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Archive for the ‘· Naval History’ Category

El cuartel de santabárbara, o simplemente la santabárbara, era como se llamaba antes al pañol o compartimento del barco en el que se colocaban los explosivos (sobre todo la pólvora), metralla y resto de materiales necesarios para poner en marcha la artillería. Otro nombre con el que se conoce es polvorín. Durante la travesía iban allí hasta que se necesitaban.

Detalle del enfrentamiento naval en el estrecho de Gibraltar

Siempre se localizaba en un sitio recóndito y también seguro, por lo general estaba en el centro del buque, en la parte más profunda y cerca del palo mayor, con el fin de resguardarla y que el enemigo no la alcanzara.

Parece que el pañol de las municiones estaba bajo la advocación de esta santa, por lo que se ponía su nombre solicitando la protección, ya que es donde se encierra el mayor peligro para la tripulación y para la nave.

Proyectiles utilizados en un cañón naval. Fuente

Santa Bárbara, la patrona

La historia se remonta al siglo III, en Asia Menor, donde vivió una chica llamada Bárbara que sufrió hasta la muerte por sus creencias cristianas. Su padre la encerró para evitar que fuera seducida mientras él viajaba. Durante la ausencia de su padre, Bárbara abrazó la fe cristiana y se bautizó. Su mismo progenitor fue quien la denunció y también quien la decapitó con una espada en la cima de una montaña, tras lo cual un rayo lo alcanzó, dándole muerte también. Posteriormente fue canonizada y nombrada santa.

Santa Bárbara, pintada por Goya. Museo del Prado

Cómo surgió

La devoción a santa Bárbara es muy antigua. Se tienen noticias medievales de que los artilleros que portaban el material, que había sido decretado por las Cortes de Toledo de 1406, invocaban a dicha santa al cargar las balas. La hermandad de Santa Bárbara de Carmona fue fundada en torno a 1470, en la iglesia parroquial de San Felipe. Igualmente, tenemos evidencias de que ya existía en el año 1500 en Barcelona una Cofradía de Santa Bárbara de los artilleros en la Iglesia de la Merced y una capilla con su altar dedicada a ella.

Ya en el siglo XVI, el emperador Carlos V decretó una serie de leyes y ordenanzas para las escuelas de artillería, entre las cuales estaba que los artilleros debían «santiguarse y solicitar ayuda a Santa Bárbara» cada vez que cargaban el cañón. Si alguien no cumplía la orden debían, como castigo, «honrar (pagar) con dos onzas de cera a la hermandad».

Así, desde lejanas fechas hasta nuestros días se ha mantenido de forma inquebrantable el patronazgo y la protección de santa Bárbara a todos los artilleros. En el tratado de Collado de Lebrija sobre la artillería española, “La platica manuale de artigleria”, de 1606, se explica la advocación a santa Bárbara.

No solo es la patrona de los artilleros, sino de todas las profesiones que manejan explosivos y se le reza frente a todo accidente derivado de explosiones de pólvora. Debido a la leyenda del rayo que mató a su padre tras haberla asesinado, es también patrona de los mineros, electricistas, feriantes, canteros, armeros y escopeteros. Igualmente lo es de los ingenieros de minas y de edificaciones defensivas como fuertes y torres. Se considera especial abogada en la hora de la muerte y firme protectora contra rayos, truenos, centellas y tempestades. Se celebra su onomástica el día 4 de diciembre.

Accidentes ocurridos en la santabárbara

Aunque hubo muchos más, aquí traemos algunos buques que se hundieron por este motivo.

En 1763, en Uruguay, un barco inglés, el Lord Clive, recibió un cañonazo que incendió la santabárbara, haciéndolo saltar por los aires con la mayor parte de su tripulación y su capitán.

En la batalla de Trafalgar (1804) el navío de línea de 84 cañones francés, nombrado Achille, se hundió porque un proyectil enemigo incendió el pañol de la pólvora.

Una representación del hundimiento del navío francés Achille en la batalla de Trafalgar. Fuente

Ya durante el siglo XIX el transporte Infatigable se hundió debido a una explosión en este lugar de la nave en 1855, en Valparaíso.

Otro barco que explotó, porque según los expertos había sido diseñado con el pañol del carbón muy cerca de la santabárbara, fue el Maine. En este caso no hubo proyectil que provocara el incendio, sino que el carbón había prendido espontáneamente produciendo la detonación del pañol de municiones (Leal Cruz, 1998, p. 277).

Durante los enfrentamientos bélicos es mucho más frecuente que estalle este compartimento, debido a que si un proyectil enemigo lo alcanza, la posibilidad de que el buque explote es muy elevada. Durante las guerras mundiales del siglo XX se pueden contar por decenas los que estallaron al ser alcanzados en su parte más débil.

