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Posts Tagged ‘Historia Naval’


Por el Dr. Vicente Ruiz García

A mediados del siglo XVIII, cuando la Revolución Industrial había comenzado en Inglaterra, el infatigable marino y científico Jorge Juan de Santacilia fue enviado a Londres con la misión, entre otras, de atraer a un grupo de técnicos británicos para mejorar los métodos de construcción naval en nuestro país. A partir de aquella arriesgada operación de espionaje industrial, los arsenales de la Marina Española se fueron configurando como complejos industriales para la construcción y reparación de los buques de la Real Armada, optimizando sus instalaciones y perfeccionando sus métodos de construcción a lo largo del siglo para llegar a fabricar los mejores navíos de su tiempo.

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Jorge Juan, el ilustre marino

Los arsenales ilustrados: la protoindustrialización

Guarnizo, La Carraca, Ferrol, Cartagena, La Habana o Mahón se proyectaron entonces como centros fabriles de innovación tecnológica preindustrial, esencialmente entre mediados del siglo XVIII y principios del siglo XIX, periodo en el que se construyeron las naves que protegieron el comercio americano y que escribieron las páginas más brillantes pero también más trágicas de nuestra historia naval. Un periodo donde estos arsenales coinciden en el tiempo con la Revolución Industrial inglesa de la que asumen muchos rasgos.

Arsenal de Cartagena. Plano de 1782

Mientras en Inglaterra se iniciaba la Revolución Industrial a mediados del siglo XVIII, en los arsenales de España, dependientes del Estado borbónico, se concentraban un buen número de obreros, existía división y especialización del trabajo, se llegaron a producir buques en serie y se desarrolló la investigación y la innovación con la experimentación de nuevas máquinas, como la diseñada por Joaquín de Ibargüen para cortar ruedas de cureñas de cañones para el arsenal de Ferrol, los nuevos fogones de hierro con potabilizadores de agua salada fabricados por Honorato Bouyon en Mahón o el mecanismo hidráulico para extraer objetos del fondo del mar propuesto por Manuel Sánchez de la Campa para La Carraca. También se aplicaron nuevas fuentes de energía como el vapor en las bombas de fuego diseñadas por Jorge Juan y Julián Sánchez Bort para Cartagena, con el fin de desaguar los diques de carena. Un destino para el que también se idearon artilugios, como la máquina de ruedas de Domingo Espil o se importaron máquinas de vapor de tipo Newcomen, que posteriormente se enviaron a los arsenales de La Carraca y Ferrol.

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Plano de la máquina de vapor tipo Newcomen para desaguar los diques del arsenal de La Carraca. José López Llano, 20 de mayo de 1813. Archivo Naval de Madrid, sig. PB-154

Con todos estos factores de producción podemos afirmar, sin equivocarnos, que los arsenales de la Marina Española fueron buenos ejemplos de factorías industriales en los albores de la industrialización y que la creación, desarrollo y decadencia de estos complejos industriales al servicio de la Armada, no solo debe inscribirse en la historia naval de nuestro país, sino que también debe considerarse un capítulo, precedente pero esencial, en los orígenes de la tardía Revolución Industrial.

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Plano de Cartagena y su arsenal

Una gran oportunidad perdida

La historiografía coincide que la industrialización española fue un proceso extraordinariamente dilatado, tardío y fracasado, que hunde sus raíces en la primera mitad del siglo XIX e incluso a finales del siglo XVIII.  El “fracaso de la Revolución Industrial en España”, título ofrecido por el historiador Jordi Nadal y punto acerca del cual prácticamente todos los historiadores del tema están de acuerdo tiene, en cambio, numerosas interpretaciones. Desde las del propio Nadal, que señala como principal causa de este fracaso al estancamiento del sector agrícola, a la postura de Miguel Artola, quien destaca una serie de factores diferenciales de naturaleza geográfica orografía y clima que, al unirse a un conjunto de decisiones económicas, públicas y privadas, dieron como resultado el retraso respecto a otras naciones europeas.

Barcelona y su puerto en el siglo XVIII. Fuente

La carencia de capitales, que significaría la dependencia de capital exterior; el limitado crecimiento demográfico; los costes del transporte terrestre; la insuficiencia de recursos energéticos; la pérdida de las colonias o el bajo nivel cultural son algunos de los argumentos clásicos esgrimidos por la historiografía en torno a este tema. Al margen de estas interpretaciones, una buena parte de los historiadores coincide también en que los precedentes de la industrialización española hay que buscarlos a finales del siglo XVIII esencialmente en Cataluña donde existía una rica tradición comercial, artesana y de relaciones internacionales con Europa y América, muy propicia a la innovación.

