los pájaros, el viento, las nubes y las estrellas eran evidencias que, bien interpretadas, servían para dirigirse de una a otra isla, para habitarlas. Era un saber ancestral que se transmitía entre generaciones. En las islas Marshall se elaboraron además cartas de cañas y conchas que representaban islas y patrones de oleaje, aunque no eran mapas náuticos en el sentido occidental del término.

Herramienta de orientación náutica hecha con conchas y ramas. Fuente

Siglos después, ya durante la Edad Moderna, este enorme océano fue llamado el «lago español«, porque durante más de dos siglos fue transitado y controlado mayoritariamente por navegantes españoles.

Océano Atlántico

El Atlántico había sido considerado en algunas tradiciones geográficas del mundo mediterráneo y europeo el límite occidental del espacio conocido. Pero durante los siglos modernos se convirtió en un largo puente hacia nuevos mundos. Previamente a los grandes descubrimientos, el Colegio de Pilotos de Cádiz ya había formado navegantes que se adentraron en sus aguas para llegar a las Canarias y las Azores. Tras la llegada de Colón a América, un nuevo continente de repente «apareció» para las embarcaciones ibéricas. Se hacía necesario viajar de manera regular hasta las nuevas tierras, por lo que surgió la flota de la Carrera de Indias y para ello también había que formar a los nuevos pilotos.

Igualmente, los viajes a América hacían necesario contar con la cartografía más adecuada para poder llegar de la forma más segura posible. Sin embargo, no existían cartas náuticas para ello. Así, nació la idea de confeccionar un mapa lo más amplio y actualizado, el Padrón Real. Igualmente surgieron tratados como el de Escalante de Mendoza. Muchos de estos libros de náutica tuvieron una influencia extraordinaria en los que se escribieron en el resto de Europa durante varios siglos.

Océano Índico

El océano Índico fue escenario de algunas de las rutas comerciales más antiguas y extensas conocidas. Contamos con un texto muy antiguo, el Periplo del Mar Eritreo, compuesto probablemente hacia mediados del siglo I d. C., que describe varias de esas rutas comerciales, desde el mar Rojo hasta la India, así como por las costas orientales de África y Arabia. Aunque se centra en los mercados y productos con los que se comerciaba en cada lugar, también añadía diversas informaciones sobre navegación, puertos, fauna y sobre las personas y ciudades del trayecto.

El O. Índico en el mapa de Ptolomeo. Fuente

Las denominaciones

La forma de llamar a estos recursos hídricos ha sido variada. Algunos nombres han evolucionado, otros han cambiado, se han traducido o adaptado. Las fuentes antiguas como Ptolomeo (c. 100-180), uno de los mayores exponentes del saber de la Antigüedad, especialmente en el campo de la Geografía, nos proporcionaron nombres que delatan que estamos ante la visión del mar del hombre de la Antigüedad, mucho menos exacta que la actual, pero amplia y abierta. Encontramos denominaciones como Oceanus Occidentalis y Exterius Mare para el océano Atlántico. Junto a ellas también aparecen los nombres que han llegado hasta hoy, aunque adaptados al idioma español, tales como el Indicum.

Nuevas incorporaciones

A los océanos tradicionalmente reconocidos se añadió oficialmente en 2023 el océano Austral, cuya existencia fue aprobada por la Organización Hidrográfica Internacional. También llamado océano Antártico, es la región marítima que rodea y aísla parcialmente al continente antártico (por lo que también tomó su nombre de este espacio terrestre) de las cálidas aguas subtropicales. Tiene como límite geográfico septentrional el paralelo 60° S. Curiosamente sí estaba admitido como tal el océano Glaciar Ártico, su opuesto, pero en el Polo Norte.

Tenemos igualmente posibles océanos embrionarios, como sucede con el lago Baikal, que se encuentra sobre una zona de rift continental activa. Por ello, los geólogos lo estudian como un posible análogo de las primeras fases de apertura de una cuenca oceánica. Si la extensión continuara durante millones de años, podría llegar a desarrollarse allí un nuevo océano, aunque no se trata de un proceso inevitable.

Para acabar

Desde otra perspectiva, podemos hablar de un único océano mundial. Es una forma científica y cartográfica de entenderlo como una masa de agua interconectada. Las divisiones entre Pacífico, Atlántico, Índico, Ártico y Austral responden a convenciones geográficas e históricas, pero sus aguas terminan uniéndose. A diferencia del resto de representaciones previas del mundo, la proyección de Spilhaus (1942) busca centrarse en el mar y su interconexión. Gracias a esta forma de mostrar el mundo se puede observar con facilidad cómo todos los océanos del mundo están conectados entre sí.

Mapa que muestra la conexión de todos los océanos, creado por Clara Dealberto (2018). Fuente

Más información

ANTELO IGLESIAS, Antonio. El Atlántico en la historia y la leyendaEspacio Tiempo y Forma. Serie III, Historia Medieval, 1993, 6.

Lake Baikal to become a new ocean – but not for 20 million years, say scientists. The Siberian Times, 2017.

LEWIS, David. Nosotros, los navegantes. Tenerife: Melusina, 2012.

LEWIS, Martin W. Dividing the ocean sea. Geographical Review, 1999, 89, 2, p. 188-214.

SPILHAUS, Athelstan F. Maps of the whole world ocean. Geographical Review, 1942, 32, 3, p. 431-435.

WRAKBERG, Urban. Hacia el hielo: La exploración polar en el siglo XIX y comienzos del XX. Desperta Ferro. Arqueología e Historia, 2022, 41, p. 6-13.

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