Nota: en los documentos antiguos esta voz puede aparecer con los dos términos unidos (como se escribe aquí, porque es la forma más frecuente), pero también por separado (Santa Bárbara), y se ha encontrado tanto con mayúscula como con minúscula.

Más información

CONTE, Augusto. Santa Bárbara, la Artillería Naval y la Arqueología Subacuática. El Batiburrillo Submarino, 2014.

FERNÁNDEZ DE ARRILLAGA, Inmaculada. El padre Luengo en la antesala del exilio: reflexiones de un jesuita expulso. En: MESTRE SANCHÍS, Antonio y GIMÉNEZ LÓPEZ, Enrique. Disidencias y exilios en la España Moderna. Alicante: Caja de Ahorros del Mediterráneo, 1997, p. 639-652.

GIL RUIZ, Pablo. V Centenario del Patronazgo de Santa Bárbara a la Artillería. El Faro de Ceuta. 2018.

LEAL CRUZ, M. Cuba 98: guerra y prensa. Controversias y disfunciones en torno al Maine. Especial referencia a los rotativos norteamericanos. Coloquios de Historia Canario Americana, 1998, 13, p. 296-322.

MIRA CABALLOS, Esteban. Noticias sobre la antigua hermandad de Santa Bárbara de Carmona. 2016.

POZA FREIRE, Juan Carlos. Devoción y culto a Santa Bárbara por los artilleros y condestables de la armadaRevista General de Marina, 2011, 260, 1, p. 25-29.

RUIZ IDIAGO, Fernando. Santa Bárbara, Patrona de los artilleros. Armas y Cuerpos, 2020, 1, p. 78-83.

SALAS, Ramón de, et alMemorial histórico de la artillería española. Madrid: Impr. de García, 1831.

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Ya dedicamos una entrada al transporte de caballos por mar durante la Edad Media y la Moderna. En esta ocasión nos vamos a centrar, gracias a un artículo publicado recientemente de Terrado y Lasheras, en conocer cómo era durante la Antigüedad el traslado marítimo de los caballos de carreras que actuaban en los juegos (ludi circenses).

Los equinos entrenados para los circos griegos y romanos procedían, por lo general, de regiones específicas (Grecia, Sicilia, Hispania y Capadocia, entre otras), y era habitual que los criadores los exportaran para las carreras que se realizaban en otros puntos de la geografía romana. Esto significa que su transporte era imprescindible y que éste se desarrollaba por vía marítima.

Su origen

Los primeros testimonios acerca del transporte equino los recoge Heródoto en su obra sobre las Guerras Médicas, donde se alude al traslado de caballería en barcos militares. La siguiente referencia es de Tucídides, quien menciona que la armada ateniense poseía una nave específica para transportar caballería durante el transcurso de la guerra del Peloponeso. Eran viejas triereis, unos barcos de guerra en los que se modificaba la disposición interna para el traslado de estos animales. De los doscientos remos que tenía el barco ateniense, se reducían a sesenta, y entre cada uno de ellos se colocaba un caballo. Suponía que se podían transportar como máximo treinta equinos por embarcación.

Detalle del mosaico de la plaza Armerina (Sicilia). Fuente

Otra forma de llevarlos de un lugar a otro era con liburnas o lembos, unas embarcaciones de origen ilirio empleadas entre los siglos IV y III a.C. para desembarcos bélicos y piráticos, de varias medidas y posteriormente muy utilizados por los romanos. Eran navíos militares ligeros y espaciosos, utilizados tanto en el mar como en los ríos. El más grande llevaba unos cincuenta remeros y podía transportar a más de treinta personas, además de dos caballos. Su objetivo no era el transporte de animales, pero constituye un ejemplo de las primeras adaptaciones para su traslado.

Una muestra aparece en uno de los relieves de la columna Trajana, donde se puede ver una barcaza de río, sin timón ni mástil, tripulada por un remero y transportando tres caballos en un contexto claramente militar.

Detalle de la columna Trajana. Fuente: Terrado 2017

Las naves construidas para este propósito

El barco destinado al transporte de caballos por excelencia era el hippagogós. El término es un adjetivo que a menudo aparece junto a la palabra naus o triereis, aunque desde el siglo V a.C. se utiliza a menudo como sustantivo, cuyo uso se prolonga hasta época bizantina (siglos XII-XIII).

