Feeds:
Entradas
Comentarios

Hélice era una ciudad costera griega, situada en el golfo de Corinto, en la región de Ácaya. Era muy famosa por el templo que sus habitantes le dedicaron al dios del mar, Poseidón. Aparte de las visitas de sus vecinos, todos los años recibía miles de peregrinos que acudían al templo. Tanto Homero como Pausanias hablan de la destrucción de la ciudad, debido, según las leyendas, a un castigo divino.

Cómo fue destruida Hélice

En una ocasión, los habitantes de Hélice mataron de forma despiadada a unos peregrinos que acudieron al templo de Poseidón. Las crónicas dicen que el dios entró en cólera y destruyó la ciudad con sus rayos.

Estatua levantada en honor del dios del mar Poseidón. Fuente

Parece que lo que realmente ocurrió fue un desastre natural, primero un seísmo y luego un maremoto, que hizo desaparecer los edificios y con ellos los cimientos mismos de la ciudad. La destrucción de Hélice tuvo lugar en el año 373 a. C.


Pausanias cuenta que fue uno de los terremotos más fuertes, porque supuso la destrucción de todo y «aquello contra lo que dirige su impulso lo derriba al punto de un modo semejante a los arietes… dicen que este movimiento de la tierra se desliza directamente bajo los edificios y remueve los cimientos… y no deja ninguna huella de lo construido en el suelo».

Ruinas halladas de Hélice

Para colmo durante ese invierno el mar inundó una gran parte de la región y la cubrió, tanto la urbe como zonas limítrofes; y además las olas alcanzaron el bosque de Poseidón hasta tal punto que sólo se podían ver las cimas de los árboles.

Moneda griega en la que aparece Poseidón y se nombra a la ciudad de Hélice. S. IV a.C. Fuente

Las excavaciones arqueológicas han descubierto un grupo de artefactos y varios entierros en el área, lo que parece indicar que hubo un reasentamiento, que comenzó entre los siglos IV y II a.C. y continuó hasta el período bizantino tardío (siglos XIV al XV d.C.). 

Reconstrucción de una de las casas de Hélice

Más información

FERENTINOS, George, et al. The disappearance of Helike-Classical Greece—New remote sensing and geological evidenceRemote Sensing, 2015, 7, 2, p. 1263-1278.

KATSONOPOULOU, Dora. The Pan-Ionic Cult and Sanctuary of Helikonios Poseidon in Helike of Achaea, Greece. En Proceedings of International Conference on Indo-European Linguistics and Classical Philology. 2009, p. 22-24.

MCCONNAN BORSTAD, Courtney; GARVIE-LOK, Sandra; KATSONOPOULOU, Dora. Diet at ancient Helike, Achaea, Greece based on stable isotope analysis: From the Hellenistic to the Roman and Byzantine periods. Journal of Archaeological Science: Reports, 2018, 18, p. 1-10.

Proyecto Helike

Mapa Grecia antigua. Fuente.

Es difícil hallar ilustraciones sobre temas navales y marítimos fuera de este ámbito concreto. En los textos medievales y modernos suelen aparecer animales reales o fantásticos, pero raramente encontramos alguna nave o símbolo acuático. Sólo se dibujan cuando los protagonistas tuvieron un vínculo muy fuerte con el mar, participaron en batallas navales, navegaron frecuentemente o nacieron y vivieron en lugares costeros prominentes. 

Detalle que representa al rey Sancho y a sus dos esposas

Y este es el caso de una genealogía de los reyes de España y de Portugal, del siglo XVI, que aparte de las magníficas ilustraciones sobre estos insignes personajes, como las que se pueden ver en la figura superior, se añaden viñetas alusivas a sus hechos más destacados, entre los que se encuentran batallas navales, grandes viajes por mar, así como vistas de puertos y ciudades costeras. Lisboa es la gran protagonista de las imágenes, una ciudad que durante el siglo XVI se enriqueció gracias a las mercancías que llegaban a su puerto procedentes de multitud de puntos del globo.

