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Posts Tagged ‘Prehistoria’

¿Existió de verdad Tartesos? Pues sí. Durante siglos ha sido una magnifica leyenda pivotando en los orígenes de la Península Ibérica, hasta que hace treinta años la investigación comenzó a sacar a la luz una verdad histórica: que desde el siglo XI a.C. hasta el V a.C. se desarrolló en el suroeste peninsular una peculiar cultura, la tartésica. Sabemos que estableció importantes redes de comercio internacional durante unos cuatro siglos y que desapareció por problemas económicos y sociales. El núcleo inicial de Tartesos estaba entre Cádiz, Sevilla y Huelva, posteriormente se extendió por una parte importante del oeste peninsular, incluyendo ciertas zonas del centro y sur de Portugal.

Hallazgos arqueológicos de la cultura tartésica. Fuente: Rodríguez 2020

En esos momentos el comercio con la parte Este del Mediterráneo sólo era posible a través del mar, por lo que contar con barcos preparados para el transporte era vital. Es muy posible que fueran los fenicios, los maestros del arte de la navegación, los que introdujeran sus preciadas técnicas en la Península. Pero, aparte de los barcos para navegar por el mar Mediterráneo, en la nueva ubicación, Tartesos, había multitud de cauces fluviales útiles para el transporte, por lo que también tenemos evidencias de navegación por los ríos peninsulares (Guadalquivir, Guadiana, Tajo y Duero).

Se han hallado 13 sitios arqueológicos donde aparecen representaciones de barcos, generando un registro sustancial que permite analizarlos, determinar si son naves fluviales y conocer los vínculos que existen entre buques mediterráneos y las representaciones atlánticas. Aunque no ha sido posible datarlos todos, los conocidos son de los siglos VII, VI y V a.C., fecha que coincide con el momento de mayor expansión dentro de las relaciones coloniales que operaban en la zona de las riberas de los ríos antes citados. Vamos a ver algunos de los más importantes gracias a un reciente artículo publicado en inglés (Rodríguez y García 2020).

Valle del Guadalquivir

Uno de los barcos más significativos aparece en una placa llamada Bronce Carriazo, de 95 × 153 mm, que forma parte de la sección lateral de un bocado de caballo. Localizada cerca de la ciudad de Sevilla. Aunque no se corresponde estrictamente con la forma de nave, algunos autores han sugerido que podría ser el diseño esquemático de un barco, quizás para transportar a la divinidad solar. Los dos pájaros formarían parte de la proa y de la popa, rodeando la escena central en la que se representa a la diosa Astarté portando dos flores de loto.

Bronce Carriazo. Cultura tartésica. Fuente

Valle del Guadiana

La primera imagen de una embarcación se encontró en el yacimiento de Cancho Roano (Badajoz). Se trata de otro bocado de caballo, en el que se muestra la imagen bifronte de una persona que va sobre una barca decorada con cabezas de caballo en sus extremos. Esta pieza tiene el mismo diseño que la anterior y puede sugerir un viaje al más allá. 

Bocado de caballo de Cancho Roano. Fuente

Hace poco han aparecido tres nuevas imágenes náuticas dentro de un yacimiento del siglo V a.C., en el poblado de El Turuñuelo (Badajoz), en la confluencia entre el Guadiana y uno de sus principales afluentes. 

Naves de El Turuñuelo. Fuente: Rodríguez 2020

Son embarcaciones fluviales de poco calado, fondos planos, con voluminosas popas ornamentadas y posiblemente propulsadas a remo, ideales para el tráfico por un río. 

Dibujos de las naves de El Turuñuelo y restos materiales localizados. Fuente: Rodríguez 2020

Valle del Tajo

El barco de La Aliseda (Cáceres), en el tramo central, está representado en un sello de oro de forma ovalada. Es una escena náutica en la que un remero y una divinidad entronizada, que porta un cetro, viajan a bordo de una embarcación. Las figuras están separadas por una flor de loto. A la izquierda de la nave se encuentra un ave (posiblemente un ibis), y bajo el casco hay grabados cuatro peces. El barco es simétrico y de sección alargada, caracterizado por tener tanto la proa como la popa muy elevadas y rematadas con cabezas de ave. Aunque estas representaciones son escasas en el Mediterráneo occidental, se ha interpretado como una especie de barca de totora utilizada para la navegación fluvial.

