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Existe una profunda controversia sobre cuál es el origen de los actuales habitantes de las islas del Pacífico. Los investigadores debaten si los hombres primitivos llegaron desde Asia o fue a través de otros lugares. Aunque la polémica no ha acabado todavía, y posiblemente falten muchas investigaciones por llevar a cabo, algo sabemos ya de las migraciones que tuvieron lugar hace miles de años, que poblaron las islas de Polinesia, Melanesia, Micronesia y Oceanía, que son más de 25.000. Si de algo no se duda es de la capacidad de esos pueblos para la navegación y de que traspasaron esos conocimientos a sus descendientes austranesios (habitantes del Pacífico sur y parte del Índico, como Madagascar).

Una de las divisiones de las islas del Pacífico. Fuente

Origen asiático

Parece que hace unos 5500 años algunos habitantes de Taiwán y de Filipinas se aventuraron en el inmenso Océano Pacífico y llegaron, en sucesivas oleadas, a esta parte del mundo. También sostienen que fueron hasta Madagascar y a la isla de Pascua. El estudio se basa en análisis de ADN y se llevó a cabo en el prestigioso Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, en el año 2018.

Rutas seguidas por las navegantes en sus colonización del Pacífico sur. Fuente: Irwin 2008

Llegan al Pacífico Sur

La aparición de personas asociadas con la cultura lapita (conocida así la que se generó tras la migración) en el Pacífico Sur hace unos 3000 años marcó el comienzo de una gran dispersión humana a tierras remotas. Sin embargo, su relación con los pueblos que ya habitaban las islas, como los de Papua, en la región de Nueva Guinea, o los del norte de Australia, no está clara y se sigue investigando. 

Habitantes de la isla de Tahití a principios S. XIX. Fuente: Biblioteca Nacional de Francia

Cultura lapita

La mayoría de los yacimientos lapita están localizados en poblados costeros. El mar les proporcionaba comida en abundancia y los esqueletos de algunos moluscos eran utilizados para hacer anzuelos y azuelas, además de adornos (brazaletes y cuentas), así como otros objetos decorativos y valiosos.

Apenas hay enterramientos lapitas en los que se han hallado restos humanos, aunque se han encontrado más frecuentemente fragmentos de cerámica roja con diseños complejos. En las islas Vanuatu, sí que han aparecido restos humanos, que tienen unos 3000 años de antigüedad, momento en el que los lapita se adentraron en el Pacífico, desde el archipiélago de Bismarck de Nueva Guinea, extendiéndose hasta Samoa y Tonga.

Restos de cerámica lapita. Fuente: Stone 2006

Los esqueletos encontrados no tenían cabeza, lo que es una característica de otras culturas del Pacífico. Algunos tenían anillos de concha cónica en lugar de cráneos, lo que indica que las tumbas se volvieron a abrir después del entierro y las cabezas se retiraron ceremonialmente, según Bedford. 

Restos de cerámica roja lapita. Fuente: Spetch 2014

Se han hallado varias tinajas, algunas de ellas son de uso funerario. El borde interior de una presenta cuatro pájaros de arcilla mirando hacia dentro del recipiente. Las vasijas son similares en forma a la cerámica roja que se encuentra en Taiwán y las islas del sudeste asiático, lo que refuerza el argumento de que los pueblos lapita al menos se detuvieron en esta región en su migración hacia el este.

Canoa de las Molucas con doble batanga. Fuente: Forrest, 1779. Biblioteca Nacional de España (BNE)

Un pueblo de grandes navegantes

Lo que sí es evidente es que eran grandes navegantes y que transmitieron sus conocimientos en todos los lugares que habitaron. Este hecho es la base de que cuando los colonos europeos llegaran a tierras australes se quedaran sorprendidos de las habilidades náuticas de estos pueblos, que para ellos eran primitivos.

Canoa tahitiana. Fuente: Biblioteca Nacional de Francia

Un estudio detallado de los sistemas de navegación, como el de Lewis, afirma que en sus viajes por mar se basaban en datos procedentes del análisis visual del oleaje, del vuelo de las aves o de la evolución de las nubes durante el día y de la observación de las estrellas durante la noche. Y que éstos sustituyeron durante siglos a nuestros sextantes, brújulas y demás instrumentos que en Europa se usaban para orientarse.

Herramienta de orientación hecha con piedras y ramas. Fuente

Para concluir

Aunque las investigaciones continúan, parece que desde el sureste asiático, con base en Taiwan y alguna otra isla, varios grupos de personas se aventuraron en un largo viaje hacia el sur, llegando hasta las islas del Pacífico sur, Madagascar e incluso la isla de Pascua. Posiblemente fueron desde unos archipiélagos a otros hasta terminar de colonizar la mayoría de ellas. Transmitieron sus profundos conocimientos sobre navegación, de forma que hasta que llegaron los europeos, casi tres mil años después, éstos se fueron pasando entre generaciones y enriqueciendo poco a poco.