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Máquina de vapor Newcomen, utilizada para achicar el agua en los diques de carena del Arsenal del Ferrol. Josef Muller, 1813. Archivo Naval de Madrid, sig. PB-155

Sin embargo, si tenemos en cuenta al historiador Eric Hobsbawm, quien sostenía que el comienzo de la revolución industrial debía situarse en la década de 1780 o al historiador económico inglés Trevor S. Ashton, que declaraba por su parte que la revolución industrial tuvo sus inicios a partir de 1760, podemos asegurar que a partir de la segunda mitad del siglo XVIII y sobre todo del último tercio de esta centuria, también en España hubo un episodio similar, singular y simultáneo al de la Revolución Industrial británica de la que posiblemente asume muchos rasgos.  Este capítulo preliminar de nuestra industrialización, prematuro, desconocido y paralelo a los orígenes de la Primera Revolución Industrial inglesa, fue protagonizado en nuestro país por los Arsenales de la Real Armada donde, a pesar de que la iniciativa empresarial partió del Estado y no de una burguesía emprendedora -como sí sucedió en la contemporánea industria textil catalana- muchos de los factores de esta Primera Revolución Industrial estuvieron presentes en los Arsenales de la Corona, tales como la especialización del trabajo, la mecanización, la innovación tecnológica, el empleo del vapor como nueva fuente de energía o la búsqueda y el abastecimiento de grandes cantidades de materias primas.

Carta Cádiz 1762

Carta de la Bahía de Cádiz (1762)

La revolución industrial llegó a los arsenales de Cartagena, la Carraca o Ferrol antes que a Cataluña

Definitivamente, los arsenales del rey cumplieron con la mayoría de los factores que identifican a los primeros complejos fabriles en los albores de la industrialización, erigiéndose como centros pioneros de la industrialización española antes, incluso, que la industria textil catalana. Sin embargo, la interrupción del comercio americano a raíz de la guerra contra Inglaterra, la Guerra de la Independencia, la posterior emancipación de los virreinatos americanos, el frenazo del crecimiento de la población, las malas cosechas y, por supuesto, la actitud política, fueron algunos de los factores que impidieron su  continuidad, desarrollo y éxito.

Ferrol

Plano del Arsenal de Ferrol. Archivo General de Simancas

De no haber sido así tal vez hubiera permitido a nuestro país tener una industria estatal consolidada, capaz de atraer a otros sectores o servir como modelo para otras iniciativas empresariales. Así, España se hubiera incluido en el grupo de los first comers al imitar en gran medida el modelo británico, como sí le ocurrió a las regiones industriales pioneras del Viejo Continente que definitivamente lograron seguir la estela británica. Sin embargo, la frustración de la industria naval española en los primeros decenios del siglo XIX paralizó cualquier evolución y programa de futuro, lo que no justifica que la historiografía haya olvidado por completo este episodio, pasando de largo, sin incluirlo tan siquiera como un precedente o un capítulo introductorio que va más allá de la mera anécdota, en nuestra fracasada, tardía, aislada y singular Revolución Industrial Española.

Más información

RUIZ GARCÍA, Vicente. Los Arsenales del Rey (1750-1820). La Revolución Industrial que pudo haber sido.  Valladolid: Glyphos Publicaciones, 2017.

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En la Antigüedad la navegación en el Mediterráneo no era fácil, ya que en poco tiempo podían levantarse olas que hicieran zozobrar cualquier nave. Esto ocurría incluso en los periodos de mare apertum, es decir cuando hacía buen tiempo y era recomendable iniciar los periplos. Aparte de estos peligros conocidos, existían costas terriblemente recortadas e irregulares que dificultaban el avance. En la antigua Grecia los barcos que se dirigían desde el mar Adriático a la parte este del Mediterráneo, debían recorrer toda la costa del Peloponeso hasta llegar al mar Egeo. Suponía un largo trayecto, que además era muy peligroso.

En la costa del Adriático había una ciudad, Corinto, que debido a su privilegiada situación se empezó a destacar por sus intercambios comerciales, tanto terrestres como marítimos. De hecho, hay quien la considera la urbe de origen del trirreme.