Valle del Duero

Las imágenes náuticas aquí están en la desembocadura del río. El primer ejemplo conocido es el aro de Baiao, perteneciente a un tesoro de oro hallado en Oporto (Portugal). El elemento decorativo central es un cuenco de palmeta de estilo oriental, muy presente en los elementos de marfil tartésicos. En su decoración hay un diseño en forma de barco, con un casco semicircular rematado en proa y popa con volutas. 

Dibujo del aro de Baiao

Rasgos similares

Los rasgos comunes de todas estas representaciones de embarcaciones son que tienen poco calado y un francobordo mínimo, la proa suavemente inclinada hacia delante y un codaste vertical curvado ostentosamente sobre la cubierta. Los barcos representados no son fenicios, o al menos no son comparables con los registrados en el Este del Mediterráneo, donde surgió esta cultura. Tampoco son naves ‘indígenas’, ya que sus constructores no fueron indiferentes a las influencias mediterráneas. Todos integraron rasgos vistos en ambos sistemas culturales, dando como resultado una nueva tradición marítima híbrida, propia de la región y de este período en particular. 

En síntesis

En definitiva, el importante número de representaciones náuticas documentadas más allá de las Columnas de Hércules revela el impacto que tuvo la navegación mediterránea en las costas atlánticas. También nos acercan al papel que jugó el tráfico fluvial. Todo esto sirve para enfatizar la conexión que existía en el suroeste ibérico, fomentando un proceso de hibridación cultural del que las embarcaciones fueron a la vez vehículo y resultado.

Además, la distribución sistemática de esta iconografía de barcos híbridos a lo largo del suroeste peninsular, así como su superposición con los patrones culturales de la cultura tartésica, nos llevan a sugerir el desarrollo de un ‘paisaje cultural marítimo’ propio (Rodríguez y García 2020).

Nota: aunque en muchas webs aparece escrito Tartessos, la RAE marca que se escribe Tartesos, por eso hemos elegido esta grafía.

Más información

BLÁZQUEZ, J. Mª. Tartessos y los orígenes de la colonización fenicia en Occidente. Salamanca: Universidad, 1975.

CASSON, Lionel. Ships and seafaring in ancient times. Texas: University, 1994.

CULICAN, William. Phoenician remains from GibraltarAustralian Journal of Biblical Archaeology, 1972,  2/1, p. 110–145.

ESCACENA CARRASCO, José Luis. Cuando acabó todo. Un final para el mundo tartésico. Desperta Ferro. Arqueología e Historia, 2017, 12, p. 52-57.

GARCIA CARDIEL, J. El catálogo de las naves de occidente. Embarcaciones de la Península Ibérica, Marruecos y archipiélagos aledaños hasta el principado de Augusto. Oxford: BAR International, 2013.

MOYANO, J. Mucho más que barcos. Una aproximación teórica a las funciones, capacidades náuticas, bases materiales y dimensión social de la tecnología naval prehistórica. Oxford: BAR International, 2018.

PEREIRA, G., and ARRUDA, A. Boats carved on the Atlantic coast of the Iberian Peninsula. Landscape, symbols and people. In A. Betterncourt et al. (eds.). Recorded places, experienced places. The Holocene rock art of Iberian Atlantic north-west. Oxford: BAR International, 2017, p. 193–207.

REY DA SILVA, A. Nautical iconography from the Iberian Peninsula in Prehistory. In S. TRIPATI (ed.), Maritime contacts of the past. Deciphering Connections Amongst Communities. New Delhi, 2014, p. 365–401. 

RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, Esther & GARCÍA CARDIEL, Jorge. Between the Mediterranean and the Atlantic: nautical iconography in the south‐west Iberian Peninsula. International Journal of Nautical Archaeology, 2020, 49, 1, p. 179-193.