Dibujo de Nueva Guinea, del libro de Forrest 1779. Fuente: BNE

Más información

BEDFORD, Stuart; SPRIGGS, Matthew & REGENVANU, Ralph. The Teouma Lapita site and the early human settlement of the Pacific IslandsAntiquity, 2006, 80, 310, p. 812-828.

BEDFORD, Stuart, et al. Lapita and Western Pacific settlement: Progress, prospects and persistent problemsOceanic Explorations, 2007.

BEDFORD, Stuart; SAND, Christophe; P CONNAUGHTON, Sean. Oceanic Explorations (TA26): Lapita and Western Pacific Settlement. ANU Press, 2007.

FORREST, T. A voyage to New Guinea, and the Moluccas, from Balambaugan Texto impreso: including an Account of Magindano, Sooloo, and other Islands … Belonging to the Honorable East India Company, Duriong the years 1774, 1775, and 1776. London: Printed by G. Scott, 1779.

IRWIN, Geoffrey. Pacific seascapes, canoe performance, and a review of Lapita voyaging with regard to theories of migrationAsian Perspectives, 2008, 47, 1, p. 12-27.

KINASTON R, et al. Lapita Diet in Remote Oceania: New Stable Isotope Evidence from the 3000-Year-Old Teouma Site, Efate Island, Vanuatu. PLoS ONE, 2014, 9(3): e90376.

KIRCH, Patrick Vinton. The Lapita peoples: ancestors of the oceanic world. The Peoples of South-East Asia and the Pacific. Cambridge: Blackwell, 1997.

BEHMARAS, M. La gente Lapita. Amuraworld. S.f.

MATISOO-SMITH, Elizabeth & ROBINS, Judith H. Origins and dispersals of Pacific peoples: evidence from mtDNA phylogenies of the Pacific rat. Proceedings of the National Academy of Sciences, 2004, 101, 24, p. 9167-9172.

MCNIVEN, Ian, et al. New direction in human colonisation of the Pacific: Lapita settlement of south coast New Guinea. Australian Archaeology, 2011, 72, 1, p. 1-6.

SPECHT, Jim, et al. Deconstructing the Lapita cultural complex in the Bismarck Archipelago. Journal of Archaeological Research, 2014, 22, 2, p. 89-140.

STONE, Richard. Graves of the pacific’s first seafarers revealed. Science, 2006, p. 360.

SUMMERHAYES, Glenn, et al. Lapita interaction. Canberra, ACT: ANH Publications, 2017.

Los remeros de las galeras estaban bastante desamparados y no sólo por los peligros que la navegación suponía, sino porque en caso de enfermedad, de lesiones graves o de muerte no disponían de una asistencia que facilitara su traslado o les permitiera ingresar en un centro hospitalario para poder recuperarse.

Galera de fanal. Fuente

Por esta razón, y a semejanza de lo que carpinteros, calafates o pescadores habían hecho en época medieval, se creó en España la Cofradía de la Piedad y de la Caridad, también llamada de las Galeras, durante el siglo XVI.

La Cofradía

Fue fundada en 1565 por oficiales y gente de galeras para “alivio de enfermos y decente enterramiento de difuntos” en la base de invernada de estas embarcaciones, que estaba en el Puerto de Santa María (Cádiz). Inicialmente alquilaron una casa cerca de la ermita de Santa Lucía para que sirviera de hospital temporal mientras se construía uno nuevo.

Estuvo costeada sólo por los donativos de la gente de galeras, sin intervención alguna de la Corona. El dinero que se recaudaba procedía de una parte de los sueldos de los embarcados, e incluso los propios galeotes ofrecían una parte de su comida como contribución a la cofradía para la construcción del hospital.

Aunque hubo altibajos parece que estaba ya finalizado en 1613, y que ese mismo año el duque Filiberto de Saboya contribuyó con 1000 reales. La ubicación del hospital estaba en los aledaños de la iglesia de San Juan, que el papa León X terminaría hermanando con la romana de San Juan de Letrán.

Otro regalo para la capilla vino de la mano del héroe de Lepanto, Juan de Austria, que donó la imagen de la Virgen María que llevaba en su galera real y que convirtió en su patrona tras la famosa batalla. Una vez instalada en la capilla se le puso el nombre de Virgen de la Victoria y del Rosario, que con el tiempo fue patrona de la Marina española.

