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Posts Tagged ‘Pilotos’

Iniciamos el mes de septiembre con una interesante entrada de Francisco Cabezos Almenar, Licenciado en Historia por la Universidad de Salamanca y Máster en Historia y Patrimonio Naval, sobre el origen y nacimiento del cuerpo de pilotos de la Real Armada Española, a la que seguirá otra en la que se explicará su evolución en los distintos departamentos navales. 

El siglo XVIII supuso, gracias a las reformas de la dinastía borbónica, la modernización estructural y orgánica de la inmensa mayoría de los elementos que configuraban la Corona española en distintos campos. Estos esfuerzos se llevarían a cabo gracias a una potenciación y profesionalización de distintos oficios, aglutinando en ocasiones de manera corporativa a un conjunto de profesionales con el objetivo de controlar su desarrollo ante las necesidades proyectadas para el Reino.

La Marina de guerra española fue uno de los elementos más importantes de este proceso, desarrollando en el nuevo panorama ilustrado los perfiles materiales y humanos que la configuraban. Junto al Cuerpo General y el de Intendencia, otros grupos fueron surgiendo a lo largo del siglo XVIII, con el objeto de aglutinar de manera corporativa a grupos profesionales de importancia para el servicio en la Real Armada. Ingenieros, cirujanos o pilotos son claros ejemplos, siendo estos últimos los que aquí presentamos.

Ordenanzas de 1748

La figura profesional del piloto

El piloto era en el mar la persona que debía establecer las pautas de navegación del barco, procurando que este llegase a su destino de la mejor manera posible y haciéndose valer de los conocimientos propios de la náutica: astronomía, navegación, cartografía, entre otros. Durante la Edad Moderna había sido un oficio tomado en gran importancia, puesto que un marino con conocimientos de pilotaje era una pieza fundamental en cualquier navegación, sobre todo si este exponía una dilatada experiencia en una zona o derrotero específico. Esta sería una de las razones por las que durante el siglo XVI o XVII se buscase, por ejemplo, regular y controlar el oficio de piloto de cara a la Carrera de Indias, dando pie a exámenes y a la creación de escuelas de náutica como el Colegio de San Telmo de Sevilla (1681).

Imagen de la portada del Tratado cuarto de las Ordenanzas de 1748

Conscientes del papel del piloto en el marco profesionalizador de la nueva marina de guerra borbónica, en el XVIII se planteó disociar el pilotaje militar del civil. El Real Servicio debía disponer de sus propios pilotos, formados y listos para su desarrollo en los barcos y operaciones que la Corona dispusiera, evitando la vieja costumbre de contar con pilotos mercantes, tal y como ocurría en los siglos anteriores. La nueva Armada debía disponer de hombres para la guerra, capaces de desarrollarse entre el fuego y la metralla tanto como entre las tempestades.

Los primeros exámenes

En 1734 se daba orden de establecer un primer número fijo, asignando una treintena de pilotos de manera estable para su servicio en los navíos del Rey. Los aspirantes fueron examinados en Cádiz, asegurando así las capacidades profesionales de los que formarían la primera dotación de pilotos de la Armada. Dos años más tarde se haría lo propio en el resto de Departamentos, viendo como sin estar formado aún el Cuerpo de Pilotos se daban los primeros pasos hacia el mismo. Se aseguraban así la autosuficiencia de la Armada en el recurso humano.

Nace el Cuerpo de Pilotos de la Armada

Los pasos dados en la década de los 30 se cristalizarán en 1748 con la creación formal del Cuerpo de Pilotos de la Armada, detallando sus características y obligaciones en las Ordenanzas de ese mismo año. Su organigrama situaría un número de pilotos de dotación en cada uno de los tres Departamentos peninsulares, dependiendo jerárquicamente de un Director departamental. Estos responderán ante el Director del Cuerpo en Cádiz y este a su vez de las instancias superiores:

Escala de mando del Cuerpo. Fuente: Cabezos Almenar, 2017: 88

Jerarquía

Los pilotos a su vez se organizarán en torno a tres clases, coincidiendo estas con su experiencia y capacidades y, por lo tanto, con la categoría: Primer Piloto, Segundo Piloto y Pilotín (de mayor a menor categoría). A estas habría que sumar la categoría de Piloto Práctico, el cual se centraría en tareas de navegación costera y por lo tanto estaría por debajo de las clases superiores proyectadas a la navegación de altura. Cada clase tendrá asignadas unas competencias superiores o inferiores dentro de cada navío, siempre asociadas al nivel cognitivo y la experiencia.

