Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Cádiz’


En la ciudad de Cádiz (España) existen una serie de torres vigía que se utilizaban para poder divisar la llegada de los barcos de las Indias. Eran la parte alta de las casas de muchos comerciantes. De todas ellas la llamada Tavira fue nombrada torre vigía oficial del puerto. En tiempo de guerra también se utilizaba para otear el horizonte y saber si alguna flota enemiga estaba cercana a la bahía. 

Por el Dr. Vicente Ruiz García, asesor de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval

Torre Tavira, Cádiz, amanecer del día 19 de octubre de 1805.

En el centro de Cádiz, y a cuarenta y cinco metros sobre el nivel del mar, el vigía de la Torre Tavira escudriñaba el horizonte con su catalejo, divisando en la lejanía varias velas enemigas que vigilaban cualquier movimiento en la bahía. Al menos desde el mes de febrero de este año se venía observando la presencia de fragatas, e incluso navíos ingleses que hacían efectivo el bloqueo que los británicos ejercían sobre la ciudad. Solían desfilar en la línea del horizonte en actitud amenazadora sabiendo que eran observados desde tan alta atalaya.

torre-tavira

La torre Tavira dibujada por Vicente Ruiz García

La contra vigilancia española respondía a veces con el envío de pequeñas embarcaciones para espiar los movimientos del enemigo, como había ordenado recientemente el propio Federico Gravina, cuando envió un falucho disfrazado de barco pesquero para reconocer en las inmediaciones el número exacto de navíos enemigos. Generalmente no era necesario llegar a tanto, pues desde la Torre Tavira se observaba toda nave flotante a varias millas de distancia, siendo el primer edificio de Cádiz que preludiaba la llegada de las flotas, incluso varios días antes de su arribada definitiva a puerto. Por esta razón, y por su estratégica situación, fue designada en 1778 como la torre vigía oficial del puerto de Cádiz.

Atlas54.opt

La inmensa bahía de Cádiz según el Atlas Marítimo de Tofiño (s. XVIII). Fuente: BNE

Aquella mañana el vigía aseguró desde la distancia que al menos había una corbeta enemiga al acecho. Mientras tanto no era difícil adivinar con todo lujo de detalles lo que estaba sucediendo tras los caserones blancos y las torres de las iglesias de San Francisco, de Nuestra Señora del Rosario y San Agustín. Éstas compartían la verticalidad del espeso bosque de palos mayores, trinquetes y mesanas sorprendidos por los primeros rayos de un sol que tímidamente descubría la agitada actividad de la base naval gaditana. Desde el mirador se atisbaba a los marineros del tamaño de hormigas que corrían descalzos por las cubiertas, mientras se intuían las voces de mando de los contramaestres acompañados del sonido de los silbatos. Las primeras luces del amanecer iluminaron a los gavieros, que trepaban por los flechastes mientras se escuchaban los gemidos de los esforzados marineros que empujaban las ruedas de los cabrestantes, arriando las anclas. Oficiales, infantes de marina, marineros, artilleros, guardiamarinas, grumetes y pajes, estos últimos no habían cumplido aún en su mayoría los doce años, atestaban con su presencia las cubiertas de los navíos, llegando a albergar algunos de ellos más de mil almas que se hacinaban en los entrepuentes de los barcos mal aireados y nauseabundos. Auténticos nidos de enfermedades faltos de higiene, donde la tripulación convivía con los parásitos y las ratas cuando se descendía al infierno de la sentina, la parte más baja del navío, donde la luz desaparecía y la humedad reinaba en un mundo de tinieblas.