Su importancia comercial fue creciendo hasta convertirse en una de las ciudades estado griegas más ricas, lo que le dio fama para aparecer en la literatura, en la mitología e incluso en la Biblia. Los gobernantes de Corinto, concientes de esta privilegiada situación goegráfica, idearon una de las grandes obras de la antigüedad, que consistía en hacer una calzada con raíles para desplazar los barcos por tierra desde el Adriático (golfo de Corinto) hasta el mar Egeo (golfo Sarónico) y viceversa. Así nació el Diolkos, un camino pavimentado que fue utilizado para el transporte de embarcaciones por tierra durante siglos.

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Las dos posibilidades para dirigirse al mar Egeo desde el Adriático, recorrer la costa del Peloponeso o pasar a través del Diolkos

Muy poco conocido, ignorado durante siglos, está ahora saliendo a la luz pública gracias a la Sociedad Arqueológica Griega, que en el siglo pasado llevó a cabo grandes excavaciones para descubrir el curso del Diolkos y restaurar esta maravilla de la ingenería. Actualmente siguen luchando para evitar que sea destruido.

Una vía terrestre para barcos

En Corinto había dos puertos, uno a cada lado, que daban a los dos mares, y que fueron importantes desde la Antigüedad: Lechaion en el golfo de Corinto, que daba al Adriático, y Kenchreai (kechrees) en las orillas del golfo Sarónico, en el mar Egeo. Entre ellos hay una distancia de unos 6 km.

Uno de los trazados del Diolkos

El Diolkos era una carretera pavimentada con piedra caliza que tenía dos profundos surcos paralelos, que corrían a una distancia de 1.50 metros uno del otro. Cada uno se denominaba olkos, lo que dio como resultado el nombre de Diolkos, por dichos surcos.  En el punto de partida, en el golfo de Corinto, llegó a tener un ancho de 10 metros, que iba disminuyendo a lo largo del camino, siendo su media entre 3,50 y 6 metros.

Antigua entrada/salida de los barcos al Diolkos

La ruta

Actualmente hay varias teorías sobre el camino que seguía el Diolkos. Lo que sí es casi seguro es que no seguía una línea recta, porque había muchos desniveles, con diferencias de hasta 90 metros.

Propuesta del camino del Diolkos sobre el istmo de Corinto. Fuente: Raepsaet, 1993

Se sabe que el inicio estaba en la bahía de Corinto (Adriático), donde hoy se sitúa el faro, y acababa en la antigua ciudad de Schoinunta (Kalamaki). Los barcos eran llevados al inicio del camino y desde allí se arrastraban hasta el Diolkos. Parece que las naves descansaban inicialmente en cilindros de madera y luego eran trasladadas a un vehículo especial con ruedas.

Teoría de Rapsaet sobre cómo se transportaban los barcos por el Diolkos

Para reducir el peso en la medida de lo posible, las embarcaciones se descargaban antes de situarlas en el Diolkos y las mercancías se llevaban por carretera hasta el otro punto del istmo. Así, la nave era arrastrada hasta llegar al golfo Sarónico. Una vez allí se cargaba nuevamente y el barco continuaba su viaje. Lo mismo ocurría en sentido contrario.

Los carriles que direon nombre al Diolkos. Fuente

La época

Fue construido durante el siglo VI a.C., probablemente durante la tiranía de Periandros en Corinto.  Se usó para el transporte de pequeñas embarcaciones, en su mayoría buques de guerra.

Restos del Diolkos en el puerto de Kenchreai

El Diolkos tuvo que ser reparado repetidamente en los siglos siguientes y se mantuvo en uso continuo hasta los días del emperador Augusto, aunque la aparición de barcos cada vez más grandes redujo su uso. Varias fuentes confirman su utilización para naves pequeñas hasta el siglo IX d.C.

Su sustituto: El canal de Corinto

Actualmente se puede atravesar esta distancia por mar, ya que durante el siglo XIX se empezó a abrir entre las montañas un paso marítimo inmenso: el gran canal de Corinto. De éste nos ocuparemos más adelante.

El canal de Corinto

Más información

PETTEGREW, David K. The diolkos of Corinth. American Journal of Archaeology. 2011, 115, 4, p. 549-574.

RAEPSAET, Georges. Le diolkos de l’Isthme à Corinthe: son tracé, son fonctionnement, avec une annexe, considérations techniques et mécaniques. Bulletin de Correspondance Hellénique. 1993, 117, 1, p. 233-261.

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Hace ya más de seis años que pusimos en marcha la sección titulada “Difundiendo el Patrimonio de la Armada”. Con ella la Armada Española pretende, a través de la web de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval, difundir el riquísimo e importante patrimonio documental que custodia en sus distintos archivos, bibliotecas y museos. Para ello contamos con la inestimable colaboración del personal del Órgano de Historia y Cultura Naval, que selecciona los documentos, los digitaliza y comenta.