Más información

CABEZOS, Francisco. El Cuerpo de Pilotos de la Armada en Cartagena (1748-1805). Mediterránea-Ricerche Storiche, 2017, 39, pp. 85-126

GARCÍA GARRALÓN, Marta. Los ojos del buque: los pilotos de los navíos del rey (1748-1846). En SÁNCHEZ BAENA, Juan José, CHAÍN NAVARRO, Celia, MARTÍNEZ SOLÍS, Lorena. Estudios de Historia Naval. Actitudes y medios en la Real Armada del s. XVIII. Murcia: Universidad de Murcia, Servicio de publicaciones, 2012, pp. 189-213.

SELLÉS, Manuel A. y LAFUENTE, Antonio. La formación de los pilotos en la España del siglo XVIII. En PESET, José Luis (ed.). La Ciencia moderna y el Nuevo Mundo. Actas de la I Reunión de Historia de la Ciencia y de la Técnica de los Países Ibéricos e Iberoamericanos (Madrid, 25 a 28 de septiembre de 1984). Madrid: CSIC-Sociedad Latinoamericana de Historia de las ciencias y de la tecnología, 1985, pp. 149-191.

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¿Quién pilotaba los barcos que navegaban a América en el siglo XVIII? El Real Colegio Seminario de San Telmo de Sevilla (1681-1847) se fundó para dar respuesta a la imperiosa necesidad de pilotos y marineros de las flotas ultramarinas americanas. El centro de náutica sevillano fue una de las instituciones más importantes de enseñanza de la navegación de la Monarquía hispana. Su desarrollo se halla estrechamente ligado a la Carrera de Indias y, a partir de 1787, a la jurisdicción de la secretaría de Marina.

Por Marta García Garralón, Dra. en Historia

El Colegio de San Telmo

A orillas del río Guadalquivir, más allá de la puerta de Jerez y extramuros de la ciudad de Sevilla, se yergue imponente y lleno de historia el Palacio de San Telmo, sede de la actual Presidencia de la Junta de Andalucía. Sin embargo, pocos saben que ese gran edificio barroco con cuatro torres, capilla y jardines fue construido por orden real para formar en el arte de la navegación a niños huérfanos, expósitos, o desamparados, y a los hijos de la gente de mar. La institución cumplió con una doble función, primero educativa, pero también caritativo-asistencial, consiguiendo apartar de la pobreza, la delincuencia y el analfabetismo a más de tres mil quinientos chicos, que pasaron por sus aulas durante sus ciento sesenta y seis años de existencia.

Portada del Palacio de San Telmo

Portada del Colegio de San Telmo, grabado de Pedro de Tortolero, 1738.

El modelo docente acogía a los muchachos bajo un régimen de internado, y les instruía en las profesiones de la mar. Aquellos que mostraban mayor talento ejercían la carrera del pilotaje, mientras que el resto se empleaba en las plazas destinadas a los oficiales de mar, como las de guardián o contramaestre.

AGMAB_ CST, LEG 986_ AÑO 1817

Uniformes. Archivo General de la Marina Álvaro de Bazán. CST, Leg. 986. Año 1817

Durante su primera etapa de estancia colegial, los santelmistas aprendían la lectura y la escritura, junto a unas imprescindibles nociones de doctrina cristiana. Con posterioridad, se adentraban en las disciplinas náuticas, entre las que se incluían las matemáticas, la cosmografía, la artillería, la maniobra, la navegación, el dibujo o el uso de los instrumentos náuticos y cartas de navegación. La enseñanza de la náutica se desarrolló considerablemente a lo largo del siglo XVIII en las aulas de San Telmo, incrementándose el nivel de matematización y tecnificación, sobre todo a partir de la segunda mitad de la centuria.