Panorámica del puerto lisboeta

Lisboa durante el siglo XVI

En la primera mitad del siglo XVI Lisboa se había convertido posiblemente en una de las ciudades más ricas del mundo. Era ya un mercado de productos de lujo para las elites de toda Europa. El dominio portugués de los mares lejanos le permitió alcanzar nuevos géneros que se intercambiaban con el resto de naciones; además de los productos africanos, llegaban a su puerto especias (pimienta, canela, jengibre y nuez moscada), plantas medicinales, tejidos de algodón y diamantes por la ruta de las naos de la India; las porcelanas Ming y la seda de China, los esclavos de Mozambique y el azúcar brasileño. Además, continuaba el comercio de bacalao con Terranova, los frutos secos y el vino.

Para organizar todo el intercambio y recaudar los correspondientes impuestos, se crearon las casas portuguesas de comercio, como la Casa de la Mina, la de Arguim, la de los Esclavos, la de Flandes y la de la India. Los enormes beneficios sirvieron, entre otros, para la construcción de la torre de Belém y el monasterio de los Jerónimos (que se pueden apreciar en la ilustración inferior).

Galeones y galeras en Lisboa

Los reyes ibéricos, su genealogía

En las hojas de esta obra se dejó espacio para los escudos de cada uno de los personajes que aparecen, aunque muchos están vacíos, sin completar, como los que se pueden observar a la derecha y a la izquierda de los dos personajes principales de la figura siguiente.

Detalle de una de las láminas en la que aparece los reyes de Portugal Alfonso Enríquez y Mafalda. Se pueden apreciar espacios en blanco destinados a miniaturas que no se rellenaron

La obra

Este álbum de reyes, datado en los años treinta del siglo XVI, fue una colaboración entre un autor portugués, Antonio de Holanda, y un vecino de Brujas, Simon Bening. Está formado por 13 hojas separadas, que contienen una genealogía real a página completa cada una, con unas 10 miniaturas y bordes historiados.

Otro detalle del puerto de Lisboa

No está digitalizado todo el manuscrito, así que sólo podemos incluir aquí imágenes de las que se ofrecen en la web de la Biblioteca Británica, institución en la que está custodiado (Londres, British Library, Leaves from the Genealogy of the Royal Houses of Spain and Portugal (the ‘Portuguese Genealogy’) Ms.12531). De cualquier forma, al final aparece el inventario completo.

Los autores

Durante este período los talleres flamencos estaban en plena producción y a la Península llegaban desde allí. En su mayoría iban destinados al rezo, eran de pequeño tamaño y estaban ricamente decorados, como breviarios y libros de horas, pero también para las familias más poderosas se creaban genealogías, con la posibilidad de incluir miniaturas (retratos, escudos y emblemas) a gusto del cliente, dejando espacios en blanco para ello. Era frecuente que estos encargos se realizaran en el taller de Simon Bening, cuya abundante obra le convirtió en el pintor de libros flamenco más importante del siglo XVI. El otro autor, Antonio de Holanda, fue el fundador de la escuela miniaturista desarrollada en Portugal durante la primera mitad del siglo XVI.

Galera de fanal. Probablemente se representa al rey de Portugal, portando sus armas, hacia Tierra Santa, para ayudar a Balduino, rey de Jerusalén

Para concluir

Esta obra, una joya genealógica, es la más importante de los encargos realizados en el taller de Bening. Era para el hermano del rey Juan III de Portugal y posiblemente estuvo en manos de Felipe II de España. Además, posee unas ilustraciones magníficas, algunas de las cuales vinculan a los reyes españoles y portugueses con actividades marítimas, representan puertos, galeras, galeones y una ciudad costera atlántica clave en ese momento: Lisboa. Dibujan el poder naval de las monarquías ibéricas en los inicios de la edad Moderna, cuando tanto España como Portugal lideraban los grandes viajes marítimos interoceánicos. Por lo tanto, es también es una joya patrimonial naval y marítima.

Más información

NOGALES RINCÓN, David. Cultura visual y genealogía en la corte regia de Castilla durante la segunda mitad del siglo XV. e-Spania, 2011.