Desde sus inicios, el objetivo era ofrecer periódicamente textos y documentos de especial relevancia para la Historia Naval que son únicos y difíciles de consultar. Unas veces esta falta de accesibilidad se podía deber a que no estaban digitalizados y era necesario trasladarse hasta los lugares de custodia para conseguir una copia, y otras porque su estado de conservación no permitía su consulta.

La sección está dividida en cuatro grandes bloques, con características diversas, que gentilmente ponen a disposición de nuestros lectores para su uso, consulta, investigación y disfrute. Son los siguientes:

  • Patrimonio documental.  Contiene documentos sobre Historia y Patrimonio Naval que pertenecen al fondo documental de la Armada.

  • Patrimonio bibliográfico. Incluye libros sobre Historia Naval y Marítima que forman parte del fondo bibliográfico de la Armada.

  • Documento del mes. Cada 30 días se publica alguno de los documentos de mayor relevancia que se conservan en los archivos de la Armada. Se analiza el texto y se seleccionan las partes mas significativas, y son éstas las que se encuentran accesibles. Se realiza un díptico explicativo, al que acompaña otro con más información para aquellos que quieran profundizar sobre el tema.

En los tres primeros bloques están disponibles los textos completos, mientras que en el del documento del mes se seleccionan las partes mas significativas, y son éstas los que se encuentran accesibles. Como en la página web de la Cátedra van apareciendo periódicamente, aquí en el blog hemos organizado todos ellos por etapas históricas y por años, para que sea más fácil hallarlos. Están disponibles en esta página del blog.

La Cátedra de Historia y Patrimonio Naval siempre ha apostado por la difusión de contenidos a través de Internet, y ésta es una forma de hacer disponible para los ciudadanos en general, los depositarios últimos del Patrimonio, y a los investigadores en particular, estas joyas históricas y patrimoniales de incalculable valor.

estrella del logo II

Una vez más hacemos llegar nuestro agradecimiento al personal militar y civil del Órgano de Historia y Cultura Naval por su apoyo y colaboración.

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Esta es la tercera entrega dedicada a el mundo de las galeras, con la que abrimos otra nueva etapa en la que nuestro experto, el Dr. Pedro Fondevila Silva, además de redactar los textos, los acompaña de dibujos realizados por él o bajo su dirección, muchos hechos expresamente para que se pueda entender mejor la forma de vida en estas embarcaciones.

Las galeras llevaban, aparentemente, un único árbol. Sin embargo, documentación de archivo y una imagen contemporánea de la toma de Túnez (1535), nos muestran la existencia de otro (el trinquete) en un lateral de la corulla. Este árbol y su vela eran de pequeño tamaño, y más que para proporcionar propulsión, servía para ajustar el centro vélico de la galera, en función de la vela que llevase mareada y de dónde recibía el viento. El trinquete, cuando no se utilizaba se estibaba en una de las bandas de la corulla.

Cartones de los tapices de la Conquista de Túnez. Castillo de Ambras, Innsbruk.

La galera imperial que aparece en la imagen superior es de la conquista de Túnez y está amainando la vela. El trinquete está abatido. Todas las piezas que iban montadas sobre los maimones y maimonetes han sido retiradas y solamente se mantienen las de las cureñas. Como las galeras van a batir el fuerte de la Goleta, llevan, para proteger a la gente de la corulla, una arrumbada y sus dos contraarrumbadas. Pero la estructura no es de firme, sino desmontable.

Volviendo sobre las velas, veamos la estructura de la entena. Especialmente interesante es el espigón, que servía para alargar la pena y envergar la vela de mayor tamaño de las dos que tenía el árbol de mestre, que contaba también con una vela cuadra, el treo, para correr fortuna.

Por último, en la galera de la imagen inferior el timonel va sobre el sobredragante, por fuera del tendal, manejando el timón de codaste o a la bayonesa. La nave está desarbolada y transporta fajinas para hacer baluartes para la artillería en tierra. El pequeño pabellón de la popa será sustituido, en la segunda mitad del siglo XVI, por la carroza.

Galera con las empavesadas montadas para proteger la cámara de boga.