Ordenanzas 1752. BUS 52 62

Ordenanzas del Colegio de San Telmo de1786. Biblioteca de la Universidad de Sevilla, 52/62

Una vez adquiridos los conocimientos teóricos suficientes, los muchachos de San Telmo iniciaban la etapa de prácticas trasladándose al puerto de Cádiz, en donde se embarcaban por cuenta del Colegio en los navíos mercantes que surcaban las rutas americanas. A bordo de aquellos bajeles los inexpertos seminaristas se iniciaban en la dura vida de la mar, inmersos en salitre y sudor. Sus navegaciones a bordo de navíos, urcas, fragatas o pataches les permitieron aprender desde las labores más sencillas, como la limpieza del barco, la vigilancia en las guardias, las subidas a las cofas, el remo de bateles y chalupas o el manejo del timón y los aparejos, hasta otras más exigentes, como el uso del cañón, la práctica de observaciones astronómicas o la redacción de los diarios de navegación.

MINISTERIO CULTURA. ARCHIVO GENERAL INDIAS. ESTAMPAS, II. ROLLO 16. GRABADO SAN PEDRO GLEZ TELMO, 1752

Grabado San Pedro Glez Telmo, 1752. Ministerio de Cultura. Archivo General de Indias. Estampas, II, rollo 16.

La formación impartida en el Colegio de San Telmo en materia de pilotaje sirvió sobre todo a pilotos destinados en su gran mayoría a la navegación mercante, aunque una parte de ellos también trabajó en la Marina militar, cubriendo las necesidades de una Armada en proceso de crecimiento. La abundancia de conflictos bélicos y la proliferación de actividades protagonizadas por la Marina de guerra, como fueron las comisiones hidrográficas o las exploraciones científicas, favorecieron la integración de un grupo selecto de santelmistas en el Cuerpo de Pilotos de la Armada.

Libor de cuentas. 19. AÑO 1721. US

Libro nº 19 de cuentas del Colegio de San Telmo, año 1721. Archivo Histórico Universitario de Sevilla

De la institución sevillana salieron conocidos maestros de matemáticas y navegación, así como un nutrido grupo de capitanes y pilotos que participaron activamente en el tráfico de la Carrera de Indias. Hacia la segunda mitad de siglo San Telmo fue objeto de importantes reformas estructurales que le permitieron situarse en la primera línea de las instituciones de corte ilustrado. Importantes marinos con ideas renovadoras, como Antonio de Valdés y Bazán, y estrechos colaboradores como los ilustres oficiales Francisco de Winthuysen y Pineda, Antonio de Ulloa o José de Mazarredo, impulsaron al centro docente hacia sus mejores años.

BIB UNIV SEVILLA. AHUS. LIBRO CTAS DEL CST 36. AÑO 1738 (1)

Portada del libro 36 de cuentas, del año 1738. Es una de las pocas ilustraciones en las que se representan santelmistas con su típico atuendo. Archivo Histórico Universitario de Sevilla

El Real Colegio de San Telmo cumplió un objetivo de gran importancia para “un negocio tan del servicio de Dios y de Su Majestad”, como fue el de proveer de pilotos hábiles a la Marina Real y al comercio de Indias.

Palacio de San Telmo

Palacio de San Telmo

Para más información: Marta García Garralón. Taller de Mareantes: el Real Colegio Seminario de San Telmo de Sevilla (1681-1847). Sevilla: Fundación Cajasol, 2007.

Se puede acceder a la base de datos que contiene la identificación de todos los chicos que estudiaron en el Real Colegio de San Telmo, así como a cada uno de los embarques realizados durante su estancia en la institución docente.

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