RAMOS, João. Genealogia dos Reis de Portugal. Biblos (Coimbra), 1934, 10, p. 331.

RODRÍGUEZ VILLA, Antonio, et al. Historia genealógica y heráldica de la Monarquía Española, Casa Real y Grandes de España. 1898.

VILAR, Luis, et alDiccionario histórico, genealógico y heráldico de las familias ilustres de la monarquía española. F. Sánchez à cargo de A. Espinosa, 1859.

Inventario de las hojas que contiene la genealogía de las casas reales de España y Portugal

  • F. 1: Espacio dejado para prólogo. Contiene personajes mitológicos.
  • F. 2: Espacio dejado para el árbol genealógico de Magog. El borde contiene once gigantes de la mitología, con descenso de Unor a Bofind.
  • F. 3: Árbol genealógico de los reyes de León y Castilla.
  • F. 4 y 5: Árbol genealógico de los reyes de Aragón.
  • F. 6: Árbol genealógico que muestra la descendencia de Don Enrique de Portugal de Esteban, rey de Hungría;
  • F. 7 y 8: Árbol genealógico de los reyes de Portugal desde Alfonso Enríquez hasta Alfonso II.
  • F. 9: Árbol genealógico de los reyes de Portugal, que muestra la ascendencia de Sancho Capello y Alfonso III;
  • F. 10: Árbol genealógico de John, duque de Lancaster.
  • F. 11: Árbol genealógico de los reyes de Inglaterra y Castilla.

La Egiptología tenía evidencia documental de la existencia de una ciudad, fundada por el más importante de los faraones egipcios, Ramsés II (dinastía XIX). Pero no se habían hallado restos arqueológicos que pudieran constatar los escritos. Durante los siglos XIX y XX varios investigadores buscaron en la margen derecha del afluente de la desembocadura del Nilo, que es donde los papiros afirman que estaba dicha urbe, llamada Pi Ramsés (la ciudad de Ramsés).

El río cambia su curso

Uno de los problemas para encontrar Pi Ramsés fue que la situación que describían los papiros había cambiado, ya que de los siete afluentes del Nilo que antes tenía en su cuenca, cinco habían desaparecido por colmatación. Así que hubo que recurrir a la tecnología para poder hallar rastros del afluente y más tarde intentar localizar el asentamiento. Inicialmente se pensó que estaba en Tanis, nada raro si conocemos que una importante cantidad de restos de monumentos en los que estaba inscrito el nombre de Ramsés II aparecieron dispersos en su término. Pero había un problema: los restos de cerámica hallados no se correspondían con la época del gran faraón, sino que eran de años posteriores.

En una zona cercana, donde los campos se van distribuyendo para cultivo agrícola, aparecieron los pies de una enorme estatua, pero sólo eso. Esta pista fue suficiente para que los investigadores desplegaran sus modernos equipos con georradar y hallaran los restos de una antigua urbe, con establos gigantes, una fábrica de armas, canales fluviales, un puerto e imponentes edificios: era la antigua ciudad de Ramses II, la que fundó y a la que puso su nombre.

La base y los pies de una estatua sentada de Ramsés II durante una excavación en sus alrededores en 2001 (Foto: Axel Krause). Fuente: Bietak 2011

Parece que en ese mismo lugar otra ciudad, Avaris, se había levantado en siglos anteriores. Inicialmente fue un poblado hicso que terminó siendo conquistado por el faraón Ahmose, el fundador de la dinastía XVIII (a la que pertenecía el conocido Tutankamón). Tras su toma fue poco a poco abandonándose hasta que Ramsés II, siglos después, volvió a refundarla.

Un sello de la dinastía XIII hallado en las excavaciones. Pertenece a la época en la que el asentamiento se conocía como Avaris, Fuente: Bietak 2011

Pi Ramsés: la ciudad del faraón

Esta urbe se puso en marcha para combatir a los pueblos enemigos del Este y hasta ella se trasladó la capital para poder hacer frente a un ataque. Para ello se instaló una fábrica de armas, posiblemente una de las mayores de la época y se construyó una importante infraestructura para poder tener estabulados a más de dos mil caballos, que se usaron para tirar de los carros de guerra, el arma más poderosa de ese momento.