Nota:

Rogamos a nuestros lectores que si hacen uso de la información y/o de las imágenes que aquí aparecen, por favor citen esta entrada. Añadimos la referencia bibliográfica, que se puede adaptar a los distintos sistemas de citación:

FONDEVILA SILVA, P. Arboladura de las galeras del siglo XVIII. Blog de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval. 2018. Disponible en: https://blogcatedranaval.com/2018/03/29/arboladura-de-las-galeras/

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¿Quién no ha oído hablar de Fernando de Magallanes y de Juan Sebastían Elcano? Sendos navegantes protagonizaron una de las expediciones más duras e impresionantes de la historia, aquella que consiguió por vez primera circunnavegar el planeta ¿Cómo se llevó a cabo esa primera vuelta al mundo? La misión de estos marinos al servicio de la Corona española contiene todos los elementos de un gran relato: descubrimientos, ambición, penalidades, honor, traición, liderazgo, hambre, navegaciones al borde de la muerte, riquezas, y rivalidad con la Corona de Portugal. La expedición está considerada como uno de los capítulos más importantes de la primera globalización, en la que la Monarquía Hispánica tuvo un papel primordial.

Al cumplirse quinientos años de esta expedición, se ha celebrado un congreso internacional sobre la primera globalización, que ha reunido a 16 investigadores expertos, para ofrecernos una reflexión académica sobre este acontecimiento histórico. Por la importancia que tiene este hecho, la Cátedra ha solicitado a la secretaria del congreso, la Dra. Marta García Garralón, que hiciera un breve resumen de las aportaciones.

Detalle sobre el viaje de Magallanes en un mapa de Ortelius. Fuente

La primera circunnavegación de la tierra de Magallanes y Elcano. Una expedición épica para la Historia

Desde finales del siglo XV las ansias castellanas de expansión atlántica se vieron impulsadas por la confluencia de una serie de elementos claves, que dieron lugar a una época abundante en descubrimientos, expansión y colonización territorial. Muchas barreras se rompieron y viejos límites heredados del pasado se vieron superados gracias al perfeccionamiento de los adelantos técnicos en la navegación, a una enconada rivalidad por el dominio de las rutas comerciales hacia la Especiería entre las dos potencias marítimas más importantes de la época, las Coronas española y portuguesa, y, finalmente, por la existencia de motivaciones geopolíticas, religiosas e incluso de actitudes mentales ante la vida. La primera globalización se abría paso en los inicios de la Historia Moderna.

La expedición del navegante portugués Fernando de Magallanes partió de la idea de alcanzar las islas Molucas o Especiería (archipiélago de la actual Indonesia) a través de la ruta de Occidente.

El contrato de las capitulaciones, firmado en 1518 entre el rey y el navegante portugués, recogía las condiciones y los detalles de la expedición. Estaba formada por cinco naves que zarparon al año siguiente desde el puerto de Sevilla. Después de varios meses de travesía, las costas patagónicas acogieron la primera invernada de la flota, que se vio obligada a fondear a la espera de una climatología más favorable. La armada al mando del navegante portugués logró cruzar por vez primera el paso que en la actualidad lleva su nombre, el estrecho de Magallanes. El acceso al Océano Pacífico se produjo en 1520, al que siguió una larga y penosa navegación de varios meses con recalada en las islas Marianas y una estancia en las islas Filipinas. Magallanes perdió la vida en la isla filipina de Mactán, en una batalla entre mandatarios locales en la que el portugués decidió intervenir para asegurarse la alianza de uno de los jefes indígenas. Su exceso de confianza y el error de cálculo de una supuesta superioridad técnica en combate de los españoles costó la vida del portugués.

Dibujo alusivo a la muerte de Magallanes. Fuente

Descabezada la expedición de su principal promotor, Juan Sebastián Elcano terminó asumiendo el mando de una de las naves, y logró  alcanzar la isla de Tidore, en Molucas, en noviembre de 1521. El viaje de vuelta sufrió numerosos avatares y penalidades, que impidieron el retorno de casi toda su tripulación, muerta o dispersada por los distintos puertos de la travesía. La nave Victoria fue la única que logró culminar la vuelta, doblando el cabo africano de Buena Esperanza y entrando en el puerto de Sevilla, con solo 18 tripulantes supervivientes en septiembre de 1522.

Un congreso internacional sobre la primera globalización

Tales circunstancias han sido analizadas en el Congreso Internacional de Historia “Primus Circumdedisti me. Claves de la primera globalización”, celebrado en Valladolid los días 20, 21 y 22 de marzo de 2018, conmemorativo del V Centenario de la primera vuelta al mundo.

El lema del congreso, Primus Circumdedisti me (Fuiste el primero que la vuelta me diste), está recogido en las armas concedidas por el emperador a Juan Sebastián Elcano, y en ellas se han inmortalizado los símbolos de la hazaña: palos de canela, nuez moscada y la esfera terráquea rodeada con la citada leyenda.