SOUSA, E. & GUERRA, S. A presença fenícia em Lisboa: novos vestigios descobertos no alto da colina do Castelo de Sao Jorge. Saguntum, 2018, 50, p. 57–88.

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WHEN BRITANIA WAS JOINT TO THE EUROPPEAN CONTINENT

Cómo surge

Esta es una historia que se ha repetido muchas veces a lo largo del tiempo. La protagonizan investigadores persistentes, que creen en lo que hacen, que encuentran vestigios de un mundo perdido y dedican miles de horas a buscar si realmente existió o no. Sus hallazgos son únicos y suelen cambiar la Historia. Ya pasó con el descubrimiento de la ciudad de Troya o con la famosísima tumba de Tutankamón. Esta vez la zona está en el viejo continente y se ha descubierto que hace unos miles de años Gran Bretaña e Irlanda formaron parte de la masa continental europea. Es decir, que una vez hubo una superficie terrestre en lo que hoy es el mar del Norte. Allí vivieron algunos de los primeros humanos cazadores, pescadores y recolectores.

Una representación de la antigua plataforma continental hace unos 10.000 años. Fuente

Esta idea surgió ya en el siglo XIX, pero se hacían necesarias evidencias científicas y éstas comenzaron a aparecer un siglo después, en las redes de un pescador. Era un arpón hecho con el asta de un ciervo. Se halló en pleno Mar del Norte, a mucha distancia de las islas británicas. Posteriormente se han ido recuperando otros objetos de cuya manufactura no había duda que era humana.

Útiles de pesca primitivos. Fuente

Se ha estudiado cómo surgieron los continentes, de una masa original llamada Pangea, y cómo fueron formándose hasta llegar a la actual, pero fuera de los círculos especializados no se sabía que Europa fuera una sola masa continental que luego se fue separando poco a poco, dando lugar al nacimiento de las islas británicas y de Irlanda. Tras esa separación, el mar del Norte se abrió paso. Hoy parece que es una realidad y que esta tierra hoy sumergida era un espacio que se ha llamado Doggerland.

Arpones y puntas de lanza de época mesolítica expuestos en el museo de Yorkshire

¿Quiénes vivían allí?

Posiblemente era una especie de paraíso, tanto para los primeros humanos como para animales y plantas. Estaba formada por una inmensa llanura cubierta de bosques y de vegetación, con lagos y ríos. El clima no era tan frío como en el norte, por lo que muchas especies emigraron desde las tierras altas hasta Doggerland. Los recursos eran abundantes debido a que era posible pescar y cazar en los distintos ecosistemas que se formaron. Los hombres que entonces vivían allí eran cazadores y recolectores, por lo que disponían de comida durante todo el año. Era el periodo Maglemosiense, a principios del Mesolítico.

Una imagen de la reconstrucción de los primeros habitantes de las islas británicas, que podían ser perfectamente los que habitaron Doggerland. Es el hombre de Chedar

Estas condiciones facilitaron el desarrollo de la vida y pronto esta tierra se vio llena de especies animales y vegetales. Los estudios más recientes calculan que el área cubierta era de entre 40.000 y 50.000 km cuadrados. Algunos investigadores afirman que se podía ir a pie a los lugares hoy ocupados por las ciudades de Londres y de Oslo.

El inicio del fin

Sin embargo, esta idílica situación empezó a cambiar cuando los niveles del mar comenzaron a subir (un metro cada 100 años aproximadamente debido al deshielo) y especialmente cuando en pocas décadas subió más de medio metro, anegando la parte más baja y dejando la zona continental convertida en pequeñas islas. La pesca se convertía así en una de las posibilidades de supervivencia más claras, por lo que no es raro que se hayan encontrado restos de pequeñas canoas y útiles como arpones.

Canoa neolítica. Fuente

El final llegó cuando un enorme corrimiento de tierra en la península escandinava (deslizamiento de Storegga) produjo un fuerte tsunami, que arrasó la vida en las pequeñas islas e hizo que muchos de sus habitantes murieran y que los que quedaron emigraran a zonas continentales más seguras.