Una buena muestra la hallamos en el mosaico de Althiburos (Túnez). Bajo el nombre de hippago aparece una embarcación simétrica de grandes dimensiones, sin mástil ni timón, que debía ser remolcada o propulsada con tres pares de remos. Se distingue la popa de la proa por la posición de los remos y en el casco se dispone una cuerda para amortiguar los golpes. En cubierta hay tres caballos, de los que se añaden sus nombres, Icarus, Ferox y Cupido, que solían ser muy habituales para estos animales destinados a las carreras circenses, puesto que hacen referencia a alguna característica especial (destreza y rapidez, indómito y estética). El mosaico es fundamental para conocer estas naves, de las que existen pocas evidencias.

Detalle del mosaico de Althiburos (Túnez) donde se puede apreciar una nave con caballos. Fuente

Los équidos se muestran además con sus respectivas riendas, cuyos colores indican el equipo (factio) al cual pertenecían, denotando así que eran corceles de entidad e individualizados tanto por su color de piel como por sus nombres. Durante la República Romana había dos equipos, el rojo (factio russata) y el blanco (factio albata). En el siglo I se añade la factio prasina, bando de los verdes y la factio veneta, que correspondía a los azules. Eran los cuatro más importantes y tenían gran peso en los juegos del mundo romano. Cada uno de estos equipos tenía sus jinetes (aurigas), que eran verdaderos héroes que hacían ganar grandes sumas de dinero y que acumulaban muchos honores.

Escena de circo romana. Fuente: Museo Arqueológico Nacional

Naves comerciales

Muchas de las embarcaciones representadas eran onerarias (para el comercio), pero iban tripuladas por militares, que eran los que se dedicaban a cazar y transportar animales para los juegos, aunque esas naves también se usaban para trasladar caballería en tiempos de guerra. Algunos autores mantienen que esta tipología de embarcaciones puede asociarse con los llamados cercuri en latín (kerkouroi en griego), que servían indistintamente para usos comerciales y militares, muy usadas en el Mediterráneo desde los siglos V al I a.C.

Para concluir

El transporte de equinos en barcos no era fácil y tuvo su origen en los traslados por mar de caballos y jinetes para los enfrentamientos bélicos. La experiencia adquirida fue la base que se usó posteriormente para los desplazamientos de los magníficos ejemplares de carreras de los juegos.

La importancia que con el tiempo adquirió el traslado de estos animales supuso la evolución de las embarcaciones utilizadas para ello, desde las antiguas triereis transformadas para este cometido, hasta la creación de una especializada para el transporte de caballos, el hippagogós.

Nota: En los textos y en la epigrafía aparecen diferentes denominaciones, además de la citada de hippagogós, algunas con variantes del mismo nombre, tales como hippegós, hippagines, hippagogus, hippegus, hippago, hippagogi, hippagi e hippagines.

Más información

ARCE, Javier et al. Los caballos de Símmaco. Faventia, 1982, 4, 1, p. 35-44.

Circus romanos, aurigas y caballos de carreras en la antigua Roma. Domus Romana, 2020.

TERRADO ORTUÑO, Patricia y LASHERAS GONZÁLEZ, Ada. Caballos para el circo: acerca de su transporte en época romana. Tarraco Biennal. LÓPEZ VILAR, Jordi. La glòria del circ curses de carros i competicions circenses. Actes 3r Congrés Internacional d’Arqueologia i Món Antic. Tarragona: Mutua Catalana, 2017.

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¡11 años difundiendo el Patrimonio y la Historia Naval!

Mañana se cumplen once años desde que el blog se inició. Hemos publicado ya 620 entradas y contamos con visitantes de más de 150 países. Con tan largo recorrido queremos celebrar este aniversario publicando una entrada que describe cómo fueron las comunicaciones escritas entre España e Hispanoamérica durante los siglos XVI al XIX. En esta bitácora hemos cambiado el sistema de transmisión, pasando de uno en papel, más personal, a otro virtual a través de Internet, más rápido. Seguiremos navegando en este espacio digital, donde lo más importante es el interés despertado en nuestros lectores, auténtico motor que mantiene y mejora este derrotero cultural que propicia la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval.

El correo en los inicios

Durante siglos la llegada del correo entre la península Ibérica y las tierras americanas no estuvo asegurada. Así, una carta escrita en Cádiz podía tardar un año y medio en llegar a La Habana, incluso había posibilidades de que nunca llegara. Si el barco que las llevaba naufragaba, evidentemente las misivas se perdían. Sin embargo, este caso fue insignificante en comparación con otras posibilidades: una es que en el camino la carta se traspapelaba, otra que si llegaba a América se podía requisar por las autoridades virreinales, e incluso una vez en el nuevo continente podía ir de un sitio a otro y al final desecharse, entre otras muchas.