Galera española. Fuente

En 1630 parece que se terminaron definitivamente las obras del hospital. Las instrucciones generales y ordinarias para su actividad aparecieron en el año 1655, y uno de los temas en los que más se insiste es en la asistencia espiritual continua a los enfermos.

Esta obra y la misma cofradía tuvieron muy buena acogida y pronto las autoridades se apuntaron a asistir a los actos religiosos, por lo que fue necesario, para evitar conflictos, fijar los puestos que en la iglesia podían ocupar los generales, jefes y oficiales de galeras.

Aunque la monarquía no había colaborado económicamente en nada, se reservó el nombramiento de todos los cargos, con excepción de los mayordomos, que eran de libre elección por los cofrades.

La sede se traslada a Cartagena

Una orden mandó trasladar la Escuadra de Galeras desde el Puerto de Santa María hasta Cartagena en 1668. La cofradía se cambió también de sede y en esta ciudad se comenzó a pedir limosna para erigir un nuevo hospital, cuyo arquitecto sería Blas López, que ya en 1674 estaba en obras.

Cartagena en el Atlas de Pedro Teixeira (S. XVII). Fuente

En su nuevo emplazamiento los hermanos mayores y otros miembros de la cofradía “pasaban la capacha” (pedían limosna) para que la construcción se acabara cuanto antes. Las crónicas hablan de Francisco García Roldán, soldado de la galera San Miguel, solicitando donativos por toda la urbe, pero también de Gaspar Vila, caballero de la Orden de Santiago y hermano mayor cofrade, que recorría grandes distancias en busca de socorro para la institución hospitalaria. Sabemos que no sólo vinieron dádivas de la zona, sino que también llegaron de galeras que navegaban muy lejos de ella, así como de algunas localidades americanas. Se llamó Real y Santo Hospital de Caridad.

Detalle de unas galeras dibujadas por R. Monleón. Fuente: Museo Naval de Madrid

Hoy, después de cuatro siglos, este antiguo hospital sigue todavía prestando servicio en la ciudad de Cartagena.

Hospital de la Caridad de Cartagena

Para concluir

Cuando el Puerto de Santa María dejó de ser sede de las galeras, la capilla se desatendió, a pesar de algunas órdenes indicando que se debía mantener. De hecho, hay un testimonio del año 1809 que habla de que estaba en ruinas y a punto de caerse, por lo que se acordó trasladar la imagen de la Virgen a otro lugar más adecuado. La idea inicial fue llevarla a la parroquia castrense de San Fernando, pero al final acabó en el Arsenal de La Carraca. Tras permanecer unos años allí, se trasladó al Colegio Naval Militar.

A pesar de esta dejadez posterior, las cofradías asistenciales como la de las galeras prestaban alivio y cuidados, a la vez que proporcionaban cierta esperanza a quienes tenían esta dura vida remando. Garantizaban que en momentos críticos, como los casos de enfermedad o de muerte, una entidad formada con sus donativos estaría detrás apoyándolos.

Más información

HOURCADE, José Jesús García e IRIGOYEN LÓPEZ, Antonio. Los hospitales de la Diócesis de Cartagena en la documentación vaticana (visitas” ad limina” ss. XVI-XIX). Murgetana, 2001,104, p. 91-103.

MAESTRE DE SAN JUAN PELEGRÍN, Federico. La influencia de la escuadra de galeras de España en la ciudad de Cartagena. Sociedad, entramado urbano y devociones. Cartagena Histórica, 2017,

MONTOJO MONTOJO, Vicente y MAESTRE DE SAN JUAN PELEGRÍN, Federico. Implicación de Cartagena de Levante en la actividad de las escuadras de galeras de la Monarquía Hispánica (1621-1665)Revista Electrónica de Historia Moderna, 2020, 10, 40, p. 133-156.

Hay mucha similitud entre algunos de los muebles actuales y los que eran utilizados por los oficiales de la Real Armada española del siglo XVIII en los buques de guerra. Con un aire francés y toques ingleses, estos elementos los podemos visualizar en una de las láminas del Álbum del marqués de la Victoria, y además contamos con un artículo de Piera de 1998 que nos ayuda a entenderlos mejor.

En este siglo el mobiliario había alcanzado ya importantes cotas de desarrollo. Dos países estaban en la vanguardia, Inglaterra y Francia, mientras que el resto de las naciones adaptaban o copiaban esos diseños. España fue uno de ellos, aunque se eligieron de acuerdo a costumbres y modas. Las cámaras de los oficiales de los navíos se terminaron entonces amueblando de manera similar a como se hacía en sus casas familiares. El ajuar doméstico habitual utilizado en los hogares que se ha podido hallar en los documentos estaba formado por distintas piezas como son camas, asientos, arcas, mesas, escritorios, papeleras, contadores, espejos y escaparates (vitrinas). Sobre los muebles del siglo XVIII en general, existe trabajo muy interesante (aquí).