Escudo de armas de J.S. Elcano Fuente

La reflexión histórica ha partido de la primera vuelta al mundo, realizada hace quinientos años y de las circunstancias en las que se llevó a cabo. También se ha perseguido profundizar en la figura de uno de los protagonistas fundamentales de la expedición, el marino vasco Juan Sebastián Elcano. Los Ministerios de Defensa (especialmente, la Armada), Educación, Cultura y Deporte, así como la Junta de Castilla y León, han realizado un notable esfuerzo de coordinación y trabajo colaborativo, con resultados muy satisfactorios. La dirección científica del congreso correspondió al catedrático de Historia Moderna y Académico de Número de la Real Academia de la Historia, Dr. Carlos Martínez Shaw

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El organizador del Congreso, Dr. Carlos Martínez Shaw

El punto de partida fue la conferencia del profesor Serge Gruzinski, sobre el proceso de mundialización ibérica generado en el siglo XVI. El logro de la conexión entre mundos que hasta el momento se habían ignorado o tratado de forma lejana y la riqueza de las interacciones generadas entre tan lejanos territorios definió una primera geopolítica mundial en la Edad Moderna.

El profesor Sagredo Baeza nos ilustró sobre las primeras incursiones de europeos y los reconocimientos del litoral pacífico de América del Sur, efectuados en el siglo XVI. A continuación, el desarrollo del proceso de descubrimiento del Mar del Sur y el protagonismo de capitanes, exploradores e indígenas, corrió a cargo de Bethany Aram.

La estancia de la flota en Filipinas fue determinante para el futuro de la expedición. Una imagen sobre las Filipinas en los años de la llegada de Magallanes nos la proporcionó el profesor Navarro Medina, con su charla sobre los indígenas de las Visayas. Por otro lado, las complejas negociaciones efectuadas a cargo de mercaderes portugueses y burgaleses, así como la gran personalidad de Fernando de Magallanes, fueron abordados con especial maestría por el doctor Juan Gil, en su charla titulada “Magallanes, entre Sevilla y Valladolid”.

Las conferencias más esperadas fueron las relativas a los dos protagonistas más célebres de la expedición, Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano. Ambas temáticas fueron desarrolladas por los investigadores José Manuel García y Salvador Bernabéu Albert.

La profesora Rahn Phillips nos ofreció un estupendo relato sobre la expedición, incidiendo en sus aspectos organizativos, en la importancia de la estructura de mando y en las relaciones entre oficiales y subordinados. La parte correspondiente a las características técnicas de las naves que formaron la flota de la especiería corrió a cargo del profesor Fernández González.

Para hablarnos sobre la dureza de la vida a bordo y las condiciones en las que navegaban las tripulaciones de la época, el profesor Pérez-Mallaína Bueno partió de reflexiones sobre la limitación de los espacios flotantes y las difíciles condiciones de habitabilidad en las naves de hace quinientos años. Consuelo Varela disertó sobre los cronistas de la expedición, y cómo el relato de la hazaña pasó al conocimiento de toda Europa de la pluma de determinados autores.

Las representaciones cartográficas sobre la expedición y el mundo de las imágenes fueron las temáticas elegidas por otros dos investigadores. Carmen Manso analizó los aspectos cartográficos y las cartas de marear confeccionadas por los cosmógrafos de la época. El profesor Richard Kagan nos habló de las repercusiones de la representación visual de los nuevos mundos y sus efectos en la mentalidad de los europeos.

Para terminar, Blas Sierra hizo una exposición sobre la imagen del Santo Niño de Cebú y la importancia de la evangelización en Filipinas. La última ponencia corrió a cargo de Miguel Luque Talaván, que estudió los aspectos legales derivados de la firma de los tratados internacionales firmados entre las Coronas española y portuguesa.

mapa Chile

La nao Victoria, la única que volvió de la expedición. Fuente: Biblioteca Nacional de Chile.

Cada una de estas aportaciones nos ayudó a comprender con un mayor detalle aspectos fundamentales relacionados con la expedición de la especiería liderada por Magallanes, y todas ellas en su conjunto nos revelaron la magnitud de uno de los viajes de exploración marítima más importantes de la historia universal.

Finalizado el congreso, los Reyes de España asistieron al acto institucional solemne de conmemoración de las capitulaciones de Valladolid, en el marco del V centenario de la expedición de la primera vuelta al mundo. Un acontecimiento histórico digno de ser recordado.