Reconstrucción gráfica de los establos de Pi Ramsés. Fuente: Hageneuer 2017

Los canales fluviales y el puerto

Fundada como casi todas las ciudades egipcias en las márgenes del Nilo, Pi Ramsés creció lo suficiente como para que sus pobladores aumentaran los canales fluviales que la rodeaban. Hicieron algunos más grandes y excavaron otros dentro de la propia urbe.

No cabe duda de que Pi Ramsés era una ciudad portuaria fluvial, que se había convertido en la base de la armada egipcia en su despliegue hacia el Cercano Oriente. Por documentos previos se sabe que era ya un puerto importante de Egipto durante el período hicso, visitado por cientos de barcos llenos de las mercancías procedentes del Cercano Oriente.

Buque de la época faraónica. Royal Museum of Canada

El puerto principal no estaba en las márgenes mismas, sino que se adentraba un poco en tierra para la protección de las embarcaciones. En la siguiente figura se puede ver la conexión del puerto con uno de los grandes canales del Nilo y la vía que se abrió para dar servicio al enclave. Igualmente se puede observar el lago, que aparece a la derecha, y los múltiples canales que rodeaban la urbe.

Plano de Pi Ramsés más detallado, levantado sobre la información conocida. Fuente: Bietak 2011

El puerto se amplió para dar cabida a más naves y permitir su estacionamiento temporal. Se sabe que había otros fondeaderos más pequeños para atracar las que llegaban a través de otros canales del Nilo, pero este es un tema que todavía se está investigando.

Reconstrucción de la ciudad de Ramsés. Fuente: Hageneuer 2017

El fin de la capital de Ramsés II

Pi Ramsés empezó a decaer cuando su fundador murió, a pesar de que gobernó más de 60 años. Una ciudad fluvial tenía como inconveniente que a lo largo de su cauce se iban depositando lenta pero constantemente lodos, tierra y arena, que en caso de no ir drenándose terminarían ocluyendo el paso. Cuando los trabajos de drenaje dejaron de hacerse tras morir el faraón, los materiales depositados terminaron colmatando el canal. La ciudad sin una salida fluvial dejó de ser de interés para sus gobernantes, que poco a poco la fueron abandonando, trasladándose a otro emplazamiento en el que el cauce fluyera lo suficiente como para permitir la entrada y salida de embarcaciones. Tanis fue la nueva población elegida. Hasta allí se fueron trasladando algunos de los monumentos y estatuas que tiempo atrás habían lucido en Pi Ramsés. Así fue como los egiptólogos los encontraron y pensaron que Tanis era la ciudad de Ramsés.

Más información

BIETAK, Manfred & FORSTNER-MÜLLER, Irene. The Topography of New Kingdom Avaris and Per-RamessesRamesside studies in honour of KA Kitchen, 2011, p. 11-50.

HAGENEUER, Sebastian & FRANZMEIER, Heining. From the Nile Delta to Karlsruhe: Or how to present mud bricks in an exhibitionCIPEG Journal: Ancient Egyptian & Sudanese Collections and Museums, 2017, 1, p. 15-26.

TRONCHÈRE, Hervé, et al. Geoarchaeology of an ancient fluvial harbour: Avaris and the Pelusiac branch (Nile River, Egypt)Géomorphologie: relief, processus, environnement, 2012, 18, 1, p. 23-36.

Esta figura tiene orígenes medievales y en la actualidad puede ser similar a la de inspector. Por ejemplo, en los gremios existían veedores para hacer cumplir las ordenanzas.

Referidos al tema marítimo nos trasladamos a la época moderna. Los reyes de la casa de Austria nombraron veedores para inspeccionar las armadas que iban a América. Dentro del esquema jerárquico, el Veedor general de la Real Armada de la guardia de la Carrera de Indias era uno de los cargos más importantes de la administración marítima colonial. Por debajo de éste había otros dos veedores, el de la flota de Nueva España y el de la Armada de Barlovento.