Una nave dibujada en el globo de Martin Behaim (S. XV). Fuente

Cuando las cartas eran de particulares, el daño afectaba a unos pocos, pero si era correspondencia oficial, la situación era mucho más grave y se contaban por miles los afectados. Por ejemplo, uno de los primeros casos fue el del mismo Cristóbal Colón, que enviaba misivas a los reyes narrando sus descubrimientos. Éstas viajaban en barcos desde Centroamérica hasta la Península. Pero el sistema de correos no estaba generado como tal, ya que dependía de la buena voluntad de los oficiales, o del capitán de la nave, que se entregase o no. Esta inseguridad hacía que éstas se enviaran duplicadas y, a veces, hasta sextuplicadas, incluso a través de diversas rutas.

Mapa del continente americano de Diego Gutiérrez (1562). Fuente

La evolución

Siguiendo a Vallejo, el traslado del correo entre España y sus provincias americanas se puede dividir en cuatro grandes etapas.

  • Primera etapa (1514-1764)

La correspondencia oficial iba en los navíos de aviso (unidades navales militares, usualmente rápidas, cuyo cometido era transportar pliegos y órdenes entre distintos buques o entre estos y la costa), mientras que la particular viajaba en las flota de Indias. Sin embargo, no existía ningún registro, no había pago de tasas, ni responsabilidad alguna.

En 1514 se creó la figura del Correo Mayor de Indias, que en ese momento recayó en Lorenzo Galíndez de Carvajal. El cargo era perpetuo y además heredable. Sólo él podía despachar los correos, bajo multa de diez mil maravedíes para quien contraviniese la orden. No se garantizaba el servicio y se dieron muchos casos de mala manipulación, lo que motivó que se firmara en 1541 una orden para que la correspondencia con las Indias se liberara.

Reglamento Provisional del Correo Marítimo de 1764. Fuente: Archivo General de Indias
  • Segunda etapa (1764-1802)

En 1762, la corona decidió crear un sistema centralizado de correos para garantizar las comunicaciones ultramarinas. Un año después se crearon los Correos Marítimos del Estado.

Así, en 1764 se establece por primera vez un correo de mar ordinario entre España y las Indias. A partir de este momento, mensualmente salía un navío con todas las cartas dirigidas a Ultramar, desde el puerto de A Coruña hasta La Habana y también el viaje de vuelta. La Habana se convierte así en centro de distribución, con envíos en balandras y paquebotes a Veracruz, Tierra Firme y Perú. Pronto se instituyeron los que iban a otros lugares del continente americano.

Tras recibir multitud de quejas y varios informes al respecto, se publicó una Real Ordenanza del Correo Marítimo (1777), que trató de proporcionar homogeneidad a las diversas órdenes y normativas previas. Se creaba el cargo de Superintendente General de Correos y Postas con el rango de Primer Secretario de Estado (lo que hoy conocemos como ministro). Le competía la construcción de las naves para llevar el correo. A primeros de cada mes salían con destino a La Habana y Nueva España, y los días quince de febrero, abril, junio, agosto, octubre y diciembre hacia Buenos Aires y Perú, en donde se nombraban también administradores principales para el correo marítimo en su ámbito de influencia.

  • Tercera etapa (1802-1827)

El servicio de correos pasa a depender íntegramente de la Armada. Se multiplica la frecuencia en la salida y llegada de las naves que llevaban el correo. En 1809 se aprueba y publica un Reglamento para los Correos Marítimos. Se establecen tres grandes líneas, una que iba a Puerto Rico, La Habana y Veracruz, otra a Canarias, Cumaná y Cartagena de Indias y una última al río de la Plata. Las dos primeras tenían salidas mensuales de la Península y la tercera cada dos meses.

  • Cuarta etapa (1827-1898)

El correo a las pocas provincias ultramarinas que seguían bajo dominio español pasó a manos de empresas. Se fletaban cuatro goletas de más de 100 toneladas de porte, con unos 20 hombres por cada nave.

Las marcas de los correos marítimos

Sabemos que entre 1723 y 1764 el servicio de correspondencia transatlántica era gratuito en ambos sentidos. A partir del año 1764 se establecieron unas tarifas que se basaban en el peso y la distancia recorrida por la misiva. Para determinar el origen y destino de las cartas transportadas por el correo marítimo se crearon tres tipos de cuños: ESPAÑA, YNDIAS e YSLAS, que debían aplicarse en los puertos de salida.

Con el tiempo los cuños de multiplicaron. En el trabajo de Pérez Gómez se pueden encontrar las ilustraciones de muchas cartas, con sus destinatarios y el nombre de la embarcación que las portaba.