La cama

La cama del oficial al mando era un lecho que estaba rodeado por cuatro pilares en cada ángulo. Esta estructura llevaba cortinas, cenefa y techo. La tela del cubrecama y del almohadón cilíndrico solía ser la misma. Contaba también con una alfombrilla, denominada entonces “tapete”. Para adornar las paredes disponían de un crucifijo, un cuadro que representaba a la Virgen con el Niño, una «pila de agua bendita», una corona y los retratos del Rey y la Reina, a semejanza de los salones nobiliarios de ese mismo periodo.

Las sillas

Existían varios tipos de asientos individuales: una “silla poltrona”, otra inglesa para la cámara, de la que había varias y también otras para los consejos. Vamos a verlas más detenidamente.

a) La silla poltrona estaba dedicada al descanso. Los oficiales disponían de un sillón bajo y ancho con asiento y respaldo tapizado reclinable. Llevaba el copete tallado, sin almohadón y su respaldo se sujetaba al asiento únicamente por sus montantes verticales.

b) La silla inglesa tenía respaldo alto, asiento de rejilla y aparece tallada en el copete. Era similar a la de estilo inglés de finales del siglo XVII, conocida como “William and Mary”, que en esa época apenas se usaba ya en Inglaterra, pero que tuvo una buena aceptación en las casas españolas a lo largo de toda la centuria ilustrada.

c) La silla utilizada para los consejos contaba con patas cruzadas plegables para facilitar su movilidad. El asiento y el respaldo podían ser de tela o cuero, y estaban fijados por tachuelas.

Los sofás

Lo que actualmente conocemos como sofá, es decir, un asiento tapizado con respaldo para varias personas, se llamaba “banco de reposo” y disponía, además, de unos cojines cilíndricos o de rulo.

El otro tipo era lo que hoy llamamos chaise longue, una tumbona con asiento individual largo, ideado para reposar las piernas en posición horizontal. Entonces se llamaba “canape o chaly o cama de reposo”. Llevaba rejilla, patas cabriolé y torneados en los montantes del respaldo, de los que parece pender una cadenilla para, posiblemente, permitir su inclinación. Es, como su nombre indica, de origen francés.

Mesas de trabajo

Había de tres tipos según su uso e iban “vestidas” para ocultar su estructura.

a) Una de ellas se utilizaba para sostener las cartas y mapas, y estaba cubierta con tela de damasco.

b) La segunda era una mesa que serviría para las tareas de despacho, donde se depositaba el material de escritura, el tintero, campanilla, sello, cortaplumas, candelabros y libros.

c) La tercera mesa representada se utilizaba en momentos de ocio, corresponde a una tipología de gran difusión en los salones europeos de la época, derivada de los cambios de hábitos sociales. Son las “mesas para jugar y tomar café, thé o chocolate”, aunque la dibujada en el Álbum del Marqués de la Victoria sigue los cánones ingleses de principios del siglo XVIII, porque su forma era todavía semicircular, con las cuatro patas cabriolé y tres cajoncillos.

Escritorios

Eran unos magníficos muebles de estilo inglés, llamados en ese momento “papeleras”, que además portaban un espejo. Tienen su origen en el siglo XVII, en los pupitres que iban sobre una cómoda. En la parte superior podían tener un mueble, a modo de armario, o un espejo, como los que vemos en las imágenes, que se hicieron muy conocidos y usados en las viviendas de las familias que se los podían permitir.

Espejos

En los inicios del siglo XVIII los espejos y cornucopias (espejo tallado que suele tener uno o más brazos para sostener velas) se multiplicaron en los salones europeos, por lo que también tuvieron presencia en los camarotes, convertidos en hogares temporales. Los espejos colocados sobre las librerías son del tamaño de medio cuerpo y solían ir en un sencillo marco rectangular (como los que se pueden ver en la imagen superior). El resto de la iluminación para estos camarotes se conseguía con faroles, que portaban una luz cada uno. Hay que tener en cuenta que estos marinos debían ir siempre vestidos adecuadamente, por lo que disponer de espejos donde poder comprobar su aspecto era esencial.

Sombrereras

Para guardar la ropa personal se utilizaban, además de las citadas “papeleras”, dos baúles, uno de ellos con una sombrerera. Ambos eran rectangulares, con tapa convexa. También existía la posibilidad de que la sombrerera se colgara de la pared.