Desde aquí queremos felicitar a todo el equipo de personas que han participado en el evento, destacando el importante papel que la Armada Española ha tenido en la organización y coordinación del mismo, especialmente el Vicealmirante don Ignacio Horcada y el Capitán de Navío don Federico de la Puente. Todos ellos han hecho posible este acontecimiento, tan relevante para la Historia Naval y Marítima mundial. Muchas gracias a tod@s.

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Esta es la segunda entrega dedicada a el mundo de las galeras, con la que abrimos otra nueva etapa en la que nuestro experto Pedro Fondevila Silva, además de redactar los textos, los acompaña de dibujos realizados por él o bajo su dirección, muchos hechos expresamente para que se pueda entender mejor la forma de vida en estas embarcaciones.

La corulla de la galera de la primera mitad del siglo XVI no tenía cobertura superior. Adosados al yugo de proa se disponía de una serie de fuertes maderos verticales: los maimones, que sirven para meter en batalla (meter en batería) al cañón de crujía, y los maimonetes, que aguantaban la reculada de los medios cañones y sacres, sirviendo también de ciriales (afuste vertical donde se introducía la horquilla de los morteretes y esmeriles). El orificio era de mayor diámetro que el pie de la horquilla, permitiendo su giro.

Artillería de la corulla de una galera en la primera mitad del siglo XVI. Los tojinos de madera (en color naranja) clavados sobre el yugo de proa servían para evitar que el roce de las gúmenas amarradas a los ferros desgastasen el yugo.

Esta acumulación de artillería en la corulla se debía a la conveniencia de disponer de la máxima potencia de fuego en el área ofensiva del buque; a la dificultad de colocar artillería por las bandas, dado que las galeras de este periodo carecían de corredor, que no aparecerá hasta la segunda mitad del siglo y a la carencia de artilleros en estas fechas (normalmente uno por galera, con un ayudante o aprendiz, que solía ser hijo o yerno del artillero).

Habitualmente las piezas se llevaban cargadas con anterioridad, y el artillero disparaba las de la corulla y el ayudante las de la banda y popa. En combate era inusual la recarga de las piezas.

Por último, decir que el cañón de crujía iba estibado dentro de la crujía, delante del árbol maestro (para evitar el riesgo del quebranto). Como el modelo de las galeras era anterior a la incorporación de tanta artillería, el sistema para retirar el cañón de crujía a su estiba (las anguilas) no podía inclinarse tanto que permitiese cubrirle con los cuarteles de la crujía, razón por la cual asomaba parte de la pieza. Este inconveniente se corrigió en las galeras de la segunda mitad del siglo.

Nota:

Rogamos a nuestros lectores que si hacen uso de la información y/o de la imagen que aquí aparece, por favor citen esta entrada. Añadimos la referencia bibliográfica, que se puede adaptar a los distintos sistemas de citación:

FONDEVILA SILVA, P. La artillería de las galeras. Blog de la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval. 2018. Disponible en: https://blogcatedranaval.com/2018/03/06/la-artilleria-de-las-galeras/

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Remando en las galeras de España

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Matacapitanes es el nombre de una pieza de artillería, bautizada así por el uso que se le daba, utilizada en las galeras españolas del siglo XVI, que desde la Cátedra Naval descubrimos e identificamos. Es de un tipo de arma hasta ahora desconocido y que creemos única en los museos navales españoles.

Matacapitanes, un pequeño cañón que navegó y disparó en la flota que mandaba Álvaro de Bazán

La relevancia de la pieza

La importancia de la pieza, que consideramos de gran interés, es doble:

a) por un lado está asociada a una de las más señeras figuras navales españolas de ese siglo (Álvaro de Bazán, primer Marqués de Santa Cruz), y a la batalla naval más importante de esa época, la de Lepanto.

D. Álvaro de Bazán

b) por otra parte la pieza, en unas condiciones de conservación extraordinarias, no ha tenido ninguna intervención desde que se guardó en el siglo XVI, llegando a nosotros con todos sus elementos originales, lo cual nos ha permitido averiguar aspectos inéditos, que nos obligan a replantear algunas de las interpretaciones e intervenciones anteriores realizadas en piezas de la época rescatadas del mar.

Un tipo de artillería llamado esmeril

Los esmeriles son un tipo de arma “antidotación” que servían para tirar contra blancos determinados (las personas provistas de armas defensivas fuertes o a prueba). Veamos un texto que documenta su uso:

(…)  el qual aunque estaba armado a prueba de arcabuz, no se pudo defender de un golpe de esmeril que le dio en el pecho, y no pudiendo pasar el petto fuerte lo hizo caer de espaldas, y del tormento que recibio murio dentro de pocas horas[1].