Más información

Distintivos del correo marítimo español, Filatelia Digital, 2014.

ESCRIGAS RODRÍGUEZ, Juan. Marcas postales del Apostadero de La Habana. 2018.

ESCRIGAS RODRÍGUEZ, Juan. Marcas postales de las provincias marítimas y distritos del Apostadero de La Habana. Academus, 2020, 24, p. 79-101.

LÓPEZ BERNAL, José Manuel. De los navíos de aviso a los correos marítimos (siglos XVI-XVIII) Filatelia Digital, 2016.

MORENO CABANILLAS, Rocío. El correo marítimo colonial (1764-1824), rutas y tarifas postales. Fronteras de la Historia, 2013, 18, 2, p. 295-298.

PÉREZ GÓMEZ, Rafael. Los correos marítimos a Canarias y a Ultramar. Sociedad Filatélica y Numismática Alicantina [s.f.].

VALLEJO GARCÍA-HEVIA, José María. Los navíos de aviso y los correos marítimos a Indias (1492-1898). Ius fugit: Revista Interdisciplinar de Estudios Histórico-jurídicos, 1998, 7, p. 197-268.

 

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Esta semana vamos a conocer algo más de la historia de un pueblo, el los vándalos, que destacó por su dominio del mar entre los que se denominaron «bárbaros». Se ha tratado algo sobre ellos, pero no sabemos el motivo por el cuál se han ignorado con mucha frecuencia sus habilidades marineras y cómo éstas dieron lugar a que durante cien años estuvieran azotando por mar al imperio romano desde su sede en el Norte de África.

Desplazamientos de los pueblos «bárbaros» por el continente europeo y por África. Fuente

Un pueblo nórdico que pasa a la Europa continental

Los vándalos originariamente habitaban las regiones ribereñas del mar Báltico. Según Brossard procedían de Suecia. Una vez que abandonaron la península escandinava se fueron a vivir a las llanuras del centro de Europa. Al poco de establecerse allí se vieron continuamente asediados por los hunos, por lo que se fueron desplazando hasta las orillas del Rin e intentaron atravesar la frontera del imperio, pero los romanos no se lo permitieron. En el invierno del año 406, cuando el río estaba congelado, la pasaron. Así, lo que antes era una barrera se había convertido en un paso firme, que atraviesan y llegan a la Galia (Francia). Desde allí, con actividades de asedio y asalto, avanzan hacia la península Ibérica. En sólo tres años ya habían recorrido la parte este de Europa.

Desplazamiento de los vándalos desde los países nórdicos. Fuente

Se habían asentado en el sur de la península y habían aprendido técnicas de carpintería de ribera, posiblemente de los pueblos que allí vivían. El dominio de la construcción naval les permitió hacer sus propios barcos y les dio un poder nuevo, el del dominio del mar. Parece que su espíritu marítimo había surgido en Cartagonova (Cartagena), cuando vieron la enorme flota romana en el puerto. Por sus venas corría la sangre de sus antecesores nórdicos, expertos en temas náuticos. Además, su asentamiento en Hispalis (Sevilla) les permitió entrar en contacto con los carpinteros de ribera hispanorromanos.

Su forma de vida nómada y de obtener el sustento a base de asaltos les terminó convirtiendo en enemigos de los romanos, que hicieron un pacto con los visigodos para expulsarlos de Iberia. Pero su rey Genserico, hijo de un jefe vándalo y una esclava, sería quien llevaría a su pueblo a las mayores victorias conocidas.

Llegan al Norte de África

Cuando fueron atacados por romanos y visigodos huyeron en sus naves al norte de África (año 429). Esta emigración fue la más numerosa de un pueblo bárbaro por mar (se cree que fueron unas ochenta mil personas), ya que otras fueron pequeñas incursiones o traslados de familias, como las que llevaron a cabo los sajones en Britania en su segundo desembarco en la isla. Algunos autores afirman que los vándalos debieron llevarse consigo a carpinteros de ribera hispanorromanos hasta su nuevo emplazamiento africano, aunque no sabemos si fueron obligados a embarcar o si lo hicieron de manera voluntaria.

Allí, en el norte del continente africano, establecieron su reino y poco a poco fueron conquistando los territorios del imperio de Roma, avanzando hacia el este. Primero hicieron de Hipona su capital, hasta que llegaron a Cartago, que se había convertido en una populosa e importante ciudad romana. En ella instalaron su nueva capital y se hicieron con la flota imperial, lo que reforzó su poder marítimo.