2_opt

Vista actual de Cádiz hacia el sureste desde la Torre Taivra. Foto: Vicente Ruiz García

Eran las seis de la mañana y el sol comenzaba a hacer acto de presencia con viento de levante calmoso. El almirante Villeneuve había puesto la señal de dar la vela en el Bucentaure, su buque insignia. Poco después la orden era repetida en el Príncipe de Asturias mandado por Gravina. Los gavieros sobre las vergas comenzaron a desplegar las velas que una tras otra fueron cayendo en los treinta y tres buques fondeados en la bahía. Navíos de línea de dos y tres puentes con franjas negras y amarillas. Los nuestros con leones rampantes en el mascarón, fanales a medio encender y tremolando la enseña roja y amarilla (la elegida para representar a nuestra Armada por Carlos III en 1785 de las doce que se presentaron a concurso). Atrás quedaron los días en que el pabellón blanco con el escudo de los Borbones se confundía en el mar con la bandera francesa de parecida imagen. No obstante, aquel día nuestros aliados enarbolaban la tricolor, parida de la revolución, con las águilas imperiales en el centro.

El leve viento de levante y la calma iban a provocar que la salida fuera lenta, lo que unido a la poca destreza de parte de las dotaciones ralentizaría en exceso la partida. El desfile se inició con los buques franceses. El navío Achille con viento noroeste dio la vela el primero y le siguieron los franceses Argonaute, Neptune, Heros, Dugai-Trouin y Algeciras y el español Bahama, así como algunas fragatas. Mientras tanto, el vigía volvió a otear el horizonte con su catalejo, dando cuenta de la presencia de la fragata enemiga Wesel que había descubierto el movimiento de la escuadra combinada. Entonces comenzó a emitir señales a la fragata Euryalus que a su vez transmitió la información a la siguiente nave escolta y así buque a buque. Muy pronto el almirante Nelson tendría la noticia en bandeja en la cámara de oficiales de su Victory, de que la escuadra combinada acababa de zarpar.

A lo largo del día y de la noche fueron saliendo uno tras otro todos los buques, en total 18 navíos, 4 fragatas y dos bergantines por parte de los franceses, así como los 15 españoles de nombre Príncipe de Asturias, Santísima Trinidad, San Agustín, San Juan Nepomuceno, Monarca, Bahama, Argonauta, Santa Ana, Neptuno, San Ildefonso, Montañés, San Justo, San Leandro, San Francisco de Asís y Rayo, el último de los navíos que zarparía al amanecer del día 20 de octubre. De esta forma, la calma, las mareas, la aglomeración de las embarcaciones en los estrechos y la impericia de los marinos de leva prolongaron la partida durante todo el día y hasta la amanecida del día siguiente.

1_opt

Catalejo y ejemplar manuscrito del Diario de la Vigía de Cádiz. Torre Tavira. Foto: Vicente Ruiz García

El vigía había observado cómo los navíos habían ido saliendo en lenta procesión de puerto, dejando a su lado las murallas de San Carlos, el Baluarte de la Candelaria, La Caleta y los castillos de Santa Catalina y San Sebastián. Al llegar a éste viraron hacia el sur con destino al Estrecho y al infierno que les aguardaba. Aquella escena fue también contemplada por miles de gaditanos encaramados en las torres vigías, en las azoteas de sus casas o en las murallas del Vendaval que rodeaban a la inexpugnable ciudad. Media Cádiz decía adiós a la escuadra combinada, mientras la otra mitad rezaba a la Virgen del Carmen o a la del Rosario, a San Servando y San Germán, en iglesias atestadas de gente que preludiaban la desgracia. La bella imagen de las treinta y tres velas desplegadas al viento en línea con la inconclusa catedral, contrastaba con el hondo pesar y el pesimismo de una ciudad que sabía de las cosas de la mar, aunque no había que ser muy docto en la materia para darse cuenta de la superioridad de los ingleses, del error de aquel plan y del sacrificio de aquellos hombres, que presagiaban como ellos el resultado final de tan insensata aventura. Algo que todos intuían menos un hombre: Pierre de Villeneuve. Tíos, hermanos, maridos, hijos… todo el mundo contaba con alguien a bordo de aquella escuadra que poco a poco se alejó en el horizonte en busca de la batalla que les haría entrar en la Historia. El vigía escribió en su diario:

“Día 20 de octubre de 1805: a las siete de la mañana acabó de salir de este puerto de Cádiz, haciendo rumbo para Poniente, la escuadra combinada y a las doce se perdió de vista. A las cinco de la tarde entró una barca que salió con dicha escuadra y trajo la noticia de que quedaba a nueve leguas de distancia de este puerto, y que a su salida había descubierto 18 navíos ingleses, y hecho señal el general en jefe francés de poner en línea de combate, de donde inferimos inevitable una dura batalla”

Más información

Diario de la Vigía de Cádiz. Biblioteca de Temas Gaditanos “Juvencio Maeztu.” Cádiz

RUIZ GARCÍA, V. De Segura a Trafalgar. Torredonjimeno: El Olivo editorial, 2010 (2ª edición).

Read Full Post »


En las ciudades costeras hay patrimonios tan característicos que a veces son únicos o casi únicos. Es el caso de las torres miradores (o torres vigía) de Cádiz (en el sur de España), que se construyeron para poder divisar desde lejos la llegada de los barcos, en especial los que llegaban de América.

Dibujo de algunas de las torres-miradores de Cádiz. Fuente

Estas construcciones no estaban solas, ya que eran la parte mas alta de las casas de los ricos comerciantes. Se colocaban banderas en las torres, que las diferenciaban, y así usando un método naval, se establecía un sistema de comunicación entre el vigía de la torre y el propio barco.

Se empezaron a construir durante el siglo XVII y tuvieron su máximo momento de apogeo durante el XVIII, aunque una ordenanza municipal terminó prohibiéndolas en 1792.

Se levantaron al amparo del enorme crecimiento que tuvo la ciudad con la llegada, a principios del siglo XVIII, de la Casa de Contratación y el Consulado de Indias. Con este monopolio del comercio se dotó al puerto de una completa infraestructura, lo que también benefició enormemente su desarrollo urbanístico.

Hay más de 130 torres vigía en el trabajo publicado por Belén González Dorao. Según la autora, estas torres miradores solían tener planta cuadrada, de uno o dos pisos, con artesonado de madera en el interior. Hay cuatro tipos: de terraza, de sillón, de garita y mixta.

Dibujo de la casa de un comerciante, con la torre en el último piso. Fuente

Una casa situada en la calle José del Toro (conocida como “La Bella Escondida” porque no se puede ver desde la calle) es la única que presenta una planta octogonal (planta que recuerda la de la torre de los vientos de Atenas).

La “bella escondida”

Esta históricas torres que apuntan al cielo y miran al mar no siempre están protegidas y conservadas como merecen. De hecho, la única que es visitable como tal es la Torre Tavira, que fue designada como la torre vigía oficial por ser la cota más alta de la ciudad, al estar a 45 metros sobre el nivel del mar y en el centro de la zona antigua.

La torre Tavira era la torre vigía oficial del puerto de Cádiz.

Son un patrimonio único, y no sólo de la ciudad que las vio erigirse, sino de toda la humanidad, porque son una evidencia de la historia marítima que conectaba tierras, abría mercados y surcaba los mares, de nuestro pasado en el mar, de lo bueno y de lo malo que aconteció, y por ello de lo que hoy nos ha hecho ser como somos.

azoteas de Cádiz

Una vista de los tejados gaditanos

Más información

GONZÁLEZ DORAO, B. Torres miradores de Cádiz. Cádiz, 2017.

Historia de las torres miradores. Torre Tavira. 2017

Torre Tavira

 

Read Full Post »


Por Garbo

En esta entrada se ven las causas que provocaron el sitio de Cádiz y los bombardeos con baterías de costa a la ciudad por parte del ejército napoleónico entre los años 1808 a 1810.

En la siguiente entrada se verá el uso que se hizo de las baterías de costa en la ciudad de Cádiz, entre los años 1810 a 1812, para defenderla.