Tras este cataclismo un enorme mar, ya sin apenas terreno intermedio, distanció aún más las islas británicas del continente. Miles de kilómetros de tierra habían sido anegados por el mar del Norte, que en esos momentos aumentó mucho su tamaño, y el paisaje se empezó a parecer más al actual. Los antiguos habitantes siguieron pescando y navegando, pero en otras tierras más seguras, ya fuera en el continente o en las nuevas islas creadas.

Más información

GAFFNEY, Vincent L.; THOMSON, Kenneth & FITCH, Simon (ed.). Mapping Doggerland: the Mesolithic landscapes of the southern North Sea. Archaeopress, 2007.

NYLAND, Astrid; WARREN, Graeme & WALKER, James. When the sea become a monster? The social impact of the Storegga tsunami, 8200 BP, on the Mesolithic of northern Europe. En EGU General Assembly Conference Abstracts. 2021.

SPINNEY, Laura. Searching for DoggerlandNational Geographic Magazine, 2012, 222, 6, p. 132-143.

WALKER, James, et al. A great wave: the Storegga tsunami and the end of Doggerland?. Antiquity, 2020, 94, 378, p. 1409-1425.

WENINGER, Bernhard, et al. The catastrophic final flooding of Doggerland by the Storegga Slide tsunami. Documenta Praehistorica, 2008, 35, p. 1-24.

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¿Vivió el megalodón en estas aguas?

Sí a ambos. El mar estaba situado en la actual llanura central europea. La gran masa de agua se generó en las primeras épocas de formación de la Tierra como consecuencia de la desaparición progresiva del Océano Tetis. En concreto, de lo que quedó de éste, el llamado Paratetis.

El Paratetis se terminó cerrando al dejar de tener conexiones con el mar y, tras siglos, generó distintas cuencas hidrográficas, entre las que se hallaba el extinto mar de Panonia. Otras masas de agua que hoy todavía se mantienen fueron el mar Negro, el Caspio y el de Aral, como se puede ver en las imágenes superior e inferior.

Paratetis en el mioceno tardío.jpg

La desaparición de Paratetis transformó ambientes marinos abiertos en sistemas deltáicos lacustres y condujo a fases alternas de desecación e inundación. De él surgió el mar de Panonia, que con los siglos se transformó en el lago Pannon.

Mar de Panonia

De la formación de este mar tenemos noticias hace unos 10 millones de años. Es la cuenca que aparece en la imagen anterior a la izquierda. Cubría la mayor parte de los actuales países de Hungría, Croacia, partes de Serbia, Eslovenia, Bosnia y Herzegovina, Eslovaquia, Chequia, Austria, Rumania e incluso llegaba a Ucrania.

panonian-rough

El mar de Panonia. Fuente

El mar de Panonia desapareció, pero quedan restos visibles en la región, como fósiles y otras pistas geológicas, que nos cuentan la historia de un mar perdido hace mucho tiempo, que alguna vez ocupó gran parte de Europa Central. Era relativamente poco profundo, ya que nunca excedió los 1000 metros, con un área aproximada de unos 200,000 kilómetros cuadrados.

Restos Mar de Panonia

Algunos de los fósiles encontrados. Fuente

Los restos del mar existen hoy en lo que se conoce como la cuenca de Panonia, situada en el centro de Hungría. También hay inmensas dunas en algunas zonas de la antigua extensión marítima.

Aquí vivió el megalodón

El museo del Mar de Panonia informa que en estas aguas existió durante el Mioceno ese cetáceo inmenso conocido como megalodón, uno de los depredadores más temidos en los mares, el tiburón más grande. Podían medir entre 16 y 18 metros de largo y probablemente pesaban 100 toneladas. Parece que en tiempos remotos habitó en la mayoría de los mares del planeta. En Hungría se han encontrado enormes dientes de este animal en varios lugares.

Poco a poco, al perder la conexión con el Mediterráneo sus aguas fueron dejando de ser saladas hasta convertirse, con el paso de muchos siglos, en una extensión salobre que se denominó lago Pannon, hoy también desaparecido.