Movimientos de los pueblos vándalos dentro de las fronteras del imperio romano. Fuente

Su reino en el sur del Mediterráneo

Sabemos muy poco de los conocimientos de construcción naval de este pueblo, pero se da por hecho que consiguieron controlar las técnicas que aprendieron en Hispania y que las fueron desarrollando una vez que se asentaron en el continente africano.

Tras conseguir establecer una dinastía, intentaron conquistar la península itálica y llegar hasta Roma. Unos años más tarde lo consiguieron y lograron atraer las miradas del gigante del éste, el imperio romano de Oriente, que los veía como piratas que estaban usurpando su territorio. Habían conseguido controlar una parte importante de los terrenos agrícolas que eran la base de la alimentación del imperio, primero el norte de África, el granero principal, posteriormente Sicilia, luego Cerdeña y al final Roma, así hasta llamar la atención de Bizancio.

El reino vándalo o Vandalia. Fuente

Bizancio les ataca por mar

El rey bizantino mandó a uno de sus más brillantes generales, Basilisco, a atacarlos, y en un primera instancia parecía que había ganado la batalla. La flota romana estaba anclada a varios kilómetros de la costa, a la espera de la rendición vándala. Pero éstos solicitaron cinco días para hacerlo y en ese tiempo lo que tramaron fue cargar pequeños barcos con vasijas de aceite y sustancias inflamables. Cuando salieron al encuentro de la flota imperial, les ataron el timón para que llevaran el rumbo deseado y los estrellaron contra la gran cantidad de naves romanas, causando multitud de bajas y haciendo huir a Basilisco. Eran los barcos de fuego que se habían usado desde hacía mucho tiempo. Fue una humillación terrible, que costó muchas vidas. Genserico, su caudillo, había conseguido otra victoria naval. Sin embargo, tras gobernar unos cuarenta años falleció, dejando a sus descendientes el trabajo de mantener el territorio norteafricano conquistado que, muy a su pesar, el imperio romano terminó aceptando.

Un caballero vándalo representado en un mosaico de Cartago. Fuente

Decenios después sería Belisario, mandado por el emperador Justiniano, quien los derrotaría en otra batalla naval. Su mano derecha era el almirante Calonimus de Alejandría. Por los textos sabemos que para llegar desde Constantinopla tuvieron que armar una flota de casi 600 naves (500 de transporte y 92 dromones) y embarcar unos 30.000 hombres. Los dromones medían casi 30 metros de eslora por cinco de manga, eran monorremes y llevaban espolón.

El inicio del fin

La segunda flota bizantina zarpó en junio del año 533 rumbo a Cartago. Tardaron unos 3 meses en llegar a la costa de Túnez. Desde allí salió un grupo por tierra, en un camino paralelo a la costa, en dirección a Cartago, mientras que las naves en las que habían navegado hasta allí les guardaban su flanco derecho. La batalla fue terrible, murieron miles de soldados y su rey fue llevado a Constantinopla para sufrir las iras del pueblo y morir dilapidado. A partir de ese momento los vándalos empezaron a desaparecer de la Historia. Sin embargo, su nombre ha quedado como sinónimo de personas destructivas, salvajes, brutales y violentas. Nada se dice del poder que consiguieron en el mar, ni de sus conocimientos y habilidades. Tampoco sabemos cómo burlaron la ley romana de prohibir la transmisión de técnicas de navegación y construcción naval a cualquier bárbaro.

Más información

ÁLVAREZ JIMÉNEZ, David. El reino pirata de los vándalos. Sevilla: Universidad, 2016.

DE BROSSARD, Maurice. Historia marítima del mundo. Madrid: Edimat Libros, 1976.

COURTOIS, Christian. Les Vandales Et L’afrique. Paris: Service des Antiquités, 1955.

FERREIRO, Miguel Ángel. ¿Quiénes fueron los vándalos?. El reto histórico, 2020.

FOURNIER, Eric. The Vandal conquest of North Africa: the origins of a historiographical persona. The Journal of Ecclesiastical History, 2017, 68, 4, p. 687-718.

HERNÁNDEZ DE LA FUENTE, David. Vándalos: El reino pirata que sometió Europa por mar. La Razón, 23/04/2017.

HUGHES, Ian. La conquista del reino vándalo. Las batallas de Ad Decimum y Tricamerum. Desperta Ferro, 2020.

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A pesar de que algunos autores lo califican exclusivamente como general, Conon fue un experto almirante, faceta que parece perdida. Nació en Atenas, entre los años 440 y 444 a.C y murió exiliado, en el 390 a.C.

El contexto

En esos momentos en Atenas había un fuerte enfrentamiento con la otra gran ciudad estado, Esparta, y el rey persa se había convertido en árbitro de la situación. Su apoyo a una o a otra supuso el control de la península griega y de una parte importante de las islas del mar Egeo.