Sus funciones

Tenían un amplio campo de acción. En lo tocante a la provisión de las armadas, estaban obligados a supervisar de manera personal, acompañados por el proveedor, las compras de los pertrechos y bastimentos que se hacían, así como de llevar un libro de registro de todos los gastos, tanto en territorio peninsular como en las Américas. Igualmente supervisaba el embarque que se llevaba a cabo en los galeones, para que no se introdujeran mercancías o alimentos fuera de registro, y también llevaba el control de los bastimentos y la vigilancia de la carga, que fueran adecuadamente para que no sufrieran daños durante la travesía, lo que era relativamente frecuente.

Brevis Narratio eorum quae in Florida America

Cuando partían desde el continente americano, en viaje de regreso, el veedor debía llevar a cabo un inventario de todo lo sobrante antes de tocar puerto hispano. Estaba bajo sus responsabilidad cualquier daño o pérdida en los bastimentos, cuya cuantía se le cobraba a él. Registraba en sus libros todos los movimientos económicos de la provisión de la armada y era el garante ante la corona de que todos los recursos asignados se empleaban correctamente. Asimismo, ejercía el control sobre la gente de mar y guerra que iba a bordo de las armadas. Asentaba en sus libros la relación de oficiales que embarcaban, con sus sueldos y licencias, vigilaba que ningún soldado se quedara en las Indias o que ningún criado del general que mandaba una flota ocupara una plaza de soldado.

Aunque los veedores eran autoridades, también tenían por encima a los miembros de los consejos que los nombraban. Estas instituciones tenían derecho a designar a un inspector (que se denominaba visitador) para que revisara las actividades llevadas a cabo por veedores, contadores y proveedores.

Fraudes millonarios

Existía la sospecha de que algunos de los miembros que participaban en el transporte marítimo se enriquecían ilícitamente, pero era necesario probarlo. A pesar de que la función de los veedores era inspeccionar para la corona, en ocasiones se usaba el puesto para otro fines personales. Así, los gastos se aumentaban mucho, embolsándoselos quienes participaban, que podían ser veedores, personal subalterno u otras autoridades.

Según narra Heredia López, en el año 1643 el veedor Pedro de Villareal presentó unos gastos anuales de más de un millón seiscientos mil reales de plata. Esta cifra les pareció muy elevada a los responsables del Consejo de Indias, que pronto gestionaron que un visitador inspeccionara los papeles presentados e investigara cómo se habían hecho esos gastos y a quiénes se les había pagado. El cotejo entre las cantidades invertidas en la compra de géneros en las Indias se podía llevar a cabo, ya que al año siguiente el número de bajeles había sido el mismo y habían utilizado un tiempo similar para la ida y la vuelta. Lo que había cambiado era que había un nuevo veedor.

El visitador Juan de Góngora pronto descubrió que se inflaban los gastos, ya que el veedor Alonso de Tapia y Vargas se había adjudicado sustanciosos contratos. Por ejemplo, de las 964 pipas de vino que se acordaron para la Armada, según los contratos, 500 provenían de Lope de Tapia, su hermano.

Para concluir

Así, esta figura de elevado nivel administrativo y fuerte poder adquisitivo podía resultar de enorme eficacia para la corona española o, por el contrario, en algunos casos aprovechar su cargo para enriquecerse. Cuando ésto ocurría, una autoridad por encima de él podía inspeccionar sus actividades para buscar hechos fraudulentos.

Hay que destacar que en América siguen existiendo la figura del veedor, que actualmente también puede entenderse, dependiendo de los ámbitos de actuación, como un observador.

Más información

DOMÍNGUEZ NAFRÍA, Juan Carlos. Los veedores en las armadas de la carrera de Indias. En: El gobierno de un mundo: virreinatos y audiencias en la América hispánica. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, 2004, p. 135-166.