Librerías

Eran muebles de tamaño mediano, cuyo tablero superior se usaba de mesa para colocar objetos como los globos terráqueos, y en los estantes inferiores se podían guardar los libros. Además había pequeñas estanterías para colgar de la pared, que se pueden ver en la parte inferior de la ilustración que sigue.

Otros

También debía reservarse un espacio para poder colgar los anteojos y catalejos, algunos de los cuales aparecen en la lámina del Marqués de la Victoria.

Finalmente, contaban con una “caja para el servicio” con su correspondiente orinal y también otro “portátil” de vidrio con tapa y funda.

Ventanas

Los camarotes disponían de ventanas con sus “vidrios o christales” que llevaban incorporada una rejilla de alambre para evitar la entrada de roedores y también contaban con persianas de tablillas, que permitían que entraran la luz y el fresco del mar, pero evitaban que lo hicieran el agua y el sol cegador. Igualmente, las puertas de estas ventanas tenían unas antepuertas y ambas estaban decoradas con “cortinas de damasco”, muy utilizadas en esta época, que iban sujetas con varillas de hierro.

Para concluir

Como hemos visto existe una importante vinculación entre los muebles y utensilios que estaban en las casa de las familias de cierto poder adquisitivo con los que iban en un navío del siglo XVIII. Se puede comprobar que en las cámaras de los oficiales hay muebles que no siempre parecen imprescindibles como el canapé, el banco de reposo o los espejos, y que responden a conceptos como el lujo y confort entre los ciudadanos de las clases acomodadas, que era a la que pertenecían la mayoría de los oficiales. No debemos olvidar que en estos navíos del rey quedaban perfectamente delimitados los espacios y utensilios, que reflejaban el contexto social de la época, donde el mobiliario descrito era considerado claramente como un distintivo de clase.

Más información

PIERA MIQUEL, Mónica. El álbum del marqués de la Victoria y su aportación a la Historia del mueble. Archivo Español de Arte, 1998, 71, 281, p. 79-84.

Un farmacéutico alemán del siglo de la Ilustración, Alberto Seba, que consiguió ganar mucho dinero con sus fórmulas, dedicó parte de su riqueza a una afición: el coleccionismo. Vendió su primera colección al zar ruso Pedro I el navegante. Con los años vio lo importante que podía ser publicar un catálogo sobre sus ejemplares y lo que de ellos había aprendido. Así surgió esta magnífica obra, espectacularmente ilustrada, que dedica muchas de sus hojas a animales y plantas del mar.

Pez globo

El autor

Seba había nacido en Etzel (Alemania) en 1665. Cuando era joven viajó extensamente por su patria y por Holanda para aprender el oficio de boticario. En 1696 decidió instalarse en Ámsterdam y se convirtió en un conocido y destacado ciudadano. Allí amasó una considerable fortuna, que dedicó a sus intereses sobre la historia natural. Reunió un gabinete notable de curiosidades que se hizo mundialmente famoso. Se puede obtener más información sobre el autor en el libro de Engel de 1937 citado en la bibliografía.

Seba, con 66 años, tal y como apareció en su libro

Seba es conocido por sus colecciones de esta temática que contenían objetos de todo el mundo. Su lugar de residencia, Ámsterdam, le permitió negociar con marinos procedentes de muchas regiones lejanas, a los que a veces proporcionaba remedios y pócimas a cambio de ejemplares de tierras remotas.

Una de las láminas con crustáceos

Su publicación

En 1717 vendió su primera colección al zar Pedro el Grande de Rusia por 15.000 florines. Según su inventario, estaba compuesta por 72 cajones de conchas marinas, 32 de insectos y unos 400 tarros con animales conservados en alcohol. Posteriormente, ésta pasó al Museo de San Petersburgo.

Pero pronto comenzó a hacer una nueva colección que contenía muchas especies marinas, a las que contribuyó a identificar. Su interés por mantener los ejemplares adquiridos lo llevó a usar procedimientos de conservación frecuentes en la práctica médica, como ceras, aceites y otros ungüentos.

Detalle de una de las láminas

Seba publicó una obra que contiene descripciones y dibujos de los objetos de su colección. Consta de cuatro grandes volúmenes que contienen 449 láminas y un texto explicativo. Su título en latín es “Locupletissimi rerum naturalium thesauri exactta descriptio, et iconibus artificiosissimis expressio per universam physices historiam”, cuya traducción es Descripción exacta de las principales curiosidades naturales del magnífico gabinete de Alberto Seba. El libro es conocido como el “Tesauro”. Para las ilustraciones contrató a 13 grabadores y dibujantes.