Sus inicios

Miembro de una poderosa familia ateniense, Conon fue nombrado estratega en varias ocasiones, lo que le supuso dirigir las fuerzas terrestres y navales atenienses contra Esparta, junto a otros destacados personajes. Una de las veces perdió una batalla naval, la de Egospótamos (405 a.C) y, ante el miedo a represalias, se exilió voluntariamente a Chipre. Los espartanos, vencedores, obligaron a los atenienses a destruir las murallas defensivas que unían la urbe con el puerto. El imperio marítimo que Temístocles había levantado parecía que estaba llegando a su fin.

Localización de Atenas y Esparta en un mapa contemporáneo. El imperio persa se situaba en la actual Turquía

Almirante en Persia

En Chipre Conon estuvo protegido por el rey de la isla, que era vasallo del monarca persa Artajerjes II. Al poco tiempo, dados los conocimientos del ateniense, Artajerjes le nombró almirante de su flota y también le encomendó llevar a cabo un programa de construcción naval en varios puertos (Fenicia, Cilicia y Chipre) para reforzar la armada persa.

Dibujo de Artajerjes II. Fuente

Sabemos, por los textos, que en la batalla de Cnido (394 a.C.) se enfrentaron unos 170 trirremes al mando de Conon frente a 85 del almirante espartano Pisandro. El historiador Jenofonte cuenta que los aliados de los espartanos huyeron antes de la batalla, al ver la enorme diferencia en las flotas, y que los que se quedaron para el enfrentamiento a mitad de éste lo dejaron, cuando vieron que estaban pedidos. Sólo su almirante se quedó y prefirió morir en la batalla.

En Atenas

El rey persa ofreció una importante cantidad de dinero a sus aliados griegos (Atenas y las otras ciudades que estaban en su liga). De todas ellas la que mejor invirtió el capital ofrecido fue Atenas. Conon, tras estar fuera un tiempo, entró de nuevo en el año 393 a.C, al mando de una flota de 80 trirremes aclamado por sus habitantes. Con él al mando se reconstruyeron las murallas del Pireo (los Muros Largos) y las fortificaciones que habían sido destruidas. Recibió gloria y honores como hacía tiempo que no se habían otorgado. Atenas volvió a disfrutar de una segunda edad dorada, aunque menos brillante, porque las circunstancias habían cambiado mucho.

Dibujo del puerto de El Pireo

El árbitro del Egeo en ese momento, el monarca persa, apoyaba a Atenas frente a Esparta, pero la situación podía cambiar rápidamente. Así ocurrió cuando desde Esparta mandaron a hábiles diplomáticos para aliarse con Persia y dejar a Atenas a un lado. Conon fue enviado para dar un giro a esta nueva alianza, pero fue encarcelado y al poco tiempo murió. Trasíbulo, que tomó el poder tras su entrada en prisión, siguió con su política de dominio ateniense del mar Egeo, pero para ello no contó con Persia como aliado. Se abría otra nueva fase en la historia de la antigua Grecia para la que Conon había puesto las bases.

Una imagen de Atenas y del puerto de El Pireo, unidos por los Muros Largos. Fuente: J. A. Kaupert

Para acabar

Dos veces estuvo Conon en el exilio, una de manera voluntaria y otra forzado por el rey persa. Su hijo Timoteo heredaría una parte de su gloria y bajo su mando estuvieron los atenienses años después. Actualmente hay autores que mantienen que Conon fue un espía del rey persa Artajerjes II, y que todo lo que hizo en su tierra natal fue por orden de este monarca, pero nosotros creemos que queda todavía mucho por descifrar e investigar antes de concluir con esta afirmación. Lo que sí sabemos es que fue un hombre de amplios conocimientos y un relevante estratega naval.

Conon, el gran almirante del siglo IV a.C, el heredero de Temístocles, ha sido olvidado y obviado por la Historia. Por eso recordamos en este texto algunos de sus logros, para que no se olviden.

Más información

GÓMEZ CASTRO, Daniel. Todos contra Esparta. La estrategia de diversión persa en la guerra de Corinto y la «magnanimidad» del Gran ReyFaventia, 2010, p. 43-58.

FORNIS, César. Conón entre Persia y Atenas (394-391 a.C)Dialogues d’histoire ancienne, 2008, 34, 2, p. 33-64.

MARCH, Duane A. Konon and the Great King’s Fleet, 396-394. Historia, 1997, 46, p. 257-269.

MOSSÉ, Claude. Historia de una democracia: Atenas. Madrid: Ediciones Akal, 1987.