HEREDIA-LÓPEZ, Alfonso-Jesús. Visitar para reformar los oficios de la Armada de la Carrera de Indias (1642-1654)Memoria y Civilización, 2019, 22, p. 221-246.

MENA GARCÍA, Carmen. Nuevos datos sobre bastimentos y envases en armadas y flotas de la carreraRevista de Indias, 2004, 64, 231, p. 447–484.

En sus inicios Roma era un imperio terrestre, y sólo cuando el enfrentamiento con Cartago estuvo cerca empezó a pensar en construir una flota. En su incipiente desarrollo como potencia, tenía sus miras puestas en el dominio de la península itálica y de otros territorios continentales europeos, mientras que Cartago, que poseía una magnífica armada y destrezas heredadas de los antiguos fenicios, iba colonizando tierras africanas y algunas islas europeas. En estas últimas fue donde surgió la chispa del enfrentamiento a muerte en las denominadas guerras púnicas.

Situación de los dos imperios antes del primer enfrentamiento. Fuente

El punto de partida

Los dos contendientes, que libraron varias de las batallas más duras de la Antigüedad, inicialmente no eran enemigos. Sus intereses no coincidían. Eran como poderosos árbitros situados al norte y al sur del Mediterráneo, que se miraban pero no se odiaban. Sin embargo, sería ese poder y su influencia el que los llevaría a enfrentarse en las guerras púnicas. Visto desde el siglo XXI parece que estaban condenados a batallar sin descanso hasta que uno de ellos desapareciera.

Dibujo de Cartago realizado por Rocío Espín

Hasta ese momento el imperio romano había hecho uso de las capacidades marineras de pueblos aliados suyos o colonizados. Los griegos y los etruscos habían proporcionado naves y pilotos para el comercio durante muchos años, por lo que no se veía necesario contar con una flota propia. Esta situación inicial cambió cuando surgió la posibilidad de una guerra, porque era necesario trasladar tropas a las islas mediterráneas que estaban en poder de Cartago y también al continente africano.

Trirreme romana dibujada por Rafael Monleón

Los preparativos

Un historiador romano, Polibio, escribió que en pocos meses las autoridades romanas habían conseguido que se construyeran cientos de naves. Previamente se habían apropiado de un trirreme cartaginés y de él tomaron cuantas innovaciones les parecieron relevantes:

«Como el Erario no podía prestarles auxilio alguno para esta empresa… el celo y generosidad de los principales ciudadanos al bien público halló mayores recursos que los que necesitaba el logro. Cada particular, según sus facultades, o dos o tres juntos, se encargaron de equipar una nave de cinco órdenes, provista de todo, con sólo la condición de reintegrarse del gasto si a la expedición acompañaba la fortuna. Así se juntaron doscientas naves de cinco órdenes, para cuya construcción sirvió de modelo la embarcación incautada». (Historias de Polibio, libro I, tomo I. Fuente: Imperium).

Las primeras derrotas romanas

Sin embargo, se hizo tan rápido que ni dio tiempo a formar a los pilotos, ni a que las maderas se prepararan adecuadamente, por lo que a pesar de lo que las crónicas han transmitido, fue un desastre. El historiador romano escribía que los barcos estaban mal construidos y eran difíciles de maniobrar. Así, en el primer enfrentamiento el comandante romano quedó bloqueado en el interior del puerto de Lipari (una de las islas que hay en el mar Tirreno, al norte de Sicilia) y las tripulaciones se asustaron tanto que abandonaron la nave.

Roma reacciona

Pero sobre este resultado negativo reaccionaron rápidamente, mejorando condiciones, dejando secar las maderas el suficiente tiempo como para que las naves fueran mucho más sólidas, formaron a quienes las debían manejar y el éxito fue suyo.

Casco romano. Fuente

Las batallas decisivas fueron navales y la primera tuvo lugar en Eknomos (Sicilia), en el año 256 a.C. La flota romana estaba compuesta de más de 200 barcos, mientras que la cartaginesa contaba con unos 350 según cronistas, aunque posiblemente fueron menos. Sabemos que lucharon unos 150.000 hombres en ella y que fue la mayor batalla naval de la historia conocida hasta ese momento.