Portada del libro de Seba

Se publicaron en dos ediciones, que aparecieron simultáneamente y que son exactamente iguales, excepto por el idioma del texto, ya que una apareció en latín y holandés y en la otra en latín y francés.

Otra de las láminas con distintos tipos de peces

La organización de este trabajo es bastante peculiar, ya que suele predominar la parte estética sobre la científica, y a veces en las láminas aparecen animales de distintas zonas geográficas. A pesar de ciertos déficits, es la obra más reconocida del siglo XVIII por su carácter universal, ya que contiene la mayor cantidad de representaciones sobre organismos vivos de su época. De hecho, el gran Linneo, el creador de la primera clasificación de los seres vivos, lo cita a menudo en su obra Systema Naturæ. Esto apunta claramente a lo relevante que fue su trabajo. Sobre el mundo marítimo es una de las primeras y de las más completas colecciones.

 Representación de moluscos gasterópodos

La estética

Un vistazo detallado aclara el motivo por el que se habla de que en este libro hay más de estética que de Ciencia. Realmente algunas de las láminas parecen obras de arte formadas con elementos naturales, como la que se puede contemplar abajo.

Lámina con motivos decorativos

Pasados ya varios siglos desde su publicación, no parece que sea una carencia, sino una ventaja, la idea de presentar este patrimonio natural con forma de obra de arte, ya que ésta contribuye a poder sumar valor. Este es el motivo porque el traemos esta obra, que sin perder de vista la Ciencia, la adapta y contribuye a enriquecerla con elementos estéticos haciéndola más atractiva y divulgativa.

Representación con motivos decorativos hechos con gasterópodos

Una de las ediciones de la obra, Locupletissimi rerum naturalium thesauri…., fue publicada en Ámsterdam entre los años 1734 y 1765, y está disponible en el repositorio digital de la Biblioteca Nacional de Francia.

Más información

BOESEMAN, Marinus. The vicissitudes and dispersal of Albertus Seba’s zoological specimens. Zoologische Mededelingen, 1970, 44, 13, p. 177-206.

ENGEL, Hendrik. The life of Albert Seba. 1937.

ENGEL, H. The sale-catalogue of the cabinets of natural history of Albertus Seba (1752). Bulletin of the Research Council of Israel, 1961, 131, 15, p. 119.

HOLTHUIS, Lipke Bijdeley. Albertus Seba’s” Locupletissimi rerum naturalium thesauri…”(1734-1765) and the “Planches de Seba” (1827-1831). Rijksmuseum van Natuurlijke Historie, 1969.

PÉREZ, Salvador. El gabinete de Albertus Seba. Blog Taxidermidades, 2017.

 

Esta entrada se publica en homenaje a nuestro querido compañero el capitán de navío Dr. Pedro Fondevila Silva, al año de su fallecimiento, y en ella sintetizamos algunos de los textos sobre las galeras, que fueron objeto de muchos de sus trabajos.

El Dr. Fondevila en el palacio del Viso del Marqués (Ciudad Real), impartiendo una clase in situ

Surgidas como evolución del dromon bizantino, al que se le fueron añadiendo distintas piezas hasta formar la figura tradicional de la galera, ésta era una embarcación cuyo cometido más conocido fue la batalla, pero también las hubo de comercio y las llamadas de peregrinos.

Galera de peregrinos

Como el resto de los buques, cuando iban a la guerra estaban dotadas de artillería, que fue variando desde las armas de mano como las ballestas, pasando por las bombardas, hasta llegar al impresionante cañón de crujía.

Partes básicas de un cañón

La planta o dotación de las galeras españolas se dividía en dos grupos: la gente de cabo y la gente de remo. Los distintos empleos en la nave iban encabezados por el Capitán, que tenía el mando militar de la misma y la responsabilidad de dirigir el combate. Contaba con subordinados en la maniobra, los cómitres, y en la navegación, los consejeres. El cómitre, con su ayudante el sotacómitre, dirigía la boga y el amarre de la embarcación, entre otras muchas.

En la maestranza había determinados puestos de relevancia como el mestre d’axa (maestro de azuela) o carpintero de ribera, que tenía la obligación de reparar la rotura de las piezas de madera que formaban el casco de la galera. También estaban el calafate, que rellenaba de estopa las juntas de las tablas del casco y las cubría de brea, el botero realizaba la estiba y reparación de la pipería o barrilamen (conjunto de todos los recipientes de madera empleados para almacenar líquidos) y el remolar, que labraba, equilibraba y reparaba los remos, así como las astas y espigones de la galera.

Galera con las empavesadas montadas para proteger la cámara de boga

Entre los marineros destacaban los proeles y alieres, que ejecutaban las maniobras, y los timoneros, que debían saber leer los rumbos en la aguja y entender la maniobra del timón para llevar en viento las velas. Había muchas más tareas y oficios.