Causas del sitio de Cádiz y de los bombardeos con baterías de costa a la ciudad

Napoleón Bonaparte tenía planes de invadir España desde 1807 tras haber vencido a las tropas austriacas, rusas y prusianas, y conocer los enfrentamientos que tenían el rey Carlos IV de España y su hijo, el futuro Fernando VII, el cual participó activamente en conspiraciones para destronar a su propio padre y derribar a Manuel Godoy, ministro y hombre de confianza de Carlos IV.

Aunque en el primer intento, en el Escorial, en 1807, Fernando VII no consiguió su objetivo y fue detenido, en marzo de 1808, en el palacio de Aranjuez, consiguió que su padre le cediera el trono y arrestara a Godoy.

Falúa Real del Museo de Aranjuez.

Falúa Real del Museo de Aranjuez. Época de Carlos IV.

Napoleón aprovechó los conflictos familiares y la presencia de tropas francesas en España (60.000 soldados llegados tras la firma del tratado de Fontainebleau) para apoderarse del territorio español. El plan de Napoleón era llevar a padre e hijo a Bayona y obligarles a renunciar al trono. Napoleón se puso de parte de Carlos IV, le envió una escolta armada para protegerlo y, de esta forma, consiguió engañarlo para que se reunieran en Bayona. Carlos IV, impulsado por el odio hacia su hijo, quiso ir a Bayona pensando que Napoleón le ayudaría a recuperar la corona. Fernando VII hizo este viaje por falta de alternativas, ya que si se negaba a acudir, Napoleón podría encarcelarlo y ceder el trono nuevamente a su padre (Carlos IV) y al gobierno de Godoy.

Abdicaciones de Bayona

Abdicaciones de Bayona

A finales de abril de 1808, casi toda la familia real española se encontraba en Bayona y, allí, padre e hijo descubrieron el engaño y fueron obligados a renunciar a sus derechos reales. Carlos IV y Fernando VII renunciaron y cedieron sus derechos al trono a Napoleón, quien posteriormente proclamó rey de España y de las Américas a su hermano José I Bonaparte. Fernando VII fue arrestado bajo vigilancia y encarcelado en el castillo francés Valençay.

En un solo mes, de forma fácil y rápida, Napoleón consiguió conquistar todo Portugal, pero el 2 de mayo de 1808 comenzaron en Madrid los levantamientos populares contra el ejército invasor, cuando los franceses se dispusieron a trasladar a Francia al infante Francisco de Paula, hijo menor de Carlos IV, de tan sólo 12 años de edad, para así poder impedir que ningún miembro de la familia real española pudiera convertirse en el símbolo de la resistencia antibonapartista. Un centenar de ciudadanos de Madrid se reunieron a las puertas del Palacio Real para impedir este traslado, comenzando así los enfrentamientos y los primeros disparos.

El infante que Napoleón secuestró aparece aquí retratado por Goya,  dela mano de sus padres.

El infante que Napoleón secuestró aparece aquí retratado por Goya, de la mano de sus padres. Museo del Prado.

Las noticias de este disturbio fueron difundidas con rapidez por toda la ciudad y, aunque la población no iba armada, atacaron de forma enfurecida, con lo primero que encontraban, a los soldados de Napoleón. El Mariscal Murat sofocó este levantamiento, unas horas más tarde, con su ejército de 30.000 soldados, fusilando a cientos de civiles.

Sin embargo, las sublevaciones armadas contra los franceses fueron repetidas en muchos lugares de España entre los días 7 y 10 de mayo, conforme se iban extendiendo las noticias del engaño francés. Las abdicaciones de Bayona y los sucesos acaecidos en Madrid los días anteriores, donde la población saboteaba y saqueaba los depósitos de armas de los franceses para dejarlos indefensos, provocando que desde mayo de 1808 hasta finales de ese mismo año, las tropas francesas dirigidas por el general Murat, que sumaban casi 150.000 hombres, fueran incapaces de ocupar el país con rapidez y fracasaran en sus intentos de conquistar las ciudades de Gerona, Zaragoza y Valencia y permitiendo a los españoles vencer en la batalla de Bailén (Jaén). Este hecho obligó al ejército invasor a evacuar Madrid, mientras que las tropas británicas consiguieron expulsar a los franceses de Portugal, provocando que desembarcaran en las costas gallegas.