Rostrum romano (arma de ataque estaba montada en la proa de las naves para embestir y hundir barcos enemigos). Fuente

En la última, la de las islas Égadas, en el año 241a-C., parece que las cifras eran similares, aunque un poco menores que la otra. No obstante varios historiadores hablan de que el mar estaba teñido de sangre, porque la batalla fue también una masacre, donde murieron miles de romanos y de cartagineses:

de este modo se concluyó la guerra que hubo entre romanos y cartagineses sobre la Sicilia, tras de haber durado sin interrupción veinticuatro años; guerra la más larga, más continuada y de mayor nombre de cuantas tenemos noticia; guerra en la que, sin contar otras expediciones y preparativos de los que anteriormente hemos hecho mención, se combatió una vez, unidas ambas escuadras, con más de quinientas naves de cinco órdenes, y otra con pocas menos de setecientas. Los romanos perdieron setecientas, contando las que perecieron en los naufragios; y los Cartagineses quinientas. A la vista de esto, los admiradores de las batallas navales y flotas de Antígono, Ptolomeo y Demetrio, al leer este pasaje, no les será posible mirar sin sorpresa la magnitud de estos hechos. (Historias de Polibio, libro I, tomo I. Fuente: Imperium).

Localización de las islas Égadas, muy cerca de Sicilia. Fuente

Algunos autores hablan de innovaciones como el Korax (o corvus romano) para aferrarse al buque enemigo, perforar su cubierta y permitir el abordaje. Era un mecanismo que manejaba una rampa oscilante, que en la punta llevaba un garfio o una lanza. Una vez que la nave enemiga estaba cerca, se movía hasta llegar a la cubierta y dejarlo enganchado en ella, con objeto de formar una pasarela, para que el ejército romano pudiera abordar la nave cartaginesa.

Tapiz que representa el enfrentamiento en tierra, con los famosos elefantes del ejército cartaginés. Fuente: Museo del Louvre, inv. OA 5394

Para concluir

El tesón que mostraron, la capacidad de analizar las derrotas y aprender de ellas, fue lo que convirtió a un pequeño grupo de hombres perdidos en medio de una península, en un gran imperio. De él se vanaglorian que proceden multitud de pueblos que en otros tiempos formaron parte de su enorme dominio.

Más información

AGUILAR CHANG, Víctor Manfredo. Galeras de guerra: Historia de los grandes combates navales (480 aC-1571 dC). Editorial Almuzara, 2020.

DIAZ SÁNCHEZ, Carlos. Breve historia de las batallas de la Antigüedad. Ediciones Nowtilus SL, 2018, p. 185 y ss.

MORALES SERRAT, Guillermo y MARTÍN LÓPEZ, Alejandro. La batalla de Actium: es posible un estudio técnico a partir de la iconografía?. La batalla de Actium: es posible un estudio técnico a partir de la iconografía?, 2015, p. 99-104.

Más imágenes.

Cómo surge

Esta es una historia que se ha repetido muchas veces a lo largo del tiempo. La protagonizan investigadores persistentes, que creen en lo que hacen, que encuentran vestigios de un mundo perdido y dedican miles de horas a buscar si realmente existió o no. Sus hallazgos son únicos y suelen cambiar la Historia. Ya pasó con el descubrimiento de la ciudad de Troya o con la famosísima tumba de Tutankamón. Esta vez la zona está en el viejo continente y se ha descubierto que hace unos miles de años Gran Bretaña e Irlanda formaron parte de la masa continental europea. Es decir, que una vez hubo una superficie terrestre en lo que hoy es el mar del Norte. Allí vivieron algunos de los primeros humanos cazadores, pescadores y recolectores.

Una representación de la antigua plataforma continental hace unos 10.000 años. Fuente

Esta idea surgió ya en el siglo XIX, pero se hacían necesarias evidencias científicas y éstas comenzaron a aparecer un siglo después, en las redes de un pescador. Era un arpón hecho con el asta de un ciervo. Se halló en pleno Mar del Norte, a mucha distancia de las islas británicas. Posteriormente se han ido recuperando otros objetos de cuya manufactura no había duda que era humana.