El lago Pannon

Estaba situado en la cuenca panónica de Europa central y oriental. Existió como tal hace entre 8 y 4 millones de años (Geary 2000).  La historia física de este lago está estudiada y la parte que más se conoce es la de la fauna marina que vivió en él.

Lago Pannon según Neubauer (2016)

El lago albergaba una espectacular malacofauna endémica, que incluía más de 900 especies descritas y muchos géneros endémicos. Había multitud de bivalvos y de gasterópodos.

Pikik 2007

El Lago Pannon en su máxima extensión según Pipík (2007).

Cubría la cuenca de Panonia (Hungría) durante el Mioceno tardío, tenía un fondo complejo, formado por subcuencas más profundas, pero también distintas alturas, que a veces emergían sobre el nivel del lago, a modo de islas y penínsulas. Al excavar el fondo lacustre se han encontrado multitud de fósiles.

fosiles pannon

Tipos de fósiles hallados en la cuenca

Para finalizar

Sí que hubo un gran mar en la mitad central europea. Inicialmente fue el Paratesis, que luego con los siglos se convirtió en el Mar de Panonia. Tras millones de años, debido a los aportes de los grandes ríos europeos y a que se quedó aislado del Mediterráneo, se terminó convirtiendo en una superficie lacustre. Existen fósiles que atestiguan que el mayor depredador marino de todos los tiempos (el pariente gigante del actual tiburón blanco) nadaba en las aguas del mar de Panonia. Todo un hallazgo.

Más información

BUDAI, Soma, et al. Interplay of sediment supply and lake-level changes on the margin of an intrabasinal basement high in the Late Miocene Lake Pannon (Mecsek Mts., Hungary). International Journal of Earth Sciences, 2019, 108, 6, p. 2001-2019.

GEARY, D. H.; MAGYAR, I. & MÜLLER, P. Ancient Lake Pannon and its endemic molluscan fauna (Central Europe; mio-pliocene). Advances in Ecological Research, 2000, 31, p. 463-482.

KÁZMÉR, Miklós. Birth, life and death of the Pannonian LakePalaeogeography, palaeoclimatology, palaeoecology, 1990, 79, 1-2, p. 171-188.

KRIJGSMAN, W.  The evolution of Paratethys: the lost sea of Central Eurasia. Proyecto de investigación (2011-2017). Universidad de Utrecht. 

MÜLLER, P., GEARY, D. H. & MAGYAR, I. The endemic molluscs of the Late Miocene Lake Pannon: their origin, evolution and family-level taxonomy. Lethaia, 1999, 32, p. 47–60.

NEUBAUER, Thomas A., et al. Evolution, turnovers and spatial variation of the gastropod fauna of the late Miocene biodiversity hotspot Lake PannonPalaeogeography, palaeoclimatology, palaeoecology, 2016, 442, p. 84-95.

PEZELJ, Durdica; MANDIC, Oleg & CORIC, Stjepan. Paleoenvironmental dynamics in the southern Pannonian Basin during initial Middle Miocene marine flooding. Geologica Carpathica, 2013, 64, 1, p. 81-100.

SACCHI, M. & HORVÁTH, F. Towards a new time scale for the Upper Miocene continental series of the Pannonian basin (Central Paratethys)EGU Stephan Mueller Special Publication Series, 2002,  3, p. 79-94.

SCHWEITZER, Ferenc. Drainage network development in the Pannonian Basin. Hungarian Geographical Bulletin, 2015, 64, 2,  p. 101-120.

PIPÍK, R. Phylogeny, palaeoecology, and invasion of non−marine waters by the late Miocene hemicytherid ostracod Tyrrhenocythere from Lake Pannon. Acta Palaeontologica Polonica, 2007,  52, 2, p.  351–368.

TIMEA, Kis. Ruzsa természeti földrajza. Sulinet News, s.f.

VASILIEV, Iuliana, et al. The age of the Sarmatian–Pannonian transition in the Transylvanian Basin (Central Paratethys). Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, 2010, 297, 1, p. 54-69.

Nota: aunque hay mucha bibliografía, treméndamente especializada, la información más general sobre este mar es poca, y en los artículos que citamos hay datos científicos de interés.

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