SANCHO ROCHER, Laura. Los «moderados» atenienses y la implantación de la oligarquía. Corrientes políticas en Atenas entre 411 y 403 a. C. Veleia, 2004, 21.

TORRES ESBARRANCH, Juan J. Conón, ensayo de una biografía. Convivium, 1963, p. 133-166.

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Ha habido muchos inventos para facilitar la navegación. Algunos alcanzaron el éxito, como la brújula o el sextante. Otros no se tuvieron en cuenta. Entre los segundos está un objeto diseñado por un médico inglés en el siglo XIX para pronosticar tormentas, con el objetivo de que los pilotos supieran con cierta antelación que iba a ocurrir este tipo de acontecimiento atmosférico y poder tomar medidas.

El pronosticador de tormentas es un curioso invento que nos traslada a la época victoriana, momento de grandes invenciones y de personas tremendamente interesadas en la naciente investigación científica, que tan buenos resultados daría en el siglo siguiente.

George Merryweather, un médico que ejercía en Whitby (Inglaterra), era conocido por sus inventos, dedicados a mejorar la vida de sus conciudadanos. Aunque legó alguno más, esta vez nos vamos a centrar en uno vinculado con la navegación, ya que su idea era pronosticar las tormentas, de cara a evitar naufragios y pérdida de vidas por esta causa. Para construirlo, su ingenio victoriano tomó prestadas las virtudes de un animal que en ese momento era muy usado en medicina, la sanguijuela.

Las sanguijuelas en la medicina

Desde época muy antigua se sabe que se aplicaban sanguijuelas en numerosas zonas del cuerpo. Éstas chupaban la sangre del paciente, en la creencia de que podrían curar numerosas enfermedades. Pensaban que sacaban del cuerpo los vapores del demonio, aunque en realidad la parte positiva era que podía reducir hematomas, inflamaciones y tumefacciones.

Dibujo de una sanguijuela

Sin embargo, el efecto no siempre era el que se esperaba. Las complicaciones más graves son las anemias severas producidas por hemorragia. La mayor utilización de sanguijuelas fue a mediados del siglo XIX, sobre todo en Francia e Inglaterra, precisamente en la época en la que vivió Merryweather. De hecho, desde 1825 hasta 1840 se importaron más de 50 millones de sanguijuelas anualmente. Con el avance de la medicina científica su uso fue decayendo y a partir de la década de 1960 va resurgiendo nuevamente su uso.

El pronosticador de tormentas

El aparato a primera vista parece un juguete de caballitos, pero no lo es. En el centro había una campana rodeada de 12 botellas y otros tantos martillos. Cada martillo estaba sujeto con alambre a un trozo de hueso de ballena que se colocaba sin apretar en el cuello de una de las botellas. En cada una de ellas se había introducido una sanguijuela en un medio líquido. Su autor partía de que los cambios en la presión atmosférica que ocurren antes de una tormenta, llevarían a las sanguijuelas al cuello de la botella y una vez allí rozarían los trozos de hueso de ballena, lo que haría sonar la campana en la parte superior del dispositivo. Si eran varios los toques se avecinaba una tormenta. 

Fotografía del pronosticador de tormentas (copia)

Para ser justos con el doctor, éste había probado su invento durante casi un año, había anotado cuidadosamente los resultados, publicados en su libro y mandado varias misivas al presidente de la Sociedad Filosófica y Literaria de Whitby, Henry Belcher, anunciando que se iba a producir una tormenta, de cara a demostrar su fiabilidad. 

Esquema del funcionamiento del aparato diseñado por Merryweather

Para acabar

La fe en su invento era tal que Merryweather diseñó el mismo aparato en seis versiones distintas para adaptarlas a las capacidades económicas de distintos ciudadanos, creyendo que se usaría ampliamente en buques a lo largo de todos los mares. Lo llevó a la Gran Exposición de 1851 y allí aventuró su uso mundial. Sin embargo, ni siquiera el gobierno inglés estuvo dispuesto a comprarlo y acabó siendo un invento más. En 1951 se hizo una réplica y se depositó en el Museo de Whitby, en honor de su vecino.

Copia del aparato diseñado para pronosticar tormentas expuesto en el Museo de Whitby (Gran Bretaña)

Más información

ANDERSON, Katharine. Predicting the weather: Victorians and the science of meteorology. University of Chicago Press, 2005.

FROST, Natasha. El ascenso y la caída de las sanguijuelas que podían predecir el clima. Atlas Oscura, 2017.

MERRIAM, George. An essay explanatory of the Tempest Prognosticator in the building of the Great Exhibition for the Works of Industry of All Nations. London: J. Churchill, 1851.

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