Cuando Napoleón vio que su ejército estaba perdiendo, decidió dirigir en persona las operaciones y se trasladó a España con los 250.000 mejores soldados que tenía en su ejército, muchos de ellos veteranos. De esta forma, Napoleón obtuvo varias victorias y recuperó Madrid (1 y 2).

En enero de 1809, Napoleón regresó a Francia y, durante los años siguientes, el ejército francés consiguió imponer su supremacía militar y fue conquistando territorios a costa de un elevado número de pérdidas humanas.

De esta forma, en 1810, los franceses ya habían tomado Cataluña, Aragón y casi toda Andalucía, excepto algunos lugares de Huelva y la ciudad de Cádiz, la cual fue sitiada. Sin embargo, no pudieron recuperar Portugal ya que el ejército inglés, que estaba aliado con los españoles, lo impidió (1).

Carta de la Bahía de Cádiz levantad por los franceses en 1762.

Carta de la Bahía de Cádiz levantada por los franceses en 1762.

Con respecto al sitio de Cádiz, algunos autores afirman que desde enero de 1810 la ciudad de Cádiz y de San Fernando estuvieron sitiadas por el ejército francés al mando del mariscal Víctor, cuyo Cuartel General se estableció en Chiclana (3).

Plano de la bahia de Cádiz y sus contornos [Material cartográfico] : reducido de los que levantó Don Vicente Tofiño con el aumento de las posiciones de los Exércitos durante el sitio que sufrió dicha plaza en los años de 1810, 1811 y 1812 y construcción de la curva que trazaban las granadas arrojadas por los franceses, contando con la resistª del ayre a dist. alturas. Autor: Por D. José Mariano Vallejo.

Plano de la bahia de Cádiz y sus contornos reducido de los que levantó Don Vicente Tofiño con el aumento de las posiciones de los Exércitos durante el sitio que sufrió dicha plaza en los años de 1810, 1811 y 1812. Autor: D. José Mariano Vallejo. Fuente

Aunque para ser exactos, en enero de 1810 Napoleón envío al mariscal Soult a Andalucía, y éste dividió su ejército en tres grandes grupos: “por la izquierda, el general Sebastiani para apoderarse de Jaén, Granada y Málaga; por el centro, el mariscal Mortier para llegar a Córdoba; y por la derecha, el mariscal Víctor pacificando Sierra Morena hasta Córdoba, donde se unirá a Mortier(4), llegando el 1 de febrero a Sevilla y, entonces, los mariscales convencieron al rey José I para conquistar Cádiz, tal y como era el objetivo de Napoleón. Consecuentemente, Víctor fue enviado a ello, y el 5 de febrero de 1810, cuando llegó allí, se encontró con la resistencia española, viendo que era imposible entrar a la ciudad tanto por tierra como por mar y entonces decidió sitiarla.

El viaje andaluz del rey José I

El viaje andaluz del rey José I

Una vez sitiado Cádiz en 1810, desde este año y hasta 1812 la ciudad recibió varias oleadas de bombardeos por parte de los franceses. Estos bombardeos los veremos en la siguiente entrada.

Bibliografía citada

(1) Domené, D.; Puente, A. y S. Casaos (2004) Historia de España. Edición de Valverde Elices. Madrid: Laberinto.

(2) Baena, A. (2013). La crisis de la monarquía borbónica. La Guerra de la Independencia y los comienzos de la Revolución liberal. La constitución de 1812. En: Aprendiendo sociales y otras cosas. 22 de octubre de 2013.

(3)Batalla de Chiclana (5 de marzo de 1811)” en Kayak de Mar, Sancti Petri. 

(4) Andrales, A. (2012). Movimientos imperiales para el sitio de Tarifa según la versión francesa. Al-Qantir, 2012, 12, p. 115-127.

Read Full Post »