La pieza descubierta

El esmeril en cuestión es de bronce fundido y de cámara cerrada, conservando, unida a los muñones, una sólida horquilla de hierro con su correspondiente pinzote, motivo por el cual no se ha podido, de momento, determinar su peso. El estado de la pieza es excelente, como puede apreciarse en la fotografía 1, y conserva en la culata, unida a la lámpara, una pieza cilíndrica hueca, desconocida hasta ahora por nosotros y nunca vista en los museos navales españoles.

Otra imagen del Matacapitanes colocado sobre una reproducción de un cirial, tal y como iba en el costado de la galera. La rabiza original aparece en la parte inferior de la imagen. Museo Naval de Madrid.

La joya, o brocal, es abocinada y, a partir de su final, la caña se va ensanchando suavemente, formando un tronco de cono, hasta la faja de la culata. Esto indica que el grosor del metal de las paredes del ánima crece en la misma proporción. Entre la joya y los muñones aparece una fina faja, existiendo otra similar antes del fogón. Éste se halla sobre un pequeño resalte unido a la faja de la culata, y, aunque está en muy buen estado, muestra señales de haber sido utilizado.

Dibujos que describen las partes y elementos del esmeril bastardo. Fuente: Elaboración propia a partir de la pieza original identificada.

En el momento que nos llamó la atención la pieza, ésta conservaba, dentro de su ánima a manera de tapaboca, una rabiza o rabera de madera, que, una vez retirada del interior encajaba perfectamente en la pieza cilíndrica hueca, anteriormente mencionada, y que a partir de este momento bautizamos como portarrabiza. En la figura superior, hemos realizado varios dibujos donde representamos las distintas partes y detalles del esmeril.

MATACA

Ficha del esmeril bastardo llamado Matacapitanes

Como conclusión final podemos decir que el diseño de esta pieza supuso un notable avance en los esmeriles de la época, especialmente para los utilizados en las galeras. Por otro lado, el uso de la rabiza portátil, con un sistema parecido que hasta ahora no había sido interpretado, aparece en otros esmeriles del mismo siglo, por lo que será necesario re-interpretar de nuevo varías piezas, empeño en el que nos centraremos en un próximo trabajo.

La localización, clave para conocer su origen

Además del estudio documental realizado para la identificación y presentación del esmeril bastardo, creemos que el propio edificio de localización (Palacio del Viso del Marqués, en Ciudad Real) puede ser otro argumento de autoridad a la hora de autentificar y datar la pieza. La persona que mandó construirlo, así como los objetivos del inmueble, corroborarían nuestro planteamiento. El Palacio fue concebido como Casa del Linaje de un noble, Álvaro de Bazán primer marqués de Santa Cruz, hombre de armas entregado durante toda su vida a la defensa contra los enemigos de la Corona.

Palacio-del-Marqués-de-Santa-Cruz

Fotografía del Palacio del Viso del Marqués. Al subir la escalera hacia el primer piso se puede apreciar el escudo de los Bazán en la cristalera.

Ello significa que este edificio fue diseñado como muestra y representación de la ostentación del poder nobiliario y territorial de sus dueños. Por ello, el marqués decidió que fuera el lugar en que se guardara, a través de un buen número de piezas, armas y de pinturas al fresco, la memoria de sus principales y victoriosas actuaciones a lo largo de su vida militar (jornadas del Cabo de Aguer en 1556, del rio de Tetuán en 1565, Navarino en 1572, Tunez en 1573, de los Quérquenes en 1576 o Lisboa en 1581). De esta manera, uno de los principales objetivos fue que el edificio albergara y conservara en su interior todos aquellos “trofeos” o piezas más relevantes de estas campañas en que había participado con éxito.

Más información 

FONDEVILA SILVA, Pedro y SÁNCHEZ BAENA, Jun José. Una nueva pieza de artillería de galeras del siglo XVI el esmeril bastardo “Matacapitanes”. Gladius: Estudios sobre armas antiguas, arte militar y vida cultural en oriente y occidente, 2012, XXXII p. 185-210.

Nota

[1] Torres y Aguilera, H. de. Chronica y Recopilación de varios sucesos de guerra que han acontecido en Italia y partes de Levante y Berberia, desde que el Turco Selim rompio con Venecianos y fue sobra la Isla de Chipre año de M.D.LXX. hasta que se perdio la Goleta y fuerte de Tunez el M.D.LXXIIII. Çaragoça: Juan Soler, 1579. Pág. 174.

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