Si hay algo que sigue fascinando de estas naves es que una de las formas de navegar estaba basada en la tracción humana, y en concreto en los remeros. Denominados ya chusma en la Edad Moderna, fueron variando, desde hombres libres a sueldo, a esclavos y luego a penados. Así, en España, una Real Orden del siglo XVI mandaba a los condenado por diversas penas graves a remar en las galeras, pena que posiblemente era más dura que la que podían pasar en las cárceles de ese momento.

En el Mediterráneo, las escuadras de galeras fueron la expresión del poder naval de los reinos y repúblicas, que se manifestaba en el adorno y lujo de estas embarcaciones, especialmente en las capitanas y reales, cuyas popas se adornan con profusión de esculturas y dorados. La entrada sobre ornato y distintivos en las galeras trata de las flámulas, estandartes y pavesadas que llevaban, así como del número y orden de los fanales y también del color del casco.

Galera del Adelantado Mayor de Castilla, finales del S. XVI. Fuente: Biblioteca del Palacio Real

El Dr. Fondevila se ocupó de la mayoría de los elementos constitutivos de una galera, describiendo por ejemplo, el aparejo, timoneras y carroza y también la corulla, arrumbada y artillería (I)(II).

El sistema de boga (la forma de remar) que se utilizaba fue variando. Al comenzar el siglo XVI las galeras bogaban a tercerol. En el que los tres remeros de cada banco manejaban un remo cada uno, de desigual tamaño, asegurados a su respectivo escálamo. Ya en la segunda mitad del siglo XVI se introduce en las galeras de España la boga a galocha, que consiste en utilizar un solo remo que es manejado por varios remeros en cada banco. El sistema habitual que se empleaba para navegar a remo era la boga a cuarteles. Cuartel se llamaba a cada una de las dos partes en las que bogaba alternativamente la chusma, mientras el otro grupo comía o descansaba.

Aquí puede ver alguna de estas entradas:

El mundo de las galeras es una de las líneas de investigación de la Cátedra, y pronto verán la luz algunas publicaciones que ya están en curso. También estamos preparando varias entradas más vinculadas con esta materia. De esta manera, queremos seguir contribuyendo a aumentar el legado que sobre el conocimiento de la Historia y la defensa del Patrimonio Naval nos ha dejado nuestro querido amigo el Dr. Fondevila.

En este blog damos difusión a las actividades vinculadas con la Historia y el Patrimonio Naval. Estas pueden ser conferencias, clases, exposiciones, cómics o literatura, entre otros. En este último apartado incluimos una novela que nos ha llegado de la mano de su autor, y de la que adelantamos parte del argumento, que mezcla realidad y ficción para contarnos las aventuras de un marinero español que formó parte de las hazañas históricas que tuvieron lugar en una de las expediciones de la Ruta de la Especias.

Dibujo de Alberto Taracido

Presentamos aquí una novela histórica en la que el contexto marítimo y naval es esencial. Su autor es Ángel Miranda, que recupera un personaje real poco conocido, Juan Pablo de Carrión, que viajó con Loaisa en la expedición que dirigió a las Molucas en el siglo XVI. A pesar de que el fondo y el contexto existieron, su vida se narra de forma novelada para hacerla más amena e interesante. Otra novedad es la forma de financiación que el autor ha elegido para la publicación de su trabajo, que es el micromecenazgo (crowdfunding), por el que cualquier persona interesada puede aportar una pequeña cantidad y a cambio recibir la obra junto a otros materiales y también que se mencione su nombre en los agradecimientos.

El protagonista

Juan Pablo de Carrión fue un enigmático marino que viajó hasta el fin del mundo, resultó acusado por la Inquisición y acabó sus días luchando contra piratas asiáticos. La obra comienza en la batalla de Villalar (1521), la que enfrentó al rey Carlos I con algunos comuneros descontentos. En esos momentos se dibuja a un joven Carrión, que recorre el Camino Real como paje de un buhonero. Pronto llega a Sevilla, que en esos momentos se había convertido en el epicentro de contacto entre el viejo y el nuevo mundo.

Sevilla a fines del siglo XVI. Fuente

Así se relata la primera vez que vio una embarcación de gran tamaño en la ciudad sevillana:

Con todo, ninguna maravilla aventajó a la de contemplar mi primer galeón. No podrá borrarse ni ahora ni en ningún tiempo de mi memoria, pues quedé marcado por siempre ante ese ingenio marino extendiéndose ante mí en toda su grandeza. Era aquel navío colosal, una montaña de madera sobre la que se alzaban imponentes los mástiles con una selva de cabos cruzando su arboladura. Semejante portento de los mares, capaz de surcar las aguas más profundas, me asombraba más que la construcción de torres, castillos o catedrales. El tajamar cortaba su proa, desafiante, apuntando con su bauprés hacia nuevos y lejanos mundos aún por descubrir.