Útiles de pesca primitivos. Fuente

Se ha estudiado cómo surgieron los continentes, de una masa original llamada Pangea, y cómo fueron formándose hasta llegar a la actual, pero fuera de los círculos especializados no se sabía que Europa fuera una sola masa continental que luego se fue separando poco a poco, dando lugar al nacimiento de las islas británicas y de Irlanda. Tras esa separación, el mar del Norte se abrió paso. Hoy parece que es una realidad y que esta tierra hoy sumergida era un espacio que se ha llamado Doggerland.

Arpones y puntas de lanza de época mesolítica expuestos en el museo de Yorkshire

¿Quiénes vivían allí?

Posiblemente era una especie de paraíso, tanto para los primeros humanos como para animales y plantas. Estaba formada por una inmensa llanura cubierta de bosques y de vegetación, con lagos y ríos. El clima no era tan frío como en el norte, por lo que muchas especies emigraron desde las tierras altas hasta Doggerland. Los recursos eran abundantes debido a que era posible pescar y cazar en los distintos ecosistemas que se formaron. Los hombres que entonces vivían allí eran cazadores y recolectores, por lo que disponían de comida durante todo el año. Era el periodo Maglemosiense, a principios del Mesolítico.

Una imagen de la reconstrucción de los primeros habitantes de las islas británicas, que podían ser perfectamente los que habitaron Doggerland. Es el hombre de Chedar

Estas condiciones facilitaron el desarrollo de la vida y pronto esta tierra se vio llena de especies animales y vegetales. Los estudios más recientes calculan que el área cubierta era de entre 40.000 y 50.000 km cuadrados. Algunos investigadores afirman que se podía ir a pie a los lugares hoy ocupados por las ciudades de Londres y de Oslo.

El inicio del fin

Sin embargo, esta idílica situación empezó a cambiar cuando los niveles del mar comenzaron a subir (un metro cada 100 años aproximadamente debido al deshielo) y especialmente cuando en pocas décadas subió más de medio metro, anegando la parte más baja y dejando la zona continental convertida en pequeñas islas. La pesca se convertía así en una de las posibilidades de supervivencia más claras, por lo que no es raro que se hayan encontrado restos de pequeñas canoas y útiles como arpones.

Canoa neolítica. Fuente

El final llegó cuando un enorme corrimiento de tierra en la península escandinava (deslizamiento de Storegga) produjo un fuerte tsunami, que arrasó la vida en las pequeñas islas e hizo que muchos de sus habitantes murieran y que los que quedaron emigraran a zonas continentales más seguras.

Tras este cataclismo un enorme mar, ya sin apenas terreno intermedio, distanció aún más las islas británicas del continente. Miles de kilómetros de tierra habían sido anegados por el mar del Norte, que en esos momentos aumentó mucho su tamaño, y el paisaje se empezó a parecer más al actual. Los antiguos habitantes siguieron pescando y navegando, pero en otras tierras más seguras, ya fuera en el continente o en las nuevas islas creadas.

Más información

GAFFNEY, Vincent L.; THOMSON, Kenneth & FITCH, Simon (ed.). Mapping Doggerland: the Mesolithic landscapes of the southern North Sea. Archaeopress, 2007.

NYLAND, Astrid; WARREN, Graeme & WALKER, James. When the sea become a monster? The social impact of the Storegga tsunami, 8200 BP, on the Mesolithic of northern Europe. En EGU General Assembly Conference Abstracts. 2021.

SPINNEY, Laura. Searching for DoggerlandNational Geographic Magazine, 2012, 222, 6, p. 132-143.

WALKER, James, et al. A great wave: the Storegga tsunami and the end of Doggerland?. Antiquity, 2020, 94, 378, p. 1409-1425.

WENINGER, Bernhard, et al. The catastrophic final flooding of Doggerland by the Storegga Slide tsunami. Documenta Praehistorica, 2008, 35, p. 1-24.