Allí también pudo ver otra de las maravillas del mundo naval, un portulano. Que sin embargo fue causa de que la Inquisición lo persiguiera y tuviera que huir. A partir de ahí, el protagonista aprenderá los pormenores de la vida costera faenando en almadrabas y caladeros atlánticos.

Carta portulana del Mediterráneo

Finalmente embarca en una de las expediciones que tenían por meta establecerse en las preciadas islas de las Especias. A partir de ese momento su vida dará un vuelco, sufrirá con las tormentas y los ataques de embarcaciones corsarias. Durante la navegación deben pasar el durísimo estrecho de Magallanes, así como la larga deriva a través del Mar del Sur (Pacífico), además de los enfrentamientos con los portugueses. Todo ello transformará definitivamente al marino y soldado hasta generar la figura histórica de Juan Pablo de Carrión.

Dibujo de Alberto Taracido

Así, en las páginas del libro encontramos aventura y un toque de humor, en unos capítulos trepidantes que narran la historia de un personaje con fuerza. De una manera entretenida y amena, la obra ofrece un relato que es bastante fiel, ya que se basa en los documentos de archivo. Usa una fórmula que demuestra que el rigor histórico no está reñido con un argumento ágil y apasionante, y expone estas aventuras con un lenguaje de época, que además es divertido y genuino.

Dibujo de Alberto Taracido

Una nueva forma de difusión: crowdfunding

Otro de los motivos para dedicar una entrada a este libro es por la fórmula utilizada para su publicación. Se edita un prelanzamiento financiado a través de micromecenazgo, que invita a los lectores a formar parte del proyecto, aparecer en los agradecimientos y recibir a bajo coste una edición de lujo con láminas de colección, cartas náuticas, grabados de época, el facsímil de una novela de caballerías o una caja artesanal de madera.

El autor

Su autor, Ángel Miranda, nos dice que desde muy temprana edad tuvo el placer de disfrutar leyendo las grandes historias del pasado, lo que siempre lo ha maravillado. Y no hay mejores aventuras que las realizadas por nuestros marinos en la época de los descubrimientos.

Dibujo de Alberto Taracido

Así que nos cuenta que desde que tuvo noticia de aquellas proezas, no pudo más que seguir y seguir investigando al respecto, devorando libros y documentos. De este afán, tras escribir un libro de viajes (A bordo del Galeón en 2016), publicó dos cómics: ‘Espadas del fin del mundo’ y ‘Lezo’. Estos han tenido tanto éxito que le han permitido embarcarse en esta singladura: su primera novela.

Dibujo de Alberto Taracido

Esta edición tiene 16 ilustraciones realizadas por el artista gráfico Alberto Taracido, algunas de las cuales aparecen aquí. Además, la versión en audiolibro es una apuesta innovadora, que acompaña la narración con tecnología de sonido holofónico 3D. Otra novedad que ofrece es una experiencia inmersiva que apenas se ha utilizado en este tipo de ficciones. Esta técnica permite añadir efectos y sonidos que parecen moverse alrededor del oyente, haciéndole sentir en el mismo centro de la acción.

Dibujo de Alberto Taracido

El personaje histórico

Resulta que Carrión existió y tuvo una vida ajetreada, digna de conocerse. Es un claro ejemplo de todos aquellos hombres que participaron en viajes durante unos años en los que parte del mundo aún estaba por descubrir. Lo que ellos relataban con pasmosa naturalidad hoy se antoja inverosímil, pero en verdad ocurrió y ahora nos parece tremendamente interesante. Sin embargo, muy pocos de aquellos valientes tienen la fortuna de haber pasado a la posteridad. Nombres como el suyo son tan solo mencionados en el pasado en las relaciones y correspondencias con la Corona. La mayoría no aparecen en pliego alguno, han sido olvidados. En especial, muchos de los que se aventuraron a viajar hasta las recónditas tierras orientales, participando en batallas increíbles y viviendo hazañas que aún hoy son poco conocidas. Carrión se ha convertido en una excepción gracias a esta novela.

Hay varias opciones disponibles para participar en la publicación de esta obra, como obtener el libro en versión digital, en audiolibro, en pack de coleccionista o incluso de varios libros juntos. Más información en esta web.

La literatura basada en hechos reales es otra magnífica opción para seguir difundiendo la Historia y el Patrimonio Naval.